martes, 8 de septiembre de 2026

Una Infantería de Marina para la nueva doctrina

De la guardia de arsenales a la compañía de combate distribuido

 

INTRODUCCIÓN

La Infantería de Marina española cuenta con unos 5.700 efectivos. Por cabezas, es uno de los mayores cuerpos de su especie en Europa occidental; supera a la Brigata San Marco italiana, que ronda los 3.800, y casi dobla al Korps Mariniers neerlandés, que ronda los 2.500. En cualquier acto institucional esa cifra se exhibe como prueba de que España conserva una capacidad anfibia de primer orden. La cifra es cierta, pero engañosa como medida de capacidad.

El Cuerpo se reparte en tres componentes. El Tercio de Armada, la fuerza anfibia, ronda los 2.500 efectivos; la brigada de desembarco, dentro de él, no alcanza los 2.000. La Fuerza de Protección, unos 2.000, un tercio largo del Cuerpo, custodia bases y arsenales. El resto, la Guerra Naval Especial, la escuela y el mando, completa los 5.700. España tiene mucha plantilla y poca masa de maniobra en primera línea.

Sobre el papel, los dos batallones de desembarco alinean seis compañías de fusiles. Descontados los huecos de plantilla y la cola, con dos o tres personas que instruyen, transportan, curan y comunican por cada una que combate en primera línea, la masa que España puede concentrar en el primer escalón de una operación anfibia se sitúa entre setecientos y novecientos combatientes.

Una operación anfibia no la hacen solo quienes pisan la arena; la hacen también las embarcaciones que los llevan, los zapadores que abren la brecha, los fuegos que los cubren, la sanidad que los estabiliza y el mando que los coordina. La discrepancia real está entre la plantilla total del Cuerpo y la masa de maniobra que puede concentrarse simultáneamente en una organización de primera línea. España tiene mucha de la primera y poca de la segunda.

Es la sedimentación de un modelo pensado para otro mundo, el de las operaciones permisivas de los noventa, cuando la Infantería de Marina embarcaba una compañía reforzada rumbo a los Balcanes o al Líbano y esa era exactamente la misión. El problema es que fue concebido para algo que ya no existe y que, entretanto, un tercio del Cuerpo se quedó adscrito a vigilar arsenales.

Del desembarco clásico al raid distribuido. Imagen conceptual generada por IA del tránsito de la masa nominal a la capacidad real

La BRIMAR 2040 se propone corregir esa distancia entre lo anunciado y lo empleable. Y lo hace, esta es la tesis, sin pedir apenas un recluta nuevo. No engorda el Cuerpo. Lo reparte, lo jubila y lo disuelve. Propone cambiar deliberadamente de una fuerza optimizada para concentrar masa en la playa a una fuerza optimizada para generar efectos litorales sin concentrar masa. Ese cambio de naturaleza, no el incremento de efectivos, es el eje de lo que sigue.

Pero la reforma se entiende mejor empezando por los funerales.

 

1. Lo que se muere

Empecemos por los entierros, que es lo que conviene contar primero, porque explica todo lo demás.

La reforma no añade unidades a una estructura intacta. Disuelve unidades y lo hace con nombre propio. La víctima central es el Batallón Mecanizado, el tercero de la brigada, que desaparece como tal. Con él se disuelve su compañía y no se repone un carro de combate, porque en el raid distribuido no hay sitio para un blindado pesado que llega a la costa despacio y anuncia su posición a cualquier dron a veinte kilómetros. Y se retira el vehículo anfibio de asalto AAV-7, el icono del desembarco de toda una generación, esa caja metálica que se aproximaba a la playa a ocho nudos vomitando infantes.

Un vehículo anfibio lento no muere por enfrentarse a un misil de crucero, que amenaza sobre todo al grupo naval en tránsito. Muere por otra cosa. Ocho nudos bajo vigilancia persistente de drones, sensores costeros, minas, munición merodeadora y artillería de precisión es una firma demasiado lenta y predecible para constituir, por sí sola, una solución de primera oleada. El AAV-7 no debe penetrar una costa cuya cadena de sensores y efectores sigue intacta; antes hace falta engañar, suprimir y abrir una ventana local de superioridad. Esa es la lección.

