Qué ocurre cuando el 60% de tu defensa depende de un proveedor que acaba de amenazar con cortarte el suministro
INTRODUCCIÓN
El 3 de marzo de 2026, durante una reunión con el
canciller alemán Friedrich Merz, el presidente Trump ordenó a su secretario del
Tesoro, Scott Bessent, “cortar todo el comercio con España”. La razón: Madrid
se había negado a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para la campaña
de bombardeo contra Irán. Quince aeronaves, incluidas cisternas de
reabastecimiento, fueron reubicadas de ambas instalaciones. En cuestión de
minutos, la amenaza copaba titulares en todo el mundo.
Para el público general, la crisis se presentó como un
pulso comercial. Lo es, por supuesto: el volumen bilateral ronda los 47.000
millones de dólares anuales. Pero el impacto más profundo, y del que menos se
habla, no está en los contenedores del puerto de Algeciras sino en los hangares
de Torrejón y en los muelles de Ferrol y Rota. Porque la gran verdad incómoda
que esta crisis revela es que las Fuerzas Armadas españolas tienen una
dependencia de Estados Unidos mucho mayor de lo que cualquier debate público ha
reflejado jamás.
Este artículo no pretende ser alarmista. Las Fuerzas
Armadas tienen capacidad de resiliencia parcial. Existen stocks de repuestos
para meses de operación, la canibalización de unidades permite alargar flotas,
hay ingeniería local capaz de improvisar soluciones, y la experiencia acumulada
por los cuerpos técnicos no desaparece con una licencia ITAR. No hablamos de un
colapso de la noche a la mañana, sino de una degradación progresiva que, sin
embargo, en un plazo de 12-24 meses alcanzaría niveles operativamente
inaceptables en los sistemas más críticos.
1. Lo que nadie mira: la anatomía de una dependencia
Cuando hablamos de dependencia militar de Estados Unidos
no hablamos solo de comprar aviones americanos. Hablamos de algo mucho más
granular y, por tanto, mucho más difícil de resolver: componentes, repuestos,
licencias de software, soporte técnico, claves criptográficas, municiones, y,
sobre todo, el marco regulatorio que envuelve todo esto.
Dos acrónimos rigen esta dependencia: ITAR (International
Traffic in Arms Regulations), que controla los artículos de defensa
propiamente dichos, y EAR (Export Administration Regulations),
que controla la tecnología de doble uso. Si un componente está en la lista
ITAR, Estados Unidos puede vetar su exportación, su reexportación a terceros, e
incluso su mantenimiento fuera de canales autorizados. No necesita un embargo
comercial total para paralizar un sistema de armas. Le basta con denegar una
licencia. Y es completamente legal.
La estimación que manejo, basada en fuentes abiertas y
análisis de las cadenas de suministro publicadas por los propios fabricantes,
es que entre el 40% y el 60% de las capacidades operativas críticas de
las Fuerzas Armadas españolas dependen directa o indirectamente de proveedores,
componentes o licencias estadounidenses. La distribución no es uniforme: la
Armada es, con diferencia, la más expuesta.
2. La Armada: construida sobre cimientos estadounidenses
El caso más revelador es el de las fragatas F-100, clase
Álvaro de Bazán. Son cinco buques magníficos, probablemente las mejores
fragatas de su generación en la OTAN, y el orgullo legítimo de Navantia. Pero
su cerebro es estadounidense. El sistema de combate Aegis, fabricado por
Lockheed Martin, incluye el radar multifunción SPY-1D, los lanzadores
verticales Mk-41, los misiles Standard SM-2 y ESSM, y el software de gestión de
combate. Sin Aegis, una F-100 es un casco con un cañón de 127 mm. Es, literalmente,
una fragata sin su razón de ser.
Precisamente en enero de este año, apenas cinco semanas
antes de la crisis, el Departamento de Estado notificó al Congreso una posible
venta FMS (Foreign Military Sales) de 1.700 millones de dólares para la
modernización de media vida de las cinco F-100. Cinco juegos completos de
sistema Aegis actualizado, Mk-41 Baseline VIII, radares de nueva
generación. Era la inversión que garantizaría la vigencia de estas fragatas
hasta 2045. Ese paquete, en fase de “post-notificación pero pre-entrega”, puede
quedar inmediatamente congelado. La modernización más importante de la Armada
española en una década, paralizada por un tuit presidencial.
