viernes, 30 de octubre de 2026

La doctrina acorazada que faltaba y la división que la aplica

El Ejército que España necesita: armas combinadas bajo observación persistente y la división "Castillejos" que las aplica

 

Introducción

La primera temporada de esta serie desmontó la doctrina acorazada que España había importado y se detuvo ahí. Dijo lo que no servía, pero no escribió lo que debía sustituirla. El inventario del ejército de 2040, unidad por unidad, que precede a este texto dibuja una división con dos brigadas pesadas, que reúnen 164 carros Leopard 2E, un regimiento de reconocimiento y una brigada media, y todo ello presupone una manera de combatir que la serie todavía no ha puesto por escrito. Este artículo la escribe.

Un grupo táctico disperso, visto desde el dron que lo vigila. Dentro de la franja de veinte a veinticinco kilómetros que rodea el contacto, quien se concentra se ve, y la doctrina del artículo empieza por aceptarlo. Ilustración conceptual generada con IA; no representa a ninguna unidad real.

Es la doctrina de la división del Este, que combate dentro de una división multinacional de la Alianza. Su nombre es largo, pero su tesis cabe en una línea. El carro no ha muerto; ha cambiado de oficio. Ya no rompe el frente con una masa concentrada, porque la masa que se queda quieta se ve y se bate en minutos. Sigue siendo el fuego directo protegido de la fuerza, que bate blindados, cubre a la infantería y contraataca, pero entra cuando los fuegos y los drones han abierto el camino. El texto formula la doctrina en cinco reglas, la ilustra con una escena y mide cuánto de ella existe hoy en la división “Castillejos”. El siguiente artículo baja al Sur, donde la doctrina es otra porque la obligación es otra.

jueves, 29 de octubre de 2026

La Armada 2050: una flota para negar, no para dominar

Mi propuesta de flota para la Armada de 2050: qué buques, cuántos y qué misión cumple cada uno.

Segunda parte de la serie "La estructura de fuerza de la Armada en 2050"

 

INTRODUCCIÓN

En la primera parte establecí para qué sirve la Armada, para hacer frente a cinco amenazas y compromisos por orden de prioridad, con siete objetivos, seis principios y una hipótesis de simultaneidad, la de un conflicto con dos focos, el Estrecho y Canarias, durante treinta días y sin apoyo aliado. De ahí salió una regla: negar barato para poder controlar caro. Esta segunda parte la lleva a los buques.

Explico qué flota propongo, cuántos buques de cada clase, qué misión cumple cada uno y, al final, qué se descarta. Es una propuesta mía y no el plan oficial de la Armada. El dinero, las bases, la gente y lo que pasaría con el 3,0% o el 2,1% quedan para la tercera parte; por eso apenas doy costes, salvo donde cambian una decisión, como en el portaviones.

“Para negar, no para dominar” no significa que esta flota no controle nada. Controla corredores, durante el tiempo que tarda en pasar un convoy o una fuerza anfibia, y después cede. Lo que no pretende es dominar el mar. Por eso el grueso de lo que compra niega por áreas con medios baratos (baterías, minas, submarinos y no tripulados), y solo el resto, los escoltas, las grandes cubiertas y el asalto, controla con buques tripulados. Muestro la propuesta de flota en una imagen, dedico el resto del artículo a explicarla función por función y un apartado final reúne lo que puede cambiar su composición.

Lámina 1. La flota propuesta para 2050, por funciones y a escala común. Cada silueta es esquemática, representa una clase y no reproduce el diseño real; la cifra indica el número de unidades. El color distingue lo que está en servicio, contratado, aprobado o en definición, propuesto, o pendiente de una demostración o por definir. Las esloras de los diseños propios y de los programas sin definir son estimaciones. No figuran las baterías, las minas ni la red fija del núcleo de negación, que no son buques. Elaboración propia.

martes, 27 de octubre de 2026

Ni vasallos ni federados: la tercera vía

La tercera vía que España no se atreve a pensar

Tercer artículo de la serie "España en el mundo de las esferas de influencia"

 

INTRODUCCIÓN

El artículo de la serie anterior “La diplomacia de mínimos” dejó a España retratada con una imagen incómoda, la de una bisagra sin resorte: una pieza que enlaza a todos los actores de su entorno y no decide hacia dónde gira, porque la mueven quienes sí han decidido. Es un diagnóstico, no una condena. Y todo diagnóstico desemboca en la misma pregunta. ¿Qué hacer entonces?

Aquí el debate español se parte en dos, casi por reflejo. Un bando responde que la solución es Washington; que la seguridad de un país mediano se garantiza pegándose al aliado fuerte, pagando lo que pida y evitando toda fricción que ponga en riesgo el paraguas. El otro responde que la solución es Europa; que la única autonomía posible para España consiste en disolver su estrategia nacional en una soberanía europea común, idealmente federal. Dos respuestas, dos eslóganes y dos formas de no pensar.

Ambos comparten un defecto que los iguala: entregan la decisión soberana, solo que a manos distintas. Existe una tercera vía, y parte de un principio elemental que ninguno de los dos bandos considera. La autonomía estratégica no consiste en poder actuar solo, algo que ningún país europeo puede hacer hoy, sino en conservar capacidad de decisión propia aun dependiendo parcialmente de otros; y como es un grado y no un estado, admite administrarse. No todas las dependencias valen lo mismo, ni todas las regiones y todos los ámbitos toleran el mismo grado de autonomía. Llamaremos geometría variable a ese principio de modulación.

Mismo empuje, dos resultados. La bisagra sin resorte gira hacia donde la empujan; la potencia-bisagra conserva un ángulo propio, que puede ceder o resistir según convenga. Elaboración propia

Aterricemos antes de elevarnos. Cada cierto tiempo, una fricción concreta reabre el dilema: Washington presiona para que España compre cazas y sistemas norteamericanos, mientras los programas industriales europeos, de los submarinos a los satélites, pugnan por el mismo presupuesto y la misma soberanía tecnológica. El atlantista lo resuelve comprando americano y asegurando interoperabilidad; el federalista, comprando europeo y cediendo el diseño a un consorcio que dirigen otros. Ninguno se pregunta lo único que de verdad importa, que es en qué capacidades conviene depender y en cuáles no, y a qué coste en una crisis.

lunes, 26 de octubre de 2026

El ejército de 2040, unidad por unidad

Mandos, brigadas y efectivos de la propuesta, comparados con el Ejército de hoy

Defender España sin fantasías - Segunda temporada, “El Ejército que España necesita”

 

Introducción

Antes de bajar a una plaza hay que ver la fuerza entera, porque Ceuta, Melilla, la división del Este y los fuegos del Estrecho compiten por los mismos puestos y, en parte, por los mismos helicópteros y obuses. Lo que sigue es un inventario razonado de las piezas del Ejército de 2040, con su orden de batalla dibujado y comparado con lo que el Ejército tiene hoy. La defensa de cada decisión llega después.

La propuesta descansa en dos obligaciones de naturaleza distinta. La primera es la solvencia nacional en el Sur, el único teatro en el que España no puede planear contando con nadie; la segunda es el compromiso asumido con la Alianza en el Este, ni menos ni más. Las separa la autonomía exigida, no la compañía en la que se combate. El adversario de referencia es Marruecos; Argelia entra como sensibilidad, no como segunda amenaza que dimensione la fuerza.

La tesis es sencilla. La propuesta no reparte brigadas parecidas por el mapa; asigna una herramienta a cada obligación. Eso supone abandonar el error de la brigada polivalente que criticaba el artículo tercero, aunque no por el camino que allí se señalaba, como explica el apartado 1. Hay una división para el Este, un mando terrestre para el Sur, guarniciones pequeñas en las islas y unos apoyos comunes que concentran lo escaso.

Hay dos variantes que comparten arquitectura y doctrina. La A es el suelo y el caso pesimista común de las Fuerzas Armadas, con un gasto del 2,1% del PIB, constante, y un Ejército de 73.000 militares, los que hoy están en servicio activo. La B es la propuesta y la senda base, con un gasto que sube hasta el 3,5% en 2035 y un Ejército de 80.850. La B de 2040 es la columna principal, la A se marca como contraste y toda cifra es de 2040 salvo que se diga lo contrario.

