Por qué el debate sobre carros de combate en España está mal planteado desde el principio
INTRODUCCIÓN
Durante los
últimos años se ha instalado en el debate de defensa español una idea que
apenas se discute: que España necesita imperiosamente adquirir el
Leopard 2A8 y participar sin ambages en el futuro carro franco-alemán MGCS para
no quedarse atrás militarmente, para cumplir con la OTAN y para “seguir siendo
un país serio”.
Cuestionar
esa premisa suele provocar reacciones viscerales. Se confunde la crítica al
carro de combate como sistema con una supuesta ingenuidad pacifista o, peor
aún, con desinterés por la defensa nacional. Sin embargo, el problema no es
el carro, sino la ausencia de una reflexión estratégica española propia
sobre para qué, dónde y contra quién se emplearía.
Este
artículo sostiene una tesis incómoda pero necesaria: España no necesita el
Leopard 2A8 para defender sus intereses vitales. Tampoco necesita el MGCS. Y
lo más grave no es comprarlos, sino hacerlo sin haber respondido antes a las
preguntas correctas.
1. El fetichismo del
carro: cuando el medio suplanta al fin
El carro de
combate ha sido durante casi un siglo el símbolo máximo del poder terrestre.
Masa, acero, fuego directo, maniobra. Culturalmente, sigue ocupando ese lugar
incluso cuando el campo de batalla ha cambiado de forma radical.
En España,
el Leopard ha adquirido además una dimensión casi identitaria:
representa modernidad, pertenencia a la “primera división” OTAN, industria,
empleo y prestigio. Pero la estrategia no puede construirse sobre símbolos. La
pregunta no es si el Leopard 2A8 es un gran carro —lo es—, ni si el MGCS será
tecnológicamente impresionante —lo será si alguna vez Francia y Alemania terminan
un proyecto conjunto—. La pregunta es otra:
¿En qué escenario realista de defensa española estos sistemas son
decisivos?
Y cuando esa
pregunta se responde con honestidad, el edificio conceptual empieza a crujir.
2. El conflicto más
probable no es el que diseñó al Leopard
El Leopard
2A8 —y más aún el MGCS— está pensado para un tipo muy concreto de guerra: alta
intensidad, maniobra terrestre profunda, grandes espacios, masas acorazadas
enfrentadas, escalones, reservas, rupturas. Es decir: Europa Central, heredera
directa de Fulda Gap, el corredor geográfico en Alemania central —entre las
montañas de Turingia y el macizo de Vogelsberg— que la OTAN consideraba la ruta
de invasión más probable para un ataque blindado soviético hacia Frankfurt
durante la Guerra Fría. Y es así, aunque se vista de siglo XXI.
Ahora bien,
¿es ese el conflicto más probable para España? Si somos rigurosos, los
escenarios plausibles son otros: coerción o hechos consumados en Ceuta y
Melilla, presión híbrida o negación en Canarias, crisis limitadas en Baleares,
escenarios OTAN fuera del territorio nacional que son decididos políticamente y
no existenciales.
|
Escenario |
Amenaza principal |
Rol MBT pesado |
Alternativa óptima |
|
Ceuta/Melilla |
FPV, ATGM, combate urbano |
Inmanejable (peso,
urbanización) |
Blindado medio + APS + C-UAS |
|
Canarias |
Negación A2/AD, fuegos largo
alcance |
Irrelevante (no desplegable) |
HIMARS, defensa aérea, antibuque,
drones |
|
Flanco
Este OTAN |
Maniobra blindada masiva |
Decisivo |
Leopard 2E + Trophy (ya
disponible) |
En ninguno
de los escenarios directamente ligados a la defensa del territorio nacional, el
carro pesado es el sistema decisivo. En varios de ellos, es directamente
inadecuado. En el único donde lo es —flanco Este OTAN—, España ya tiene la
capacidad necesaria.
3. Ceuta y Melilla:
el elefante en la habitación
Cualquier
debate honesto sobre defensa terrestre española debe empezar por aquí. Ceuta y
Melilla no son un apéndice exótico: son el punto de fricción más evidente y más
delicado de nuestra política de defensa nacional. Y, sin embargo, el debate
sobre carros se formula como si esos territorios no existieran.
Veamos los
hechos, no las intenciones. El espacio es extremadamente limitado: Ceuta tiene
18,5 km², Melilla 12,3 km². La maniobra está canalizada por urbanización densa,
pendientes pronunciadas y una frontera que es esencialmente un perímetro
defensivo estático. Un Leopard 2A8, con sus 67 toneladas, 10,8 metros de
longitud y 3,7 metros de anchura, no puede maniobrar en calles de 4-5 metros de
ancho. No puede girar en intersecciones diseñadas para vehículos civiles. No
puede cruzar puentes con un límite máximo de peso de 40 toneladas.
