lunes, 13 de julio de 2026

Granadilla, la base naval pendiente de Canarias

INTRODUCCIÓN

En septiembre de 2023, un misil de crucero Storm Shadow alcanzó al submarino ruso Rostov-on-Don mientras estaba en dique seco en Sebastopol. No lo hundió en combate ni lo sorprendió en patrulla; lo destruyó amarrado, semanas antes de que pudiera volver a zarpar. La lección que dejó ese ataque es que en la guerra actual, una fuerza naval no se derrota necesariamente en el mar, sino en puerto, el primer día, antes del primer disparo en aguas abiertas.

Ya he defendido en este blog que España comete un error al concentrar toda su fuerza submarina en un único enclave, Cartagena, y que la solución pasa por dispersar presencia operativa en varios nodos con roles diferenciados. Ese análisis proponía Las Palmas como pivote atlántico del sistema. Pero conviene revisar esa propuesta a la luz de un problema que el propio archipiélago plantea por su cuenta, y que ningún ejercicio de dispersión nacional puede ignorar: si el nodo atlántico se instala exclusivamente en Las Palmas, España reproduce en miniatura, dentro de una sola isla, el mismo error de concentración que se pretendía corregir a escala nacional.

Puerto de Granadilla en Tenerife. Fuente: Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife.

 

1. El problema anidado

Canarias mantiene hoy toda su capacidad aeronaval permanente en Gran Canaria. El componente terrestre está razonablemente disperso; la concentración crítica es exclusivamente aeronaval.

La Base Aérea de Gando y el Arsenal de Las Palmas están separados por menos de treinta kilómetros; ambos comparten, además, la misma vulnerabilidad de fondo, un entorno urbano y portuario abierto, con tráfico civil intenso y escasa capacidad de ocultación. El principal escenario de planeamiento convencional en el Atlántico oriental obliga a considerar las capacidades militares marroquíes como referencia de dimensionamiento, no porque el conflicto sea inevitable, sino porque la planificación militar responsable se construye sobre capacidades disponibles del entorno, no sobre intenciones declaradas. Y Marruecos dispone ya de sistemas de cohetes guiados con alcance de trescientos kilómetros y una familia creciente de drones de combate, suficientes para poner en duda la disponibilidad de cualquier activo que permanezca fijo en Gran Canaria.

El vacío naval es el más severo de los dos. El Arsenal de Las Palmas opera dentro de un puerto comercial abierto, con tráfico intenso de mercantes y flotas pesqueras de terceros países, sin dique seco militar propio ni polvorín capaz de sostener treinta días de operación autónoma. No existe segunda base naval en todo el archipiélago. Si Las Palmas queda degradada por un ataque, un sabotaje o una simple avería mayor, la respuesta pasa a depender de un refuerzo peninsular a mil trescientos kilómetros; contra el nivel de ambición declarado de defensa autónoma inicial, esa dependencia es, sencillamente, una contradicción operativa. Si a esa arquitectura se le añade la única base submarina atlántica en el mismo punto, el problema no solo no se resuelve, sino que aumenta de escala. La dispersión nacional que separa Cartagena de Canarias pierde buena parte de su sentido si, dentro de Canarias, todo vuelve a depender de un único punto.

 

2. Por qué ahora, con la flota PREVISTA

España tiene contratados cuatro submarinos de la clase S-80; el primero, el S-81, ya está operativo y el segundo completa pruebas de mar. Existen rumores, no confirmados, de una posible ampliación de la serie hasta seis unidades. Y aunque también he propuesto la necesidad de ampliar la flota submarina hasta un total de 10-12 submarinos para 2050, ese número no es necesario para justificar una nueva base naval en Canarias.

La presencia permanente de capacidad submarina en Canarias debe entenderse no solo como una decisión operativa, sino como un seguro estratégico nacional. En escenarios de crisis mayor —conflicto regional, coerción híbrida o degradación del acceso a bases peninsulares— el archipiélago puede convertirse en el único enclave plenamente operativo desde el que garantizar continuidad de disuasión, protección de rutas marítimas y control del flanco sur, a lo que se añade que las Islas Canarias se encuentran a 4-5 días de navegación desde Cartagena, un tiempo de respuesta inaceptable ante contingencias que requieran presencia submarina rápida en el flanco sur o las rutas comerciales atlánticas.

