El plan que faltaba para las bases aéreas españolas
Serie “Ejército del Aire 2050:
la fuerza que sobrevive” - Artículo 5
INTRODUCCIÓN
El 13 de octubre de 2026, un
satélite comercial fotografió seis cazabombarderos Su-34 aparcados en fila en
Borisoglebsk, un aeródromo militar de la región rusa de Vorónezh. No estaban
dentro de ningún refugio ni había nada que los separase entre sí. En la
madrugada del 15, la marina ucraniana lanzó misiles Neptune contra la base, un
arma concebida para hundir barcos y que Kiev ha adaptado para golpear objetivos
en tierra. Zelenski habló después de cuatro aviones destruidos y dos dañados, y
la Armada de seis alcanzados; las imágenes de satélite confirman al menos cuatro
destruidos. Analistas ucranianos calculan que Rusia había recibido entre cuatro
y cinco Su-34 nuevos en lo que iba de año, de modo que, contando los dañados,
una sola noche dejó fuera de combate tantos aviones como todas las entregas
conocidas de 2026.
Lo inquietante es el historial de
esa base. Borisoglebsk había sido atacada dos veces en 2024, de nuevo con
drones en julio de 2025 y otra vez el 8 de julio de 2026, cuando ardió su
depósito de combustible. El mando ruso sabía que estaba en el punto de mira y
los aviones seguían aparcados al raso, con el resultado que está a la vista.
Saber que una base es vulnerable no equivale a tener un plan para que
sobreviva.

Ocho refugios cerrados, dos aviones al raso que son
señuelos y un tramo de pista recién reparado. Desde el aire no se distingue qué
es real ni qué está vacío. Ilustración conceptual generada con IA; no
representa ninguna base real
España no está en la situación de
Rusia, pero se enfrenta a la misma pregunta, cuántas salidas de combate
seguiría generando si sus bases principales recibieran un ataque de precisión.
Sus bases aéreas son conocidas, fijas y alcanzables, y el diagnóstico lleva
meses escrito; lo que falta es un plan medido, con su red, su nota y su cuenta.
Este artículo sostiene que el centro de gravedad del Ejército del Aire debe ser
seguir generando salidas, es decir, despegues de combate, después de recibir el
primer golpe. Esa capacidad se compra primero con medidas baratas, nacionales y
que ningún aliado puede vetar, como reparar una pista, enterrar el combustible
o ensayar la dispersión cada año. El hormigón llega después, y solo allí donde
la geografía no deja dispersar.
1. Lo que ya sabíamos y lo que hay que corregir
El 5 de junio de 1967, la
aviación israelí destruyó en tierra, en unas tres horas, el grueso de la fuerza
aérea egipcia, en torno a trescientos aviones según las fuentes. Las fuerzas
aéreas de la OTAN tomaron nota y llenaron sus bases de refugios endurecidos,
bóvedas de hormigón armado donde cada caza espera protegido de la metralla y de
las bombas que caen cerca. Los que hoy tiene España llegaron con la integración
en la Alianza; en diciembre de 1987 se construían en cuatro bases. Morón
dispone de una veintena, Gando de diez y Albacete de varios heredados, a los
que se suman cubiertas metálicas contra el sol y la lluvia que no protegen de
nada más.
Esos refugios respondían a la
lección de 1967, la de una guerra de bombas sin guiar que caían cerca y rara
vez dentro. La munición guiada de precisión, capaz de acertar en una puerta o
atravesar un techo con un error de pocos metros, cambió esa ecuación ya en
1991. La coalición destruyó en Irak más aviones en tierra que en el aire,
muchos de ellos dentro de refugios perforados por bombas guiadas por láser.
La guerra con Irán de 2026 lo
confirmó. En Prince Sultan, en Arabia Saudí, un E-3 de alerta temprana, el
radar volante que dirige la batalla aérea, quedó inutilizado según las imágenes
publicadas y las fuentes citadas por la prensa especializada estadounidense.
