jueves, 29 de enero de 2026

Una Fuerza de Reserva para España

Defensa del territorio, disuasión real y el error estratégico que nadie quiere discutir

Primer artículo de una serie sobre la necesidad de crear una Fuerza de Reserva en España

 

INTRODUCCIÓN: la brecha que nadie quiere ver

Febrero de 2022 marcó un antes y un después en la seguridad europea. La invasión rusa de Ucrania no solo despertó a un continente adormecido; reveló las carencias estructurales de quienes habían dado por sentada la paz perpetua. Mientras los tanques cruzaban fronteras que creíamos inviolables, Europa descubrió que había olvidado cómo se defiende un territorio.

     Reservistas de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania en tareas de control del terreno.

España, en este contexto, afronta una doble presión. Al este, la amenaza rusa obliga a reforzar compromisos con la OTAN. Al sur, el flanco que nos corresponde vigilar, la situación no es menos preocupante: el Sahel se descompone, el Magreb vive tensiones internas crecientes, y el Estrecho de Gibraltar —arteria vital del comercio mundial— concentra presiones migratorias, tráficos ilícitos y riesgos de escalada.

Sin embargo, mientras Europa redescubre la guerra convencional y el flanco sur acumula tensiones, España mantiene un debate de defensa anclado en el siglo pasado. Hablamos de fragatas, de cazas de quinta generación, de submarinos que llegan con retraso. Pero hay una pregunta que nadie parece querer formular: ¿quién defiende el territorio nacional mientras nuestras unidades profesionales están desplegadas en el exterior?

La respuesta incómoda es que no existe una fuerza específicamente diseñada y dimensionada para esa misión. España es uno de los pocos países de la OTAN con frontera terrestre exterior y archipiélagos estratégicos que carece de una fuerza militar de defensa territorial dedicada. No es una anomalía menor: es un error de arquitectura de fuerzas que compromete tanto la disuasión como la resiliencia nacional.

Este artículo —el primero de una serie— propone una corrección estructural largamente aplazada: una Fuerza de Reserva (FR) que permita defender el territorio y libere al Ejército profesional para lo que realmente importa. No se trata de nostalgia por la «mili» ni de militarizar la sociedad. Se trata de adaptar España a la realidad estratégica del siglo XXI.

 

1. ESCENARIOS QUE YA NO SON CIENCIA FICCIÓN

Conviene traducir la amenaza en términos españoles concretos, sin alarmismo, pero sin autoengaño. No hablamos necesariamente de una invasión convencional, sino de escenarios plausibles que hoy no tenemos capacidad de gestionar sin «quemar» nuestras unidades profesionales:

Coerción híbrida sostenida en Ceuta o Melilla: presión migratoria instrumentalizada, infiltración de agentes hostiles, saturación de servicios públicos, todo ello sin cruzar el umbral de la agresión armada formal.

Crisis en Canarias: combinación de presión migratoria masiva, sabotaje a infraestructuras portuarias o energéticas, y campañas de desinformación que busquen el “bloqueo funcional” del archipiélago sin ocupación militar.

Ataques a infraestructuras críticas: centrales eléctricas, nudos ferroviarios, cables submarinos, centros de datos. El adversario no necesita invadir; le basta con paralizar.

En ninguno de estos escenarios las Fuerzas Armadas actuales pueden responder de forma sostenida sin desguarnecer otras misiones. Ese es el problema.

 

2. LA BRECHA ESTRUCTURAL ESPAÑOLA

Las Fuerzas Armadas son, técnica y humanamente, de las mejores de Europa. Nuestros soldados destacan en misiones internacionales; nuestros oficiales gozan de prestigio en los foros aliados. Pero operan bajo una paradoja peligrosa: son excelentes en el “cómo”, pero insuficientes en el “cuánto”.

El modelo de profesionalización, adoptado en los años 2000, creó un ejército compacto y tecnológico. La teoría era seductora: menos cantidad, más calidad. El problema es que esa teoría se diseñó para un mundo que ya no existe. Un mundo donde la guerra convencional en Europa parecía impensable, donde las amenazas eran expedicionarias y limitadas, donde el tiempo para reaccionar se medía en meses.

Ucrania ha demostrado que ese mundo terminó. La guerra de desgaste ha vuelto. La masa importa. Y España, con apenas 117.000 efectivos en activo para un territorio de 500.000 km² más dos archipiélagos y dos ciudades autónomas en África, tiene un problema serio.

España tiene un problema de diseño estratégico no resuelto desde la suspensión del servicio militar.

El Ejército de Tierra, en particular, se ve sometido a un sobreesfuerzo permanente. Debe atender simultáneamente: la defensa del territorio nacional y la presencia permanente en Ceuta, Melilla, Canarias y Baleares; misiones de proyección exterior, con ciclos de adiestramiento y descanso cada vez más exigentes; tareas de protección estática: vigilancia de instalaciones, seguridad de bases, guardias y retenes; y apoyo recurrente a autoridades civiles: desde la pandemia hasta los incendios forestales de sexta generación o la DANA de Valencia.

