jueves, 30 de julio de 2026

Esto no es una crisis migratoria

Por qué Ceuta se colapsa mientras en Melilla reina la calma

 

INTRODUCCIÓN

Las imágenes del Tarajal son insoportables y son, al mismo tiempo, la parte menos informativa de lo que está pasando. Cientos de personas cruzando a nado, agentes de la Guardia Civil desbordados sacando gente del agua, cuerpos localizados en la costa, una ciudad de ochenta y cinco mil habitantes preguntándose cuántos llegarán mañana y toda la atención política y mediática concentrada en el punto exacto donde el fenómeno se hace visible.

Y ahí es donde no está la explicación.

La Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta —del PP a Vox pasando por el PSOE y los localistas, es decir, todos— ha pedido este jueves el cierre urgente de la frontera, el despliegue del Ejército y la declaración de emergencia nacional. Es una reacción comprensible y probablemente inevitable. Pero antes de discutir qué hacer conviene resolver la cuestión previa sobre qué es exactamente lo que está ocurriendo. De la respuesta depende quién tiene que gestionarlo, con qué herramientas y en qué plazo. Y la respuesta que se ha dado por buena durante cinco años es falsa.

Misma línea, dos lecturas. Entre enero y junio de 2026 las llegadas por la ruta atlántica cayeron más de un 60% mientras las entradas terrestres por Ceuta crecían un 164%. Ilustración conceptual generada con inteligencia artificial.

 

1. El dato que no sale en las imágenes

Los balances quincenales del Ministerio del Interior son públicos y aburridos. Entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2026, la inmigración irregular en el conjunto de España cayó un 32,5% respecto al mismo periodo del año anterior. En ese mismo semestre, las entradas terrestres por Ceuta y Melilla subieron un 154,8%. Ceuta pasó de 978 personas a 2.582, con un incremento del 164% y Canarias, que en 2025 concentraba la mayor presión del país, se desplomó más de un 60%.

Detengámonos en esa frase, porque contiene todo el argumento. En el mismo país, en los mismos seis meses y con las mismas redes operando, una ruta cayó un 60% mientras otra subía un 164%.

Así no funciona la migración espontánea. La ruta atlántica hacia Canarias exige coordinación de redes en Mauritania, Senegal y el Sahel, embarcaciones, dinero, meteorología favorable y varios días de navegación. No se desactiva en seis meses por casualidad ni por un cambio de humor de los migrantes; requiere que alguien, en algún punto de la cadena, deje de hacer lo que hacía. Simétricamente, un paso terrestre de ocho kilómetros bajo control permanente de la Gendarmería Real marroquí no triplica el número de inmigrantes porque la gente haya descubierto de pronto que Ceuta existe.

Cuando una ruta se cierra y otra se abre a la vez, y ambas dependen del mismo Estado, la palabra que describe el fenómeno no es "flujo". Es válvula, una válvula que alguien debe abrir o cerrar a su conveniencia.

Queda entonces la pregunta del calendario; por qué ahora. El 13 de julio el Tribunal Supremo prohibió las devoluciones en caliente de quienes alcanzan Ceuta a nado y la oleada llega dos semanas después. Y no es que los inmigrantes que malviven en las cercanías de la frontera con Ceuta lean cada día el BOE donde se publican las sentencias del Tribunal Supremo, sino que cualquier servicio de inteligencia competente sigue el calendario judicial y normativo del país vecino, porque ahí se publica, con fecha y por escrito, cuándo se estrecha el margen de maniobra del adversario. Porque una ventana de oportunidad táctica no tiene por qué crearse, basta con reconocerla y usarla.

 

2. Melilla es la prueba

Si hubiera que elegir un solo dato de todo este asunto, no sería el de Ceuta; sería el de Melilla.

Hasta el 31 de mayo de 2026, Melilla había registrado 85 entradas terrestres. Ceuta, en ese mismo periodo, superaba las 2.280. Veintisiete veces más. Estamos hablando de dos ciudades españolas, en la misma frontera, con el mismo país al otro lado, las mismas redes disponibles, la misma legislación de extranjería, la misma Guardia Civil, la misma Gendarmería Real y el mismo incentivo para quien quiera cruzar. Una está saturada; la otra está tranquila.

