Una estrategia para 2050
INTRODUCCIÓN
Tras superar
el aprendizaje industrial del S-80, la Armada debe evolucionar de la mera
recuperación de capacidades en su fuerza submarina, al liderazgo en negación
de área mediante la revolución de las baterías de estado sólido (SSB) en
la futura clase S-90.
Para ello se
desarrolla esta estrategia 2025-2050, articulada en dos ejes: la consolidación
del S-80 Block II como puente tecnológico y el salto disruptivo al S-90,
una plataforma 100% eléctrica concebida para consolidar a España como referente
europeo en submarinos convencionales avanzados y pilar fundamental del flanco
sur de la OTAN. El objetivo es garantizar una soberanía industrial letal y
autónoma en el complejo escenario del Mediterráneo y el Atlántico.
1. El valor operativo del submarino convencional en el siglo XXI
El papel del
submarino ha evolucionado. Frente a los modelos nucleares, diseñados para la
proyección de fuerza y la velocidad oceánica, los submarinos convencionales
de última generación se han consolidado como las plataformas más eficaces
para la negación de área. Su ventaja competitiva radica en el silencio: operan
de forma casi imperceptible en zonas costeras y pasos obligados, aguardando el
momento idóneo para intervenir.
En entornos
litorales y mares semicerrados como el Mediterráneo, la invisibilidad
acústica supera a la fuerza bruta. Para España, esta capacidad es crítica:
con dos fachadas marítimas, dos archipiélagos y el control de un punto
neurálgico como el Estrecho de Gibraltar —por donde transita el 20% del tráfico
marítimo mundial—, la Armada requiere de plataformas que prioricen el sigilo
sobre la velocidad.
El entorno
geopolítico ha sufrido una transformación radical. Argelia ha reforzado su
capacidad de disuasión con seis submarinos clase Kilo 636M dotados de misiles
Kalibr, con un alcance de 1.500 km. Simultáneamente, la competencia entre
grandes potencias ha reactivado la actividad submarina rusa en el Atlántico
Norte y ha introducido la presencia naval china en la región. Las rutas de
comunicación con Canarias presentan hoy una vulnerabilidad que no se veía desde
la Guerra Fría.
2. Del trauma a la oportunidad: dónde estamos hoy
El programa
S-80 pasará a la historia como el mayor desafío industrial-militar de España en
tiempos de paz. Los retrasos superiores a una década, los sobrecostes severos y
el rediseño estructural forzado por errores de cálculo marcaron una primera
etapa traumática que erosionó la credibilidad del proyecto.
Pero
anclarse en el análisis forense de los errores de 2010 es un lujo que la Armada
no puede permitirse. Hoy, la situación es radicalmente distinta: el S-81
Isaac Peral está en servicio operativo, proporcionando datos de referencia
de gran valor; el S-82 Narciso Monturiol completó su botadura en
noviembre de 2025 y se encuentra en pruebas de mar; el S-83 Cosme García
avanza en construcción, con entrega prevista para enero de 2029, siendo la
primera unidad con el sistema AIP BEST de bioetanol integrado de serie; y el S-84
Mateo García de los Reyes sigue en construcción, con entrega programada
para marzo de 2030.
El S-80
representa una plataforma competente: sigilo excelente comparable a los mejores
diseños europeos, sistema AIP BEST de bioetanol (el más eficiente de su
categoría), armamento versátil con torpedos DM2A4/F21, y seis tubos de torpedo
de 533mm con capacidad para 18 armas. Sin embargo, presenta limitaciones que
deben abordarse para el futuro: arquitectura energética basada en baterías de
plomo-ácido (tecnología centenaria), ausencia de capacidad nativa de ataque a
tierra estratégico, y margen de mejora en reducción de firma acústica.
3. la aritmética implacable: por qué cuatro submarinos son pocos
Existe un
consenso técnico inamovible en los círculos de planificación naval: cuatro
submarinos convencionales no constituyen una fuerza submarina creíble para una
nación con las responsabilidades estratégicas de España.
