Una presencia persistente y discreta en el Norte de África
Introducción
Los enclaves españoles en el Norte de África —islotes y peñascos de dimensiones reducidas pero profunda carga simbólica— han sido gestionados históricamente como una anomalía heredada. Bajo una doctrina de perfil bajo, España confió en que la estabilidad regional y la superioridad militar convencional bastarían para preservar su soberanía. Sin embargo, este paradigma ha caducado ante la emergencia de un entorno estratégico en el Mediterráneo occidental marcado por la presión híbrida y el uso deliberado de la ambigüedad.
En la actualidad, la falta de capacidades funcionales en ciertos territorios no disminuye el riesgo de conflicto; por el contrario, genera una vulnerabilidad que favorece la aparición y explotación de "zonas grises". Este artículo sostiene que, en el siglo XXI, la defensa de la soberanía ya no depende únicamente del uso de la fuerza: requiere una presencia persistente y una elevada conciencia situacional. Los enclaves deben dejar de concebirse como reliquias pasivas y ser entendidos como nodos avanzados dentro de una red de información capaz de anticipar desafíos y fortalecer la disuasión sin recurrir a una escalada militar visible.
El propósito de esta entrada es
proponer una estrategia española de enclaves avanzados que, inspirándose
en los modelos de Francia e Israel, se adapte a las particularidades españolas. La
propuesta aboga por una presencia discreta pero tecnológicamente robusta,
basada en la dualidad civil-militar y la integración en red. El objetivo final
es transformar estos activos, tradicionalmente aislados, en centinelas
estratégicos que normalicen la presencia estatal y reduzcan el margen de
maniobra de cualquier actor que pretenda cuestionar la integridad territorial
española.
1. Marco estratégico: del control territorial a la conciencia
situacional
Durante el siglo XX, defender un territorio consistía simplemente en ocuparlo físicamente para resistir un ataque hasta que llegaran refuerzos. Hoy, ese modelo ha quedado atrás. En zonas como el Mediterráneo y el Norte de África, los conflictos ya no son guerras abiertas, sino estrategias híbridas y presiones constantes que buscan desestabilizar sin llegar al combate directo. Por eso, la prioridad ya no es solo resistir un ataque, sino tener la capacidad de vigilar y anticipar las amenazas antes de que el conflicto estalle.
Este cambio desplaza el centro de gravedad desde el control territorial al control de la información. La capacidad de generar conciencia situacional persistente —marítima, aérea y electromagnética— se convierte así en un elemento central de la disuasión moderna. Ver antes, comprender mejor y atribuir con mayor claridad no solo otorga una ventaja táctica, sino que permite la atribución rápida de acciones hostiles, reduciendo drásticamente el margen de maniobra del adversario y aumentando su coste político. Así, los enclaves evolucionan de puestos defensivos aislados a sensores avanzados integrados en una red que expande la profundidad estratégica del Estado.
Este enfoque introduce una distinción vital entre ocupación y presencia. Mientras la primera suele implicar guarniciones visibles fácilmente explotables en narrativas de confrontación, la presencia se materializa a través de capacidades técnicas de baja huella y alta legitimidad. Para España, este modelo es especialmente valioso, pues permite:
- Detectar anomalías antes de que cristalicen en crisis abiertas.
- Atribuir acciones hostiles con solidez probatoria y rapidez.
- Ganar tiempo político para gestionar escaladas graduales.
- Coordinar respuestas entre agencias sin recurrir prematuramente a la fuerza.
En definitiva, la soberanía en el
siglo XXI no se garantiza solo con la posesión física, sino con la capacidad de
integrar cada territorio en una arquitectura de red donde la información
es el primer escalón de la seguridad nacional. La soberanía efectiva se ejerce
hoy más por la capacidad de observar y anticipar que por la mera ocupación del
terreno
2. Doctrinas comparadas de enclaves avanzados: Francia e Israel
El diseño de una estrategia
propia para España exige un análisis riguroso de modelos internacionales que
evite tanto la idealización de soluciones ajenas como su rechazo automático.