Contar brigadas engaña, porque no todas pesan lo mismo ni sirven a la misma obligación. En la variante B, de las ocho brigadas de maniobra actuales dos se disuelven, una se funde con otra y una pasa a ser la guarnición de Canarias; quedan cuatro, una de ellas de regeneración, y se crea una de fuegos. La A conserva tres brigadas y sustituye la brigada de la Legión por una agrupación de reacción. Las guarniciones del Sur, que ya existían, se cuentan por fin como lo que son; Melilla, con 4.500 militares, supera a cualquiera de las tres brigadas de la división del Este. Hay menos brigadas de maniobra, pero la Fuerza crece en 11.740 puestos en la variante B.

Una ficha, unos 800 militares. El Ejército de 2040 en variante B: cinco piezas, cada una con su función. Ilustración conceptual. Elaboración propia.

La Fuerza es el conjunto de unidades que combaten, apoyan al combate y se preparan para ello; fuera de ella quedan el cuartel general, los centros de apoyo, la enseñanza y los destinos en el órgano central de Defensa o en organismos internacionales. En la propuesta, la Fuerza pasa de unos 45.260 puestos reconstruidos a 51.100 en la variante A y a 57.000 en la B, es decir, del 62% del Ejército al 70,0% y al 70,5%. El salto tiene dos orígenes. En la A, que no crece, se suprimen 5.840 puestos fuera de la Fuerza, y ese personal pasa a cubrirla. En la B, que suma 7.850 militares, estos aportan dos tercios del aumento y el tercio restante, 3.890 puestos, sale del mismo recorte, más moderado. Un artículo futuro argumenta cada supresión.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Negar barato, controlar caro

Amenazas, objetivos y principios de la Armada de 2050. 

Primera parte de la serie “La estructura de fuerza de la Armada en 2050”

 

INTRODUCCIÓN

A lo largo de este blog he venido proponiendo distintos buques para la Armada, justificando la necesidad, las características y el número de cada uno. Puestos todos juntos, con el dinero, las personas y los astilleros que tiene España, no cabían ni con un presupuesto de defensa elevado al 3,5% del PIB y un plazo hasta 2050. Había que elegir, fundir y descartar, y esta serie es el resultado: una veintena de clases de buques, cada una con una misión que las demás no cubren.

Lo que sigue es la estructura de fuerza de la Armada en 2050 si España dedica a defensa el 3,5% de su PIB, el objetivo que los aliados fijaron en La Haya en 2025 y que España firmó, aunque sostiene que le basta el 2,1%. Lo publico en tres partes. Esta primera explica para qué sirve la Armada: las amenazas, los objetivos, los principios y lo que debe poder hacer a la vez, y termina con la forma de flota que de todo ello se deduce. La segunda recorre esa flota buque por buque. La tercera trata de las bases, el coste, la gente y lo que pasaría con el 3,0% o el 2,1% de gasto militar.

Mi tesis es sencilla. Esta Armada es regional y niega barato para poder controlar caro. Es decir, se niega con lo barato para poder pagar el control con lo caro, solo donde hace falta. Niega por áreas, con baterías, minas, submarinos y no tripulados; controla solo por corredores y por ventanas de tiempo, con buques tripulados, y no pretende dominar el mar.

Las cinco prioridades que dimensionan la flota, por orden. Las tres primeras tienen localización geográfica; las otras dos se atienden fuera de este espacio. Canarias, en el recuadro, está a unos 1.300 km de Cádiz. Elaboración propia.

martes, 20 de octubre de 2026

El escudo empieza por los ojos

La capa alta puede esperar a 2028. Los ojos y el cerebro, no

 

INTRODUCCIÓN

En diciembre de 2025 España contrató a Raytheon cuatro unidades de fuego Patriot de configuración 3+ por unos 1.700 millones de dólares, 1.445 millones de euros. Las baterías no llegarán antes de 2030 y parte de la prensa especializada habla ya de 2031. Con los interceptores ocurre algo menos conocido. Los 51 PAC-3 MSE que autorizó Washington en 2023 se compran aparte, a Lockheed Martin, y la cifra efectivamente contratada no es pública.

En septiembre de 2026 llegó el aviso. Washington comunicó a sus aliados retrasos de hasta cinco años en Patriot, Tomahawk y otras municiones de precisión, porque la guerra con Irán había vaciado sus arsenales. El aviso es genérico y no nombra a España, cuyo retraso documentado ronda los tres años, de 2027 a 2030. La dirección, sin embargo, es la misma. Lockheed firmó en julio un contrato multianual para triplicar la producción de PAC-3 MSE hacia finales de 2030, y España espera en la cola de ese aumento.


Los anillos que debe cubrir la defensa aérea del sur, y quién los ve primero. Ilustración conceptual generada con IA; distancias y posiciones, no a escala.

Cincuenta y un interceptores repartidos entre cuatro unidades de fuego son unos trece por unidad, antes de descontar el entrenamiento, las pruebas y la reserva de guerra. Eso no es un escudo. En defensa aérea cuenta el interceptor almacenado en suelo propio el primer día, no la batería.

Este artículo sostiene algo contraintuitivo. Antes de elegir el tirador de la capa alta, España necesita tres cosas que hoy no tiene completas. La primera son sensores que vean lo que vuela bajo sobre el mar. La segunda es un único sistema de mando nacional que una a los tres ejércitos. La tercera es munición almacenada en casa. La decisión sobre el sistema alto puede esperar a 2028, cuando se sepa si la asociación entre la coreana LIG y Rheinmetall es una empresa conjunta real, si el SAMP/T NG llega a Dinamarca en plazo y si Europa decide construir su propio avión de alerta temprana.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Comprar o no al proveedor de la amenaza no compartida

Lo que Ifni, el Sáhara y Perejil enseñan sobre las compras de armamento españolas

 

INTRODUCCIÓN

En la madrugada del 29 de noviembre de 1957, cinco trimotores CASA 352 lanzaron 75 paracaidistas sobre Tiliuín mientras cinco bombarderos CASA 2.111 batían las posiciones que cercaban el puesto. Los primeros eran Junkers Ju 52 fabricados en España; los segundos, la versión española del Heinkel He 111 con el que la Luftwaffe había bombardeado Londres. Los F-86 Sabre que Estados Unidos había entregado tras los acuerdos de 1953 no podían emplearse en aquella guerra, porque Washington no autorizaba el uso de su material de combate en un conflicto colonial; sí permitió volar los entrenadores T-6 y los transportes de la misma ayuda. España tenía reactores, pero no podía usarlos donde los necesitaba.

Casi setenta años después, el debate español sobre compras de defensa sigue girando en torno a tres preguntas legítimas, que son cuánto cuesta un sistema, cuánta carga de trabajo deja en España y si es europeo. Pero falta la cuarta, la que Ifni dejó escrita. ¿Qué haría cada proveedor en una crisis con Marruecos si España empleara el material que le compra? Convertir esa pregunta en requisito es lo que aquí se llamará la prueba del proveedor que se niega.

Junkers Ju 52 (HB-HOY) 14.jpg. Fuente: Wikipedia

La respuesta no se deduce de la amistad ni de la alianza formal, sino de tres variables: 1) lo que el proveedor tiene en juego en Marruecos, 2) su costumbre de usar las armas como instrumento político y 3) el control que conserva sobre lo que vende. Los precedentes no predicen conductas, pero muestran qué palancas tiene cada uno. Por eso la prueba debe aplicarse también a los aliados, Estados Unidos y Francia, que figuran, junto con Israel, entre los principales proveedores de Rabat.

viernes, 9 de octubre de 2026

Los próximos cinco años que decidirán el Ejército del Aire

Lo que el próximo Gobierno no puede aplazar más allá de 2027

Artículo 1 de la serie “Ejército del Aire 2050: la fuerza que sobrevive”

 

INTRODUCCIÓN

En junio de 2026 el Gobierno reconoció por escrito, en respuesta a una pregunta parlamentaria, que no tiene un calendario anual de bajas para el EF-18, el caza Hornet de diseño estadounidense que vuela en el Ejército del Aire desde mediados de los años ochenta. Seis meses antes había situado su retirada definitiva a finales de la próxima década. La respuesta añadía que el ritmo de las bajas depende de las entregas de Getafe, es decir, de cuántos Eurofighter nuevos salgan de la línea de montaje que Airbus tiene en esa localidad madrileña.

