viernes, 26 de diciembre de 2025

Misiles en tierra, control del mar

Por qué España necesita negar el acceso marítimo antes de aspirar a dominarlo

Introducción: La paradoja de la ARMADA incompleta

España es, por geografía y economía, una nación marítima. Con 8.000 kilómetros de costa y el control estratégico del Estrecho de Gibraltar y dos archipiélagos, el país depende del mar para el 80% de su comercio y la práctica totalidad de su suministro energético. Sin embargo, existe una desconexión crítica entre esta dependencia estructural y su capacidad real de protección.

A pesar de esta dependencia, España carece de un control marítimo persistente. La Armada, aunque tecnológicamente puntera, carece de la masa crítica necesaria para afrontar simultáneamente crisis en el Mar de Alborán, las Islas Canarias y el Mediterráneo. En escenarios de "zona gris" o alta intensidad, la flota actual —diseñada más para la presencia y la cooperación internacional que para el sostenimiento de múltiples teatros de fricción— resultaría insuficiente para garantizar el control total del mar.

                                                         Foto: KNDS Alemania

Ante esta vulnerabilidad, surge una solución doctrinal: la negación marítima (A2/AD) mediante sistemas de misiles de defensa de costa (CDMS, por sus siglas en inglés). Estas unidades no pretenden sustituir a la Armada, sino actuar como un multiplicador de fuerzas discreto y móvil. Al desplegar una arquitectura terrestre capaz de convertir las aguas próximas en un "santuario nacional" prohibitivo para cualquier adversario, se libera a la flota de las tareas de custodia costera. De este modo, la Armada puede concentrarse en su verdadera función: ser una fuerza de choque y proyección estratégica.


1. El diagnóstico: Por qué el modelo actual es insuficiente

1.1. La tiranía de la geografía y la escasez de masa

El problema de la defensa marítima española no es de calidad, sino de ubicuidad. España opera en un teatro fragmentado. La distancia entre el Golfo de Vizcaya, el Mar de Alborán y las Islas Canarias exige una dispersión de medios que diluye la eficacia de cualquier flota de tamaño medio.

Hoy, un escolta (F-100 o F-110) es una joya tecnológica de más de 800 millones de euros. Utilizar estas plataformas para tareas de presencia estática o denegación en puntos fijos es un uso ineficiente del capital estratégico. En caso de crisis, la pérdida de un solo buque reduciría la capacidad de combate de la Armada en un 10-15%. Los CDMS ofrecen una solución al "dilema del número": permiten generar una burbuja de letalidad persistente a una fracción del coste y sin arriesgar cientos de vidas humanas en una sola plataforma vulnerable.

1.2. El fin de la superioridad naval garantizada

Durante décadas, España planificó su seguridad bajo el paraguas de una superioridad tecnológica regional indiscutible. Ese escenario ha muerto. La proliferación de misiles de crucero, submarinos modernos y enjambres de drones en el Magreb y el Mediterráneo ha democratizado la capacidad de denegación.

Si España no desarrolla su propia capacidad A2/AD desde tierra, corre el riesgo de ser ella la "negada". Un adversario con sistemas móviles costeros podría cerrar el Estrecho o amenazar el tráfico hacia Canarias sin necesidad de una flota de superficie superior. España necesita equilibrar esta balanza no solo para defenderse, sino para recuperar la iniciativa política.

 

2. Reenfocando el concepto: De la "defensa de costa" a la "negación marítima"

Es necesario erradicar el término "defensa de costas" del léxico estratégico moderno. Evoca imágenes de búnkeres de hormigón y artillería fija, conceptos obsoletos frente a la munición de precisión.

La negación marítima moderna mediante CDMS se basa en la movilidad y la ocultación. Un camión lanzador oculto en un pinar de Cádiz o en un barranco en Fuerteventura es infinitamente más difícil de localizar y destruir que una fragata de 6.000 toneladas en mar abierto.

El valor estratégico no reside exclusivamente en la capacidad de hundir un buque, sino en alterar el cálculo de riesgos del oponente. Si el adversario sabe que sus unidades de superficie pueden ser alcanzadas desde cualquier punto de la costa española por misiles con alcances de más de 200 km, se ve forzado a:

  1. Operar fuera del rango de eficacia de sus propios sistemas.
  2. Dedicar una cantidad desproporcionada de recursos ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) a localizar las baterías.
  3. Asumir un nivel de desgaste que puede ser políticamente inasumible.

