Las capacidades de fuerza intermedia que Ceuta no tenía el 30 de julio
Serie: Defender España sin
fantasías
1. Lo que ocurrió
El 30 de julio de 2026, decenas
de miles de personas cruzaron a Ceuta desde Marruecos. Unas a nado, bordeando
el espigón fronterizo del Tarajal; otras saltando la valla o forzando el paso
terrestre cuando el dispositivo policial quedó saturado. El Ministerio del
Interior estimó más de setenta mil entradas irregulares entre el 30 y el 31. La
crisis de mayo de 2021, con entre ocho mil y doce mil personas, queda reducida
a un ensayo general.
El balance humano es el peor de
la historia de la frontera sur. Las autoridades españolas confirmaron al menos ciento
cuarenta y dos fallecidos ahogados, ninguno por acción de la fuerza pública
española. Murieron por ausencia de control, no por exceso de fuerza.
En tierra ocurrió otra cosa
distinta y más grave desde el punto de vista del Estado; se perdió el control
efectivo de la frontera durante horas. El primer fracaso es una tragedia humana,
el segundo es una derrota operativa. Ambos tienen la misma causa y esa causa no
es la falta de soldados.
Hubo avisos y fueron públicos. El
24 de julio, el sindicato Independientes de la Guardia Civil describía una
plantilla "completamente desbordada" en Ceuta. El 29 de julio, el
presidente ceutí cifraba en mil quinientas las llegadas de la última quincena,
unas doscientas diarias, y situaba los centros de menores al mil seiscientos
por ciento de ocupación. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, con
quinientas doce plazas, estaba lleno desde el lunes.
El Ejército se activó a las ocho
de la tarde del 30 de julio, cuando miles de personas ya habían cruzado. La
secuencia, según El Faro de Ceuta, fue reveladora. Primero se alertó a
Regulares y a la Legión; después se comunicó que no era necesario; finalmente
se ordenó el despliegue ante el desbordamiento policial. Salieron el Grupo de
Regulares de Ceuta nº 54, el Tercio "Duque de Alba" 2º de la Legión y
el Regimiento de Caballería "Montesa" nº 3, dentro de una Comandancia
General que suma más de dos mil quinientos efectivos.
Su cometido, según fuentes de
Defensa e Interior, fue presencia, vigilancia, control de movimientos y apoyo
logístico, sin sustituir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una
frase resumió el problema mejor que cualquier análisis. Los militares no
controlan la frontera; para eso está la Guardia Civil.
Jurídicamente impecable y
operativamente devastador.
El objeto de este texto no es la
gestión de la inmigración irregular, que es un problema distinto y de otra
naturaleza. Su objeto es la respuesta del Estado cuando un flujo humano es utilizado
como mecanismo de presión política sobre España.
2. El adversario no es la multitud
Más allá de las calificaciones
oficiales cobre lo ocurrido, lo relevante para el planeamiento es lo que está ya
probado desde 2021. La capacidad de convertir un flujo humano en un
instrumento de presión sobre España existe, está al alcance del vecino, es
barata, es negable y ha funcionado. Un sistema de defensa no se diseña
contra la intención declarada del vecino; se diseña contra su capacidad
demostrada.
De ello se deduce que la multitud
no es el adversario, sino que es el vector que se utiliza para saturar la
defensa fronteriza. El problema militar no consiste en gestionar a decenas de
miles de personas, sino en impedir que esa masa produzca un efecto estratégico
contra el Estado.
Y de ahí se sigue una segunda
consecuencia. Lo del 30 de julio no fue un episodio aislado, sino un capítulo. En
2021 se produjo otro capítulo. Se produjeron también intentos convocados por
redes sociales en 2024. Se ha producido 2026 y el volumen se ha quintuplicado. Y
si nos vamos mucho más atrás, en 1975 se produjo el primero, aún con mayor número
de personas involucradas, y con gran éxito, como fue apropiarse de un territorio
como el Sáhara sin disparar un solo tiro. Eso es una campaña, con o sin autor
declarado, y una campaña se responde con una estrategia sostenida, no con un
despliegue de tres días.
