lunes, 1 de diciembre de 2025

España el día después del FCAS

Del programa fallido a la oportunidad estratégica

 

Introducción: Crónica de una Muerte Anunciada

El programa FCAS, símbolo de la autonomía estratégica militar europea, atraviesa un momento delicado que puede acabar siendo su fin. Las tensiones entre Dassault Aviation y Airbus D&S han mutado de simples disputas comerciales a un choque estructural de filosofías nacionales, paralizando el progreso técnico del programa. Mientras Francia busca un liderazgo indiscutible para proteger su independencia de diseño, Alemania y España exigen un modelo de cooperación entre iguales que garantice el retorno tecnológico y la carga de trabajo industrial.


Ante el riesgo real de colapso del programa, España se enfrenta a la decisión más trascendental de su historia aeronáutica reciente. Si el programa acaba fracasando implicaría la obsolescencia operativa del Ejército del Aire hacia 2040 y la descapitalización intelectual de una industria clave para España, como la aeroespacial. Sin embargo, esta crisis esconde una oportunidad paradójica: la posibilidad de que España realinee sus alianzas y forje una capacidad aeroespacial más autónoma, avanzada y flexible que la que habría obtenido como socio minoritario en un FCAS exitoso.

 

I. El Diagnóstico: La Trampa de la Inacción y las Falsas Soluciones

Para comprender la magnitud del desafío, es imprescindible diseccionar primero la situación actual de la defensa nacional. España carece del músculo financiero de Alemania o de la base industrial y tecnológica francesa para desarrollar un caza de sexta generación en solitario, cuyo coste de I+D superaría los 50.000 millones de euros.

El dilema de la flota actual

El reloj corre en contra de la operatividad española. La flota operativa actual de 141 cazas (69 Eurofighter y 72 EF-18 Hornet) se enfrenta a una espada de Damocles por la finalización de la vida útil de los EF-18, con más de 35 años de uso, teniendo prevista su salida de servicio paulatina hasta 2035. Sin embargo, solo se han encargado 45 nuevos Eurofighter para su sustitución, lo que amenaza con crear un vacío de capacidades.

Por qué fallan las alternativas convencionales

Ante la posible ruptura del FCAS, surgen opciones que, bajo un análisis riguroso, resultan contraproducentes:

  1. La vía francesa (Dassault): Unirse a una alternativa liderada exclusivamente por Francia (un hipotético "Super Rafale" de sexta generación) convertiría a la industria española en un mero taller de ensamblaje, perdiendo la autoridad de diseño (Design Authority) y soberanía industrial.
  2. La vía alemana-sueca ("Airbus Plus"): Una alianza entre Alemania, España y Suecia (SAAB) sería pragmática y más económica, pero con menor experiencia crítica en tecnología stealth (sigilo) que la que posee el Reino Unido. Además de la incertidumbre sobre el éxito final, los plazos históricos sugieren que un caza desarrollado por este consorcio no estaría listo hasta 2045-2050, demasiado tarde para cubrir las carencias a medio plazo.
  3. La solución americana (F-35): Aunque tentadora para los militares por su eficacia inmediata, la compra del F-35 es "venenosa" para la industria nacional. Limitaría al sector aeroespacial español al mantenimiento básico de la aeronave. Más grave aún sería la pérdida de soberanía operativa: España no tendría control total sobre las misiones, especialmente aquellas que afectasen a amenazas "no compartidas" con la OTAN, como Marruecos.

 

II. La estrategia del "Escudero LEAL": Tres Pilares para la Soberanía

La solución óptima requiere un equilibrio delicado para mantener la soberanía operativa sin diluir la capacidad industrial en alianzas desiguales. La estrategia propuesta se estructura en tres pilares.