El AAV-7 no se jubila hacia el vacío. Existe un programa ya autorizado, el VACIM, sobre la plataforma SuperAV/ACV de Iveco Defence, que adquiere treinta y cuatro vehículos anfibios de ocho ruedas para sustituir la vieja capacidad. El ACV es más seguro en el agua (con más reserva de flotabilidad, asientos y salidas pensadas para abandono y operación declarada en mar 3) y en tierra (más protección, con casco en V, asientos antiexplosión y blindaje modular, además de mayor velocidad y alcance; aunque peor movilidad en fango, duna blanda). Pero no es ningún milagro hidrodinámico. Un ocho ruedas anfibio nada a unos seis nudos, igual de lento que el AAV al que releva. De ahí que la regla doctrinal es que el componente mecanizado deja de ser el mecanismo predeterminado del primer escalón y pasa a emplearse cuando la situación de amenaza y la ventana de superioridad local hagan rentable su firma y su protección. Puede haber circunstancias, un sector donde la supresión haya funcionado completamente, una extracción bajo fuego, un contraataque en zona urbana, en que un vehículo protegido sea la herramienta correcta también en el primer contacto. Lo que muere en la nueva doctrina es la obligación de que el ocho ruedas sea el primero en llegar; lo que sobrevive es su utilidad condicional. En segunda oleada, como regla general; antes, si la situación lo justifica. Y teniendo en claro que es un vehículo de reconocimiento armado sobre ruedas, caballería de acompañamiento, no la punta de lanza acorazada que fue el M-60.

La purga alcanza también a la artillería. Las baterías de obuses remolcados de 105 milímetros quedan retiradas, por unos tiempos de despliegue que un campo de batalla transparente ya no perdona. La lección de Nagorno-Karabaj y del Mar Rojo no es que el tubo haya muerto; es que la pieza expuesta, lenta, mal dispersa y ruidosa en el espectro no sobrevive a una cadena integrada de sensor y tiro. La reforma, por tanto, no mata el cañón, lo pone en movimiento y lo reparte por alcance y por oleada, de modo que cada sistema dispare y se desplace antes de que el contrafuego lo encuentre.

Ese escalonamiento no es un detalle técnico; es la columna de los artículos que vendrán sobre las oleadas. La primera, la que toca tierra cuando la costa todavía respira, no puede descansar en el vehículo de ocho ruedas, que por su peso y su firma es fuerza de segundo escalón. Su apoyo de fuegos inmediato lo da el mortero embarcado sobre vehículo ligero, que además es español y en buena parte ya está comprado. La Infantería de Marina opera el EIMOS de 81 milímetros sobre el VAMTAC, un mortero que dispara en cualquier dirección sin estabilizadores y desembarca con la primera oleada; sobre él, el Alakran de 120 milímetros, un sistema español que entra y sale de posición en un minuto y que ya combate en Ucrania. Ambos disparan y se mueven; ninguno se remolca, porque remolcar es regresar a la lentitud que la reforma evita.

El segundo escalón llega después, cuando la brigada se asienta y necesita batir contraataques en profundidad. Entonces entran el mortero de 120 integrado sobre el ocho ruedas y los seis obuses autopropulsados de 155 milímetros, modernizados, que alcanzan los veinticuatro kilómetros; la cohetería y el misil antibuque costero cierran la profundidad y la negación. La artillería de tubo no desaparece de la brigada; cambia de oleada. La tentación de tapar el primer hueco con un obús pequeño de nuevo cuño se descarta por la misma razón que condenó al 105 remolcado: un mortero español sobre un vehículo ligero ya da el fuego de zona a dos o cuatro kilómetros que el combate próximo exige, sin sumar un calibre ni una dependencia que no hacen falta. El misil se reserva para lo que de verdad lo justifica.

Nada de lo que muere desaparece en el vacío. Muere para que nazca otra cosa y ese es el mecanismo de toda la reforma. El personal del batallón mecanizado no se licencia; se reconvierte. Una parte alimenta el componente mecanizado de refuerzo que hereda la función blindada de segunda oleada. Otra engrosa el grupo de sistemas no tripulados, la unidad que hoy no existe y que la doctrina convierte en una de las mayores de la brigada. Los contracarros pasan a las compañías y al grupo de fuegos. La artillería remolcada cede su sitio al mortero embarcado, al cohete y al misil. El reconocimiento asciende de categoría. Es una brigada que se canibaliza para transformarse y esa autofagia es la respuesta al problema del reclutamiento, porque cada plaza que se libera jubilando una capacidad obsoleta es una plaza que no hay que salir a buscar a un mercado que no la ofrece.