Pero la historia no termina ahí. Las cinco fragatas F-110
Bonifaz, actualmente en construcción en Ferrol y valoradas en 4.300 millones de
euros, integran un Aegis Baseline 9 aún más avanzado, lanzadores Mk-41,
misiles ESSM Block 2 y Standard, y turbinas GE LM-2500. La primera unidad, ya
botada, no puede entregarse sin sus componentes de combate estadounidenses. El
programa afecta directamente a Navantia y a unas 500 empresas de su cadena de
suministro, aproximadamente 9.000 empleos directos.
La decisión de construir toda la arquitectura naval
española sobre el sistema Aegis fue operativamente brillante y estratégicamente
arriesgada. Proporcionó una capacidad de defensa aérea de primer nivel, pero
creó una dependencia total de un único proveedor extranjero para el sistema de
armas más crítico de la Armada. Y nunca se diseñó un Plan B.
Esta es, si se me permite la expresión, la “vaca sagrada”
del análisis: una decisión tomada en los años noventa, repetida con las F-110,
y que nadie ha cuestionado públicamente porque el sistema funciona
magníficamente bien. Hasta que deja de estar disponible.
Un matiz técnico importante: el radar SPY-1D y la
electrónica Aegis son sistemas de estado sólido con tasas de fallo
significativamente menores que los sistemas mecánicos. No van a “colapsar” en
seis meses por falta de repuestos como podría ocurrir con un motor de aviación.
La degradación del sistema de combate sería gradual, del orden de 12 a 24 meses
para un impacto significativo. Pero las turbinas de propulsión GE LM-2500, sí que
son sistemas mecánicos que requieren overhaul periódico. Sin acceso a
repuestos GE, la primera fragata perdería velocidad máxima en 12-18 meses. ITP
Aero, en Bilbao, tiene capacidad técnica potencial para el mantenimiento, pero
carece de licencia y documentación para las LM-2500 específicas de estos
buques.
Y luego están los Harrier. Los 11-13 EAV-8B Harrier II
Plus de la 9.ª Escuadrilla son los únicos aviones de ala fija que pueden operar
desde el Juan Carlos I. Son 100% de fabricación estadounidense
(Boeing/McDonnell Douglas), y sin repuestos la flota quedaría reducida a 6-8 aparatos
operativos en un año, y quedar inoperativa en dos o tres. El Juan Carlos I,
orgullo de la proyección anfibia española, se convertiría en un
portahelicópteros sin aviación de combate embarcada. Y la alternativa, el
F-35B, es también estadounidense, y con mucho el arma
más dependiente del apoyo técnico americano para su operativa.
3. El Ejército del Aire: los motores que no llegan
Los aproximadamente 68 EF-18M Hornet distribuidos en
cinco escuadrones son el caballo de batalla de la defensa aérea española. Su
MLU (Mid-Life Upgrade) fue ejecutada por EADS-CASA e Indra, mejorando la
aviónica nacional, pero la célula, los motores General Electric F-404 y el
radar AN/APG-65 siguen siendo íntegramente estadounidenses.
En diciembre de 2025 se autorizó la venta de 200
ventiladores de motor F-404 a España. Que yo sepa, esa entrega no se ha
materializado aún. Si esos 200 fans no están ya en España, la
disponibilidad de la flota podría caer del 60-65% actual al 30-40% en seis
meses, y al 15-20% en un año. Para mantener la alerta de combate aéreo
permanente (QRA) en tres destacamentos se necesitan como mínimo 36-40 aviones
operativos. Si la disponibilidad cae al 40%, solo habría unos 27 Hornet
volando. Insuficiente.
