Lo que la guerra de Irán enseña sobre las bases aéreas españolas
Serie: "La fuerza aérea
que se destruye en tierra" — Artículo 1 de 3
Este artículo analiza la
protección pasiva de bases aéreas —shelters, bermas, dispersión, engaño,
reparación de pistas—. No aborda defensa activa antimisil, superioridad aérea
ni la plausibilidad política de escenarios concretos.
INTRODUCCIÓN
Durante tres décadas, desde las
plataformas destrozadas de las bases aéreas iraquíes en 1991 hasta los
aeródromos ucranianos convertidos en cráter por Iskander en 2024, una lección
se ha repetido: las fuerzas aéreas mueren antes de despegar si permanecen
concentradas y expuestas. En los conflictos asimétricos y convencionales desde
la primera Guerra del Golfo, entre el 40% y el 70% de las pérdidas de aeronaves
en fuerzas que no lograron proteger sus bases se produjeron en tierra. La
Operación Epic Fury no inauguró esa realidad, sino que la hizo imposible de
ignorar.
El 27 de marzo de 2026, una salva
combinada de misiles balísticos y drones de ataque impactó en Prince Sultan Air
Base (PSAB), en Arabia Saudí. Los números exactos de la salva son objeto de
evaluación —fuentes abiertas sitúan entre quince y cuarenta proyectiles por
oleada en los distintos ataques a la base—, pero los resultados están
documentados: el E-3G Sentry con matrícula 81-0005, un avión de alerta temprana
y mando aerotransportado valorado entre 300 y 400 millones de dólares, asignado
al 552nd Air Control Wing de Tinker AFB, quedó destruido. Era la primera
pérdida en combate de un E-3 en casi cinco décadas de servicio. A su alrededor,
varios KC-135 Stratotanker sufrieron daños de categoría A (pérdida total
irreparable) o categoría B (fuera de servicio durante meses). Al menos quince
militares estadounidenses resultaron heridos.
Las imágenes satelitales
comerciales de febrero de 2026 mostraban cuarenta y tres aeronaves
estadounidenses desplegadas en PSAB, incluyendo seis E-3 Sentry y trece KC-135,
estacionadas al descubierto en la plataforma. Sin shelters endurecidos,
sin bermas de separación y con distancias entre células de apenas veinte a
treinta metros.
PSAB disponía de una de las
arquitecturas antimisil más densas fuera de Israel, con sistemas THAAD, Patriot
PAC-3 y NASAMS que formaban un escudo multicapa. Y sin embargo, misiles y
drones penetraron. La defensa activa redujo el número de impactos —sin ella, el
resultado habría sido catastrófico—, pero no los eliminó. Los que pasaron
encontraron aeronaves de alto valor en un despliegue estático de alta densidad.
Eurofighers del Ala 14 en plataforma abierta en la Base Aérea
de Los Llanos (Albacete). Sin shelter endurecido y sin berma de separación en
lo que constituye el despliegue estático de alta densidad que caracteriza hoy a
todas las bases de caza españolas. Fuente: NurPhoto / NurPhoto via Getty
Images.
Este artículo examina qué
confirma Epic Fury sobre la premisa española de que las bases propias son un santuario, algo que la planificación de infraestructura del Ejército del Aire y
del Espacio español nunca ha cuestionado explícitamente. Y lo hace en el
contexto de un campo doctrinal establecido —Air Base Survivability, Passive
Defense Measures y Base Recovery Operations— que ha recibido
atención limitada en España mientras varios aliados priorizaban inversiones
específicas en supervivencia de bases.