martes, 20 de enero de 2026

España no necesita el Leopard 2A8...Ni el MGCS

Por qué el debate sobre carros de combate en España está mal planteado desde el principio

 

INTRODUCCIÓN

Durante los últimos años se ha instalado en el debate de defensa español una idea que apenas se discute: que España necesita imperiosamente adquirir el Leopard 2A8 y participar sin ambages en el futuro carro franco-alemán MGCS para no quedarse atrás militarmente, para cumplir con la OTAN y para “seguir siendo un país serio”.

Cuestionar esa premisa suele provocar reacciones viscerales. Se confunde la crítica al carro de combate como sistema con una supuesta ingenuidad pacifista o, peor aún, con desinterés por la defensa nacional. Sin embargo, el problema no es el carro, sino la ausencia de una reflexión estratégica española propia sobre para qué, dónde y contra quién se emplearía.

Este artículo sostiene una tesis incómoda pero necesaria: España no necesita el Leopard 2A8 para defender sus intereses vitales. Tampoco necesita el MGCS. Y lo más grave no es comprarlos, sino hacerlo sin haber respondido antes a las preguntas correctas.

 

1. El fetichismo del carro: cuando el medio suplanta al fin

El carro de combate ha sido durante casi un siglo el símbolo máximo del poder terrestre. Masa, acero, fuego directo, maniobra. Culturalmente, sigue ocupando ese lugar incluso cuando el campo de batalla ha cambiado de forma radical.

En España, el Leopard ha adquirido además una dimensión casi identitaria: representa modernidad, pertenencia a la “primera división” OTAN, industria, empleo y prestigio. Pero la estrategia no puede construirse sobre símbolos. La pregunta no es si el Leopard 2A8 es un gran carro —lo es—, ni si el MGCS será tecnológicamente impresionante —lo será si alguna vez Francia y Alemania terminan un proyecto conjunto—. La pregunta es otra:

¿En qué escenario realista de defensa española estos sistemas son decisivos?

Y cuando esa pregunta se responde con honestidad, el edificio conceptual empieza a crujir.

 

2. El conflicto más probable no es el que diseñó al Leopard

El Leopard 2A8 —y más aún el MGCS— está pensado para un tipo muy concreto de guerra: alta intensidad, maniobra terrestre profunda, grandes espacios, masas acorazadas enfrentadas, escalones, reservas, rupturas. Es decir: Europa Central, heredera directa de Fulda Gap, el corredor geográfico en Alemania central —entre las montañas de Turingia y el macizo de Vogelsberg— que la OTAN consideraba la ruta de invasión más probable para un ataque blindado soviético hacia Frankfurt durante la Guerra Fría. Y es así, aunque se vista de siglo XXI.

Ahora bien, ¿es ese el conflicto más probable para España? Si somos rigurosos, los escenarios plausibles son otros: coerción o hechos consumados en Ceuta y Melilla, presión híbrida o negación en Canarias, crisis limitadas en Baleares, escenarios OTAN fuera del territorio nacional que son decididos políticamente y no existenciales.

Escenario

Amenaza principal

Rol MBT pesado

Alternativa óptima

Ceuta/Melilla

FPV, ATGM, combate urbano

Inmanejable (peso, urbanización)

Blindado medio + APS + C-UAS

Canarias

Negación A2/AD, fuegos largo alcance

Irrelevante (no desplegable)

HIMARS, defensa aérea, antibuque, drones

Flanco Este OTAN

Maniobra blindada masiva

Decisivo

Leopard 2E + Trophy (ya disponible)

 

En ninguno de los escenarios directamente ligados a la defensa del territorio nacional, el carro pesado es el sistema decisivo. En varios de ellos, es directamente inadecuado. En el único donde lo es —flanco Este OTAN—, España ya tiene la capacidad necesaria.

 

3. Ceuta y Melilla: el elefante en la habitación

Cualquier debate honesto sobre defensa terrestre española debe empezar por aquí. Ceuta y Melilla no son un apéndice exótico: son el punto de fricción más evidente y más delicado de nuestra política de defensa nacional. Y, sin embargo, el debate sobre carros se formula como si esos territorios no existieran.

Veamos los hechos, no las intenciones. El espacio es extremadamente limitado: Ceuta tiene 18,5 km², Melilla 12,3 km². La maniobra está canalizada por urbanización densa, pendientes pronunciadas y una frontera que es esencialmente un perímetro defensivo estático. Un Leopard 2A8, con sus 67 toneladas, 10,8 metros de longitud y 3,7 metros de anchura, no puede maniobrar en calles de 4-5 metros de ancho. No puede girar en intersecciones diseñadas para vehículos civiles. No puede cruzar puentes con un límite máximo de peso de 40 toneladas.

