lunes, 14 de septiembre de 2026

Dos polos, un plan

Una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica

 

INTRODUCCIÓN

En octubre de 2025, el portacontenedores Istanbul Bridge atracó en Felixstowe procedente de China tras veinte días de navegación por el Ártico ruso, cuando la misma travesía por Suez o por el cabo de Buena Esperanza consume entre cuarenta y cincuenta. Fue el primer servicio comercial de contenedores entre Asia y Europa realizado íntegramente por la Ruta Marítima del Norte en el tramo de ida, la vía que bordea la costa ártica de Rusia entre el estrecho de Kara y el de Bering; el regreso se programó por Suez, reflejo fiel de las servidumbres que aún limitan la ruta. Lo que el Istanbul Bridge anuncia es que el Ártico ha dejado de ser una periferia helada para convertirse en un teatro estratégico permanente, donde Rusia concentra su disuasión nuclear, China proyecta su ambición y la OTAN despliega ya la mitad de su atención. La ruta comercial es el síntoma; la competición entre grandes potencias es la enfermedad y las enfermedades estratégicas no esperan a que maduren sus síntomas.

Ese teatro afecta a España más de lo que su lejanía sugiere y el inventario nacional de respuesta es desolador de puro breve. Aunque el proceso de elaboración se aceleró en 2026, España no dispone de una estrategia polar publicada, ni de doctrina ártica, ni de un solo casco con capacidad hielo operativa más allá del veterano Hespérides, un buque de investigación entregado en 1991 que acaba de cerrar su trigésima campaña antártica sin sustituto programado. Mientras tanto, Francia publicó en 2022 una estrategia polar con horizonte 2030 y respaldo presupuestario creciente, e Italia, sin una milla de costa ártica, mantiene estrategia propia desde 2015 y envía cada verano un buque de su marina al océano Glacial Ártico.

Un mismo casco, dos polos: la disyuntiva pendiente de una potencia marítima que aún no ha decidido ejercer su condición bipolar. Imagen conceptual.

La tesis de este artículo es que España necesita una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica, bipolar por diseño y ártica por urgencia, articulada sobre dos pilares materiales: un buque polar de doble uso que releve al Hespérides y sirva en ambos hemisferios y una contribución aliada regular y predecible en el flanco norte de la OTAN con las tropas de montaña como unidad terrestre de referencia. No es un capricho de prestigio ni una imitación de modas aliadas; es la respuesta proporcionada de una potencia marítima media a un cambio estructural del tablero que afecta a sus derechos jurídicos, a su crédito en la Alianza y a los puertos de los que vive. Lo que sigue justifica esa necesidad, ordena los argumentos por su solidez real y propone un programa con plataformas, unidades, calendario y coste.

viernes, 11 de septiembre de 2026

La renovación del armamento ligero de infantería

El ecosistema de fusiles y ametralladoras que nadie ha decidido construir

Segundo artículo de la serie "El soldado que España necesita"

 

INTRODUCCIÓN

España no tiene un problema de armas. Tiene un problema de ecosistema. Y ese problema empieza en el fusil y termina con las ametralladoras. España tiene un problema de roles mezclados y es exactamente ese desorden el que impide que lo que ya existe en los arsenales funcione como debería.

El primer artículo de esta serie demostró que el soldado español está ciego, pues opera con la óptica de 1999 mientras sus homólogos ucranianos identifican blancos a 300 metros con un visor de 150 euros. Hoy toca hablar sobre fusil de asalto y sobre la ametralladora, el arma de apoyo del pelotón, la que decide si el infante puede suprimir, fijar y destruir más allá de los 400 metros que alcanza su fusil.

 

1. La decisión que nadie ha tomado

El Ejército de Tierra español tiene hoy en servicio unos 78.000 fusiles G36 de distintas variantes, fabricados bajo licencia por Santa Bárbara Sistemas en La Coruña desde 1999. Es un arma robusta, fiable en los teatros donde ha operado España, y producida en suelo nacional, pero en 2026 el G36 es también el fusil que su propio creador ha abandonado.

La Bundeswehr —el ejército que diseñó y usó el G36 durante tres décadas— adoptó en 2025 el HK416 A8 como su nuevo fusil estándar, bajo la designación G95A1. El contrato inicial cubre 118.718 unidades y el programa completo prevé hasta 250.000 fusiles por unos 765 millones de euros. Alemania no sustituyó el G36 por el 6,8 milímetros americano. Lo sustituyó por el 5,56 milímetros más moderno de su propio fabricante.

Nuevo fusil HK416 A8 del ejército alemán. Foto Bundeswehr/Mario Bähr

Mientras tanto, el ET español sigue adquiriendo G36E en una decisión que la propia revista Ejército —órgano oficial del ET— describe como "continuista". Y lo hace sabiendo que la Infantería de Marina ya opera el HK416 A5 desde abril de 2024, tras recibir sus primeras remesas para el subgrupo táctico de despliegue del Tercio de Armada. Dentro de las propias Fuerzas Armadas españolas coexisten ya dos generaciones distintas del mismo árbol genealógico.

martes, 8 de septiembre de 2026

Una Infantería de Marina para la nueva doctrina

De la guardia de arsenales a la compañía de combate distribuido

 

INTRODUCCIÓN

La Infantería de Marina española cuenta con unos 5.700 efectivos. Por cabezas, es uno de los mayores cuerpos de su especie en Europa occidental; supera a la Brigata San Marco italiana, que ronda los 3.800, y casi dobla al Korps Mariniers neerlandés, que ronda los 2.500. En cualquier acto institucional esa cifra se exhibe como prueba de que España conserva una capacidad anfibia de primer orden. La cifra es cierta, pero engañosa como medida de capacidad.

El Cuerpo se reparte en tres componentes. El Tercio de Armada, la fuerza anfibia, ronda los 2.500 efectivos; la brigada de desembarco, dentro de él, no alcanza los 2.000. La Fuerza de Protección, unos 2.000, un tercio largo del Cuerpo, custodia bases y arsenales. El resto, la Guerra Naval Especial, la escuela y el mando, completa los 5.700. España tiene mucha plantilla y poca masa de maniobra en primera línea.

Sobre el papel, los dos batallones de desembarco alinean seis compañías de fusiles. Descontados los huecos de plantilla y la cola, con dos o tres personas que instruyen, transportan, curan y comunican por cada una que combate en primera línea, la masa que España puede concentrar en el primer escalón de una operación anfibia se sitúa entre setecientos y novecientos combatientes.

Una operación anfibia no la hacen solo quienes pisan la arena; la hacen también las embarcaciones que los llevan, los zapadores que abren la brecha, los fuegos que los cubren, la sanidad que los estabiliza y el mando que los coordina. La discrepancia real está entre la plantilla total del Cuerpo y la masa de maniobra que puede concentrarse simultáneamente en una organización de primera línea. España tiene mucha de la primera y poca de la segunda.

Es la sedimentación de un modelo pensado para otro mundo, el de las operaciones permisivas de los noventa, cuando la Infantería de Marina embarcaba una compañía reforzada rumbo a los Balcanes o al Líbano y esa era exactamente la misión. El problema es que fue concebido para algo que ya no existe y que, entretanto, un tercio del Cuerpo se quedó adscrito a vigilar arsenales.

Del desembarco clásico al raid distribuido. Imagen conceptual generada por IA del tránsito de la masa nominal a la capacidad real

La BRIMAR 2040 se propone corregir esa distancia entre lo anunciado y lo empleable. Y lo hace, esta es la tesis, sin pedir apenas un recluta nuevo. No engorda el Cuerpo. Lo reparte, lo jubila y lo disuelve. Propone cambiar deliberadamente de una fuerza optimizada para concentrar masa en la playa a una fuerza optimizada para generar efectos litorales sin concentrar masa. Ese cambio de naturaleza, no el incremento de efectivos, es el eje de lo que sigue.