Ningún refugio de caza admite un avión de ese tamaño.
Queda la lección menos vistosa.
Una base puede dejar de combatir sin perder un solo avión. Un caza intacto en
su refugio, con la pista llena de cráteres, sin combustible o sin puesto de
mando, genera cero salidas. Esa cadena, y no solo el inventario de aviones, es
lo que hay que proteger. La unidad de medida de la supervivencia no es el
número de refugios, sino las salidas que la fuerza sigue generando y durante
cuántos días.
2. Cómo lo resuelven otros
Durante la Guerra Fría, Suecia
preparó tramos rectos de carretera para que funcionaran como bases aéreas en
una guerra en la que las principales habrían sido el primer blanco. Su
heredero, el Gripen, lo hace hoy con un técnico y cinco mecánicos de reemplazo
con diez semanas de formación, que lo repostan y rearman en menos de diez
minutos. El sistema funcionaba porque se practicaba cada año. La diferencia
sueca no es disponer de un plan de dispersión, sino haberlo convertido en
rutina.
Las fuerzas aéreas que se toman
en serio su supervivencia combinan dos lógicas, fortificar y dispersar, y
eligen la proporción según su geografía. Israel, sin profundidad territorial,
ha elegido fortificar. Protege buena parte de su flota de combate en refugios,
mantiene equipos de reparación rápida de pista y emplea señuelos. En octubre de
2024, Irán alcanzó Nevatim, la base de sus F-35, con decenas de misiles
balísticos; uno dañó un hangar, pero Israel sostuvo que la base no perdió
aviones ni dejó de operar. Taiwán ha llevado la fortificación al extremo con
Chiashan, una base excavada en una montaña, y la complementa con aterrizajes de
cazas en autopistas que ensaya periódicamente en sus ejercicios Han Kuang.
Japón ofrece la lección
presupuestaria. En 2023 pidió unos 800.000 millones de yenes, del orden de
cinco mil millones de euros, para la resiliencia de las instalaciones de todas
sus fuerzas; Tokio ha convertido el endurecimiento en una partida con nombre
propio y no en un resto de infraestructura.
Australia representa la
otra lógica. Mantiene en su norte una cadena de bases desnudas, como Learmonth,
Curtin o Scherger, con pista, combustible y una dotación mínima en tiempo de
paz que se activa en crisis. Es el modelo de red que más se parece a lo que
España necesita, aunque en Australia se ha criticado con dureza que sus
F-35 duerman bajo cubiertas ligeras y no en refugios.
Antes de copiar a nadie conviene
aceptar un límite propio. El Eurofighter no es un Gripen, el caza sueco
diseñado desde el principio para operar en carreteras. Necesita más pista y
superficies más limpias, porque los objetos extraños en el asfalto pueden
destruir un motor en un reactor de dos motores con tomas de aire bajas. Un
aeródromo alternativo exige, como mínimo, pista de longitud y estado
suficientes, barrido sistemático de esos objetos, combustible y armamento
almacenados, equipo de apoyo básico y personal técnico; sin ellos, el avión
aterriza pero no vuelve a despegar. Typhoon británicos y alemanes han
aterrizado, repostado y despegado en carreteras finlandesas en los ejercicios
Baana de 2023 y 2024, pero como demostraciones y no como operación sostenida
durante semanas. La dispersión española será, por tanto, a aeródromos, y la
carretera quedará como ensayo y último recurso. La autopista es una imagen
poderosa; los aeródromos, una realidad disponible.
3. Una red, no seis bases
El Ejército del Aire concentra
hoy su aviación de combate en cinco bases, Morón, Albacete, Zaragoza, Torrejón
y Gando, con Talavera la Real como reserva de enseñanza; las seis bases
principales del estudio son, se entiende, esas cinco más Talavera. Este
artículo propone convertirlas en una red de entre 12 y 14 emplazamientos, de
los que solo seis necesitan infraestructura completa. Los demás funcionan como
las bases desnudas australianas, con combustible, comunicaciones y un plan para
activarlos. Conviene distinguir tres categorías, las bases con infraestructura
completa, las bases militares desnudas y los aeropuertos civiles con convenio.