 

3. El entorno de amenaza: Actores y escenarios

España no puede diseñar su estrategia en el vacío. Debe mirar a su flanco sur y al escenario global.

3.1. Marruecos: La competencia asimétrica

Marruecos ha emprendido un proceso de modernización militar sin precedentes. Su enfoque no es desafiar frontalmente a la Armada, sino crear una capacidad de negación que limite la libertad de acción de España en sus ciudades autónomas y en la protección de las aguas territoriales. La adquisición de misiles antibuque y la mejora de sus capacidades de vigilancia obligan a España a responder con un sistema simétrico que garantice que cualquier intento de bloqueo o presión sobre las líneas de comunicación marítima españolas sea contestado desde tierra de forma inmediata.

3.2. Argelia: El desafío submarino y misilístico

Argelia posee una de las flotas de submarinos más capaces del Mediterráneo y una arquitectura de misiles tierra-tierra y tierra-mar de origen ruso y chino de largo alcance. En un escenario de inestabilidad regional, Argelia podría intentar cerrar el acceso al Mediterráneo central o amenazar las Baleares. Los CDMS españolas actuarían aquí como un "seguro de vida" para la retaguardia mediterránea, liberando a las fragatas F-110 para la lucha antisubmarina, mientras las baterías terrestres mantienen a raya a las unidades de superficie argelinas.

3.3. El factor Rusia y la OTAN

Aunque Rusia tiene poca presencia permanente en el Estrecho, sus misiles Kalibr son una amenaza real para la OTAN. Al reforzar su defensa con sistemas A2/AD, España protege sus intereses y se vuelve clave para la Alianza, garantizando que este paso estratégico permanezca siempre abierto.

Estas capacidades no son estáticas. La volatilidad regional y la incorporación progresiva de sensores, misiles y plataformas no tripuladas refuerzan el valor de sistemas flexibles y escalables como los CDMS.

 

4. Doctrina de empleo: El sistema de sistemas

Una batería de misiles no es un objeto aislado; es el "puño" de un organismo complejo. Para que los CDMS sean efectivos en España, deben integrarse en una Kill Web (Red de Letalidad) multidominio.

4.1. La primacía del ISR y el targeting

El misil es la parte más sencilla del problema. El verdadero desafío es el targeting más allá del horizonte (OTH). España necesita:

  • Drones de gran autonomía (MALE): Para proporcionar coordenadas de objetivos en tiempo real sin exponer aviones tripulados.
  • Integración con el Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE): Reutilizar los sensores ya desplegados para control migratorio para alimentar el cuadro marítimo militar.
  • Enlace de datos (Link-16/Link-22): Para que un misil lanzado desde tierra pueda ser guiado por la información captada por un caza Eurofighter o una fragata Aegis.

4.2. Movilidad y Dispersión

La doctrina debe prohibir el despliegue estático. Las baterías deben operar bajo un concepto de "disparar y desplazarse". La geografía española ofrece múltiples oportunidades para el uso de infraestructuras civiles (túneles, naves industriales, zonas boscosas) para ocultar los lanzadores entre misiones, aumentando la resiliencia del sistema ante un ataque preventivo.

 

5. ¿Quién debe apretar el botón? EL DOMINIO IMPORTA MÁS QUE EL UNIFORME

La implementación de los CDMS en el inventario de las Fuerzas Armadas españolas plantea un interrogante que a menudo se reduce, de forma simplista, a una disputa de competencias administrativas: ¿Deben pertenecer a la Armada o al Ejército de Tierra? Sin embargo, este enfoque es erróneo de partida. No estamos ante una cuestión de reparto de presupuestos o cuotas de poder orgánico, sino ante un dilema de dominio operativo. Si la respuesta se basa en la comodidad burocrática y no en la coherencia doctrinal, el sistema nacerá estratégicamente muerto, por muy avanzada que sea su tecnología.

La tesis de esta propuesta es clara: los CDMS pertenecen al dominio marítimo, aunque su plataforma de lanzamiento se desplace sobre neumáticos. Así que su lógica de empleo, su integración en la red de sensores y su jerarquía de objetivos deben estar ancladas en la Armada.