Pero la reforma se entiende mejor empezando por los funerales.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Las fronteras que España necesita en Ceuta y Melilla

Un análisis de geografía militar sobre las líneas que harían más defendibles las dos ciudades autónomas

 

INTRODUCCIÓN

Hay preguntas que los estados se hacen en voz baja, cuando se las hacen. ¿Dónde debería estar realmente la frontera para que una ciudad sea defendible? No la heredada, que refleja el alcance de un cañón del siglo XIX o el resultado de una negociación diplomática; la que exige la geografía cuando se estudia con criterio militar puro. Para Ceuta y Melilla esa pregunta tiene respuesta. No es cómoda, pero es clara.

Sección esquemática transversal de Ceuta (arriba) y Melilla (abajo). La línea roja muestra la visión directa al puerto desde la cima de cada macizo en la situación actual, con Jebel Musa y Gurugú en manos marroquíes. La X azul indica que esa visión queda bloqueada en cuanto la frontera propuesta sitúa la cima del lado español. Relieve vertical exagerado para legibilidad. No a escala.

lunes, 31 de agosto de 2026

La bomba que Rusia no ha lanzado (todavía)

Armas nucleares no estratégicas, el tabú de 1945 y lo que cambiaría si Moscú lo rompiera

 

INTRODUCCIÓN

En otoño de 2022, mientras el ejército ruso sufría sus peores reveses del año en Ucrania, Washington y sus aliados analizaron indicios que podían ser compatibles con una eventual preparación nuclear rusa. La inteligencia occidental interceptó conversaciones entre mandos rusos sobre logística y posibles escenarios de empleo. No hubo evidencia pública de que se movieran ojivas desde los almacenes centrales hacia el frente. La preocupación, aun así, llegó al máximo nivel político. Joe Biden advirtió en público de que el uso de un arma nuclear constituiría un cambio cualitativo en la guerra y su asesor de seguridad nacional habló en privado de "consecuencias catastróficas". Rusia no disparó, pero aquella crisis dejó instalada una pregunta que sigue en el centro del planeamiento occidental: ¿qué ocurriría si Moscú cruzara finalmente el umbral nuclear?

Conviene separar desde el principio tres cosas que suelen mezclarse. Una es la retórica nuclear rusa, abundante y calculada. Otra son las discusiones internas rusas sobre escenarios de empleo, más opacas. Y una tercera son los cambios físicos operativos, es decir, sacar ojivas de los depósitos y acoplarlas a los vectores. Confundir las tres infla cualquier episodio hasta la desproporción.

La pieza que nadie mueve. El arsenal nuclear táctico ruso lleva décadas en el tablero sin ser empleado. Su valor no está en el movimiento, sino en la amenaza de moverlo.

La tesis de este artículo es que el problema del uso de un arma nuclear rusa en Ucrania no es que pueda ganar la guerra en un solo golpe, que no puede; es que podría alterar el cálculo político de todos los actores que participan en ella. Ese es el hilo que conviene seguir.

jueves, 27 de agosto de 2026

El gigante que no decide

Primer artículo de la serie “Europa sin permiso”

 

INTRODUCCIÓN

El 19 de marzo de 2026, con el estrecho de Ormuz cerrado y el petróleo rozando los 120 dólares el barril, los veintisiete jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron de urgencia en Bruselas. No acordaron nada. No hubo veto dramático ni desacuerdo abierto; simplemente no existía el mecanismo para que la voluntad de la mayoría se convirtiera en una decisión ejecutable. Esa escena es el punto de partida de esta serie.

La Unión Europea dispone de los recursos de una potencia, pero carece del mecanismo para actuar como tal.

Europa tenía dinero, tenía ejércitos y, en ese momento, tenía también el impulso político. Lo que no tenía era el instrumento para transformar todo eso en acción. Mientras el Consejo deliberaba, los precios del gas seguían subiendo y otros actores fijaban los términos del conflicto. Quienes decidían en esa crisis eran Washington, Teherán y Pekín. Europa se limitaba a presenciar lo que ocurría.

Para entender por qué, hay que separar tres cosas que el debate público confunde sin parar.

lunes, 24 de agosto de 2026

La fuerza de escolta española de primer nivel en 2050

Doce fragatas para cuatro espacios marítimos

 

INTRODUCCIÓN

En agosto de 2026, en los pabellones de una feria industrial de Herning, Dinamarca, Navantia mostró por primera vez el modelo a escala de un buque que todavía no ha sido contratado por nadie. La maqueta de la F-110 IAMD pasó inadvertida para buena parte de la prensa generalista. Entre los analistas navales, en cambio, generó debate inmediato. Y con razón, porque la presentación danesa no era simplemente una mejora sobre la primera serie de las Bonifaz. Era el boceto de una Armada española cualitativamente diferente en los años cuarenta.

Este artículo propone cómo debería quedar estructurada esa Armada, con qué misiones y por qué. La respuesta parte de un argumento geográfico, se sostiene en un modelo de generación de fuerza y termina en una pregunta política que solo puede responder el Estado.

La F-110 Flight II/IAMD presentada por Navantia en los DALO Industry Days de Herning (Dinamarca). La configuración no constituye todavía un buque contratado para la Armada española. Fuente: Navantia.

Este artículo trata exclusivamente de la escolta de primer nivel, es decir, de los buques capaces de integrarse en grupos de combate de alta intensidad y de sostener defensa aérea de área o guerra antisubmarina contra adversarios con capacidades simétricas. La fuerza de superficie española en 2050 debería incluir también una segunda capa de unidades menores, corbetas, buques de patrulla oceánica y futuros buques de combate litoral como los Avante 700 o los derivados del concepto LSC recomendados, que realizan funciones de escolta en misiones de baja y media intensidad.

martes, 11 de agosto de 2026

El peldaño que falta

Un combatiente litoral para el Estrecho de Gibraltar

 

INTRODUCCIÓN

Jesús Manuel Pérez Triana publicó el pasado 10 de agosto en Guerras Posmodernas un artículo que señala que entre las patrulleras ligeras de la Armada y los Buques de Acción Marítima no hay nada. Al día siguiente, Jorge Estévez-Bujez recogió el guante en Defensa y Seguridad y convirtió la intuición en una propuesta de AVANTE 450, con algunas modificaciones respecto a la propuesta inicial.

Ambos tienen razón en el diagnóstico. En el eje del Estrecho, la Armada dispone hoy del Isla de León y el Isla Pinto, con cuarenta y ochenta y cinco toneladas y una ametralladora de 12,7 mm cada uno, dos “Anaga” de 1981 cuyo cañón principal se apunta dándole a una manivela, y el Mar Caribe, un remolcador civil desarmado de los años ochenta que es, aunque suene increíble, el buque con el que España sostiene sus peñones e islotes en el norte de África. 

Ahí siguen los cuatro "Serviola", mil cien toneladas y un 76/62, que entraron en servicio entre 1991 y 1992, no están preparadas para el combate actual y están basados en Ferrol, Cartagena, Las Palmas y Cádiz, no donde ocurren los incidentes.

De modo que cuando los "Serviola" causen pronto baja, entre cuarenta toneladas y dos mil seiscientas tendremos un factor de sesenta y cinco y nada en medio.