En 2032 deberían estar listos dos emplazamientos alternativos; en 2040, entre
seis y ocho. San Javier, León, Matacán y Tenerife Norte son los candidatos
militares o de uso militar ya existente, mientras que Málaga, Jerez y Tenerife
Sur dependen de acuerdos con Aena.
La geografía decide dónde
endurecer. Gando y Morón son los lugares donde dispersar resulta más
difícil. Gando está en una isla, sin repliegue por tierra, y Morón es la base
de caza más próxima a la costa africana, a unos 180 kilómetros de Tetuán;
además comparte suelo con fuerzas estadounidenses que no van a dispersarse con
los aviones españoles. Esa presencia disuade en parte a Rabat, que lo pensará
antes de golpear donde hay militares de su principal proveedor; pero es un
escudo ajeno, que ninguna orden española activa. Albacete, en cambio, está a
unos 490 kilómetros de Tetuán, fuera de los 300 kilómetros de los misiles
ATACMS que Washington autorizó vender a Marruecos, y se protege mejor
dispersando que enterrando millones en hormigón. Es el criterio que el estudio
aplica a todo el interior peninsular. Esa lejanía reduce la exposición a los ATACMS
y al PULS, no a los misiles de crucero ni a lo que Marruecos adquiera después
de 2030, así que el interior necesita también defensa de punto.
El eje argelino plantea otro
problema. Ninguna de las bases principales mira hacia Argelia, de ahí que San
Javier y Palma figuren como emplazamientos prioritarios para el Levante y
Baleares, pero conviene no confundir su función. San Javier está a unos 230
kilómetros de Orán, dentro del alcance de 280 kilómetros que se atribuye al
misil balístico Iskander-E argelino; es un emplazamiento avanzado, no un
refugio, y comparte espacio con la Academia General del Aire.
Canarias exige su propia
lógica. Fuerteventura está a unos 110 kilómetros de la costa africana y
Lanzarote a unos 130, distancias que un dron armado recorre en torno a una
hora. Gando queda a unos 240 y los aeropuertos de Tenerife, a entre 340 y 360.
Esas distancias se reparten en tres tramos según el arma. Los ATACMS y el PULS
con su munición más larga, ambos de unos 300 kilómetros, cubren las islas
orientales y Gando; el misil balístico israelí LORA, de 430 kilómetros
declarados (algunas fuentes hablan de 500) y en negociación avanzada según la
prensa israelí, añadiría Tenerife. Solo La Palma, a unos 425 kilómetros de la
costa en su punto más cercano y a unos 480 en su aeropuerto según cálculo
propio, queda fuera de los dos primeros y en el borde del tercero. Son alcances
declarados; el efectivo depende de la trayectoria, la carga y las
contramedidas.
La dispersión en el archipiélago
va, por tanto, hacia el oeste. La Palma merece figurar como alterno de
emergencia, un aeropuerto civil sin infraestructura militar y con la logística
por mar, pero fuera del alcance de los sistemas hoy autorizados o en servicio.
Lanzarote y Fuerteventura sirven como puntos de rearme, útiles solo si la
munición está allí antes de la crisis. El archipiélago necesita combustible y
munición preposicionados para treinta días, porque en guerra el
reabastecimiento llega por mar o no llega. Otro
artículo de este blog plantea adelantar el portaaviones STOBAR como pista
móvil si Marruecos dispone de más de cien misiles que alcancen Tenerife Norte o
La Palma; es una respuesta naval a un problema de pistas.
