jueves, 5 de febrero de 2026

Ceuta, Melilla y los mitos que nos dejan indefensos

Análisis estratégico para un debate necesario

 

Introducción

En el debate español sobre seguridad y defensa, Ceuta y Melilla suelen abordarse desde certezas heredadas que hoy son poco más que castillos de naipes.

En pleno 2026, la realidad es que mientras España se apoya en dogmas del pasado, Marruecos ha culminado una metamorfosis militar sin precedentes. Con una inversión récord en drones de ataque, fuegos de precisión y sistemas de inteligencia avanzada, el equilibrio en el Estrecho de Gibraltar, uno de los chokepoints más críticos del planeta, ha cambiado irreversiblemente.

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Confundir la diplomacia con la seguridad es un lujo que ya no nos podemos permitir. En este tablero no solo juegan Madrid y Rabat; las sombras de Estados Unidos, Francia e Israel proyectan intereses que, a menudo, divergen de la soberanía española. Mientras Washington ve en Marruecos un socio clave contra la inestabilidad en el Sahel, París e Israel priorizan sus lazos industriales y de inteligencia con el Reino Alauí, y España corre el riesgo de quedarse sola defendiendo un statu quo que sus aliados ya consideran secundario.

Para proteger el futuro de los enclaves, primero debemos desmantelar los once mitos que paralizan nuestra capacidad de respuesta y nublan nuestra visión de la guerra moderna.

 

Mito 1: “Ceuta y Melilla están automáticamente cubiertas por el Artículo 5 de la OTAN”

Este es, probablemente, el mito más peligroso de todos.

Ni Ceuta ni Melilla aparecen explícitamente mencionadas en el Tratado del Atlántico Norte. el Artículo 6 delimita geográficamente el ámbito del Tratado a Europa, América del Norte, islas al norte del Trópico de Cáncer y Turquía, dejando Ceuta y Melilla fuera de la garantía automática.

El Artículo 4 sí permite consulta inmediata y desde la Cumbre de Madrid 2022 hay mayor sensibilidad al flanco sur, pero no habría activación “automática” por un ataque a Ceuta o a Melilla. Su eventual cobertura requeriría consenso en el Consejo del Atlántico Norte. En un incidente limítrofe o híbrido, ese consenso podría no llegar nunca.

En el tablero geopolítico actual, la seguridad de las ciudades autónomas recae primordialmente en la disuasión soberana de España, más que en un automatismo internacional que carece de blindaje jurídico sólido.

Creer que la OTAN garantiza por sí sola la defensa de los enclaves es un acto de fe, no una certeza jurídica ni militar.

 

Mito 2: “Marruecos nunca se atreverá porque España es UE y OTAN”

La pertenencia a la UE y a la OTAN no disuade por sí misma frente a escenarios diseñados para situarse por debajo del umbral de guerra abierta.

La disuasión no es un concepto estático; pierde eficacia ante escenarios diseñados específicamente para operar bajo el umbral de guerra abierta.

La historia y la estructura de estas organizaciones revelan debilidades críticas:

  • La UE y su lentitud: Aunque el Artículo 42.7 del Tratado de la Unión establece una cláusula de asistencia mutua, su implementación es política y nunca se ha comprobado en una crisis de soberanía territorial de este calibre.
  • La ambigüedad de la OTAN: La Alianza respondería con firmeza ante agresiones masivas y convencionales en su zona de cobertura; pero las amenazas híbridas como la presión migratoria, el sabotaje, la coerción económica o el uso de drones están diseñadas para no cruzar esa "línea roja" que activaría una respuesta colectiva.

Marruecos es consciente de estas costuras, puede emplear una presión gradual que deje a nuestros aliados en una parálisis burocrática. Creer que la mera membresía internacional garantiza la inmunidad es ignorar que, en el juego estratégico moderno, el adversario no busca la victoria militar total, sino el desgaste constante y la erosión de la voluntad política.

Un ejemplo paradigmático es la crisis de la Isla de Perejil en 2002, que ilustra perfectamente esta fragilidad:

  • OTAN: Se mantuvo al margen, calificando el incidente como un asunto bilateral. Al no ser territorio cubierto por el Tratado, la Alianza evitó cualquier implicación directa.
  • UE: Aunque hubo declaraciones de apoyo político, la respuesta fue lenta y puramente diplomática. De hecho, Francia mantuvo una postura ambigua, priorizando sus relaciones con Rabat.

