Análisis estratégico para un debate necesario
Introducción
En el debate español sobre
seguridad y defensa, Ceuta y Melilla suelen abordarse desde certezas
heredadas que hoy son poco más que castillos de naipes.
En pleno 2026, la realidad
es que mientras España se apoya en dogmas del pasado, Marruecos ha
culminado una metamorfosis militar sin precedentes. Con una inversión récord en
drones de ataque, fuegos de precisión y sistemas de inteligencia avanzada, el
equilibrio en el Estrecho de Gibraltar, uno de los chokepoints
más críticos del planeta, ha cambiado irreversiblemente.
Confundir la diplomacia con la
seguridad es un lujo que ya no nos podemos permitir. En este tablero no solo
juegan Madrid y Rabat; las sombras de Estados Unidos, Francia e Israel
proyectan intereses que, a menudo, divergen de la soberanía española. Mientras
Washington ve en Marruecos un socio clave contra la inestabilidad en el Sahel,
París e Israel priorizan sus lazos industriales y de inteligencia con el Reino
Alauí, y España corre el riesgo de quedarse sola defendiendo un statu
quo que sus aliados ya consideran secundario.
Para proteger el futuro de los
enclaves, primero debemos desmantelar los once mitos que paralizan
nuestra capacidad de respuesta y nublan nuestra visión de la guerra moderna.
Mito 1: “Ceuta y Melilla están automáticamente cubiertas por el
Artículo 5 de la OTAN”
Este es, probablemente, el mito
más peligroso de todos.
Ni Ceuta ni Melilla aparecen
explícitamente mencionadas en el Tratado del Atlántico Norte. el Artículo 6
delimita geográficamente el ámbito del Tratado a Europa, América del Norte,
islas al norte del Trópico de Cáncer y Turquía, dejando Ceuta y Melilla fuera
de la garantía automática.
El Artículo 4 sí permite consulta
inmediata y desde la Cumbre de Madrid 2022 hay mayor sensibilidad al flanco
sur, pero no habría activación “automática” por un ataque a Ceuta o a Melilla. Su
eventual cobertura requeriría consenso en el Consejo del Atlántico Norte. En un
incidente limítrofe o híbrido, ese consenso podría no llegar nunca.
En el tablero geopolítico actual,
la seguridad de las ciudades autónomas recae primordialmente en la disuasión
soberana de España, más que en un automatismo internacional que carece de
blindaje jurídico sólido.
Creer que la OTAN garantiza
por sí sola la defensa de los enclaves es un acto de fe, no una certeza
jurídica ni militar.
Mito 2: “Marruecos nunca se atreverá porque España es UE y OTAN”
La pertenencia a la UE y a la
OTAN no disuade por sí misma frente a escenarios diseñados para situarse
por debajo del umbral de guerra abierta.
La disuasión no es un concepto
estático; pierde eficacia ante escenarios diseñados específicamente para operar
bajo el umbral de guerra abierta.
La historia y la estructura de
estas organizaciones revelan debilidades críticas:
- La UE y su lentitud: Aunque el Artículo
42.7 del Tratado de la Unión establece una cláusula de asistencia
mutua, su implementación es política y nunca se ha comprobado en una
crisis de soberanía territorial de este calibre.
- La ambigüedad de la OTAN: La Alianza
respondería con firmeza ante agresiones masivas y convencionales en su
zona de cobertura; pero las amenazas híbridas como la presión
migratoria, el sabotaje, la coerción económica o el uso de drones están
diseñadas para no cruzar esa "línea roja" que activaría una
respuesta colectiva.
Marruecos es consciente de estas
costuras, puede emplear una presión gradual que deje a nuestros aliados
en una parálisis burocrática. Creer que la mera membresía internacional
garantiza la inmunidad es ignorar que, en el juego estratégico moderno, el
adversario no busca la victoria militar total, sino el desgaste constante y la
erosión de la voluntad política.
Un ejemplo paradigmático es la crisis
de la Isla de Perejil en 2002, que ilustra perfectamente esta fragilidad:
- OTAN: Se mantuvo al margen, calificando el
incidente como un asunto bilateral. Al no ser territorio cubierto por el
Tratado, la Alianza evitó cualquier implicación directa.
- UE: Aunque hubo declaraciones de apoyo
político, la respuesta fue lenta y puramente diplomática. De hecho,
Francia mantuvo una postura ambigua, priorizando sus relaciones con Rabat.