3. El centro de gravedad
Todo planeamiento serio
identifica el centro de gravedad del adversario, es decir, la fuente de la que
extrae su libertad de acción. Aquí no está en la verja, ni en el número de
personas. El centro de gravedad es la capacidad de concentrar y sostener una
masa crítica junto a la frontera en un plazo breve. De ella derivan todas
las demás.
Esa capacidad se apoya en cuatro capacidades
críticas: la concentración rápida en Fnideq y Castillejos, la difusión
viral del mensaje que la justifica, la ausencia de respuesta visible en las
primeras horas y la saturación del dispositivo español.
Y todas ellas dependen de un requisito
crítico sin el cual ninguna funciona, que es la percepción compartida de
que cruzar merece la pena. Ese requisito es también el más frágil, de lo que salen
las cuatro vulnerabilidades críticas sobre las que hay que actuar: la
incertidumbre individual sobre el resultado, la fragmentación de la masa en el
tiempo y en el espacio, el retardo impuesto a su avance y la documentación de
lo que ocurre, que destruye la ambigüedad de la que vive toda acción negable.
De ahí una conclusión que la
doctrina aliada lleva años formulando bajo el nombre de dominio cognitivo y que
aquí se enuncia sin tecnicismos. El primer terreno que debe recuperarse no
es la playa, sino la percepción colectiva de que cruzar merece la pena.
Todo el catálogo material que viene después existe para eso y ninguna de esas
cuatro vulnerabilidades se ataca con un fusil.
4. Cuándo deja de ser un problema policial
¿Por qué esto es un asunto de
Defensa Nacional y no simplemente de seguridad pública? La respuesta no es que
haga falta más fuerza, sino que ha cambiado la naturaleza del fenómeno.
Una presión migratoria es un
fenómeno policial mientras persigue únicamente el acceso irregular al
territorio. Cada persona actúa por su cuenta, el Estado responde con
procedimiento administrativo y control de fronteras, y el resultado se mide en
expedientes. Ese es el escenario ordinario y para él existen la Guardia Civil,
la Policía Nacional y la Ley Orgánica 2/1986.
Se convierte en un problema de
defensa cuando ese mismo flujo se emplea para condicionar decisiones políticas
del Estado, degradar su libertad de acción o producir efectos estratégicos
mediante la saturación deliberada de sus capacidades civiles y de seguridad.
El objeto de la acción ya no es la frontera, sino la voluntad del Gobierno.
El criterio, por tanto, no es el
número de personas ni la violencia empleada, que puede ser nula. El criterio es
el efecto buscado. Y la prueba de que se ha cruzado ese umbral es fácil de
observar. Cuando un episodio fronterizo obliga a un presidente del Gobierno a
convocar a tomar medidas extraordinarias, a pedir una reunión en Bruselas o a
negociar bajo urgencia con un tercer Estado, ese episodio ha dejado de ser un
problema de orden público.
Reconocer que existe una
dimensión de defensa no convierte a los migrantes en enemigos ni justifica
tratarlos como tales. De hecho, justifica exactamente lo contrario. Si el
adversario no es la multitud sino quien puede instrumentalizarla, el objetivo
militar es preservar la vida de esa multitud y negar el efecto, no combatirla.
Un Estado que dispara a civiles desarmados ha perdido; un Estado que los salva
y devuelve, con registros documentales, ha ganado. Esa es la diferencia entre
militarizar la frontera y dotarla de capacidad.
5. Seis principios doctrinales
Fijados el adversario y el
umbral, conviene establecer los fundamentos, los principios.
Anticipación. Actuar antes
de que la masa alcance el punto decisivo. Toda acción que empieza cuando la
gente ya está en el agua o en la verja llega tarde por definición.
Defensa en profundidad.
Sustituir una línea única de resistencia por anillos escalonados. Una línea
tiene una propiedad fatal; cuando se supera, se acabó, y toda la fuerza queda
detrás del problema.
Escalada graduada.
Disponer de opciones entre la mera presencia y la fuerza letal. Sin escalones
intermedios, el jefe local no decide, elige entre dos derrotas.
Unidad de mando. Integrar
inteligencia, seguridad, defensa y apoyo civil bajo una dirección operativa
común y permanente, no constituida durante la crisis.