Cierto es que Ceuta tiene un espigón que se adentra en el mar y puede bordearse a nado, mientras Melilla tiene un perímetro vallado. Pero eso no explica nada. La geografía del Tarajal en 2026 es exactamente la misma que en 2024, cuando las entradas fueron una fracción minúscula de las actuales, y la misma que en mayo de 2021, cuando entraron entre ocho y diez mil personas en cuarenta y ocho horas. Una constante no puede explicar una variación. El espigón lleva ahí décadas; lo que cambia es si hay alguien impidiendo el paso al otro lado, y eso no depende de la costa sino de una decisión administrativa. Cuando el control marroquí se aplica, el espigón es tan estanco como la valla; cuando se retira, no lo es. El propio historial reciente de la frontera es la demostración.

Que una plaza se sature mientras la otra se conserva intacta no es un accidente del azar: es dosificación.

 

3. El agregado que oculta

La cifra que nuestro Gobierno presenta públicamente como prueba del éxito de la cooperación con Marruecos es la nacional, esto es, que la inmigración irregular baja un tercio. Es verdad y es engañosa a la vez, porque el agregado es precisamente el instrumento que oculta la coerción selectiva. Rabat concede contención donde España la exhibe —el total del país, las cifras que se comparan con Italia y Grecia, los titulares de Bruselas— y la retira donde España es vulnerable como son dos ciudades pequeñas cuya saturación se mide en días.

Dicho de otra manera: España está siendo pagada en agregados y cobrada en los enclaves. El mecanismo tiene una elegancia perversa, porque el mismo dato que permite demostrar que se coopera es el que evita la acusación de que no se hace.

 

4. Qué significa exactamente "coerción"

En estrategia, coerción designa la modificación deliberada del comportamiento de otro Estado mediante la imposición de un coste, sin recurrir al conflicto armado abierto. No requiere ocupar territorio ni emplear fuerza militar, basta con generar un perjuicio suficiente y suficientemente sostenido, para que al adversario le resulte más barato ceder que resistir. Su objetivo no es la conquista sino la decisión ajena y su éxito no se mide en kilómetros sino en cambios de conducta.

Dos rasgos importan especialmente en este caso. El primero es que la coerción eficaz opera por debajo del umbral de respuesta. Se calibra deliberadamente para que el daño sea real pero no active los mecanismos de reacción del adversario, ya sean sus alianzas, su opinión pública o su derecho de legítima defensa. El segundo es más contraintuitivo, pues la coerción necesita ser entendida por quien la sufre. Un daño que la víctima interpreta como accidente no modifica su conducta, sino que simplemente la desgasta. De ahí que el emisor busque un punto de equilibrio delicado, que el mensaje se reciba, pero que no pueda probarse. Es el terreno de la negación plausible y explica por qué las autoridades marroquíes atribuyen estas entradas a redes criminales que explotan a personas vulnerables. Esa explicación no necesita ser creíble. No lo es. Solo necesita estar disponible.

 

5. No es un caso español PERO ESPAÑA ES LA ÚNICA QUE NO LA LLAMA POR SU NOMBRE

La instrumentalización de flujos migratorios como herramienta de presión estatal no es una teoría inventada para el caso de Ceuta. Es un patrón reconocido, documentado y con jurisprudencia política reciente en Europa.

En marzo de 2020, Turquía anunció que dejaba de contener los movimientos hacia la frontera griega del Evros y decenas de miles de personas se dirigieron allí en pocos días, en plena negociación con la Unión Europea sobre financiación y sobre la situación en Idlib. En 2021, Bielorrusia facilitó la llegada por vía aérea de miles de ciudadanos de Oriente Próximo y los condujo hasta las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia, en respuesta a las sanciones europeas. En noviembre de 2023, tras un aumento súbito de llegadas por su frontera oriental que atribuyó a una acción dirigida desde Moscú, Finlandia cerró completamente sus pasos terrestres con Rusia y ha sostenido esa medida.

Todas estas situaciones son distintas de la española y entre sí, pero lo relevante es que en los tres casos mencionados los Estados afectados nombraron públicamente lo que estaba ocurriendo, lo calificaron como coerción de un tercer Estado y no como fenómeno migratorio, y obtuvieron respaldo europeo precisamente por haberlo encuadrado así. La Unión ha incorporado desde entonces el concepto de instrumentalización de migrantes a su marco de gestión de crisis. El término existe, igual que la doctrina y que el precedente.

Ceuta y Melilla constituyen el único límite terrestre de la Unión Europea con África, pero España es el único Estado miembro que sufre este tipo de presión y no la denomina por su nombre. Esa es la anomalía que hay que explicar.