Cinco cascos pequeños y viejos, sujetos a inmovilizaciones prolongadas y a escasez de repuestos, no generan una presencia continua; generan una presencia intermitente que el vecino puede cronometrar. Y el escenario no espera. La instrumentalización de flujos migratorios ha demostrado en Ceuta que puede pasar de cero a miles de personas en horas. El tránsito de la llamada flota en la sombra por el Estrecho, buques que apagan o suplantan su identificación automática, es hoy rutina, no anomalía. Los cables submarinos que conectan la península con África y con los archipiélagos no tienen vigilancia dedicada. Y los drones y las embarcaciones no tripuladas de origen comercial han dejado de ser una hipótesis de laboratorio en cualquier litoral disputado del mundo. Todo eso ocurre en lo que se ha dado en llamar zona gris, el espacio que queda entre la aplicación ordinaria del derecho y el empleo abierto de la fuerza militar, donde las acciones son deliberadamente ambiguas, la atribución es discutible y el objetivo es obtener ventaja política sin desencadenar una guerra. Es el terreno en el que España lleva veinte años recibiendo golpes y para el que no tiene el instrumento adecuado para pararlos o devolverlos.

Nada de esto es exclusivo del Estrecho. Los mismos vectores operan sobre las interconexiones eléctricas y de gas de Baleares, sobre las terminales energéticas del golfo de Cádiz y sobre todo el tráfico que entra y sale del Mediterráneo occidental. Lo que cambia de un sitio a otro no es la amenaza, sino la distancia; y por eso este buque se dimensiona para el Estrecho y para el arco que se alcanza desde él.

Mi tesis es que ese hueco no se llena con un patrullero mejor armado. Se llena con una categoría de buque que España no tiene, un combatiente litoral de presencia, concebido para ocupar el espacio que va desde donde termina la policía marítima hasta donde empieza la guerra naval. Todo lo que sigue —los nudos, las toneladas, el calibre y el número— se deduce de esa frase.

He estado dándole vueltas a las dos propuestas y he llegado a un buque distinto del que plantean los dos autores. Más caro que el suyo y con menos nudos, pero creo que las razones merecen explicarse, porque afectan a algo más que a un barco.

Impresión artística del combatiente litoral de presencia que se propone en este artículo. Imagen conceptual generada con IA; no corresponde a ningún diseño real de Navantia ni a ningún programa de la Armada.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Ni mirar ni disparar

Las capacidades de fuerza intermedia que Ceuta no tenía el 30 de julio

Serie: Defender España sin fantasías

 

1. Lo que ocurrió

El 30 de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos. Unas a nado, bordeando el espigón fronterizo del Tarajal; otras saltando la valla o forzando el paso terrestre cuando el dispositivo policial quedó saturado. El Ministerio del Interior estimó más de setenta mil entradas irregulares entre el 30 y el 31. La crisis de mayo de 2021, con entre ocho mil y doce mil personas, queda reducida a un ensayo general.

El balance humano es el peor de la historia de la frontera sur. Las autoridades españolas confirmaron al menos ciento cuarenta y dos fallecidos ahogados, ninguno por acción de la fuerza pública española. Murieron por ausencia de control, no por exceso de fuerza.

En tierra ocurrió otra cosa distinta y más grave desde el punto de vista del Estado; se perdió el control efectivo de la frontera durante horas. El primer fracaso es una tragedia humana, el segundo es una derrota operativa. Ambos tienen la misma causa y esa causa no es la falta de soldados.

Hubo avisos y fueron públicos. El 24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil describía una plantilla "completamente desbordada" en Ceuta. El 29 de julio, el presidente ceutí cifraba en mil quinientas las llegadas de la última quincena, unas doscientas diarias, y situaba los centros de menores al mil seiscientos por ciento de ocupación. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con quinientas doce plazas, estaba lleno desde el lunes.

El Ejército se activó a las ocho de la tarde del 30 de julio, cuando miles de personas ya habían cruzado. La secuencia, según El Faro de Ceuta, fue reveladora. Primero se alertó a Regulares y a la Legión; después se comunicó que no era necesario; finalmente se ordenó el despliegue ante el desbordamiento policial. Salieron el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, el Tercio "Duque de Alba" 2º de la Legión y el Regimiento de Caballería "Montesa" nº 3, dentro de una Comandancia General que suma más de dos mil quinientos efectivos.

Su cometido, según fuentes de Defensa e Interior, fue presencia, vigilancia, control de movimientos y apoyo logístico, sin sustituir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una frase resumió el problema mejor que cualquier análisis. Los militares no controlan la frontera; para eso está la Guardia Civil.

Jurídicamente impecable y operativamente devastador.

El objeto de este texto no es la gestión de la inmigración irregular, que es un problema distinto y de otra naturaleza. Su objeto es la respuesta del Estado cuando un flujo humano es utilizado como mecanismo de presión política sobre España.

jueves, 30 de julio de 2026

Esto no es una crisis migratoria

Por qué Ceuta se colapsa mientras en Melilla reina la calma

 

INTRODUCCIÓN

Las imágenes del Tarajal son insoportables y son, al mismo tiempo, la parte menos informativa de lo que está pasando. Cientos de personas cruzando a nado, agentes de la Guardia Civil desbordados sacando gente del agua, cuerpos localizados en la costa, una ciudad de ochenta y cinco mil habitantes preguntándose cuántos llegarán mañana y toda la atención política y mediática concentrada en el punto exacto donde el fenómeno se hace visible.

Y ahí es donde no está la explicación.

La Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta —del PP a Vox pasando por el PSOE y los localistas, es decir, todos— ha pedido este jueves el cierre urgente de la frontera, el despliegue del Ejército y la declaración de emergencia nacional. Es una reacción comprensible y probablemente inevitable. Pero antes de discutir qué hacer conviene resolver la cuestión previa sobre qué es exactamente lo que está ocurriendo. De la respuesta depende quién tiene que gestionarlo, con qué herramientas y en qué plazo. Y la respuesta que se ha dado por buena durante cinco años es falsa.

Misma línea, dos lecturas. Entre enero y junio de 2026 las llegadas por la ruta atlántica cayeron más de un 60% mientras las entradas terrestres por Ceuta crecían un 164%. Ilustración conceptual generada con inteligencia artificial.

martes, 14 de julio de 2026

La diplomacia de mínimos

Por qué contentar a todos nos deja sin nada 

Segundo artículo de la serie "España en el mundo de las esferas de influencia"

 

INTRODUCCIÓN

Hay un vicio en la política exterior española que no tiene nombre propio y lo que no se nombra no se corrige. Llamémoslo diplomacia de mínimos, la disposición sistemática a no decidir qué es lo que vale más cuando no cabe tenerlo todo, a mantener todas las opciones abiertas, a enviar señales suficientemente ambiguas para que ningún interlocutor se sienta excluido del todo. Es una táctica que se disfraza de prudencia; en realidad es la ausencia de estrategia con buenas maneras.

Conviene distinguirla de la ambigüedad táctica, que es un instrumento legítimo de cualquier potencia. Turquía mantiene relaciones simultáneas con la OTAN y con Rusia; los Emiratos Árabes compran armamento occidental y cultivan socios del Golfo que Washington mira con recelo; India lleva décadas situándose entre bloques con una coherencia de fondo que todos sus interlocutores reconocen, aunque no les guste. Lo que tienen en común no es la ambigüedad en sí, sino que debajo de ella hay prioridades reconocibles que la ordenan. La diferencia no es la ausencia de contradicciones; es que las contradicciones están ordenadas. La diplomacia de mínimos es lo contrario, se trata de ambigüedad estructural sostenida en el tiempo y sin ningún plan ni jerarquía interna que la gobierne.

La bisagra sin resorte, conecta con todos, pero sin la tensión propia que convierte una relación en palanca. Imagen generada con IA.

