miércoles, 5 de agosto de 2026

Ni mirar ni disparar

Las capacidades de fuerza intermedia que Ceuta no tenía el 30 de julio

Serie: Defender España sin fantasías

 

1. Lo que ocurrió

El 30 de julio de 2026, decenas de miles de personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos. Unas a nado, bordeando el espigón fronterizo del Tarajal; otras saltando la valla o forzando el paso terrestre cuando el dispositivo policial quedó saturado. El Ministerio del Interior estimó más de setenta mil entradas irregulares entre el 30 y el 31. La crisis de mayo de 2021, con entre ocho mil y doce mil personas, queda reducida a un ensayo general.

El balance humano es el peor de la historia de la frontera sur. Las autoridades españolas confirmaron al menos ciento cuarenta y dos fallecidos ahogados, ninguno por acción de la fuerza pública española. Murieron por ausencia de control, no por exceso de fuerza.

En tierra ocurrió otra cosa distinta y más grave desde el punto de vista del Estado; se perdió el control efectivo de la frontera durante horas. El primer fracaso es una tragedia humana, el segundo es una derrota operativa. Ambos tienen la misma causa y esa causa no es la falta de soldados.

Hubo avisos y fueron públicos. El 24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil describía una plantilla "completamente desbordada" en Ceuta. El 29 de julio, el presidente ceutí cifraba en mil quinientas las llegadas de la última quincena, unas doscientas diarias, y situaba los centros de menores al mil seiscientos por ciento de ocupación. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con quinientas doce plazas, estaba lleno desde el lunes.

El Ejército se activó a las ocho de la tarde del 30 de julio, cuando miles de personas ya habían cruzado. La secuencia, según El Faro de Ceuta, fue reveladora. Primero se alertó a Regulares y a la Legión; después se comunicó que no era necesario; finalmente se ordenó el despliegue ante el desbordamiento policial. Salieron el Grupo de Regulares de Ceuta nº 54, el Tercio "Duque de Alba" 2º de la Legión y el Regimiento de Caballería "Montesa" nº 3, dentro de una Comandancia General que suma más de dos mil quinientos efectivos.

Su cometido, según fuentes de Defensa e Interior, fue presencia, vigilancia, control de movimientos y apoyo logístico, sin sustituir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una frase resumió el problema mejor que cualquier análisis. Los militares no controlan la frontera; para eso está la Guardia Civil.

Jurídicamente impecable y operativamente devastador.

El objeto de este texto no es la gestión de la inmigración irregular, que es un problema distinto y de otra naturaleza. Su objeto es la respuesta del Estado cuando un flujo humano es utilizado como mecanismo de presión política sobre España.

 

2. El adversario no es la multitud

Más allá de las calificaciones oficiales cobre lo ocurrido, lo relevante para el planeamiento es lo que está ya probado desde 2021. La capacidad de convertir un flujo humano en un instrumento de presión sobre España existe, está al alcance del vecino, es barata, es negable y ha funcionado. Un sistema de defensa no se diseña contra la intención declarada del vecino; se diseña contra su capacidad demostrada.

De ello se deduce que la multitud no es el adversario, sino que es el vector que se utiliza para saturar la defensa fronteriza. El problema militar no consiste en gestionar a decenas de miles de personas, sino en impedir que esa masa produzca un efecto estratégico contra el Estado.

Y de ahí se sigue una segunda consecuencia. Lo del 30 de julio no fue un episodio aislado, sino un capítulo. En 2021 se produjo otro capítulo. Se produjeron también intentos convocados por redes sociales en 2024. Se ha producido 2026 y el volumen se ha quintuplicado. Y si nos vamos mucho más atrás, en 1975 se produjo el primero, aún con mayor número de personas involucradas, y con gran éxito, como fue apropiarse de un territorio como el Sáhara sin disparar un solo tiro. Eso es una campaña, con o sin autor declarado, y una campaña se responde con una estrategia sostenida, no con un despliegue de tres días.