Este caso confirmó que, ante una crisis
de baja intensidad, España debe estar preparada para actuar de forma soberana
y unilateral. La ayuda externa no es una constante, sino una variable
dependiente de los intereses nacionales de cada aliado en ese momento preciso.
Mito 3: “Ceuta y Melilla son indefendibles, así que no merece la
pena invertir”
Las ciudades no son indefendibles
por su falta de "profundidad estratégica". Este axioma es, en
realidad, una decisión política disfrazada de limitación geográfica. Las
ciudades son indefendibles por una doctrina militar obsoleta que no se
ha adaptado a las nuevas realidades del campo de batalla.
Modelos contemporáneos como los
de Israel, Taiwán o Singapur demuestran que territorios reducidos pueden
ser inexpugnables si se invierte en:
- Defensas de alta densidad: no se trata de
metros de tierra, sino de saturación de capacidades.
- Superioridad en sensores: ver antes que el
adversario para anular su ventaja numérica.
- Guerra electrónica: controlar el espectro
para neutralizar drones y comunicaciones.
Actualmente, Marruecos ha
modernizado su arsenal con drones Akinci y misiles de largo alcance,
mientras que España mantiene los enclaves sin defensas antidrone multicapa ni
resiliencia energética reforzada.
Aceptar que son
"indefendibles" es una forma cómoda de justificar la inacción
estratégica. La tecnología moderna permite convertir estas ciudades en
fortalezas digitales y cinéticas, siempre que exista la voluntad política de
invertir en ello.
Mito 4: “Si no provocamos a Marruecos, no habrá problema”
Uno de los errores más críticos
en la política exterior española es creer que la estabilidad de Ceuta y
Melilla depende del tono diplomático de Madrid. Este mito sugiere que, si
no "provocamos" a Rabat, la amenaza desaparecerá. Sin embargo, la
realidad estratégica es estructural: la reivindicación marroquí sobre las
ciudades autónomas es un pilar innegociable de su identidad nacional.
Esta ambición no es reactiva ni
coyuntural; es una política de Estado que trasciende gobiernos. La historia y
la actualidad lo confirman:
- Fundamento constitucional: la reivindicación
de las “fronteras auténticas” está inscrita en la Constitución marroquí de
2011 e integrada en el relato estratégico de Marruecos, como muestran sus
discursos oficiales de 2025 y 2026.
- La trampa de la calma: confundir un periodo
de distensión diplomática con una renuncia estratégica es un error
histórico. Para Marruecos, la calma es a menudo una herramienta para
consolidar posiciones antes de la siguiente fase de presión.
La soberanía no se garantiza
mediante el apaciguamiento, sino a través de una disuasión creíble.
Ignorar que el objetivo final de Marruecos es la anexión no evita el conflicto;
simplemente deja a España sin iniciativa cuando el vecino decida reactivar su
hoja de ruta expansionista.
Mito 5: “La profesionalidad del Ejército compensa cualquier
desventaja”
Si bien la profesionalidad de
nuestros militares es indiscutible, la guerra moderna en escenarios como
Ucrania ha demostrado que el valor y la competencia no pueden sustituir a la masa
tecnológica.
La realidad técnica del combate
actual impone límites infranqueables al esfuerzo humano:
- Tecnología vs. Valor: la mejor preparación
táctica es inútil frente a enjambres de drones que operan fuera del
alcance visual o armas de saturación que no encuentran una defensa
antiaérea de punto (C-RAM/SHORAD) adecuada.
- Carencias reales: por muy disciplinado que
sea un soldado, no puede detener un misil de crucero con un fusil ni
frenar un apagón cibernético a base de coraje. La voluntad no sustituye a
la técnica.
La excelencia individual es un
multiplicador de fuerza, pero la realidad es terca. No se puede multiplicar
lo que no existe.
Sin una apuesta firme por
sistemas antidrones, guerra electrónica y defensas aéreas de última generación,
estamos cometiendo el error de pedirle a nuestros militares que cubran con
sacrificio personal los huecos que solo la tecnología puede llenar.
Mito 6: “Los carros de combate garantizan que Marruecos no pueda
entrar”
Persiste la idea de que el
despliegue de carros de combate es el factor disuasorio definitivo para
impedir una incursión en Ceuta y Melilla. Sin embargo, esta visión pertenece a
una doctrina del siglo XX. En el campo de batalla actual, saturado de sensores
y amenazas asimétricas, el blindado ha perdido su papel de eje central de la
defensa territorial.
