Doce fragatas para cuatro espacios marítimos
INTRODUCCIÓN
En agosto de 2026, en los
pabellones de una feria industrial de Herning, Dinamarca, Navantia mostró por
primera vez el modelo a escala de un buque que todavía no ha sido contratado
por nadie. La maqueta de la F-110 IAMD pasó inadvertida para buena parte de la
prensa generalista. Entre los analistas navales, en cambio, generó debate
inmediato. Y con razón, porque la presentación danesa no era simplemente una
mejora sobre la primera serie de las Bonifaz. Era el boceto de una Armada
española cualitativamente diferente en los años cuarenta.
Este artículo propone cómo
debería quedar estructurada esa Armada, con qué misiones y por qué. La
respuesta parte de un argumento geográfico, se sostiene en un modelo de
generación de fuerza y termina en una pregunta política que solo puede
responder el Estado.
La F-110 Flight II/IAMD presentada por Navantia en los
DALO Industry Days de Herning (Dinamarca). La configuración no constituye
todavía un buque contratado para la Armada española. Fuente: Navantia.
Este artículo trata
exclusivamente de la escolta de primer nivel, es decir, de los buques capaces
de integrarse en grupos de combate de alta intensidad y de sostener defensa
aérea de área o guerra antisubmarina contra adversarios con capacidades
simétricas. La fuerza de superficie española en 2050 debería incluir también
una segunda capa de unidades menores, corbetas, buques de patrulla oceánica y
futuros buques de combate litoral como los Avante
700 o los derivados del concepto
LSC recomendados, que realizan funciones de escolta en misiones de baja y
media intensidad.
1. El error de partida: creer que la Flight II es una Flight I con
más celdas
Cuando se discute sobre las
fragatas adicionales que debería construir España, el debate suele converger en
cuántas celdas de lanzamiento vertical deberían tener. Dieciséis son pocas,
dicen los críticos, así que las nuevas unidades deberían llevar más y el
problema queda resuelto.
Sin embargo, la F-110 Flight
II no está diseñada para compensar el déficit de celdas de la Flight I, o
no sólo para eso; está diseñada para hacer una misión completamente diferente.
La primera serie de las Bonifaz
es, ante todo, un cazador de submarinos. Su arquitectura de propulsión, un
sistema híbrido diésel-eléctrico que combina motores eléctricos silenciosos con
una turbina de gas, existe para reducir la firma acústica cuando el buque opera
en modo antisubmarino a baja velocidad. Sus sonares de casco y remolcado son de
los mejores que navegan en Europa. El centro de información de combate de las
cinco primeras Bonifaz da prioridad a los equipos y el personal especializado
en guerra antisubmarina.
Las dieciséis celdas de las
Flight I son la consecuencia de haber priorizado la misión ASW, pero ha creado
un problema de persistencia. Un buque que lleva dieciséis celdas se
queda sin misiles antes que uno que lleva cuarenta y ocho cuando opera en un
entorno de saturación sostenida, frente a adversarios, estatales o no, con
arsenales crecientes de misiles antibuque y sistemas no tripulados de ataque.
Esa debe ser la vulnerabilidad a corregir en las F-114 y F-115, las dos últimas
unidades de la serie, cuya construcción en bloques aún no ha comenzado, añadiendo
un módulo de treinta y dos celdas mientras el acero está en grada, por una
fracción de lo que costaría hacerlo después.
Pero eso no convierte a esas dos
unidades en lo que la Flight II pretende ser. La Flight II tiene el centro de
información de combate reorganizado con prevalencia de equipos y personal de
defensa aérea integrada sobre la misión antisubmarina, que se conserva. No
es una fragata de antisubmarinos con más misiles, sino un nodo de defensa aérea
y antimisil que también puede cazar submarinos. La distinción importa porque de
ella se derivan decisiones de compra distintas.
2. La F-110 Flight II: los datos que importan
La ficha presentada en Herning es
la más completa que ha hecho pública Navantia sobre el diseño. Merece la pena
detenerse en los detalles que cambian la valoración del buque, más allá del
número total de celdas.
Sesenta y cuatro celdas Mk 41.
Cuarenta y ocho de esas celdas son de tipo Strike Length, las de mayor
profundidad dentro de la familia Mk 41 y dieciséis Tactical a popa, que
admiten armas como el ESSM, el VL-ASROC y las variantes más antiguas del SM-2,
pero no los misiles de mayor longitud. Las Strike, en cambio, dan acceso al
catálogo completo: SM-2 Block IV y 2ER, SM-3, SM-6, Tomahawk, LRASM e
interceptores antibalísticos, además de los anteriores.
El radar no es el mismo SPY-7.
La Flight I lleva el SPY-7(V)2 con sesenta y ocho subarrays por cara de antena.
La Flight II especifica cien subarrays por cara, lo que Navantia denomina
configuración fully populated (totalmente poblada). Cada cara del radar
se compone de estos módulos, y pasar de sesenta y ocho a cien representa un
cuarenta y siete por ciento más de apertura por cara. La relación con el
alcance y la capacidad de seguimiento no es lineal, pero la ventaja en
detección de objetivos difíciles, discriminación de blancos simultáneos y
resistencia a la interferencia es sustancial. Este sensor coloca a la Flight II
entre los radares navales más potentes del mundo occidental, no solo de Europa.
CEC, la red que multiplica la
fuerza. La Cooperative Engagement Capability (CEC) es el elemento
que distingue una fragata capaz de un nodo IAMD real. Lo que CEC permite, en
términos operativos, es construir una imagen de seguimiento cooperativa de muy
alta precisión y baja latencia, aprovechando los sensores del grupo completo (buques,
aviones, tierra) para mejorar la calidad y la profundidad de la defensa aérea.
La Flight II pasa de ser un buque que se defiende a sí mismo y a los buques
próximos a ser un elemento de una red distribuida en la que cada sensor y cada
efector comparten datos con precisión suficiente para aumentar radicalmente la
capacidad de respuesta del conjunto.
Los veintinueve nudos no son
un capricho danés. La velocidad superior a veintinueve nudos responde a la
necesidad de escoltar grupos navales de alta velocidad, tanto el propio grupo
de proyección español como las agrupaciones aliadas en torno a portaaviones.
Una fragata que no puede mantener la estación de escolta de un grupo que navega
a veintisiete o veintiocho nudos llega tarde a su propia misión. Además, buena
parte de la potencia adicional no tienen misión propulsiva, pues el radar de
cien subarrays, el sistema de combate IAMD, la defensa terminal y las reservas
para armas de energía dirigida exigen más generación eléctrica. Los motores para
veintinueve nudos están parcialmente justificados por la carga eléctrica de la
misión, no solo por la velocidad.
La arquitectura de defensa
escalonada. La Flight II lleva explícitamente en su ficha sistemas CIWS en
ambas bandas, capacidad antidrón dedicada, señuelos, y armas de energía
dirigida por primera vez en lista de equipos y no como reserva futura en una
fragata española. Esta arquitectura escalonada es el multiplicador de pañol más
eficiente disponible. Un dron de ataque destruido con energía dirigida es un
interceptor ahorrado. Un señuelo que desvía un misil antibuque es una celda Mk
41 que sigue disponible para el siguiente enfrentamiento.
La capacidad antisubmarina se
conserva. Sonares de casco y remolcado, torpedos, helicóptero embarcado,
espacio multimisión. La Flight II no renuncia a la capacidad ASW: combina en un
solo casco lo que muchas marinas occidentales resuelven con dos clases
diferentes de buque.
3. La comparación europea: dónde queda la Flight II
El panorama de fragatas de primer
nivel en Occidente permite situar la Flight II con bastante precisión.
Hay tres lecturas relevantes en
esta tabla.
La primera es el contraste con
Dinamarca, la marina a la que Navantia presentó el buque. Los Iver
Huitfeldt son fragatas excelentes y ya demostraron solvencia en el mar Rojo en
2024, pero llevan un diseño de dos mil ocho y un radar que la Flight II supera
en un cuarenta y siete por ciento de apertura de antena. La Flight II pesa
cincuenta toneladas más, lleva ocho celdas adicionales de la clase más capaz y
tiene un sensor que los Iver Huitfeldt no pueden igualar. Y además puede cazar
submarinos.
La segunda es el contraste con
el Reino Unido. Los Daring son excelentes en defensa aérea, ya que el radar
SAMPSON es de los mejores del mundo, pero llevan el Sylver A50 y no el Mk 41.
No pueden embarcar físicamente un SM-6 ni un Tomahawk ni un interceptor
antibalístico. Las mejoras que se les están incorporando son sustanciales, pero
ninguna incluye capacidad CEC ni cambia el sistema de lanzamiento. El
equivalente conceptual de la Flight II, como nodo IAMD con CEC y Mk 41 Strike,
no existe en la cartera actual de la Royal Navy.
La tercera, y más reveladora, es
el caso alemán. Durante años, Alemania proyectó construir la F126, un
enorme buque de diez mil quinientas toneladas con solo dieciséis celdas Mk 41
para ESSM y un diseño orientado a la resistencia y la modularidad más que a la
capacidad de fuego. En junio de 2026, ese programa fue cancelado. Los retrasos
y el disparo de costes hicieron inviable el proyecto, y Berlín ha optado por el
MEKO A-200 DEU de Thyssenkrupp, un buque de apenas tres mil novecientas
cincuenta toneladas, que es, sencillamente, una fragata ligera de patrulla
oceánica. La mayor economía europea entra en los años cuarenta con fragatas de
patrulla. España, si toma las decisiones correctas, entrará con doce escoltas
de primer nivel.
4. Cuatro espacios, cuatro misiones
España debe poder gestionar
simultáneamente demandas procedentes de cuatro espacios marítimos: las
aproximaciones atlánticas y Canarias; el Mediterráneo occidental y Baleares; el
Estrecho y los enclaves norteafricanos; y los compromisos permanentes con la
OTAN y la UE.
Esto no significa mantener un
escolta permanente en cada espacio. Significa disponer de una fuerza suficiente
para no tener que elegir entre ellos durante una crisis. Si una escalada en el
Estrecho exige un nodo IAMD en alta disponibilidad al tiempo que se mantiene la
contribución aliada en el Atlántico y la vigilancia de Canarias, una fuerza
pequeña se ve obligada a elegir qué función abandona. Una fuerza suficiente responde,
no elige.
Los buques de patrulla oceánica,
las futuras corbetas y los buques de litoral asumirían la vigilancia rutinaria,
la presencia disuasoria en misiones de baja intensidad y parte de la protección
de la zona económica exclusiva. Cuando la disuasión falla y el enfrentamiento
es de alta intensidad, para dar respuesta a esas cuatro demandas la propuesta
de estructura para 2050 se organiza alrededor de cuatro paquetes de
capacidad complementarios.
Paquete A. Nodo IAMD. Una
Flight II actuando como nodo de defensa aérea integrada con CEC, respaldada por
una segunda unidad, otra Flight II o una F-100 modernizada durante el período
de transición. Requiere dos cascos con capacidades IAMD complementarias. Es la
contribución que determina si España participa en el planeamiento de defensa
aérea aliada o simplemente lo recibe.
Paquete B. ASW. Una Flight
I o Flight I+ con sonar remolcado de profundidad variable, vehículos submarinos
no tripulados en rol orgánico y helicóptero ASW. Un solo casco, pero con
dotación antisubmarina especializada y operando en una firma acústica que
ninguna fragata polivalente puede igualar. Cubre las aproximaciones atlánticas,
la protección de infraestructura submarina crítica (cables, gasoductos) y la
pantalla ASW de los grupos de combate.
Paquete C. Escolta de
proyección. Una Flight II más una Flight I, operando juntas como escolta
del grupo de proyección nacional o de una agrupación aliada en torno a un
portaaviones. La Flight II aporta la capa IAMD y la velocidad para mantener la
estación de escolta; la Flight I aporta la pantalla antisubmarina avanzada del
grupo. Los veintinueve nudos de la Flight II son aquí el requisito operativo
más concreto del programa, ya que un escolta que no puede seguir al grupo llega
tarde a su propia misión.
Paquete D. Reserva nacional.
Una Flight II en alto grado de alistamiento en Rota, no empleada en ninguna
misión cotidiana y disponible para respuesta rápida en el Estrecho o los
enclaves. Funciona como disuasión de crisis, no como presencia permanente.
La pregunta sobre la fuerza
necesaria se responde ahora de forma concreta: ¿Cuántos paquetes puede
generar España simultáneamente y durante cuánto tiempo? Con una
disponibilidad realista, teniendo en cuenta mantenimiento, ciclos de
adiestramiento y reserva técnica, cada presencia continua exige entre tres y
tres cascos y medio en lista. Con diez cascos, España puede sostener dos
paquetes y una reserva parcial. Con doce, puede generar tres paquetes
simultáneamente y conservar un margen de reserva incluso si la disponibilidad
material cae por debajo de lo previsto, lo que en una guerra real termina
ocurriendo siempre.
La diferencia crítica entre diez
y doce no es de presencia permanente en tiempo de paz, sino de capacidad de
respuesta simultánea ante dos crisis concurrentes. Con diez cascos y dos
nodos IAMD disponibles, España puede responder a una escalada o contribuir a la
defensa aliada, pero difícilmente ambas cosas a la vez. Con doce cascos y dos
nodos IAMD permanentes, puede hacerlo.
5. La composición: tres tipos, doce buques
La estructura propuesta para 2050
combina tres variantes de la familia F-110:
3 × F-110 Flight I (F-111,
F-112, F-113): núcleo de guerra antisubmarina pura, dieciséis celdas,
propulsión optimizada para firma acústica reducida, sonar remolcado CAPTAS-4 y espacio
multimisión para vehículos submarinos no tripulados.
2 × F-110 Flight I+ (F-114
y F-115 con módulo adicional): ASW persistente, cuarenta y ocho celdas añadidas
en construcción y planta propulsiva sin tocar. Puente entre el cazador ASW y el
nodo IAMD y capaz de aguantar más tiempo en zona bajo amenaza aérea sin
retirarse a rearmar.
7 × F-110 Flight II / IAMD
(F-116 a F-122): siete nodos IAMD. Sesenta y cuatro celdas Strike, radar de
cien subarrays, CEC, defensa terminal y velocidad para escolta de grupo.
En total serían doce escoltas
de primer nivel. De los cuales cinco son brazo ASW y siete son nodos IAMD.
La especialización es la ventaja. Un casco ASW puro puede concentrar su firma
acústica, su sonar y sus sensores submarinos en la misión que mejor domina. Un
nodo IAMD puede concentrar potencia eléctrica, capacidad de procesamiento y
canales de guiado en la defensa aérea. El emparejamiento táctico de ambos tipos
genera más capacidad de combate que diez escoltas polivalentes indiferenciados
del mismo coste total.
6. El calendario y la decisión de 2027
La discusión sobre la Flight II
tiene una fecha límite que no depende de contratos navales sino del avance de
las obras en Ferrol. Las F-114 y F-115 están comenzando la fabricación de sus
bloques estructurales. La arquitectura modular de la F-110 permite insertar el
módulo adicional de treinta y dos celdas en el diseño de construcción, con el
margen de estabilidad y el crecimiento eléctrico ya contemplados en el
proyecto. Hacerlo ahora cuesta entre setenta y noventa y cinco millones de
euros por unidad. Hacerlo después, sobre un casco ya construido, cuesta entre
doscientos veinte y trescientos millones por unidad y adelanta la capacidad
quince años menos.
Esa ventana se cierra en 2027,
cuando se congele el diseño de detalle. No hay otra decisión en el programa
naval español con un retorno tan claro y una fecha de expiración tan inmediata.
Para la Flight II propiamente
dicha, el calendario divide el programa en tres tramos: las dos primeras
unidades con contrato en 2030 e inicio de construcción en 2033; tres unidades
adicionales en 2038; y las dos últimas en torno a 2042. El punto crítico no es
la fecha de puesta de quilla sino 2029. El radar de cien subarrays, los
lanzadores y el bucle de control de tiro AEGIS deben solicitarse por vía de
suministro internacional con tres o cuatro años de antelación. Antes de esa
solicitud, el requisito nacional debe estar congelado. Y ese requisito debe
salir de las necesidades propias, no del diseño que Navantia mostró en
Dinamarca.
7. La DECISIÓN
Existe una formulación simple que
resume la lógica de toda la estructura de fuerza propuesta.
Diez escoltas
permiten sobrevivir. Doce permiten elegir. Catorce permitirían actuar con plena
autonomía.
España no necesita doce buques
porque doce sea un número redondo. Los necesita si quiere conservar
simultáneamente capacidad ASW en el Atlántico, defensa aérea de área en el
Mediterráneo, escolta del grupo de proyección y margen de reserva nacional
durante una crisis prolongada, sin verse obligada a pedir a un aliado que cubra
uno de esos cometidos porque la flota no alcanza.
La decisión, por tanto, no es
entre cinco o siete Flight II. Es la respuesta a la pregunta sobre qué nivel
de autonomía naval quiere España en 2050. Si la respuesta es que España
acepta que en una crisis grave uno de sus cuatro cometidos lo cubra un aliado,
diez cascos son probablemente suficientes. Si la respuesta es que España quiere
conservar la capacidad de gestionar simultáneamente sus cuatro espacios
marítimos sin depender de la disponibilidad ajena, el número es doce. Si quiere
margen de sobra para una guerra prolongada de alta intensidad, catorce.
Ese es el debate real. Todo lo
demás, cuántas celdas, qué radar, a qué velocidad navega, son instrumentos para
una decisión que tiene que tomarse ahora. El mayor riesgo naval para España en
los próximos treinta años es la inercia presupuestaria que convierte las
decisiones de 2027 en las brechas de 2043.
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