La
aritmética de la disponibilidad operativa es despiadada. Una flotilla de cuatro
SSK proporciona, en el escenario más favorable, entre 1,2 y 1,5 unidades
disponibles de media anual. Considerando los ciclos de gran carena (18-24 meses
cada 15-18 años), mantenimientos programados y periodos de descanso de
dotaciones, España solo podría desplegar un único submarino durante largos
periodos.
Este déficit
de capacidades no es solo una cifra en un balance; se traduce en una
vulnerabilidad que España no puede permitirse. En términos operativos, la
escasez de unidades nos obliga hoy a elegir entre lo esencial y lo urgente.
Actualmente, resultaría imposible mantener una presencia constante en el eje
Baleares-Estrecho —el punto de paso más crítico del Mediterráneo Occidental— y,
simultáneamente, garantizar la protección del Atlántico y el archipiélago
canario.
Esta
limitación trasciende nuestras fronteras y afecta directamente a nuestra
credibilidad internacional. Al no disponer de suficientes plataformas, las
misiones de inteligencia y vigilancia asignadas por la OTAN en el flanco sur
quedarían desatendidas, o bien obligarían a dejar desprotegido el propio
territorio nacional para cumplir con los aliados. Además, intentar cubrir este
vacío con medios insuficientes genera un círculo vicioso de desgaste: el uso
intensivo de las plataformas y la presión constante sobre las tripulaciones
aceleran el agotamiento de los recursos, reduciendo drásticamente su vida útil
operativa.
Para una
potencia marítima con nuestra configuración geográfica, contar con seis
submarinos no es un objetivo ambicioso, sino el mínimo funcional para asegurar
una rotación básica. El verdadero equilibrio estratégico, aquel que permitiría
a España ejercer un control real y sostenible, se sitúa entre las 8 y 12
unidades; una meta que, con la estrategia adecuada, está plenamente al alcance
de nuestra industria.
4. La estrategia del puente y el salto
El error
original del programa S-80 no fue la ambición, sino la gestión del riesgo al
introducir demasiadas tecnologías inmaduras simultáneamente sin plataformas
intermedias de validación. Hoy, la situación es inversa: España dispone de un
diseño base operativo y validado (S-81/S-82) y dos cascos en construcción
(S-83/S-84) que permiten una modulación controlada del riesgo tecnológico.
La
estrategia propuesta se articula en dos movimientos complementarios: un puente
(el S-80 Block II, dos unidades adicionales S-85 y S-86 con mejoras
sustanciales) y un salto (la nueva clase S-90, diseñada desde cero para
aprovechar tecnologías de propulsión revolucionarias).
4.1. El puente: S-83 y S-84
como reductores de riesgo
Los
submarinos S-83 y S-84 no deben concebirse únicamente como activos de combate,
sino como bancos de pruebas en entorno operativo que validen tecnologías antes
de su integración definitiva en configuraciones más avanzadas.
El S-83
validará el AIP BEST. Primera unidad con sistema de Propulsión
Independiente de Aire de serie, su misión incluirá la recolección masiva de
datos sobre autonomía real, fiabilidad logística de la cadena de suministro de
bioetanol, y confirmación de las firmas acústica y térmica del sistema.
El S-84
testaría las baterías de ion-litio. Aquí entra en juego el Proyecto Balit,
la iniciativa de I+D de Navantia en colaboración con Saft para integrar
baterías de iones de litio (Li-ion). La propuesta estratégica consiste en
instalar un módulo experimental de baterías LFP (litio-ferrofosfato) que
represente aproximadamente el 50% de la capacidad total. Esta hibridación de
riesgo calculado permitiría validar sistemas de gestión térmica (BMS),
integración eléctrica con el AIP, y comportamiento en operaciones reales, manteniendo
una red de seguridad con baterías convencionales.