Pero el problema físico es solo el principio. Añadamos las lecciones de Ucrania, Nagorno-Karabaj y Gaza: el carro pesado, sin protección activa y en entorno de ISR omnipresente, es un blanco de alto valor con supervivencia medida en horas.

 

4. El factor tiempo: cuando las horas cuentan más que las toneladas

Hay un elemento que rara vez se discute en los debates sobre capacidades: el tiempo político. En una crisis en Ceuta o Melilla, el Gobierno español tendría horas —no días— para decidir si refuerza, cómo lo hace, y con qué señal política.

Meter un batallón de Leopard 2A8 desde la Península requiere: decisión política de despliegue (horas de deliberación en el mejor caso), movilización de unidades en bases peninsulares (12-24 horas), transporte terrestre hasta puerto de embarque (horas adicionales), carga en buques de transporte (medio día), travesía marítima (un día mínimo, asumiendo que no hay amenaza naval o aérea), y descarga en puerto de destino bajo posible vigilancia adversaria.

Estamos hablando de tres a cinco días desde la decisión hasta el despliegue efectivo. En ese tiempo, los hechos consumados ya se han producido. El adversario ha logrado su objetivo político. El Leopard 2A8 llega para la foto, no para la disuasión.

Y esto asumiendo que el transporte marítimo es seguro. Frente a un adversario con capacidad antiaérea Barak MX, HIMARS con munición antibuque, y drones de vigilancia marítima, ¿apostaríamos un buque cargado de Leopard 2A8 —mil millones de euros navegando en un solo casco— a cruzar el Estrecho en crisis?

 

5. Lo que Ucrania nos ha enseñado (y preferimos ignorar)

Los datos de Ucrania son demoledores para el fetichismo acorazado. Según análisis del Royal United Services Institute (RUSI) y Oryx, los drones FPV producen ya entre el 60% y el 70% de las bajas de vehículos blindados en ambos bandos. Esta ratio se ha mantenido estable durante 2024-2025 pese a contramedidas electrónicas y sistemas de protección activa. Un FPV con carga de 1-2 kg de explosivo cuesta entre 300 y 500 dólares. Un Leopard 2A8 cuesta 28-30 millones de euros.

La ratio es obscena: por el precio de un Leopard 2A8, un adversario puede adquirir entre 50.000 y 90.000 FPV. No necesita destruir el carro con todos; necesita destruirlo con uno. Y en un entorno de ISR saturado —donde cada metro cuadrado está bajo vigilancia de drones de reconocimiento—, ese FPV llegará a su destino más tarde o más temprano.

La respuesta ortodoxa es “pongamos sistemas de protección activa” (APS). El Trophy israelí, instalado en los Merkava, ha demostrado tasas de intercepción superiores al 90% contra RPG y ATGM. Pero aquí viene la trampa: el Leopard 2A8 español no vendría con Trophy, y el StrikeShield, por el que ha optado Alemania, no estará operativo hasta fecha indeterminada.  E incluso con APS, la saturación de FPV —docenas atacando simultáneamente, , más de 20 por minuto en algunos sectores ucranianos— puede desbordar cualquier sistema.

Nagorno-Karabaj en 2020 fue la advertencia: Azerbaiyán destruyó columnas acorazadas armenias completas con drones Bayraktar TB2 y municiones merodeadoras Harop, sin que la masa blindada pudiera responder. Gaza en 2023-2024 ha mostrado que incluso los Merkava 4 con Trophy, operando en espacios urbanos reducidos contra un adversario con ATGM y túneles, sufren bajas significativas.

¿Y queremos meter Leopard 2A8 sin APS probado en las calles de Ceuta o Melilla?

 

6. Para qué sí sirve el Leopard 2E (y por qué es suficiente)

Llegados a este punto, conviene una aclaración: esto no es un alegato anticarro. El carro de combate pesado sigue teniendo un papel en la defensa nacional, y España tiene obligaciones aliadas que cumplir.

El escenario del flanco Este —la contingencia OTAN con Rusia en Europa Central u Oriental— y la España peninsular sí justifican capacidad acorazada pesada. Terreno abierto, profundidad operacional, maniobra de grandes unidades, logística aliada garantizada. Ahí el Leopard tiene sentido. Y España, como aliado serio, debe contribuir a esa defensa propia y colectiva.

Porque este suele ser el argumento comodín: “España necesita el Leopard 2A8 y el MGCS para cumplir con la OTAN”. Aquí conviene separar hechos de narrativa.

La OTAN no exige a España que tenga el carro más moderno del continente. Exige, de forma implícita, una capacidad creíble de contribución a la defensa colectiva, interoperabilidad y masa suficiente en determinados nichos. Traducido a números, eso equivale aproximadamente a 2-3 batallones de carros desplegables (80-120 MBT), más reserva, rotación y entrenamiento (50-80 MBT adicionales). Es decir: 150-200 carros de primer nivel.