Adicionalmente, si el Atlántico africano es zona de patrulla, cada ciclo desde Cartagena consume varios días de tránsito discreto por trayecto. Basar en Canarias convierte ese tiempo de tránsito en presencia; sobre una patrulla tipo de 45 días, el tiempo en zona pasa de unos 30 a más de 40 días, un 30 % más de presencia por casco lo que, sobre una flotilla de cuatro, equivale a ganar 1,2–1,3 submarinos de presencia efectiva sin comprarlos; y cada S-80 cuesta más de 1.000 M€.

 

2. Más que kilómetros ahorrados: flexibilidad estratégica

El argumento del tránsito es correcto, pero incompleto si se queda ahí. Un submarino basado en Canarias no gana solo tiempo de patrulla frente a uno que opera desde la península; gana, sobre todo, la capacidad de operar en varios teatros sin tener que rodear la península para llegar a cada uno de ellos. Desde Granadilla, un S-80 puede vigilar los accesos atlánticos al Estrecho de Gibraltar sin necesidad de transitar el Mediterráneo occidental; puede sostener presencia sobre el eje Canarias-Sahel, cubrir las líneas de comunicación marítima hacia Cabo Verde, proyectarse hacia el Golfo de Guinea y operar hacia el Atlántico Norte, todo ello desde una única posición de partida.

Esa flexibilidad tiene un valor que ninguna cuenta de días de tránsito captura del todo, pues multiplica los teatros que una flota pequeña puede cubrir sin multiplicar el número de cascos. Con cuatro o seis submarinos, la pregunta relevante no es solo cuánto tiempo pasan patrullando, sino cuántos problemas distintos puede resolver la misma flota sin dejar de estar donde hace falta.

 

3. Por qué Granadilla y no Las Palmas o SANTA CRUZ DE TENERIFE

El argumento a favor de Las Palmas es que ya cuenta con presencia naval consolidada, con el Cuartel General de la Zona Marítima de Canarias incluido, mientras que Granadilla exigiría una militarización prácticamente completa de un puerto hoy industrial. Adaptar Granadilla costará más que ampliar lo que ya existe en Las Palmas. Pero ese coste adicional compra resiliencia ante un ataque concentrado en una isla, además de separación física respecto de Gando. La solución razonable no es elegir entre las dos bases, sino repartir funciones entre ambas, son Las Palmas conservando la autoridad de mando de la Zona Marítima de Canarias y Granadilla asumiendo la presencia física de la flotilla y de la fuerza submarina. El cuartel general no necesita estar en el mismo punto que los submarinos que dirige; de hecho, es mejor que no lo esté.

Si la comparación es con Santa Cruz de Tenerife, la alternativa aparentemente más lógica dentro de la misma isla, Granadilla gana en casi todo lo que es importante para una base naval moderna. El puerto de Santa Cruz está integrado en la trama urbana de la capital, con cada movimiento a la vista de la ciudad, de los cruceros y del tráfico comercial que lo convierte en el nudo marítimo de la provincia; reproduciría, en versión tinerfeña, la misma servidumbre de visibilidad que este proyecto intenta dejar atrás en Las Palmas. Carece además de espacio en tierra; encajonado entre la ciudad y el relieve, no tiene suelo adicional disponible para explanadas logísticas, depósitos de combustible ni, sobre todo, polvorines, cuyas distancias de seguridad son sencillamente incompatibles con un entorno urbano denso. Granadilla ofrece lo contrario, un polígono industrial anexo con espacio de expansión y sin población inmediata que asumir como riesgo.

La geometría naval también favorece al sur. La salida de Santa Cruz abre hacia el nordeste y obliga a transitar el canal entre Tenerife y Gran Canaria, uno de los corredores más frecuentados del archipiélago, con ferris y tráfico mercante constantes; un submarino que zarpa de allí recorre millas observables antes de ganar el océano abierto. Desde Granadilla la dársena abre directamente al sur, con la batimetría volcánica cayendo a cotas de inmersión operativa a pocas millas y vectores limpios hacia África, Cabo Verde y el Atlántico occidental. En cuanto al relieve, el macizo del Teide y la Cordillera Dorsal apantallan Granadilla frente a aproximaciones a baja cota desde el norte y el noroeste, algo que Santa Cruz, abierta al mar por el nordeste, no puede reclamar. En este caso, la topografía suma, pero no decide; lo que decide es el conjunto de distancia, discreción, suelo y salida al mar.