Comparativa de baterías:
Plomo-Ácido vs Li-ion (LFP)
|
Parámetro |
Plomo-Ácido |
Li-ion
(LFP) |
|
Densidad energética |
50 Wh/kg |
150-175 Wh/kg |
|
Ciclos de vida |
500-800 |
3.000+ |
|
Tiempo de recarga |
8-12 horas |
2-4 horas |
|
Autonomía sumergida (4 kn) |
2-4 días |
6-9 días |
4.2. El S-80 Block II: evolución interna radical
Con los
datos obtenidos del S-83 y S-84, se procederá a definir la configuración del
Block II para las unidades S-85 y S-86. No se trata de un rediseño del casco de
presión ni de un «S-90 encubierto», sino de una evolución interna sustancial
sobre la plataforma existente.
Sistema
energético evolucionado. Eliminación completa de las baterías de
plomo-ácido e instalación de baterías LFP de 175-200 Wh/kg, validadas en el
S-84. El sistema AIP BEST se mantiene como extensor de autonomía. La capacidad
energética total se estima en 80-100 MWh, proporcionando una autonomía
sumergida a 4 nudos de 15-20 días.
Integración
de misiles de crucero MdCN. Una de las evoluciones más significativas será
la capacidad de ataque a tierra mediante el misil de crucero naval MdCN de
MBDA, lanzable desde los tubos de torpedo de 533mm mediante adaptadores
específicos. Con alcance superior a 1.000 kilómetros, guiado GPS/INS con
actualización en vuelo, y capacidad de penetración en defensas antiaéreas
mediante vuelo rasante, el MdCN transforma al S-80 de una plataforma de
negación de área en un instrumento de proyección estratégica. Esta integración
no requiere la instalación de tubos de lanzamiento vertical (VLS), evitando un
costoso rediseño del casco.
Mejoras
en sensores, sigilo y capacidad UUV. Sonar de flanco y remolcado de nueva
generación optimizado para el Mediterráneo, incluyendo capacidad de muy baja
frecuencia (VLFA) para detección pasiva a larga distancia; algoritmos de IA
para clasificación automática de contactos; mástiles optrónicos con mayor
resolución y capacidad IR mejorada; recubrimientos anecoicos evolucionados;
sistema de combate con arquitectura abierta; comunicaciones seguras en
inmersión mediante sistemas ELF/VLF y antenas remolcadas; arquitectura de
ciberdefensa naval alineada con estándares OTAN (NCIRC); y tubos de torpedo
multipropósito compatibles con el lanzamiento y recuperación de Vehículos
Submarinos No Tripulados.
Retrofit
de la Serie 1: Integración MdCN en S-81 a S-84. Para mantener la
homogeneidad de la flota en capacidades de ataque a tierra, se ejecutaría un
programa de retrofit durante las grandes carenas de media vida de las unidades
S-81 a S-84.
5. La revolución de las baterías: el precedente japonés
Mientras
Europa debate sobre sistemas AIP, Japón ha dado un salto generacional que
redefine lo posible en propulsión submarina convencional.
En 2020
entró en servicio el submarino Oryu (Dragón Fénix), una variante de la
clase Soryu cuyo principal cambio es la eliminación del AIP sueco
Kockums-Stirling, aprovechando el peso y espacio liberado para instalar una
planta de baterías de ion-litio de alta densidad energética (suministradas por
GS Yuasa) de aproximadamente 770 toneladas —el 20% del desplazamiento del
buque—. Aunque las cifras exactas de capacidad energética permanecen
clasificadas, las estimaciones conservadoras sitúan la capacidad en el rango de
100-160 MWh para las unidades más recientes.
Los
resultados son notables: autonomía anaeróbica estimada de 18-25 días a baja
velocidad (4-5 nudos) y capacidad de sprint extendida a velocidades de combate.
Puede merodear bajo el agua a baja velocidad durante varias semanas, superando
ampliamente a cualquier configuración AIP convencional.