El vicio no lo inventó ningún gobierno concreto. Es una inercia de Estado sedimentada durante décadas, que atraviesa colores políticos y generaciones de diplomáticos. Tiene su explicación, ya que no elegir tiene costes muy bajos a corto plazo, pues asumir el precio de una política de defensa seria o tomar decisiones duras en el Magreb genera desgaste político interno, de modo que el perfil bajo exterior es, con frecuencia, la manera más cómoda de no incomodar a la coalición de turno. Esa lógica era sostenible en el mundo plano descrito en el artículo anterior, donde las reglas institucionales igualaban el terreno entre grandes y medianos. En un orden de esferas de influencia, la ambigüedad sin jerarquía ya no es neutralidad inteligente; es la forma más rápida de quedarse fuera de todas las esferas. Y lo que era cautela razonable se ha convertido en un pasivo estratégico.

lunes, 13 de julio de 2026

Granadilla, la base naval pendiente de Canarias

INTRODUCCIÓN

En septiembre de 2023, un misil de crucero Storm Shadow alcanzó al submarino ruso Rostov-on-Don mientras estaba en dique seco en Sebastopol. No lo hundió en combate ni lo sorprendió en patrulla; lo destruyó amarrado, semanas antes de que pudiera volver a zarpar. La lección que dejó ese ataque es que en la guerra actual, una fuerza naval no se derrota necesariamente en el mar, sino en puerto, el primer día, antes del primer disparo en aguas abiertas.

Ya he defendido en este blog que España comete un error al concentrar toda su fuerza submarina en un único enclave, Cartagena, y que la solución pasa por dispersar presencia operativa en varios nodos con roles diferenciados. Ese análisis proponía Las Palmas como pivote atlántico del sistema. Pero conviene revisar esa propuesta a la luz de un problema que el propio archipiélago plantea por su cuenta, y que ningún ejercicio de dispersión nacional puede ignorar: si el nodo atlántico se instala exclusivamente en Las Palmas, España reproduce en miniatura, dentro de una sola isla, el mismo error de concentración que se pretendía corregir a escala nacional.

Puerto de Granadilla en Tenerife. Fuente: Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife.

viernes, 10 de julio de 2026

El Argos europeo

Lo que podría venir después del GlobalEye

 

1. La pregunta que esconde Ankara

La guerra en Ucrania ha dejado una lección incómoda para cualquier fuerza aérea occidental: el cuello de botella ya no es detectar al enemigo, sino orquestar en tiempo real la respuesta a enjambres de drones, saturaciones combinadas de misiles de crucero y paquetes de ataque cada vez más complejos. Un radar excelente montado en un avión pequeño puede quedarse corto justo en el momento en que más se necesita; no se necesita solo un sensor, sino un puesto de mando volante. Conviene tener presente esa lección al leer lo que ocurrió el 7 de julio en la Cumbre de la OTAN en Ankara.

Ese día, once aliados anunciaron la compra conjunta de hasta diez Saab GlobalEye para sustituir parte de la flota E-3 de la Alianza, el avión de alerta temprana y control (AEW&C, por sus siglas en inglés) que la OTAN lleva operando desde los años ochenta. La noticia ocupó los titulares, y Saab ya negocia los términos con la Agencia OTAN de Apoyo y Adquisición. Justo debajo de ese titular, la propia Alianza deslizó una frase que apenas se comentó: en paralelo, ocho aliados lanzaron un nuevo proyecto cooperativo para dotarse de capacidades de alerta temprana aerotransportada según sus requisitos nacionales. Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Polonia, España, Suecia y Turquía forman ese segundo grupo.

La pregunta que este artículo intenta responder es sencilla de formular y difícil de resolver: ¿y si ese segundo proyecto no estuviera pensado para comprar más GlobalEye, sino para desarrollar a su sucesor?

Concepto ilustrativo del "Argos" sobre una célula A321XLR, elaborado para este artículo. No corresponde a ningún diseño oficial: Saab, Airbus, Indra y el resto de socios potenciales no han publicado ninguna configuración de este tipo. La imagen representa una hipótesis de trabajo, no un programa existente.

 

martes, 7 de julio de 2026

El anuncio de Halifax, TKMS, Cartagena y el nuevo S90

Serie: La fuerza submarina española hacia 2050 — artículo complementario a "El renacer de la fuerza submarina española" y "El colmillo del S-80"

 

Imagen conceptual de la síntesis del S-90 propuesto, combinando la herencia de proporciones del S-80 con casco exterior facetado de inspiración 212CD. Ilustración especulativa del autor; no representa un diseño oficial de Navantia ni de TKMS.

 

1. Un lunes en Halifax

El 6 de julio de 2026, el primer ministro canadiense Mark Carney anunció en Halifax la selección de TKMS como licitador preferente del Canadian Patrol Submarine Project (CPSP), hasta 12 submarinos Type 212CD para la Royal Canadian Navy, con un valor de adquisición estimado en 20.000-30.000 millones de dólares canadienses. La oferta germano-noruega se impuso a la surcoreana Hanwha Ocean tras una competición reñida en la que ambas plataformas, el 212CD y el KSS-III Batch II, cumplían los requisitos operativos, y donde la decisión final pivotó sobre el paquete económico y la arquitectura de alianzas.

Para España, la noticia podría parecer lejana. No lo es. Tres meses antes, el 15 de abril de 2026, Navantia y TKMS firmaron en Madrid un memorando de entendimiento que contempla explícitamente la producción de diseños alemanes, en particular submarinos, en los astilleros españoles. Aquel documento nació como una exploración prudente entre dos astilleros europeos. La decisión canadiense lo transforma en otra cosa: en la mejor oportunidad de transferencia tecnológica submarina que España ha tenido desde los acuerdos con la DCN francesa en los años ochenta, y en el catalizador que obliga a revisar, no a abandonar, la arquitectura del futuro S-90.

Este artículo analiza qué cambia exactamente con Halifax, qué tecnologías puede absorber Navantia del ecosistema TKMS, cómo interactúa este giro con la recomendación misilística coreana ya formulada, y, sobre todo, cómo sería el S-90 rediseñado desde esta nueva perspectiva industrial. El artículo fundacional proponía una estrategia de dos ejes; consolidar el S-80 Block II como puente y saltar al S-90, submarino 100% eléctrico fundado en baterías de estado sólido (SSB) dentro de una fuerza de 10-12 unidades hacia 2050-2060. Su regla rectora era la prudencia tecnológica, con una decisión de arquitectura en 2034 (eléctrica BE frente a híbrida HE) según la madurez real de las SSB.

La tesis central se mantiene intacta, diseñar un submarino de nueva generación fundamentado en la revolución de las baterías de estado sólido, con decisión de arquitectura en 2034 y primera unidad entregada hacia 2041. El plan sigue siendo el mismo; lo que cambia es el socio tecnológico de plataforma: de París a Kiel.

lunes, 6 de julio de 2026

La doctrina del raid distribuido

Cómo España entra, cumple y sale: el cuerpo doctrinal que convierte la dispersión en método de combate

 

INTRODUCCIÓN

Los dos artículos anteriores hicieron el trabajo de demolición y de cartografía de la doctrina anfibia. El primero mostró que el asalto anfibio de posguerra, el de reunir una masa abrumadora de buques y lanzarla sobre una playa, ha quedado condicionado por los drones baratos, los misiles de precisión y un campo de batalla que ya no admite el secreto. El segundo mostró que la geografía española no permite copiar una doctrina ajena, porque empuja a la vez hacia una fuerza de incursión para el Estrecho y los enclaves y hacia una fuerza de proyección con cobertura aérea propia para Canarias y el flanco sur. Queda, sin embargo, la pregunta que ninguno de los dos ha respondido todavía: si el desembarco clásico ha muerto, ¿con qué se le sustituye?