La buena noticia relativa es el Eurofighter. Los
aproximadamente 70 Typhoon de las Alas 11 y 14 son de producción europea con
participación española. Su motor EJ200 es de Eurojet. Su dependencia de EEUU se
limita a cierta aviónica y, sobre todo, al armamento: el AMRAAM aire-aire y el
Sidewinder. Pero España ya ha integrado el IRIS-T y el TAURUS (ambos europeos),
y el misil METEOR, que proporcionará capacidad BVR (Beyond Visual Range)
totalmente europea, está en fase avanzada de integración. En un escenario de
embargo, el Eurofighter operaría con degradación limitada, gestionable en 12-18
meses con migración completa a armamento europeo.
El A400M, fabricado con amplia participación española en
Sevilla y con motor del consorcio europeo Europrop, es sustancialmente menos
vulnerable al embargo. Su cadena de suministro es mayoritariamente europea,
pero incluye componentes de aviónica de doble uso bajo EAR, gestionable con
proveedores europeos. El C-295 tiene motores Pratt & Whitney Canada PW127G
(tecnología bajo EAR pero con cadena de suministro canadiense), por lo que su
impacto sería gestionable en 12-18 meses.
Pero hay un vacío real: España carece de avión cisterna
dedicado para reabastecimiento en vuelo de cazas desde la retirada de los
Hércules. No es miembro de la Unidad Multinacional MRTT del A330. Esto limita
el alcance operativo de toda la flota de caza y es una debilidad estructural
preexistente al embargo que la crisis agrava.
4. El Ejército de Tierra: los Patriot que serán o no
El caso Patriot es quizá el más doloroso por su
inmediatez. España opera tres baterías PAC-2 GEM-T (ex-alemanas) y en diciembre
de 2025 cerró un contrato de 1.700 millones de dólares con Raytheon para cuatro
nuevas baterías PAC-3+. Era, junto con la modernización F-100, la adquisición
de defensa más importante de los últimos años. Ese contrato puede quedar
suspendido con efectos inmediatos. Las empresas españolas con participación
industrial, Sener (actuadores) y Grupo Oesía (cableado), verían así cancelados
sus acuerdos de cooperación.
Las baterías NASAMS, sistema noruego de Kongsberg,
parecen una alternativa menos expuesta. Pero su misil interceptor es el AMRAAM
de Raytheon. Sin AMRAAM, los lanzadores NASAMS son cajas vacías. La migración
al misil IRIS-T de Diehl Defence es técnicamente viable en 12-18 meses, pero no
es automática.
Y los 17 CH-47F Chinook son el único helicóptero de
transporte pesado de las Fuerzas Armadas. Totalmente Boeing, motores Honeywell.
Sin repuestos, la capacidad de mover artillería y vehículos por aire se degrada
en 12-24 meses. No existe helicóptero pesado europeo en producción.
5. Lo que los titulares no cuentan: la dimensión invisible
Hasta aquí, lo visible: buques, aviones, misiles,
helicópteros. Pero hay una capa de dependencia que los análisis convencionales
suelen ignorar y que puede ser igual de disruptiva: los sistemas de mando,
control, comunicaciones e inteligencia.
Link 16 es el
enlace de datos tácticos estándar de la OTAN. Es lo que permite que un
Eurofighter español, una fragata noruega y un AWACS de la Alianza compartan
información en tiempo real. Los terminales MIDS que lo soportan tienen
fabricación parcialmente estadounidense (L3Harris), y las claves criptográficas
que protegen sus comunicaciones se gestionan a través de infraestructura OTAN
en la que EEUU tiene un papel predominante. ¿Podría EEUU “apagar” el Link 16
español? En teoría, dentro del marco OTAN, no debería poder hacerlo
unilateralmente. En la práctica, una restricción en el soporte técnico a los
terminales o en la distribución de actualizaciones de software degradaría la
capacidad de operar en red.
Lo mismo ocurre con el GPS M-Code, la señal
militar cifrada y resistente a interferencias. Sin acceso a receptores con
claves M-Code, las plataformas españolas operarían con GPS civil, vulnerable a jamming
y spoofing. El guiado de munición estadounidense (JDAM, GBU-48) también
depende de GPS. El sistema europeo Galileo ofrece un servicio público regulado
(PRS) con señal cifrada para uso gubernamental, pero su integración en sistemas
de armas militares es un proceso de años que debería haberse acelerado hace
tiempo.