Granadilla, en el sureste de Tenerife, se encuentra a unos ciento cincuenta kilómetros de Las Palmas y en otra isla. Esa diferencia es relevante, pues cuanto mayor es la separación real entre los dos nodos navales del archipiélago, menor es la probabilidad de que un solo incidente, cinético o híbrido, los alcance a ambos. Es el primer puerto de nueva planta construido en España desde 2012, inaugurado en 2018 y hoy claramente infrautilizado, con un dique exterior de más de dos kilómetros y medio con calados que alcanzan los veinticuatro metros, un muelle de ribera con dieciséis y una lámina de agua abrigada de unas setenta hectáreas, con un polígono industrial anexo que ofrece espacio de expansión. No es una promesa sobre plano; el puerto ya ha operado plataformas petrolíferas procedentes del Golfo de Guinea y estructuras de trescientos metros de eslora. La consecuencia militar de esos números va más allá del submarino: con esos calados, Granadilla puede recibir y sostener cualquier buque de la Armada, incluido el Juan Carlos I y el escalón anfibio completo, lo que la convierte en el puerto de embarque y desembarque natural de cualquier operación expedicionaria hacia el Sahel o la costa africana occidental sin ocupar espacio comercial en Las Palmas. La base submarina y la plataforma de proyección hacia África son, en realidad, el mismo proyecto.

El emplazamiento suma dos ventajas más que la infraestructura por sí sola no explica. La primera es el par puerto-aeródromo. Tenerife Sur está a quince kilómetros, con la pista más larga del archipiélago y una excelente meteorología que ofrece la fiabilidad sostenida que beneficia tanto al puente aéreo expedicionario como a la aviación de patrulla marítima y a los helicópteros antisubmarinos que una fuerza submarina necesita cerca. La segunda es la posición, en el borde exterior del arco de alcance de los sistemas de cohetes guiados marroquíes, ganando profundidad sin perder capacidad de respuesta. La discreción operativa añade un tercer argumento, los refugios o instalaciones cubiertas no hacen invisible la actividad naval, ningún dispositivo lo consigue frente a la observación satelital persistente y la inteligencia electrónica actuales, pero sí reducen de forma significativa la capacidad del adversario para generar inteligencia fiable sobre la disponibilidad real de la fuerza en cada momento. Esa incertidumbre, aunque parcial, tiene valor disuasorio propio.

 

4. Qué se construye y cómo se sostiene un submarino allí

El proyecto se plantea en dos fases. La primera, con capacidad operativa inicial hacia 2030, resuelve el vacío de superficie. Se trata de un muelle militar de cuatrocientos metros aprovechando los dieciséis metros de calado ya disponibles en la dársena, una explanada logística de diez hectáreas, depósitos de combustible parcialmente enterrados y atraque para tres o cuatro buques tipo Buque de Acción Marítima o fragata. La segunda fase, con capacidad plena hacia 2033-2034, añade lo que convierte el puerto en base submarina real, con un polvorín subterráneo dimensionado para sostener el estándar de autonomía de treinta días sin relevo que debería fijar el planeamiento español en Canarias, un taller de mantenimiento intermedio, y capacidad para un máximo de seis atraques submarinos, de los cuales tres o cuatro con presencia sostenida.

Otro detalle técnico juega a favor de Granadilla. El sistema de propulsión independiente del aire del S-80, conocido como BEST por sus siglas en inglés (Bio-Ethanol Stealth Technology), funciona con bioetanol líquido a temperatura y presión ambiente, un combustible que puede obtenerse de redes de distribución convencionales en cualquier puerto con capacidad de suministro. A diferencia de los submarinos alemanes de la clase 212, que necesitan infraestructura especializada de hidruros metálicos para almacenar hidrógeno, el único componente del S-80 que exige instalación específica es el oxígeno líquido, con una inversión típica de entre veinte y cincuenta millones de euros por emplazamiento. Habilitar Granadilla para sostener submarinos no exige, por tanto, replicar la complejidad industrial de Cartagena; exige una instalación criogénica relativamente contenida, un polvorín y un muelle con la protección adecuada.