Falta dimensionar la dispersión y
distinguir tres niveles. La física consiste en que el avión abandone su base;
la operativa, en que pueda recibir órdenes y combatir desde el nuevo
emplazamiento; la sostenida, en que el emplazamiento aguante varios días sin
volver a la base de origen para repostar, rearmar o reparar. Dispersar la mitad
de los cazas disponibles en 24 horas, objetivo de 2035, supone mover entre 36 y
38 aviones de los 72 a 76 operativos en un momento dado y es dispersión física;
la sostenida exige técnicos, repuestos y armamento en cada alterno. Con dos
alternos en 2032 y unos diez cazas en cada uno la red mueve algo más de una
cuarta parte de la fuerza. La mitad exige unos cuatro alternos en 2035, con nueve
o diez aviones cada uno; con seis a ocho alternos en 2040, bastan entre cuatro
y seis aviones en cada uno. Y un aeródromo de desvío sin defensa es un blanco
con coordenadas nuevas, de modo que esos aeródromos alternos también deben
estar protegidos.
Queda un hueco que el hormigón no
cubre. Los aviones de alerta temprana GlobalEye que
España ha de comprar, las cisternas A330 MRTT y los A400M no caben en un
refugio de caza, igual que el E-3 de Prince Sultan. Su protección es la
distancia y la dispersión entre Torrejón, Zaragoza y aeropuertos civiles del
interior. Los tres A330 MRTT ya entregados operan juntos desde Torrejón, pero
serían necesarios al menos cinco, aunque Madrid y Varsovia ya preparan una
compra conjunta; concentrar los cisternas en una sola base es una
vulnerabilidad estructural que solo se corrige dispersándolos, y son los
aviones más caros y los menos numerosos.
De ahí el principio que da título
a la sección. España no necesita seis bases inexpugnables, sino una red de
generación de poder aéreo que no pueda paralizarse neutralizando dos o tres
instalaciones.
Hay, por último, una simetría
incómoda. Eun próximo artículo de esta serie defenderá la capacidad de anular
la generación de salidas marroquí destruyendo aviones y pistas en tierra con
misiles de largo alcance. La misma lógica vale contra España, y Rabat la conoce
tan bien como Madrid.
4. Siete indicadores y una nota
Un plan necesita un instrumento
de medida, un índice de supervivencia de bases compuesto de siete indicadores.
Son los refugios, el tiempo de reparación de pista, el combustible protegido,
la munición protegida, el mando alternativo, los aviones dispersables en 24
horas y la capacidad de generar salidas desde un emplazamiento alternativo.
Cada indicador se puntúa de cero a diez frente a un umbral, con 0 como ausencia
de capacidad, 5 como la mitad del camino hacia el objetivo de 2035 y 10 como
objetivo cumplido; y el índice es la media de los siete. El objetivo es un 7
sobre 10 en las seis bases principales en 2032. Hoy, por estimación propia a
partir de fuentes abiertas, la nota es próxima a cero en casi todas.
Este índice sustituye al de
protección pasiva de “Epic
Fury y el fin del santuario”, que medía cinco dimensiones (refugios,
bermas, reparación de pista, señuelos y dispersión). Aquel medía cuánto se
protegía la base; este mide cuánto sigue combatiendo después del golpe, y por
eso incorpora el combustible, la munición, el mando y las salidas reales desde
otro aeródromo.
El objetivo mínimo es que la
pista principal se repare en menos de cuatro horas y una base degradada se
recupere en veinticuatro. Un nodo de mando ha de volver a funcionar en menos de
doce horas. La mitad de los cazas disponibles tiene que poder dispersarse en un
día, y la fuerza debe poder operar treinta días desde emplazamientos
alternativos. Se entiende “pista reparada” como un tramo operativo suficiente
para el Eurofighter y “base recuperada” como capacidad de repostar, rearmar y
despegar de nuevo, contra un escenario de impactos múltiples y munición sin
explosionar.