Y hay un nivel más, incluso más importante: la inteligencia
compartida. Un embargo no excluiría automáticamente a España de las redes
multilaterales OTAN, pero sí podría reducir el intercambio bilateral de
inteligencia y el acceso a productos de origen estadounidense: imágenes
satelitales, inteligencia de señales. Exactamente la información que España
necesita para su vigilancia del flanco sur: Sahel, Mediterráneo, Norte de
África. Es verdad que los servicios de inteligencia suelen mantenerse al margen
de estas controversias políticas, pero pensar que las malas relaciones
políticas no afectan en lo más mínimo al acceso a la información privilegiada
de los dos servicios de inteligencia más importantes del mundo (americano e israelí)
es ingenuo e irresponsable.
6. La dependencia es mutua (pero asimétrica)
Sería un error analítico grave presentar esta situación
como una vulnerabilidad unidireccional. Estados Unidos también depende de
España, y esa dependencia es una palanca negociadora real.
Rota alberga cinco
destructores Aegis del Destroyer Squadron 60, pilar del escudo antimisil
balístico de la OTAN en el flanco sur (European Phased Adaptive Approach).
Y estaba previsto que llegara un sexto destructor antes de finales de este año.
Reubicar esos buques requeriría años de negociación e inversión en
infraestructura alternativa. Morón funciona como base de operaciones
avanzada para AFRICOM, esencial para la proyección estadounidense hacia África.
Y España controla el acceso al Estrecho de Gibraltar, nexo entre Atlántico y
Mediterráneo.
A esto se suman las limitaciones domésticas
estadounidenses. Un embargo comercial total requiere soporte legislativo. El
sector industrial de defensa estadounidense, Lockheed Martin, Raytheon/RTX,
Boeing, General Dynamics, perdería contratos por miles de millones. Los
congresistas de Massachusetts y Alabama, donde se fabrican componentes del
Patriot, no aplaudirían precisamente. El Pentágono tiene interés institucional
en mantener Rota operativa y las FAS españolas funcionales en el flanco sur.
El precedente más relevante es Turquía. Washington
excluyó a Ankara del programa F-35 por la adquisición del S-400 ruso. Pero el
embargo fue selectivo, solo el F-35, y EEUU mantuvo el soporte a los F-16
turcos. Un embargo total contra un aliado OTAN por negarse a participar en una
operación no amparada por el Consejo de Seguridad sería un precedente sin
igual.
El escenario más probable no es un embargo total. Es algo más sutil y, en cierto sentido, más insidioso: una
coerción calibrada. Washington congela los programas de alta visibilidad
que aún no se han ejecutado, los Patriot nuevos, la modernización Aegis,
mientras mantiene el goteo de repuestos básicos para evitar el colapso de un
aliado y no perder el valor de Rota. Máxima presión política, mínimo daño
colateral para los intereses propios.
Este escenario de “coerción calibrada” es el que asigno
mayor probabilidad, en torno al 35-45%. Los programas congelados sumarían más
de 5.000 millones de euros en contratos firmados o aprobados. La modernización
de las FAS se retrasaría 3-5 años. Y el mensaje a Madrid sería inequívoco: la discrepancia
con Washington tiene costes.
7. Los números que no se pueden ignorar
Principales programas en riesgo directo.
El valor total de los programas directamente en riesgo
supera los 8.000 millones de euros en contratos firmados, aprobados o en
ejecución, a los que se sumarían entre 350 y 530 millones anuales en costes de
mantenimiento interrumpidos o degradados.
8. Las alternativas existen. Pero no son inmediatas
Ante eso, “¿no podría España simplemente comprar europeo?”.
La respuesta corta es sí. La respuesta honesta es que lleva tiempo, cuesta
dinero y, en algunos casos, lo que hay disponible no es equivalente.
Aviación de combate.
