martes, 3 de febrero de 2026

El Growler que España no quiere... y necesita

Por qué España necesita capacidad de guerra electrónica aérea dedicada

 

INTRODUCCIÓN

Existe una verdad incómoda que suele omitirse en los libros blancos de la defensa española: en un conflicto de alta intensidad sobre el Estrecho de Gibraltar, nuestras alas de combate operarían bajo una vulnerabilidad sistémica. No es una cuestión de valor ni profesionalidad; es una cuestión de física, de arquitectura de señales y de la realidad tecnológica que define la guerra aérea del siglo XXI.

Hoy, el espectro electromagnético no es un escenario de apoyo; es el dominio decisivo. Los conflictos actuales, desde el Donbás hasta el Mar Rojo, han confirmado una máxima brutal: quien no domina el espectro, no vuela. El ecosistema de radares AESA, sistemas de defensa aérea integrados de largo alcance y enlaces de datos redundantes conforman una "burbuja" de negación de acceso (A2/AD) que no puede ser simplemente evitada; debe ser desarticulada desde dentro.

España carece de esa capacidad de desarticulación. Aunque nuestros Eurofighter cuentan con el excelente sistema Praetorian DASS, confundir la autoprotección reactiva con el ataque electrónico proactivo es un error estratégico de primer orden. Es la diferencia entre vestir un chaleco antibalas o poseer la capacidad de silenciar los fusiles del enemigo. Sin una plataforma dedicada como el EA-18G Growler, operar en entornos saturados equivale a entrar en una habitación oscura con una linterna, mientras el adversario controla el interruptor de la luz y lleva visores nocturnos. Esta brecha no solo pone en riesgo nuestras plataformas y pilotos; compromete la libertad de acción necesaria para garantizar la soberanía en Ceuta, Melilla y el eje estratégico Canarias-Estrecho.

España sigue anclada doctrinalmente en una visión de los 90. No es solo que no tengamos Growler; es que no hemos aceptado aún que la EW es un dominio de combate primario.


1. Planificación basada en capacidades: el contexto regional

Cualquier planificador militar español con acceso a información abierta conoce la transformación de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes en la última década. El objetivo de este análisis no es sobredimensionar las capacidades de ningún vecino, sino partir de un principio básico de planificación militar: las fuerzas propias se diseñan frente a las capacidades potenciales del adversario, no frente a suposiciones optimistas sobre sus intenciones.

Marruecos ha seguido un patrón de modernización coherente. En defensa aérea, ha adquirido sistemas de medio y largo alcance —FD-2000B, Barak MX, Sky Dragon 50— y está desarrollando una arquitectura de mando y control más integrada, aunque aún no alcance el nivel de madurez de sistemas rusos o chinos de alta gama. Sus radares de vigilancia cubren el Estrecho y las aproximaciones a sus fronteras. Ha desarrollado capacidades de guerra electrónica propias para proteger estos sistemas.

Con independencia del número exacto de baterías o su grado de integración actual, la tendencia es inequívoca: Marruecos está construyendo capacidades diseñadas para negar el acceso aéreo a un adversario tecnológicamente superior. Exactamente lo que los analistas denominan capacidades A2/AD.

Esta misma lógica operativa aplicaría frente a cualquier entorno con defensas aéreas modernas: sistemas rusos S-300/400 exportados a terceros países, capacidades argelinas en desarrollo, o escenarios de apoyo OTAN en el flanco este donde España podría contribuir. El Growler no es una respuesta a un adversario específico, sino a un problema operativo genérico del combate aéreo contemporáneo.

 

2. La vulnerabilidad del modelo operativo actual

Imaginemos un escenario de crisis en Ceuta. Las tensiones escalan, Marruecos cierra el paso fronterizo y despliega fuerzas en las inmediaciones. España necesita reforzar la guarnición por aire —transportes C-130 y A400M con tropas y material— mientras mantiene superioridad aérea sobre el enclave.

Con el modelo actual, nuestros Eurofighter despegan de Morón o Albacete. Cruzan el Estrecho y se encuentran con un entorno electromagnético hostil: radares de adquisición los detectan a cientos de kilómetros, sistemas SAM los iluminan con sus radares de seguimiento, y la red de defensa aérea coordina la respuesta. Los sistemas de autoprotección del Typhoon pueden proporcionar cierta protección reactiva, pero no degradan la capacidad del adversario.

Los cazas pueden cumplir su misión. Pero a qué coste: aproximaciones tácticas complejas que consumen combustible, limitación en el empleo de armamento aire-superficie por la amenaza SAM, incapacidad de proporcionar cobertura sostenida a los transportes. Y en el peor caso, pérdidas de aeronaves que España no puede permitirse. Sin EW ofensiva, España se ve forzada a elegir entre aceptar riesgos inasumibles o intentar internacionalizar el conflicto desde el minuto uno.