El EF-18 es hoy el único avión español que lanza el misil de crucero Taurus, que golpea objetivos fijos a cientos de kilómetros, y el único que dispara el misil antirradiación, el arma que destruye los radares enemigos y abre paso al resto de la formación. España no ha decidido cuándo se quedará sin esas capacidades; lo marcará el ritmo de una fábrica. Cuando el calendario industrial ocupa el lugar de un plan de fuerza, el debate sobre qué avión volará en 2050 distrae de lo que vence mucho antes.

2038: el último EF-18 Hornet llega a la plataforma. Qué avión ocupará la hilera de al lado se decide en los próximos cinco años. Ilustración generada por IA.

Esta serie parte de la tesis de que la estructura del Ejército del Aire de 2050 quedará condicionada, de forma casi irreversible, por lo que se decida en la legislatura que salga de las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026. En esos años coinciden cuatro carencias que no admiten espera y se fija el relevo de una ola de bajas que arranca en 2038. Lo que España firme o deje de firmar entre 2027 y 2032 determinará la fuerza de mediados de siglo. Algunas decisiones son reversibles, como una doctrina o un organigrama. Otras no lo son, porque un avión de alerta temprana, una reserva de misiles o un refugio endurecido tardan entre cuatro y diez años en existir. Este artículo trata de las segundas.

viernes, 2 de octubre de 2026

Después del SILAM, el K239 Chunmoo

El lanzacohetes que España ya debería estar comprando

 

1. Quince años sin cohetes

El 31 de diciembre de 2011, el Ejército de Tierra retiró el Teruel, el lanzacohetes múltiple de 140 mm que entonces equipaba al RALCA 62 en Astorga. No fue una modernización. Fue una amputación sin sustituto. El actual RALCA 63 conserva la tradición y la misión de fuegos en profundidad, pero sigue sin disponer de material lanzacohetes.

España no está intentando sustituir un lanzacohetes viejo. Lleva quince años intentando recuperar uno que dejó morir.

Ese vacío no es táctico. Un ejército que no puede batir objetivos más allá de los veinte kilómetros de la artillería de tubo convencional depende de sus aliados para cualquier operación de profundidad, de contrabatería frente a sistemas enemigos de largo alcance y de la interdición de los nodos logísticos, de mando y de reservas del adversario. En los conflictos contemporáneos, y Ucrania lo ha demostrado con una elocuencia que ningún manual de doctrina puede igualar, quien no tiene cohetes no tiene fuegos de profundidad. Y quien no tiene fuegos de profundidad no tiene iniciativa operacional.

El programa SILAM (Sistema de Infantería de Largo Alcance Múltiple) se adjudicó en 2023 a la UTE Escribano-Expal, con un presupuesto de 697 millones de euros con IVA, para doce lanzadores PULS de Elbit Systems. El 9 de septiembre de 2025, esa adjudicación quedó cancelada como consecuencia directa de la política española de desconexión tecnológica con Israel tras el conflicto en Gaza. España volvió al punto de partida.

K239 Chunmoo. El mismo sistema que Polonia lleva desplegando desde 2023; España, sin equivalente desde 2011. Imagen del ROK Ministry of National Defense.

Lo que ocurrió después es lo que exige análisis. Y el análisis apunta en una dirección que el Ministerio de Defensa todavía no ha enunciado en voz alta.

martes, 29 de septiembre de 2026

Una fragata ligera para España

Como la lección más cara del Mar Rojo debería cambiar el debate sobre la Armada

INTRODUCCIÓN

En febrero de 2024, un misil hutí de fabricación artesanal, con un coste estimado en unos pocos miles de dólares, obligó a un destructor de la Marina de EE. UU. a responder con un interceptor SM-2 de 2,1 millones. No fue un caso aislado. En quince meses, la US Navy disparó en el Mar Rojo cerca de 400 municiones —120 SM-2, 80 SM-6 y un puñado de ESSM— contra un enemigo sin marina ni fuerza aérea propias. El cálculo era tan absurdo que, a mediados de 2024, EE.UU. empezó a usar misiles Sidewinder y Hellfire, mucho más baratos, solo para no seguir vaciando los pañoles de sus buques más caros contra drones de usar y tirar.

Un buque no puede recargar sus celdas verticales en alta mar. Cuando un destructor agota su munición antiaérea frente a Yemen, no tiene otra opción que abandonar la zona y navegar varios días hasta el puerto amigo más cercano. Durante ese tránsito, el hueco que deja lo cubre otro, si es que hay otro disponible.

Navantia Australia presenta la nueva fragata multimisión Alfa 4000 ...

Render de la Alfa 4000 de Navantia, ofertada a Suecia para su programa Luleå, que es la base de diseño más cercana a la fragata LSC-F que propone este artículo. Imagen: Navantia.

España va a tener, a partir de 2028, sus primeras fragatas F-110 en servicio: buques extraordinarios, con sonar remolcado CAPTAS-4 y, en su variante Flight II, hasta 64 celdas de lanzamiento vertical y un radar SPY-7 capaz de rivalizar con el de cualquier destructor europeo. Pero cada una de esas fragatas costará, en la versión más armada, en torno a 1.300 millones de euros. Y aquí está el problema que este artículo quiere plantear: ¿de verdad queremos usar un buque de 1.300 millones para escoltar un petrolero a 16 nudos, o para patrullar frente a las costas de Nigeria durante semanas? Cada vez que lo hacemos, ese dinero —y ese buque, irremplazable en caso de pérdida— deja de estar disponible donde de verdad hace falta: en el Estrecho, frente a un submarino, o en un escenario de intensidad real.

La solución tiene nombre en casi todas las marinas serias de Europa. España, sorprendentemente, todavía no la tiene.

jueves, 24 de septiembre de 2026

El soldado español lleva el casco de otra guerra

Lo que el pliego del próximo casco del combate del ejército calla


INTRODUCCIÓN

El Ejército de Tierra ha sacado a concurso su próximo casco de combate. El acuerdo marco prevé 12.000 unidades anuales entre 2027 y 2030, 48.000 en total, ampliables a 72.000 si se ejecutan las dos anualidades de prórroga; el precio máximo es de 855 euros por casco sin impuestos. El plazo de solicitudes de participación se cierra el 7 de octubre y el de ofertas, el 7 de diciembre. Es la mayor compra de cascos del Ejército desde que el Cobat 01 llegó a las unidades en 2017.

El pliego exige raíles laterales, placa frontal para visores nocturnos y un sistema de amortiguación que limite a menos de 5 kilonewtons la fuerza transmitida a la cabeza en un impacto. Pide, por tanto, un casco preparado para integrar equipos. Lo que no dice en su parte pública, porque la documentación técnica es restringida, es qué corte exige, qué superficie del cráneo debe cubrir ni frente a qué amenaza balística debe responder. Son las tres únicas preguntas que importan.

No hay aún modelo elegido. FECSA, fabricante del Cobat 01, parte como proveedor incumbente; su Cobat V6 lo probaron soldados de la VIII Bandera de la Legión en 2023, y en julio de 2025 la Dirección General de Armamento y Material homologó otro modelo de la casa, el Cobat GTH, con validez hasta julio de 2027.

El Cobat V6 de FECSA, favorito no oficial del concurso del Ejército de Tierra. Fuente: FECSA

Pero en 2023, un trabajo de fin de grado del Centro Universitario de la Defensa de Zaragoza, elaborado durante las prácticas de su autor en el Regimiento de paracaidistas Zaragoza n.º 5, comparó el Cobat V6 con dos cascos estadounidenses, el Team Wendy Exfil SL y el Ops-Core FAST SF. Cuarenta y seis paracaidistas valoraron los tres modelos mediante un análisis multicriterio que daba el 58% del peso a la seguridad, un 25% la comodidad, un 13% la compatibilidad y solo el 5% al coste; el Exfil obtuvo 0,52 puntos, el FAST SF 0,38 y el V6, 0,10. El propio autor advierte de que la escasa información disponible sobre el V6 pudo condicionar a los encuestados, y el trabajo se apoya en encuestas y fichas de fabricante, no en un ensayo balístico. No sirve para adjudicar el concurso. Sí demuestra que la comparación con el mercado internacional ya se ha hecho dentro de casa, y que la Compañía de Reconocimiento Avanzado de la propia brigada y el Mando de Operaciones Especiales ya llevan el Exfil.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Aracne: una primera pieza, no un escudo antidrón

INTRODUCCIÓN

El 22 de septiembre, El Economista informó de que Defensa ha elegido el sistema antidrón Aracne para darle un nuevo impulso dentro de la oleada de Programas Especiales de Modernización (PEM) de 2026.