La realidad operativa moderna nos
muestra que un carro de combate:
- Vulnerabilidad aérea: es incapaz de
controlar el espacio aéreo inferior, quedando expuesto a municiones
merodeadoras y drones de bajo coste.
- Fragilidad logística: su despliegue y
mantenimiento en entornos urbanos o reducidos pueden provocar una
parálisis logística si las líneas de suministro son interceptadas.
- Dependencia de apoyos: sin una cobertura
electrónica y antiaérea integral, un blindado pesado es simplemente un
objetivo de alto valor fácilmente localizable.
El carro de combate sigue siendo
una herramienta útil en la combinación de armas, pero ya no es decisivo por
sí solo. Confiar la integridad de los enclaves únicamente a la potencia de
fuego tradicional, ignorando la revolución de los sistemas no tripulados, es
prepararse para una guerra que ya no existe.
Mito 7: “Siempre podremos reforzar desde la península”
Este supuesto es uno de los
pilares más frágiles del planeamiento tradicional.
La capacidad de proyección
española se enfrenta a una realidad táctica hostil: un entorno A2/AD
(Anti-Acceso y Denegación de Área) cada vez más sofisticado en el Estrecho
y el Mar de Alborán.
La geografía juega en contra de
la logística de refuerzo:
- Alcance de fuego: los puertos y aeródromos
de Ceuta y Melilla se encuentran a menos de 50 km de la artillería y
sistemas HIMARS marroquíes, y bajo el radio de acción de los drones
Akinci y misiles de crucero.
- El Estrecho como cuello de botella:
Marruecos ha reforzado sus capacidades para negar el control aero-naval
durante las primeras 72 horas, lo que podría bloquear el envío de tropas.
Sin una defensa autónoma
robusta en las ciudades que sea capaz de resistir el envite inicial, el
refuerzo peninsular podría llegar demasiado tarde para defender la posición, y
más tarde aún para intentar recuperar un territorio tras un hecho consumado.
La estrategia debe girar hacia la autosuficiencia defensiva inmediata.
Mito 8: “Una guerra sería clásica, visible y declarada”
El último gran mito es imaginar
un conflicto al estilo del siglo XX, con declaraciones formales y columnas de
tanques cruzando la frontera. En la realidad de 2026, el escenario más
probable es una agresión en la "zona gris", diseñada
específicamente para evitar una respuesta militar clara.
Marruecos ha perfeccionado
capacidades para ejecutar una escalada controlada mediante:
- Negación plausible: acciones de sabotaje
cibernético o ataques de drones sin identificación clara.
- Coerción híbrida: el uso de presión
migratoria combinada con jamming (interferencia electrónica) para
cegar nuestras defensas sin disparar una sola bala.
- Acciones graduales: pequeños pasos que, por
separado, no justifican una guerra, pero que sumados alteran el statu
quo.
Esperar una invasión visible para
actuar es la receta perfecta para el fracaso estratégico. La seguridad de Ceuta
y Melilla no se juega en una gran batalla final, sino en la capacidad de
detectar y anular estas micro-agresiones antes de que se conviertan en
un hecho consumado irreversible.
Mito 9: “España tiene superioridad tecnológica suficiente”
España dispone de una industria
de defensa avanzada, pero la tecnología que no está desplegada, a efectos
prácticos, no existe.
En el teatro de operaciones de
Ceuta y Melilla, la superioridad teórica se diluye ante carencias materiales
críticas y permanentes:
- Sistemas C-UAS (antidrón): no existe una red
densa capaz de neutralizar ataques de saturación en las ciudades
autónomas.
- Guerra electrónica persistente: falta una
infraestructura que proteja el espectro electromagnético de forma
constante, no solo durante maniobras puntuales.
- Vigilancia continua: la ausencia de sensores
aéreos y de superficie integrados en una red de respuesta inmediata genera
"puntos ciegos" estratégicos.
La superioridad tecnológica no es
un concepto abstracto que se guarda en un almacén de la Península; solo es
efectiva cuando está físicamente presente y operativa en el punto de
fricción. Sin un despliegue real y una densidad suficiente en el norte de
África, nuestra ventaja tecnológica es solo una posibilidad teórica frente a
una amenaza que ya es física y constante.