 

3. Por qué las alternativas actuales no bastan

Un crítico razonable preguntaría: ¿por qué no mejorar lo que ya tenemos en lugar de adquirir una plataforma nueva?

Pods EW en Eurofighter. El Typhoon puede portar pods de contramedidas mejorados. Pero existe una diferencia fundamental entre autoprotección —degradar la capacidad de un misil de alcanzarte— y supresión activa de defensas —cegar o destruir el radar que guía ese misil antes de que dispare. Los pods de autoprotección carecen de la potencia de emisión, la cobertura de bandas y la persistencia necesarias para abrir corredores seguros a otras aeronaves. Protegen al avión que los porta; no multiplican la eficacia de toda una formación.

Eurofighter ECR alemán. Alemania desarrolla una variante de combate electrónico del Typhoon. Es una opción prometedora a largo plazo y coherente con nuestra participación en el consorcio. Pero el ECR es todavía un programa en desarrollo, con entrada en servicio prevista no antes de 2030-2032. El Growler es una solución madura, con décadas de experiencia operativa en combate real —Libia, Siria, ejercicios con sistemas S-300 simulados— y cadena de producción activa. La urgencia operativa no permite esperar una década.

Drones EW. Los sistemas no tripulados de guerra electrónica son un complemento valioso para saturación de defensas y señuelos. Pero carecen de la capacidad de penetración, supervivencia y potencia de emisión necesarias para misiones SEAD de alta intensidad. Son excelentes como multiplicadores; insuficientes como capacidad estratégica principal.

EW terrestre y naval. Necesaria para defensa de punto y protección de fuerzas, pero inherentemente estática o limitada en alcance. No abre corredores para operaciones ofensivas.

La pregunta correcta no es "Growler o alternativas", sino "Growler ahora y alternativas cuando maduren". Lo cierto es que no existe actualmente ningún sustituto funcional real del Growler en el mundo occidental.

 

4. El EA-18G Growler: anatomía de un transformador operacional

El Boeing EA-18G Growler no debe entenderse como un caza convencional con complementos, sino como una plataforma de ataque electrónico integral. Derivado del robusto F/A-18F Super Hornet, este vector fusiona la agilidad de un caza de primera línea con la capacidad de colapsar la arquitectura digital del adversario. No es un escudo; es un bisturí electromagnético.

Su núcleo operativo está transitando del veterano ALQ-99 al revolucionario Next Generation Jammer (NGJ). Este salto al estándar AESA permite una precisión quirúrgica: el Growler puede emitir haces de interferencia tan focalizados que logran neutralizar los radares y comunicaciones enemigas sin degradar los sistemas de enlace de datos aliados. Es la solución definitiva al histórico problema de la "interferencia fratricida".

La verdadera letalidad del Growler reside en su bivalencia táctica entre el SEAD (Supresión) y el DEAD (Destrucción). Mientras sus jammers ciegan temporalmente los sensores enemigos para abrir pasillos de incursión, su capacidad de fuego —basada en los misiles AGM-88 HARM y el nuevo AARGM-ER de alcance extendido— permite localizar y destruir físicamente las fuentes de emisión. Esta sinergia transforma la neutralización de defensas en un proceso sistemático y de bajo riesgo.

Para nuestro Ejército del Aire, la transición hacia el Growler no sería un salto al vacío, sino una evolución lógica. España ya posee la infraestructura logística y el conocimiento táctico para el empleo del misil HARM en sus EF-18M. Incorporar el Growler permitiría capitalizar esa experiencia previa, acelerando la madurez operativa de una unidad que, hoy por hoy, representa la pieza que falta para completar el puzle de la soberanía aérea nacional.

 

5. LA SINERGIA CON EL EF-18M: UNA DUPLA INMEDIATA Y EFECTIVA

La adquisición del Growler no implicaría introducir una plataforma completamente ajena al Ejército del Aire y del Espacio. Al contrario, su integración con los EF-18M modernizados generaría sinergias operativas, logísticas y de formación que reducirían significativamente el impacto presupuestario y aceleraría la capacidad inicial.

En el plano operativo, la dupla EF-18M + Growler sería inmediata y altamente efectiva. En guerra electrónica, la obsolescencia no la marca la célula, sino la arquitectura de misión. Ambos comparten doctrina SEAD/DEAD heredada de décadas de cooperación con la US Navy, integración plena Link 16 y armamento común como el AGM-88 HARM y su evolución AARGM-ER. Un paquete típico incluiría 2-3 Growler como escort jammer avanzado, detectando y geolocalizando emisores con el ALQ-218, mientras los EF-18M lanzan HARM/AARGM o ejecutan strike con JDAM/Laser Maverick bajo protección EW. Esta coordinación ya ha sido probada en ejercicios OTAN con Growler estadounidenses y Hornets aliados.

