miércoles, 14 de enero de 2026

El renacer de la fuerza submarina española

Una estrategia para 2050


INTRODUCCIÓN

Tras superar el aprendizaje industrial del S-80, la Armada debe evolucionar de la mera recuperación de capacidades en su fuerza submarina, al liderazgo en negación de área mediante la revolución de las baterías de estado sólido (SSB) en la futura clase S-90.

     S-81 Isaac Peral

Para ello se desarrolla esta estrategia 2025-2050, articulada en dos ejes: la consolidación del S-80 Block II como puente tecnológico y el salto disruptivo al S-90, una plataforma 100% eléctrica concebida para consolidar a España como referente europeo en submarinos convencionales avanzados y pilar fundamental del flanco sur de la OTAN. El objetivo es garantizar una soberanía industrial letal y autónoma en el complejo escenario del Mediterráneo y el Atlántico.

 

1. El valor operativo del submarino convencional en el siglo XXI

El papel del submarino ha evolucionado. Frente a los modelos nucleares, diseñados para la proyección de fuerza y la velocidad oceánica, los submarinos convencionales de última generación se han consolidado como las plataformas más eficaces para la negación de área. Su ventaja competitiva radica en el silencio: operan de forma casi imperceptible en zonas costeras y pasos obligados, aguardando el momento idóneo para intervenir.

En entornos litorales y mares semicerrados como el Mediterráneo, la invisibilidad acústica supera a la fuerza bruta. Para España, esta capacidad es crítica: con dos fachadas marítimas, dos archipiélagos y el control de un punto neurálgico como el Estrecho de Gibraltar —por donde transita el 20% del tráfico marítimo mundial—, la Armada requiere de plataformas que prioricen el sigilo sobre la velocidad.

El entorno geopolítico ha sufrido una transformación radical. Argelia ha reforzado su capacidad de disuasión con seis submarinos clase Kilo 636M dotados de misiles Kalibr, con un alcance de 1.500 km. Simultáneamente, la competencia entre grandes potencias ha reactivado la actividad submarina rusa en el Atlántico Norte y ha introducido la presencia naval china en la región. Las rutas de comunicación con Canarias presentan hoy una vulnerabilidad que no se veía desde la Guerra Fría.

 

2. Del trauma a la oportunidad: dónde estamos hoy

El programa S-80 pasará a la historia como el mayor desafío industrial-militar de España en tiempos de paz. Los retrasos superiores a una década, los sobrecostes severos y el rediseño estructural forzado por errores de cálculo marcaron una primera etapa traumática que erosionó la credibilidad del proyecto.

Pero anclarse en el análisis forense de los errores de 2010 es un lujo que la Armada no puede permitirse. Hoy, la situación es radicalmente distinta: el S-81 Isaac Peral está en servicio operativo, proporcionando datos de referencia de gran valor; el S-82 Narciso Monturiol completó su botadura en noviembre de 2025 y se encuentra en pruebas de mar; el S-83 Cosme García avanza en construcción, con entrega prevista para enero de 2029, siendo la primera unidad con el sistema AIP BEST de bioetanol integrado de serie; y el S-84 Mateo García de los Reyes sigue en construcción, con entrega programada para marzo de 2030.

El S-80 representa una plataforma competente: sigilo excelente comparable a los mejores diseños europeos, sistema AIP BEST de bioetanol (el más eficiente de su categoría), armamento versátil con torpedos DM2A4/F21, y seis tubos de torpedo de 533mm con capacidad para 18 armas. Sin embargo, presenta limitaciones que deben abordarse para el futuro: arquitectura energética basada en baterías de plomo-ácido (tecnología centenaria), ausencia de capacidad nativa de ataque a tierra estratégico, y margen de mejora en reducción de firma acústica.


3. la aritmética implacable: por qué cuatro submarinos son pocos

Existe un consenso técnico inamovible en los círculos de planificación naval: cuatro submarinos convencionales no constituyen una fuerza submarina creíble para una nación con las responsabilidades estratégicas de España.

La aritmética de la disponibilidad operativa es despiadada. Una flotilla de cuatro SSK proporciona, en el escenario más favorable, entre 1,2 y 1,5 unidades disponibles de media anual. Considerando los ciclos de gran carena (18-24 meses cada 15-18 años), mantenimientos programados y periodos de descanso de dotaciones, España solo podría desplegar un único submarino durante largos periodos.