El Eurofighter es la alternativa natural y ya está en servicio. Adquirir un
lote adicional de 24-36 unidades Tranche 4/5 con armamento exclusivamente
europeo (METEOR, IRIS-T, TAURUS) compensaría la retirada acelerada de los
EF-18. Coste estimado: 3.000-5.000 millones de euros. Sin embargo, el plazo
hasta capacidad operativa inicial sería de 30-36 meses desde la firma de
contrato, para lo que habría que añadir 6-12 meses más. Es la decisión más
obvia y la más urgente.
Pero aquí hace falta un baño de realidad sobre la
industria europea. Las cadenas de suministro de defensa del continente están
saturadas por la demanda derivada de la guerra en Ucrania. Alemania ha
encargado Eurofighter adicionales, los países bálticos y nórdicos compran todo
lo disponible en misiles y sistemas antiaéreos, y MBDA tiene una cartera de
pedidos récord. Que España firme un contrato por 36 cazas no significa que
Airbus pueda entregarlos en tres años. Los plazos reales dependerán de la
capacidad de absorción de una industria europea que, paradójicamente, nunca ha
tenido tanta demanda ni tan poca holgura. Esto refuerza, no debilita, el
argumento de actuar rápido: quien llegue primero a la cola de pedidos se
llevará antes las entregas.
Defensa antiaérea. El SAMP/T
franco-italiano con misil Aster 30 Block 1/1NT puede sustituir al Patriot en la
capa superior. Cuatro a seis baterías costarían 1.200-2.400 millones de euros,
con un plazo de 36-48 meses para su recepción. Para la capa media, la migración
de NASAMS al misil IRIS-T de Diehl Defence es viable en 12-18 meses. El vacío
más peligroso es el período de transición.
Sistema de combate naval. No existe alternativa directa al Aegis. El PAAMS con
Aster es lo más cercano en Europa, pero la reingeniería de una fragata F-100
para sustituir Aegis por PAAMS costaría 500-800 millones de euros por unidad y
llevaría 5-7 años. La opción más realista para las F-110 sería mantener la
configuración Aegis en las tres primeras unidades (si la crisis se resuelve) y
migrar las dos últimas a configuración europea. Un compromiso imperfecto, pero
pragmático.
Transporte pesado. No hay
equivalente al Chinook en producción en Europa. Es el vacío más difícil de
llenar. A corto plazo, solo caben acuerdos bilaterales con aliados europeos que
operan Chinook (Reino Unido, Italia, Países Bajos, Alemania) para compartir
repuestos y soporte.
Aviación embarcada.
La realidad es que habría que asumir la pérdida del Harrier sin reemplazo STOVL
europeo disponible. El Juan Carlos I debería reorientar su doctrina hacia
misiles, sistemas no tripulados embarcados y capacidad helitransportada.
El coste total de una reconversión integral, sustituir
todos los sistemas dependientes de EEUU por alternativas europeas, se situaría
en el rango de los 15.000-25.000 millones de euros distribuidos en 10-15 años.
Es una cifra enorme, pero compatible con un presupuesto de defensa del 2,5-3%
del PIB si se prioriza adecuadamente.
9. La paradoja Navantia: cuando el embargo puede ser una oportunidad
Hay una dimensión de esta crisis que merece mención
aparte porque invierte la lógica habitual: la dependencia ITAR no solo
limita la defensa de España, también limita las exportaciones de su industria.
Navantia vende buques de guerra a cinco continentes, pero cada fragata, corbeta
o patrullero que integra componentes estadounidenses requiere autorización ITAR
para su exportación a terceros. Washington ha ejercido ese veto en el pasado:
la venta de C-295 a Venezuela fue bloqueada en 2006, y la competitividad de
Navantia en concursos internacionales se ha visto limitada en países donde EEUU
tenía objeciones políticas.
Si España ejecuta un programa serio de des-ITAR-ización
de sus plataformas navales, eliminando componentes estadounidenses de los
diseños exportables y sustituyéndolos por equivalentes europeos o nacionales,
el resultado sería paradójico: un embargo que a corto plazo daña se convertiría
a largo plazo en el catalizador que libera a Navantia para competir sin tutela
de Washington en mercados emergentes de Asia, Golfo Pérsico y América Latina.
Saab (Suecia) y Embraer (Brasil) ya recorrieron este camino y su competitividad
exportadora mejoró. Navantia podría hacer lo mismo.