La aritmética del índice esconde
el argumento central de este artículo. En 2032 solo habrá doce refugios nuevos,
concentrados en Gando y Morón, de modo que el indicador de refugios seguirá
bajo en cuatro de las seis bases, así que el 7 exigido de 2032 es un objetivo
ajustado, no un margen cómodo. La nota se aprueba con reparación de pista,
combustible enterrado, puestos de mando de reserva y un ensayo anual de
dispersión, o no se aprueba. El hormigón llega después.
5. El plan y su cuenta
Las medidas baratas son también
las más rápidas. Un señuelo inflable de Eurofighter con firma térmica realista
cuesta, según referencias de mercado sin oferta, entre 30.000 y 50.000 euros;
trescientos suman entre 9 y 15 millones y se compran en semanas. En el otro
extremo de las líneas baratas, endurecer depósitos de combustible, polvorines y
puestos de mando exigiría entre 350 y 550 millones y de tres a siete años de
obra. Entre ambos quedan las bermas, los muros de tierra que impiden que un
impacto destruya varios aviones a la vez, la reparación rápida de pista, la
seguridad perimetral y la preparación de los emplazamientos alternativos. Las
seis líneas sin refugios suman, según las estimaciones propias, entre 760 y
1.470 millones.
Los refugios nuevos, que denominamos
de nueva generación, se distinguen de los de la Guerra Fría por un hormigón más
grueso, puertas que resisten la onda expansiva, repostaje y rearme interiores y
ventilación protegida. No son invulnerables; su función es obligar al atacante
a gastar varias armas de precisión por avión y a adivinar cuáles están
ocupados. Con un coste estimado de 12 a 15 millones por refugio de caza, los
doce previstos para 2032 costarían entre 145 y 180 millones, y los 48 de 2040,
entre 575 y 720. La recomendación se queda en 48 porque la obra militar no se
entrega a mayor ritmo y porque dispersar sale más barato allí donde la
geografía lo permite.
Todo cabe en la línea que el
estudio reserva para bases, dispersión y defensa de punto: 2.200 millones entre
2027 y 2032 y 1.800 entre 2033 y 2040, unos 4.000 en total. La escala ayuda a
juzgar. Los 45 Eurofighter Halcón contratados cuestan unos 6.000 y un refugio
nuevo equivale a entre la octava y la décima parte del avión que protege.
La dispersión, en cambio, se paga
en personas más que en euros, y esas personas quedan fuera de los 4.000
millones, que son solo inversión; el personal va al gasto corriente. El análisis
prevé que los efectivos de protección de bases pasen de unos 900 a 3.400 en
2040, y los de apoyo al despliegue y reparación de pista, de 800 a 1.400. Son
unas 3.100 personas más, en un Ejército del Aire que ya tiene problemas para
retener pilotos y técnicos, y que cuestan entre 125 y 155 millones anuales con
una plantilla que se incorpora de forma gradual. Con la inversión, la cuenta
identificada ronda los 4.900 a 5.100 millones, sin contar mantenimiento ni
reposición.
La disyuntiva queda así planteada
entre hormigón y distancia. Endurecer protege los cazas donde dispersar es más
difícil, pero no protege a los habilitadores, tiene un plazo de obra que
ninguna urgencia acorta y con la mitad de los refugios en el primer escalón.
Dispersar es barato en material y caro en plantilla y no sirve en las Canarias
orientales. La opción recomendada combina ambas por geografía: hormigón en
Gando y Morón, dispersión en el interior peninsular y en las Canarias
occidentales, y distancia para los aviones grandes.
Un análisis basado en la
experiencia ucraniana renunciaría al hormigón y lo apostaría todo a la
dispersión, los señuelos y la movilidad, pero las Canarias orientales no ofrecen
profundidad y Morón comparte suelo con fuerzas americanas que no se dispersan;
aunque podría ser válida si los refugios no pudieran terminarse antes de 2035.