Este déficit de capacidades no es solo una cifra en un balance; se traduce en una vulnerabilidad que España no puede permitirse. En términos operativos, la escasez de unidades nos obliga hoy a elegir entre lo esencial y lo urgente. Actualmente, resultaría imposible mantener una presencia constante en el eje Baleares-Estrecho —el punto de paso más crítico del Mediterráneo Occidental— y, simultáneamente, garantizar la protección del Atlántico y el archipiélago canario.

Esta limitación trasciende nuestras fronteras y afecta directamente a nuestra credibilidad internacional. Al no disponer de suficientes plataformas, las misiones de inteligencia y vigilancia asignadas por la OTAN en el flanco sur quedarían desatendidas, o bien obligarían a dejar desprotegido el propio territorio nacional para cumplir con los aliados. Además, intentar cubrir este vacío con medios insuficientes genera un círculo vicioso de desgaste: el uso intensivo de las plataformas y la presión constante sobre las tripulaciones aceleran el agotamiento de los recursos, reduciendo drásticamente su vida útil operativa.

Para una potencia marítima con nuestra configuración geográfica, contar con seis submarinos no es un objetivo ambicioso, sino el mínimo funcional para asegurar una rotación básica. El verdadero equilibrio estratégico, aquel que permitiría a España ejercer un control real y sostenible, se sitúa entre las 8 y 12 unidades; una meta que, con la estrategia adecuada, está plenamente al alcance de nuestra industria.

 

4. La estrategia del puente y el salto

El error original del programa S-80 no fue la ambición, sino la gestión del riesgo al introducir demasiadas tecnologías inmaduras simultáneamente sin plataformas intermedias de validación. Hoy, la situación es inversa: España dispone de un diseño base operativo y validado (S-81/S-82) y dos cascos en construcción (S-83/S-84) que permiten una modulación controlada del riesgo tecnológico.

La estrategia propuesta se articula en dos movimientos complementarios: un puente (el S-80 Block II, dos unidades adicionales S-85 y S-86 con mejoras sustanciales) y un salto (la nueva clase S-90, diseñada desde cero para aprovechar tecnologías de propulsión revolucionarias).

4.1. El puente: S-83 y S-84 como reductores de riesgo

Los submarinos S-83 y S-84 no deben concebirse únicamente como activos de combate, sino como bancos de pruebas en entorno operativo que validen tecnologías antes de su integración definitiva en configuraciones más avanzadas.

El S-83 validará el AIP BEST. Primera unidad con sistema de Propulsión Independiente de Aire de serie, su misión incluirá la recolección masiva de datos sobre autonomía real, fiabilidad logística de la cadena de suministro de bioetanol, y confirmación de las firmas acústica y térmica del sistema.

El S-84 testaría las baterías de ion-litio. Aquí entra en juego el Proyecto Balit, la iniciativa de I+D de Navantia en colaboración con Saft para integrar baterías de iones de litio (Li-ion). La propuesta estratégica consiste en instalar un módulo experimental de baterías LFP (litio-ferrofosfato) que represente aproximadamente el 50% de la capacidad total. Esta hibridación de riesgo calculado permitiría validar sistemas de gestión térmica (BMS), integración eléctrica con el AIP, y comportamiento en operaciones reales, manteniendo una red de seguridad con baterías convencionales.

Comparativa de baterías: Plomo-Ácido vs Li-ion (LFP)

Parámetro

Plomo-Ácido

Li-ion (LFP)

Densidad energética

50 Wh/kg

150-175 Wh/kg

Ciclos de vida

500-800

3.000+

Tiempo de recarga

8-12 horas

2-4 horas

Autonomía sumergida (4 kn)

2-4 días

6-9 días


4.2. El S-80 Block II: evolución interna radical

Con los datos obtenidos del S-83 y S-84, se procederá a definir la configuración del Block II para las unidades S-85 y S-86. No se trata de un rediseño del casco de presión ni de un «S-90 encubierto», sino de una evolución interna sustancial sobre la plataforma existente.

Sistema energético evolucionado. Eliminación completa de las baterías de plomo-ácido e instalación de baterías LFP de 175-200 Wh/kg, validadas en el S-84. El sistema AIP BEST se mantiene como extensor de autonomía. La capacidad energética total se estima en 80-100 MWh, proporcionando una autonomía sumergida a 4 nudos de 15-20 días.