En formación y entrenamiento, la transición sería rápida. Los pilotos españoles de EF-18M conocen el handling, procedimientos y cockpit philosophy de la familia F/A-18. La conversión a Growler (biplaza) requeriría solo 8-12 meses adicionales, principalmente en guerra electrónica y operación del asiento trasero (EWO).

Logísticamente, aunque los motores difieren (F404 en EF-18M vs F414 en Growler), la comunalidad estructural (~30-35%), aviónica base, herramientas GSE y filosofía de mantenimiento es alta. Los repuestos críticos (tren de aterrizaje, sistemas hidráulicos, Link 16) y los procedimientos diagnósticos se solapan. España ya participa en el programa sostenimiento F/A-18 a través de PMA-265, lo que facilitaría contratos de apoyo integrado.

Si se autoriza un Service Life Extension Program (SLEP) profundo a 48-54 aviones EF-18M, tal y como propongo aquí, se extendería la vida útil de esos aviones hasta las 10.000 horas de vuelo y un plazo entre 2040 y 2045, lo que permitiría formar alas mixtas con Growler, maximizando la eficacia y operatividad de la flota legacy sin obsolescencia prematura.

Finalmente, aunque no lo comparto, si España avanzara hacia un portaaviones CATOBAR en el futuro, tal y como se está estudiando, el Growler está certificado y opera rutinariamente desde esa cubierta (5-7 por air wing en los carriers estadounidenses), ofreciendo proyección EW embarcada sin necesidad de adaptar otra plataforma. Esta flexibilidad convierte la adquisición en una inversión a prueba de futuros estratégicos.

En resumen, la dupla EF-18M + Growler no sería simplemente compatible: sería un multiplicador inmediato que aprovecha décadas de experiencia española en la familia Hornet para obtener capacidad EW de élite con mínima fricción.

 

6. Dimensión multi-dominio: más allá del combate aéreo

El Growler no solo protege a los cazas. En un cruce del Estrecho, puede degradar los radares de baterías costeras enemigas y los sistemas de búsqueda de buques de superficie, protegiendo a nuestra flota de misiles antibuque. Es un multiplicador para la Fuerza Conjunta, no solo para el Ejército del Aire.

La integración con las futuras fragatas F-110 —diseñadas con arquitectura de combate en red— permitiría sincronizar efectos electromagnéticos aéreos y navales. El Growler "mapea" el orden de batalla electrónico del adversario en tiempo real, alimentando con inteligencia SIGINT/ELINT tanto a los centros de mando terrestres como a las unidades navales. Esta capacidad de "sensor distribuido" multiplica el valor de la inversión más allá de las misiones SEAD puras.

 

7. Justificación numérica: por qué 12-14 aviones

En análisis de defensa, las cifras de adquisición raramente son arbitrarias. La propuesta de 12-14 Growler responde a una lógica operativa rigurosa basada en tasas de disponibilidad reales.

Según datos del DOT&E (Director of Operational Test and Evaluation) estadounidense, las flotas de Growler mantienen disponibilidades operativas del 60-70% en tiempo de paz, que pueden descender al 50-60% en operaciones sostenidas de alta intensidad. Mantenimiento programado, inspecciones, reparaciones imprevistas y rotación de tripulaciones significan que un tercio de la flota está siempre fuera de servicio.

Con 12 aviones, España dispondría de 7-8 Growler operativos en cualquier momento. Con 14, entre 8 y 10. Esta cifra permite mantener cobertura EW sostenida en dos direcciones operativas simultáneas —Ceuta y Melilla, o Estrecho y Canarias—, con reserva para contingencias y rotación de tripulaciones. Permite también absorber pérdidas operativas sin colapso de la capacidad.

Un número inferior comprometería la sostenibilidad. Un número superior, en el contexto presupuestario español, resulta difícilmente justificable cuando existen otras carencias por cubrir.

 

8. La falacia del portaaviones

Inevitablemente, cualquier discusión sobre proyección de poder aéreo español deriva hacia el debate del portaaviones. En mi opinión, para los escenarios más probables de empleo de la fuerza aérea española, el portaaviones es una solución cara a un problema que no existe, tal y como expongo aquí.

Ceuta está a 145 kilómetros de Morón de la Frontera. Melilla, a 320 kilómetros. Los cazas españoles pueden alcanzar ambos enclaves en 10-20 minutos desde esa base con combustible suficiente para una misión de combate significativa. Con reabastecimiento en vuelo —capacidad que España posee con sus A330 MRTT—, el tiempo de presencia sobre el objetivo se multiplicaría.

