lunes, 31 de agosto de 2026

La bomba que Rusia no ha lanzado (todavía)

Armas nucleares no estratégicas, el tabú de 1945 y lo que cambiaría si Moscú lo rompiera

 

INTRODUCCIÓN

En otoño de 2022, mientras el ejército ruso sufría sus peores reveses del año en Ucrania, Washington y sus aliados analizaron indicios que podían ser compatibles con una eventual preparación nuclear rusa. La inteligencia occidental interceptó conversaciones entre mandos rusos sobre logística y posibles escenarios de empleo. No hubo evidencia pública de que se movieran ojivas desde los almacenes centrales hacia el frente. La preocupación, aun así, llegó al máximo nivel político. Joe Biden advirtió en público de que el uso de un arma nuclear constituiría un cambio cualitativo en la guerra y su asesor de seguridad nacional habló en privado de "consecuencias catastróficas". Rusia no disparó, pero aquella crisis dejó instalada una pregunta que sigue en el centro del planeamiento occidental: ¿qué ocurriría si Moscú cruzara finalmente el umbral nuclear?

Conviene separar desde el principio tres cosas que suelen mezclarse. Una es la retórica nuclear rusa, abundante y calculada. Otra son las discusiones internas rusas sobre escenarios de empleo, más opacas. Y una tercera son los cambios físicos operativos, es decir, sacar ojivas de los depósitos y acoplarlas a los vectores. Confundir las tres infla cualquier episodio hasta la desproporción.

La pieza que nadie mueve. El arsenal nuclear táctico ruso lleva décadas en el tablero sin ser empleado. Su valor no está en el movimiento, sino en la amenaza de moverlo.

La tesis de este artículo es que el problema del uso de un arma nuclear rusa en Ucrania no es que pueda ganar la guerra en un solo golpe, que no puede; es que podría alterar el cálculo político de todos los actores que participan en ella. Ese es el hilo que conviene seguir.

jueves, 27 de agosto de 2026

El gigante que no decide

Primer artículo de la serie “Europa sin permiso”

 

INTRODUCCIÓN

El 19 de marzo de 2026, con el estrecho de Ormuz cerrado y el petróleo rozando los 120 dólares el barril, los veintisiete jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron de urgencia en Bruselas. No acordaron nada. No hubo veto dramático ni desacuerdo abierto; simplemente no existía el mecanismo para que la voluntad de la mayoría se convirtiera en una decisión ejecutable. Esa escena es el punto de partida de esta serie.

La Unión Europea dispone de los recursos de una potencia, pero carece del mecanismo para actuar como tal.

Europa tenía dinero, tenía ejércitos y, en ese momento, tenía también el impulso político. Lo que no tenía era el instrumento para transformar todo eso en acción. Mientras el Consejo deliberaba, los precios del gas seguían subiendo y otros actores fijaban los términos del conflicto. Quienes decidían en esa crisis eran Washington, Teherán y Pekín. Europa se limitaba a presenciar lo que ocurría.

Para entender por qué, hay que separar tres cosas que el debate público confunde sin parar.

lunes, 24 de agosto de 2026

La fuerza de escolta española de primer nivel en 2050

Doce fragatas para cuatro espacios marítimos

 

INTRODUCCIÓN

En agosto de 2026, en los pabellones de una feria industrial de Herning, Dinamarca, Navantia mostró por primera vez el modelo a escala de un buque que todavía no ha sido contratado por nadie. La maqueta de la F-110 IAMD pasó inadvertida para buena parte de la prensa generalista. Entre los analistas navales, en cambio, generó debate inmediato. Y con razón, porque la presentación danesa no era simplemente una mejora sobre la primera serie de las Bonifaz. Era el boceto de una Armada española cualitativamente diferente en los años cuarenta.

Este artículo propone cómo debería quedar estructurada esa Armada, con qué misiones y por qué. La respuesta parte de un argumento geográfico, se sostiene en un modelo de generación de fuerza y termina en una pregunta política que solo puede responder el Estado.

La F-110 Flight II/IAMD presentada por Navantia en los DALO Industry Days de Herning (Dinamarca). La configuración no constituye todavía un buque contratado para la Armada española. Fuente: Navantia.

Este artículo trata exclusivamente de la escolta de primer nivel, es decir, de los buques capaces de integrarse en grupos de combate de alta intensidad y de sostener defensa aérea de área o guerra antisubmarina contra adversarios con capacidades simétricas. La fuerza de superficie española en 2050 debería incluir también una segunda capa de unidades menores, corbetas, buques de patrulla oceánica y futuros buques de combate litoral como los Avante 700 o los derivados del concepto LSC recomendados, que realizan funciones de escolta en misiones de baja y media intensidad.

martes, 11 de agosto de 2026

El peldaño que falta

Un combatiente litoral para el Estrecho de Gibraltar

 

INTRODUCCIÓN

Jesús Manuel Pérez Triana publicó el pasado 10 de agosto en Guerras Posmodernas un artículo que señala que entre las patrulleras ligeras de la Armada y los Buques de Acción Marítima no hay nada. Al día siguiente, Jorge Estévez-Bujez recogió el guante en Defensa y Seguridad y convirtió la intuición en una propuesta de AVANTE 450, con algunas modificaciones respecto a la propuesta inicial.

Ambos tienen razón en el diagnóstico. En el eje del Estrecho, la Armada dispone hoy del Isla de León y el Isla Pinto, con cuarenta y ochenta y cinco toneladas y una ametralladora de 12,7 mm cada uno, dos “Anaga” de 1981 cuyo cañón principal se apunta dándole a una manivela, y el Mar Caribe, un remolcador civil desarmado de los años ochenta que es, aunque suene increíble, el buque con el que España sostiene sus peñones e islotes en el norte de África. 

