lunes, 14 de septiembre de 2026

Dos polos, un plan

Una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica

 

INTRODUCCIÓN

En octubre de 2025, el portacontenedores Istanbul Bridge atracó en Felixstowe procedente de China tras veinte días de navegación por el Ártico ruso, cuando la misma travesía por Suez o por el cabo de Buena Esperanza consume entre cuarenta y cincuenta. Fue el primer servicio comercial de contenedores entre Asia y Europa realizado íntegramente por la Ruta Marítima del Norte en el tramo de ida, la vía que bordea la costa ártica de Rusia entre el estrecho de Kara y el de Bering; el regreso se programó por Suez, reflejo fiel de las servidumbres que aún limitan la ruta. Lo que el Istanbul Bridge anuncia es que el Ártico ha dejado de ser una periferia helada para convertirse en un teatro estratégico permanente, donde Rusia concentra su disuasión nuclear, China proyecta su ambición y la OTAN despliega ya la mitad de su atención. La ruta comercial es el síntoma; la competición entre grandes potencias es la enfermedad y las enfermedades estratégicas no esperan a que maduren sus síntomas.

Ese teatro afecta a España más de lo que su lejanía sugiere y el inventario nacional de respuesta es desolador de puro breve. Aunque el proceso de elaboración se aceleró en 2026, España no dispone de una estrategia polar publicada, ni de doctrina ártica, ni de un solo casco con capacidad hielo operativa más allá del veterano Hespérides, un buque de investigación entregado en 1991 que acaba de cerrar su trigésima campaña antártica sin sustituto programado. Mientras tanto, Francia publicó en 2022 una estrategia polar con horizonte 2030 y respaldo presupuestario creciente, e Italia, sin una milla de costa ártica, mantiene estrategia propia desde 2015 y envía cada verano un buque de su marina al océano Glacial Ártico.

Un mismo casco, dos polos: la disyuntiva pendiente de una potencia marítima que aún no ha decidido ejercer su condición bipolar. Imagen conceptual.

La tesis de este artículo es que España necesita una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica, bipolar por diseño y ártica por urgencia, articulada sobre dos pilares materiales: un buque polar de doble uso que releve al Hespérides y sirva en ambos hemisferios y una contribución aliada regular y predecible en el flanco norte de la OTAN con las tropas de montaña como unidad terrestre de referencia. No es un capricho de prestigio ni una imitación de modas aliadas; es la respuesta proporcionada de una potencia marítima media a un cambio estructural del tablero que afecta a sus derechos jurídicos, a su crédito en la Alianza y a los puertos de los que vive. Lo que sigue justifica esa necesidad, ordena los argumentos por su solidez real y propone un programa con plataformas, unidades, calendario y coste.

viernes, 11 de septiembre de 2026

La renovación del armamento ligero de infantería

El ecosistema de fusiles y ametralladoras que nadie ha decidido construir

Segundo artículo de la serie "El soldado que España necesita"

 

INTRODUCCIÓN

España no tiene un problema de armas. Tiene un problema de ecosistema. Y ese problema empieza en el fusil y termina con las ametralladoras. España tiene un problema de roles mezclados y es exactamente ese desorden el que impide que lo que ya existe en los arsenales funcione como debería.

El primer artículo de esta serie demostró que el soldado español está ciego, pues opera con la óptica de 1999 mientras sus homólogos ucranianos identifican blancos a 300 metros con un visor de 150 euros. Hoy toca hablar sobre fusil de asalto y sobre la ametralladora, el arma de apoyo del pelotón, la que decide si el infante puede suprimir, fijar y destruir más allá de los 400 metros que alcanza su fusil.

 

1. La decisión que nadie ha tomado

El Ejército de Tierra español tiene hoy en servicio unos 78.000 fusiles G36 de distintas variantes, fabricados bajo licencia por Santa Bárbara Sistemas en La Coruña desde 1999. Es un arma robusta, fiable en los teatros donde ha operado España, y producida en suelo nacional, pero en 2026 el G36 es también el fusil que su propio creador ha abandonado.

La Bundeswehr —el ejército que diseñó y usó el G36 durante tres décadas— adoptó en 2025 el HK416 A8 como su nuevo fusil estándar, bajo la designación G95A1. El contrato inicial cubre 118.718 unidades y el programa completo prevé hasta 250.000 fusiles por unos 765 millones de euros. Alemania no sustituyó el G36 por el 6,8 milímetros americano. Lo sustituyó por el 5,56 milímetros más moderno de su propio fabricante.

Nuevo fusil HK416 A8 del ejército alemán. Foto Bundeswehr/Mario Bähr

Mientras tanto, el ET español sigue adquiriendo G36E en una decisión que la propia revista Ejército —órgano oficial del ET— describe como "continuista". Y lo hace sabiendo que la Infantería de Marina ya opera el HK416 A5 desde abril de 2024, tras recibir sus primeras remesas para el subgrupo táctico de despliegue del Tercio de Armada. Dentro de las propias Fuerzas Armadas españolas coexisten ya dos generaciones distintas del mismo árbol genealógico.

martes, 8 de septiembre de 2026

Una Infantería de Marina para la nueva doctrina

De la guardia de arsenales a la compañía de combate distribuido

 

INTRODUCCIÓN

La Infantería de Marina española cuenta con unos 5.700 efectivos. Por cabezas, es uno de los mayores cuerpos de su especie en Europa occidental; supera a la Brigata San Marco italiana, que ronda los 3.800, y casi dobla al Korps Mariniers neerlandés, que ronda los 2.500. En cualquier acto institucional esa cifra se exhibe como prueba de que España conserva una capacidad anfibia de primer orden. La cifra es cierta, pero engañosa como medida de capacidad.