Preservación de la
legitimidad. Cada acción debe ser eficaz y, a la vez, defendible jurídica y
políticamente. Una acción eficaz e indefendible se convierte en una derrota
diferida en cuarenta y ocho horas.
Negación del efecto
estratégico. El éxito no consiste en impedir toda entrada, sino en evitar
que la presión produzca pérdida de control, catástrofe humana o victoria
política para quien la utiliza.
La finalidad no es construir una
frontera infranqueable, que no existe en ninguna parte del mundo. Es construir
una frontera resiliente, capaz de absorber una presión excepcional
degradándose de forma controlada, sin perder el control operativo ni provocar
una tragedia.
6. Qué son las capacidades de fuerza intermedia
Las Intermediate Force
Capabilities (IFC), o capacidades de fuerza intermedia, son el conjunto de
sistemas y procedimientos que producen un efecto físico, psicológico o de
comportamiento sin causar daño permanente. La OTAN las incorporó a su política
aliada en 1999 bajo la denominación de armas no letales; Estados Unidos
mantiene una oficina conjunta específica, hoy el Joint Intermediate Force
Capabilities Office, radicada en Quantico. El cambio de nombre no fue
cosmético; se pasó de definirlas por lo que no hacen a definirlas por lo que
aportan.
Y lo que aportan es tiempo de
decisión.
La escala completa de una
operación de contención tiene seis peldaños: 1) presencia visible, 2) advertencia
audible y comprensible, 3) canalización física del movimiento, 4) contención
por barrera y formación, 5) empleo de medios intermedios sobre individuos
concretos y 6) fuerza letal.
El Ejército de Tierra dispone en
las plazas del primero y del sexto, pero los cuatro intermedios no existen como
capacidad orgánica. Eso no es un hueco, es una vulnerabilidad, y quien diseñe
una acción para explotarla lo sabe perfectamente.
6.1. Superioridad temporal
Dos ritmos compiten. El del actor
que ejerce la presión sigue una secuencia de rumor, concentración, avalancha y
explotación política. El del Estado sigue otra de detectar, decidir, desplegar
y controlar. Gana quien impone su ritmo al otro.
El 30 de julio el ritmo español
fue de dos semanas de rumor sin detectar, una tarde de indecisión con
activación, desactivación y reactivación de unidades, y un despliegue a las
ocho de la noche cuando ya habían cruzado miles de personas. Cada capacidad de
este artículo se justifica por los minutos u horas que arranca de ese cómputo.
La barrera flotante no impide nadar; obliga a rodearla y compra veinte minutos.
La megafonía a tres kilómetros no convence a nadie; introduce una duda que
retrasa una hora. La esclusa no detiene a diez mil personas; cierra en cuatro
segundos y evita que el paso colapse.
Eso es superioridad temporal, y
es el verdadero producto de las capacidades intermedias.
6.2. El punto culminante
Clausewitz llamó punto culminante
al momento en que una ofensiva alcanza su máxima potencia y comienza a
declinar, porque el desgaste, la distancia y la fricción empiezan a pesar más
que el impulso inicial.
Una concentración fronteriza
también lo tiene. Se agota. La gente lleva horas al sol, sin agua, sin certezas
y sin liderazgo formal; el impulso colectivo decae y los grupos empiezan a
deshacerse. El 30 de julio ese punto culminante se alcanzó dentro de Ceuta,
después de haber cruzado, y por eso el retorno fue tan rápido y tan masivo. Decenas
de miles de personas volvieron por su propio pie en dos días.
De ahí se deduce el objetivo real
de toda la maniobra. No consiste en destruir la presión, sino en obligarla a
alcanzar su punto culminante antes de llegar a la frontera. Cada obstáculo,
cada minuto de retardo y cada dosis de incertidumbre adelantan ese momento. Esa
es toda la teoría.
6.3. Negación del éxito
Toda presión migratoria masiva
necesita producir una percepción de éxito. No basta con que algunos crucen;
hace falta que miles crean que merece la pena intentarlo. La primera misión del
Estado no es detener físicamente a todo el mundo, sino negar ese éxito
inicial sobre el que se construye el efecto llamada.