España ya cumple ese requisito con los 219 Leopard 2E que posee, siempre que se mantengan concentrados como reserva estratégica y no se dispersen en misiones para las que no están pensados. Los 2E, con modernización selectiva —que puede incluir APS Trophy, que sí está disponible como retrofit—, por un coste de 4-6 millones de euros por unidad, cumplen perfectamente la función de contribución aliada en el flanco este de la OTAN. Eso significa que por 900 millones-1.300 millones de euros, España tendría toda su flota de Leopard 2E con APS de última generación, probado en Ucrania.

Comparemos: un batallón de Leopard 2A8 nuevos (44 carros) costaría 1.200-1.400 millones de euros sin APS operativo. Por el mismo dinero, España puede tener 219 Leopard 2E con Trophy probado en combate. La elección parece obvia. El Leopard 2E con Trophy es la herramienta adecuada para el flanco Este. El error es pretender que esa misma herramienta sirve para Ceuta, Melilla o Canarias. No sirve. Y comprar Leopard 2A8 adicionales no cambia esa ecuación; solo la hace más cara.

 

7. El MGCS: una solución en busca de problema español

El MGCS merece mención breve, porque el programa se descalifica solo. Concebido como proyecto de integración industrial franco-alemana, acumula ya años de retrasos, disputas sobre reparto de trabajo, y desacuerdos doctrinales entre París y Berlín. La Fase 1B se ha retrasado a 2035; la entrada en servicio real se sitúa más allá de 2040. Las estimaciones de coste unitario (45 millones de euros según BAE Systems) superan cualquier MBT existente, y la experiencia con programas conjuntos europeos (NH90, A400M, Eurofighter) sugiere que esa cifra se disparará.

Para España, el MGCS presenta un problema adicional: no tiene encaje doctrinal. Es un sistema de 50-60 toneladas diseñado para Europa Central. No es utilizable en los escenarios donde España es vulnerable. Participar como socio industrial secundario puede tener sentido para acceso tecnológico limitado. Construir la defensa terrestre española alrededor de un sistema que llegará tarde, costará demasiado y no sirve para nuestros escenarios es, sencillamente, un error estratégico.

Y todo eso, después de invertir miles de millones de euros, y asumiendo que el programa culminará con éxito. Algo que el historial de "colaboración" entre Francia y Alemania no permite encarar con optimismo.

Participar en el MGCS puede tener sentido como socio industrial secundario, para acceso tecnológico limitado. No lo tiene como pilar de la defensa terrestre española. Cada euro invertido en MGCS es un euro que no va a munición 155mm —de la que España tiene stocks para días, no semanas—, a drones FPV —de los que no tiene producción nacional—, a defensa aérea —donde las carencias son críticas—, o a sistemas HIMARS —de los que España carece completamente—.

 

8. La alternativa que nadie quiere discutir

Si el Leopard 2A8 y el MGCS no son la respuesta para los escenarios españoles, ¿qué lo es? Aquí viene la herejía mayor: quizá España necesita un programa nacional de vehículo blindado medio, similar al Type 10 japonés, pero con Trophy, y optimizado para cubrir sus necesidades específicas. Un carro de combate que pueda combatir en Ceuta, en Melilla y en Canarias, nuestros escenarios de conflicto más plausibles, además de servir de avanzadilla, movilidad y flanqueo para los Leopard 2E en Península.

En diciembre de 2025, el Ministerio de Defensa adjudicó a Indra 45 millones de euros para el programa PAMOV (Plataforma Autónoma Modular de Orugas para Vehículos), con el objetivo de desarrollar “un sistema de combate terrestre superior” para el horizonte 2040. Es, potencialmente, la decisión más importante para el futuro del Ejército de Tierra.

El problema es que, según la descripción oficial, el programa se orienta a “sustituir a los Leopard alemanes y a los Leclerc franceses”. Es decir: otro carro pesado convencional. Si esa es la dirección, España gastará miles de millones en un sistema que replicará las limitaciones del Leopard 2A8 para los escenarios españoles.

La alternativa es orientar el PAMOV hacia lo que España realmente necesita: una plataforma media de 40-50 toneladas, con APS integrado desde diseño, alta movilidad en terreno urbano y confinado, y capacidad de operar con menos tripulación. Algo más cercano al Type 10 japonés que al Leopard 2A8.

¿Sería un PAMOV diseñado así un sustituto del Leopard 2E para el flanco Este OTAN? No. ¿Sería mejor que el Leopard 2A8 para defender Ceuta, reforzar Melilla en crisis, o proyectar capacidad anticarro en Canarias? Radicalmente, sí.

Esa decisión aún puede tomarse: el programa está en fase de definición. Es ahora cuando hay que plantear qué doctrina debe guiar el diseño, no cuando el prototipo esté construido.