El resultado es lo que podríamos llamar una anomalía estratégica: España ha diseñado una fuerza de élite, preparada para la maniobra y el combate moderno, pero la emplea rutinariamente como guardia territorial. Esta falta de relevo territorial obliga a que las unidades de combate se vean fragmentadas para cubrir guardias o retenes, degradando su capacidad de adiestramiento especializado. Estamos usando un bisturí de precisión para tareas que requieren una red de seguridad amplia.

 

3. El marco OTAN: la disuasión ya no es solo tecnología

El diagnóstico español cobra especial gravedad cuando se contrasta con la evolución doctrinal de la Alianza Atlántica. Desde la Cumbre de Madrid de 2022, el concepto de deterrence by resilience —disuasión mediante resiliencia— se ha consolidado como pilar de la defensa europea.

En octubre de 2024, la OTAN adoptó el documento MC 0441/3, que transforma las reservas de una capacidad suplementaria en un componente estratégico esencial de la disuasión aliada. El mensaje implícito es claro: cada nación debe disponer de un sistema de reservas capaz de sostener operaciones de alta intensidad más allá de los primeros meses de conflicto.

El MC 0441/3 introduce el concepto de “Reservas de Resiliencia” y establece una tipología de roles: Niche (especialistas); Complementary (integración en unidades de combate); Supplementary (masa territorial); y Surge (reconstitución de fuerzas).

España cumple formalmente con la doctrina aliada, pero no materialmente. Al carecer de un sistema de reserva que cubra estos roles, la credibilidad del flanco sur queda comprometida y nuestra dependencia de refuerzos aliados resulta excesiva.

 

4. Lecciones internacionales: por qué funciona

La experiencia internacional es elocuente. Los países que combinan fuerzas profesionales con sistemas de reserva eficaces son los que mejor resisten crisis prolongadas o inesperadas.

Finlandia es el caso paradigmático. Con una frontera de 1.300 km con Rusia, mantiene un ejército profesional reducido, pero puede movilizar más de 900.000 ciudadanos entrenados en menos de un mes. Su modelo de “Defensa Total” integra a la sociedad entera en la resiliencia nacional. Cada ciudadano sabe a qué unidad reportar, qué depósito de armas le corresponde y qué infraestructura debe proteger. El resultado es una disuasión creíble que ha mantenido a Rusia a raya durante décadas.

Estonia, con apenas 1,3 millones de habitantes, ha desarrollado una Cyber Unit de reservistas que integra a expertos de empresas tecnológicas punteras. Mantienen sus empleos civiles, pero operan bajo mando militar en caso de crisis. Es el estándar de oro para las capacidades Niche: el Estado accede a talento de vanguardia que jamás podría retener con sueldos militares.

Israel ofrece el ejemplo más claro de integración total. En su ejército no existe una frontera real entre fuerzas activas y reservistas. El reservista israelí no es un recurso de emergencia ni un elemento auxiliar, sino una prolongación directa de la fuerza profesional. Se adiestra bajo los mismos estándares, emplea los mismos sistemas y es planificado desde el inicio dentro de la arquitectura operativa. Esa continuidad elimina fricciones, acelera la movilización y convierte la reserva en un multiplicador inmediato de poder militar.

Ucrania demostró con sus Fuerzas de Defensa Territorial, que una estructura dispersa y asentada sobre el terreno puede frenar avances enemigos durante las primeras horas críticas. Esa resiliencia permite ganar el tiempo necesario para que las fuerzas profesionales entren en acción.

La lógica es simple: los soldados profesionales se encargan del combate en primera línea, mientras que reservistas aseguran el control del territorio.

España intenta que las unidades profesionales hagan ambas cosas al mismo tiempo, con plantillas limitadas y ciclos de adiestramiento insuficientes.

 

5. La propuesta: un sistema de reserva de tres niveles

Para revertir esta situación, se propone una Fuerza de Reserva (FR) estructurada en tres niveles o Tiers, de acuerdo con la doctrina de la OTAN.

Este modelo libera a la fuerza activa de tareas de desgaste, integra talento civil especializado y garantiza la resiliencia ante conflictos prolongados, lo que permite escalar capacidades con rapidez y potenciar la disuasión real sin incrementar el gasto estructural.

En definitiva, la propuesta transforma la reserva en un componente dinámico y coordinado, capaz de responder con agilidad a las exigencias del escenario estratégico actual.

Nivel 1: Fuerza de Reserva Operativa (FRO)

El multiplicador de combate. Antiguos militares profesionales y especialistas civiles críticos (ciberdefensa, sanidad, drones) integrados directamente en las unidades de la Fuerza Activa. Alta disponibilidad, entrenamiento intensivo, capacidad de despliegue internacional. Cubre los roles Niche y Complementary.

