lunes, 29 de junio de 2026

El mortero ciego está muerto

Por qué el futuro del fuego de batallón no es un tubo ni un dron, sino la cadena que los une. Y por qué llevamos diez años mirando para otro lado.

 

INTRODUCCIÓN

Hay una idea que recorre los análisis de Ucrania desde 2025 y que debería quitarle el sueño a quien planifica el Ejército de Tierra. En sectores enteros del frente, las unidades han dejado de disparar morteros convencionales y no porque les sobraran, sino porque cada vez que un tubo estático abría fuego, un dron de reconocimiento lo veía y a partir de ahí echaban a correr dos relojes. El del dron FPV, el aparato pilotado en primera persona que llega en minutos y cuesta lo que un teléfono; y el de la contrabatería, el contrafuego que localiza la pieza recién disparada y la entierra; más lento, pero implacable.

La lectura perezosa de ese dato dice que el mortero está acabado, pero es incorrecta. El mortero ciego, estático y centralizado está acabado; el mortero que sobrevive es otro animal. Lleva ruedas, dispara y se larga antes de que llegue el contrafuego, gestiona su firma y, esto es lo nuevo, tiene sus propios ojos en el aire. A su lado, como hermano gemelo, lleva un dron que mata lo que el tubo no alcanza.

El paquete dron-mortero en una posición dispersa al anochecer. El tubo embarcado abre fuego mientras su dron orgánico corrige el tiro, la munición merodeadora se proyecta hacia la profundidad y una burbuja antidrón cubre al conjunto, todo enlazado con los fuegos de la brigada. La pieza ya no es el sistema; el sistema es la cadena. Ilustración conceptual generada por IA.

Eso es el paquete dron-mortero de batallón. No es un capricho tecnológico, es la unidad mínima de fuego que tiene sentido en un campo de batalla donde lo que se ve, se fija, y lo que se fija, se destruye.

España fabrica los mejores componentes de ese paquete y, sin embargo, no lo ha comprado a escala.

lunes, 22 de junio de 2026

Entre dos aguas

Por qué la Armada debería soltar sus guardacostas

Primer artículo de la serie “La reforma del dispositivo marítimo español”.

 

INTRODUCCIÓN

El patrullero Atalaya fue entregado a la Armada el 29 de junio de 1992, el cuarto y último de la clase Serviola. Treinta y cuatro años después, releva cada pocas semanas a un Buque de Acción Marítima en la vigilancia del Estrecho y el mar de Alborán. Mientras tanto, en Puerto Real se prepara la construcción de dos patrulleros nuevos dotados de sonar y capacidad antisubmarina por setecientos dieciséis millones de euros. La imagen condensa la paradoja de que la misma Armada que envía un barco de tres décadas a controlar los peñones de soberanía invierte centenares de millones en rastrear submarinos para la década siguiente. Es el síntoma de una ambigüedad estructural.

Esa fuerza se llama Fuerza de Acción Marítima, FAM en el habla naval. Constituye uno de los grandes componentes de la Flota, junto a la Fuerza de Acción Naval, la Infantería de Marina, la Flotilla de Submarinos y la de Aeronaves; y la manda el Almirante de Acción Marítima, ALMART, con cuartel general en Cartagena. Bajo su escudo se encuadran los seis BAM modernos, los viejos patrulleros de altura, los buques de vigilancia pesquera, los buques hidrográficos y de escuela y el centro que fusiona toda la información del entorno marítimo. La FAM hace, con una sola estructura, dos oficios distintos; ese es el problema que este ensayo quiere desmontar.

El patrullero Atalaya, entregado en 1992, sigue de guardia treinta y cuatro años después. Por Angel Ignacio Fernández Niño - http://losbarcosdeeugenio.com/barcos/es/es/ae_P74.html, CC BY-SA 3.0.

miércoles, 17 de junio de 2026

El fin del mundo plano

ESPAÑA ANTE EL REGRESO DE LAS ESFERAS DE INFLUENCIA

Primer artículo de la serie “España en el mundo de las esferas de influencia”

 

INTRODUCCIÓN

El mundo plano fue una idea antes de ser un hecho y dejó de ser un hecho mucho antes de que renunciáramos a la idea. Durante tres décadas, la política exterior española se edificó sobre una premisa cómoda como que las reglas universales iban poco a poco a domesticar al poder, que las fronteras pesarían menos y las instituciones más y que un país mediano pero serio podía proyectarse en cualquier latitud amparado por un orden que no preguntaba de quién era cada zona. Esa premisa ha dejado de bastar. No la ha jubilado un ensayo académico ni una derrota electoral; la ha desbordado un documento oficial, redactado por nuestro principal aliado y publicado sin eufemismos.