 

2. La compañía que cambia de naturaleza

Para dimensionar una brigada hay que decidir primero cuál es su unidad básica de maniobra. La de 2040 es la compañía de desembarco anfibio, dimensionada en unos ciento sesenta efectivos. La cifra engaña si se compara con la compañía reforzada de antaño. La compañía de fusiles española actual ronda ya los ciento veinte o ciento cincuenta. La de 2040 añade orgánicamente una sección de sistemas no tripulados, un equipo de fuegos con observadores avanzados y una célula de guerra electrónica y antidrón de proximidad. Es el paso de una compañía de fusiles a una compañía multiámbito capaz de ver, decidir y golpear por sí misma.

Conviene resistir la tentación de cargarla con todo lo demás. La maniobra sigue siendo de batallón. Las compañías no operan como piezas sueltas, sino encuadradas en dos batallones de maniobra litoral que conservan la capacidad de sostener, no solo de golpear y retirarse. La compañía ve y golpea en su entorno inmediato; el batallón aporta el ISR, la guerra electrónica y los fuegos de mayor alcance; la brigada, los sensores lejanos, la defensa aérea y la logística.

De esa decisión se deriva la aritmética de toda la brigada. Dos batallones de maniobra litoral, con tres compañías cada uno, aportan seis compañías permanentes; alrededor se ordena el resto. Un cuartel general proyectable de unos 250 efectivos. Un grupo de reconocimiento y adquisición de blancos de brigada de 300. El grupo de sistemas no tripulados y guerra electrónica, unos 450, la mayor apuesta de crecimiento de todo el conjunto. Un grupo de fuegos de 280. Una defensa aérea y antidrón de 300, elevada a la categoría de grupo por las lecciones de Nagorno-Karabaj y el Mar Rojo. Un grupo de movilidad y zapadores anfibios de 320, que conserva y refuerza el grupo naval de playa, ese elemento que gestiona la orilla y controla el flujo entre el buque y la costa. Un componente mecanizado de refuerzo de 150 con los nuevos vehículos de ocho ruedas. Un grupo logístico de 750, que agrupa sostenimiento, transporte, mantenimiento, sanidad de segundo escalón, distribución avanzada y recuperación. Un grupo de guerra de minas litoral con capacidad de UUV, unos 120 efectivos fuera del cuadro principal de la brigada. Y las tres unidades de presencia permanente en Ceuta, Melilla y Canarias, unos 450 efectivos que serán materia del artículo siguiente. Los dos estados mayores de los batallones de maniobra, con sus células de mando, comunicaciones, inteligencia y sanidad orgánica, suman unos 240 efectivos adicionales. El total ronda los 4.450.

Ese grupo logístico de 750 merece una defensa, porque a primera vista parece una hinchazón y es justo lo contrario. En una operación distribuida, comprimir la logística es a menudo un error. Seis nodos dispersos que se reabastecen por dron, que ocultan cachés en múltiples ubicaciones y que deben reconstituirse tras cada golpe no reducen los puntos de distribución; los multiplican. La logística distribuida no es grasa recortable; es maniobra. No elimina la cola, le cambia la forma y esa forma exige más redundancia, más movilidad y más autonomía táctica, no menos personal. Dentro de esos 750 hay que contar al grupo naval de playa, que organiza la orilla, controla las oleadas y gestiona el flujo entre el buque y la costa. En un raid distribuido esa función no desaparece; se atomiza sobre más puntos, que es más difícil, no menos.

 

3. La cuenta que sí cierra

Combatiente de contacto es el personal de las compañías de desembarco, más los equipos orgánicos de fuego, drones y guerra electrónica de compañía, más la fracción del grupo de reconocimiento (GROEA) empleada en misión directa, estimada en un tercio a la mitad de sus 300 efectivos, según el escenario. Todo lo demás es apoyo de combate o apoyo de servicios.