 

6. El precedente que funcionó demasiado bien

Nada de esto es nuevo. En mayo de 2021 entraron en Ceuta entre ocho mil y diez mil personas en menos de cuarenta y ocho horas, incluidos alrededor de mil quinientos menores, después de que el control fronterizo marroquí simplemente se echase a un lado. Ocurrió en plena crisis por la acogida en un hospital español del líder del Frente Polisario. España desplegó al Ejército y devolvió a la mayoría de los adultos en pocos días.

Diez meses después, en marzo de 2022, el Gobierno cambió la posición histórica de España sobre el Sáhara Occidental y respaldó el plan marroquí de autonomía. Sin explicaciones y sin justificación, al menos pública.

Conviene mirar esa secuencia desde Rabat y no desde Madrid. La operación costó unos diez meses de fricción diplomática y produjo la mayor concesión española en cincuenta años. No hubo sanción, no hubo coste económico, no hubo condena internacional relevante y no hubo siquiera una atribución formal. La relación coste-beneficio fue extraordinaria y nunca ha sido corregida.

Pero el balance es todavía más favorable para Rabat de lo que suele contarse, porque tuvo un efecto de segundo orden que rara vez se contabiliza. La reacción argelina al giro español fue la suspensión de relaciones y la práctica congelación del comercio bilateral durante cuatro años, con el suministro de gas como única excepción. Así una operación migratoria de cuarenta y ocho horas acabó deteriorando la relación de España con su principal proveedor energético y con el único actor regional cuyos intereses se oponen estructuralmente a los de Marruecos. El instrumento no solo obtuvo una concesión, sino que reordenó el mapa de alianzas del Magreb occidental en beneficio de quien lo empleó. Esa fractura solo ha empezado a repararse ahora, con la normalización hispano-argelina de julio de 2026, y ese es un asunto que merece capítulo aparte.

El error de análisis español consistió en tratar 2021 como un episodio aislado y no como un método.

 

7. Por qué España no lo dice

Si el patrón es demostrable con datos públicos, y lo es, ¿por qué el Gobierno no lo dice?

La respuesta habitual es que faltan pruebas, pero es falsa. Para atribuir una modulación deliberada de flujos no hace falta un documento firmado ni una confesión, solo hace falta una serie estadística, y esa serie existe, la publica el propio Ministerio del Interior cada quince días y lleva año y medio dibujando la misma figura.

La respuesta verdadera es más incómoda. España no atribuye no porque no puede, sino porque atribuir obliga a responder. En el momento en que un Gobierno califica oficialmente lo que ocurre como coerción de un Estado extranjero, se genera un deber político de reaccionar ante la opinión pública, ante el Congreso y ante Bruselas. Y como no existe ninguna respuesta preparada ni, digámoslo claro, el coraje político suficiente para tomar una decisión entre la protesta diplomática y el uso de la fuerza, la salida institucional más cómoda es no nombrar el problema.

Hay algún motivo político fundado para esa cobardía política y es que, aunque la Unión dispone de un instrumento anticoerción diseñado exactamente para casos de presión económica y política de terceros Estados, nunca se ha invocado en este contexto no solo por la timidez de Madrid, sino porque activarlo exige una determinación formal de la Comisión y una mayoría en el Consejo, es decir, exige señalar oficialmente a Rabat y someter esa acusación a votación entre socios. Y España tiene motivos fundados para temer el resultado de esa votación. Francia respaldó en julio de 2024 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, se puso de parte de Marruecos en la crisis de Perejil de 2002 y mantiene con Rabat intereses económicos y estratégicos de primer orden, por lo que su disposición a avalar una medida coercitiva europea contra Marruecos es, siendo generosos, dudosa. Pedir el instrumento y no obtenerlo dejaría a España en peor posición que no pedirlo.

Es un cálculo racional, pero se convierte en una trampa al garantizar que la negación plausible de Rabat resulte gratuita, porque Marruecos no necesita ocultar bien su actuación si Madrid ha decidido de antemano no mirar y Bruselas no ha sido nunca formalmente requerida a hacerlo.

 

8. Dos cosas verdaderas al mismo tiempo

Que exista una gestión estatal del flujo no convierte a las personas que cruzan en instrumentos sin voluntad propia. Los jóvenes que este jueves se lanzaron al agua tienen motivos propios, verificables y perfectamente comprensibles, pues Marruecos no deja de ser un país sin futuro para los jóvenes. Eso es cierto. El paro juvenil marroquí, la sequía, la desigualdad territorial del Rif y la ausencia de expectativas son reales y ninguna interpretación geopolítica los borra.