La respuesta existe y se llama raid distribuido. Pero el raid es solo una pieza de una arquitectura mayor, por lo que este artículo responde con un nombre y una arquitectura completa, sus principios y la secuencia que los ordena en el tiempo. La doctrina anfibia propuesta organiza esa arquitectura en cinco líneas de fuerza convergentes: el raid anfibio, que es la materia de este artículo; la negación litoral distribuida, como capacidad permanente que no depende de que un raid se repita cada vez; el asalto vertical, cuyo principio se presenta aquí y cuya organización se desarrolla más adelante; la superioridad aeronaval embarcada, condición previa a toda operación de entidad; y la proyección expedicionaria limitada, como misión de segundo orden. Este artículo desarrolla la primera y roza la tercera; las otras tres tienen su propio espacio más adelante en esta serie, y que no se desarrollen aquí no significa que la doctrina renuncie a ellas.

Esquema de síntesis: los principios doctrinales agrupados por su lógica de empleo, junto a la secuencia de fases de una operación de raid, desde la preparación hasta la extracción. Composición generada con IA a efectos ilustrativos.

jueves, 2 de julio de 2026

El campeón que no decide

Por qué España no controla el rumbo de su industria aeronáutica.

Primera entrega de una serie sobre la soberanía industrial aeronáutica española.

 

INTRODUCCIÓN

En 1971, cuando Construcciones Aeronáuticas entró en el consorcio europeo que años después se llamaría Airbus, España aportó una pieza muy concreta, el estabilizador horizontal de cola de los primeros A300. Era una contribución modesta y digna, la de un socio pequeño que se ganaba el sitio con trabajo bien hecho. Medio siglo más tarde, la industria española sigue fabricando ese mismo estabilizador, más moderno, en fibra de carbono, pero conceptualmente el mismo, junto a alas y fuselajes para los aviones de medio mundo. Lo que no ha conseguido en cincuenta años es decidir qué avión fabrica.

Esa frase resume el problema. España no carece de industria aeronáutica, sino de un centro de decisión capaz de convertir esa industria en soberanía. Posee fábricas, ingenieros, programas y una facturación que la sitúa entre los grandes de Europa. Le falta la única cosa que transforma todo eso en poder, el control sobre la arquitectura del producto, sobre la propiedad intelectual y sobre el lanzamiento de programas propios. El problema español no es la escasez de empresas ni de talento; es la ausencia de un actor nacional que reúna las capacidades dispersas y las convierta en rumbo. Otros países llaman a eso un campeón nacional, una empresa capaz de diseñar y de decidir, no solo de fabricar. España no lo tiene.

Una pieza impecable a la espera de un avión que diseñará otro. Desde 1971, España domina la fabricación de componentes de primer nivel; la arquitectura del aparato que los alberga sigue decidiéndose fuera. Imagen conceptual generada por IA.

 

lunes, 29 de junio de 2026

El mortero ciego está muerto

Por qué el futuro del fuego de batallón no es un tubo ni un dron, sino la cadena que los une. Y por qué llevamos diez años mirando para otro lado.

 

INTRODUCCIÓN

Hay una idea que recorre los análisis de Ucrania desde 2025 y que debería quitarle el sueño a quien planifica el Ejército de Tierra. En sectores enteros del frente, las unidades han dejado de disparar morteros convencionales y no porque les sobraran, sino porque cada vez que un tubo estático abría fuego, un dron de reconocimiento lo veía y a partir de ahí echaban a correr dos relojes. El del dron FPV, el aparato pilotado en primera persona que llega en minutos y cuesta lo que un teléfono; y el de la contrabatería, el contrafuego que localiza la pieza recién disparada y la entierra; más lento, pero implacable.

La lectura perezosa de ese dato dice que el mortero está acabado, pero es incorrecta. El mortero ciego, estático y centralizado está acabado; el mortero que sobrevive es otro animal. Lleva ruedas, dispara y se larga antes de que llegue el contrafuego, gestiona su firma y, esto es lo nuevo, tiene sus propios ojos en el aire. A su lado, como hermano gemelo, lleva un dron que mata lo que el tubo no alcanza.

El paquete dron-mortero en una posición dispersa al anochecer. El tubo embarcado abre fuego mientras su dron orgánico corrige el tiro, la munición merodeadora se proyecta hacia la profundidad y una burbuja antidrón cubre al conjunto, todo enlazado con los fuegos de la brigada. La pieza ya no es el sistema; el sistema es la cadena. Ilustración conceptual generada por IA.

Eso es el paquete dron-mortero de batallón. No es un capricho tecnológico, es la unidad mínima de fuego que tiene sentido en un campo de batalla donde lo que se ve, se fija, y lo que se fija, se destruye.

España fabrica los mejores componentes de ese paquete y, sin embargo, no lo ha comprado a escala.

lunes, 22 de junio de 2026

Entre dos aguas

Por qué la Armada debería soltar sus guardacostas

Primer artículo de la serie “La reforma del dispositivo marítimo español”.

 

INTRODUCCIÓN

El patrullero Atalaya fue entregado a la Armada el 29 de junio de 1992, el cuarto y último de la clase Serviola. Treinta y cuatro años después, releva cada pocas semanas a un Buque de Acción Marítima en la vigilancia del Estrecho y el mar de Alborán. Mientras tanto, en Puerto Real se prepara la construcción de dos patrulleros nuevos dotados de sonar y capacidad antisubmarina por setecientos dieciséis millones de euros. La imagen condensa la paradoja de que la misma Armada que envía un barco de tres décadas a controlar los peñones de soberanía invierte centenares de millones en rastrear submarinos para la década siguiente. Es el síntoma de una ambigüedad estructural.

Esa fuerza se llama Fuerza de Acción Marítima, FAM en el habla naval. Constituye uno de los grandes componentes de la Flota, junto a la Fuerza de Acción Naval, la Infantería de Marina, la Flotilla de Submarinos y la de Aeronaves; y la manda el Almirante de Acción Marítima, ALMART, con cuartel general en Cartagena. Bajo su escudo se encuadran los seis BAM modernos, los viejos patrulleros de altura, los buques de vigilancia pesquera, los buques hidrográficos y de escuela y el centro que fusiona toda la información del entorno marítimo. La FAM hace, con una sola estructura, dos oficios distintos; ese es el problema que este ensayo quiere desmontar.

El patrullero Atalaya, entregado en 1992, sigue de guardia treinta y cuatro años después. Por Angel Ignacio Fernández Niño - http://losbarcosdeeugenio.com/barcos/es/es/ae_P74.html, CC BY-SA 3.0.

miércoles, 17 de junio de 2026

El fin del mundo plano

ESPAÑA ANTE EL REGRESO DE LAS ESFERAS DE INFLUENCIA

Primer artículo de la serie “España en el mundo de las esferas de influencia”

 

INTRODUCCIÓN

El mundo plano fue una idea antes de ser un hecho y dejó de ser un hecho mucho antes de que renunciáramos a la idea. Durante tres décadas, la política exterior española se edificó sobre una premisa cómoda como que las reglas universales iban poco a poco a domesticar al poder, que las fronteras pesarían menos y las instituciones más y que un país mediano pero serio podía proyectarse en cualquier latitud amparado por un orden que no preguntaba de quién era cada zona. Esa premisa ha dejado de bastar. No la ha jubilado un ensayo académico ni una derrota electoral; la ha desbordado un documento oficial, redactado por nuestro principal aliado y publicado sin eufemismos.

La imagen del “mundo plano” la acuñó hace veinte años Thomas Friedman, cronista de la globalización, en su The World Is Flat: A Brief History of the Twenty-First Century para retratar un planeta en el que el comercio y la tecnología habían limado las fronteras hasta volverlas casi irrelevantes; una superficie lisa por la que mercancías, capitales e ideas se deslizaban sin tropezar con la geografía. Durante un tiempo describió algo real, pero su contrario nunca fue el caos, sino la geometría. Un mundo de esferas es un mundo curvo, repartido en zonas con dueño, donde pasar de una a otra ya no es deslizarse por un plano, sino cruzar una frontera que alguien vigila. Esa segunda geometría ha vuelto a imponerse en los últimos años y por fin tiene quien la firme.