Pero el
problema físico es solo el principio. Añadamos las lecciones de Ucrania,
Nagorno-Karabaj y Gaza: el carro pesado, sin protección activa y en entorno de
ISR omnipresente, es un blanco de alto valor con supervivencia medida en horas.
4. El factor tiempo:
cuando las horas cuentan más que las toneladas
Hay un
elemento que rara vez se discute en los debates sobre capacidades: el tiempo
político. En una crisis en Ceuta o Melilla, el Gobierno español tendría
horas —no días— para decidir si refuerza, cómo lo hace, y con qué señal
política.
Meter un
batallón de Leopard 2A8 desde la Península requiere: decisión política de
despliegue (horas de deliberación en el mejor caso), movilización de unidades
en bases peninsulares (12-24 horas), transporte terrestre hasta puerto de
embarque (horas adicionales), carga en buques de transporte (medio día),
travesía marítima (un día mínimo, asumiendo que no hay amenaza naval o aérea),
y descarga en puerto de destino bajo posible vigilancia adversaria.
Estamos
hablando de tres a cinco días desde la decisión hasta el despliegue
efectivo. En ese tiempo, los hechos consumados ya se han producido. El
adversario ha logrado su objetivo político. El Leopard 2A8 llega para la foto,
no para la disuasión.
Y esto
asumiendo que el transporte marítimo es seguro. Frente a un adversario con
capacidad antiaérea Barak MX, HIMARS con munición antibuque, y drones de
vigilancia marítima, ¿apostaríamos un buque cargado de Leopard 2A8 —mil
millones de euros navegando en un solo casco— a cruzar el Estrecho en crisis?
5. Lo que Ucrania
nos ha enseñado (y preferimos ignorar)
Los datos de
Ucrania son demoledores para el fetichismo acorazado. Según análisis del Royal
United Services Institute (RUSI) y Oryx, los drones FPV producen
ya entre el 60% y el 70% de las bajas de vehículos blindados en ambos bandos.
Esta ratio se ha mantenido estable durante 2024-2025 pese a contramedidas
electrónicas y sistemas de protección activa. Un FPV con carga de 1-2 kg de
explosivo cuesta entre 300 y 500 dólares. Un Leopard 2A8 cuesta 28-30 millones
de euros.
La ratio es
obscena: por el precio de un Leopard 2A8, un adversario puede adquirir entre
50.000 y 90.000 FPV. No necesita destruir el carro con todos; necesita
destruirlo con uno. Y en un entorno de ISR saturado —donde cada metro cuadrado
está bajo vigilancia de drones de reconocimiento—, ese FPV llegará a su destino
más tarde o más temprano.
La respuesta
ortodoxa es “pongamos sistemas de protección activa” (APS). El Trophy
israelí, instalado en los Merkava, ha demostrado tasas de intercepción
superiores al 90% contra RPG y ATGM. Pero aquí viene la trampa: el Leopard
2A8 español no vendría con Trophy, y el StrikeShield, por el
que ha optado Alemania, no estará operativo hasta fecha indeterminada. E incluso con APS, la saturación de FPV
—docenas atacando simultáneamente, , más de 20 por minuto en algunos sectores
ucranianos— puede desbordar cualquier sistema.
Nagorno-Karabaj
en 2020 fue la advertencia: Azerbaiyán destruyó columnas acorazadas armenias
completas con drones Bayraktar TB2 y municiones merodeadoras Harop, sin que la
masa blindada pudiera responder. Gaza en 2023-2024 ha mostrado que incluso los
Merkava 4 con Trophy, operando en espacios urbanos reducidos contra un
adversario con ATGM y túneles, sufren bajas significativas.
¿Y queremos
meter Leopard 2A8 sin APS probado en las calles de Ceuta o Melilla?
6. Para qué sí sirve
el Leopard 2E (y por qué es suficiente)
Llegados a
este punto, conviene una aclaración: esto no es un alegato anticarro. El
carro de combate pesado sigue teniendo un papel en la defensa nacional, y
España tiene obligaciones aliadas que cumplir.
El escenario
del flanco Este —la contingencia OTAN con Rusia en Europa Central u Oriental— y
la España peninsular sí justifican capacidad acorazada pesada. Terreno abierto,
profundidad operacional, maniobra de grandes unidades, logística aliada
garantizada. Ahí el Leopard tiene sentido. Y España, como aliado serio, debe
contribuir a esa defensa propia y colectiva.
Porque este
suele ser el argumento comodín: “España necesita el Leopard 2A8 y el MGCS para
cumplir con la OTAN”. Aquí conviene separar hechos de narrativa.