Primer pilar. Consolidación táctica (2025-2035): El Eurofighter como columna vertebral

La prioridad inmediata es asegurar la defensa aérea mientras se clarifica el horizonte de la sexta generación. España debe doblar su apuesta por el Eurofighter, expandiendo las tranches 2 y 3 hacia el estándar Long Term Evolution (LTE) y adquiriendo nuevas unidades de la versión más actual T5:

  • Adquisición estratégica: Se propone la compra de 25 Eurofighter T5 adicionales entre 2026 y 2030, con un coste estimado de 4.500 millones de euros, para sustituir "uno por uno" a los F-18 en vías de obsolescencia, manteniendo la flota de combate aéreo en unos 140 aparatos.
  • Relevancia tecnológica: El estándar LTE incluye radares de última generación, mayor capacidad de procesamiento y una arquitectura preparada para controlar sistemas no tripulados, asegurando que el Eurofighter sea relevante en el futuro como "camión de armas" y plataforma de mando.

Con estas actualizaciones, todos los Eurofighter españoles, excepto los de la tranche 1, tendrían capacidades de integración con drones. El final de la vida útil de los 17 Eurofighter de la T1, recientemente modernizados, estaría entre los años 2045 y 2050, fecha en la que deberían ser relevados. El resto de las tranches, modernizadas al estándar Long Term Evolution, extenderían su vida útil hasta más allá del 2050.

Segundo pilar. Capacidad de sexta generación (2035-2045): Cambio de eje al GCAP (Reino Unido / Italia / Japón)

La alternativa actualmente más sólida al FCAS es el Global Combat Air Programme (GCAP), anteriormente conocido como Tempest. Dado que Italia y Reino Unido ya comparten la cadena logística del Eurofighter con España, unirse a este programa sería reunir de nuevo a parte de la "familia Eurofighter".

Sin embargo, la estrategia de entrada debe ser quirúrgica. España no debe aspirar a ser un socio desarrollador desde cero, para lo que ya llega tarde y con escasa capacidad de decisión, sino posicionarse como un cliente Premium, con alto retorno industrial. España se comprometería a adquirir 48 cazas GCAP entre 2035 y 2045 y, para reemplazar a los Eurofighter T1 al final de vida útil, 12 cazas adicionales entre 2045 y 2050.

  • El modelo F-18 como precedente: En 1983, España compró 72 F-18 obteniendo compensaciones extraordinarias: capacidad de integración propia, mantenimiento completo y transferencias tecnológicas que permitieron fundar el sector aeroespacial español moderno. Con una inversión prevista de 13.000-14.000 millones de euros por 60 cazas GCAP, España debe exigir condiciones similares o superiores.
  • Exigencias Industriales Concretas:
    • Carga de trabajo del 10-12%: Justificado por el volumen de compra, centrando el trabajo en áreas de competencia real como el ensamblaje final en Getafe, la fabricación de estabilizadores y paneles stealth, y sistemas de guerra electrónica.
    • Hub regional de mantenimiento: Negociar un centro de mantenimiento de nivel 3, conocido como MRO (Maintenance, Repair, and Overhaul), en España, garantizando soberanía logística y negocio futuro.
  • Transferencias tecnológicas: España debe aprovechar la inversión en la compra del GCAP para obtener las tecnologías habilitadoras "aguas arriba": materiales stealth y cerámicos, componentes de comunicación, y procesos industriales para sensores AESA (GaN) y fibra de carbono.
  • Soberanía del Software: Aunque el acceso al código fuente total es inviable, España debe asegurar la "equivalencia funcional" mediante arquitecturas abiertas. Esto implica tener la capacidad de integrar armamento propio y modificar las librerías de amenazas sin pedir permiso al consorcio, operando un laboratorio de software soberano en el CLAEX, tal y como se hizo con el F-18 en su momento.

Tercer pilar. La joya de la Corona (2035-): Soberanía mediante un CCA autóctono

Aquí reside la verdadera apuesta por la independencia tecnológica. Mientras que en el caza tripulado España actúa como cliente “especial”, en el ámbito de los sistemas no tripulados debe asumir el liderazgo total. Se propone el desarrollo nacional de un Avión de Combate Colaborativo (Collaborative Combat Aircraft-CCA), comúnmente conocido como Loyal Wingman, capacitado para colaborar tanto con el Eurofighter como con el GCAP.