 

3. El centro de gravedad

Todo planeamiento serio identifica el centro de gravedad del adversario, es decir, la fuente de la que extrae su libertad de acción. Aquí no está en la verja, ni en el número de personas. El centro de gravedad es la capacidad de concentrar y sostener una masa crítica junto a la frontera en un plazo breve. De ella derivan todas las demás.

Esa capacidad se apoya en cuatro capacidades críticas: la concentración rápida en Fnideq y Castillejos, la difusión viral del mensaje que la justifica, la ausencia de respuesta visible en las primeras horas y la saturación del dispositivo español.

Y todas ellas dependen de un requisito crítico sin el cual ninguna funciona, que es la percepción compartida de que cruzar merece la pena. Ese requisito es también el más frágil, de lo que salen las cuatro vulnerabilidades críticas sobre las que hay que actuar: la incertidumbre individual sobre el resultado, la fragmentación de la masa en el tiempo y en el espacio, el retardo impuesto a su avance y la documentación de lo que ocurre, que destruye la ambigüedad de la que vive toda acción negable.

De ahí una conclusión que la doctrina aliada lleva años formulando bajo el nombre de dominio cognitivo y que aquí se enuncia sin tecnicismos. El primer terreno que debe recuperarse no es la playa, sino la percepción colectiva de que cruzar merece la pena. Todo el catálogo material que viene después existe para eso y ninguna de esas cuatro vulnerabilidades se ataca con un fusil.

 

4. Cuándo deja de ser un problema policial

¿Por qué esto es un asunto de Defensa Nacional y no simplemente de seguridad pública? La respuesta no es que haga falta más fuerza, sino que ha cambiado la naturaleza del fenómeno.

Una presión migratoria es un fenómeno policial mientras persigue únicamente el acceso irregular al territorio. Cada persona actúa por su cuenta, el Estado responde con procedimiento administrativo y control de fronteras, y el resultado se mide en expedientes. Ese es el escenario ordinario y para él existen la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ley Orgánica 2/1986.

Se convierte en un problema de defensa cuando ese mismo flujo se emplea para condicionar decisiones políticas del Estado, degradar su libertad de acción o producir efectos estratégicos mediante la saturación deliberada de sus capacidades civiles y de seguridad. El objeto de la acción ya no es la frontera, sino la voluntad del Gobierno.

El criterio, por tanto, no es el número de personas ni la violencia empleada, que puede ser nula. El criterio es el efecto buscado. Y la prueba de que se ha cruzado ese umbral es fácil de observar. Cuando un episodio fronterizo obliga a un presidente del Gobierno a convocar a tomar medidas extraordinarias, a pedir una reunión en Bruselas o a negociar bajo urgencia con un tercer Estado, ese episodio ha dejado de ser un problema de orden público.

Reconocer que existe una dimensión de defensa no convierte a los migrantes en enemigos ni justifica tratarlos como tales. De hecho, justifica exactamente lo contrario. Si el adversario no es la multitud sino quien puede instrumentalizarla, el objetivo militar es preservar la vida de esa multitud y negar el efecto, no combatirla. Un Estado que dispara a civiles desarmados ha perdido; un Estado que los salva y devuelve, con registros documentales, ha ganado. Esa es la diferencia entre militarizar la frontera y dotarla de capacidad.

 

5. Seis principios doctrinales

Fijados el adversario y el umbral, conviene establecer los fundamentos, los principios.

Anticipación. Actuar antes de que la masa alcance el punto decisivo. Toda acción que empieza cuando la gente ya está en el agua o en la verja llega tarde por definición.

Defensa en profundidad. Sustituir una línea única de resistencia por anillos escalonados. Una línea tiene una propiedad fatal; cuando se supera, se acabó, y toda la fuerza queda detrás del problema.

Escalada graduada. Disponer de opciones entre la mera presencia y la fuerza letal. Sin escalones intermedios, el jefe local no decide, elige entre dos derrotas.

Unidad de mando. Integrar inteligencia, seguridad, defensa y apoyo civil bajo una dirección operativa común y permanente, no constituida durante la crisis.

Preservación de la legitimidad. Cada acción debe ser eficaz y, a la vez, defendible jurídica y políticamente. Una acción eficaz e indefendible se convierte en una derrota diferida en cuarenta y ocho horas.