Con esa definición, la brigada actual de unos 2.500 efectivos pone en primera línea entre 700 y 900 combatientes; la BRIMAR 2040, de 4.450, pone entre 1.100 y 1.300. El resto, más de tres mil, son habilitadores y sostenimiento.


Plantilla

Fuerza de contacto

Habilitadores + apoyo

TEAR 2026

~2.500

~700-900

el resto

BRIMAR 2040

~4.450

~1.100-1.300

~3.250

La fuerza de contacto crece del orden de vez y media. El número de compañías permanece en seis; lo que cambia es que las de 2040 están plenamente dotadas, con drones y fuegos propios integrados, mientras las de hoy llevan huecos de plantilla y dependen del escalón superior para ver. Ese es el salto real. La transformación no consiste en multiplicar cabezas de fusil; consiste en multiplicar la capacidad de combate de cada una mediante sensores, fuegos, drones, guerra electrónica y movilidad. Un combatiente de 2040, con su sección orgánica de drones y su fuego de precisión, produce el efecto que en 1999 exigía a varios.

 

4. Lo que esta brigada deja de hacer

Esta BRIMAR 2040 renuncia a una ficción. Deja de estar optimizada para tomar y sostener en solitario una cabeza de playa contra un adversario con anti-acceso de gama alta y en alta intensidad. La brigada actual tampoco puede hacer eso de verdad, simplemente todavía finge que sí. La reforma cambia una capacidad fingida por otra real. La fuerza pasa a estar optimizada para el empleo litoral distribuido, el raid, la incursión, el golpe de fuegos, la negación, sin renunciar del todo a concentrarse cuando la situación lo permita. Los dos batallones de maniobra y el componente mecanizado de refuerzo existen precisamente para conservar el escalón bajo del espectro, la evacuación de nacionales, el refuerzo de Canarias o Baleares, el control temporal de un puerto o la aportación de un contingente anfibio a la OTAN.

 

5. La FUPRO o la vaca sagrada con nombre

Queda por explicar de dónde sale la gente, porque pasar de setecientos combatientes de contacto a mil doscientos, y sostener una brigada de cuatro mil quinientos, parece exigir un reclutamiento que el país no puede dar. En 2013 se presentaban 27,9 aspirantes por cada plaza de tropa y marinería; en 2024, la ratio era de 4,2, y de las 8.062 plazas ofertadas se cubrieron 7.116, con casi un millar sin candidato apto. Sobre ese suelo no se levanta un batallón de reclutas.

La respuesta está en la Fuerza de Protección, que es la vaca sagrada del asunto. La Fuerza de Protección cumple una misión real, la protección física de bases, instalaciones y personas de la Armada, y ha nutrido despliegues en el exterior. El problema es que una parte demasiado grande de una fuerza militar escasa está adscrita de forma permanente a cometidos cuya naturaleza no exige que todo su potencial recaiga sobre infantería de marina de combate. Dos mil infantes dedicados en su mayoría a la guardia son, sobre el papel, capacidad de asalto atrapada en una función que otros pueden cubrir. España lleva años declarando la proyección anfibia como prioridad mientras dedica su mayor bolsa de infantes de marina a vigilar perímetros.

El movimiento inteligente no es disolver esa fuerza ni expulsarla del Cuerpo, sino estratificarla en tres anillos. El primero, el control de accesos rutinario, la vigilancia técnica de perímetro y el protocolo, puede confiarse a personal civil, seguridad contratada y una policía naval ampliada. El segundo agrupa la protección militar propiamente dicha, la respuesta armada, la seguridad de buques en base y la custodia del armamento. El tercero, el más exigente, es el que justifica conservar infantería cualificada: antidrón de base, contrasabotaje, respuesta antibuzos y defensa activa de puertos estratégicos como Rota o Cartagena. Depurada así, la Fuerza de Protección remanente, del orden de mil cuatrocientos efectivos, deja de ser guardia y pasa a ser protección de fuerza con capacidad de defensa de instalaciones. Como orden de magnitud, el primer anillo externalizable representa del orden de un tercio de los dos mil efectivos actuales de la Fuerza de Protección; los dos tercios restantes corresponden a cometidos que requieren personal militar y nutren los anillos dos y tres.