La gestión de las dotaciones debe adaptarse a esta realidad en dos fases. Destinar personal de forma permanente a mil setecientos kilómetros de la base principal de la fuerza tensiona la retención y complica la vida familiar de las tripulaciones; el modelo de arranque razonable es el despliegue avanzado rotatorio, con los submarinos basados de forma semipermanente en Granadilla y las dotaciones relevadas por vía aérea, evolucionando hacia una guarnición más estable solo si la flota crece lo suficiente para justificarlo.

 

5. Defensa: menos hormigón masivo, más dispersión de firma

Construir refugios de hormigón masivo al estilo de los antiguos búnkeres submarinos de la Segunda Guerra Mundial es, hoy, una inversión desproporcionada frente a su valor real, pues la munición de precisión moderna, incluidas las cargas específicamente diseñadas contra estructuras endurecidas, reduce el margen de protección que el hormigón por sí solo puede ofrecer, y el coste de una obra de esa escala no encaja en el presupuesto razonable de un proyecto como Granadilla. Lo que sí tiene sentido, y a un coste muy inferior, es una infraestructura pensada para reducir la firma del activo, hangares ligeros que oculten la silueta térmica y visual de un submarino en superficie, dispersión de los puntos de atraque dentro del recinto, y procedimientos que minimicen el tiempo entre el atraque, la recarga y la vuelta a la inmersión. Estos pens protegidos tiene un valor que no es solo balístico sino informativo, porque si un satélite enemigo no puede contar cascos en puerto, el adversario nunca sabe cuántos están en la mar y esa incertidumbre es en sí misma disuasión.

La defensa activa completa el conjunto, y debe entenderse como parte de una red, no como un sistema aislado. Barreras submarinas y de superficie en la bocana, sensores de detección de intrusión y baterías de defensa antiaérea de corto y medio alcance con capacidad de contradrón integrada, el llamado C-UAS, deben coordinarse con la red de defensa aérea que ya cubre Gando bajo el Mando Aéreo de Canarias, formando un único sistema de denegación de área para todo el archipiélago en lugar de instalaciones defendidas de manera aislada. A esa red le falta hoy una capa como una barrera de hidrófonos de fondo en los pasos entre islas y en las aproximaciones submarinas al archipiélago, integrable en la vigilancia submarina aliada, que protegería precisamente lo que hace valiosa a la base, la salida discreta hacia aguas profundas y daría alerta temprana ante cualquier intruso sumergido; es una inversión modesta comparada con el resto del proyecto y multiplica el valor de todo lo demás.

 

6. Una base, muchas amenazas

Reducir la justificación de Granadilla a la amenaza marroquí empobrece el argumento y estrecha innecesariamente su público. Una segunda base naval tiene sentido frente a un catálogo de riesgos mucho más amplio que cualquier escenario bilateral concreto: sabotaje industrial o portuario, accidentes graves en las propias instalaciones, actividad terrorista contra infraestructura crítica, cierre temporal del puerto por causas ajenas a cualquier conflicto, y la posibilidad, nada teórica en un archipiélago volcánico, de que una crisis geológica inutilice de forma súbita una instalación concreta, como ya mostró la erupción de La Palma en 2021 sobre la infraestructura civil de la isla. Incluso en un escenario en el que Marruecos dejara de ser una preocupación, Granadilla seguiría teniendo sentido como seguro de continuidad operativa, y esa es la base más sólida sobre la que puede sostenerse el proyecto, precisamente porque no depende de que un solo pronóstico geopolítico se cumpla. El sistema quedaría completo con una pieza menor pero deliberada al oeste: una reserva estratégica en La Palma, fuera del arco de amenaza oriental, con depósitos de combustible y munición y un puesto de mando alternativo protegido capaz de asumir la coordinación del teatro si los nodos principales quedaran degradados. Es la diferencia entre dispersar activos y dispersar también la capacidad de dirigirlos; la segunda es la que convierte varios puertos en un sistema.

