Por qué a España no le
conviene apoyarlo, y cómo debe gestionarlo sin conflicto
Introducción: Una conclusión incómoda pero necesaria
El proyecto del Túnel del
Estrecho —una conexión ferroviaria de 40 km entre Punta Paloma (España) y Cabo
Malabata (Marruecos)— resurge cíclicamente como la "obra del siglo".
Presentado como un hito de integración euroafricana, cada reaparición viene
acompañada de una retórica política optimista y estudios que subrayan sus
supuestos beneficios económicos, reavivando una promesa de cooperación que
nunca termina de materializarse.
Sin embargo, cuando se despoja al
proyecto de su envoltorio diplomático y se analiza bajo la lente de la seguridad
nacional y la alta estrategia, emerge una paradoja inquietante: todos los
actores reconocen riesgos estructurales y asimetrías de poder profundas, pero
pocos se atreven a formular la conclusión lógica.
Este artículo parte de una tesis directa, desprovista de condicionales irreales y centrada en el interés nacional: el túnel ferroviario España-Marruecos no interesa estratégicamente a España. No debe apoyarlo, no debe impulsarlo y no debe comprometerse de forma irreversible con él. En geopolítica, no toda conexión es progreso; a veces, la verdadera soberanía consiste en saber cuándo no perforar. España debe gestionar este proyecto no desde el rechazo abrupto, sino mediante una hoja de ruta de dilatación y congelación técnica que proteja los intereses del Estado sin incendiar la relación bilateral.
Lo que sigue no es un rechazo
ideológico, sino un análisis frío de poder relativo, incentivos, riesgos y
precedentes.
1. Supuestos implícitos del análisis
Para elevar este debate por
encima de la retórica y anclarlo en el rigor estratégico, debemos partir de
cuatro premisas fundamentales:
- Conducta del actor: se asume que Marruecos
continuará utilizando instrumentos de presión en la "Zona Gris"
(migración, fronteras, presión económica) para avanzar en sus objetivos de
soberanía territorial.
- Inexistencia de garantías: no existe un
mecanismo de garantía internacional o arbitraje técnico capaz de
neutralizar la capacidad de coacción física que otorga un túnel en manos
de un Estado asertivo.
- Externalización de costes: la Unión Europea
(UE) puede ver con buenos ojos la obra por interés comercial, pero no
asumirá los costes de seguridad, inteligencia y estabilidad que España
debería sufragar en solitario.
- Primacía del poder sobre la eficiencia: en
un entorno de competencia estratégica, las infraestructuras irreversibles
deben evaluarse en términos de poder relativo, no solo de eficiencia
logística.
2. El espejismo de la conectividad: ¿Qué se promete?
Para ser intelectualmente
honestos, conviene empezar por los argumentos a favor. En abstracto, un enlace
fijo ferroviario ofrecería:
- Optimización logística: un flujo
ininterrumpido de mercancías que facilitaría el modelo just-in-time
para la industria europea instalada en el Magreb (automoción, textil).
- Posicionamiento de España como hub: consolidar a la Península como la plataforma logística obligatoria entre
dos continentes.
- Reducción de huella de carbono: sustituir
parte del tráfico marítimo y aéreo por un transporte ferroviario más
eficiente.
- Valor político: permite vender una narrativa
de "visión de futuro" y refuerza el discurso de "asociación
estratégica".
Estos argumentos no son absurdos.
En otro contexto geopolítico, con otros actores (como el caso del Eurotúnel
entre Francia y el Reino Unido), podrían ser incluso convincentes. Pero el
Estrecho de Gibraltar no es el Canal de la Mancha.
3. El problema de fondo: La infraestructura como arma
El error central en muchos
análisis es tratar el túnel como una infraestructura neutral. No lo es. En las
relaciones internacionales contemporáneas, nos encontramos en la era de la interdependencia
armada (weaponized interdependence). Quien controla los nodos y los
flujos posee una herramienta de coacción permanente.
Asimetría estructural de
beneficios y riesgos
Para Marruecos, el túnel
es una ganancia absoluta. Obtiene una conexión física irreversible con
su principal mercado, refuerza su papel como "Puerta de África" ante
el mundo y, sobre todo, adquiere una palanca de presión física sobre el
territorio peninsular español. Sus riesgos son escasos: controla su extremo y
puede modular la cooperación según le convenga.
Para España, el balance es
radicalmente opuesto. España ya es el principal socio comercial de Marruecos;
el túnel no cambia cualitativamente esta relación, pero sí incrementa
cuantitativamente su vulnerabilidad. El beneficio económico es marginal y
disperso, mientras que el riesgo de seguridad es centralizado, masivo e
irreversible. España no gana autonomía; la pierde.
4. El factor de la irreversibilidad estratégica
Este es el concepto clave que
invalida el proyecto. Un ferry se cancela, una ruta aérea se suspende, un
acuerdo comercial se renegocia. Un túnel no se desmonta, no se
"apaga" sin consecuencias catastróficas, y no se neutraliza sin
generar una crisis de dimensiones internacionales.