Del plano a la esfera: el orden que España leyó durante tres décadas como una superficie lisa vuelve a dividirse en zonas con dueño. La imagen evoca “esferas de influencia”, no rotula un mapa de reparto. Imagen creada con IA.

El 4 de diciembre de 2025, la Casa Blanca hizo pública la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. No es un texto largo ni denso, ni está escrito para los analistas. Es breve, frío y deliberadamente claro, pero precisamente en su claridad reside su importancia. Por primera vez en una generación, la potencia que dibujó el mapa de un orden mundial basado en reglas, y que lo sostuvo desde la segunda guerra mundial, acaba de redibujarlo al declarar por escrito que ya no está dispuesta a sostenerlo en solitario ni en todos los teatros. El nuevo mapa se reorganiza por esferas de influencia con zonas de primacía y equilibrios regionales y España, que construyó toda su acción exterior sobre el viejo mapa plano, se ha quedado sin leyenda para leer el nuevo.

Este artículo no propone remedios. Describe el tablero, porque antes de discutir qué debe hacer España conviene aceptar dónde está, que es un lugar que casi nadie en Madrid se atreve a nombrar en voz alta.

lunes, 15 de junio de 2026

La geografía manda

Por qué España necesita una doctrina anfibia propia y no una copia del USMC

 

INTRODUCCIÓN

Hay una pregunta que todo Estado Mayor debería hacerse antes de comprar un solo barco, pero casi nunca se hace primero. No es qué hacen los aliados, ni qué concepto está de moda en las revistas de defensa, ni qué doctrina firma la potencia más admirada del momento, sino ¿dónde, exactamente, tendríamos que combatir? Porque una fuerza militar no se diseña contra un manual, sino contra un mapa. Y el mapa, a diferencia de la moda doctrinal, no cambia con los ciclos electorales ni con los relevos al frente de un cuerpo extranjero.

El primer artículo de esta serie argumentó que el asalto anfibio clásico ha quedado condicionado por los drones, los misiles baratos y la transparencia del campo de batalla. Aceptado el diagnóstico, queda lo difícil, que es decidir hacia dónde transformar la capacidad española. La tentación natural es importar la respuesta de otro, pero antes de elegirla conviene fijar la pregunta y la española está escrita en una geografía que no se parece a la de ningún aliado. Catorce kilómetros de mar en un sitio, cien en otro, mil doscientos en un tercero. Cada cifra impone un problema militar distinto y ninguna admite la misma solución.

Teatros nacionales prioritarios y distancias críticas. En rojo, la lógica de incursión (Estrecho, peñones, enclaves); en azul, la de proyección (Canarias y flanco sur). Composición cartográfica generada con IA a efectos ilustrativos.

Este artículo recorre esos teatros por orden de exigencia geográfica. La tesis que los ordena es sencilla de enunciar y difícil de asumir: la geografía española no permite una sola respuesta. Empuja, a la vez, hacia una fuerza de incursión para el Estrecho y los enclaves y hacia una fuerza de proyección con cobertura aérea propia para Canarias y el flanco sur,  y esa dualidad y no la imitación de nadie es lo que define la fuerza que España necesita.

martes, 9 de junio de 2026

Alcotán: un caza hispano-sueco para 2040

Por qué el caza español del futuro debe ser un halcón ligero al frente de un enjambre, y no un bombardero furtivo

 

INTRODUCCIÓN

El alcotán es un halcón pequeño que caza al vuelo. No abate a sus presas por tamaño ni por fuerza bruta; las alcanza por agilidad, persiguiendo vencejos y libélulas con una economía de movimiento que los grandes rapaces no pueden permitirse. Conviene tener ese pájaro en la cabeza, y no la silueta de un bombardero furtivo, cuando uno se pregunta qué sistema de combate aéreo necesita España para las tres próximas décadas. A ese caza, y al sistema que lo rodea, se le denomina aquí Alcotán (Hobby, en inglés), por ese mismo halcón: pequeño y veloz, letal por agilidad y no por tamaño.

La pregunta dejó de ser teórica. El programa que iba a darnos un caza de sexta generación, el FCAS (Future Combat Air System), ha perdido su pieza central cuando Francia y Alemania han decidido abandonar el avión tripulado común. No lo mató la falta de dinero que, tras el giro de gasto militar europeo, sobra; lo mató el reparto del trabajo, esa guerra silenciosa por quién diseña qué y quién cobra cuánto. Dassault reclamaba la mayor parte de la célula, Airbus se negaba y España asistía como convidada de piedra. Europa ha perfeccionado durante años el arte de redactar comunicados conjuntos, pero le cuesta más repartir una tarta industrial sin que la mesa acabe volcada.

Recreación conceptual del Alcotán, el caza hispano-sueco, al frente de un enjambre de drones colaborativos sobre el Estrecho. Imagen generada con inteligencia artificial; el diseño es ilustrativo y no corresponde a ningún programa real.

Pero conviene leer bien lo que sobrevive. El núcleo tecnológico del programa FCAS, su verdadero valor, no era el fuselaje sino el ecosistema: la nube de combate que conecta aviones, drones y sensores, el motor, la fusión de datos y buena parte del sistema de combate. Esos pilares no han muerto, pueden aplicarse a los desarrollos nacionales de los antiguos socios, y España no es ahí un invitado pues Indra lidera la contribución española en sensores y nube de combate. De esa ruptura no nace, por tanto, una alternativa de consuelo, sino una decisión de fondo. Por primera vez desde que CASA se integró en Airbus, España puede diseñar la arquitectura de fuerza que corresponde a su cielo, en lugar de aceptar la que le toque en suerte. No se trata de elegir un avión, sino de elegir un sistema.

viernes, 5 de junio de 2026

España no tiene un frente: tiene cinco teatros distintos

Cuarto artículo de la serie "Defender España sin fantasías"

 

INTRODUCCIÓN

En los artículos anteriores de esta serie se ha discutido el material y la mentalidad. Primero, que España no necesita el Leopard 2A8 ni el MGCS, porque compra sistemas pensados para una guerra que no va a librar. Después, tal y como se indicó en el artículo desmontando la doctrina acorazada española, que la doctrina acorazada del Ejército de Tierra piensa como Alemania sin serlo, importando un marco intelectual diseñado para el corredor de Fulda. En el tercero argumenté que la brigada polivalente reparte la mediocridad de forma uniforme en lugar de concentrar eficacia donde importa.

Cinco teatros, cinco relojes y una sola fuerza. El color indica el tiempo de respuesta de cada teatro; los iconos, dónde reside hoy la fuerza. La urgencia y la masa están invertidas. Imagen conceptual generada con asistencia de IA. Elaboración propia. No es una representación cartográfica de precisión

Todos esos argumentos descansan sobre una misma premisa, que hasta ahora se ha dado por sentada. Hoy toca enunciarla y demostrarla. España no tiene un frente; tiene cinco teatros distintos y defenderlos como si fueran uno solo es un error conceptual con consecuencias operativas graves.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Epic Fury y el fin del santuario

Lo que la guerra de Irán enseña sobre las bases aéreas españolas

Serie: "La fuerza aérea que se destruye en tierra" — Artículo 1 de 3

Este artículo analiza la protección pasiva de bases aéreas —shelters, bermas, dispersión, engaño, reparación de pistas—. No aborda defensa activa antimisil, superioridad aérea ni la plausibilidad política de escenarios concretos.

