Por qué España necesita una doctrina anfibia propia y no una copia del USMC
INTRODUCCIÓN
Hay una pregunta que todo Estado Mayor
debería hacerse antes de comprar un solo barco, pero casi nunca se hace
primero. No es qué hacen los aliados, ni qué concepto está de moda en las
revistas de defensa, ni qué doctrina firma la potencia más admirada del momento,
sino ¿dónde, exactamente, tendríamos que combatir? Porque una fuerza militar no
se diseña contra un manual, sino contra un mapa. Y el mapa, a diferencia de la
moda doctrinal, no cambia con los ciclos electorales ni con los relevos al
frente de un cuerpo extranjero.
El primer
artículo de esta serie argumentó que el asalto anfibio clásico ha quedado
condicionado por los drones, los misiles baratos y la transparencia del campo
de batalla. Aceptado el diagnóstico, queda lo difícil, que es decidir hacia
dónde transformar la capacidad española. La tentación natural es importar la
respuesta de otro, pero antes de elegirla conviene fijar la pregunta y la
española está escrita en una geografía que no se parece a la de ningún aliado.
Catorce kilómetros de mar en un sitio, cien en otro, mil doscientos en un
tercero. Cada cifra impone un problema militar distinto y ninguna admite la
misma solución.
Teatros nacionales prioritarios y distancias críticas.
En rojo, la lógica de incursión (Estrecho, peñones, enclaves); en azul, la de
proyección (Canarias y flanco sur). Composición cartográfica generada con IA a
efectos ilustrativos.
Este artículo recorre esos
teatros por orden de exigencia geográfica. La tesis que los ordena es sencilla
de enunciar y difícil de asumir: la geografía española no permite una sola
respuesta. Empuja, a la vez, hacia una fuerza de incursión para el Estrecho y
los enclaves y hacia una fuerza de proyección con cobertura aérea propia para
Canarias y el flanco sur, y esa dualidad
y no la imitación de nadie es lo que define la fuerza que España necesita.