El primer contrato se adjudicó en diciembre de 2024 y se firmó el 12 de febrero de 2025, por un valor que circula en dos cifras: 36,5 millones en la cobertura de la adjudicación y 30,24 millones en las crónicas de entrega, probablemente por diferencias de base imponible. Incluía siete sistemas fijos y siete móviles. Diez van al Ejército de Tierra, dos a la Armada y dos al Ejército del Aire y del Espacio. Los fijos se entregaron a finales de 2025; los móviles, previstos para julio de 2026, están en fase final de entrega. La primera unidad se ha asignado, según Infodefensa, al Regimiento de Artillería Antiaérea 71 en Madrid, que actúa como centro de referencia para doctrina y formación, y el sistema ya se ha mostrado en el Pilot Project 5 de la OTAN en la base eslovaca de Lest.

Sistema antidrón Aracne en su configuración móvil, sobre dos vehículos Vamtac ST5. El Ejército de Tierra recibe la mayor parte del primer lote de 14 unidades. Foto: Indra / EM&E.

El anuncio tiene además un interés industrial evidente. Es un nuevo programa conjunto de Indra y EM&E después de que la integración entre ambas compañías quedara paralizada en marzo.

Aracne ya no es un experimento. Lo que hay que decidir ahora es su escala, y en qué arquitectura encaja.

martes, 22 de septiembre de 2026

Si Ceuta cae, caemos todos

La soberanía se pierde por la falta de firmeza del Estado ante la presión exterior, no por las armas

 

INTRODUCCIÓN

El 30 y 31 de julio de 2026, mientras Marruecos celebraba la Fiesta del Trono, más de 70.000 personas entraron irregularmente a Ceuta desde Marruecos. Al menos 82 personas murieron en el lado español, aunque el balance total de víctimas sigue sujeto a diferencias entre fuentes.

Miles de personas se dirigen hacia la frontera de Ceuta desde Castillejos (Marruecos), el 30 de julio de 2026. Mohamed Siali / EFE.

Lo ocurrido plantea una pregunta que va mucho más allá de la inmigración: qué ocurre con la soberanía cuando un Estado debe elegir entre aplicar su ley, preservar la normalidad y evitar una crisis diplomática. Pasada la conmoción, la realidad es que los acontecimientos de julio no fueron accidentales ni inusuales sino la culminación de una historia recurrente que España no ha querido aprender en el transcurso de cincuenta años. Esa historia no habla de inmigración. Habla sobre credibilidad.

viernes, 18 de septiembre de 2026

El portaviones evolutivo

Por qué España debe decidir el casco ahora y el avión después

 

INTRODUCCIÓN

La Armada se acerca a una decisión que no admite error porque sus consecuencias durarán cuarenta años. Los Harrier se retiran antes de 2035 y el F-35B ha sido descartado, a mi juicio acertadamente. El estudio de viabilidad que Navantia lleva a cabo desde junio de 2025 explora un portaviones CATOBAR de unas 42.000 toneladas, con catapultas y 25-30 cazas. Ese buque, si se decide, no estará operativo antes de 2040. Mientras tanto, la aviación embarcada española desaparece, y con ella una cultura de cubierta que no se improvisa cuando se necesita.

El debate se ha polarizado entre extremos insatisfactorios. Los defensores del portaviones clásico CATOBAR piden un buque que cuesta más de diez mil millones sin contar el ala aérea, necesita catapultas que solo producen EE.UU. y China y llega demasiado tarde. Los defensores de la arquitectura distribuida de portadrones, entre los que me incluyo, prefieren olvidarse del caza tripulado y construir plataformas optimizadas para UCAV, más baratas y rápidas, aunque sin la huella disuasoria ni la interoperabilidad aliada de un portaviones real. Entre medias existe el portaviones STOBAR, más económico pero con una operativa más limitada que el CATOBAR. Ninguna de las tres posturas ha resuelto aún la pregunta central sobre qué avión embarcará ese buque en su madurez, si es que embarca alguno.

Para que un portaviones español esté operativo en 2040, la decisión sobre el casco debe tomarse entre 2027 y 2028, con el diseño listo dos o tres años después. Pero el avión que lo dotará en su madurez no está decidido, y los que estarán disponibles en 2040-2045 no existen todavía en su forma definitiva. Construir para una certeza que no existe es el error que conviene evitar.

Maqueta a escala del MUGEM, el portaviones nacional turco, expuesta en feria de defensa por Givemebaby, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=156984266i. Es la referencia de concepto más próxima al portaviones evolutivo español propuesto en este artículo, aunque con mayor desplazamiento. 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Dos polos, un plan

Una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica

 

INTRODUCCIÓN

En octubre de 2025, el portacontenedores Istanbul Bridge atracó en Felixstowe procedente de China tras veinte días de navegación por el Ártico ruso, cuando la misma travesía por Suez o por el cabo de Buena Esperanza consume entre cuarenta y cincuenta. Fue el primer servicio comercial de contenedores entre Asia y Europa realizado íntegramente por la Ruta Marítima del Norte en el tramo de ida, la vía que bordea la costa ártica de Rusia entre el estrecho de Kara y el de Bering; el regreso se programó por Suez, reflejo fiel de las servidumbres que aún limitan la ruta. Lo que el Istanbul Bridge anuncia es que el Ártico ha dejado de ser una periferia helada para convertirse en un teatro estratégico permanente, donde Rusia concentra su disuasión nuclear, China proyecta su ambición y la OTAN despliega ya la mitad de su atención. La ruta comercial es el síntoma; la competición entre grandes potencias es la enfermedad y las enfermedades estratégicas no esperan a que maduren sus síntomas.

Ese teatro afecta a España más de lo que su lejanía sugiere y el inventario nacional de respuesta es desolador de puro breve. Aunque el proceso de elaboración se aceleró en 2026, España no dispone de una estrategia polar publicada, ni de doctrina ártica, ni de un solo casco con capacidad hielo operativa más allá del veterano Hespérides, un buque de investigación entregado en 1991 que acaba de cerrar su trigésima campaña antártica sin sustituto programado. Mientras tanto, Francia publicó en 2022 una estrategia polar con horizonte 2030 y respaldo presupuestario creciente, e Italia, sin una milla de costa ártica, mantiene estrategia propia desde 2015 y envía cada verano un buque de su marina al océano Glacial Ártico.

Un mismo casco, dos polos: la disyuntiva pendiente de una potencia marítima que aún no ha decidido ejercer su condición bipolar. Imagen conceptual.

La tesis de este artículo es que España necesita una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica, bipolar por diseño y ártica por urgencia, articulada sobre dos pilares materiales: un buque polar de doble uso que releve al Hespérides y sirva en ambos hemisferios y una contribución aliada regular y predecible en el flanco norte de la OTAN con las tropas de montaña como unidad terrestre de referencia. No es un capricho de prestigio ni una imitación de modas aliadas; es la respuesta proporcionada de una potencia marítima media a un cambio estructural del tablero que afecta a sus derechos jurídicos, a su crédito en la Alianza y a los puertos de los que vive. Lo que sigue justifica esa necesidad, ordena los argumentos por su solidez real y propone un programa con plataformas, unidades, calendario y coste.

viernes, 11 de septiembre de 2026

La renovación del armamento ligero de infantería

El ecosistema de fusiles y ametralladoras que nadie ha decidido construir

Segundo artículo de la serie "El soldado que España necesita"

 

INTRODUCCIÓN

España no tiene un problema de armas. Tiene un problema de ecosistema. Y ese problema empieza en el fusil y termina con las ametralladoras. España tiene un problema de roles mezclados y es exactamente ese desorden el que impide que lo que ya existe en los arsenales funcione como debería.