10. Lo que España puede aprender de otros
España no es el único aliado OTAN con esta
vulnerabilidad, pero sí es probablemente el que tiene la mayor dependencia
relativa a su propia capacidad industrial.
Turquía es el
ejemplo más instructivo. Excluida del F-35, Ankara aceleró el desarrollo del
caza KAAN, las corvetas MILGEM, los UAV Bayraktar y misiles nacionales. No es
que Turquía no haya sufrido el embargo: lo ha sufrido enormemente. Pero tenía
una base industrial preparada para responder porque llevaba años invirtiendo en
ella, algo que no ha hecho España…hasta ahora.
Corea del Sur demuestra
que una potencia media aliada de EEUU puede desarrollar plataformas nacionales
competitivas. El KF-21 Boramae, el tanque K2 Black Panther, el obús K9 Thunder
(exportado a media docena de países) son pruebas de que la inversión en
autonomía tecnológica militar es compatible con mantener la alianza con
Washington.
Italia ha logrado
un equilibrio razonable: participa en el F-35 pero también en el Eurofighter,
fabrica las FREMM que son la base de las fragatas de media OTAN, y tiene a
Leonardo como proveedor global. La diversificación dentro de los programas
europeos reduce el riesgo sin necesidad de romper con nadie.
Francia,
naturalmente, es el modelo de autonomía: Rafale sin componentes ITAR, misiles
MBDA, nuclear propio. Pero su base industrial y su presupuesto de defensa están
fuera del alcance de España en solitario. Lo que sí está al alcance es la
cooperación bilateral: España y Francia como socios en FCAS, en misiles, en
inteligencia.
España tiene la base industrial para seguir una senda
similar a la italiana o incluso la coreana. Navantia exporta buques de guerra a
cinco continentes. Airbus/CASA fabrica el A400M y el C-295 en Sevilla. Indra
desarrolla radares y sistemas de combate. ITP Aero fabrica componentes de los
motores más avanzados de Europa. Sener, Escribano, Expal, Grupo Oesía aportan
tecnologías punteras. Lo que ha faltado no es capacidad industrial. Lo que ha
faltado es una estrategia de soberanía tecnológica que traduzca esa capacidad
en menor dependencia.
11. El escenario que nadie quiere nombrar
Hay un escenario derivado de esta crisis que los análisis
oficiales probablemente abordarán con extrema cautela, pero que un analista
independiente tiene la obligación de plantear sin ambages.
Las Fuerzas Aéreas Reales de Marruecos están en un
proceso de modernización acelerada. Han contratado 25 F-16V Block 72, la
versión más avanzada del Fighting Falcon, que se suman a una flota existente de
F-16C/D Block 52+. Marruecos ha expresado interés en el F-35. Su doctrina aérea
evoluciona hacia la superioridad cualitativa.
Si España pierde capacidad aérea (EF-18 en degradación,
Eurofighter sin plena integración de armamento BVR) mientras Marruecos la gana,
la ecuación disuasoria en el Estrecho de Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias
se invierte. No estoy sugiriendo que Marruecos vaya a atacar territorio
español. Estoy señalando que la disuasión funciona cuando el potencial
adversario sabe que el coste de una acción sería inaceptable. Si ese cálculo
cambia, la estabilidad regional cambia con él.
Este es el escenario estratégico más peligroso que el embargo podría precipitar: no una acción directa de Estados Unidos, sino la ventana de vulnerabilidad que crea frente a terceros. Y la disuasión OTAN, que cubre amenazas existenciales entre grandes potencias, no protege contra tensiones regionales en territorios fuera del marco OTAN (Ceuta y Melilla).
12. Qué debería hacer España (con independencia de lo que haga
Trump)
Mi conclusión principal, y es la misma sea cual sea la
evolución política inmediata de esta crisis, es que España necesita un Plan
de Soberanía Tecnológica de Defensa. No porque Trump haya amenazado con un
embargo, sino porque la vulnerabilidad que ese embargo revela es estructural y
existía antes de que Trump llegara a la Casa Blanca. Simplemente nadie la
valoraba como un riesgo hasta la llegada de Trump.