Francia e Israel ofrecen dos aproximaciones opuestas en el empleo de enclaves
avanzados, aportando lecciones críticas sobre sus alcances y limitaciones.
2.1. El modelo francés: la normalización administrativa
La estrategia francesa se basa en la présence de souveraineté, proyectando al enclave como una extensión natural del Estado mediante infraestructuras permanentes y misiones duales (ambientales y humanitarias). Su mayor ventaja es la legitimidad acumulativa: la presencia cotidiana dificulta las reclamaciones externas sin que el adversario sea visto como un disruptor. Sin embargo, su rigidez burocrática y alta visibilidad pueden ralentizar la reacción ante amenazas híbridas y hacer su defensa más predecible.
Para España, la doctrina francesa
ofrece una lección fundamental: la soberanía se refuerza cuando se
administra y se ejerce de forma continua, no cuando se presenta como una
excepción defensiva. No obstante, trasladar este modelo de forma literal al
Norte de África implicaría asumir niveles de visibilidad y compromiso político
que pueden resultar difíciles de sostener en el contexto español.
2.2. El modelo israelí: la
defensa endurecida
En un entorno de hostilidad
existencial, Israel ha desarrollado una doctrina de defensa adelantada.
Sus enclaves están altamente militarizados, poseen autonomía operativa total
(energía, sensores y fuegos) y están diseñados para una reacción inmediata sin
necesidad de autorizaciones políticas prolongadas. Si bien este modelo ofrece
una disuasión creíble y eficaz frente a sabotajes o drones, conlleva un
altísimo coste político y narrativo. La militarización explícita suele
alimentar las narrativas del adversario e incrementar el riesgo de escalada, lo
que lo hace difícilmente exportable a naciones con perfiles diplomáticos
más moderados
Para España, la doctrina israelí
aporta una enseñanza clara pero parcial: la importancia de la supervivencia,
la autonomía y la reacción rápida. Sin embargo, adoptar este modelo sin
adaptación implicaría asumir un nivel de confrontación política y narrativa
incompatible con los intereses españoles en el Norte de África.
2.3. Síntesis para el caso
español
De la comparativa se desprende
que España no debe copiar íntegramente ninguno de los dos esquemas. La clave
reside en una síntesis estratégica: adoptar la presencia persistente y
normalizada de Francia para generar legitimidad a largo plazo, e incorporar
la resiliencia técnica y autonomía de Israel para operar bajo presión
híbrida. El objetivo es "permanecer como Francia y sobrevivir como
Israel", manteniendo ante el exterior una imagen de actor esencialmente
civil y estabilizador. Esta doctrina, deliberadamente ambigua, permite
maximizar la utilidad estratégica reduciendo la exposición política.
3. El entorno español en el Norte de África
Cualquier propuesta estratégica
para los enclaves debe fundamentarse en un análisis realista del escenario
específico donde se inserta. El Norte de África representa para España un
espacio estratégico singular donde convergen una proximidad geográfica
extrema, una alta sensibilidad simbólica y un umbral de escalada notablemente
bajo. Estas particularidades invalidan las soluciones genéricas y exigen un
diseño ajustado al contexto local.
3.1. Factores geográficos y
naturaleza de la amenaza
Los enclaves —Perejil, el Peñón
de Vélez de la Gomera, las islas de Alhucemas, Chafarinas y la isla de Alborán—
se definen por su discontinuidad territorial, su cercanía física
a la costa africana y su valor estratégico desproporcionado respecto a
su tamaño. Esta ubicación reduce drásticamente los tiempos de reacción y los
convierte en puntos vulnerables a acciones de baja intensidad.