Pero, al mismo tiempo, la decisión de que esas personas puedan concentrarse ante la valla sin que nadie lo impida, un jueves concreto y no otro, en Ceuta y no en Melilla, es de otra naturaleza y la toma otro actor.

Las dos cosas son verdad a la vez y confundirlas es lo que paraliza el debate español. Una parte del arco político mira solo la motivación individual y concluye que hablar de coerción deshumaniza. Otra mira solo la coerción y concluye que quienes cruzan son un arma. Ambas lecturas son cómodas, ambas son incompletas y ambas benefician a quien administra la válvula, a quien la abre o cierra a voluntad, porque garantizan que España discuta consigo misma en lugar de discutir con Rabat.

 

9. La explicación más SENCILLA Y CREÍBLE

Ninguna de las observaciones anteriores prueba por sí sola una decisión política en Rabat. Lo que hacen, en conjunto, es convertir la hipótesis de gestión estatal en la explicación más parsimoniosa, la que requiere menos supuestos adicionales. Cualquier alternativa, que la coincidencia entre el desplome atlántico y el estallido terrestre sea casual, que la diferencia de veintisiete veces entre dos ciudades españolas equivalentes se deba a la costa, que la sincronía con el calendario judicial español sea fortuita, exige acumular casualidades independientes. Y no es la más acusatoria, es simplemente la más sencilla y la más creíble.

Esta acusación quedaría seriamente debilitada si las entradas por Melilla convergieran con las de Ceuta manteniéndose el desplome canario; si la presión terrestre continuara con idéntica intensidad durante un periodo de máxima cooperación bilateral y sin ninguna negociación abierta entre ambos países; o si la Gendarmería Real interviniera sistemáticamente en el espigón sin lograr reducir el flujo. Ninguna de esas tres cosas está ocurriendo. Mientras no ocurran, la carga de la prueba no recae sobre quien afirma que hay gestión, sino sobre quien sostiene que veinte meses de datos son una coincidencia.

 

10. Lo que cambia si se llama por su nombre

Llamar a las cosas por su nombre no es una discusión semántica, ya que el encuadre determina el menú de respuestas disponibles.

Si lo que ocurre en Ceuta es una crisis migratoria, el asunto pertenece a Interior. Las herramientas son el CETI, el reparto de menores entre comunidades autónomas, más efectivos, la Ley de Extranjería y, en el límite, el cierre de la frontera. Todas gestionan el efecto y ninguna toca la causa. Es la razón por la que llevamos cinco años haciendo lo mismo con resultados idénticos. Cero.

Si lo que ocurre es coerción de un Estado, el asunto es de política exterior y de seguridad nacional y deja de ser bilateral. Las herramientas son la atribución pública documentada, la Ley de Seguridad Nacional, la comunicación formal a la Comisión Europea, la vinculación con la agenda comercial de la Unión y el instrumento anticoerción. Y, sobre todo, cambia el sujeto, pues no sería la frontera de Ceuta, sino la frontera exterior de la Unión Europea, el único límite terrestre que la UE tiene con África. Que España haya gestionado durante veinte años como asunto doméstico y policial algo que es una presión de un tercer Estado sobre territorio comunitario no es un detalle administrativo. Es, probablemente, la mayor de sus vulnerabilidades, porque significa que ha renunciado voluntariamente al único terreno donde no está sola.

Queda una objeción legítima, pues es cierto que la sentencia del Supremo estrecha el margen operativo inmediato. Pero también lo es observar que un Estado cuya capacidad de sostener una frontera exterior europea depende de un procedimiento sumario reiteradamente cuestionado por sus tribunales tiene un problema estructural, con sentencia o sin ella. Si la interpretación de la ley no es clara, lo que debe hacerse es cambiarla para hacerla cristalina.

 

11. La pregunta correcta

En los próximos días escucharemos cifras sobre cuántos entraron ayer, cuántos esta madrugada y cuántos fueron devueltos. Habrá una visita ministerial, una comparecencia, una petición de refuerzos y probablemente un conflicto entre el Estado y las comunidades autónomas por el reparto de menores. Todo eso sucederá y nada de ello alterará el fondo del asunto.

La pregunta que de verdad mide lo que está ocurriendo no es cuántas personas entraron hoy en Ceuta.

Es por qué Melilla está tranquila.

 

Primero de una serie de siete artículos sobre la presión híbrida marroquí en Ceuta y Melilla y las opciones estratégicas de España. El siguiente aborda la petición de cerrar la frontera y por qué es, con toda probabilidad, la respuesta que Rabat prefiere.

 

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