Dentro de ese plan, a corto plazo (0-12 meses) las
prioridades serían defensivas: inventario exhaustivo de dependencias ITAR/EAR
en las tres ramas, acumulación preventiva de repuestos críticos (si la ventana
aún está abierta), transición de la alerta QRA a configuración Eurofighter, y
una comunicación diplomática reservada que recuerde a Washington que la
degradación de las FAS españolas debilita el flanco sur que el propio Pentágono
necesita sólido. Coste estimado: 300-700 millones de euros.
A medio plazo (1-5 años), las decisiones deberían
ser industriales y presupuestarias: compra de emergencia de Eurofighters
adicionales con armamento europeo, migración parcial de las F-110 a
configuración europea, contratación de SAMP/T como alternativa al Patriot
cancelado, integración del IRIS-T en los NASAMS, y un programa sistemático de
des-ITAR-ización de las exportaciones de Navantia que, paradójicamente,
acabaría beneficiando su competitividad internacional. Coste: 5.000-8.000
millones de euros.
A largo plazo (5-15 años), el objetivo debería ser
la autonomía: FCAS/NGWS como programa ancla sin componentes ITAR, desarrollo
europeo de misiles SAM de nueva generación, helicóptero pesado europeo,
turbinas navales con ITP Aero y socios europeos, e integración total del
Galileo PRS en todas las plataformas. Coste: 10.000-17.000 millones de euros.
¿De dónde saldría el dinero? Parte, irónicamente, de la
propia cancelación de los programas estadounidenses: los 1.700 millones del
Patriot y los 1.400 millones de la parte española del Aegis MLU se liberarían
para financiar sus alternativas europeas. El resto exige repriorización:
retrasar programas no afectados por el embargo (como fases posteriores del VCR
8x8 Dragón) para liberar fondos de emergencia, y un incremento progresivo del
gasto en defensa que ya estaba comprometido.
13. La verdadera lección
Permítanme terminar con una reflexión que va más allá del
análisis de sistemas y presupuestos.
La amenaza de Trump puede resolverse en semanas. La
política es transaccional, los intereses mandan, y es perfectamente posible que
un acuerdo devuelva las cosas a una aparente normalidad. Si eso ocurre, la
tentación será enorme de archivar el susto y volver al business as usual.
Sería un error, pero no por las razones que quizá
piensan.
No porque España sea un país frágil: no lo es. Las
Fuerzas Armadas tienen profesionales preparados, capacidad de adaptación, y una
ingeniería militar capaz de improvisar soluciones con recursos limitados. Ante
un embargo, no habría colapso; habría degradación, canibalización, soluciones
parciales y, probablemente, cooperación acelerada con aliados europeos. España
resistiría.
Pero resistir no es lo mismo que disuadir. Y la disuasión
se construye sobre la certeza del adversario de que tienes medios suficientes y
disponibles. Si esa certeza se erosiona, aunque sea temporalmente, la
estabilidad regional cambia. Y en el flanco sur de España, la estabilidad no es
un lujo teórico.
Lo que esta crisis ha demostrado no es que Trump sea
impredecible, que ya lo sabíamos. Es que el modelo de alianza en el que España
ha basado su defensa durante décadas, confiando en que EEUU siempre sería un
proveedor fiable porque somos aliados, ya no es una suposición válida. No lo
fue para Turquía con el F-35. No lo es ahora para España. Y el patrón
transaccional en la política exterior estadounidense no es una anomalía de un
presidente concreto: es un cambio estructural que es probable que se repita en
futuras administraciones.
España tiene la base industrial, los ingenieros, los
astilleros, las fábricas y los laboratorios de electrónica para reducir
drásticamente esta dependencia. Lo que necesita es voluntad política,
continuidad presupuestaria y la honestidad de reconocer que un problema que
llevas tres décadas sin mirar no se resuelve en un ciclo electoral.
La verdadera lección no es que Estados Unidos pueda
castigarnos. Es que ningún país medio puede permitirse depender en exclusiva
de otro para su defensa. Y esa lección seguirá siendo válida mucho después
de que Trump deje de ser noticia.
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