Esta geografía convierte a los
enclaves en puntos especialmente vulnerables a acciones simbólicas o híbridas,
pero también en sensores adelantados de primer orden si se integran
adecuadamente en una lógica de red.
Actualmente, el principal desafío
no es una agresión militar convencional, sino una combinación de presión
híbrida y tácticas diseñadas para alterar la percepción de control estatal
sin desencadenar una respuesta armada. Entre estas amenazas destacan
- Ocupaciones simbólicas o “civiles” de baja
intensidad.
- Actividades marítimas ambiguas, como la pesca
irregular o la investigación no autorizada.
- El empleo de drones comerciales y medios no
tripulados.
- Campañas mediáticas y diplomáticas orientadas a
erosionar la legitimidad soberana.
3.3. De la simbología a la
funcionalidad técnica
España opera bajo restricciones
políticas severas, incluyendo una limitada tolerancia social a la
militarización visible y la necesidad de mantener la estabilidad diplomática en
el flanco sur. Históricamente, esto ha mantenido a los enclaves en un estado de
pasividad simbólica: se asume el riesgo político de su posesión sin
extraer su potencial estratégico.
En su estado actual, muchos de
los enclaves del Norte de África cumplen una función esencialmente simbólica:
su valor reside más en lo que representan que en lo que aportan operativamente.
Esta situación genera una paradoja estratégica: se asume el riesgo político
de mantenerlos sin extraer plenamente su potencial estratégico.
La alternativa propuesta es
transformar estos espacios en nodos funcionales de una red de conciencia
situacional. El objetivo es que dejen de ser bastiones aislados para
convertirse en sensores capaces de ampliar la profundidad informacional de
España en el Estrecho y el mar de Alborán. En este marco, la capacidad de ver
antes, atribuir y documentar con legitimidad se vuelve más decisiva que la
capacidad de combate local. Un enclave pequeño, aunque sea físicamente
vulnerable, resulta estratégicamente vital si aporta información persistente y
fiable que reduce la sorpresa estratégica.
Esta realidad del entorno español
del Norte de África explica por qué una estrategia basada en infraestructuras
ligeras, ISR pasivo y baja huella no es una concesión, sino una adaptación
racional a las condiciones del teatro.
4. Principios de la estrategia española de enclaves avanzados
La eficacia de esta propuesta no
reside en la acumulación de potencia de fuego, sino en la adopción de una serie
de principios operativos que optimizan la utilidad estratégica de los enclaves
bajo condiciones de presión híbrida y alta exposición diplomática. Estos
pilares transforman activos tradicionalmente pasivos en herramientas dinámicas
de seguridad nacional.
4.1. Disuasión por información
y baja huella
El principio rector es que la información
persistente constituye el primer escalón de la disuasión moderna. En el
Norte de África, la capacidad de observar y atribuir acciones en tiempo real
eleva el coste político de cualquier intento de crear "hechos
consumados". Para lograrlo, se prioriza el uso de sensores pasivos (ISR) y
la integración en redes de datos, dejando la ocupación física permanente en un
segundo plano.
Complementariamente, la
estrategia apuesta por una presencia de baja huella. El uso de
infraestructuras discretas, autónomas y con mínima firma física reduce la
vulnerabilidad política de los enclaves y evita ofrecer pretextos para
narrativas de confrontación. La baja huella no implica ocultación, sino una normalización
administrativa que dificulta el cuestionamiento externo.
4.2. Dualidad funcional y
arquitectura en red
Un pilar fundamental es la dualidad
civil-militar desde el diseño. Cada instalación debe estar plenamente
justificada por funciones civiles legítimas —como la seguridad marítima, la
protección del medio ambiente o la investigación científica— mientras aporta
simultáneamente valor directo a la defensa nacional. Esta ambigüedad deliberada
dota al sistema de una resiliencia política superior.