 

INTRODUCCIÓN

Durante tres décadas, desde las plataformas destrozadas de las bases aéreas iraquíes en 1991 hasta los aeródromos ucranianos convertidos en cráter por Iskander en 2024, una lección se ha repetido: las fuerzas aéreas mueren antes de despegar si permanecen concentradas y expuestas. En los conflictos asimétricos y convencionales desde la primera Guerra del Golfo, entre el 40% y el 70% de las pérdidas de aeronaves en fuerzas que no lograron proteger sus bases se produjeron en tierra. La Operación Epic Fury no inauguró esa realidad, sino que la hizo imposible de ignorar.

El 27 de marzo de 2026, una salva combinada de misiles balísticos y drones de ataque impactó en Prince Sultan Air Base (PSAB), en Arabia Saudí. Los números exactos de la salva son objeto de evaluación —fuentes abiertas sitúan entre quince y cuarenta proyectiles por oleada en los distintos ataques a la base—, pero los resultados están documentados: el E-3G Sentry con matrícula 81-0005, un avión de alerta temprana y mando aerotransportado valorado entre 300 y 400 millones de dólares, asignado al 552nd Air Control Wing de Tinker AFB, quedó destruido. Era la primera pérdida en combate de un E-3 en casi cinco décadas de servicio. A su alrededor, varios KC-135 Stratotanker sufrieron daños de categoría A (pérdida total irreparable) o categoría B (fuera de servicio durante meses). Al menos quince militares estadounidenses resultaron heridos.

Las imágenes satelitales comerciales de febrero de 2026 mostraban cuarenta y tres aeronaves estadounidenses desplegadas en PSAB, incluyendo seis E-3 Sentry y trece KC-135, estacionadas al descubierto en la plataforma. Sin shelters endurecidos, sin bermas de separación y con distancias entre células de apenas veinte a treinta metros.

PSAB disponía de una de las arquitecturas antimisil más densas fuera de Israel, con sistemas THAAD, Patriot PAC-3 y NASAMS que formaban un escudo multicapa. Y sin embargo, misiles y drones penetraron. La defensa activa redujo el número de impactos —sin ella, el resultado habría sido catastrófico—, pero no los eliminó. Los que pasaron encontraron aeronaves de alto valor en un despliegue estático de alta densidad.

Despliegue estático de alta densidad en plataforma abierta, generada por IA

Eurofighers del Ala 14 en plataforma abierta en la Base Aérea de Los Llanos (Albacete). Sin shelter endurecido y sin berma de separación en lo que constituye el despliegue estático de alta densidad que caracteriza hoy a todas las bases de caza españolas. Fuente: NurPhoto / NurPhoto via Getty Images.

Este artículo examina qué confirma Epic Fury sobre la premisa española de que las bases propias son un santuario, algo que la planificación de infraestructura del Ejército del Aire y del Espacio español nunca ha cuestionado explícitamente. Y lo hace en el contexto de un campo doctrinal establecido —Air Base Survivability, Passive Defense Measures y Base Recovery Operations— que ha recibido atención limitada en España mientras varios aliados priorizaban inversiones específicas en supervivencia de bases.

martes, 26 de mayo de 2026

El error de la brigada polivalente

Por qué una brigada para todo no encaja en los teatros españoles

Tercer artículo de la serie "Defender España sin fantasías"

 

INTRODUCCIÓN

En el artículo anterior desmonté la doctrina acorazada heredada que el Ejército de Tierra practica como si España fuera Alemania. Una doctrina diseñada para el corredor de Fulda, importada sin adaptación y sostenida por inercia institucional más que por reflexión estratégica. Pero las doctrinas no flotan en el vacío, sino que generan estructuras, y la estructura que ha generado esta doctrina importada es la brigada polivalente.

Si la mentalidad estaba desajustada, la organización que produce no podía ser otra cosa que un reflejo de ese desajuste. La brigada polivalente española es ese reflejo, esto es, una unidad concebida para hacerlo todo y que, precisamente por ello, no hace nada suficientemente bien en ninguno de los teatros donde España podría verse obligada a combatir. Este artículo explica por qué la polivalencia se ha convertido en coartada para no especializar, qué hacen los aliados que han abordado este problema y cuál es la alternativa.

La brigada polivalente española: adecuada para uno de cinco teatros y parcialmente para otro. Inadecuada para los tres restantes. Imagen generada con IA a efectos ilustrativos.

La insuficiencia de la brigada polivalente se manifiesta en tres niveles distintos, en su diseño doctrinal (la idea misma de una brigada genérica para teatros radicalmente diferentes), en su dotación material (el inventario real de plataformas y sistemas) y en su disponibilidad operativa (lo que realmente funciona en un día cualquiera). Aunque relacionados, cada nivel exige soluciones diferentes y ninguno de los tres resiste un examen honesto.

jueves, 21 de mayo de 2026

El fin del desembarco clásico

Por qué el asalto anfibio de los años noventa ya no funciona

 

INTRODUCCIÓN

Hay doctrinas que no mueren en el campo de batalla. Mueren en los despachos, cuando nadie se atreve a decir en voz alta que el modelo que ganó la última guerra no serviría para ganar la próxima. El asalto anfibio clásico lleva una década en ese proceso; despacio, entre informes técnicos archivados y ejercicios que replican procedimientos diseñados para un entorno que ya no existe. España tiene dos buques anfibios cuya vida operativa se agota, una Infantería de Marina que está sustituyendo sus vehículos anfibios de los años setenta por plataformas que siguen navegando a seis nudos y un adversario principal con amplia capacidad de negación de acceso, pero nada parece haber cambiado en nuestra doctrina anfibia.

Un buque anfibio en aguas cerradas, flanqueado por embarcaciones menores. La perspectiva es la del observador desde tierra, el mismo punto de vista desde el que un sistema de designación de objetivos convertiría esta estela en un vector de ataque. Imagen generada con IA a efectos ilustrativos.

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

El colmillo del S-80

Por qué España necesita ya un misil submarino de ataque a tierra

 

1. El problema: un submarino del siglo XXI sin proyección estratégica

Un submarino convencional moderno que no pueda atacar objetivos en tierra es, en términos estratégicos, una plataforma incompleta. Puede negar el uso del mar al adversario, puede acechar y hundir buques de superficie, puede sembrar minas y recoger inteligencia; pero no puede proyectar fuerza más allá de la línea costera. En el siglo XXI, esa limitación no es un matiz doctrinal, es una brecha de capacidad que reduce al submarino a un instrumento defensivo cuando el entorno de amenaza exige versatilidad ofensiva.

España opera hoy el S-81 Isaac Peral, cabeza de serie de la clase S-80 Plus y construye tres unidades adicionales, basados un diseño que ha costado sangre, sudor y miles de millones corregir. Pero ninguno de ellos puede lanzar un misil de crucero contra un objetivo terrestre; ni uno. Esto coloca a la Armada en una posición incómoda dentro de la OTAN. Francia, con sus Suffren, dispara el MdCN a más de 1.000 kilómetros desde la inmersión. Corea del Sur lanza el Haeseong III desde sus Type 214, submarinos comparables en desplazamiento al S-80. Los SSN y SSGN estadounidenses llevan décadas disparando Tomahawk en cada conflicto desde la Guerra del Golfo. Incluso Japón, constitucionalmente limitado en sus capacidades ofensivas, estudia activamente dotar a sus Taigei de capacidad de ataque a tierra. España, en cambio, tiene un submarino de primera línea que solo puede morder bajo el agua.

Dos posiciones de patrulla, un resultado estratégico. Desde Canarias y desde el Mediterráneo occidental, un S-80 equipado con misiles de 1.500 km de alcance mantiene bajo amenaza la totalidad del Magreb sin abandonar aguas seguras. Mapa conceptual generado con asistencia de IA y editado por el autor. Elaboración propia. No es una representación cartográfica de precisión.

viernes, 8 de mayo de 2026

Desmontando la doctrina acorazada española

Por qué pensamos como Alemania sin serlo

Segundo artículo de la serie "Defender España sin fantasías"

 

En un artículo anterior defendí que España no necesita el Leopard 2A8 ni el MGCS. Que el debate sobre carros de combate está mal planteado porque responde a preguntas que no son las nuestras. Que invertimos en sistemas diseñados para guerras que no vamos a librar mientras desatendemos los escenarios donde sí podemos perder.