La OTAN no
exige a España que tenga el carro más moderno del continente. Exige, de forma
implícita, una capacidad creíble de contribución a la defensa colectiva,
interoperabilidad y masa suficiente en determinados nichos. Traducido a
números, eso equivale aproximadamente a 2-3 batallones de carros desplegables
(80-120 MBT), más reserva, rotación y entrenamiento (50-80 MBT adicionales). Es
decir: 150-200 carros de primer nivel.
España ya
cumple ese requisito con los 219 Leopard 2E que posee, siempre que se
mantengan concentrados como reserva estratégica y no se dispersen en misiones
para las que no están pensados. Los 2E, con modernización selectiva —que puede
incluir APS Trophy, que sí está disponible como retrofit—, por un coste
de 4-6 millones de euros por unidad, cumplen perfectamente la función de
contribución aliada en el flanco este de la OTAN. Eso significa que por 900
millones-1.300 millones de euros, España tendría toda su flota de Leopard 2E
con APS de última generación, probado en Ucrania.
Comparemos:
un batallón de Leopard 2A8 nuevos (44 carros) costaría 1.200-1.400 millones de
euros sin APS operativo. Por el mismo dinero, España puede tener 219 Leopard 2E
con Trophy probado en combate. La elección parece obvia. El Leopard 2E con
Trophy es la herramienta adecuada para el flanco Este. El error es pretender
que esa misma herramienta sirve para Ceuta, Melilla o Canarias. No sirve. Y
comprar Leopard 2A8 adicionales no cambia esa ecuación; solo la hace más cara.
7. El MGCS: una
solución en busca de problema español
El MGCS
merece mención breve, porque el programa se descalifica solo. Concebido como
proyecto de integración industrial franco-alemana, acumula ya años de retrasos,
disputas sobre reparto de trabajo, y desacuerdos doctrinales entre París y
Berlín. La Fase 1B se ha retrasado a 2035; la entrada en servicio real se sitúa
más allá de 2040. Las estimaciones de coste unitario (45 millones de euros
según BAE Systems) superan cualquier MBT existente, y la experiencia con
programas conjuntos europeos (NH90, A400M, Eurofighter) sugiere que esa cifra
se disparará.
Para España,
el MGCS presenta un problema adicional: no tiene encaje doctrinal. Es un
sistema de 50-60 toneladas diseñado para Europa Central. No es utilizable en
los escenarios donde España es vulnerable. Participar como socio industrial
secundario puede tener sentido para acceso tecnológico limitado. Construir la
defensa terrestre española alrededor de un sistema que llegará tarde, costará
demasiado y no sirve para nuestros escenarios es, sencillamente, un error
estratégico.
Y todo eso, después de invertir miles de millones de euros, y asumiendo que el programa culminará con éxito. Algo que el historial de "colaboración" entre Francia y Alemania no permite encarar con optimismo.
Participar
en el MGCS puede tener sentido como socio industrial secundario, para acceso
tecnológico limitado. No lo tiene como pilar de la defensa terrestre
española. Cada euro invertido en MGCS es un euro que no va a munición 155mm
—de la que España tiene stocks para días, no semanas—, a drones FPV —de los que
no tiene producción nacional—, a defensa aérea —donde las carencias son
críticas—, o a sistemas HIMARS —de los que España carece completamente—.
8. La alternativa
que nadie quiere discutir
Si el
Leopard 2A8 y el MGCS no son la respuesta para los escenarios españoles, ¿qué
lo es? Aquí viene la herejía mayor: quizá España necesita un programa
nacional de vehículo blindado medio, similar al Type 10 japonés, pero
con Trophy, y optimizado para cubrir sus necesidades específicas. Un
carro de combate que sí pueda combatir en Ceuta, en Melilla y en
Canarias, nuestros escenarios de conflicto más plausibles, además de servir de
avanzadilla, movilidad y flanqueo para los Leopard 2E en Península.
En diciembre
de 2025, el Ministerio de Defensa adjudicó a Indra 45 millones de euros para el
programa PAMOV (Plataforma Autónoma Modular de Orugas para Vehículos), con el
objetivo de desarrollar “un sistema de combate terrestre superior” para el
horizonte 2040. Es, potencialmente, la decisión más importante para el futuro
del Ejército de Tierra.
El problema
es que, según la descripción oficial, el programa se orienta a “sustituir a los
Leopard alemanes y a los Leclerc franceses”. Es decir: otro carro pesado
convencional. Si esa es la dirección, España gastará miles de millones en
un sistema que replicará las limitaciones del Leopard 2A8 para los escenarios
españoles.