Integración de misiles de crucero MdCN. Una de las evoluciones más significativas será la capacidad de ataque a tierra mediante el misil de crucero naval MdCN de MBDA, lanzable desde los tubos de torpedo de 533mm mediante adaptadores específicos. Con alcance superior a 1.000 kilómetros, guiado GPS/INS con actualización en vuelo, y capacidad de penetración en defensas antiaéreas mediante vuelo rasante, el MdCN transforma al S-80 de una plataforma de negación de área en un instrumento de proyección estratégica. Esta integración no requiere la instalación de tubos de lanzamiento vertical (VLS), evitando un costoso rediseño del casco.

Mejoras en sensores, sigilo y capacidad UUV. Sonar de flanco y remolcado de nueva generación optimizado para el Mediterráneo, incluyendo capacidad de muy baja frecuencia (VLFA) para detección pasiva a larga distancia; algoritmos de IA para clasificación automática de contactos; mástiles optrónicos con mayor resolución y capacidad IR mejorada; recubrimientos anecoicos evolucionados; sistema de combate con arquitectura abierta; comunicaciones seguras en inmersión mediante sistemas ELF/VLF y antenas remolcadas; arquitectura de ciberdefensa naval alineada con estándares OTAN (NCIRC); y tubos de torpedo multipropósito compatibles con el lanzamiento y recuperación de Vehículos Submarinos No Tripulados.

Retrofit de la Serie 1: Integración MdCN en S-81 a S-84. Para mantener la homogeneidad de la flota en capacidades de ataque a tierra, se ejecutaría un programa de retrofit durante las grandes carenas de media vida de las unidades S-81 a S-84.

 

5. La revolución de las baterías: el precedente japonés

Mientras Europa debate sobre sistemas AIP, Japón ha dado un salto generacional que redefine lo posible en propulsión submarina convencional.

En 2020 entró en servicio el submarino Oryu (Dragón Fénix), una variante de la clase Soryu cuyo principal cambio es la eliminación del AIP sueco Kockums-Stirling, aprovechando el peso y espacio liberado para instalar una planta de baterías de ion-litio de alta densidad energética (suministradas por GS Yuasa) de aproximadamente 770 toneladas —el 20% del desplazamiento del buque—. Aunque las cifras exactas de capacidad energética permanecen clasificadas, las estimaciones conservadoras sitúan la capacidad en el rango de 100-160 MWh para las unidades más recientes.

Los resultados son notables: autonomía anaeróbica estimada de 18-25 días a baja velocidad (4-5 nudos) y capacidad de sprint extendida a velocidades de combate. Puede merodear bajo el agua a baja velocidad durante varias semanas, superando ampliamente a cualquier configuración AIP convencional.

Japón no se detuvo ahí. En 2022 entró en servicio el Taigei (Gran Ballena), con capacidad de baterías incrementada. Con ocho submarinos 100% eléctricos operativos o en camino, Japón representa hoy el estado del arte en submarinos no nucleares, demostrando la viabilidad operativa del modelo sin AIP.

El mensaje estratégico es claro: el AIP, que representó una revolución en los años 90, está siendo superado por la evolución acelerada de las baterías de litio. Y las verdaderas baterías de estado sólido (SSB), con densidades energéticas de 600-1.000 Wh/kg, están acercándose a la disponibilidad comercial, aunque aún no están desplegadas en aplicaciones navales.

 

6. El salto: la clase S-90

El programa S-90 se fundamenta en un principio rector que evita repetir los errores del S-80: no comprometer un diseño de nueva generación hasta que las tecnologías habilitantes estén suficientemente maduras.

Análisis técnicos (Gutiérrez Fraile, 2026) indican que las baterías de 500 Wh/kg o superior igualan las prestaciones de los mejores sistemas AIP. Por encima de este umbral, el AIP se convierte en peso muerto innecesario. Las baterías SSB de 600-800 Wh/kg, proyectadas para estar comercialmente disponibles y maduras para 2035, permitirían diseñar un submarino 100% eléctrico con prestaciones superiores a cualquier configuración híbrida.

Plan B con Li-ion avanzada: Reconociendo la incertidumbre inherente a las proyecciones tecnológicas, la estrategia contempla un escenario alternativo robusto. Si las baterías SSB navales certificadas no alcanzan el umbral de 500 Wh/kg para 2035, las primeras unidades S-90 (Batch 0) adoptarían una configuración híbrida con baterías Li-ion avanzadas (proyectadas en 300-350 Wh/kg para esa fecha) combinadas con un sistema AIP de nueva generación (fuel-cell de hidrógeno o metanol reformado). Esta aproximación de bajo riesgo garantiza prestaciones superiores al Block II sin depender de tecnologías aún no certificadas para uso naval.