Negación del efecto estratégico. El éxito no consiste en impedir toda entrada, sino en evitar que la presión produzca pérdida de control, catástrofe humana o victoria política para quien la utiliza.

La finalidad no es construir una frontera infranqueable, que no existe en ninguna parte del mundo. Es construir una frontera resiliente, capaz de absorber una presión excepcional degradándose de forma controlada, sin perder el control operativo ni provocar una tragedia.

 

6. Qué son las capacidades de fuerza intermedia

Las Intermediate Force Capabilities (IFC), o capacidades de fuerza intermedia, son el conjunto de sistemas y procedimientos que producen un efecto físico, psicológico o de comportamiento sin causar daño permanente. La OTAN las incorporó a su política aliada en 1999 bajo la denominación de armas no letales; Estados Unidos mantiene una oficina conjunta específica, hoy el Joint Intermediate Force Capabilities Office, radicada en Quantico. El cambio de nombre no fue cosmético; se pasó de definirlas por lo que no hacen a definirlas por lo que aportan.

Y lo que aportan es tiempo de decisión.

La escala completa de una operación de contención tiene seis peldaños: 1) presencia visible, 2) advertencia audible y comprensible, 3) canalización física del movimiento, 4) contención por barrera y formación, 5) empleo de medios intermedios sobre individuos concretos y 6) fuerza letal.

El Ejército de Tierra dispone en las plazas del primero y del sexto, pero los cuatro intermedios no existen como capacidad orgánica. Eso no es un hueco, es una vulnerabilidad, y quien diseñe una acción para explotarla lo sabe perfectamente.

 

6.1. Superioridad temporal

Dos ritmos compiten. El del actor que ejerce la presión sigue una secuencia de rumor, concentración, avalancha y explotación política. El del Estado sigue otra de detectar, decidir, desplegar y controlar. Gana quien impone su ritmo al otro.

El 30 de julio el ritmo español fue de dos semanas de rumor sin detectar, una tarde de indecisión con activación, desactivación y reactivación de unidades, y un despliegue a las ocho de la noche cuando ya habían cruzado miles de personas. Cada capacidad de este artículo se justifica por los minutos u horas que arranca de ese cómputo. La barrera flotante no impide nadar; obliga a rodearla y compra veinte minutos. La megafonía a tres kilómetros no convence a nadie; introduce una duda que retrasa una hora. La esclusa no detiene a diez mil personas; cierra en cuatro segundos y evita que el paso colapse.

Eso es superioridad temporal, y es el verdadero producto de las capacidades intermedias.

 

6.2. El punto culminante

Clausewitz llamó punto culminante al momento en que una ofensiva alcanza su máxima potencia y comienza a declinar, porque el desgaste, la distancia y la fricción empiezan a pesar más que el impulso inicial.

Una concentración fronteriza también lo tiene. Se agota. La gente lleva horas al sol, sin agua, sin certezas y sin liderazgo formal; el impulso colectivo decae y los grupos empiezan a deshacerse. El 30 de julio ese punto culminante se alcanzó dentro de Ceuta, después de haber cruzado, y por eso el retorno fue tan rápido y tan masivo. Decenas de miles de personas volvieron por su propio pie en dos días.

De ahí se deduce el objetivo real de toda la maniobra. No consiste en destruir la presión, sino en obligarla a alcanzar su punto culminante antes de llegar a la frontera. Cada obstáculo, cada minuto de retardo y cada dosis de incertidumbre adelantan ese momento. Esa es toda la teoría.

 

6.3. Negación del éxito

Toda presión migratoria masiva necesita producir una percepción de éxito. No basta con que algunos crucen; hace falta que miles crean que merece la pena intentarlo. La primera misión del Estado no es detener físicamente a todo el mundo, sino negar ese éxito inicial sobre el que se construye el efecto llamada.