El 30 de julio ocurrió
exactamente lo contrario. Las primeras entradas de la madrugada se produjeron
sin oposición efectiva y se grabaron; esos vídeos circularon por las mismas
redes que difundían el rumor y funcionaron como prueba. Lo que convirtió
doscientas llegadas diarias en decenas de miles no fue la desesperación, que ya
existía la semana anterior; fue la demostración.
En una multitud coexisten
decisiones individuales y fenómenos de contagio, presión de grupo y liderazgo
espontáneo; sería ingenuo describirla como un mercado de agentes racionales.
Precisamente por eso resulta decisivo impedir que la percepción de éxito se
convierta en norma compartida. Uno de los efectos que se buscan con todos estos
medios es aumentar la incertidumbre individual y reducir el comportamiento
gregario. No se trata de convencer, sino de que la certeza colectiva no llegue
a formarse.
Marruecos demostró el día 31 que
la concentración podía disolverse. Cerró los accesos hacia Castillejos y
dispersó los grupos próximos a la frontera, pero lo hizo cuando quiso, en el
día dos, cuando podría haberlo hecho en el día menos cinco.
6.4. Economía de fuerzas
Un último principio y es el
argumento presupuestario en su forma doctrinal.
Las capacidades intermedias no
sustituyen soldados, los multiplican. Una compañía con esclusas, barrera
modular y megafonía direccional controla un sector que sin esos medios exigiría
un batallón, y lo controla sin exponerse a la disyuntiva entre ceder o
disparar. Es el principio clásico de obtener mucho efecto con pocos medios,
aplicado a un teatro donde España nunca tendrá masa suficiente.
7. Misión y estado final
Con lo anterior ya puede
formularse lo que ningún documento español ha escrito todavía y sin lo cual
todo lo demás son ocurrencias.
Misión. Mantener el
control efectivo de la frontera preservando la vida humana, garantizando la
libertad de acción del Estado y negando a quien ejerce la presión la obtención
de efectos estratégicos.
Las tres condiciones son
simultáneas y ninguna es negociable. Un dispositivo que mantiene la frontera
con muertos ha fracasado; uno que evita muertos cediendo el control, también; y
uno que consigue ambas pero deja al Gobierno negociando bajo coacción no ha
cumplido la parte más importante.
Estado final deseado. La
misión puede darse por cumplida cuando concurren cinco condiciones
verificables. La frontera se encuentra bajo control operativo, con los pasos
funcionando en régimen dosificado y no saturado; no se han producido víctimas
masivas; el mecanismo de identificación, registro y retorno opera con
normalidad y capacidad suficiente; la ciudad mantiene su vida ordinaria, sus
servicios esenciales y su abastecimiento; y el Gobierno conserva su libertad de
decisión política, sin verse obligado a conceder nada bajo urgencia.
Esas cinco condiciones son,
además, los indicadores con los que debería evaluarse cualquier episodio
futuro. Aplicadas al 30 de julio de 2026, ninguna se cumplió.
8. La maniobra: desarticular
La frontera no es una línea, militarmente
nunca lo es. Es un espacio con profundidad, sectores, ejes de aproximación,
puntos decisivos, zonas de canalización, zonas de bloqueo y reservas móviles.
Sobre ese espacio se ejecuta una
maniobra que responde a un único verbo dominante: desarticular. No
detener, ni contener, ni rechazar. Desarticular el sistema de presión antes de
que alcance masa crítica. Las seis fases que siguen son formas de hacerlo.
1. Detectar. Vigilancia
informativa en darija y observación persistente sobre el lado marroquí. La
finalidad no es sólo cazar rumores, sino anticipar la fase siguiente de una
secuencia que lleva cinco años repitiéndose.
2. Disuadir. Contranarrativa
activa, despliegue preventivo y visible de obstáculos y presencia adelantada.
Aquí es donde se recupera la iniciativa. Un obstáculo montado antes del
movimiento obliga al otro a cambiar su plan; un obstáculo montado después sólo confirma
que llegaste tarde.
3. Fragmentar. Geometría
de aproximación que impide la concentración simultánea y separa los grupos en
el tiempo y en el espacio.
4. Canalizar. Embudos
escalonados, pasillos y zonas de retardo gradual que sustituyen el choque
frontal por un recorrido lento y observado.
5. Aislar. Separación de
la masa penetrada respecto de los objetivos críticos de la ciudad y respecto de
nuevos refuerzos desde el otro lado.
6. Retornar. Registro,
marcaje y devolución con procedimiento escrito y cadena de custodia.
Las tres primeras fases son
disuasión. Las tres últimas son control. España el 30 de julio llegó tarde a todas
y algunas ni las intentó.
9. Cómo deben formarse Regulares y la Legión
Son las fuerzas regulares en los
enclaves las que deben formarse en estas capacidades. La objeción previsible es
que esto no es misión de la Legión. La respuesta corta es que ya lo fue. Los
contingentes españoles en Bosnia y en Kosovo se certificaron en Crowd and
Riot Control conforme al estándar aliado, y la Guardia Civil integró
Unidades Especializadas Multinacionales junto a los Carabinieri italianos.
Adiestramos para contener masas en los Balcanes durante dos décadas. Después
dejamos de hacerlo en territorio nacional.
El modelo formativo debe cumplir
cinco condiciones.
Integrada, no segregada.
Una compañía de contención por cada tabor y por cada bandera, dentro de la
unidad y con rotación interna del personal. Crear una unidad especializada
aparte garantiza que estará de permiso el día que ocurra, y que el resto del
batallón no sabrá qué hacer.
Cíclica y certificada. Curso
inicial de tres semanas por unidad tipo compañía. Reciclaje de una semana cada
seis meses. Certificación evaluada externamente por MADOC, no autodeclarada por
la propia Comandancia General.
Con formadores que ya están.
La Agrupación de Reserva y Seguridad y las Unidades de Seguridad Ciudadana de
la Guardia Civil llevan décadas haciendo esto y están destinadas en la plaza.
Además, España es socio fundador de la Fuerza de Gendarmería Europea, con
cuartel general en Vicenza. No hay que inventar la escuela; hay que abrir su
puerta y aceptar que el maestro lleva tricornio.
Con contenidos que salvan
vidas y que conservan terreno. Psicología de masas y dinámica de
aglomeración; dinámica de estampida en pasos estrechos, que es la que mata; control
de acceso a infraestructuras críticas; y vocabulario operativo básico en
darija, cien palabras que un cabo pueda usar en una playa o en una puerta.
Ensayo anual. Un ejercicio
interagencia anual a escala real en cada plaza, con Delegación del Gobierno,
Guardia Civil, Policía Nacional, servicios sanitarios y Comandancia General. Y
con un guion que incluya el colapso deliberado de un sector, para obligar al
dispositivo a gestionar una masa que ya ha penetrado el primer cordón y a
ejecutar la transición del vector marítimo al terrestre.
Ese ejercicio probablemente se
evitará por considerarse provocador frente a Rabat, pero ya sabemos que la
política de no provocar nos ha traído los sucesos de 2021 y 2026. No funciona.
Queda la resistencia cultural.
Formar a la Legión y a Regulares en contención de masas obliga a tocar su
autoimagen de fuerza de choque, pero una unidad que sabe contener sin matar es
más útil, no menos que la que solo sabe disparar; y en el escenario que España
tiene delante, es la única que sirve.
10. Los medios materiales
10.1. Prioridad uno: el
perímetro terrestre
Aquí se pierde o se conserva la
frontera y es donde el dispositivo actual es más débil. La valla de Ceuta no es
un muro continuo; es un sistema con pasos habilitados cuya capacidad de
procesamiento se satura. Cuando se satura, colapsa entero.
El concepto rector no es el muro,
sino la zona de retardo gradual. Una masa que tarda cuarenta minutos en
recorrer trescientos metros bajo observación y megafonía es una masa que se
fragmenta y que puede ser procesada. Una masa que recorre esos mismos
trescientos metros en cuatro minutos es una avalancha y ya no admite gestión de
ningún tipo.
10.2. Prioridad dos: el vector
marítimo
Aquí murió la gente. La lógica es
distinta y el objetivo también.
Conviene detenerse en el conjunto
de vigilancia marítima, que casi nunca aparece en el debate. No se trata sólo
de impedir que alguien nade, sino de saber cuántos hay, dónde, en qué dirección
y en qué estado, para separar grupos, dirigir el rescate antes de que haya
cuerpos y documentar lo que ocurre al otro lado de la línea. Sin esa imagen,
todo lo demás se ejecuta a ciegas, que es exactamente lo que pasó.