El problema de fondo no es qué carro compramos, sino por qué lo consideramos el eje de nuestra fuerza terrestre. No es una cuestión de presupuesto ni de tecnología; es una cuestión de mentalidad. España ha adoptado, durante décadas, un marco doctrinal diseñado para otro país, otra geografía y otra guerra. Y ese marco sigue determinando cómo organizamos el Ejército de Tierra, qué priorizamos en las adquisiciones y qué tipo de conflicto creemos que debemos preparar.

La geografía condiciona la doctrina. España sigue preparándose para un escenario que no es el suyo. Imagen conceptual generada con asistencia de IA y editada por el autor. Elaboración propia.

La tesis de este artículo es que la doctrina acorazada del Ejército de Tierra español sigue pensando como si España fuera Alemania, sin serlo. Y ese desajuste intelectual no es inocuo. Tiene consecuencias presupuestarias, operativas y, en última instancia, estratégicas.

No se trata de demonizar a nadie. Los profesionales que aplican esta doctrina lo hacen con rigor y dedicación; el problema no está en las personas, sino en el marco que heredaron. Cuestionar este legado no es un ejercicio de iconoclasia; es una necesidad estratégica.

jueves, 7 de mayo de 2026

El Sahel en llamas

Por qué el epicentro del terrorismo mundial está a 450 millas de Canarias

 

INTRODUCCIÓN

En 2025, el Sahel concentró más de la mitad de las muertes por terrorismo del mundo. No es ya una periferia inestable, sino el principal centro de gravedad de la violencia yihadista global; un centro que está más cerca de Canarias de lo que la mayoría de los análisis europeos admite. La distancia en línea recta entre Nuadibú, en la costa mauritana y Fuerteventura ronda las 450 millas náuticas, menos que la distancia por carretera entre Madrid y Barcelona. Lo que sigue no es un ejercicio de alarmismo; es un intento de cuantificar una amenaza que ya se proyecta sobre el flanco atlántico español.

Mapa conceptual generado con asistencia de IA y editado por el autor. Elaboración propia a partir de datos de GTI 2026 (IEP), ACLED, International Crisis Group y GI-TOC. No es una representación cartográfica de precisión.

jueves, 23 de abril de 2026

Cuatro Nansen para el hueco de una década

La fragata que construimos en Ferrol y que deberíamos recuperar

 

INTRODUCCIÓN: UN HUECO DE UNA DÉCADA QUE NADIE VERBALIZA

En agosto de 2025 Noruega adjudicó al Reino Unido la sustitución de sus cuatro fragatas clase Fridtjof Nansen (F-310) por cinco Type 26 por valor de 10.000 millones de libras. Las primeras entregas británicas comenzarán en 2030 y se extenderán hasta finales de la década. La consecuencia directa y poco comentada en los medios especializados españoles, es que entre 2030 y 2034 quedarán disponibles en el mercado de segunda mano cuatro fragatas ASW de 5.290 toneladas construidas en Ferrol, con sistema AEGIS, sonar remolcado CAPTAS Mk 2 V1, misiles NSM y capacidad de operar el MH-60R. La primera fue entregada a la Marina Noruega en 2006 y la última en 2011.

KNM Fridtjof Nansen (F310) en el Puerto de Oslo. Fuente: ZorroIII - Trabajo propio, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=829488

La pregunta que este artículo aborda es directa: ¿le conviene a la Armada comprarlas? La respuesta corta es sí, con condiciones estrictas y por tres motivos: el hueco operativo que cubre, el coste real de ciclo de vida y el coste de oportunidad respecto a las posibles alternativas.

Anticipando la conclusión, existe entre 2028 y 2035 una ventana de vulnerabilidad ASW real y cuantificable que los planes actuales de la Armada, centrados en la cantidad de cascos, no logran mitigar. Aunque la decisión oficial de extender la vida útil de las F-80 Santa María, cuya conveniencia ya adelanté, busca evitar un déficit numérico de escoltas, esta medida garantiza la presencia pero no la capacidad de combate antisubmarino necesaria ante la amenaza actual. Mientras las F-110 se incorporan lentamente hasta 2032 y las F-100 se someten a su modernización de media vida (MMV) con una inversión de 3.200 millones de euros hasta 2036, la Armada mantendrá operativas fragatas como las F-80 modernizadas, que priorizan la integridad estructural, la habitabilidad y la continuidad logística, sin recuperar capacidades críticas perdidas como el sonar remolcado TACTASS ni introducir un sustituto equivalente; y que han perdido su capacidad de defensa aérea de zona tras la retirada del misil SM-1.

En el momento más crítico de este solapamiento, España dispondrá de buques con habitabilidad renovada pero sensores obsoletos, justo cuando Argelia consolida seis submarinos Kilo con misiles Kalibr y Rusia mantiene su presencia en el Mediterráneo occidental. Las Nansen no son el futuro de la Armada; son el puente tecnológico y operativo que las F-80, pese a su extensión de vida, no pueden construir para cerrar un valle de vulnerabilidad que la simple aritmética de cascos no alcanza a cubrir.

 

lunes, 20 de abril de 2026

Del paraguas ajeno a la disuasión propia (I)

por qué el tabú nuclear español ya no se sostiene

Primera parte de una serie de dos. ¿Puede España prepararse para un mundo donde las garantías nucleares de sus aliados ya no sean fiables, sin romper ninguna ley internacional y sin arruinarse en el intento?

 

Introducción

Sondeos recientes de YouGov recogen un dato que hasta hace poco habría sido tabú en la conversación pública española. Alrededor del 37% de los ciudadanos apoya ya que España fabrique sus propias armas nucleares. Un par de años antes, esa cifra rondaba el 10%. Un salto de esa magnitud en tan poco tiempo no es ruido estadístico. Es el termómetro de un desplazamiento tectónico.

Varios factores están reescribiendo en silencio las categorías básicas de la seguridad española. Ucrania, la reorientación americana hacia el Indo-Pacífico, la inestabilidad en el Mediterráneo, la sospecha creciente de que el paraguas nuclear aliado puede plegarse sin previo aviso. Todos apuntan a la misma pregunta, que hasta hace poco ningún analista se atrevía a formular en voz alta. ¿Qué debería hacer España ante un futuro donde la protección nuclear de sus aliados podría no estar ahí cuando se necesite?

Concepto artístico de una instalación nuclear española bajo control militar. La dualidad civil-militar que hace posible la latencia nuclear.

La respuesta no es la proliferación inmediata, sino la latencia nuclear, esto es, desarrollar la infraestructura y el conocimiento técnico para ensamblar un arsenal en tiempo récord, pero sin cruzar el umbral de la posesión real. Consiste en situarse a un solo paso de la capacidad nuclear sin llegar a ejecutarla, una estrategia que varios países de nuestro entorno llevan décadas practicando en silencio.

Este artículo, primero de una serie de dos, se ocupa del diagnóstico. Qué permite el derecho internacional, qué condiciona físicamente la fabricación de un arma nuclear, qué están haciendo otros países en situación comparable y qué escenarios harían esta opción relevante para España. La segunda parte expondrá la propuesta concreta, con vectores, arquitectura industrial, costes y diplomacia acompañante.

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Un transporte rápido para la Armada

Por qué España no puede reforzar sus enclaves a tiempo, y cómo solucionarlo por menos de lo que cuesta una fragata

Concepto artístico del BTR Clase Veloz transitando el Estrecho de Gibraltar.

Dos polos, un plan

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