De ese remanente puede generarse, además, una capacidad de reserva movilizable hacia la brigada en crisis, aunque conviene ser prudente, pues el día en que España necesite un desembarco será, con toda probabilidad, el día en que Rota, Cartagena y el depósito de misiles estén más amenazados. La reserva, por tanto, existe si la situación en las bases lo permite.

La brigada de 4.550, más la Fuerza de Protección reconvertida de unos 1.400, más la Guerra Naval Especial, la escuela y el mando del Cuerpo, arroja alrededor de 6.400 efectivos. Frente a los 5.700 actuales, es un crecimiento del doce por ciento. Y sin embargo la fuerza de combate anfibio real se transforma de arriba abajo, con seis compañías por fin plenas y una densidad de drones y fuegos que hoy no existe. El músculo se refuerza sin doblar el Cuerpo, porque el grueso del incremento se cubre con el trasvase interno del orden de 600 a 900 plazas reconvertidas y solo un incremento neto modesto.

 

6. El roce que la reforma no puede resolver sola

Las compañías avanzadas de raid litoral que la reforma sitúa en Ceuta y Melilla son unidades nuevas de infantería de marina en dos plazas cuya guarnición corresponde hoy al Ejército de Tierra, con sus Comandancias Generales, y donde ya operan unidades históricas de despliegue rápido como la Legión y los Regulares. Es un solapamiento directo de responsabilidades sobre el mismo terreno.

Lo que la infantería pesada de Tierra no aporta, y sí la compañía de raid litoral, es el vector de acción sobre el mar desde los enclaves y las islas y los sensores navales integrados en el mando marítimo. La una defiende el enclave desde tierra; la otra proyecta desde la costa hacia el agua y hacia las islas de soberanía. Son cometidos complementarios, no idénticos, y ahí está el argumento para que convivan.

Hay, además, un filo político que trasciende lo militar. Una compañía de raid anclada en Ceuta o Melilla es, o bien disuasión soberana, y entonces no incursiona, o bien fuerza de raid, y entonces su empleo es un acto de política exterior con consecuencias. Esa ambigüedad la resolverá un próximo artículo de los enclaves.

 

7. Cómo llega la compañía a la orilla

Retirar el blindaje anfibio de la primera oleada no es solo una decisión de material; es una decisión sobre el vector de desembarco. La masa de la compañía ya no se aproxima en un vehículo lento y protegido, sino en embarcaciones rápidas de asalto de perfil bajo lanzadas desde más allá del horizonte de radar, y el eje vertical la complementa con inserción helitransportada sobre la retaguardia del defensor.

Velocidad y firma reducida sustituyen al blindaje; cuarenta minutos de exposición son mejores que dos horas. Ese cambio de vector es, de hecho, el quinto movimiento de la reforma y el que hace posible todos los demás. Sin embarcaciones rápidas que releven al AAV en el agua, sin un ala de convertiplanos que dé alcance vertical al segundo eje, medio que este programa propone adquirir en un artículo posterior, y sin la red de conectores del grupo naval de playa, la compañía multiámbito de ciento sesenta es una excelente unidad ligera sin forma de llegar a la cala. El cuello de botella de cómo la fuerza toca tierra lo es la serie lo desarrollará en los artículos de la compañía de desembarco anfibio y del componente naval.

 

8. Lo que han hecho los que se parecen a nosotros

Nada de esto es una excentricidad española, de modo que la reforma no es un experimento aislado sino la incorporación tardía a una tendencia que los pares ya recorren.

El caso británico es tanto modelo como aviso. En junio de 2026, la 3 Commando Brigade pasó oficialmente a denominarse UK Commando Force, una fuerza que ronda los 6.500 efectivos regulares, culminando una transformación iniciada años antes que incorpora sistemas tripulados y no tripulados, nuevas embarcaciones de raid y redes de comunicaciones digitales; en los meses anteriores sus unidades habían ejecutado raids árticos en Noruega desde el RFA Lyme Bay combinando helicópteros, embarcaciones pequeñas y vigilancia autónoma. Pero el Reino Unido retiró sus buques de asalto anfibio clase Albion sin relevo inmediato y no tendrá sustituto de LPD propio en esta década, ya que el programa MRSS fue cancelado en 2026 a favor de una solución neerlandesa cuya entrada en servicio se sitúa como pronto en la de 2030. Una fuerza de comandos sin barcos es una fuerza de guarnición con boina verde. Parte de su reforma es éxito de relato con un agujero de plataforma debajo y España haría bien en construir sus buques antes de disolver lo que sustituyen.