La
alternativa es orientar el PAMOV hacia lo que España realmente necesita: una
plataforma media de 40-50 toneladas, con APS integrado desde diseño, alta
movilidad en terreno urbano y confinado, y capacidad de operar con menos
tripulación. Algo más cercano al Type 10 japonés que al Leopard 2A8.
¿Sería un
PAMOV diseñado así un sustituto del Leopard 2E para el flanco Este OTAN? No. ¿Sería
mejor que el Leopard 2A8 para defender Ceuta, reforzar Melilla en crisis, o
proyectar capacidad anticarro en Canarias? Radicalmente, sí.
Esa decisión
aún puede tomarse: el programa está en fase de definición. Es ahora cuando
hay que plantear qué doctrina debe guiar el diseño, no cuando el prototipo esté
construido.
9. Marruecos tiene
Abrams. ¿Y qué?
Inevitablemente,
alguien argumentará: “Marruecos está adquiriendo más de 380 M1 Abrams. España
necesita responder con carros equivalentes”.
Este
argumento confunde paridad de sistemas con paridad de capacidades.
Marruecos no va a cruzar el Estrecho con Abrams, ni España con Leopard 2A8. El
escenario de confrontación blindada clásica —columnas de carros enfrentándose
en campo abierto— es precisamente el que no se dará entre España y
Marruecos.
Lo que
Marruecos sí puede hacer —y para lo que se está equipando— es para
instrumentalizar oleadas migratorias (ya lo hizo en Ceuta en 2021), presionar
con fuegos de largo alcance (sus 18 HIMARS con ATACMS alcanzan territorio
español), negar el espacio aéreo con sistemas Barak MX ya operativos, y saturar
defensas con drones Bayraktar TB2 y su creciente producción nacional.
Frente a
esas amenazas, ¿de qué sirve un Leopard 2A8 en Sevilla? La disuasión no viene
de tener carros más modernos que el adversario; viene de hacer prohibitivamente
costoso cualquier intento de coacción. Y eso se logra con defensa aérea
multicapa, fuegos de precisión de largo alcance, capacidad C-UAS masiva,
resiliencia logística, y stocks de munición para semanas, no días; no con más
carros pesados que no pueden llegar a tiempo ni operar donde se necesitan.
10. El coste de
oportunidad: lo que no compramos
Un batallón
de Leopard 2A8 (44 carros) costaría aproximadamente 1.200-1.400 millones de
euros, incluyendo logística inicial, simuladores y formación. ¿Qué podría
comprarse con ese dinero?
Con 1.300
millones de euros: 8-10 sistemas HIMARS con dotación completa de munición
(400-500 M€), protección activa Trophy para toda la flota de Leopard 2E
(300-400 M€), 50.000 drones FPV de ataque y producción nacional asociada
(150-200 M€), capacidad C-UAS orgánica para todas las unidades de maniobra
(200-250 M€), y stocks de munición 155mm para duplicar los días de combate
disponibles (200-300 M€).
Esa
combinación de capacidades disuade más que 44 Leopard 2A8.
11. LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE HACER
Conclusión: hacia un debate doctrinal honesto
España no necesita el Leopard 2A8 para defender Ceuta. No necesita el MGCS para defender Canarias. No necesita más carros pesados para disuadir en el Estrecho.
Lo que España necesita es:
- Negar objetivos al adversario con sistemas que lleguen a tiempo y operen donde se necesitan.
- Resistir el primer golpe sin colapsar, con capacidades preposicionadas en territorios vulnerables.
- Sostenerse sin ayuda aliada durante semanas, con stocks de munición y logística resiliente.
- Elevar el coste político de cualquier agresión hasta hacerla irracional.
- Modernizar los Leopard 2E con Trophy para el compromiso OTAN en el flanco Este.
- Orientar el programa PAMOV hacia una plataforma media adaptada a escenarios españoles
Los carros
pesados tienen un papel —mantener los Leopard 2E modernizados como reserva
estratégica para España y para el compromiso con la OTAN—, pero no el papel
protagonista en la defensa del territorio nacional. El protagonismo debe
recaer en capacidades que realmente disuadan en los escenarios probables.
La herejía
no es cuestionar el Leopard 2A8. La verdadera herejía es seguir comprándolo sin
una doctrina española clara que lo justifique. Quizá lo que España necesita
antes de decidir qué carro comprar es un debate doctrinal honesto —un Libro
Blanco de Defensa Terrestre— que responda a las preguntas que llevamos décadas
evitando.
Porque antes
de decidir qué carro comprar, España debería decidir qué guerra está
dispuesta a librar... y cuál no puede permitirse perder.
* * *
En un
próximo artículo desmontaré el pilar intelectual que sostiene este fetichismo:
la doctrina acorazada española y su dependencia acrítica de modelos ajenos.
Porque el problema no es solo el material; es la mentalidad que lo justifica.
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