Mito 10: “Reconocer vulnerabilidades debilita nuestra posición”
La negación institucional no
engaña a la inteligencia del adversario; solo sirve para paralizar la
capacidad de respuesta nacional.
La realidad es que nuestras
vulnerabilidades estratégicas ya son analizadas y explotadas en el exterior. El
verdadero peligro radica en no asumirlas internamente, lo que impide:
- La reforma doctrinal: sin autocrítica, no se
actualizan las tácticas frente a la zona gris.
- La inversión prioritaria: si se niega el
problema, se justifica la falta de presupuestos para defensa aérea o
electrónica.
- La historia no perdona: los Estados no se
hunden por admitir sus grietas, sino por ignorarlas hasta que el daño es
irreversible.
Aceptar que nuestra doctrina de
defensa se ha quedado corta no es mostrar debilidad; es el primer paso para
construir una disuasión de verdad. Necesitamos honestidad estratégica para que
la soberanía nacional deje de depender de la suerte o de la improvisación y
pase a sostenerse sobre una fortaleza real, diseñada a conciencia.
Mito 11: “La inteligencia detectará cualquier movimiento con
suficiente antelación”
La inteligencia moderna, aunque
eficaz rastreando grandes movimientos de tropas, a menudo es ciega ante la intencionalidad
en escenarios híbridos.
En estos escenarios, la crisis
no empezaría con una declaración de guerra, sino con una avalancha humana
en la frontera que desbordaría las patrullas en cuestión de minutos. Mientras
la policía intenta gestionar el caos, grupos irregulares ejecutarían sabotajes
quirúrgicos contra una central eléctrica o nodos de comunicación, sin haber
movido un solo tanque que pudiera alertar a nuestros satélites.
Simultáneamente, se produciría
una ofensiva de propaganda que fabricaría un relato de crisis tan caótico que
bloquearía la respuesta política antes incluso de que el primer soldado saliera
del cuartel.
En este nuevo tablero, esperar a
ver columnas de blindados acumulándose en la frontera para reaccionar es un
error de cálculo. Para cuando la amenaza es tan obvia que cualquiera puede
verla, el margen de maniobra simplemente se ha evaporado.
La seguridad de los enclaves no
puede depender de una alerta temprana que puede ser empañada por el
"ruido" de la zona gris, sino de una capacidad de respuesta
inmediata y autónoma.
Hacia una disuasión por denegación
Desmontar estos once mitos es el
primer paso, pero la crítica sin propuesta es estéril. Para que Ceuta y
Melilla dejen de ser percibidas como puntos vulnerables, España debe
transitar hacia una postura de disuasión por denegación (deterrence
by denial). No se trataría de amenazar con atacar Rabat (disuasión por
castigo), sino dejar claro sin ninguna sobra de duda que cualquier aventura
hostil resultará prohibitiva en costes y nula en beneficios.
Una arquitectura defensiva
realista para el siglo XXI exige:
- Escudo tecnológico con despliegue permanente
de sistemas C-UAS (antidrón) y defensa aérea de punto para
neutralizar amenazas de bajo coste y alta eficacia.
- Vigilancia y guerra electrónica que implemente
sensores persistentes y capacidades de interferencia para eliminar los
puntos ciegos en la zona gris.
- Endurecimiento y dispersión de infraestructuras
críticas, preposicionando suministros críticos de agua, munición y
armas; y bunkerizando infraestructuras que garanticen la supervivencia sin
auxilio peninsular durante el envite inicial.
- Preparación de la población civil mediante
planes de protección y resiliencia urbana ante crisis híbridas.
La disuasión efectiva no se basa
en declaraciones políticas, sino en capacidades físicas visibles. Solo cuando
el adversario comprende que el "hecho consumado" es técnicamente
imposible, la paz territorial deja de ser un acto de fe para convertirse en una
realidad estratégica.
Conclusión
Ceuta y Melilla no corren peligro
por falta de patriotismo ni por inferioridad moral. El riesgo nace de marcos
mentales obsoletos que no han digerido la guerra multidominio del siglo
XXI.
Desmontar estos mitos no debilita
la posición española. Es el requisito previo para construir una disuasión
moderna, tecnológicamente densa y creíble.
España posee aún la ventana de
oportunidad para transformar estas plazas vulnerables en referentes de defensa
avanzada. Sin embargo, en el tablero geopolítico del norte de África, el
tiempo es un recurso que se agota. La inacción de hoy es la vulnerabilidad
de mañana. El reloj sigue corriendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario