Por qué una brigada para todo no encaja en los teatros españoles
Tercer artículo de la serie
"Defender España sin fantasías"
INTRODUCCIÓN
En el artículo anterior desmonté
la doctrina
acorazada heredada que el Ejército de Tierra practica como si España fuera
Alemania. Una doctrina diseñada para el corredor de Fulda, importada sin
adaptación y sostenida por inercia institucional más que por reflexión
estratégica. Pero las doctrinas no flotan en el vacío, sino que generan
estructuras, y la estructura que ha generado esta doctrina importada es la
brigada polivalente.
Si la mentalidad estaba
desajustada, la organización que produce no podía ser otra cosa que un reflejo
de ese desajuste. La brigada polivalente española es ese reflejo, esto es, una
unidad concebida para hacerlo todo y que, precisamente por ello, no hace nada
suficientemente bien en ninguno de los teatros donde España podría verse
obligada a combatir. Este artículo explica por qué la polivalencia se ha
convertido en coartada para no especializar, qué hacen los aliados que han
abordado este problema y cuál es la alternativa.
La brigada polivalente española: adecuada para uno de cinco
teatros y parcialmente para otro. Inadecuada para los tres restantes. Imagen
generada con IA a efectos ilustrativos.
La insuficiencia de la brigada
polivalente se manifiesta en tres niveles distintos, en su diseño doctrinal (la
idea misma de una brigada genérica para teatros radicalmente diferentes), en su
dotación material (el inventario real de plataformas y sistemas) y en su disponibilidad
operativa (lo que realmente funciona en un día cualquiera). Aunque
relacionados, cada nivel exige soluciones diferentes y ninguno de los tres
resiste un examen honesto.
1. Qué es la brigada polivalente y por qué se adoptó
El concepto de brigada
polivalente nació formalmente con la reestructuración del Ejército de Tierra en
torno a 2012, pero sus raíces son anteriores. No surgió de un análisis
operativo sobre los teatros españoles, sino de una necesidad presupuestaria y
administrativa, ya que había que reducir el número de tipos de brigada para
simplificar la gestión de personal, material y adiestramiento. En un ejército
que pasó de la conscripción a la profesionalización plena en menos de dos
décadas, con presupuestos menguantes y una plantilla que nunca se completó, la
tentación de crear una unidad tipo única era comprensible. Una brigada que
sirviera tanto para misiones internacionales y el flanco Este de la OTAN, como para
la defensa territorial y la proyección a enclaves ultramarinos. Una brigada
para todo.
Es cierto que España no inventó
la polivalencia, pues la tendencia post-2000 en la OTAN fue precisamente hacia
la modularidad, la reorganización por tareas y las brigadas multirol. Reino
Unido lo intentó con Army 2020, Francia con la estructura Scorpion y Alemania
con sus Kampfbrigaden reconfigurables. Pero España llevó esa tendencia
más lejos de lo prudente, aplicándola además a unos teatros particularmente
heterogéneos. Lo que en un país con un teatro continuo y una frontera terrestre
dominante puede funcionar como modelo de gestión razonable, en un país como
España, con enclaves ultramarinos, archipiélagos atlánticos y mediterráneos,
montañas pirenaicas y una meseta central se convierte en un compromiso que no
satisface a nadie.
La lógica administrativa era que,
si todas las brigadas comparten una estructura similar, los mandos pueden rotar
sin reciclaje profundo, la logística se simplifica porque los catálogos de
repuestos son comunes y el planeamiento de fuerza se reduce a contar brigadas
intercambiables. Es una lógica impecable sobre el papel, pero en la práctica
operativa el resultado es una brigada que tiene un poco de todo: alguna
capacidad mecanizada, algo de infantería ligera, algo de artillería, algo de
ingenieros y algo de logística. Pero “algo” de todo no es “suficiente” para
todo.
Para entender la magnitud del
problema, basta mirar el inventario real. Una brigada polivalente tipo cuenta
con un batallón de carros (Leopard 2E), uno o dos batallones de infantería
mecanizada (Pizarro), un grupo de artillería de campaña (M109A5) y compañías de
ingenieros, transmisiones y logística. Pero la disponibilidad real de estos
sistemas rara vez coincide con la plantilla teórica. Los Pizarro tienen más de
veinte años y acumulan problemas de mantenimiento; los BMR que completan las
unidades ligeras ofrecen una protección balística STANAG 1, es decir, detienen
esquirlas y poco más; y los M109A5, en servicio desde los años setenta,
presentan tiempos de entrada y salida de posición incompatibles con la
supervivencia frente a contrabatería moderna, como demuestra la experiencia
ucraniana. El resultado es una brigada que sobre el papel tiene cuatro o cinco
mil efectivos y decenas de vehículos, pero cuya capacidad de combate real es
una fracción de lo que su organigrama sugiere.
Es cierto que el Ejército de
Tierra ha iniciado un movimiento tímido hacia una mayor tipificación a través
de la Brigada Experimental (BRIEX) y el concepto Fuerza 35, con brigadas Tipo A
pesadas, Tipo B medias y Tipo C ligeras; pero la estructura orgánica
polivalente sigue siendo la base mayoritaria, la mentalidad polivalente pervive
en la cultura organizativa y el ritmo del cambio es incompatible con la
velocidad a la que evolucionan las amenazas. Fuerza 35 aspira a resolver con
digitalización, drones y robótica los problemas de una estructura que necesita
reformarse primero. Es poner un software nuevo sobre un hardware deficiente y
el resultado será el previsible, esto es, un incremento marginal de capacidades
sin un salto cualitativo real, manteniendo ineficiencias estructurales y
limitando la efectividad operativa frente a adversarios mejor adaptados.
2. La modularidad como coartada: cuando la flexibilidad enmascara la
indefinición
El argumento más recurrente en
defensa de la brigada polivalente es la “modularidad”. Se dice que la brigada
no necesita estar especializada de forma permanente porque puede reconfigurarse
según la misión, por ejemplo reforzarla con un batallón mecanizado para una
operación pesada, aligerarla para una proyección rápida, o recibir agregaciones
de artillería o ingenieros según el escenario. Sobre el papel, suena flexible
pero, en la práctica, la modularidad real exige tres condiciones que el
Ejército de Tierra español no cumple hoy.
1ª. Unidades modulares
completas y adiestradas disponibles para agregarse. No se puede modular lo
que no existe o está al 60% de plantilla.
2ª. Tiempo para reconfigurar,
adiestrar al conjunto y desplegar. La modularidad funciona cuando hay
semanas de preaviso, no cuando los hechos consumados se producen en horas, como
ocurriría en una crisis en Ceuta o Melilla.
3ª. Una arquitectura logística
capaz de sostener configuraciones variables, ya que cada reconfiguración
cambia los requerimientos de munición, repuestos, combustible y sanidad y una
logística diseñada para la brigada tipo no absorbe bien esas variaciones.
Aquí reside la diferencia
fundamental con Estados Unidos, que inventó el paradigma de la fuerza modular y
task-organized. EE.UU. modulariza sobre abundantes excedentes, pues tiene
suficientes batallones de artillería, ingenieros, defensa aérea y logística
como para agregar y desagregar unidades sin dejar vacíos, mientras que España
no tiene esa profundidad de fuerza. Para nosotros, modularizar significa
desvestir un santo para vestir otro y en el campo de batalla moderno, los
santos desnudos mueren rápido.
Lo que en la práctica ocurre es
que la brigada despliega tal como está organizada permanentemente, porque no
hay tiempo, recursos ni unidades sobrantes para modularla. Y la “flexibilidad” se
convierte en el argumento que se invoca para justificar que se considere “apta”
para cualquier misión a una brigada sin capacidad antidrón orgánica, escalable
y distribuida a nivel batallón, sin morteros protegidos suficientes, sin
vehículos blindados medios y con BMR de los años ochenta.
Hay un paralelo material que
ilustra bien este problema. El programa VCR Dragón, analizado en detalle en el artículo
dedicado, intentó crear un vehículo para todo, para transporte, combate,
reconocimiento, mando y apoyo de fuegos. El resultado fue un vehículo que, con
34-35 toneladas, una relación potencia-peso de 15,8 CV/tn —la peor de todos los
8×8 modernos— y una transmisión SAPA SW624 que entra en modo seguro en
pendientes superiores al 20% acaba por no hacer bien ninguna de esas funciones,
si es que funciona. El Dragón encarna en el plano material el mismo error de
sobreambición que la brigada polivalente en el organizativo, esto es, querer
ser medio, ligero y pesado al mismo tiempo, sin los recursos ni la tecnología
para lograrlo.
3. Análisis por teatro: la incompatibilidad que nadie quiere ver
La demostración más contundente
de la insuficiencia de la brigada polivalente es confrontarla con los teatros
reales de la defensa española y el punto clave no es que cada teatro exija
capacidades distintas, sino que esos requisitos son mutuamente incompatibles
dentro de una misma unidad. Peso y proyección aérea no conviven, protección
pesada y movilidad urbana se excluyen, masa acorazada y huella logística
insular son contradictorias y es que no hay forma de optimizar simultáneamente
para Ceuta y para la Meseta, para Canarias y para los Pirineos.
Teatro Estrecho: Ceuta y
Melilla. Espacios minúsculos, urbanización densa, sin profundidad
operacional y con una frontera-perímetro que es el propio campo de batalla. La
amenaza incluye drones FPV, misiles contracarro, morteros, infantería ligera
masiva y presión híbrida. Lo que se necesita es una fuerza preposicionada con
altísima densidad de fuegos de corto alcance, defensa antidrón masiva,
blindados medios capaces de operar en calles de cuatro metros, ingenieros de
fortificación y negación, ISR persistente y autonomía logística para resistir
semanas sin refuerzo peninsular. Lo que la brigada polivalente ofrece es un
batallón mecanizado con Pizarro o Leopard cuya utilidad operativa queda
severamente limitada por la densidad urbana y la imposibilidad logística de
proyectar 67 toneladas en un teatro donde los puentes soportan 40, BMR que no
sobreviven al dron FPV más barato del mercado y cero capacidad antidron
orgánica distribuida.
Teatro Canarias.
Archipiélago a más de 1.000 kilómetros de la Península, con terreno volcánico
abrupto, dependencia total del enlace aéreo y marítimo y una amenaza que
combina negación de acceso (A2/AD), fuegos de largo alcance y posible
aislamiento prolongado. Lo que se necesita es una fuerza ligera pero protegida,
proyectable por vía aérea en A400M, con artillería cohete de largo alcance,
defensa aérea multicapa, capacidad antibuque y resiliencia logística para
operar aislada durante semanas. La brigada polivalente no es proyectable
rápidamente porque su componente mecanizado pesado no cabe en A400M, a lo que
hay que añadir la escasa capacidad de transporte marítimo militar. Con los
buques Ysabel y El Camino Español, proyectar una fuerza pesada en
mitad de una crisis con denegación de acceso en el Estrecho es exponerse a
riesgos inaceptables. La ligereza no es un lujo de proyección, sino una
necesidad de supervivencia. Canarias necesita una brigada que pueda luchar sola
durante 30 días y la polivalente, en su configuración actual, no tiene
autonomía logística para una fracción de ese tiempo.
Teatro peninsular. Es el
único teatro donde la brigada mecanizada pesada tiene sentido operativo claro,
con terreno relativamente abierto en la Meseta, profundidad operacional e
infraestructura capaz de sostener movimiento acorazado. Pero incluso aquí, la
brigada polivalente es un híbrido insuficiente ya que no tiene la masa blindada
de una brigada acorazada pura ni la agilidad de una brigada ligera protegida.
Para el escenario peninsular y la contribución OTAN, lo que se necesita son
brigadas mecanizadas pesadas con Leopard 2E modernizados y Pizarro de siguiente
generación, optimizadas para maniobra en profundidad.
Teatro pirenaico. Combate
en montaña, valles encajonados, infraestructura limitada, nieve y altitud. Un
teatro donde el blindado pesado es un estorbo, pero donde la infantería ligera
también necesita protección; no la del carro, sino la de plataformas medias
sobre ruedas o cadenas capaces de operar en carreteras estrechas y pendientes
pronunciadas, con artillería adaptada al terreno y capacidad de negación de
pasos de montaña. La brigada polivalente, con su mezcla de pesado y ligero, no
está optimizada para la montaña ni equipada para la maniobra acorazada en
llanura.
Teatro Baleares. Un último
escenario, frecuentemente olvidado, son Islas mediterráneas con mejor
accesibilidad que Canarias pero igualmente insulares, donde la amenaza
principal es la negación del acceso y el hecho consumado. La fuerza necesaria
es ligera, proyectable, con capacidad antiaérea y antibuque, optimizada para
defensa costera y de infraestructuras críticas.
La siguiente tabla sintetiza el
desajuste.
4. Lo que hacen los aliados: modelos imperfectos, pero más honestos
España no es el único país que ha
enfrentado el dilema entre polivalencia y especialización, pero la diferencia
es que los aliados más avanzados han aceptado que la especialización, con todos
sus costes, es preferible a la indefinición. Ninguno de sus modelos es perfecto,
pero todos son más honestos que pretender que una brigada genérica sirve para
todo.
4.1. Estados Unidos:
especialización de núcleo y modularidad de excedentes
El Ejército estadounidense
organiza sus brigadas en tres tipos claramente diferenciados. Las Infantry
Brigade Combat Teams (IBCT) son ligeras y proyectables. Las Stryker
Brigade Combat Teams (SBCT) son brigadas medias sobre ruedas 8×8, con unos
300 vehículos Stryker por brigada y capacidad de despliegue en 96 horas, y han
sido la respuesta estadounidense al mismo problema que España tiene y no
reconoce. Las Armored Brigade Combat Teams (ABCT) son la fuerza pesada,
con Abrams y Bradley. Cada tipo tiene organización, material, adiestramiento y
doctrina propios.
Pero aquí viene el matiz, las BCT
americanas no son tan puramente especializadas como a veces se presenta. Las
ABCT hacen combate urbano, las IBCT pueden recibir refuerzos pesados y las SBCT
han operado en contextos para los que no fueron diseñadas. La modularidad
existe y es real, pero la diferencia crítica con España no es que EE.UU. no
module, sino que modulariza sobre una profundidad de fuerza que le permite
agregar y desagregar sin crear vacíos. Tiene batallones de artillería,
ingenieros, defensa aérea y logística sobrantes para redistribuir, mientras que
España no tiene esa profundidad. Para nosotros, cada agregación es una resta en
otra unidad, lo que hace que la modularidad teórica sea, en la práctica, una
ficción.
El modelo Stryker merece
atención particular porque fue concebido a finales de los noventa exactamente
para el segmento que España ignora, unas fuerzas intermedias entre la división
aerotransportada y la división acorazada. Una brigada de unos 4.000 efectivos
montada sobre un vehículo de 20 toneladas, con protección STANAG 3-4, todas las
variantes de apoyo integradas y autonomía logística de 72 horas. Es, en
esencia, el concepto de brigada ligera protegida que se detalla en el artículo
sobre el 6×6, validado operativamente durante dos décadas.
4.2. Finlandia: fuerzas
regionales especializadas
Finlandia defiende un territorio
con similitudes relevantes con el problema español, una frontera terrestre
extensa con un adversario potencial, archipiélago costero complejo y
condiciones de terreno muy variables. Su respuesta ha sido organizar su fuerza
en readiness brigades de alta disponibilidad y fuerzas regionales con
especialización geográfica y climática. Las brigadas del interior se preparan
para combate mecanizado en bosques y lagos, las unidades costeras y
archipelágicas se especializan en defensa litoral y las de Laponia se adiestran
para combate ártico. No es exactamente un modelo de “brigadas por teatro” en
sentido puro, pero sí un modelo donde cada unidad conoce su zona, se adiestra
permanentemente en ella y tiene el material adecuado para sus condiciones.
La lección finlandesa es
pertinente porque Finlandia no es una gran potencia militar. Tiene un ejército
comparable en su escala al español, con restricciones presupuestarias reales y
ha optado por la especialización porque entiende que la polivalencia genérica
no es pragmatismo, sino un lujo que solo pueden permitirse quienes no esperan
combatir seriamente en su territorio. Finlandia lidera además el programa CAVS
con la plataforma Patria 6×6, que ya agrupa a siete naciones OTAN y más de
2.000 vehículos en pedidos y opciones.
4.3. Israel: ecosistemas
operativos completos
Israel no solo especializa
brigadas, especializa ecosistemas operativos enteros. Sus brigadas acorazadas
pesadas para la frontera siria no son simplemente “brigadas con Merkava”, son
sistemas que integran inteligencia dedicada, capacidad UAV orgánica, artillería
de apoyo directo, ingeniería especializada y una estructura de reservas que
alimenta la rotación. Las brigadas de infantería ligera para operaciones
urbanas en Gaza y Cisjordania operan con su propia arquitectura de ISR, drones
y apoyo de fuegos adaptada al combate en espacio confinado. La adaptación es
continua, como demuestra la adaptación de la experiencia en Gaza 2023-2025 donde
se detectó que incluso los Merkava 4 con Trophy sufren pérdidas significativas
en entornos urbanos, lo que ha acelerado la integración de capacidades
específicas de infantería ligera y drones en las operaciones blindadas.
Y es que la brigada nunca combate
sola, lo que nos lleva al siguiente problema.
5. La ilusión brigadista: el nivel que falta en el debate
Hay un error conceptual que este
artículo no puede obviar, aunque su desarrollo completo corresponda a un
artículo sobre el Ejército de teatros. Durante dos décadas, la OTAN
sobredimensionó la brigada como unidad autosuficiente, con los ejercicios, la
doctrina y la planificación de fuerza girando en torno a ella como pieza
central. Pero Ucrania ha devuelto protagonismo a los escalones superiores.
Muchas de las capacidades
decisivas en el campo de batalla contemporáneo no viven en la brigada, sino que
viven por encima de ella. El ISR profundo, la guerra electrónica a escala, los
fuegos de largo alcance, la defensa aérea de zona, la logística de
sostenimiento y la ingeniería pesada se gestionan a nivel división, cuerpo de
ejército o mando conjunto. El modelo ucraniano ha mostrado que las brigadas que
sobreviven y son eficaces lo son porque operan dentro de un ecosistema de
apoyos que les proporcionan lo que no pueden generar orgánicamente.
Esto refuerza la tesis de este
artículo, porque si la brigada no es autosuficiente por definición, pretender
que una brigada polivalente pueda serlo es doblemente ilusorio. La
especialización por teatro tiene más sentido precisamente porque asume que la
brigada necesitará apoyos del escalón superior y permite diseñar esos apoyos de
forma coherente con el teatro concreto. Un comando de teatro, concepto que se
desarrollará en otro artículo, es el ecosistema que da sentido a las brigadas
especializadas. Sin él, la especialización es incompleta; con él, la
polivalencia es innecesaria.
6. Lo que se pierde al especializar: honestidad analítica
La especialización también tiene
sus problemas:
Menor intercambiabilidad.
Si las brigadas se especializan por teatro, no todas servirán para todo. Una
BLP optimizada para Ceuta no es la fuerza óptima para el flanco Este de la OTAN,
lo que exige una gestión de fuerza más sofisticada y reduce la flexibilidad
ante contingencias imprevistas.
Mayor complejidad
administrativa. Más tipos de brigada significan más líneas logísticas, más
doctrinas específicas, más pipelines de formación y más escuelas,
aspectos no triviales en un ejército con recursos humanos limitados.
Riesgo de sobreadaptación.
Optimizar para un escenario puede penalizar la capacidad en otro. Si España
concentra sus brigadas ligeras protegidas en los enclaves, ¿qué despliega si la
crisis surge en un teatro inesperado?
Estos costes son reales, pero la
alternativa, mantener brigadas genéricas que no son óptimas para ningún teatro,
tiene un coste mayor, como es la inadecuación sistemática. La cuestión no es si
la especialización es perfecta, sino si es menos imperfecta que la
polivalencia. En un país con cinco teatros mutuamente incompatibles y recursos
limitados, la respuesta es sí. La especialización permite concentrar eficacia
donde la probabilidad y el riesgo son mayores a cambio de aceptar limitaciones
en escenarios menos probables. La polivalencia reparte la mediocridad de forma uniforme.
Un país que no puede permitirse la excelencia en todo debe elegir dónde ser
bueno y especializarse para ellos.
7. La alternativa: brigadas especializadas y un camino para llegar
Si la brigada polivalente no
funciona en su configuración actual para los teatros españoles, ¿qué la
sustituye? La respuesta no es complicada, pero sí políticamente incómoda.
España necesita brigadas especializadas por teatro y diseñadas para la amenaza
y el terreno, no para la comodidad administrativa.
El modelo propuesto se
articula en tres tipos de brigada.
Brigada Ligera Protegida
(BLP). Es la unidad que vertebra la defensa de enclaves, refuerza las islas
y constituye la fuerza de proyección rápida. Su columna vertebral es un
vehículo blindado medio 6×6 en el rango de 18-24 toneladas, con protección
STANAG 3-4 escalable y con las variantes necesarias como transporte protegido,
mortero 120mm autopropulsado, defensa antidrón con capacidad de derribo
cinético, evacuación sanitaria blindada, puesto de mando móvil, ISR con mástil
optrónico, guerra electrónica y logística protegida de primera línea. El
programa CAVS liderado por Finlandia con la plataforma Patria 6×6, que ya
agrupa a siete naciones OTAN, es la opción más madura y económica disponible,
como se argumenta en el artículo
sobre el 6×6. Con transportabilidad en A400M (dos vehículos por avión en
configuración ligera), puede operar en calles estrechas, cruzar puentes civiles
sin restricción y tiene la huella logística que un teatro aislado puede
sostener. La BLP incluye una compañía de VCI de cadenas (concepto Pizarro
III) como puño blindado para situaciones de alta intensidad, proporcionando
potencia de fuego con cañón de 50mm, munición programable contra enjambres de
drones y protección activa y sin depender del carro pesado. La artillería
orgánica se basa en sistemas sobre ruedas. Esta es la brigada que debería estar
preposicionada en los enclaves y Canarias.
Brigada Mecanizada Pesada
(BMP). Es la brigada para el teatro peninsular y la contribución a la OTAN.
Leopard 2E modernizados con Trophy como sistema de protección activa, VCI de
cadenas de nueva generación, artillería autopropulsada sobre cadenas y toda la
panoplia de capacidades que la maniobra acorazada de alta intensidad exige. Dos
brigadas mecanizadas pesadas plenamente equipadas y al completo de plantilla
aportan más disuasión real que cuatro brigadas polivalentes a medias.
Brigada de Montaña. Para
el teatro pirenaico y terrenos de alta dificultad orográfica. Infantería ligera
especializada con protección media sobre ruedas para las fases motorizadas,
artillería sobre ruedas capaz de operar en carreteras de montaña, ingenieros de
combate adaptados al terreno y capacidad de negación de pasos. Esta capacidad
existe parcialmente en la Brigada Aragón, pero requiere consolidación y
refuerzo doctrinal.
El camino de transición
(2026-2035). La transición debe ser progresiva y no exige crear brigadas
nuevas, sino reconvertir las existentes.
La prioridad inmediata es la
capacidad antidrón. Independientemente del modelo organizativo final, dotar a
todas las brigadas de una capacidad C-UAS orgánica y distribuida es
innegociable, pues cada mes sin ella es un riesgo aceptado sobre la vida de los
soldados, la tecnología existe y es asequible. En paralelo, la adhesión al
programa CAVS en 2027 permitiría comenzar las entregas de plataformas 6×6 hacia
2029-2030, sustituyendo progresivamente los BMR obsoletos. La concentración de
los Leopard 2E en dos brigadas mecanizadas pesadas plenamente dotadas, en lugar
de dispersarlos en brigadas polivalentes, liberaría recursos y permitiría
modernizarlos con Trophy como prioridad. La retirada escalonada de los BMR y la
reconversión de las brigadas ligeras actuales (BRIPAC, Legión, guarniciones de
Ceuta y Melilla) en brigadas ligeras protegidas completaría la transición en el
horizonte 2032-2035.
Nada de esto exige un aumento
radical del presupuesto. Es una redistribución del esfuerzo, en lugar de
brigadas polivalentes idénticas, brigadas diferentes optimizadas para su misión
probable. Los efectivos totales pueden ser similares, lo que cambia es cómo se
organizan, equipan y adiestran.
8. Lo que cuesta no decidir
El coste de mantener la brigada
polivalente no es visible en una línea presupuestaria. Es un coste difuso,
repartido entre adiestramiento genérico que no prepara para ningún teatro
concreto, material heterogéneo cuyo mantenimiento es desproporcionadamente
caro, disponibilidad operativa que las cifras oficiales maquillan y una
disuasión que existe en los documentos pero no en la realidad.
Conviene detenerse en el
adiestramiento, porque es donde el coste de la indefinición se mide en
competencia profesional. Un batallón que un año practica maniobra acorazada en
San Gregorio, el siguiente hace un ejercicio de defensa urbana y el tercero despliega
en el Líbano no alcanza la profundidad de preparación que ninguno de esos
escenarios exige. La especialización no requiere más dinero, sino más foco, y
éste solo es posible cuando la unidad sabe para qué teatro se prepara.
El coste material es igualmente
perverso. Mantener simultáneamente Leopard 2E, Pizarro, BMR y VAMTAC en una
misma brigada multiplica las líneas logísticas, los catálogos de repuestos, las
especialidades de mantenimiento y la formación del personal técnico. La “eficiencia”
que se invocó para crear la brigada polivalente genera exactamente la
ineficiencia logística que pretendía evitar, porque la polivalencia orgánica
obliga a sostener plataformas de tres generaciones distintas dentro de una
misma unidad.
Pero el coste más grave no es
presupuestario ni logístico, sino estratégico. Una fuerza estructuralmente
inadecuada para sus teatros más probables no solo combate peor, disuade menos,
y eso vuelve más probable el conflicto que pretende evitar. Mientras España
mantiene brigadas que no pueden desplegarse en Ceuta en menos de cinco días,
Marruecos consolida una arquitectura militar de focalización geométrica, con
unidades blindadas pesadas específicas para el Sáhara, artillería cohete de
largo alcance y defensa aérea centralizada para paralizar la capacidad de
refuerzo española. La asimetría no está en el número de carros, está en la
adecuación de los medios a los escenarios reales y en la velocidad de decisión.
Un adversario que puede negar el acceso aéreo y marítimo al Estrecho con
misiles y drones no se disuade con brigadas polivalentes en la Península. Se
disuade con fuerzas preposicionadas, especializadas y listas para combatir
desde el primer minuto.
La decisión de especializar las
brigadas es, en última instancia, una decisión sobre qué guerras nos tomamos en
serio. Mantener la polivalencia es cómodo porque evita debates internos sobre
identidad profesional, asignación de recursos y prioridades. El oficial de
caballería que ha construido su carrera en torno al carro pesado no quiere oír
que su brigada debería reequiparse, el mando que ha gestionado la brigada
polivalente durante décadas no quiere aceptar que su modelo organizativo
necesita reformarse. Son resistencias humanas, comprensibles. Pero la comodidad
institucional no puede prevalecer sobre la eficacia operativa cuando hay
territorio español cuya defensa depende de que la fuerza asignada sea capaz de
combatir en él.
Conclusión
La brigada polivalente fue una
solución comprensible para un ejército en transición, con presupuestos en
declive y una misión ambigua tras la Guerra Fría. Cumplió una función durante
dos décadas de operaciones expedicionarias de baja intensidad, donde lo que se
pedía no era combatir al máximo nivel sino estar presente. Para el Líbano,
Afganistán e Irak, era suficiente.
Pero el mundo ha cambiado, las
amenazas se han concretado y las lecciones de Ucrania, Nagorno-Karabaj y Gaza
han demostrado que el campo de batalla contemporáneo no perdona la
indefinición. La cuestión es si, dados los teatros españoles, la brigada
polivalente es la forma más eficiente de convertir recursos escasos en
capacidad militar real. El problema de la polivalencia española es su
inadecuación relativa frente a amenazas, geografías y presupuestos concretos.
Cuando los recursos son limitados y los teatros son mutuamente incompatibles,
la polivalencia acaba siendo indecisión disfrazada de pragmatismo.
La alternativa es lo que hacen
los aliados más honestos consigo mismos: especializar por teatro, equipar para
la amenaza concreta y adiestrar para el terreno real. No más brigadas sino
mejores. Y un camino de transición que empiece mañana con lo urgente —la
defensa antidrón— y termine en una década con una fuerza terrestre por fin
alineada con la geografía y las amenazas de España.
La brigada polivalente tuvo su
momento, pero ese momento ha pasado.
En el próximo artículo de esta
serie abandonaré el plano organizativo para entrar en el geográfico: los cinco
teatros de la defensa española. Porque si España no tiene un frente único sino
cinco teatros discontinuos con exigencias radicalmente distintas, la
organización que hemos analizado aquí necesita un mapa debajo, y ese mapa lo cambia
todo.
Serie "Defender España
sin fantasías" — Artículos publicados:
1. España
no necesita el Leopard 2A8… ni el MGCS
2. Desmontando
la doctrina acorazada española
Artículos satélite:
— VCR
Dragón: Anatomía de un programa en crisis
— El
Horizonte de la Artillería Española 2026
— Pizarro
III: el VCI que España necesita
— El
6×6 que España necesita y nadie quiere comprar
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