 

7. Un activo también para la Alianza

Granadilla no tiene por qué ser un proyecto exclusivamente español. La Estación Naval de Mahón, con instalaciones que se remontan a comienzos del siglo XX, fue elevada en marzo de 2024 a la condición de Forward Logistic Site de la OTAN, un punto logístico avanzado reconocido por la Alianza, convirtiéndose en la tercera instalación de este tipo en España junto a Rota y Cartagena. No hay ningún obstáculo conceptual para que Granadilla siga ese mismo camino con el tiempo y se convierta en escala para agrupaciones navales permanentes de la OTAN, apoyo eventual a submarinos aliados de Francia, Reino Unido o Estados Unidos, y nodo logístico del eje atlántico que conecta la seguridad europea con el Sahel y el Golfo de Guinea. Cada una de esas funciones adicionales mejora el retorno político de la inversión y abre la puerta a mecanismos de cofinanciación europea que un proyecto puramente nacional no puede reclamar por sí solo.

 

8. España no estaría haciendo nada exótico

Otras marinas medias con geografía comparable ya resolvieron este mismo dilema. Japón reparte sus más de veinte submarinos entre dos flotillas completas, Kure y Yokosuka, manteniendo capacidades paralelas de reparación en ambas costas para complicar la planificación de cualquier adversario. Australia, bajo su política de dos océanos, concentra hoy su flota Collins en HMAS Stirling, en la costa oeste, pero ha comprometido más de ocho mil millones de dólares australianos para levantar una segunda base en la costa este dentro del programa AUKUS, con el argumento explícito de que operar desde dos costas complica los cálculos del adversario. Noruega ofrece la lección inversa y más cara, pues vendió en 2013, por apenas seis millones y medio de dólares, una base submarina construida entre los años sesenta y noventa con un coste de quinientos millones; tras la invasión rusa de Ucrania, la marina estadounidense ha mostrado interés renovado en recuperar esas mismas instalaciones. Reconstruir capacidad estratégica perdida cuesta, siempre, mucho más que mantenerla.

 

9. La cuenta: plazos y coste

El coste estimado del conjunto ronda los cuatrocientos sesenta millones de euros en euros de 2026, doscientos veinte millones para la primera fase y doscientos cuarenta para la segunda, con rangos razonables de entre un quince y un veinte por ciento sobre esas cifras centrales. La estimación se obtiene extrapolando costes recientes de infraestructura militar y portuaria española, ajustados al grado de reutilización de instalaciones existentes; como referencia de contraste, habilitar en Rota una capacidad submarina avanzada equivalente, con muelle, instalaciones de oxígeno líquido y manejo de armamento, se ha estimado en un rango de ciento cincuenta a trescientos millones, cifra coherente con la magnitud que aquí se maneja para un proyecto de mayor alcance.

El calendario sitúa la capacidad inicial en 2030 y la plena entre 2033 y 2034, un plazo de siete u ocho años desde la decisión de expediente, razonable porque buena parte de la infraestructura de base, diques y calado de aguas profundas, ya existe. Queda una tensión legítima entre completar cuanto antes la fase submarina, que es lo que le da sentido pleno al proyecto, y diferirla al segundo quinquenio para aliviar el gasto inicial; diferirla significa operar más años con un polvorín provisional, y un puerto militar sin munición suficiente es, en la práctica, solo un pantalán caro.

 

10. Una base que Canarias necesita antes de necesitarla

Las grandes infraestructuras estratégicas rara vez se construyen cuando ya son imprescindibles; se construyen cuando todavía parecen opcionales, y para cuando dejan de parecerlo, el mejor emplazamiento suele estar ya ocupado por otra cosa. Granadilla ofrece a España la oportunidad, poco frecuente, de convertir un puerto industrial existente en el complemento que le falta a Las Palmas, sin esperar a que la flota submarina crezca ni a que la amenaza se materialice del todo para justificarlo. España ya tiene el puerto adecuado; lo único que falta es decidir que también sea una base naval.

 

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