5.1. La arquitectura del mando: El dominio sobre el uniforme

Asignar los CDMS según el medio físico donde se desplazan es un anacronismo. Estos sistemas son, por definición, híbridos e interdominio. No pueden entenderse como artillería de campaña convencional, pues su blanco no es una posición geográfica ni una unidad terrestre, sino un vector móvil en un medio fluido. Tampoco son buques, pues carecen de los peajes de la flotabilidad.

Su valor real no reside en el chasis del camión, sino en su capacidad para integrarse en una kill chain (cadena de muerte) marítima. La historia militar demuestra que forzar a un sistema a operar bajo las prioridades culturales de un dominio ajeno —en este caso, el terrestre— conduce al fracaso operativo. Si optimizamos un misil antibuque bajo una lógica de ocupación o defensa de terreno, perderemos la agilidad necesaria para influir en el mar.

5.2. Por qué el dominio marítimo debe prevalecer

El argumento a favor de la primacía naval no es una defensa corporativista de la Armada, sino una necesidad operativa. Solo una mentalidad naval puede responder con precisión a las preguntas críticas de un conflicto en el mar:

  • Priorización de objetivos: ¿Qué unidad de la flota enemiga debe ser hundida para colapsar su sistema de mando y control?
  • Gestión del flujo: ¿Qué ruta comercial es vital proteger en este ciclo horario y cuál es prescindible?
  • Escalada de tensión: ¿Qué impacto tendrá un disparo concreto en la dinámica del conflicto naval?

El Ejército de Tierra, por su propia naturaleza y formación, tiende a la estática defensiva y al control de sectores. Pero el mar no se divide en sectores, sino en vectores y flujos. Confundir una posición costera con un vector marítimo es condenar el misil a la irrelevancia estratégica. La eficacia de los CDMS depende del Maritime Domain Awareness (MDA), una conciencia situacional que solo se obtiene mediante la integración total con los sensores y la doctrina de la Armada.

5.3. El riesgo de fragmentar la "Kill Chain"

La mayor amenaza para esta capacidad es la fricción burocrática. Si el sensor que detecta la amenaza es naval, las Reglas de Enfrentamiento (ROE) son marítimas, pero el lanzador depende de una cadena de mando terrestre, la latencia resultante puede ser fatal. En la guerra moderna, las ventanas de oportunidad se miden en segundos. Una estructura de mando fragmentada genera retrasos críticos y ambigüedad de responsabilidades. No podemos permitir que, en el momento de la verdad, el oficial que identifica el blanco y el que autoriza el fuego hablen "idiomas doctrinales" distintos.

Es cierto que el Ejército de Tierra es maestro en la supervivencia sobre el terreno: ocultación, dispersión y logística. Pero esta pericia no justifica la propiedad orgánica del sistema. El conductor del vehículo puede ser un especialista terrestre, pero el director de la orquesta de fuegos debe ser un experto naval. Confundir al conductor del camión con el estratega es un error de bulto que compromete la misión.

5.4. Lecciones del escenario internacional

Los modelos de éxito en naciones con amenazas marítimas reales (Noruega, Suecia, Taiwán o Japón) son unánimes: las capacidades antibuque terrestres están supeditadas a la doctrina naval. En estos países, se entiende que el misil es una extensión del poder naval en la costa. Por el contrario, allí donde se ha tratado como simple "artillería de costa" bajo mando terrestre, el sistema ha quedado aislado, convirtiéndose en una capacidad simbólica sin conexión real con la flota.

5.5. Propuesta para España: Primacía naval, ejecución conjunta

Para España, el modelo más coherente es la primacía naval con ejecución conjunta. Los CDMS deben depender funcionalmente del Centro de Operaciones Marítimas (MOC) de la Armada, integrándose de forma nativa en su red de mando. Sin embargo, su operación diaria debe ser mixta:

  1. Núcleos de control naval: Encargados del targeting, la doctrina y la integración de sensores.
  2. Unidades de apoyo de Tierra: Especialistas en la maniobra logística, la protección de la batería y la movilidad táctica.

Asignar estas baterías al Ejército de Tierra por inercia organizativa sería una decisión políticamente cómoda pero doctrinalmente fallida. Para que los CDMS cumplan su función de negar el mar, la lógica que las dirija debe ser, irremediablemente, una lógica naval.