Este caso confirmó que, ante una crisis de baja intensidad, España debe estar preparada para actuar de forma soberana y unilateral. La ayuda externa no es una constante, sino una variable dependiente de los intereses nacionales de cada aliado en ese momento preciso.

 

Mito 3: “Ceuta y Melilla son indefendibles, así que no merece la pena invertir”

Las ciudades no son indefendibles por su falta de "profundidad estratégica". Este axioma es, en realidad, una decisión política disfrazada de limitación geográfica. Las ciudades son indefendibles por una doctrina militar obsoleta que no se ha adaptado a las nuevas realidades del campo de batalla.

Modelos contemporáneos como los de Israel, Taiwán o Singapur demuestran que territorios reducidos pueden ser inexpugnables si se invierte en:

  • Defensas de alta densidad: no se trata de metros de tierra, sino de saturación de capacidades.
  • Superioridad en sensores: ver antes que el adversario para anular su ventaja numérica.
  • Guerra electrónica: controlar el espectro para neutralizar drones y comunicaciones.

Actualmente, Marruecos ha modernizado su arsenal con drones Akinci y misiles de largo alcance, mientras que España mantiene los enclaves sin defensas antidrone multicapa ni resiliencia energética reforzada.

Aceptar que son "indefendibles" es una forma cómoda de justificar la inacción estratégica. La tecnología moderna permite convertir estas ciudades en fortalezas digitales y cinéticas, siempre que exista la voluntad política de invertir en ello.

 

Mito 4: “Si no provocamos a Marruecos, no habrá problema”

Uno de los errores más críticos en la política exterior española es creer que la estabilidad de Ceuta y Melilla depende del tono diplomático de Madrid. Este mito sugiere que, si no "provocamos" a Rabat, la amenaza desaparecerá. Sin embargo, la realidad estratégica es estructural: la reivindicación marroquí sobre las ciudades autónomas es un pilar innegociable de su identidad nacional.

Esta ambición no es reactiva ni coyuntural; es una política de Estado que trasciende gobiernos. La historia y la actualidad lo confirman:

  • Fundamento constitucional: la reivindicación de las “fronteras auténticas” está inscrita en la Constitución marroquí de 2011 e integrada en el relato estratégico de Marruecos, como muestran sus discursos oficiales de 2025 y 2026.
  • La trampa de la calma: confundir un periodo de distensión diplomática con una renuncia estratégica es un error histórico. Para Marruecos, la calma es a menudo una herramienta para consolidar posiciones antes de la siguiente fase de presión.

La soberanía no se garantiza mediante el apaciguamiento, sino a través de una disuasión creíble. Ignorar que el objetivo final de Marruecos es la anexión no evita el conflicto; simplemente deja a España sin iniciativa cuando el vecino decida reactivar su hoja de ruta expansionista.

 

Mito 5: “La profesionalidad del Ejército compensa cualquier desventaja”

Si bien la profesionalidad de nuestros militares es indiscutible, la guerra moderna en escenarios como Ucrania ha demostrado que el valor y la competencia no pueden sustituir a la masa tecnológica.

La realidad técnica del combate actual impone límites infranqueables al esfuerzo humano:

  • Tecnología vs. Valor: la mejor preparación táctica es inútil frente a enjambres de drones que operan fuera del alcance visual o armas de saturación que no encuentran una defensa antiaérea de punto (C-RAM/SHORAD) adecuada.
  • Carencias reales: por muy disciplinado que sea un soldado, no puede detener un misil de crucero con un fusil ni frenar un apagón cibernético a base de coraje. La voluntad no sustituye a la técnica.

La excelencia individual es un multiplicador de fuerza, pero la realidad es terca. No se puede multiplicar lo que no existe.

Sin una apuesta firme por sistemas antidrones, guerra electrónica y defensas aéreas de última generación, estamos cometiendo el error de pedirle a nuestros militares que cubran con sacrificio personal los huecos que solo la tecnología puede llenar.

 

Mito 6: “Los carros de combate garantizan que Marruecos no pueda entrar”

Persiste la idea de que el despliegue de carros de combate es el factor disuasorio definitivo para impedir una incursión en Ceuta y Melilla. Sin embargo, esta visión pertenece a una doctrina del siglo XX. En el campo de batalla actual, saturado de sensores y amenazas asimétricas, el blindado ha perdido su papel de eje central de la defensa territorial.