El primer artículo de esta serie demostró que el soldado español está ciego, pues opera con la óptica de 1999 mientras sus homólogos ucranianos identifican blancos a 300 metros con un visor de 150 euros. Hoy toca hablar sobre fusil de asalto y sobre la ametralladora, el arma de apoyo del pelotón, la que decide si el infante puede suprimir, fijar y destruir más allá de los 400 metros que alcanza su fusil.

 

1. La decisión que nadie ha tomado

El Ejército de Tierra español tiene hoy en servicio unos 78.000 fusiles G36 de distintas variantes, fabricados bajo licencia por Santa Bárbara Sistemas en La Coruña desde 1999. Es un arma robusta, fiable en los teatros donde ha operado España, y producida en suelo nacional, pero en 2026 el G36 es también el fusil que su propio creador ha abandonado.

La Bundeswehr —el ejército que diseñó y usó el G36 durante tres décadas— adoptó en 2025 el HK416 A8 como su nuevo fusil estándar, bajo la designación G95A1. El contrato inicial cubre 118.718 unidades y el programa completo prevé hasta 250.000 fusiles por unos 765 millones de euros. Alemania no sustituyó el G36 por el 6,8 milímetros americano. Lo sustituyó por el 5,56 milímetros más moderno de su propio fabricante.

Nuevo fusil HK416 A8 del ejército alemán. Foto Bundeswehr/Mario Bähr

Mientras tanto, el ET español sigue adquiriendo G36E en una decisión que la propia revista Ejército —órgano oficial del ET— describe como "continuista". Y lo hace sabiendo que la Infantería de Marina ya opera el HK416 A5 desde abril de 2024, tras recibir sus primeras remesas para el subgrupo táctico de despliegue del Tercio de Armada. Dentro de las propias Fuerzas Armadas españolas coexisten ya dos generaciones distintas del mismo árbol genealógico.

martes, 8 de septiembre de 2026

Una Infantería de Marina para la nueva doctrina

De la guardia de arsenales a la compañía de combate distribuido

 

INTRODUCCIÓN

La Infantería de Marina española cuenta con unos 5.700 efectivos. Por cabezas, es uno de los mayores cuerpos de su especie en Europa occidental; supera a la Brigata San Marco italiana, que ronda los 3.800, y casi dobla al Korps Mariniers neerlandés, que ronda los 2.500. En cualquier acto institucional esa cifra se exhibe como prueba de que España conserva una capacidad anfibia de primer orden. La cifra es cierta, pero engañosa como medida de capacidad.

El Cuerpo se reparte en tres componentes. El Tercio de Armada, la fuerza anfibia, ronda los 2.500 efectivos; la brigada de desembarco, dentro de él, no alcanza los 2.000. La Fuerza de Protección, unos 2.000, un tercio largo del Cuerpo, custodia bases y arsenales. El resto, la Guerra Naval Especial, la escuela y el mando, completa los 5.700. España tiene mucha plantilla y poca masa de maniobra en primera línea.

Sobre el papel, los dos batallones de desembarco alinean seis compañías de fusiles. Descontados los huecos de plantilla y la cola, con dos o tres personas que instruyen, transportan, curan y comunican por cada una que combate en primera línea, la masa que España puede concentrar en el primer escalón de una operación anfibia se sitúa entre setecientos y novecientos combatientes.

Una operación anfibia no la hacen solo quienes pisan la arena; la hacen también las embarcaciones que los llevan, los zapadores que abren la brecha, los fuegos que los cubren, la sanidad que los estabiliza y el mando que los coordina. La discrepancia real está entre la plantilla total del Cuerpo y la masa de maniobra que puede concentrarse simultáneamente en una organización de primera línea. España tiene mucha de la primera y poca de la segunda.

Es la sedimentación de un modelo pensado para otro mundo, el de las operaciones permisivas de los noventa, cuando la Infantería de Marina embarcaba una compañía reforzada rumbo a los Balcanes o al Líbano y esa era exactamente la misión. El problema es que fue concebido para algo que ya no existe y que, entretanto, un tercio del Cuerpo se quedó adscrito a vigilar arsenales.

Del desembarco clásico al raid distribuido. Imagen conceptual generada por IA del tránsito de la masa nominal a la capacidad real

La BRIMAR 2040 se propone corregir esa distancia entre lo anunciado y lo empleable. Y lo hace, esta es la tesis, sin pedir apenas un recluta nuevo. No engorda el Cuerpo. Lo reparte, lo jubila y lo disuelve. Propone cambiar deliberadamente de una fuerza optimizada para concentrar masa en la playa a una fuerza optimizada para generar efectos litorales sin concentrar masa. Ese cambio de naturaleza, no el incremento de efectivos, es el eje de lo que sigue.

Pero la reforma se entiende mejor empezando por los funerales.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Las fronteras que España necesita en Ceuta y Melilla

Un análisis de geografía militar sobre las líneas que harían más defendibles las dos ciudades autónomas

 

INTRODUCCIÓN

Hay preguntas que los estados se hacen en voz baja, cuando se las hacen. ¿Dónde debería estar realmente la frontera para que una ciudad sea defendible? No la heredada, que refleja el alcance de un cañón del siglo XIX o el resultado de una negociación diplomática; la que exige la geografía cuando se estudia con criterio militar puro. Para Ceuta y Melilla esa pregunta tiene respuesta. No es cómoda, pero es clara.

Sección esquemática transversal de Ceuta (arriba) y Melilla (abajo). La línea roja muestra la visión directa al puerto desde la cima de cada macizo en la situación actual, con Jebel Musa y Gurugú en manos marroquíes. La X azul indica que esa visión queda bloqueada en cuanto la frontera propuesta sitúa la cima del lado español. Relieve vertical exagerado para legibilidad. No a escala.

lunes, 31 de agosto de 2026

La bomba que Rusia no ha lanzado (todavía)

Armas nucleares no estratégicas, el tabú de 1945 y lo que cambiaría si Moscú lo rompiera

 

INTRODUCCIÓN

En otoño de 2022, mientras el ejército ruso sufría sus peores reveses del año en Ucrania, Washington y sus aliados analizaron indicios que podían ser compatibles con una eventual preparación nuclear rusa. La inteligencia occidental interceptó conversaciones entre mandos rusos sobre logística y posibles escenarios de empleo. No hubo evidencia pública de que se movieran ojivas desde los almacenes centrales hacia el frente. La preocupación, aun así, llegó al máximo nivel político. Joe Biden advirtió en público de que el uso de un arma nuclear constituiría un cambio cualitativo en la guerra y su asesor de seguridad nacional habló en privado de "consecuencias catastróficas". Rusia no disparó, pero aquella crisis dejó instalada una pregunta que sigue en el centro del planeamiento occidental: ¿qué ocurriría si Moscú cruzara finalmente el umbral nuclear?

Conviene separar desde el principio tres cosas que suelen mezclarse. Una es la retórica nuclear rusa, abundante y calculada. Otra son las discusiones internas rusas sobre escenarios de empleo, más opacas. Y una tercera son los cambios físicos operativos, es decir, sacar ojivas de los depósitos y acoplarlas a los vectores. Confundir las tres infla cualquier episodio hasta la desproporción.

La pieza que nadie mueve. El arsenal nuclear táctico ruso lleva décadas en el tablero sin ser empleado. Su valor no está en el movimiento, sino en la amenaza de moverlo.

La tesis de este artículo es que el problema del uso de un arma nuclear rusa en Ucrania no es que pueda ganar la guerra en un solo golpe, que no puede; es que podría alterar el cálculo político de todos los actores que participan en ella. Ese es el hilo que conviene seguir.

jueves, 27 de agosto de 2026

El gigante que no decide

Primer artículo de la serie “Europa sin permiso”

 

INTRODUCCIÓN

El 19 de marzo de 2026, con el estrecho de Ormuz cerrado y el petróleo rozando los 120 dólares el barril, los veintisiete jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron de urgencia en Bruselas. No acordaron nada. No hubo veto dramático ni desacuerdo abierto; simplemente no existía el mecanismo para que la voluntad de la mayoría se convirtiera en una decisión ejecutable. Esa escena es el punto de partida de esta serie.