La imagen del “mundo plano” la acuñó hace veinte años Thomas Friedman, cronista de la globalización, en su The World Is Flat: A Brief History of the Twenty-First Century para retratar un planeta en el que el comercio y la tecnología habían limado las fronteras hasta volverlas casi irrelevantes; una superficie lisa por la que mercancías, capitales e ideas se deslizaban sin tropezar con la geografía. Durante un tiempo describió algo real, pero su contrario nunca fue el caos, sino la geometría. Un mundo de esferas es un mundo curvo, repartido en zonas con dueño, donde pasar de una a otra ya no es deslizarse por un plano, sino cruzar una frontera que alguien vigila. Esa segunda geometría ha vuelto a imponerse en los últimos años y por fin tiene quien la firme.

Del plano a la esfera: el orden que España leyó durante tres décadas como una superficie lisa vuelve a dividirse en zonas con dueño. La imagen evoca “esferas de influencia”, no rotula un mapa de reparto. Imagen creada con IA.

El 4 de diciembre de 2025, la Casa Blanca hizo pública la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. No es un texto largo ni denso, ni está escrito para los analistas. Es breve, frío y deliberadamente claro, pero precisamente en su claridad reside su importancia. Por primera vez en una generación, la potencia que dibujó el mapa de un orden mundial basado en reglas, y que lo sostuvo desde la segunda guerra mundial, acaba de redibujarlo al declarar por escrito que ya no está dispuesta a sostenerlo en solitario ni en todos los teatros. El nuevo mapa se reorganiza por esferas de influencia con zonas de primacía y equilibrios regionales y España, que construyó toda su acción exterior sobre el viejo mapa plano, se ha quedado sin leyenda para leer el nuevo.

Este artículo no propone remedios. Describe el tablero, porque antes de discutir qué debe hacer España conviene aceptar dónde está, que es un lugar que casi nadie en Madrid se atreve a nombrar en voz alta.

lunes, 15 de junio de 2026

La geografía manda

Por qué España necesita una doctrina anfibia propia y no una copia del USMC

 

INTRODUCCIÓN

Hay una pregunta que todo Estado Mayor debería hacerse antes de comprar un solo barco, pero casi nunca se hace primero. No es qué hacen los aliados, ni qué concepto está de moda en las revistas de defensa, ni qué doctrina firma la potencia más admirada del momento, sino ¿dónde, exactamente, tendríamos que combatir? Porque una fuerza militar no se diseña contra un manual, sino contra un mapa. Y el mapa, a diferencia de la moda doctrinal, no cambia con los ciclos electorales ni con los relevos al frente de un cuerpo extranjero.

El primer artículo de esta serie argumentó que el asalto anfibio clásico ha quedado condicionado por los drones, los misiles baratos y la transparencia del campo de batalla. Aceptado el diagnóstico, queda lo difícil, que es decidir hacia dónde transformar la capacidad española. La tentación natural es importar la respuesta de otro, pero antes de elegirla conviene fijar la pregunta y la española está escrita en una geografía que no se parece a la de ningún aliado. Catorce kilómetros de mar en un sitio, cien en otro, mil doscientos en un tercero. Cada cifra impone un problema militar distinto y ninguna admite la misma solución.

Teatros nacionales prioritarios y distancias críticas. En rojo, la lógica de incursión (Estrecho, peñones, enclaves); en azul, la de proyección (Canarias y flanco sur). Composición cartográfica generada con IA a efectos ilustrativos.