 

9. Marruecos tiene Abrams. ¿Y qué?

Inevitablemente, alguien argumentará: “Marruecos está adquiriendo más de 380 M1 Abrams. España necesita responder con carros equivalentes”.

Este argumento confunde paridad de sistemas con paridad de capacidades. Marruecos no va a cruzar el Estrecho con Abrams, ni España con Leopard 2A8. El escenario de confrontación blindada clásica —columnas de carros enfrentándose en campo abierto— es precisamente el que no se dará entre España y Marruecos.

Lo que Marruecos sí puede hacer —y para lo que se está equipando— es para instrumentalizar oleadas migratorias (ya lo hizo en Ceuta en 2021), presionar con fuegos de largo alcance (sus 18 HIMARS con ATACMS alcanzan territorio español), negar el espacio aéreo con sistemas Barak MX ya operativos, y saturar defensas con drones Bayraktar TB2 y su creciente producción nacional.

Frente a esas amenazas, ¿de qué sirve un Leopard 2A8 en Sevilla? La disuasión no viene de tener carros más modernos que el adversario; viene de hacer prohibitivamente costoso cualquier intento de coacción. Y eso se logra con defensa aérea multicapa, fuegos de precisión de largo alcance, capacidad C-UAS masiva, resiliencia logística, y stocks de munición para semanas, no días; no con más carros pesados que no pueden llegar a tiempo ni operar donde se necesitan.

 

10. El coste de oportunidad: lo que no compramos

Un batallón de Leopard 2A8 (44 carros) costaría aproximadamente 1.200-1.400 millones de euros, incluyendo logística inicial, simuladores y formación. ¿Qué podría comprarse con ese dinero?

Con 1.300 millones de euros: 8-10 sistemas HIMARS con dotación completa de munición (400-500 M€), protección activa Trophy para toda la flota de Leopard 2E (300-400 M€), 50.000 drones FPV de ataque y producción nacional asociada (150-200 M€), capacidad C-UAS orgánica para todas las unidades de maniobra (200-250 M€), y stocks de munición 155mm para duplicar los días de combate disponibles (200-300 M€).

Esa combinación de capacidades disuade más que 44 Leopard 2A8.


11. LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE HACER

Todo este debate evita una pregunta esencial: ¿Está el Ejército de Tierra diseñado para el conflicto más probable o para el conflicto más cómodo intelectualmente?

El carro pesado encaja muy bien en manuales, ejercicios, presentaciones y compromisos internacionales. Encaja peor en enclaves, islas, conflictos grises y escenarios de negación rápida.

Seguir comprando carros sin replantear la doctrina es poner el material delante de la estrategia. Es una inversión tranquilizadora, pero no necesariamente disuasoria.

Y si los escenarios más probables para España —Ceuta, Melilla, Canarias— requieren capacidades blindadas que el Leopard 2A8 no puede proporcionar, quizá la pregunta correcta no es “¿qué carro compramos?”, sino “¿qué capacidad blindada necesitamos realmente?”. Esa es una pregunta que merece su propio análisis.

Conclusión: hacia un debate doctrinal honesto

España no necesita el Leopard 2A8 para defender Ceuta. No necesita el MGCS para defender Canarias. No necesita más carros pesados para disuadir en el Estrecho.

Lo que España necesita es:

  • Negar objetivos al adversario con sistemas que lleguen a tiempo y operen donde se necesitan.
  • Resistir el primer golpe sin colapsar, con capacidades preposicionadas en territorios vulnerables.
  • Sostenerse sin ayuda aliada durante semanas, con stocks de munición y logística resiliente.
  • Elevar el coste político de cualquier agresión hasta hacerla irracional.
  • Modernizar los Leopard 2E con Trophy para el compromiso OTAN en el flanco Este.
  • Orientar el programa PAMOV hacia una plataforma media adaptada a escenarios españoles

Los carros pesados tienen un papel —mantener los Leopard 2E modernizados como reserva estratégica para España y para el compromiso con la OTAN—, pero no el papel protagonista en la defensa del territorio nacional. El protagonismo debe recaer en capacidades que realmente disuadan en los escenarios probables.

La herejía no es cuestionar el Leopard 2A8. La verdadera herejía es seguir comprándolo sin una doctrina española clara que lo justifique. Quizá lo que España necesita antes de decidir qué carro comprar es un debate doctrinal honesto —un Libro Blanco de Defensa Terrestre— que responda a las preguntas que llevamos décadas evitando.

Porque antes de decidir qué carro comprar, España debería decidir qué guerra está dispuesta a librar... y cuál no puede permitirse perder.

* * *

En un próximo artículo desmontaré el pilar intelectual que sostiene este fetichismo: la doctrina acorazada española y su dependencia acrítica de modelos ajenos. Porque el problema no es solo el material; es la mentalidad que lo justifica.

 

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