 

6. Prioridades Geográficas: El despliegue estratégico

No se trata de alfombrar la costa con misiles, sino de crear nodos de denegación en puntos de decisión estratégica.

6.1. El eje Estrecho-Alborán (la puerta)

Es la prioridad absoluta. Dos baterías situadas a ambos lados de la Bahía de Algeciras y en la zona de Tarifa pueden cerrar de facto el paso a cualquier flota hostil. Esto permitiría a España controlar el acceso al Mediterráneo sin necesidad de mantener buques en patrulla constante en el punto más congestionado del mundo.

6.2. Canarias (la profundidad)

Canarias sufre de una "vulnerabilidad por distancia". El despliegue de CDMS en islas clave (como Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria) crearía un área de exclusión que cubriría no solo las islas, sino también los yacimientos de recursos estratégicos en la plataforma continental.

6.3. El eje balear (el cierre)

Las Baleares permiten proyectar poder hacia el centro del Mediterráneo occidental. Una capacidad CDMS en Mallorca o Menorca permite denegar el tránsito hacia el Golfo de León o el Mar Tirreno, actuando como un tapón estratégico frente a incursiones de potencias externas.

 

7. Análisis Económico y Trade-offs

El presupuesto de defensa es finito. Sin embargo, la inversión en CDMS es una de las que presenta un mayor retorno estratégico por euro invertido.

  • Coste de un sistema completo (ej. 8 baterías NSM o Harpoon Block II+): Aproximadamente 800-1.100 millones de euros.
  • Comparativa: Es el equivalente al coste de una sola fragata F-110 con su dotación de helicópteros y armamento.

Mientras que una fragata solo puede estar en un lugar a la vez y requiere meses de mantenimiento, 8 baterías pueden cubrir tres frentes geográficos distintos simultáneamente con una disponibilidad operativa superior al 90%. El trade-off es claro: capacidad de negación persistente vs. plataformas de control limitadas en número.

 

8. El sistema ideal: Requisitos técnicos para España

Para que este planteamiento sea viable, el sistema elegido debe cumplir requisitos específicos para el teatro español:

  1. Alcance superior a 200 km: Para cubrir el ancho del Estrecho con margen de seguridad y proteger las ZEE (Zonas Económicas Exclusivas).
  2. Capacidad de ataque a tierra: Los misiles modernos (como el NSM noruego o el RBS-15 sueco) pueden atacar objetivos terrestres de precisión, lo que les da una utilidad dual contra infraestructuras portuarias o baterías enemigas.
  3. Baja observabilidad (stealth): El misil debe ser capaz de penetrar las defensas de punto de buques modernos de última generación.
  4. Discriminación de objetivos: En un entorno con miles de barcos civiles, el buscador (seeker) debe ser capaz de identificar de forma autónoma el tipo de buque y tener capacidad de re-targeting para evitar incidentes internacionales.
  5. Alta movilidad táctica y logística: La batería debe disparar, replegarse y reposicionarse en horas, no días, usando infraestructura civil y militar existente. La movilidad es clave para la supervivencia: un sistema detectado y fijado es un sistema muerto, por muy avanzado que sea el misil.
  6. Integración total en redes nacionales y aliadas: El sistema debe integrarse de origen en el C2 marítimo español y OTAN, recibiendo datos de buques, aeronaves, satélites, UAV y sensores costeros.
  7. Resiliencia cibernética y redundancia ISR: España debe exigir arquitectura ciber-resiliente, con degradación controlada y múltiples fuentes ISR, capaz de operar incluso con enlaces interrumpidos.

 

Conclusión: El realismo como nueva doctrina

Los sistemas de misiles de defensa de costa no son un símbolo de agresividad, sino de realismo estratégico. No prometen control del mar, pero ofrecen algo más valioso en el mundo real: negación creíble, flexible y políticamente gestionable.

España no necesita parecer una potencia naval hegemónica. Necesita que nadie pueda usar el mar contra ella sin pagar un precio incierto y potencialmente alto.

Los sistemas de misiles de defensa de costa representan el "eslabón perdido" de la defensa española. Son el instrumento que permite a un país de tamaño medio proteger una geografía de país gigante. No se trata de una elección entre tierra y mar, sino de entender que, en la guerra moderna, la costa es la muralla del océano. Ese es el verdadero valor de este sistema.

 

 

 

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