Una vez perforado el túnel, la
geografía política de España cambia para siempre. España deja de ser una
península protegida por un foso natural de enorme valor defensivo para
convertirse en una frontera terrestre continua con un Estado que utiliza la presión
fronteriza como herramienta de negociación política.
En caso de tensión bilateral,
España tendría solo malas opciones: cerrar el túnel y asumir el coste económico
y político del bloqueo, o mantenerlo abierto bajo presión. Eso convierte la
infraestructura en un rehén estratégico.
5. Guerra Híbrida y el "Armamento" de la Migración
El riesgo de uso del túnel en
tácticas de "zona gris" no es especulativo; está documentado por un
patrón de comportamiento recurrente por parte de Rabat: la Marcha Verde (1975),
la ocupación de Perejil (2002) o la crisis de Ceuta (2021).
5.1. Saturación y crisis
inducida
No se trata de imaginar trenes
cargados de migrantes cruzando cada hora de forma masiva. La doctrina de guerra
híbrida es más sutil: se trata de la capacidad de saturación política.
Un túnel ferroviario permite generar crisis humanitarias instantáneas dentro de
la propia infraestructura. Basta con una relajación deliberada de los controles
en el lado marroquí para que cientos de personas se encuentren en un espacio
confinado de 40 kilómetros bajo el mar, creando un escenario de rescate y
gestión que colapsaría los protocolos de seguridad españoles en minutos. Es una
herramienta de "jaque mate" diplomático.
5.2. Seguridad interior y narcotráfico
Marruecos es el principal
productor mundial de hachís. Un enlace ferroviario de alta capacidad dificulta
la inspección exhaustiva sin colapsar la operatividad, ofrece a las redes
criminales una vía de alta velocidad hacia el corazón de Europa y satura los
recursos de Vigilancia Aduanera, ya tensados en el Campo de Gibraltar.
6. Implicaciones críticas para Ceuta y Melilla
Este es el punto donde el
análisis de defensa es más sombrío. El túnel es un proyecto diseñado para el "bypass"
estratégico de las ciudades autónomas.
- Marginalización geoeconómica: al conectar
Tánger directamente con la Península, el túnel vacía de contenido los
puertos de Ceuta y Melilla. Una ciudad económicamente muerta es
militarmente más difícil de sostener a largo plazo.
- La trampa de la continuidad territorial:
Marruecos podría utilizar el túnel para argumentar que la conexión física
Europa-África ya es una realidad y que las ciudades españolas son
"anacronismos" que obstaculizan la integración.
- Erosión de la disuasión: la necesidad de
proteger un punto crítico de 40 kilómetros bajo el mar obligaría a España
a detraer recursos militares y policiales (inteligencia, unidades de
intervención rápida) de la defensa de los perímetros de Ceuta y Melilla.
7. El espejismo del control: Desmontando el contraargumento
Muchos defensores del proyecto
sostienen que "el control estaría en manos españolas y europeas".
Este argumento ignora la realidad de la soberanía estatal. Marruecos jamás
aceptará una presencia permanente y ejecutiva de agentes españoles en su
territorio con capacidad para detener flujos de forma unilateral. Cualquier
sistema de control compartido será, por definición, vulnerable a la "falta
de cooperación" técnica en momentos de tensión política.
De aquí emana un principio fundamental: las infraestructuras irreversibles solo son viables entre Estados con intereses convergentes y culturas estratégicas compatibles. El túnel solo sería razonable cuando Marruecos dejase de ser Marruecos.
8. Hoja de ruta: El arte de la dilación estratégica
España no puede permitirse una
ruptura bilateral abierta con Marruecos por el proyecto del túnel. Tampoco
puede aceptar una infraestructura irreversible que introduce una vulnerabilidad
estructural de primer orden. La solución no es el rechazo frontal —políticamente
costoso y estratégicamente torpe—, sino la contención elegante.
El objetivo es transformar el
túnel en un proyecto "eternamente posible en teoría, pero inviable en
la práctica". Esta estrategia no es una invención teórica; tiene un
precedente histórico exacto en la relación de España con Francia a través de
los Pirineos.
El precedente de Canfranc: el túnel ferroviario de Somport, inaugurado en 1928 tras décadas de retrasos
diplomáticos, es el manual perfecto de dilatación. Francia, como potencia
dominante, utilizó durante un siglo tácticas de "asimetría técnica":
impuso condiciones de seguridad, financiamientos complejos y prioridades
nacionales contrapuestas que mantuvieron la línea en un estado de precariedad
operativa. Finalmente, en 1970, un incidente técnico menor fue utilizado como
excusa para cerrar la línea internacional de facto durante medio siglo,
preservando la autonomía estratégica francesa sin una ruptura formal con
España. El Túnel del Estrecho debe ser gestionado bajo esta misma doctrina de
"congelación por agotamiento administrativo".