España instaló la barrera
flotante con faldón sumergido el 1 de agosto de 2026. Es decir, cuando ya había
más de un centenar de muertos. El medio existía, estaba identificado y se
colocó después y es un dato que debería figurar en la primera página de
cualquier informe posterior sobre esta crisis.
10.3. Medios comunes a ambos
vectores
10.4. Cuatro advertencias
técnicas
Primera. Los agentes
irritantes están contraindicados en este escenario. Un compuesto
lacrimógeno empleado sobre personas que están en el agua, o que se agolpan
contra una estructura de hormigón, multiplica el riesgo de ahogamiento y de
aplastamiento. Un medio intermedio mal elegido mata igual que uno letal.
Segunda. La espuma adherente
antipersonal queda excluida. Se ha propuesto para saturar avalanchas, pero su
historial operativo es malo, su retirada exige medios específicos y el contacto
facial produce asfixia. La espuma de fraguado rápido tiene un uso legítimo, el
de bloquear viales y accesos vacíos. Sobre personas, no.
Tercera. Los sistemas de
denegación por microondas de alta potencia quedan excluidos por decisión
estratégica, no técnica. Emplear un arma de energía dirigida contra una
multitud que incluye menores entregaría al otro lado una victoria narrativa
superior a cualquier ganancia táctica. Aquí se aplica el principio de
preservación de la legitimidad, pues el coste reputacional de una sola imagen
supera el valor de todo el catálogo.
Cuarta, y la más importante.
El sistema acústico direccional no es un arma. Su valor decisivo no está en
el tono disuasorio, sino en la capacidad de emitir un mensaje inteligible en
darija a tres kilómetros de distancia, antes de que nadie entre en el agua o se
aproxime a la valla. La capacidad que faltó en Ceuta no fue solo de contención,
sino también de comunicación.
10.5. El agregado y la reserva
nacional
Equipar íntegramente las
agrupaciones tácticas de Ceuta y Melilla con este catálogo, incluyendo
esclusas, vigilancia marítima, repuestos, consumibles y simuladores de
instrucción, se sitúa en el orden de veinticinco a treinta y cinco millones de
euros, con un coste anual de mantenimiento de entre dos y tres millones.
A eso hay que añadir algo que
casi nadie propone y que decide crisis largas. Una reserva estratégica
nacional de material de control, preposicionada en los enclaves. Contenedores
de barrera modular, esclusas móviles, lotes de sistemas acústicos y de munición
menos letal. Es el mismo concepto que la OTAN aplica al material pesado
preposicionado, trasladado a una capacidad barata, con un coste de entre ocho y
doce millones adicionales.
Todo lo anterior, plazas
equipadas y reserva nacional incluida, cuesta menos que dos carros de combate.
11. Qué habría cambiado el 30 de julio
El punto de partida es el que ya
se ha establecido. La avalancha no fue un dato de partida; fue un resultado. El
día 27 no había setenta mil personas frente a la valla, había doscientas
llegadas diarias, un rumor propagándose y una concentración creciente al otro
lado. Lo que convirtió una cosa en la otra fue la demostración de que cruzar
salía gratis.
Con el sistema descrito, esa
demostración no se produce. El operativo se activa y los primeros grupos de la
madrugada encuentran una barrera flotante ya instalada, un paso terrestre que
se cierra mecánicamente en segundos y un mensaje inteligible en su propia
lengua emitido a tres kilómetros. Si se siguen produciendo aglomeraciones, las
esclusas mantienen el paso bajo control mecánico en lugar de colapsarlo y la
barrera impide el bordeo masivo. Si hay entradas, se producen canalizadas y
registradas en vez de descontroladas, con lo que la frontera puede verse
sobrepasada en algún momento, pero no se pierde. Los centenares que logren
entrar son interceptados, registrados, marcados y retornados en horas. Y ese
retorno se graba y circula por los mismos canales que difundieron el rumor.
El efecto demostración se
invierte. Lo que la concentración de Fnideq ve en su teléfono no es gente
pisando una playa sin consecuencias, sino gente volviendo a Castillejos doce
horas después con un marcador ultravioleta en la ropa y una ficha biométrica
abierta.