Asimismo, los enclaves dejan de
ser entidades aisladas para integrarse en una arquitectura de red. En
este esquema, el valor de cada nodo se mide por su contribución al conjunto; la
degradación de un elemento no colapsa el sistema, y los enclaves más pequeños
adquieren una relevancia sistémica desproporcionada. La lógica de red permite
además escalar capacidades sin modificar la narrativa pública.
4.3. Modularidad, autonomía y
control narrativo
Finalmente, la estrategia exige
infraestructuras modulares y escalables, capaces de actualizarse
tecnológicamente sin obras civiles visibles y de incrementar sus capacidades de
forma reversible en caso de crisis. Los nodos deben poseer autonomía
funcional (energía y comunicaciones redundantes) para negar la eficacia de
sabotajes o interferencias de baja intensidad. Todo el modelo está diseñado
para negar la escalada narrativa al adversario: cuantas menos armas y
guarniciones visibles existan, menor será el rendimiento político de cualquier
acción hostil contra la soberanía española.
5. Infraestructuras y capacidades por tipo de enclave
La implementación de esta
estrategia requiere una arquitectura modular que adapte los principios
doctrinales a la realidad física y simbólica de cada territorio. No se busca un
despliegue uniforme, sino la creación de una red donde cada nodo aporte
funciones específicas de vigilancia, atribución y conciencia situacional
5.1. Nodos de vigilancia
estratégica e ISR
Enclaves como la Isla de
Alborán, los islotes de Las Palomas y Perejil concentran el mayor valor por su ubicación en el eje de tránsito marítimo del Estrecho. Su
función es estrictamente informacional, actuando como sensores de ISR
pasivo marítimo y aéreo de baja cota. Estos nodos operan de forma remota, con
una presencia humana mínima y sin armamento permanente, priorizando
infraestructuras como radares de superficie de baja potencia, cámaras EO/IR y
sistemas energéticos autónomos. En este esquema, Perejil se redefine
como un nodo discreto que elimina ángulos muertos en combinación con la costa
peninsular.
5.2. Control litoral y
presencia prolongada
En el Peñón de Vélez de la
Gomera y las islas de Alhucemas, la estrategia extremará la baja huella
debido a su alta exposición mediática. Su objetivo no es el control directo,
sino hacer el entorno transparente mediante sistemas ópticos de largo alcance
que documenten actividades costeras o presencia de drones.
Por otro lado, las islas
Chafarinas, debido a su mayor extensión, son idóneas para una presencia
institucional continuada bajo una narrativa dual. Funcionan como estaciones
científicas, medioambientales y plataformas de experimentación de sistemas ISR
ligeros, ejerciendo la disuasión mediante la normalización funcional y
no por la fortificación.
5.3. Capacidades transversales
y exportabilidad
Independientemente de su
ubicación, todos los enclaves se integran en una arquitectura de mando y
control (C2) discreta y resiliente frente a interferencias. Esta base común
incluye centros de fusión de datos y protocolos de ciberseguridad que
garantizan el valor sistémico de la red. Este modelo de "baja huella y
legitimidad dual" es, además, exportable a otros espacios
sensibles, como los islotes periféricos de Canarias, para la vigilancia de
rutas migratorias y narcotráfico.
6. implementación por etapas de la estrategia e inversiones
La viabilidad de esta propuesta
no depende solo de su solidez doctrinal, sino de una implementación gradual,
discreta y políticamente sostenible. Las etapas propuestas buscan evitar saltos
abruptos, repartiendo los costes y permitiendo ajustar el modelo a la evolución
del entorno sin comprometer la coherencia del sistema.
6.1. Secuencia de
implementación
La estrategia se articula en tres
etapas diferenciadas:
- Fase I (corto plazo): consolidación
informacional. El objetivo es convertir enclaves críticos como Alborán
y Perejil en nodos ISR pasivos operativos sin alterar su estatus político
o visibilidad. Se prioriza la narrativa dual y una inversión baja centrada
en equipos comerciales y obra mínima.