6.1. Planificación y capacidades del S-90

El programa S-90 comenzará su fase de concepto en 2030, siempre que la tecnología SSB naval sea comercialmente viable. Tras un periodo de diseño y construcción, la serie de 4-6 unidades se completará entre 2042 y 2055.

Concepto

Especificación Objetivo (S-90 BE)

Desplazamiento

3.200 - 3.400 toneladas

Autonomía (4 kn)

30 - 40 días en inmersión

Velocidad máxima (20 kn)

30 - 40 horas sostenidas

Capacidad Energética

250 - 300 MWh (Baterías SSB)

Armamento

20-24 unidades (NSM, MdCN, Torpedos, futuro ELSA)

Tecnología adicional

UUVs integrados (ISR y señuelos)

Coste Unitario

~ 1.000 millones de euros

En 2034 se decidiría entre la variante 100% eléctrica (BE) o una híbrida con AIP (HE), dependiendo de la madurez real de las baterías de estado sólido.

El S-90 se proyecta con 200-400 toneladas más que el Taigei japonés (3.000 tn) para acomodar mayor carga de armas (incluyendo MdCN), habitabilidad mejorada para misiones más largas, y sistemas adicionales de guerra electrónica y comunicaciones requeridos por la doctrina OTAN. El incremento es evolutivo y justificado, no un "paper-sub" sobredimensionado.

6.2. Un submarino litoral a la medida de la geografía española

El S-90 no nace como una plataforma genérica, sino como un sistema diseñado específicamente para dominar el entorno operativo de España. Su arquitectura responde a los desafíos únicos de nuestras aguas mediante soluciones de ingeniería de vanguardia:

Maniobrabilidad y presencia en el fondo: la adopción de timones en configuración de X es una pieza clave para la operatividad en aguas poco profundas. Este diseño permite una agilidad superior en entornos restringidos y, lo que es más importante, facilita el fondeo en el lecho marino, una táctica esencial para la vigilancia silenciosa y la persistencia en zonas de costa.

Dominio de puntos críticos: el submarino contaría con una optimización acústica refinada para las complejas condiciones del Mediterráneo. Esta capacidad, unida a su diseño hidrodinámico, garantiza un control efectivo en el Estrecho de Gibraltar y en las aproximaciones al archipiélago canario, asegurando la libertad de movimiento en nuestras rutas más vulnerables.

Adaptación para la guerra híbrida: el S-90 está diseñado como una base de operaciones avanzada para fuerzas especiales, respondiendo a la creciente importancia del litoral en los conflictos actuales. Gracias a una esclusa húmeda dedicada, se facilita la infiltración y extracción discreta de buceadores de combate. Además, permite el despliegue de vehículos de propulsión subacuática (DPV), una capacidad esencial para ejecutar misiones de inteligencia y acción directa donde el sigilo es el factor determinante del éxito.

 

7. Alianzas estratégicas y soberanía industrial

El éxito y la consolidación de un programa de esta envergadura no pueden lograrse de forma aislada. El desarrollo de la clase S-90 requiere profundizar en la alianza estratégica con Francia, un socio con el que España ya comparte una sólida base de cooperación técnica.

Esta colaboración debe cimentarse sobre los logros previos, especialmente la exitosa integración del misil de crucero MdCN. Francia, a través de Naval Group, aportaría igualmente ingeniería especializada en arquitectura para submarinos litorales, como el timón en X, así como optimización operativa en entornos como el Mediterráneo. Esta cooperación garantiza la continuidad en sistemas de armamento avanzado, incluyendo futuros desarrollos europeos como el misil ELSA, mientras Navantia retiene el liderazgo industrial en el diseño y la construcción de las unidades.

Al aprovechar esta experiencia compartida y la transferencia tecnológica mutua, España podrá acelerar su curva de aprendizaje, reducir riesgos industriales y asegurar que la futura clase S-90 sea un referente de soberanía y liderazgo naval en Europa.

Respecto a la propulsión, el acceso a la tecnología de baterías de estado sólido (SSB) es vital para la competitividad de la flota. La estrategia recomendada es de carácter dual: fomentar la autonomía estratégica europea mediante la colaboración con Saft, pero asegurando el calendario del programa con la posible adquisición bajo licencia de baterías de fabricantes asiáticos líderes (como Samsung SDI) para las unidades iniciales S-90. Este enfoque híbrido minimiza los riesgos de retraso tecnológico sin renunciar a la soberanía técnica a largo plazo.