El 30 de julio ocurrió exactamente lo contrario. Las primeras entradas de la madrugada se produjeron sin oposición efectiva y se grabaron; esos vídeos circularon por las mismas redes que difundían el rumor y funcionaron como prueba. Lo que convirtió doscientas llegadas diarias en decenas de miles no fue la desesperación, que ya existía la semana anterior; fue la demostración.

En una multitud coexisten decisiones individuales y fenómenos de contagio, presión de grupo y liderazgo espontáneo; sería ingenuo describirla como un mercado de agentes racionales. Precisamente por eso resulta decisivo impedir que la percepción de éxito se convierta en norma compartida. Uno de los efectos que se buscan con todos estos medios es aumentar la incertidumbre individual y reducir el comportamiento gregario. No se trata de convencer, sino de que la certeza colectiva no llegue a formarse.

Marruecos demostró el día 31 que la concentración podía disolverse. Cerró los accesos hacia Castillejos y dispersó los grupos próximos a la frontera, pero lo hizo cuando quiso, en el día dos, cuando podría haberlo hecho en el día menos cinco.

 

6.4. Economía de fuerzas

Un último principio y es el argumento presupuestario en su forma doctrinal.

Las capacidades intermedias no sustituyen soldados, los multiplican. Una compañía con esclusas, barrera modular y megafonía direccional controla un sector que sin esos medios exigiría un batallón, y lo controla sin exponerse a la disyuntiva entre ceder o disparar. Es el principio clásico de obtener mucho efecto con pocos medios, aplicado a un teatro donde España nunca tendrá masa suficiente.

 

7. Misión y estado final

Con lo anterior ya puede formularse lo que ningún documento español ha escrito todavía y sin lo cual todo lo demás son ocurrencias.

Misión. Mantener el control efectivo de la frontera preservando la vida humana, garantizando la libertad de acción del Estado y negando a quien ejerce la presión la obtención de efectos estratégicos.

Las tres condiciones son simultáneas y ninguna es negociable. Un dispositivo que mantiene la frontera con muertos ha fracasado; uno que evita muertos cediendo el control, también; y uno que consigue ambas pero deja al Gobierno negociando bajo coacción no ha cumplido la parte más importante.

Estado final deseado. La misión puede darse por cumplida cuando concurren cinco condiciones verificables. La frontera se encuentra bajo control operativo, con los pasos funcionando en régimen dosificado y no saturado; no se han producido víctimas masivas; el mecanismo de identificación, registro y retorno opera con normalidad y capacidad suficiente; la ciudad mantiene su vida ordinaria, sus servicios esenciales y su abastecimiento; y el Gobierno conserva su libertad de decisión política, sin verse obligado a conceder nada bajo urgencia.

Esas cinco condiciones son, además, los indicadores con los que debería evaluarse cualquier episodio futuro. Aplicadas al 30 de julio de 2026, ninguna se cumplió.

 

8. La maniobra: desarticular

La frontera no es una línea, militarmente nunca lo es. Es un espacio con profundidad, sectores, ejes de aproximación, puntos decisivos, zonas de canalización, zonas de bloqueo y reservas móviles.

Sobre ese espacio se ejecuta una maniobra que responde a un único verbo dominante: desarticular. No detener, ni contener, ni rechazar. Desarticular el sistema de presión antes de que alcance masa crítica. Las seis fases que siguen son formas de hacerlo.

1. Detectar. Vigilancia informativa en darija y observación persistente sobre el lado marroquí. La finalidad no es sólo cazar rumores, sino anticipar la fase siguiente de una secuencia que lleva cinco años repitiéndose.

2. Disuadir. Contranarrativa activa, despliegue preventivo y visible de obstáculos y presencia adelantada. Aquí es donde se recupera la iniciativa. Un obstáculo montado antes del movimiento obliga al otro a cambiar su plan; un obstáculo montado después sólo confirma que llegaste tarde.

3. Fragmentar. Geometría de aproximación que impide la concentración simultánea y separa los grupos en el tiempo y en el espacio.

4. Canalizar. Embudos escalonados, pasillos y zonas de retardo gradual que sustituyen el choque frontal por un recorrido lento y observado.

5. Aislar. Separación de la masa penetrada respecto de los objetivos críticos de la ciudad y respecto de nuevos refuerzos desde el otro lado.