Este artículo recorre esos teatros por orden de exigencia geográfica. La tesis que los ordena es sencilla de enunciar y difícil de asumir: la geografía española no permite una sola respuesta. Empuja, a la vez, hacia una fuerza de incursión para el Estrecho y los enclaves y hacia una fuerza de proyección con cobertura aérea propia para Canarias y el flanco sur,  y esa dualidad y no la imitación de nadie es lo que define la fuerza que España necesita.

martes, 9 de junio de 2026

Alcotán: un caza hispano-sueco para 2040

Por qué el caza español del futuro debe ser un halcón ligero al frente de un enjambre, y no un bombardero furtivo

 

INTRODUCCIÓN

El alcotán es un halcón pequeño que caza al vuelo. No abate a sus presas por tamaño ni por fuerza bruta; las alcanza por agilidad, persiguiendo vencejos y libélulas con una economía de movimiento que los grandes rapaces no pueden permitirse. Conviene tener ese pájaro en la cabeza, y no la silueta de un bombardero furtivo, cuando uno se pregunta qué sistema de combate aéreo necesita España para las tres próximas décadas. A ese caza, y al sistema que lo rodea, se le denomina aquí Alcotán (Hobby, en inglés), por ese mismo halcón: pequeño y veloz, letal por agilidad y no por tamaño.

La pregunta dejó de ser teórica. El programa que iba a darnos un caza de sexta generación, el FCAS (Future Combat Air System), ha perdido su pieza central cuando Francia y Alemania han decidido abandonar el avión tripulado común. No lo mató la falta de dinero que, tras el giro de gasto militar europeo, sobra; lo mató el reparto del trabajo, esa guerra silenciosa por quién diseña qué y quién cobra cuánto. Dassault reclamaba la mayor parte de la célula, Airbus se negaba y España asistía como convidada de piedra. Europa ha perfeccionado durante años el arte de redactar comunicados conjuntos, pero le cuesta más repartir una tarta industrial sin que la mesa acabe volcada.

Recreación conceptual del Alcotán, el caza hispano-sueco, al frente de un enjambre de drones colaborativos sobre el Estrecho. Imagen generada con inteligencia artificial; el diseño es ilustrativo y no corresponde a ningún programa real.

Pero conviene leer bien lo que sobrevive. El núcleo tecnológico del programa FCAS, su verdadero valor, no era el fuselaje sino el ecosistema: la nube de combate que conecta aviones, drones y sensores, el motor, la fusión de datos y buena parte del sistema de combate. Esos pilares no han muerto, pueden aplicarse a los desarrollos nacionales de los antiguos socios, y España no es ahí un invitado pues Indra lidera la contribución española en sensores y nube de combate. De esa ruptura no nace, por tanto, una alternativa de consuelo, sino una decisión de fondo. Por primera vez desde que CASA se integró en Airbus, España puede diseñar la arquitectura de fuerza que corresponde a su cielo, en lugar de aceptar la que le toque en suerte. No se trata de elegir un avión, sino de elegir un sistema.

viernes, 5 de junio de 2026

España no tiene un frente: tiene cinco teatros distintos

Cuarto artículo de la serie "Defender España sin fantasías"

 

INTRODUCCIÓN

En los artículos anteriores de esta serie se ha discutido el material y la mentalidad. Primero, que España no necesita el Leopard 2A8 ni el MGCS, porque compra sistemas pensados para una guerra que no va a librar. Después, tal y como se indicó en el artículo desmontando la doctrina acorazada española, que la doctrina acorazada del Ejército de Tierra piensa como Alemania sin serlo, importando un marco intelectual diseñado para el corredor de Fulda. En el tercero argumenté que la brigada polivalente reparte la mediocridad de forma uniforme en lugar de concentrar eficacia donde importa.

Cinco teatros, cinco relojes y una sola fuerza. El color indica el tiempo de respuesta de cada teatro; los iconos, dónde reside hoy la fuerza. La urgencia y la masa están invertidas. Imagen conceptual generada con asistencia de IA. Elaboración propia. No es una representación cartográfica de precisión

Todos esos argumentos descansan sobre una misma premisa, que hasta ahora se ha dado por sentada. Hoy toca enunciarla y demostrarla. España no tiene un frente; tiene cinco teatros distintos y defenderlos como si fueran uno solo es un error conceptual con consecuencias operativas graves.

Dos polos, un plan

Una política polar de Estado con proyección norte y continuidad antártica   INTRODUCCIÓN En octubre de 2025, el portacontenedores Ista...

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