Como pilar fundamental, España debe salvaguardar su soberanía industrial en todo momento. Esto implica mantener el liderazgo absoluto de Navantia en la integración y construcción, garantizando que el mantenimiento y las actualizaciones de la flota se realicen de forma autónoma. La gestión de la propiedad intelectual compartida es clave para permitir desarrollos independientes en el futuro, apoyada siempre por una cadena de suministro nacional capaz de suministrar componentes críticos. Esta hoja de ruta asegura que la capacidad industrial generada sea un activo estratégico nacional inalienable

 

8. Hacia 2050: la fuerza submarina que España necesita

El solapamiento de las clases S-80 (con vida útil extendida tras gran carena) y S-90 permitirá alcanzar una fuerza máxima de 10-12 submarinos operativos durante el periodo 2050-2055, capacidad sin precedentes que posicionará a España como la principal potencia submarina del flanco sur de la OTAN y referente europeo en submarinos convencionales avanzados.

Evolución proyectada de la Fuerza Submarina

Periodo

Clase S-80

Clase S-90

Total operativo

2030

4 (S-81 a S-84)

0

4

2035

5 (S-81 a S-85)

0

5

2040

6 (S-81 a S-86)

0

6

2045

6 (S-81 a S-86)

2 (S-91, S-92)

8

2050

6 (S-81 a S-86)

4-5 (S-91 a S-95)

10-11

Para mantener la homogeneidad de la flota, se ejecutará un programa de retrofit durante las grandes carenas de media vida de las unidades S-81 a S-84 (periodo 2038-2048), que incluirá integración de capacidad MdCN, actualización del sistema de combate al estándar Block II, instalación de sensores evolucionados, y evaluación del retrofit energético a Li-ion según el estado de la tecnología.

Ciclo de vida proyectado de la clase S-80

Unidad

Entrega

Gran Carena

Vida útil

Baja estimada

S-81

2023

2038-2040

35-38 años

2058-2061

S-82

2025

2040-2042

35-38 años

2060-2063

S-83

2029

2044-2046

35-38 años

2064-2067

S-84

2030

2046-2048

35-38 años

2065-2068

S-85

2034

2049-2051

35-38 años

2069-2072

S-86

2036

2051-2053

35-38 años

2071-2074

La inversión total estimada asciende a 8.000-9.800 millones de euros distribuidos en 30 años, representando una media de 270-330 millones anuales. Esta cifra, aunque significativa, es sustancialmente inferior al coste de la inacción: la obsolescencia estratégica, la pérdida del capital industrial acumulado en Cartagena, y la dependencia tecnológica de terceros en un sector crítico para la defensa nacional.

 

Conclusión: el momento de decidir es ahora

España se encuentra en un punto de inflexión histórico tras superar las fases críticas del programa S-80. La transición hacia el S-80 Block II y el posterior salto a la clase S-90 no representan solo una mejora operativa, sino un imperativo de soberanía tecnológica e industrial. Al integrar innovaciones clave como el Proyecto Balit y las futuras baterías de estado sólido, la Armada pasaría de la recuperación de capacidades a liderar la propulsión convencional a nivel global.

España dispone de la base industrial y tecnológica para pasar de la recuperación a la vanguardia. La alternativa es la pérdida de relevancia estratégica y la dependencia total de terceros. El despliegue progresivo de una flota de hasta 10-11 unidades para 2050 garantizará la hegemonía en el Mediterráneo Occidental y el Atlántico, dotando a toda la fuerza de capacidad de ataque a tierra (MdCN) y autonomía sumergida sin precedentes (20-40 días).

Si se ejecuta esta hoja de ruta con disciplina, España no tendrá simplemente “nuevos submarinos”. Tendrá una fuerza submarina tecnológicamente soberana, doctrinalmente letal y capaz de garantizar la seguridad de sus aguas e intereses hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XXI.

La alternativa es la obsolescencia y la dependencia. El momento de decidir es ahora.

 

REFERENCIAS

Friedman, N. (2023). The Naval Institute Guide to World Naval Weapon Systems. Naval Institute Press.

Gutiérrez Fraile, R. (2026, 4 enero). ¿Hay vida más allá del litio? La propulsión submarina del futuro. Revista Ejércitoshttps://www.revistaejercitos.com/articulos/hay-vida-mas-alla-del-litio-la-propulsion-submarina-del-futuro/

Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Documentos de Trabajo sobre capacidades navales. Ministerio de Defensa.

Jane's Fighting Ships 2025/2026. IHS Markit.

Japan Maritime Self-Defense Force (JMSDF). Defense White Paper (ediciones 2023-2025).

Naval Group. Documentación técnica programa Scorpène y capacidades submarinas litorales.

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