La realidad operativa moderna nos muestra que un carro de combate:

  • Vulnerabilidad aérea: es incapaz de controlar el espacio aéreo inferior, quedando expuesto a municiones merodeadoras y drones de bajo coste.
  • Fragilidad logística: su despliegue y mantenimiento en entornos urbanos o reducidos pueden provocar una parálisis logística si las líneas de suministro son interceptadas.
  • Dependencia de apoyos: sin una cobertura electrónica y antiaérea integral, un blindado pesado es simplemente un objetivo de alto valor fácilmente localizable.

El carro de combate sigue siendo una herramienta útil en la combinación de armas, pero ya no es decisivo por sí solo. Confiar la integridad de los enclaves únicamente a la potencia de fuego tradicional, ignorando la revolución de los sistemas no tripulados, es prepararse para una guerra que ya no existe.

 

Mito 7: “Siempre podremos reforzar desde la península”

Este supuesto es uno de los pilares más frágiles del planeamiento tradicional.

La capacidad de proyección española se enfrenta a una realidad táctica hostil: un entorno A2/AD (Anti-Acceso y Denegación de Área) cada vez más sofisticado en el Estrecho y el Mar de Alborán.

La geografía juega en contra de la logística de refuerzo:

  • Alcance de fuego: los puertos y aeródromos de Ceuta y Melilla se encuentran a menos de 50 km de la artillería y sistemas HIMARS marroquíes, y bajo el radio de acción de los drones Akinci y misiles de crucero.
  • El Estrecho como cuello de botella: Marruecos ha reforzado sus capacidades para negar el control aero-naval durante las primeras 72 horas, lo que podría bloquear el envío de tropas.

Sin una defensa autónoma robusta en las ciudades que sea capaz de resistir el envite inicial, el refuerzo peninsular podría llegar demasiado tarde para defender la posición, y más tarde aún para intentar recuperar un territorio tras un hecho consumado. La estrategia debe girar hacia la autosuficiencia defensiva inmediata.

 

Mito 8: “Una guerra sería clásica, visible y declarada”

El último gran mito es imaginar un conflicto al estilo del siglo XX, con declaraciones formales y columnas de tanques cruzando la frontera. En la realidad de 2026, el escenario más probable es una agresión en la "zona gris", diseñada específicamente para evitar una respuesta militar clara.

Marruecos ha perfeccionado capacidades para ejecutar una escalada controlada mediante:

  • Negación plausible: acciones de sabotaje cibernético o ataques de drones sin identificación clara.
  • Coerción híbrida: el uso de presión migratoria combinada con jamming (interferencia electrónica) para cegar nuestras defensas sin disparar una sola bala.
  • Acciones graduales: pequeños pasos que, por separado, no justifican una guerra, pero que sumados alteran el statu quo.

Esperar una invasión visible para actuar es la receta perfecta para el fracaso estratégico. La seguridad de Ceuta y Melilla no se juega en una gran batalla final, sino en la capacidad de detectar y anular estas micro-agresiones antes de que se conviertan en un hecho consumado irreversible.

 

Mito 9: “España tiene superioridad tecnológica suficiente”

España dispone de una industria de defensa avanzada, pero la tecnología que no está desplegada, a efectos prácticos, no existe.

En el teatro de operaciones de Ceuta y Melilla, la superioridad teórica se diluye ante carencias materiales críticas y permanentes:

  • Sistemas C-UAS (antidrón): no existe una red densa capaz de neutralizar ataques de saturación en las ciudades autónomas.
  • Guerra electrónica persistente: falta una infraestructura que proteja el espectro electromagnético de forma constante, no solo durante maniobras puntuales.
  • Vigilancia continua: la ausencia de sensores aéreos y de superficie integrados en una red de respuesta inmediata genera "puntos ciegos" estratégicos.

La superioridad tecnológica no es un concepto abstracto que se guarda en un almacén de la Península; solo es efectiva cuando está físicamente presente y operativa en el punto de fricción. Sin un despliegue real y una densidad suficiente en el norte de África, nuestra ventaja tecnológica es solo una posibilidad teórica frente a una amenaza que ya es física y constante.