A partir de ahí, la concentración
deja de crecer y empieza a agotarse. El punto culminante se alcanza en Fnideq,
no en la playa del Tarajal. No se disuelve de golpe, porque nada se disuelve de
golpe y el contagio emocional no desaparece por decreto; pero una concentración
que deja de crecer se deshace por calor, por cansancio y por incertidumbre
acumulada. Marruecos disolvió la suya el día 31. Con presión diplomática
respaldada por imágenes propias, podría haberla disuelto el 27.
El resultado esperable. Es
razonable esperar una reducción de un orden de magnitud en el número de
entradas simultáneas, en torno a centenares y no a decenas de miles; una
capacidad de registro y retorno próxima al total de quienes cruzan; y una
disminución drástica del número de víctimas, porque nadie llegaría a nadar en
masa contra un espigón ni a comprimirse contra una puerta cerrada.
Dos condiciones que el
material no sustituye. La primera es que el mensaje sea verdad. "Quien
entre será retornado" sólo disuade si se cumple; pero un mensaje que la
multitud descubre falso a las veinticuatro horas no es disuasión, es un farol,
y un farol descubierto acelera la avalancha en lugar de frenarla. La segunda es
que el obstáculo exista donde hace falta. La prolongación de los espigones del
Tarajal para impedir el bordeo a nado se ha estudiado y aparcado varias veces
desde la década pasada y la razón nunca fue técnica ni presupuestaria. Fue no
molestar.
12. Las vacas sagradas
El orden público no es cosa
del Ejército. Jurídicamente exacto, conforme a la Ley Orgánica 2/1986.
Estratégicamente inservible cuando la masa puede convertirse en instrumento de
presión de un Estado vecino, y especialmente cuando esa presión se diseña para
saturar mar y tierra a la vez. Seguimos clasificando el fenómeno como asunto
policial y esa clasificación es la que fija la respuesta.
El despliegue militar como
disuasión automática. Se ha desplegado en 2021, se preparó en 2024 y se ha
vuelto a desplegar en 2026. La entrada de 2026 quintuplicó a la de 2021. La
presencia sin capacidad de actuación graduada no disuade a nadie.
El no provocar como sustituto
de la preparación. Cada ejercicio no realizado, cada barrera no instalada
preventivamente, cada metro de espigón no construido y cada regla no escrita se
justificó por no tensar la relación bilateral. La relación se tensó igual, pero
sin estar preparados.
Conclusión
El 30 de julio no fracasó un
puesto fronterizo. Fracasó un sistema de control escalonado que no existía.
España permitió que doscientas
llegadas diarias se convirtieran en decenas de miles sin haber reducido
previamente el volumen de la concentración, sin haber fragmentado su avance,
sin haber condicionado su comportamiento y sin haber negado el éxito de las
primeras entradas, que fue lo que multiplicó todo lo demás. Cuando reaccionó,
ya sólo le quedaban dos escalones disponibles. Mirar o disparar.
Recuperar el control tiene tres
efectos simultáneos: salva vidas, conserva la soberanía efectiva sobre el
territorio y reduce el incentivo para repetir la operación, que es el único
resultado con valor estratégico a medio plazo.
Las capacidades de fuerza
intermedia no sustituyen a la inteligencia, ni a la preparación, ni a la
decisión política. Convierten una situación binaria en una sucesión de opciones
graduadas, multiplican el efecto de una fuerza que España nunca tendrá en
cantidad suficiente y cuestan menos que dos carros de combate.
Mientras España siga tratando la
presión fronteriza organizada como un problema exclusivamente policial, seguirá
preparando a sus fuerzas para el escenario equivocado. No se trata de
militarizar la frontera, sino de dotarla de un sistema capaz de disuadir,
absorber y controlar una presión masiva sin perder la iniciativa, la
legitimidad ni el control del territorio.
Porque la misión de las Fuerzas
Armadas no es detener inmigrantes, pero sí impedir que una presión fronteriza
se convierta en una derrota estratégica del Estado.
Próxima entrega: la barrera
legal. Por qué España carece de una figura jurídica entre la normalidad y el
estado de excepción, y qué modelo francés e italiano podríamos copiar mañana.
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