6. Retornar. Registro, marcaje y devolución con procedimiento escrito y cadena de custodia.

Las tres primeras fases son disuasión. Las tres últimas son control. España el 30 de julio llegó tarde a todas y algunas ni las intentó.

 

9. Cómo deben formarse Regulares y la Legión

Son las fuerzas regulares en los enclaves las que deben formarse en estas capacidades. La objeción previsible es que esto no es misión de la Legión. La respuesta corta es que ya lo fue. Los contingentes españoles en Bosnia y en Kosovo se certificaron en Crowd and Riot Control conforme al estándar aliado, y la Guardia Civil integró Unidades Especializadas Multinacionales junto a los Carabinieri italianos. Adiestramos para contener masas en los Balcanes durante dos décadas. Después dejamos de hacerlo en territorio nacional.

El modelo formativo debe cumplir cinco condiciones.

Integrada, no segregada. Una compañía de contención por cada tabor y por cada bandera, dentro de la unidad y con rotación interna del personal. Crear una unidad especializada aparte garantiza que estará de permiso el día que ocurra, y que el resto del batallón no sabrá qué hacer.

Cíclica y certificada. Curso inicial de tres semanas por unidad tipo compañía. Reciclaje de una semana cada seis meses. Certificación evaluada externamente por MADOC, no autodeclarada por la propia Comandancia General.

Con formadores que ya están. La Agrupación de Reserva y Seguridad y las Unidades de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil llevan décadas haciendo esto y están destinadas en la plaza. Además, España es socio fundador de la Fuerza de Gendarmería Europea, con cuartel general en Vicenza. No hay que inventar la escuela; hay que abrir su puerta y aceptar que el maestro lleva tricornio.

Con contenidos que salvan vidas y que conservan terreno. Psicología de masas y dinámica de aglomeración; dinámica de estampida en pasos estrechos, que es la que mata; control de acceso a infraestructuras críticas; y vocabulario operativo básico en darija, cien palabras que un cabo pueda usar en una playa o en una puerta.

Ensayo anual. Un ejercicio interagencia anual a escala real en cada plaza, con Delegación del Gobierno, Guardia Civil, Policía Nacional, servicios sanitarios y Comandancia General. Y con un guion que incluya el colapso deliberado de un sector, para obligar al dispositivo a gestionar una masa que ya ha penetrado el primer cordón y a ejecutar la transición del vector marítimo al terrestre.

Ese ejercicio probablemente se evitará por considerarse provocador frente a Rabat, pero ya sabemos que la política de no provocar nos ha traído los sucesos de 2021 y 2026. No funciona.

Queda la resistencia cultural. Formar a la Legión y a Regulares en contención de masas obliga a tocar su autoimagen de fuerza de choque, pero una unidad que sabe contener sin matar es más útil, no menos que la que solo sabe disparar; y en el escenario que España tiene delante, es la única que sirve.

 

10. Los medios materiales

10.1. Prioridad uno: el perímetro terrestre

Aquí se pierde o se conserva la frontera y es donde el dispositivo actual es más débil. La valla de Ceuta no es un muro continuo; es un sistema con pasos habilitados cuya capacidad de procesamiento se satura. Cuando se satura, colapsa entero.

El concepto rector no es el muro, sino la zona de retardo gradual. Una masa que tarda cuarenta minutos en recorrer trescientos metros bajo observación y megafonía es una masa que se fragmenta y que puede ser procesada. Una masa que recorre esos mismos trescientos metros en cuatro minutos es una avalancha y ya no admite gestión de ningún tipo.

 

10.2. Prioridad dos: el vector marítimo

Aquí murió la gente. La lógica es distinta y el objetivo también.

Conviene detenerse en el conjunto de vigilancia marítima, que casi nunca aparece en el debate. No se trata sólo de impedir que alguien nade, sino de saber cuántos hay, dónde, en qué dirección y en qué estado, para separar grupos, dirigir el rescate antes de que haya cuerpos y documentar lo que ocurre al otro lado de la línea. Sin esa imagen, todo lo demás se ejecuta a ciegas, que es exactamente lo que pasó.

