Cómo mantener el poder aéreo militar hasta la llegada del caza del futuro
Introducción: Un dilema estratégico ineludible
España enfrenta un desafío
crítico en su poder aéreo: el desfase creciente entre los calendarios
operativos y los programas de nueva generación. El Future Combat Air System
(FCAS), concebido como un sistema de sistemas de sexta generación para entrar
en servicio hacia 2045-2050, acumula retrasos graves. A enero de 2026, las
negociaciones para la fase 2 se han pospuesto indefinidamente debido a disputas
industriales entre Francia (Dassault) y Alemania/España (Airbus), con Alemania
explorando alternativas como Saab. El demostrador tecnológico
no volará antes de 2030 en el mejor caso, y la entrada operativa se desplaza
más allá de 2050 en escenarios realistas.
Los conflictos recientes
—Ucrania, Gaza, mar Rojo— demuestran que la guerra aérea exige no solo
tecnología de alta gama, sino persistencia, masa crítica y tolerancia al
desgaste en escenarios prolongados. Para España, la cuestión no es solo el
caza de 2050, sino mantener capacidades creíbles entre 2030 y 2045 frente a
amenazas regionales crecientes.
No basta con esperar pasivamente al “avión perfecto” ni confiar exclusivamente en el Eurofighter. España necesita una estrategia puente robusta que combine la adquisición adicional de Eurofighter —ya en marcha con los proyectos Halcón— con una extensión de vida útil (SLEP) y especialización doctrinal de la flota peninsular de EF-18M, preservando experiencia piloto y autonomía logística.