  • El hueco en el mercado: Aunque Japón está trabajando en programas loyal wingman para el GCAP, Europa carece de un programa CCA consolidado para este programa. Reino Unido ha paralizado su proyecto Mosquito e Italia no tiene uno propio, lo que abre una ventana de oportunidad única para que España lidere este nicho, al menos en una pata europea compatible con Eurofighter y GCAP.
  • Concepto operativo: El CCA español sería un dron transónico, de baja observabilidad y coste "sacrificable" (15-20 millones de euros). Actuaría como multiplicador de fuerza, operando en enjambres de 2 a 4 unidades controladas por cada caza tripulado.
  • Roles tácticos:
    1. Señuelo: Adelantarse para activar defensas enemigas y absorber fuego.
    2. Arsenal Volante: Portar misiles extra controlados por el caza "madre".
    3. ISR Avanzado: Actuar como sensor extendido en territorio hostil.
    4. Supresión de Defensas (SEAD): Neutralizar sistemas antiaéreos sin arriesgar vidas humanas.
  • Soberanía del dato: Al desarrollar la IA y el software de vuelo en territorio nacional, el Ministerio de Defensa asegura que ningún actor externo pueda "apagar" sus armas o vetar su uso, a diferencia de lo que ocurre con sistemas como el F-35.

El coste de desarrollo rondaría los 2.000-3.000 millones de euros, a los que habría que añadir unos 2.250 o 3.000 millones adicionales para producir 150 loyal wingman. Con esa flota de drones colaborativos, España ganaría una capacidad de combate que sería imposible de lograr comprando más cazas tripulados, debido a su prohibitivo coste. 

 

III. COMPARATIVA DE ALTERNATIVAS PARA ESPAÑA

Para comprender con claridad las opciones estratégicas disponibles tras un posible colapso del FCAS, se presenta una comparativa entre las cuatro alternativas principales: alinearse con Francia, con Alemania/Suecia, adquirir el F-35 como solución puente o comprar el GCAP y desarrollar un CCA propio.

La única opción que preserva la soberanía operativa, crea retornos industriales significativos, mantiene la coherencia temporal tras la retirada del EF-18, y abre una vía realista hacia un ecosistema de drones de combate, es la compra estratégica en el GCAP acompañada de un programa nacional de CCA.


IV. Impacto Industrial y Retorno Tecnológico

La ejecución de esta estrategia no solo tiene fines militares, sino que está diseñada para reindustrializar el sector tecnológico español con un enfoque inteligente.

Estructura del consorcio nacional

El desarrollo del CCA debería realizarse mediante un consorcio de nueva creación con participación estatal estratégica (25% vía CDTI/SEPI) para proteger los intereses nacionales mediante una "acción de oro", con derecho de veto respecto a las decisiones contrarias a los intereses nacionales.

España se encuentra en el punto de madurez industrial suficiente para liderar un CCA, objetivo que resulta inalcanzable en el caso de un caza tripulado de sexta generación. No sólo por el desafío financiero que supone disponer de los más de 50.000 millones de euros necesarios en I+D, sino por los vacíos tecnológicos específicos en áreas críticas: capacidad soberana para desarrollar el núcleo caliente de un motor de combate de alto rendimiento o para ejecutar la ingeniería stealth de primer nivel necesaria para una plataforma tripulada de esa complejidad.

Sin embargo, esta barrera desaparece con el CCA. Al tratarse de una plataforma transónica y “sacrificable”, las exigencias termodinámicas y estructurales descienden hasta alinearse con las capacidades existentes. ITP Aero posee la competencia para motorizar eficientemente un sistema no tripulado, mientras que el tándem Airbus-Indra, complementadas por la excelencia de GMV en navegación y Sener en actuadores, cuenta con la madurez en aeroestructuras y sistemas de misión necesaria para integrar la baja observabilidad en un dron, permitiendo a España liderar un sistema completo precisamente porque no requiere la tecnología extrema que le falta para el caza. Esta competencia no es teórica, sino que capitaliza la experiencia real adquirida en programas previos como el demostrador nEUROn, el programa Eurodrone y el táctico SIRTAP, permitiendo a España ejercer por primera vez la autoridad de diseño completa en un programa de coste asumible (~2.000-3.000 millones de desarrollo) en lugar de limitarse a manufacturar trozos de planos ajenos.