España instaló la barrera flotante con faldón sumergido el 1 de agosto de 2026. Es decir, cuando ya había más de un centenar de muertos. El medio existía, estaba identificado y se colocó después y es un dato que debería figurar en la primera página de cualquier informe posterior sobre esta crisis.

 

10.3. Medios comunes a ambos vectores

 

10.4. Cuatro advertencias técnicas

Primera. Los agentes irritantes están contraindicados en este escenario. Un compuesto lacrimógeno empleado sobre personas que están en el agua, o que se agolpan contra una estructura de hormigón, multiplica el riesgo de ahogamiento y de aplastamiento. Un medio intermedio mal elegido mata igual que uno letal.

Segunda. La espuma adherente antipersonal queda excluida. Se ha propuesto para saturar avalanchas, pero su historial operativo es malo, su retirada exige medios específicos y el contacto facial produce asfixia. La espuma de fraguado rápido tiene un uso legítimo, el de bloquear viales y accesos vacíos. Sobre personas, no.

Tercera. Los sistemas de denegación por microondas de alta potencia quedan excluidos por decisión estratégica, no técnica. Emplear un arma de energía dirigida contra una multitud que incluye menores entregaría al otro lado una victoria narrativa superior a cualquier ganancia táctica. Aquí se aplica el principio de preservación de la legitimidad, pues el coste reputacional de una sola imagen supera el valor de todo el catálogo.

Cuarta, y la más importante. El sistema acústico direccional no es un arma. Su valor decisivo no está en el tono disuasorio, sino en la capacidad de emitir un mensaje inteligible en darija a tres kilómetros de distancia, antes de que nadie entre en el agua o se aproxime a la valla. La capacidad que faltó en Ceuta no fue solo de contención, sino también de comunicación.

 

10.5. El agregado y la reserva nacional

Equipar íntegramente las agrupaciones tácticas de Ceuta y Melilla con este catálogo, incluyendo esclusas, vigilancia marítima, repuestos, consumibles y simuladores de instrucción, se sitúa en el orden de veinticinco a treinta y cinco millones de euros, con un coste anual de mantenimiento de entre dos y tres millones.

A eso hay que añadir algo que casi nadie propone y que decide crisis largas. Una reserva estratégica nacional de material de control, preposicionada en los enclaves. Contenedores de barrera modular, esclusas móviles, lotes de sistemas acústicos y de munición menos letal. Es el mismo concepto que la OTAN aplica al material pesado preposicionado, trasladado a una capacidad barata, con un coste de entre ocho y doce millones adicionales.

Todo lo anterior, plazas equipadas y reserva nacional incluida, cuesta menos que dos carros de combate.

 

11. Qué habría cambiado el 30 de julio

El punto de partida es el que ya se ha establecido. La avalancha no fue un dato de partida; fue un resultado. El día 27 no había setenta mil personas frente a la valla, había doscientas llegadas diarias, un rumor propagándose y una concentración creciente al otro lado. Lo que convirtió una cosa en la otra fue la demostración de que cruzar salía gratis.

Con el sistema descrito, esa demostración no se produce. El operativo se activa y los primeros grupos de la madrugada encuentran una barrera flotante ya instalada, un paso terrestre que se cierra mecánicamente en segundos y un mensaje inteligible en su propia lengua emitido a tres kilómetros. Si se siguen produciendo aglomeraciones, las esclusas mantienen el paso bajo control mecánico en lugar de colapsarlo y la barrera impide el bordeo masivo. Si hay entradas, se producen canalizadas y registradas en vez de descontroladas, con lo que la frontera puede verse sobrepasada en algún momento, pero no se pierde. Los centenares que logren entrar son interceptados, registrados, marcados y retornados en horas. Y ese retorno se graba y circula por los mismos canales que difundieron el rumor.

El efecto demostración se invierte. Lo que la concentración de Fnideq ve en su teléfono no es gente pisando una playa sin consecuencias, sino gente volviendo a Castillejos doce horas después con un marcador ultravioleta en la ropa y una ficha biométrica abierta.