NIvel 2: Fuerza de Reserva de Defensa Territorial (FRDT)

El escudo. Reservistas voluntarios organizados por provincias, dedicados a la protección de infraestructuras críticas, control del territorio y apoyo logístico. Liberan a las unidades profesionales de las tareas de guardia y vigilancia. Conocen su terreno como nadie. Cubre el rol Supplementary.

Nivel 3: Fuerza de Reserva de Movilización (FRM)

El pulmón. Base de datos de ciudadanos con formación básica previa, ex-militares y especialistas civiles. Solo se activa en caso de movilización nacional para reconstituir unidades diezmadas o crear nuevas. Cubre el rol Surge.

Este sistema no propone crear un cuerpo aparte de las Fuerzas Armadas. Los reservistas serían personal militar encuadrado en las FAS, pero con diferentes regímenes de activación. La clave está en la integración: el reservista del Tier 1 es, a todos los efectos, un miembro más de su unidad cuando está activado; el del Tier 2 opera bajo mando militar, pero en coordinación con las autoridades civiles de su demarcación; el del Tier 3 solo se activa en caso de movilización nacional para cubrir las necesidades en los Tier 1 y 2.

 

6. Por qué esto no es militarizar la sociedad

Anticipemos la objeción más previsible: ¿no es esto un regreso encubierto al servicio militar obligatorio? ¿No supone militarizar a la sociedad civil?

No. Por varias razones.

Primera: el sistema propuesto es esencialmente voluntario. Todos los niveles se nutren de ciudadanos que eligen servir, atraídos por incentivos (formación, salario, puntos para oposiciones, beneficios fiscales) y por sentido del deber cívico. El modelo descansa en el consentimiento ciudadano —el “derecho/deber de defensa de España” que reconoce nuestra Constitución—, no en la coacción.

Segunda: la reserva no sustituye a la policía ni compite con la Guardia Civil. Hay una distinción clara de funciones: los reservistas cubren el vacío de intensidad entre la seguridad interior y el combate convencional, siempre bajo el amparo del Artículo 8 de la Constitución y la Ley Orgánica de la Defensa Nacional. La Guardia Civil se seguirá encargando del orden público y control de fronteras; mientras la FRTD tendrá a su cargo la protección de infraestructuras críticas ante amenaza militar, el control de áreas de desembarco y el apoyo a fuerzas regulares. La UME demuestra que España sabe crear capacidades nuevas cuando hay voluntad política.

Tercera: el problema es de presupuesto. Al contrario, la FRTD reduce el coste estructural. Convierte gasto fijo en gasto activable. Por cada euro invertido en la reserva, se liberan recursos profesionales para misiones de alta intensidad.

Cuarta: la alternativa —seguir como estamos— es peor. Sin una reserva que asuma la retaguardia, España “quema” su capital humano profesional en tareas que no le permiten evolucionar hacia los desafíos de la guerra híbrida y la alta intensidad. Es, paradójicamente, la ausencia de reserva lo que sobrecarga y desgasta a nuestros militares profesionales.

 

7. El coste oculto del statu quo

Mantener el statu quo tiene un precio que raramente se calcula. Cada brigada que destina compañías a proteger perímetros de bases es capacidad de combate perdida. Cada rotación adelantada por falta de relevo es adiestramiento degradado. Cada vez que se moviliza a unidades del Ejército de Tierra para apoyar a la UME en incendios o inundaciones, se resta disponibilidad para la misión principal.

Y hay un coste aún mayor, aunque más difícil de cuantificar: el coste en disuasión. Un adversario potencial —sea un Estado o un actor híbrido— evalúa no solo las capacidades desplegadas, sino la profundidad estratégica del oponente. Un país que puede movilizar decenas de miles de ciudadanos entrenados en semanas transmite un mensaje muy diferente a uno que depende exclusivamente de sus 117.000 profesionales.

La disuasión, en última instancia, es una señal. Y la señal que España envía hoy es la de un país que ha apostado todo a un ejército pequeño y exquisito, confiando en que nunca tendrá que defender su propio territorio de forma sostenida.

Ucrania pensaba algo parecido en 2021. España, en 2026, aún mantiene la misma apuesta.

 

8. Lo que viene a continuación

Este artículo ha planteado el diagnóstico y la visión general de la propuesta. Próximos artículos de la serie entrarán en el detalle necesario para convertir esta idea en un plan ejecutable, describiendo el diseño completo de cada nivel de las Fuerzas de Reserva, relaciones con las FCSE y el papel del talento civil especializado, entre otros aspectos.

España no solo necesita soldados “en nómina”. Necesita una arquitectura de fuerzas inteligente que sepa activar el talento y la presencia ciudadana cuando la situación lo demande. La pregunta no es si España puede permitirse una Fuerza de Reserva. Es si puede permitirse seguir sin ella.

El próximo ciclo de planeamiento de defensa es la última ventana razonable para corregir esta brecha. No hacerlo equivale a aceptar que España seguirá confiando en que la guerra nunca llegue a su territorio.




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