La Unión Europea dispone de los recursos de una potencia, pero carece del mecanismo para actuar como tal.

Europa tenía dinero, tenía ejércitos y, en ese momento, tenía también el impulso político. Lo que no tenía era el instrumento para transformar todo eso en acción. Mientras el Consejo deliberaba, los precios del gas seguían subiendo y otros actores fijaban los términos del conflicto. Quienes decidían en esa crisis eran Washington, Teherán y Pekín. Europa se limitaba a presenciar lo que ocurría.

Para entender por qué, hay que separar tres cosas que el debate público confunde sin parar.

lunes, 24 de agosto de 2026

La fuerza de escolta española de primer nivel en 2050

Doce fragatas para cuatro espacios marítimos

 

INTRODUCCIÓN

En agosto de 2026, en los pabellones de una feria industrial de Herning, Dinamarca, Navantia mostró por primera vez el modelo a escala de un buque que todavía no ha sido contratado por nadie. La maqueta de la F-110 IAMD pasó inadvertida para buena parte de la prensa generalista. Entre los analistas navales, en cambio, generó debate inmediato. Y con razón, porque la presentación danesa no era simplemente una mejora sobre la primera serie de las Bonifaz. Era el boceto de una Armada española cualitativamente diferente en los años cuarenta.

Este artículo propone cómo debería quedar estructurada esa Armada, con qué misiones y por qué. La respuesta parte de un argumento geográfico, se sostiene en un modelo de generación de fuerza y termina en una pregunta política que solo puede responder el Estado.

La F-110 Flight II/IAMD presentada por Navantia en los DALO Industry Days de Herning (Dinamarca). La configuración no constituye todavía un buque contratado para la Armada española. Fuente: Navantia.

Este artículo trata exclusivamente de la escolta de primer nivel, es decir, de los buques capaces de integrarse en grupos de combate de alta intensidad y de sostener defensa aérea de área o guerra antisubmarina contra adversarios con capacidades simétricas. La fuerza de superficie española en 2050 debería incluir también una segunda capa de unidades menores, corbetas, buques de patrulla oceánica y futuros buques de combate litoral como los Avante 700 o los derivados del concepto LSC recomendados, que realizan funciones de escolta en misiones de baja y media intensidad.

martes, 11 de agosto de 2026

El peldaño que falta

Un combatiente litoral para el Estrecho de Gibraltar

 

INTRODUCCIÓN

Jesús Manuel Pérez Triana publicó el pasado 10 de agosto en Guerras Posmodernas un artículo que señala que entre las patrulleras ligeras de la Armada y los Buques de Acción Marítima no hay nada. Al día siguiente, Jorge Estévez-Bujez recogió el guante en Defensa y Seguridad y convirtió la intuición en una propuesta de AVANTE 450, con algunas modificaciones respecto a la propuesta inicial.

Ambos tienen razón en el diagnóstico. En el eje del Estrecho, la Armada dispone hoy del Isla de León y el Isla Pinto, con cuarenta y ochenta y cinco toneladas y una ametralladora de 12,7 mm cada uno, dos “Anaga” de 1981 cuyo cañón principal se apunta dándole a una manivela, y el Mar Caribe, un remolcador civil desarmado de los años ochenta que es, aunque suene increíble, el buque con el que España sostiene sus peñones e islotes en el norte de África. 

Ahí siguen los cuatro "Serviola", mil cien toneladas y un 76/62, que entraron en servicio entre 1991 y 1992, no están preparadas para el combate actual y están basados en Ferrol, Cartagena, Las Palmas y Cádiz, no donde ocurren los incidentes.

De modo que cuando los "Serviola" causen pronto baja, entre cuarenta toneladas y dos mil seiscientas tendremos un factor de sesenta y cinco y nada en medio.

Cinco cascos pequeños y viejos, sujetos a inmovilizaciones prolongadas y a escasez de repuestos, no generan una presencia continua; generan una presencia intermitente que el vecino puede cronometrar. Y el escenario no espera. La instrumentalización de flujos migratorios ha demostrado en Ceuta que puede pasar de cero a miles de personas en horas. El tránsito de la llamada flota en la sombra por el Estrecho, buques que apagan o suplantan su identificación automática, es hoy rutina, no anomalía. Los cables submarinos que conectan la península con África y con los archipiélagos no tienen vigilancia dedicada. Y los drones y las embarcaciones no tripuladas de origen comercial han dejado de ser una hipótesis de laboratorio en cualquier litoral disputado del mundo. Todo eso ocurre en lo que se ha dado en llamar zona gris, el espacio que queda entre la aplicación ordinaria del derecho y el empleo abierto de la fuerza militar, donde las acciones son deliberadamente ambiguas, la atribución es discutible y el objetivo es obtener ventaja política sin desencadenar una guerra. Es el terreno en el que España lleva veinte años recibiendo golpes y para el que no tiene el instrumento adecuado para pararlos o devolverlos.

Nada de esto es exclusivo del Estrecho. Los mismos vectores operan sobre las interconexiones eléctricas y de gas de Baleares, sobre las terminales energéticas del golfo de Cádiz y sobre todo el tráfico que entra y sale del Mediterráneo occidental. Lo que cambia de un sitio a otro no es la amenaza, sino la distancia; y por eso este buque se dimensiona para el Estrecho y para el arco que se alcanza desde él.

Mi tesis es que ese hueco no se llena con un patrullero mejor armado. Se llena con una categoría de buque que España no tiene, un combatiente litoral de presencia, concebido para ocupar el espacio que va desde donde termina la policía marítima hasta donde empieza la guerra naval. Todo lo que sigue —los nudos, las toneladas, el calibre y el número— se deduce de esa frase.

He estado dándole vueltas a las dos propuestas y he llegado a un buque distinto del que plantean los dos autores. Más caro que el suyo y con menos nudos, pero creo que las razones merecen explicarse, porque afectan a algo más que a un barco.

Impresión artística del combatiente litoral de presencia que se propone en este artículo. Imagen conceptual generada con IA; no corresponde a ningún diseño real de Navantia ni a ningún programa de la Armada.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Ni mirar ni disparar

Las capacidades de fuerza intermedia que Ceuta no tenía el 30 de julio

Serie: Defender España sin fantasías

 

1. Lo que ocurrió

El 30 de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos. Unas a nado, bordeando el espigón fronterizo del Tarajal; otras saltando la valla o forzando el paso terrestre cuando el dispositivo policial quedó saturado. El Ministerio del Interior estimó más de setenta mil entradas irregulares entre el 30 y el 31. La crisis de mayo de 2021, con entre ocho mil y doce mil personas, queda reducida a un ensayo general.

El balance humano es el peor de la historia de la frontera sur. Las autoridades españolas confirmaron al menos ciento cuarenta y dos fallecidos ahogados, ninguno por acción de la fuerza pública española. Murieron por ausencia de control, no por exceso de fuerza.

En tierra ocurrió otra cosa distinta y más grave desde el punto de vista del Estado; se perdió el control efectivo de la frontera durante horas. El primer fracaso es una tragedia humana, el segundo es una derrota operativa. Ambos tienen la misma causa y esa causa no es la falta de soldados.

Hubo avisos y fueron públicos. El 24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil describía una plantilla "completamente desbordada" en Ceuta. El 29 de julio, el presidente ceutí cifraba en mil quinientas las llegadas de la última quincena, unas doscientas diarias, y situaba los centros de menores al mil seiscientos por ciento de ocupación. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con quinientas doce plazas, estaba lleno desde el lunes.

El Ejército se activó a las ocho de la tarde del 30 de julio, cuando miles de personas ya habían cruzado. La secuencia, según El Faro de Ceuta, fue reveladora. Primero se alertó a Regulares y a la Legión; después se comunicó que no era necesario; finalmente se ordenó el despliegue ante el desbordamiento policial. Salieron el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, el Tercio "Duque de Alba" 2º de la Legión y el Regimiento de Caballería "Montesa" nº 3, dentro de una Comandancia General que suma más de dos mil quinientos efectivos.