A partir de ahí, la concentración deja de crecer y empieza a agotarse. El punto culminante se alcanza en Fnideq, no en la playa del Tarajal. No se disuelve de golpe, porque nada se disuelve de golpe y el contagio emocional no desaparece por decreto; pero una concentración que deja de crecer se deshace por calor, por cansancio y por incertidumbre acumulada. Marruecos disolvió la suya el día 31. Con presión diplomática respaldada por imágenes propias, podría haberla disuelto el 27.

El resultado esperable. Es razonable esperar una reducción de un orden de magnitud en el número de entradas simultáneas, en torno a centenares y no a decenas de miles; una capacidad de registro y retorno próxima al total de quienes cruzan; y una disminución drástica del número de víctimas, porque nadie llegaría a nadar en masa contra un espigón ni a comprimirse contra una puerta cerrada.

Dos condiciones que el material no sustituye. La primera es que el mensaje sea verdad. "Quien entre será retornado" sólo disuade si se cumple; pero un mensaje que la multitud descubre falso a las veinticuatro horas no es disuasión, es un farol, y un farol descubierto acelera la avalancha en lugar de frenarla. La segunda es que el obstáculo exista donde hace falta. La prolongación de los espigones del Tarajal para impedir el bordeo a nado se ha estudiado y aparcado varias veces desde la década pasada y la razón nunca fue técnica ni presupuestaria. Fue no molestar.

 

12. Las vacas sagradas

El orden público no es cosa del Ejército. Jurídicamente exacto, conforme a la Ley Orgánica 2/1986. Estratégicamente inservible cuando la masa puede convertirse en instrumento de presión de un Estado vecino, y especialmente cuando esa presión se diseña para saturar mar y tierra a la vez. Seguimos clasificando el fenómeno como asunto policial y esa clasificación es la que fija la respuesta.

El despliegue militar como disuasión automática. Se ha desplegado en 2021, se preparó en 2024 y se ha vuelto a desplegar en 2026. La entrada de 2026 quintuplicó a la de 2021. La presencia sin capacidad de actuación graduada no disuade a nadie.

El no provocar como sustituto de la preparación. Cada ejercicio no realizado, cada barrera no instalada preventivamente, cada metro de espigón no construido y cada regla no escrita se justificó por no tensar la relación bilateral. La relación se tensó igual, pero sin estar preparados.

 

Conclusión

El 30 de julio no fracasó un puesto fronterizo. Fracasó un sistema de control escalonado que no existía.

España permitió que doscientas llegadas diarias se convirtieran en decenas de miles sin haber reducido previamente el volumen de la concentración, sin haber fragmentado su avance, sin haber condicionado su comportamiento y sin haber negado el éxito de las primeras entradas, que fue lo que multiplicó todo lo demás. Cuando reaccionó, ya sólo le quedaban dos escalones disponibles. Mirar o disparar.

Recuperar el control tiene tres efectos simultáneos: salva vidas, conserva la soberanía efectiva sobre el territorio y reduce el incentivo para repetir la operación, que es el único resultado con valor estratégico a medio plazo.

Las capacidades de fuerza intermedia no sustituyen a la inteligencia, ni a la preparación, ni a la decisión política. Convierten una situación binaria en una sucesión de opciones graduadas, multiplican el efecto de una fuerza que España nunca tendrá en cantidad suficiente y cuestan menos que dos carros de combate.

Mientras España siga tratando la presión fronteriza organizada como un problema exclusivamente policial, seguirá preparando a sus fuerzas para el escenario equivocado. No se trata de militarizar la frontera, sino de dotarla de un sistema capaz de disuadir, absorber y controlar una presión masiva sin perder la iniciativa, la legitimidad ni el control del territorio.

Porque la misión de las Fuerzas Armadas no es detener inmigrantes, pero sí impedir que una presión fronteriza se convierta en una derrota estratégica del Estado.

 

Próxima entrega: la barrera legal. Por qué España carece de una figura jurídica entre la normalidad y el estado de excepción, y qué modelo francés e italiano podríamos copiar mañana.

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