Aunque tiene la condición naval como nativa, el Growler en España operaría desde tierra, podría desplegarse rápidamente en cualquier base española, y su coste de adquisición —estimado en torno a 1.500-2.000 millones de euros para una flota de 12-14 unidades según datos abiertos de los programas australiano y US Navy, incluyendo sistemas de apoyo y formación inicial— representa una fracción del portaaviones. Comparado en términos de coste-efectividad para nuestros escenarios específicos, no hay competencia.

En términos de efectividad operativa pura para los escenarios más probables —el Estrecho de Gibraltar, Ceuta y Melilla—, una flota de 12-14 Growler sería no solo más económica, sino significativamente más efectiva que incluso un portaviones CATOBAR completo con ala aérea embarcada. Un CATOBAR, aunque ofrezca proyección sostenida, opera en aguas confinadas y altamente amenazadas, donde baterías costeras antibuque y defensas aéreas integradas limitarían su libertad de maniobra y lo convertirían en un objetivo prioritario de alto valor. Su ala aérea (20-30 aviones) requeriría ciclos de lanzamiento y recuperación que reducen la persistencia inmediata sobre objetivo, y su supervivencia dependería de una escolta naval masiva que restaría recursos a otras misiones. En cambio, 12-14 Growler basados en tierra podrían generar salidas múltiples diarias con tiempos de reacción mínimos, proporcionando cobertura EW sostenida para defensa de la flota y corredores seguros para transportes y cazas en una hipotética operación de refuerzo de las plazas bajo fuego enemigo, sin exponer un activo estratégico único. La guerra electrónica dedicada degradaría radares y comunicaciones enemigas desde distancias seguras, permitiendo operaciones aéreas peninsulares con menor riesgo y mayor flexibilidad. En definitiva, para amenazas regionales a distancias de hasta 400 km, la capacidad distribuida y especializada del Growler multiplica la letalidad de nuestra fuerza aérea existente de forma más directa y resiliente que un portaviones.

 

9. Integración doctrinal y retorno industrial

La adquisición del Growler no sería un programa aislado. Obligaría a desarrollar una arquitectura de guerra electrónica nacional coherente de la que España carece actualmente.

Un Growler sin integración es un activo desaprovechado. Para explotar plenamente sus capacidades, España necesitaría desarrollar un mando EW conjunto, redes de datos resistentes a la interferencia, capacidad SIGINT/ELINT para alimentar el targeting, y doctrina operativa para el empleo coordinado con cazas y otras plataformas. Este efecto catalizador sobre el conjunto de las Fuerzas Armadas justifica por sí solo parte de la inversión.

Existe además una dimensión industrial frecuentemente ignorada. La integración de sistemas EW avanzados impulsaría la cadena española de guerra electrónica: Indra, Tecnobit, Airbus Defence & Space España. Los programas de offset y participación industrial asociados a una adquisición de esta magnitud generarían retorno tecnológico y capacidades soberanas que trascienden el programa específico.

 

10. Disuasión, OTAN y señal estratégica

Más allá de las consideraciones operativas, la adquisición de capacidad EW aérea avanzada envía un mensaje estratégico claro. Cualquier actor regional entendería que sus inversiones en defensa aérea integrada tendrían una efectividad limitada frente a una España equipada con medios de supresión sistemática.

Esto es disuasión racional. El objetivo de la defensa nacional no es ganar guerras, sino prevenirlas. Una España con capacidad demostrada de penetrar defensas aéreas enemigas es una España a la que resulta más costoso amenazar.

En el contexto OTAN, el Growler posicionaría a España como socio con capacidades críticas escasas en la Alianza. Actualmente, solo Estados Unidos opera esta plataforma en cantidad significativa, y Australia dispone de una flota reducida. Una España con Growler cubriría un hueco real en el flanco sur, con peso político proporcional a la contribución operativa. No competiría con capacidades francesas o italianas; las complementaría.

 

Conclusión: inversión en dominio espectral

La adquisición de 12-14 EA-18G Growler representa una inversión estratégica con retorno medible en capacidad operativa y credibilidad disuasoria. No es un programa de prestigio ni una respuesta a presiones industriales. Es la solución técnicamente coherente a un problema operativo real: cómo España puede asegurar libertad de acción aérea en entornos defendidos por sistemas A2/AD modernos.

El Estrecho de Gibraltar, Ceuta y Melilla definen el escenario más probable de empleo de la fuerza aérea española en las próximas décadas. Un escenario donde las defensas aéreas integradas del adversario potencial hacen de la guerra electrónica no un complemento, sino un prerrequisito.

La decisión de invertir en guerra electrónica ofensiva no es solo cuestión de superioridad táctica, sino de credibilidad estratégica de España como actor autónomo en el flanco sur de la Alianza.

España debe decidir si quiere seguir confiando en que otros abran el camino… o adquirir la capacidad de hacerlo por sí misma.

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