Japón no se
detuvo ahí. En 2022 entró en servicio el Taigei (Gran Ballena), con
capacidad de baterías incrementada. Con ocho submarinos 100% eléctricos
operativos o en camino, Japón representa hoy el estado del arte en submarinos
no nucleares, demostrando la viabilidad operativa del modelo sin AIP.
El mensaje
estratégico es claro: el AIP, que representó una revolución en los años 90,
está siendo superado por la evolución acelerada de las baterías de litio. Y las
verdaderas baterías de estado sólido (SSB), con densidades energéticas de
600-1.000 Wh/kg, están acercándose a la disponibilidad comercial, aunque aún no
están desplegadas en aplicaciones navales.
6. El salto: la clase S-90
El programa
S-90 se fundamenta en un principio rector que evita repetir los errores del
S-80: no comprometer un diseño de nueva generación hasta que las tecnologías
habilitantes estén suficientemente maduras.
Análisis
técnicos (Gutiérrez Fraile, 2026) indican que las baterías de 500 Wh/kg o
superior igualan las prestaciones de los mejores sistemas AIP. Por encima de
este umbral, el AIP se convierte en peso muerto innecesario. Las baterías SSB
de 600-800 Wh/kg, proyectadas para estar comercialmente disponibles y maduras
para 2035, permitirían diseñar un submarino 100% eléctrico con prestaciones
superiores a cualquier configuración híbrida.
Plan B
con Li-ion avanzada: Reconociendo la incertidumbre inherente a las
proyecciones tecnológicas, la estrategia contempla un escenario alternativo
robusto. Si las baterías SSB navales certificadas no alcanzan el umbral de 500
Wh/kg para 2035, las primeras unidades S-90 (Batch 0) adoptarían una
configuración híbrida con baterías Li-ion avanzadas (proyectadas en 300-350
Wh/kg para esa fecha) combinadas con un sistema AIP de nueva generación
(fuel-cell de hidrógeno o metanol reformado). Esta aproximación de bajo riesgo
garantiza prestaciones superiores al Block II sin depender de tecnologías aún
no certificadas para uso naval.
6.1.
Planificación y capacidades del S-90
El programa
S-90 comenzará su fase de concepto en 2030, siempre que la tecnología
SSB naval sea comercialmente viable. Tras un periodo de diseño y construcción,
la serie de 4-6 unidades se completará entre 2042 y 2055.
|
Concepto |
Especificación
Objetivo (S-90 BE) |
|
Desplazamiento |
3.200
- 3.400 toneladas |
|
Autonomía (4
kn) |
30
- 40 días en inmersión |
|
Velocidad
máxima (20 kn) |
30
- 40 horas sostenidas |
|
Capacidad
Energética |
250
- 300 MWh (Baterías SSB) |
|
Armamento |
20-24
unidades (NSM, MdCN, Torpedos, futuro ELSA) |
|
Tecnología
adicional |
UUVs
integrados (ISR y señuelos) |
|
Coste
Unitario |
~
1.000 millones de euros |
En 2034 se
decidiría entre la variante 100% eléctrica (BE) o una híbrida con AIP (HE),
dependiendo de la madurez real de las baterías de estado sólido.
El S-90 se
proyecta con 200-400 toneladas más que el Taigei japonés (3.000 tn) para
acomodar mayor carga de armas (incluyendo MdCN), habitabilidad mejorada para
misiones más largas, y sistemas adicionales de guerra electrónica y
comunicaciones requeridos por la doctrina OTAN. El incremento es evolutivo y
justificado, no un "paper-sub" sobredimensionado.
6.2. Un submarino litoral a la medida de la geografía española
El S-90 no nace como una plataforma genérica, sino como un sistema diseñado específicamente para dominar el entorno operativo de España. Su arquitectura responde a los desafíos únicos de nuestras aguas mediante soluciones de ingeniería de vanguardia:
Maniobrabilidad y presencia en el fondo: la adopción de timones en configuración de X es una pieza clave para la operatividad en aguas poco profundas. Este diseño permite una agilidad superior en entornos restringidos y, lo que es más importante, facilita el fondeo en el lecho marino, una táctica esencial para la vigilancia silenciosa y la persistencia en zonas de costa.
Dominio de puntos críticos: el submarino contaría con una optimización acústica refinada para las complejas condiciones del Mediterráneo. Esta capacidad, unida a su diseño hidrodinámico, garantiza un control efectivo en el Estrecho de Gibraltar y en las aproximaciones al archipiélago canario, asegurando la libertad de movimiento en nuestras rutas más vulnerables.
Adaptación para la guerra híbrida: el S-90 está diseñado como una base de operaciones avanzada para fuerzas especiales, respondiendo a la creciente importancia del litoral en los conflictos actuales. Gracias a una esclusa húmeda dedicada, se facilita la infiltración y extracción discreta de buceadores de combate. Además, permite el despliegue de vehículos de propulsión subacuática (DPV), una capacidad esencial para ejecutar misiones de inteligencia y acción directa donde el sigilo es el factor determinante del éxito.
7. Alianzas estratégicas y soberanía industrial
El éxito y la consolidación de un
programa de esta envergadura no pueden lograrse de forma aislada. El desarrollo
de la clase S-90 requiere profundizar en la alianza estratégica con Francia, un
socio con el que España ya comparte una sólida base de cooperación técnica.
Esta colaboración debe cimentarse
sobre los logros previos, especialmente la exitosa integración del misil de
crucero MdCN. Francia, a través de Naval Group, aportaría igualmente ingeniería
especializada en arquitectura para submarinos litorales, como el timón
en X, así como optimización operativa en entornos como el Mediterráneo. Esta
cooperación garantiza la continuidad en sistemas de armamento avanzado,
incluyendo futuros desarrollos europeos como el misil ELSA, mientras Navantia
retiene el liderazgo industrial en el diseño y la construcción de las unidades.
Al aprovechar esta experiencia
compartida y la transferencia tecnológica mutua, España podrá acelerar su curva
de aprendizaje, reducir riesgos industriales y asegurar que la futura clase
S-90 sea un referente de soberanía y liderazgo naval en Europa.
Respecto a la propulsión, el
acceso a la tecnología de baterías de estado sólido (SSB) es vital para
la competitividad de la flota. La estrategia recomendada es de carácter dual:
fomentar la autonomía estratégica europea mediante la colaboración con Saft,
pero asegurando el calendario del programa con la posible adquisición bajo
licencia de baterías de fabricantes asiáticos líderes (como Samsung SDI) para
las unidades iniciales S-90. Este enfoque híbrido minimiza los riesgos de
retraso tecnológico sin renunciar a la soberanía técnica a largo plazo.
Como pilar fundamental, España
debe salvaguardar su soberanía industrial en todo momento. Esto implica
mantener el liderazgo absoluto de Navantia en la integración y construcción,
garantizando que el mantenimiento y las actualizaciones de la flota se realicen
de forma autónoma. La gestión de la propiedad intelectual compartida es clave
para permitir desarrollos independientes en el futuro, apoyada siempre por una
cadena de suministro nacional capaz de suministrar componentes críticos. Esta
hoja de ruta asegura que la capacidad industrial generada sea un activo
estratégico nacional inalienable
8. Hacia 2050: la fuerza submarina que España necesita
El solapamiento de las clases S-80
(con vida útil extendida tras gran carena) y S-90 permitirá alcanzar una fuerza
máxima de 10-12 submarinos operativos durante el periodo 2050-2055, capacidad
sin precedentes que posicionará a España como la principal potencia submarina
del flanco sur de la OTAN y referente europeo en submarinos convencionales
avanzados.
Evolución proyectada de la Fuerza
Submarina
|
Periodo |
Clase S-80 |
Clase S-90 |
Total operativo |
|
2030 |
4
(S-81 a S-84) |
0 |
4 |
|
2035 |
5
(S-81 a S-85) |
0 |
5 |
|
2040 |
6
(S-81 a S-86) |
0 |
6 |
|
2045 |
6
(S-81 a S-86) |
2
(S-91, S-92) |
8 |
|
2050 |
6
(S-81 a S-86) |
4-5
(S-91 a S-95) |
10-11 |
Para mantener la homogeneidad de la flota, se ejecutará un programa de retrofit durante las grandes carenas de media vida de las unidades S-81 a S-84 (periodo 2038-2048), que incluirá integración de capacidad MdCN, actualización del sistema de combate al estándar Block II, instalación de sensores evolucionados, y evaluación del retrofit energético a Li-ion según el estado de la tecnología.
Ciclo de
vida proyectado de la clase S-80
|
Unidad |
Entrega |
Gran Carena |
Vida útil |
Baja estimada |
|
S-81 |
2023 |
2038-2040 |
35-38
años |
2058-2061 |
|
S-82 |
2025 |
2040-2042 |
35-38
años |
2060-2063 |
|
S-83 |
2029 |
2044-2046 |
35-38
años |
2064-2067 |
|
S-84 |
2030 |
2046-2048 |
35-38
años |
2065-2068 |
|
S-85 |
2034 |
2049-2051 |
35-38
años |
2069-2072 |
|
S-86 |
2036 |
2051-2053 |
35-38
años |
2071-2074 |
La inversión total estimada asciende a 8.000-9.800 millones de euros distribuidos en 30 años, representando una media de 270-330 millones anuales. Esta cifra, aunque significativa, es sustancialmente inferior al coste de la inacción: la obsolescencia estratégica, la pérdida del capital industrial acumulado en Cartagena, y la dependencia tecnológica de terceros en un sector crítico para la defensa nacional.
Conclusión: el momento de decidir es ahora
España se
encuentra en un punto de inflexión histórico tras superar las fases críticas
del programa S-80. La transición hacia el S-80 Block II y el posterior
salto a la clase S-90 no representan solo una mejora operativa, sino un
imperativo de soberanía tecnológica e industrial. Al integrar innovaciones
clave como el Proyecto Balit y las futuras baterías de estado sólido, la Armada
pasaría de la recuperación de capacidades a liderar la propulsión convencional
a nivel global.
España
dispone de la base industrial y tecnológica para pasar de la recuperación a la
vanguardia. La alternativa es la pérdida de relevancia estratégica y la
dependencia total de terceros. El despliegue progresivo de una flota de hasta 10-11
unidades para 2050 garantizará la hegemonía en el Mediterráneo Occidental y
el Atlántico, dotando a toda la fuerza de capacidad de ataque a tierra (MdCN) y
autonomía sumergida sin precedentes (20-40 días).
Si se
ejecuta esta hoja de ruta con disciplina, España no tendrá simplemente “nuevos
submarinos”. Tendrá una fuerza submarina tecnológicamente soberana,
doctrinalmente letal y capaz de garantizar la seguridad de sus aguas e
intereses hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XXI.
La
alternativa es la obsolescencia y la dependencia. El momento de decidir es
ahora.
REFERENCIAS
Friedman, N.
(2023). The Naval Institute Guide to World Naval Weapon Systems. Naval
Institute Press.
Gutiérrez
Fraile, R. (2026, 4 enero). ¿Hay vida más allá del litio? La propulsión
submarina del futuro. Revista Ejércitos. https://www.revistaejercitos.com/articulos/hay-vida-mas-alla-del-litio-la-propulsion-submarina-del-futuro/
Instituto
Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Documentos de Trabajo sobre
capacidades navales. Ministerio de Defensa.
Jane's
Fighting Ships 2025/2026. IHS Markit.
Japan
Maritime Self-Defense Force (JMSDF). Defense White Paper (ediciones
2023-2025).
Naval Group.
Documentación técnica programa Scorpène y capacidades submarinas litorales.

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