El Cuerpo se reparte en tres componentes. El Tercio de Armada, la fuerza anfibia, ronda los 2.500 efectivos; la brigada de desembarco, dentro de él, no alcanza los 2.000. La Fuerza de Protección, unos 2.000, un tercio largo del Cuerpo, custodia bases y arsenales. El resto, la Guerra Naval Especial, la escuela y el mando, completa los 5.700. España tiene mucha plantilla y poca masa de maniobra en primera línea.

Sobre el papel, los dos batallones de desembarco alinean seis compañías de fusiles. Descontados los huecos de plantilla y la cola, con dos o tres personas que instruyen, transportan, curan y comunican por cada una que combate en primera línea, la masa que España puede concentrar en el primer escalón de una operación anfibia se sitúa entre setecientos y novecientos combatientes.

Una operación anfibia no la hacen solo quienes pisan la arena; la hacen también las embarcaciones que los llevan, los zapadores que abren la brecha, los fuegos que los cubren, la sanidad que los estabiliza y el mando que los coordina. La discrepancia real está entre la plantilla total del Cuerpo y la masa de maniobra que puede concentrarse simultáneamente en una organización de primera línea. España tiene mucha de la primera y poca de la segunda.

Es la sedimentación de un modelo pensado para otro mundo, el de las operaciones permisivas de los noventa, cuando la Infantería de Marina embarcaba una compañía reforzada rumbo a los Balcanes o al Líbano y esa era exactamente la misión. El problema es que fue concebido para algo que ya no existe y que, entretanto, un tercio del Cuerpo se quedó adscrito a vigilar arsenales.

Del desembarco clásico al raid distribuido. Imagen conceptual generada por IA del tránsito de la masa nominal a la capacidad real

La BRIMAR 2040 se propone corregir esa distancia entre lo anunciado y lo empleable. Y lo hace, esta es la tesis, sin pedir apenas un recluta nuevo. No engorda el Cuerpo. Lo reparte, lo jubila y lo disuelve. Propone cambiar deliberadamente de una fuerza optimizada para concentrar masa en la playa a una fuerza optimizada para generar efectos litorales sin concentrar masa. Ese cambio de naturaleza, no el incremento de efectivos, es el eje de lo que sigue.

Pero la reforma se entiende mejor empezando por los funerales.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Las fronteras que España necesita en Ceuta y Melilla

Un análisis de geografía militar sobre las líneas que harían más defendibles las dos ciudades autónomas

 

INTRODUCCIÓN

Hay preguntas que los estados se hacen en voz baja, cuando se las hacen. ¿Dónde debería estar realmente la frontera para que una ciudad sea defendible? No la heredada, que refleja el alcance de un cañón del siglo XIX o el resultado de una negociación diplomática; la que exige la geografía cuando se estudia con criterio militar puro. Para Ceuta y Melilla esa pregunta tiene respuesta. No es cómoda, pero es clara.

Sección esquemática transversal de Ceuta (arriba) y Melilla (abajo). La línea roja muestra la visión directa al puerto desde la cima de cada macizo en la situación actual, con Jebel Musa y Gurugú en manos marroquíes. La X azul indica que esa visión queda bloqueada en cuanto la frontera propuesta sitúa la cima del lado español. Relieve vertical exagerado para legibilidad. No a escala.

lunes, 31 de agosto de 2026

La bomba que Rusia no ha lanzado (todavía)

Armas nucleares no estratégicas, el tabú de 1945 y lo que cambiaría si Moscú lo rompiera

 

INTRODUCCIÓN

En otoño de 2022, mientras el ejército ruso sufría sus peores reveses del año en Ucrania, Washington y sus aliados analizaron indicios que podían ser compatibles con una eventual preparación nuclear rusa. La inteligencia occidental interceptó conversaciones entre mandos rusos sobre logística y posibles escenarios de empleo. No hubo evidencia pública de que se movieran ojivas desde los almacenes centrales hacia el frente. La preocupación, aun así, llegó al máximo nivel político. Joe Biden advirtió en público de que el uso de un arma nuclear constituiría un cambio cualitativo en la guerra y su asesor de seguridad nacional habló en privado de "consecuencias catastróficas". Rusia no disparó, pero aquella crisis dejó instalada una pregunta que sigue en el centro del planeamiento occidental: ¿qué ocurriría si Moscú cruzara finalmente el umbral nuclear?

Conviene separar desde el principio tres cosas que suelen mezclarse. Una es la retórica nuclear rusa, abundante y calculada. Otra son las discusiones internas rusas sobre escenarios de empleo, más opacas. Y una tercera son los cambios físicos operativos, es decir, sacar ojivas de los depósitos y acoplarlas a los vectores. Confundir las tres infla cualquier episodio hasta la desproporción.

La pieza que nadie mueve. El arsenal nuclear táctico ruso lleva décadas en el tablero sin ser empleado. Su valor no está en el movimiento, sino en la amenaza de moverlo.

La tesis de este artículo es que el problema del uso de un arma nuclear rusa en Ucrania no es que pueda ganar la guerra en un solo golpe, que no puede; es que podría alterar el cálculo político de todos los actores que participan en ella. Ese es el hilo que conviene seguir.

Dos polos, un plan

Una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica   INTRODUCCIÓN En octubre de 2025, el portacontenedores Ista...

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