Este consorcio nacional garantizaría que la propiedad intelectual (IP) fuera española, además de la libre exportación (ITAR free), evitando bloqueos políticos de terceros países. De esta forma, por primera vez desde la integración de CASA en Airbus, España dejaría de construir partes de aviones ajenos para desarrollar su propio sistema completo, y crearía su primer avión propio con capacidad de diseño para generar un futuro ecosistema español de CCA, que posicionaría a nuestro país como uno de los referentes europeos en sistemas no tripulados de combate.

Potencial exportador

A diferencia de los cazas de sexta generación, cuyo precio prohibitivo limita su mercado, el loyal wingman español tendría un mayor potencial de exportación. Al diseñarse para ser compatible con Eurofighter y GCAP, podría convertirse en una opción para naciones como Alemania, Arabia Saudita, Austria, Gran Bretaña, Italia, Kuwait, Omán, Qatar, Turquía y Japón, así para otros países que puedan operar estas plataformas, pero carecen de un dron de acompañamiento propio. Esta compatibilidad podría extenderse a una amplia gama de aviones y helicópteros de Airbus y Leonardo.

 

V. La Visión Operativa: El Ejército del Aire en 2045

Si se implementa esta hoja de ruta, a mediados de siglo España contaría con una fuerza aérea estructurada en capas, comparable cualitativamente a naciones con presupuestos muy superiores.

  1. La base (masa crítica): ~140 Eurofighter modernizados, que manejarían el 75% de las misiones diarias: policía aérea, patrullas y defensa territorial. Su capacidad para controlar drones extenderá su vida útil más allá de 2050.
  2. La punta de lanza (alta gama): 48-60 cazas GCAP, reservados para el 25% de misiones de máxima complejidad: penetración en espacios negados, ataque estratégico profundo y superioridad aérea contra amenazas avanzadas.
  3. El multiplicador de fuerza: ~150 CCA españoles que permitirían saturar al enemigo. En conflictos de alta intensidad, formarían la primera oleada de ataque, asumiendo el riesgo máximo mientras los pilotos coordinan desde la retaguardia.

Esta estructura mixta permite operar de forma autónoma en escenarios regionales (como el norte de África) mientras se mantiene una contribución de alto valor en coaliciones OTAN.

 

VI. Viabilidad Financiera

El conjunto del plan expuesto, con sus tres pilares (compra de Eurofighter y GCAP, desarrollo y producción de CCA), supondría las siguientes magnitudes para el presupuesto español:

  • Coste Total: Se estima entre 22.000 y 24.000 millones de euros distribuidos en 20 años (2026-2045).
  • Impacto Anual: Esto supone una inversión promedio de 1.100-1.200 millones de euros anuales, lo que representa apenas el 2,75-3% del presupuesto de defensa futuro (proyectado en torno a 40.000 millones anuales).
  • Escalonamiento:
    • 2026-2030: Compra de Eurofighter y negociación del GCAP.
    • 2031-2035: Inversión intensiva en I+D del CCA y prototipos.
    • 2036-2045: Pagos principales del GCAP y producción en serie del CCA, compensados parcialmente por las primeras exportaciones del dron.

 

Conclusión: De la Dependencia al Liderazgo Inteligente

La posible cancelación del FCAS no debe verse como el fin del mundo. Lejos de ser una catástrofe, este escenario puede derivar en una transformación necesaria hacia una mayor autonomía real.

La estrategia propuesta evita la trampa de la dependencia total, así como la fantasía de la autarquía inasumible. Al combinar la compra inteligente de tecnología punta (GCAP) con el desarrollo soberano de cazas autónomos (CCA), España puede pasar de ser el "tercer socio irrelevante" en proyectos europeos a convertirse en un líder global en sistemas no tripulados.

Es el momento de dejar de obsesionarse con construir el fuselaje de los aviones de otros para empezar a construir el "cerebro" y los escoltas de la flota del futuro. Mejor cabeza de ratón, que cola de león. En el siglo XXI, la verdadera soberanía no se medirá por las capacidades del avión tripulado, sino por la propiedad del cerebro que lo gobierna. Con decisión política y compromiso presupuestario, España estaría en 2045 mejor posicionada estratégica e industrialmente de lo que jamás hubiera estado bajo la sombra del FCAS.

 

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