El Cuerpo de Marines estadounidense recortó del orden de doce mil efectivos y se reorganizó en regimientos litorales de unos mil ochocientos, con misil antibuque orgánico y el dron descendido hasta el pelotón. Es el análogo de densidad, no de masa; el vector español no es el de la Primera Cadena de Islas con un cuerpo de ciento setenta mil efectivos, sino el Estrecho, Canarias y el flanco sur, que pide más raid, presencia y evacuación de nacionales. La experiencia estadounidense es también una advertencia. En octubre de 2025, el USMC decidió no transformar el Cuarto Regimiento en tercer regimiento litoral y mantenerlo como unidad convencional reforzada, precisamente porque la reducción de masa estaba dejando un hueco en la capacidad de combate terrestre sostenido. Reducir para ganar letalidad distribuida es posible, pero el precio puede ser perder redundancia y capacidad de sostener y España debe tenerlo presente antes de tratar el modelo como dogma.

Italia confirma el diagnóstico sin necesidad de extenderse. Dedica su Segundo Regimiento de la Brigata San Marco a seguridad naval, el mismo dilema que aqueja a España, y el resultado es que sus casi cuatro mil fusileros producen apenas cuatro compañías de asalto. Sin recortar la guardia no hay compañías; ese peaje es el que la reforma española pretende evitar.

Francia cierra el diagnóstico con una distinción que España nunca realizó. La arquitectura francesa separa institucionalmente los fusileros marinos y comandos de la Marine nationale, responsables de la protección naval, de las tropas de marina del Ejército de Terre, que aportan la masa expedicionaria terrestre; la acción anfibia es conjunta, pero los oficios de guardar y proyectar no recaen sobre el mismo Cuerpo. España los funde en uno solo y por eso la Fuerza de Protección pesa aquí más que en ningún par comparable. La reconversión no es, en España, un ajuste marginal; es la condición previa de toda la reforma.

El vector español es distinto al británico y al estadounidense. Ellos reformaron encogiendo; España no puede encoger, porque su fuerza de combate de partida es diminuta. Debe convertir. El movimiento de fondo es el mismo en todos los casos, trasladar cabezas de la retaguardia y de la guardia al efecto de combate y el momento de hacerlo no ha pasado todavía.

La reforma de la infantería tiene, en definitiva, una virtud rara en los programas de defensa españoles. No pide dinero que no hay ni gente que no viene; pide algo más difícil, que es tocar plantillas, jubilar símbolos y aceptar que la mayor bolsa de infantes de marina del país lleva décadas asignada al terreno equivocado. La decisión de fondo no es cuántos infantes de marina tiene España. Es cuántos puede generar, proyectar, sostener y recuperar bajo amenaza. Formularla así ya es, en buena medida, empezar a responderla.

 

Las cifras de fuerza empleable que anteceden son estimaciones, no cifras oficiales de disponibilidad operativa de la Armada. La organización que se describe es una propuesta de fuerza compatible con las líneas públicas del Concepto de Proyección Anfibia 2050, no una estructura aprobada. La cifra 700-900 de fuerza de contacto actual es estimación de diseño derivada del ratio diente-cola aplicado a la brigada real; no es una cifra oficial de alistamiento.

Este artículo es el cuarto de una serie sobre la transformación aeronaval y anfibia española. El anterior presentó la doctrina del raid distribuido; el siguiente bajará el orden de batalla a la pieza que lo ejecuta, la compañía de desembarco anfibio, para mostrar cómo esas ciento sesenta personas se insertan de noche desde más allá del horizonte, combaten sin descubrir su puesto de mando, se sostienen por sí solas y se extraen antes de que el adversario reaccione.

Artículos anteriores de la serie:

1. El fin del desembarco clásico

2. La geografía manda

3. La doctrina del raid distribuido


 

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