8.1. Multilateralización
controlada: Europeizar para diluir
España debe trasladar la
gobernanza del proyecto al marco de la Unión Europea, no como una delegación de
soberanía, sino como un diseño deliberado de bloqueo estructural. Al
elevar el túnel a nivel continental, España gana aliados naturales (países del
Este o del Norte) que priorizan sus propios riesgos fronterizos sobre la
conectividad mediterránea.
- Mecanismos UE: clasificar el proyecto bajo
el Reglamento de Infraestructuras Críticas (Directiva 2008/114/CE).
Esto somete el avance a auditorías de seguridad europeas que Rabat
difícilmente podrá satisfacer.
- Veto silencioso: garantizar que cualquier
financiación significativa dependa del Fondo de Cohesión o del Marco
Financiero Plurianual (2028-2034), donde España puede forzar
votaciones por unanimidad. En un contexto de ampliación hacia el Este y
apoyo a Ucrania, el túnel del Estrecho siempre quedará fuera de las
prioridades de gasto.
- Narrativa diplomática: presentar la
europeización no como un freno, sino como una "elevación del proyecto
a estándar global", lo cual es políticamente irreprochable para
Marruecos.
8.2. La seguridad como
condición previa insalvable
La seguridad no debe ser un
problema a resolver durante la obra, sino una barrera absoluta antes
de la primera perforación. España debe exigir un acuerdo de interoperabilidad
incluso más estricto que el del Eurotúnel.
- Protocolos de cierre automático: establecer
cláusulas de suspensión inmediata del tránsito basadas en inteligencia
satelital o IA que detecten "fluctuaciones anómalas" en los
flujos migratorios del Estrecho o presión en las vallas de Ceuta y
Melilla.
- Soberanía de inspección: exigir inspección
intrusiva 1:1 en origen, con presencia permanente de agentes de la
Guardia Civil y Frontex en suelo marroquí. Si Rabat rechaza esta
"intromisión" en su soberanía, el bloqueo será responsabilidad
de Marruecos, no de España.
- Anticipación de riesgos: en caso de que
Marruecos intente acelerar el proyecto vía lobbies privados, España debe
escalar el conflicto a arbitrajes técnicos sobre sismicidad y riesgo
ambiental, ganando décadas de tiempo procesal.
8.3. Vinculación
presupuestaria y subordinación estratégica
España debe gestionar el
calendario para que el túnel nunca llegue a su "ciclo de
oportunidad". Un proyecto que no nace en el momento fiscal adecuado, muere
por obsolescencia.
- Inviabilidad económica por diseño: al
imponer estándares de seguridad extremos (biometría, escaneo total,
trazabilidad), el flujo ferroviario se vuelve tan lento que pierde toda
ventaja competitiva frente al barco. Un túnel seguro es, por definición,
un túnel deficitario.
- Competencia de fondos: vincular el proyecto
a la finalización previa del Corredor Mediterráneo y el Atlántico. Ante la
opinión pública y la UE, España siempre podrá argumentar con éxito que
"primero deben conectarse las redes europeas internas antes de saltar
a otro continente".
8.4. Prioridad a las
alternativas reversibles (conectividad sostenible)
Para mantener la imagen de socio
cooperador, España debe liderar activamente mejoras que refuercen la conexión
comercial, pero mantengan intacto el "foso marítimo", que es
su principal activo de defensa.
- Inversión en la flota marítima: promover
ferris de alta capacidad y "autopistas del mar"
digitales. Esto ofrece beneficios inmediatos (reducción del 20% en tiempos
de tránsito) sin crear un vínculo físico permanente.
- Coaliciones de opinión: forjar alianzas con
ONGs ambientales y think tanks europeos para destacar el riesgo
geológico de la zona. Transformar el debate de "conectividad" en
uno de "riesgo ecológico catastrófico".
Conclusión: Claridad estratégica sin estridencias
El túnel España-Marruecos no es
un proyecto "arriesgado pero prometedor". Es una infraestructura
estructuralmente desfavorable para los intereses de España. No se trata de
hostilidad, sino de realismo: los incentivos no son simétricos y el poder
relativo no está equilibrado.
La responsabilidad española no es
acelerar el proyecto, sino administrar el tiempo, el procedimiento y la
ambigüedad como herramientas de defensa nacional. En el Estrecho de Gibraltar,
la mejor política no es la conexión total, sino la capacidad permanente de
decir "no" sin que el sistema se derrumbe.
La estrategia correcta es la
contención elegante: no apoyarlo, no impulsarlo y dejar que el tiempo, la
geología y la burocracia europea hagan el resto. En estrategia, la verdadera
visión de Estado consiste en saber qué puertas deben permanecer cerradas para
garantizar la seguridad de la casa.
En el Estrecho de Gibraltar, la mayor garantía de libertad para España sigue siendo el mar. Nuestra responsabilidad es que así siga siendo.
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