Y un supuesto condiciona el
reparto. Si los ATACMS nunca llegan, la amenaza balística cambia de proveedor y
de alcance sin desaparecer. Cada base debe medirse por vectores (balístico, de
crucero, drones y merodeadoras), porque cerrar seis bases durante una semana
exigiría entre 170 y 500 misiles y cuarenta ATACMS no bastan; el peligro está
en la suma. Cambiaría el reparto interno, con más peso en defensa antidrón y
refugios y menos en la capa antibalística.
Mientras tanto, la asignación
real de recursos cuenta otra historia. El proyecto de referencia para las bases
españolas se llama BACSI, Base Aérea Conectada, Sostenible e Inteligente, e
incluye un área de protección de la fuerza, pero el nombre delata la prioridad,
porque ninguna de esas tres palabras significa superviviente. Una base más
conectada tiene además más superficie de ataque cibernético y electrónico, y
puede dejar de generar salidas sin que caiga una bomba; BACSI necesita un modo
de funcionamiento degradado. Gando prepara la llegada de los Eurofighter con
una reforma eléctrica de 12,7 millones que incluye sectorización contra
incendios y ninguna línea de endurecimiento militar. Morón responde a los
drones con 300 carteles que advierten de multas millonarias. El propio Ejército
del Aire, al justificar en junio de 2025 una compra urgente de sistemas antidrón
por un millón de euros, reconoció que las maletas portátiles de Zaragoza y
Morón tienen escaso alcance, son vulnerables al clima y duran poco. Las
prioridades declaradas hablan de supervivencia; las facturas, de mantenimiento
y señalización, lo que no resulta muy prometedor.
6. Recomendación
El plan no busca la
invulnerabilidad, no sustituye a la defensa antiaérea y no resuelve por sí solo
la protección de los habilitadores. La protección de bases es una de las seis
firmas que el artículo “Los
próximos cinco años que decidirán el Ejército del Aire” considera
inaplazables en 2027 para el próximo Gobierno. Dentro de ella, señuelos, bermas
y equipos de reparación de pista deben contratarse el primer año, porque se
ejecutan en semanas o meses y mueven la nota de inmediato. El endurecimiento de
combustible, munición y mando arranca en paralelo, con obra que no estará
terminada antes de 2030.
El hito de 2032 se mide con
cuatro cifras. Cada una de las seis bases principales debe alcanzar un 7 sobre
10 en el índice, sin ningún eslabón de la cadena por debajo de 5 y con doce
refugios nuevos ya en servicio en Gando y Morón. Al menos dos emplazamientos
alternativos han de estar operativos con su combustible, su mando y una
dotación propia de protección, y las seis bases deben contar con defensa
antidrón completa. La defensa antiaérea de medio alcance corresponde al
Ejército de Tierra, y sus sistemas, su mando y sus sensores se analizaron en “El
escudo empieza por los ojos”. Lo que falta, quién defiende cada base y con
qué orden de asignación, es materia de un próximo artículo; entretanto, el
Ejército del Aire conserva la defensa de punto y la responsabilidad última de
que la base siga generando salidas.
En 2035 deben cumplirse los
objetivos de regeneración. En 2040, la red debe reunir 48 refugios, entre seis
y ocho emplazamientos alternativos y unas Canarias con treinta días de
combustible y munición en el archipiélago. Pero una condición atraviesa todo el
calendario. La dispersión entra como requisito anual de adiestramiento, con
traslado real de aviones, combustible y personal a un emplazamiento
alternativo, y no como plan guardado en un cajón. La lección sueca estaba en la
repetición.
Conclusión
En cualquier mapa digital, los
refugios de Morón aparecen con su forma, su número y sus coordenadas. Un
analista de Rabat puede contarlos desde su despacho igual que lo hace cualquier
lector de este blog. Lo sabe todo de esa base salvo cuáles están vacíos, y
tampoco debería saber cuántos aviones siguen operativos, dónde se han
dispersado ni desde qué aeródromo volverán a despegar. Esa incertidumbre no se
compra con hormigón, sino con dispersión, señuelos y adiestramiento. Una base
sobrevive cuando obliga al enemigo a adivinar.
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