Ahí siguen los cuatro "Serviola", mil cien toneladas y un 76/62, que entraron en servicio entre 1991 y 1992, no están preparadas para el combate actual y están basados en Ferrol, Cartagena, Las Palmas y Cádiz, no donde ocurren los incidentes.

De modo que cuando los "Serviola" causen pronto baja, entre cuarenta toneladas y dos mil seiscientas tendremos un factor de sesenta y cinco y nada en medio.

Cinco cascos pequeños y viejos, sujetos a inmovilizaciones prolongadas y a escasez de repuestos, no generan una presencia continua; generan una presencia intermitente que el vecino puede cronometrar. Y el escenario no espera. La instrumentalización de flujos migratorios ha demostrado en Ceuta que puede pasar de cero a miles de personas en horas. El tránsito de la llamada flota en la sombra por el Estrecho, buques que apagan o suplantan su identificación automática, es hoy rutina, no anomalía. Los cables submarinos que conectan la península con África y con los archipiélagos no tienen vigilancia dedicada. Y los drones y las embarcaciones no tripuladas de origen comercial han dejado de ser una hipótesis de laboratorio en cualquier litoral disputado del mundo. Todo eso ocurre en lo que se ha dado en llamar zona gris, el espacio que queda entre la aplicación ordinaria del derecho y el empleo abierto de la fuerza militar, donde las acciones son deliberadamente ambiguas, la atribución es discutible y el objetivo es obtener ventaja política sin desencadenar una guerra. Es el terreno en el que España lleva veinte años recibiendo golpes y para el que no tiene el instrumento adecuado para pararlos o devolverlos.

Nada de esto es exclusivo del Estrecho. Los mismos vectores operan sobre las interconexiones eléctricas y de gas de Baleares, sobre las terminales energéticas del golfo de Cádiz y sobre todo el tráfico que entra y sale del Mediterráneo occidental. Lo que cambia de un sitio a otro no es la amenaza, sino la distancia; y por eso este buque se dimensiona para el Estrecho y para el arco que se alcanza desde él.

Mi tesis es que ese hueco no se llena con un patrullero mejor armado. Se llena con una categoría de buque que España no tiene, un combatiente litoral de presencia, concebido para ocupar el espacio que va desde donde termina la policía marítima hasta donde empieza la guerra naval. Todo lo que sigue —los nudos, las toneladas, el calibre y el número— se deduce de esa frase.

He estado dándole vueltas a las dos propuestas y he llegado a un buque distinto del que plantean los dos autores. Más caro que el suyo y con menos nudos, pero creo que las razones merecen explicarse, porque afectan a algo más que a un barco.

Impresión artística del combatiente litoral de presencia que se propone en este artículo. Imagen conceptual generada con IA; no corresponde a ningún diseño real de Navantia ni a ningún programa de la Armada.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Ni mirar ni disparar

Las capacidades de fuerza intermedia que Ceuta no tenía el 30 de julio

Serie: Defender España sin fantasías

 

1. Lo que ocurrió

El 30 de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos. Unas a nado, bordeando el espigón fronterizo del Tarajal; otras saltando la valla o forzando el paso terrestre cuando el dispositivo policial quedó saturado. El Ministerio del Interior estimó más de setenta mil entradas irregulares entre el 30 y el 31. La crisis de mayo de 2021, con entre ocho mil y doce mil personas, queda reducida a un ensayo general.

El balance humano es el peor de la historia de la frontera sur. Las autoridades españolas confirmaron al menos ciento cuarenta y dos fallecidos ahogados, ninguno por acción de la fuerza pública española. Murieron por ausencia de control, no por exceso de fuerza.

En tierra ocurrió otra cosa distinta y más grave desde el punto de vista del Estado; se perdió el control efectivo de la frontera durante horas. El primer fracaso es una tragedia humana, el segundo es una derrota operativa. Ambos tienen la misma causa y esa causa no es la falta de soldados.

Hubo avisos y fueron públicos. El 24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil describía una plantilla "completamente desbordada" en Ceuta. El 29 de julio, el presidente ceutí cifraba en mil quinientas las llegadas de la última quincena, unas doscientas diarias, y situaba los centros de menores al mil seiscientos por ciento de ocupación. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con quinientas doce plazas, estaba lleno desde el lunes.

El Ejército se activó a las ocho de la tarde del 30 de julio, cuando miles de personas ya habían cruzado. La secuencia, según El Faro de Ceuta, fue reveladora. Primero se alertó a Regulares y a la Legión; después se comunicó que no era necesario; finalmente se ordenó el despliegue ante el desbordamiento policial. Salieron el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, el Tercio "Duque de Alba" 2º de la Legión y el Regimiento de Caballería "Montesa" nº 3, dentro de una Comandancia General que suma más de dos mil quinientos efectivos.

Su cometido, según fuentes de Defensa e Interior, fue presencia, vigilancia, control de movimientos y apoyo logístico, sin sustituir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una frase resumió el problema mejor que cualquier análisis. Los militares no controlan la frontera; para eso está la Guardia Civil.

Jurídicamente impecable y operativamente devastador.

El objeto de este texto no es la gestión de la inmigración irregular, que es un problema distinto y de otra naturaleza. Su objeto es la respuesta del Estado cuando un flujo humano es utilizado como mecanismo de presión política sobre España.

Si Ceuta cae, caemos todos

La soberanía se pierde por la falta de firmeza del Estado ante la presión exterior, no por las armas   INTRODUCCIÓN El 30 y 31 de juli...

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