miércoles, 4 de noviembre de 2026

Bases que sobreviven

El plan que faltaba para las bases aéreas españolas

Serie “Ejército del Aire 2050: la fuerza que sobrevive” - Artículo 5

 

INTRODUCCIÓN

El 13 de octubre de 2026, un satélite comercial fotografió seis cazabombarderos Su-34 aparcados en fila en Borisoglebsk, un aeródromo militar de la región rusa de Vorónezh. No estaban dentro de ningún refugio ni había nada que los separase entre sí. En la madrugada del 15, la marina ucraniana lanzó misiles Neptune contra la base, un arma concebida para hundir barcos y que Kiev ha adaptado para golpear objetivos en tierra. Zelenski habló después de cuatro aviones destruidos y dos dañados, y la Armada de seis alcanzados; las imágenes de satélite confirman al menos cuatro destruidos. Analistas ucranianos calculan que Rusia había recibido entre cuatro y cinco Su-34 nuevos en lo que iba de año, de modo que, contando los dañados, una sola noche dejó fuera de combate tantos aviones como todas las entregas conocidas de 2026.

Lo inquietante es el historial de esa base. Borisoglebsk había sido atacada dos veces en 2024, de nuevo con drones en julio de 2025 y otra vez el 8 de julio de 2026, cuando ardió su depósito de combustible. El mando ruso sabía que estaba en el punto de mira y los aviones seguían aparcados al raso, con el resultado que está a la vista. Saber que una base es vulnerable no equivale a tener un plan para que sobreviva.

Ocho refugios cerrados, dos aviones al raso que son señuelos y un tramo de pista recién reparado. Desde el aire no se distingue qué es real ni qué está vacío. Ilustración conceptual generada con IA; no representa ninguna base real

España no está en la situación de Rusia, pero se enfrenta a la misma pregunta, cuántas salidas de combate seguiría generando si sus bases principales recibieran un ataque de precisión. Sus bases aéreas son conocidas, fijas y alcanzables, y el diagnóstico lleva meses escrito; lo que falta es un plan medido, con su red, su nota y su cuenta. Este artículo sostiene que el centro de gravedad del Ejército del Aire debe ser seguir generando salidas, es decir, despegues de combate, después de recibir el primer golpe. Esa capacidad se compra primero con medidas baratas, nacionales y que ningún aliado puede vetar, como reparar una pista, enterrar el combustible o ensayar la dispersión cada año. El hormigón llega después, y solo allí donde la geografía no deja dispersar.

Bases que sobreviven

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