Su cometido, según fuentes de Defensa e Interior, fue presencia, vigilancia, control de movimientos y apoyo logístico, sin sustituir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una frase resumió el problema mejor que cualquier análisis. Los militares no controlan la frontera; para eso está la Guardia Civil.

Jurídicamente impecable y operativamente devastador.

El objeto de este texto no es la gestión de la inmigración irregular, que es un problema distinto y de otra naturaleza. Su objeto es la respuesta del Estado cuando un flujo humano es utilizado como mecanismo de presión política sobre España.

jueves, 30 de julio de 2026

Esto no es una crisis migratoria

Por qué Ceuta se colapsa mientras en Melilla reina la calma

 

INTRODUCCIÓN

Las imágenes del Tarajal son insoportables y son, al mismo tiempo, la parte menos informativa de lo que está pasando. Cientos de personas cruzando a nado, agentes de la Guardia Civil desbordados sacando gente del agua, cuerpos localizados en la costa, una ciudad de ochenta y cinco mil habitantes preguntándose cuántos llegarán mañana y toda la atención política y mediática concentrada en el punto exacto donde el fenómeno se hace visible.

Y ahí es donde no está la explicación.

La Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta —del PP a Vox pasando por el PSOE y los localistas, es decir, todos— ha pedido este jueves el cierre urgente de la frontera, el despliegue del Ejército y la declaración de emergencia nacional. Es una reacción comprensible y probablemente inevitable. Pero antes de discutir qué hacer conviene resolver la cuestión previa sobre qué es exactamente lo que está ocurriendo. De la respuesta depende quién tiene que gestionarlo, con qué herramientas y en qué plazo. Y la respuesta que se ha dado por buena durante cinco años es falsa.

Misma línea, dos lecturas. Entre enero y junio de 2026 las llegadas por la ruta atlántica cayeron más de un 60% mientras las entradas terrestres por Ceuta crecían un 164%. Ilustración conceptual generada con inteligencia artificial.

martes, 14 de julio de 2026

La diplomacia de mínimos

Por qué contentar a todos nos deja sin nada 

Segundo artículo de la serie "España en el mundo de las esferas de influencia"

 

INTRODUCCIÓN

Hay un vicio en la política exterior española que no tiene nombre propio y lo que no se nombra no se corrige. Llamémoslo diplomacia de mínimos, la disposición sistemática a no decidir qué es lo que vale más cuando no cabe tenerlo todo, a mantener todas las opciones abiertas, a enviar señales suficientemente ambiguas para que ningún interlocutor se sienta excluido del todo. Es una táctica que se disfraza de prudencia; en realidad es la ausencia de estrategia con buenas maneras.

Conviene distinguirla de la ambigüedad táctica, que es un instrumento legítimo de cualquier potencia. Turquía mantiene relaciones simultáneas con la OTAN y con Rusia; los Emiratos Árabes compran armamento occidental y cultivan socios del Golfo que Washington mira con recelo; India lleva décadas situándose entre bloques con una coherencia de fondo que todos sus interlocutores reconocen, aunque no les guste. Lo que tienen en común no es la ambigüedad en sí, sino que debajo de ella hay prioridades reconocibles que la ordenan. La diferencia no es la ausencia de contradicciones; es que las contradicciones están ordenadas. La diplomacia de mínimos es lo contrario, se trata de ambigüedad estructural sostenida en el tiempo y sin ningún plan ni jerarquía interna que la gobierne.

La bisagra sin resorte, conecta con todos, pero sin la tensión propia que convierte una relación en palanca. Imagen generada con IA.

El vicio no lo inventó ningún gobierno concreto. Es una inercia de Estado sedimentada durante décadas, que atraviesa colores políticos y generaciones de diplomáticos. Tiene su explicación, ya que no elegir tiene costes muy bajos a corto plazo, pues asumir el precio de una política de defensa seria o tomar decisiones duras en el Magreb genera desgaste político interno, de modo que el perfil bajo exterior es, con frecuencia, la manera más cómoda de no incomodar a la coalición de turno. Esa lógica era sostenible en el mundo plano descrito en el artículo anterior, donde las reglas institucionales igualaban el terreno entre grandes y medianos. En un orden de esferas de influencia, la ambigüedad sin jerarquía ya no es neutralidad inteligente; es la forma más rápida de quedarse fuera de todas las esferas. Y lo que era cautela razonable se ha convertido en un pasivo estratégico.

lunes, 13 de julio de 2026

Granadilla, la base naval pendiente de Canarias

INTRODUCCIÓN

En septiembre de 2023, un misil de crucero Storm Shadow alcanzó al submarino ruso Rostov-on-Don mientras estaba en dique seco en Sebastopol. No lo hundió en combate ni lo sorprendió en patrulla; lo destruyó amarrado, semanas antes de que pudiera volver a zarpar. La lección que dejó ese ataque es que en la guerra actual, una fuerza naval no se derrota necesariamente en el mar, sino en puerto, el primer día, antes del primer disparo en aguas abiertas.

Ya he defendido en este blog que España comete un error al concentrar toda su fuerza submarina en un único enclave, Cartagena, y que la solución pasa por dispersar presencia operativa en varios nodos con roles diferenciados. Ese análisis proponía Las Palmas como pivote atlántico del sistema. Pero conviene revisar esa propuesta a la luz de un problema que el propio archipiélago plantea por su cuenta, y que ningún ejercicio de dispersión nacional puede ignorar: si el nodo atlántico se instala exclusivamente en Las Palmas, España reproduce en miniatura, dentro de una sola isla, el mismo error de concentración que se pretendía corregir a escala nacional.

Puerto de Granadilla en Tenerife. Fuente: Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife.

viernes, 10 de julio de 2026

El Argos europeo

Lo que podría venir después del GlobalEye

 

1. La pregunta que esconde Ankara

La guerra en Ucrania ha dejado una lección incómoda para cualquier fuerza aérea occidental: el cuello de botella ya no es detectar al enemigo, sino orquestar en tiempo real la respuesta a enjambres de drones, saturaciones combinadas de misiles de crucero y paquetes de ataque cada vez más complejos. Un radar excelente montado en un avión pequeño puede quedarse corto justo en el momento en que más se necesita; no se necesita solo un sensor, sino un puesto de mando volante. Conviene tener presente esa lección al leer lo que ocurrió el 7 de julio en la Cumbre de la OTAN en Ankara.

Ese día, once aliados anunciaron la compra conjunta de hasta diez Saab GlobalEye para sustituir parte de la flota E-3 de la Alianza, el avión de alerta temprana y control (AEW&C, por sus siglas en inglés) que la OTAN lleva operando desde los años ochenta. La noticia ocupó los titulares, y Saab ya negocia los términos con la Agencia OTAN de Apoyo y Adquisición. Justo debajo de ese titular, la propia Alianza deslizó una frase que apenas se comentó: en paralelo, ocho aliados lanzaron un nuevo proyecto cooperativo para dotarse de capacidades de alerta temprana aerotransportada según sus requisitos nacionales. Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Polonia, España, Suecia y Turquía forman ese segundo grupo.

La pregunta que este artículo intenta responder es sencilla de formular y difícil de resolver: ¿y si ese segundo proyecto no estuviera pensado para comprar más GlobalEye, sino para desarrollar a su sucesor?

Concepto ilustrativo del "Argos" sobre una célula A321XLR, elaborado para este artículo. No corresponde a ningún diseño oficial: Saab, Airbus, Indra y el resto de socios potenciales no han publicado ninguna configuración de este tipo. La imagen representa una hipótesis de trabajo, no un programa existente.

 

martes, 7 de julio de 2026

El anuncio de Halifax, TKMS, Cartagena y el nuevo S90

Serie: La fuerza submarina española hacia 2050 — artículo complementario a "El renacer de la fuerza submarina española" y "El colmillo del S-80"

 

Imagen conceptual de la síntesis del S-90 propuesto, combinando la herencia de proporciones del S-80 con casco exterior facetado de inspiración 212CD. Ilustración especulativa del autor; no representa un diseño oficial de Navantia ni de TKMS.