- Fase II (medio plazo): expansión y
estandarización. Se extiende el modelo a Vélez de la Gomera, Alhucemas
y Chafarinas, transformando los nodos individuales en una malla coherente
de conciencia situacional. Se estandarizan sensores y protocolos entre
agencias para ganar redundancia y eficiencia.
- Fase III (largo plazo): maduración y
escalabilidad. El sistema se consolida como infraestructura
estratégica nacional, incorporando análisis avanzado de datos y refuerzo
de ciberseguridad. Se preinstalan opciones de escalado funcional para
crisis, sin activarlas de forma permanente.
6.4. Gobernanza y retorno
estratégico
Para asegurar el éxito, la gestión debe recaer en un mando civil con apoyo técnico militar. Esta estructura permite integrar la inversión en la administración ordinaria, evitando controversias sobre la militarización. En este modelo, el retorno no se cuantifica en capacidad bélica, sino en ventaja informativa: la reducción de la sorpresa estratégica y la disuasión efectiva de amenazas híbridas.
7. Curso de acción ante una subida de la tensión
La credibilidad de esta
estrategia reside en su capacidad para gestionar el deterioro progresivo de la
seguridad mediante una secuencia predefinida de medidas que eviten respuestas
puramente reactivas. Este curso de acción cubre el tránsito entre la normalidad
y la crisis abierta, permitiendo evitar hechos consumados, así como anticipar
y contener amenazas sin renunciar a la baja huella.
- Normalidad vigilada: Los enclaves operan
como nodos ISR pasivos integrados, utilizando una narrativa
civil-funcional para detectar señales tempranas y reducir la sorpresa
estratégica.
- Tensión latente: Ante actividades marítimas
o aéreas ambiguas y presión mediática, se intensifica la atribución
informacional y se despliegan medios anti-dron para elevar el coste de la
ambigüedad.
- Pre-crisis híbrida: Ante preparativos de
ocupaciones simbólicas, se protegen los nodos críticos (Alborán,
Chafarinas y Vélez) mediante el despliegue temporal de
sistemas de defensa aérea de muy corto alcance (VSHORAD).
- Crisis controlada y disuasión reforzada:
Tras incidentes directos, se refuerza la defensa de puntos clave como
Alborán y Chafarinas. Solo en escenarios extremos se contempla el
despliegue reversible de misiles costeros, siempre justificado como
protección de la navegación.
Este enfoque garantiza la
proporcionalidad y el control político, alineándose con los principios de
respuesta graduada de la OTAN. Este enfoque escalonado garantiza continuidad
estratégica, control narrativo y flexibilidad política. Lejos de militarizar
los enclaves, los convierte en reguladores activos de estabilidad,
capaces de sostener respuestas firmes sin abandonar la lógica de discreción y
legitimidad que define una estrategia española propia.
Conclusión: una estrategia española propia
España requiere una respuesta
original que reconozca que la fortificación armada permanente en el Norte de
África resulta hoy estratégicamente ineficiente y políticamente costosa. La
singularidad de estos territorios exige priorizar la información, la
legitimidad y la persistencia sobre la demostración de fuerza convencional.
La propuesta plantea un cambio de paradigma: transformar bastiones aislados en nodos funcionales en red, y sustituir la presencia visible por una persistencia discreta. La estrategia busca optimizar la relevancia de territorios pequeños evitando pretextos que terceros puedan explotar. Al funcionar como "sensores", estos espacios permiten que España juegue en su plano de mayor fortaleza: el ordenamiento internacional y la gestión de la información. En lugar de una presencia militar agresiva, se apuesta por la transparencia del entorno, logrando que puntos tradicionalmente frágiles actúen como multiplicadores de la autoridad estatal.
Esta es, en definitiva, una estrategia realista, específicamente española y alineada con las condiciones del siglo XXI: menos ruido, más información; menos símbolos, más control; menos reacción, más anticipación.
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