 

Mito 10: “Reconocer vulnerabilidades debilita nuestra posición”

La negación institucional no engaña a la inteligencia del adversario; solo sirve para paralizar la capacidad de respuesta nacional.

La realidad es que nuestras vulnerabilidades estratégicas ya son analizadas y explotadas en el exterior. El verdadero peligro radica en no asumirlas internamente, lo que impide:

  • La reforma doctrinal: sin autocrítica, no se actualizan las tácticas frente a la zona gris.
  • La inversión prioritaria: si se niega el problema, se justifica la falta de presupuestos para defensa aérea o electrónica.
  • La historia no perdona: los Estados no se hunden por admitir sus grietas, sino por ignorarlas hasta que el daño es irreversible.

Aceptar que nuestra doctrina de defensa se ha quedado corta no es mostrar debilidad; es el primer paso para construir una disuasión de verdad. Necesitamos honestidad estratégica para que la soberanía nacional deje de depender de la suerte o de la improvisación y pase a sostenerse sobre una fortaleza real, diseñada a conciencia.

 

Mito 11: “La inteligencia detectará cualquier movimiento con suficiente antelación”

La inteligencia moderna, aunque eficaz rastreando grandes movimientos de tropas, a menudo es ciega ante la intencionalidad en escenarios híbridos.

En estos escenarios, la crisis no empezaría con una declaración de guerra, sino con una avalancha humana en la frontera que desbordaría las patrullas en cuestión de minutos. Mientras la policía intenta gestionar el caos, grupos irregulares ejecutarían sabotajes quirúrgicos contra una central eléctrica o nodos de comunicación, sin haber movido un solo tanque que pudiera alertar a nuestros satélites.

Simultáneamente, se produciría una ofensiva de propaganda que fabricaría un relato de crisis tan caótico que bloquearía la respuesta política antes incluso de que el primer soldado saliera del cuartel.

En este nuevo tablero, esperar a ver columnas de blindados acumulándose en la frontera para reaccionar es un error de cálculo. Para cuando la amenaza es tan obvia que cualquiera puede verla, el margen de maniobra simplemente se ha evaporado.

La seguridad de los enclaves no puede depender de una alerta temprana que puede ser empañada por el "ruido" de la zona gris, sino de una capacidad de respuesta inmediata y autónoma.

 

Hacia una disuasión por denegación

Desmontar estos once mitos es el primer paso, pero la crítica sin propuesta es estéril. Para que Ceuta y Melilla dejen de ser percibidas como puntos vulnerables, España debe transitar hacia una postura de disuasión por denegación (deterrence by denial). No se trataría de amenazar con atacar Rabat (disuasión por castigo), sino dejar claro sin ninguna sobra de duda que cualquier aventura hostil resultará prohibitiva en costes y nula en beneficios.

Una arquitectura defensiva realista para el siglo XXI exige:

  1. Escudo tecnológico con despliegue permanente de sistemas C-UAS (antidrón) y defensa aérea de punto para neutralizar amenazas de bajo coste y alta eficacia.
  2. Vigilancia y guerra electrónica que implemente sensores persistentes y capacidades de interferencia para eliminar los puntos ciegos en la zona gris.
  3. Endurecimiento y dispersión de infraestructuras críticas, preposicionando suministros críticos de agua, munición y armas; y bunkerizando infraestructuras que garanticen la supervivencia sin auxilio peninsular durante el envite inicial.
  4. Preparación de la población civil mediante planes de protección y resiliencia urbana ante crisis híbridas.

La disuasión efectiva no se basa en declaraciones políticas, sino en capacidades físicas visibles. Solo cuando el adversario comprende que el "hecho consumado" es técnicamente imposible, la paz territorial deja de ser un acto de fe para convertirse en una realidad estratégica.

 

Conclusión

Ceuta y Melilla no corren peligro por falta de patriotismo ni por inferioridad moral. El riesgo nace de marcos mentales obsoletos que no han digerido la guerra multidominio del siglo XXI.

Desmontar estos mitos no debilita la posición española. Es el requisito previo para construir una disuasión moderna, tecnológicamente densa y creíble.

España posee aún la ventana de oportunidad para transformar estas plazas vulnerables en referentes de defensa avanzada. Sin embargo, en el tablero geopolítico del norte de África, el tiempo es un recurso que se agota. La inacción de hoy es la vulnerabilidad de mañana. El reloj sigue corriendo.

 

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