 

1. Un lunes en Halifax

El 6 de julio de 2026, el primer ministro canadiense Mark Carney anunció en Halifax la selección de TKMS como licitador preferente del Canadian Patrol Submarine Project (CPSP), hasta 12 submarinos Type 212CD para la Royal Canadian Navy, con un valor de adquisición estimado en 20.000-30.000 millones de dólares canadienses. La oferta germano-noruega se impuso a la surcoreana Hanwha Ocean tras una competición reñida en la que ambas plataformas, el 212CD y el KSS-III Batch II, cumplían los requisitos operativos, y donde la decisión final pivotó sobre el paquete económico y la arquitectura de alianzas.

Para España, la noticia podría parecer lejana. No lo es. Tres meses antes, el 15 de abril de 2026, Navantia y TKMS firmaron en Madrid un memorando de entendimiento que contempla explícitamente la producción de diseños alemanes, en particular submarinos, en los astilleros españoles. Aquel documento nació como una exploración prudente entre dos astilleros europeos. La decisión canadiense lo transforma en otra cosa: en la mejor oportunidad de transferencia tecnológica submarina que España ha tenido desde los acuerdos con la DCN francesa en los años ochenta, y en el catalizador que obliga a revisar, no a abandonar, la arquitectura del futuro S-90.

Este artículo analiza qué cambia exactamente con Halifax, qué tecnologías puede absorber Navantia del ecosistema TKMS, cómo interactúa este giro con la recomendación misilística coreana ya formulada, y, sobre todo, cómo sería el S-90 rediseñado desde esta nueva perspectiva industrial. El artículo fundacional proponía una estrategia de dos ejes; consolidar el S-80 Block II como puente y saltar al S-90, submarino 100% eléctrico fundado en baterías de estado sólido (SSB) dentro de una fuerza de 10-12 unidades hacia 2050-2060. Su regla rectora era la prudencia tecnológica, con una decisión de arquitectura en 2034 (eléctrica BE frente a híbrida HE) según la madurez real de las SSB.

La tesis central se mantiene intacta, diseñar un submarino de nueva generación fundamentado en la revolución de las baterías de estado sólido, con decisión de arquitectura en 2034 y primera unidad entregada hacia 2041. El plan sigue siendo el mismo; lo que cambia es el socio tecnológico de plataforma: de París a Kiel.

lunes, 6 de julio de 2026

La doctrina del raid distribuido

Cómo España entra, cumple y sale: el cuerpo doctrinal que convierte la dispersión en método de combate

 

INTRODUCCIÓN

Los dos artículos anteriores hicieron el trabajo de demolición y de cartografía de la doctrina anfibia. El primero mostró que el asalto anfibio de posguerra, el de reunir una masa abrumadora de buques y lanzarla sobre una playa, ha quedado condicionado por los drones baratos, los misiles de precisión y un campo de batalla que ya no admite el secreto. El segundo mostró que la geografía española no permite copiar una doctrina ajena, porque empuja a la vez hacia una fuerza de incursión para el Estrecho y los enclaves y hacia una fuerza de proyección con cobertura aérea propia para Canarias y el flanco sur. Queda, sin embargo, la pregunta que ninguno de los dos ha respondido todavía: si el desembarco clásico ha muerto, ¿con qué se le sustituye?

La respuesta existe y se llama raid distribuido. Pero el raid es solo una pieza de una arquitectura mayor, por lo que este artículo responde con un nombre y una arquitectura completa, sus principios y la secuencia que los ordena en el tiempo. La doctrina anfibia propuesta organiza esa arquitectura en cinco líneas de fuerza convergentes: el raid anfibio, que es la materia de este artículo; la negación litoral distribuida, como capacidad permanente que no depende de que un raid se repita cada vez; el asalto vertical, cuyo principio se presenta aquí y cuya organización se desarrolla más adelante; la superioridad del entorno, construida por capas conjuntas de alerta temprana, supresión y defensa aérea, condición previa a toda operación de entidad; y la proyección expedicionaria limitada, como misión de segundo orden. Este artículo desarrolla la primera y roza la tercera; las otras tres tienen su propio espacio más adelante en esta serie, y que no se desarrollen aquí no significa que la doctrina renuncie a ellas.

Esquema de síntesis: los principios doctrinales agrupados por su lógica de empleo, junto a la secuencia de fases de una operación de raid, desde la preparación hasta la extracción. Composición generada con IA a efectos ilustrativos.

jueves, 2 de julio de 2026

El campeón que no decide

Por qué España no controla el rumbo de su industria aeronáutica.

Primera entrega de una serie sobre la soberanía industrial aeronáutica española.

 

INTRODUCCIÓN

En 1971, cuando Construcciones Aeronáuticas entró en el consorcio europeo que años después se llamaría Airbus, España aportó una pieza muy concreta, el estabilizador horizontal de cola de los primeros A300. Era una contribución modesta y digna, la de un socio pequeño que se ganaba el sitio con trabajo bien hecho. Medio siglo más tarde, la industria española sigue fabricando ese mismo estabilizador, más moderno, en fibra de carbono, pero conceptualmente el mismo, junto a alas y fuselajes para los aviones de medio mundo. Lo que no ha conseguido en cincuenta años es decidir qué avión fabrica.

Esa frase resume el problema. España no carece de industria aeronáutica, sino de un centro de decisión capaz de convertir esa industria en soberanía. Posee fábricas, ingenieros, programas y una facturación que la sitúa entre los grandes de Europa. Le falta la única cosa que transforma todo eso en poder, el control sobre la arquitectura del producto, sobre la propiedad intelectual y sobre el lanzamiento de programas propios. El problema español no es la escasez de empresas ni de talento; es la ausencia de un actor nacional que reúna las capacidades dispersas y las convierta en rumbo. Otros países llaman a eso un campeón nacional, una empresa capaz de diseñar y de decidir, no solo de fabricar. España no lo tiene.

Una pieza impecable a la espera de un avión que diseñará otro. Desde 1971, España domina la fabricación de componentes de primer nivel; la arquitectura del aparato que los alberga sigue decidiéndose fuera. Imagen conceptual generada por IA.

 

lunes, 29 de junio de 2026

El mortero ciego está muerto

Por qué el futuro del fuego de batallón no es un tubo ni un dron, sino la cadena que los une. Y por qué llevamos diez años mirando para otro lado.

 

INTRODUCCIÓN

Hay una idea que recorre los análisis de Ucrania desde 2025 y que debería quitarle el sueño a quien planifica el Ejército de Tierra. En sectores enteros del frente, las unidades han dejado de disparar morteros convencionales y no porque les sobraran, sino porque cada vez que un tubo estático abría fuego, un dron de reconocimiento lo veía y a partir de ahí echaban a correr dos relojes. El del dron FPV, el aparato pilotado en primera persona que llega en minutos y cuesta lo que un teléfono; y el de la contrabatería, el contrafuego que localiza la pieza recién disparada y la entierra; más lento, pero implacable.

La lectura perezosa de ese dato dice que el mortero está acabado, pero es incorrecta. El mortero ciego, estático y centralizado está acabado; el mortero que sobrevive es otro animal. Lleva ruedas, dispara y se larga antes de que llegue el contrafuego, gestiona su firma y, esto es lo nuevo, tiene sus propios ojos en el aire. A su lado, como hermano gemelo, lleva un dron que mata lo que el tubo no alcanza.

El paquete dron-mortero en una posición dispersa al anochecer. El tubo embarcado abre fuego mientras su dron orgánico corrige el tiro, la munición merodeadora se proyecta hacia la profundidad y una burbuja antidrón cubre al conjunto, todo enlazado con los fuegos de la brigada. La pieza ya no es el sistema; el sistema es la cadena. Ilustración conceptual generada por IA.

Eso es el paquete dron-mortero de batallón. No es un capricho tecnológico, es la unidad mínima de fuego que tiene sentido en un campo de batalla donde lo que se ve, se fija, y lo que se fija, se destruye.

España fabrica los mejores componentes de ese paquete y, sin embargo, no lo ha comprado a escala.

La doctrina acorazada que faltaba y la división que la aplica

El Ejército que España necesita: armas combinadas bajo observación persistente y la división "Castillejos" que las aplica   In...

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