Por qué el caza español del futuro debe ser un halcón ligero al frente de un enjambre, y no un bombardero furtivo
INTRODUCCIÓN
El alcotán es un halcón pequeño
que caza al vuelo. No abate a sus presas por tamaño ni por fuerza bruta; las
alcanza por agilidad, persiguiendo vencejos y libélulas con una economía de
movimiento que los grandes rapaces no pueden permitirse. Conviene tener ese
pájaro en la cabeza, y no la silueta de un bombardero furtivo, cuando uno se
pregunta qué sistema de combate aéreo necesita España para las tres próximas
décadas. A ese caza, y al sistema que lo rodea, se le denomina aquí Alcotán (Hobby,
en inglés), por ese mismo halcón: pequeño y veloz, letal por agilidad y no por
tamaño.
La pregunta dejó de ser teórica.
El programa que iba a darnos un caza de sexta generación, el FCAS (Future
Combat Air System), ha perdido su pieza central cuando Francia y Alemania han
decidido abandonar el avión tripulado común. No lo mató la falta de dinero que,
tras el giro de gasto militar europeo, sobra; lo mató el reparto del trabajo,
esa guerra silenciosa por quién diseña qué y quién cobra cuánto. Dassault
reclamaba la mayor parte de la célula, Airbus se negaba y España asistía como
convidada de piedra. Europa ha perfeccionado durante años el arte de redactar
comunicados conjuntos, pero le cuesta más repartir una tarta industrial sin que
la mesa acabe volcada.
Recreación conceptual del Alcotán, el caza
hispano-sueco, al frente de un enjambre de drones colaborativos sobre el
Estrecho. Imagen generada con inteligencia artificial; el diseño es ilustrativo
y no corresponde a ningún programa real.
Pero conviene leer bien lo que
sobrevive. El núcleo tecnológico del programa FCAS, su verdadero valor, no era
el fuselaje sino el ecosistema: la nube de combate que conecta aviones, drones
y sensores, el motor, la fusión de datos y buena parte del sistema de combate.
Esos pilares no han muerto, pueden aplicarse a los desarrollos nacionales de
los antiguos socios, y España no es ahí un invitado pues Indra lidera la
contribución española en sensores y nube de combate. De esa ruptura no nace,
por tanto, una alternativa de consuelo, sino una decisión de fondo. Por primera
vez desde que CASA se integró en Airbus, España puede diseñar la arquitectura
de fuerza que corresponde a su cielo, en lugar de aceptar la que le toque en
suerte. No se trata de elegir un avión, sino de elegir un sistema.
Una nota para el
lector habitual. En diciembre se defendió en estas páginas sumarse
al GCAP; hoy procede rectificar y conviene decir por qué. Entonces se
daba el FCAS por roto del todo, con su ecosistema incluido, y se confiaba en la
pronta entrada en servicio del GCAP, prevista para 2035; hoy la prioridad es
conservar el ecosistema que el FCAS deja en herencia, algo que ni el GCAP ni
los cazas en desarrollo de Turquía o Corea permiten garantizar, y aquella fecha
de 2035 ha quedado en entredicho por los apuros presupuestarios del socio
británico. Cambian los hechos, cambia la recomendación.
1. La guerra que España va a librar
Toda decisión de armamento
empieza por una pregunta que rara vez se hace en voz alta: ¿para qué guerra? La
respuesta española es geográfica y poco glamurosa. El Estrecho, el eje
Canarias-Península, Ceuta y Melilla, las aguas de soberanía y un vecino que
moderniza su fuerza aérea es nuestra amenaza más probable y plantea retos que
la OTAN no comparte. A ello se suman los compromisos aliados, desde la policía
aérea en el flanco este hasta una contribución expedicionaria limitada. España
necesita superioridad aérea sobre su propio cielo, presencia armada que pueda
sostenerse semanas e interdicción que pueda repetirse muchas veces.
La consecuencia es importante. El
futuro caza español no debe evaluarse como una plataforma aislada, sino como un
nodo dentro de una arquitectura conjunta que incluya radares terrestres,
defensa antiaérea de largo alcance, sistemas navales, sensores espaciales y
drones. En ese contexto, el valor del avión ya no depende solo de lo que ve o
dispara por sí mismo, sino de cómo amplifica el rendimiento del conjunto y es
en este aspecto donde el Alcotán destaca.
La prioridad, por tanto, no es
optimizar para el ataque profundo del primer día de guerra, ese vuelo a dos mil
kilómetros contra una capital defendida. Pero conviene no confundir esa
renuncia con la inocencia. El avión sí debe sobrevivir en un entorno antiaéreo
regional cada vez más denso, frente a sistemas de la familia S-300 o S-400 que
ya no son monopolio de las grandes potencias. La cuestión no es elegir entre
furtividad y nada; es elegir cuánta y de qué tipo.
Esa diferencia lo decide todo. El
penetrador profundo y muy sigiloso que Alemania demanda resuelve un problema
que España no tiene y lo hace a un precio que España no puede sostener en
número. Lo que sí tiene es un problema de masa que aguante y ahí la variable
que manda no es la prestación de pico, sino el coste por hora de vuelo. Un
Eurofighter cuesta volar entre dieciocho y veinte mil euros la hora; un caza
ligero de la escuela sueca, entre seis y ocho mil. Multiplíquese por los miles
de horas que exige patrullar tres frentes a la vez y se entenderá por qué la
sobriedad operativa pesa tanto como el radar.
Las guerras recientes lo
confirmaron sin piedad. Ucrania demostró que quien no puede dispersar sus
aviones y regenerarlos los pierde en tierra antes de emplearlos. El mar Rojo
impuso la aritmética del coste-cambio: derribar drones de mil euros con misiles
de un millón es perder ganando. La lección no es comprar lo más caro, sino lo
que se puede mantener en el aire mucho tiempo y reponer sin arruinarse.
2. La tentación de lo pesado
Habrá quien proponga sumarse a un
caza diseñado para otro. El socio de mayor presupuesto siempre quiere un avión
grande, de largo alcance, muy furtivo, heredero del bombardeo profundo y
candidato a la misión nuclear; es legítimo para Berlín y de menor retorno
operativo para Madrid. El riesgo de los programas a tres o cuatro manos es
justo ese, que el avión termina dibujado según la curva de requisitos del que
más paga y los demás cargan con un aparato sobredimensionado para su geografía.
Conviene recordar la causa real
del último naufragio. Los cazas europeos no mueren de presupuesto; mueren de
autoridad de diseño. Añadir un tercer apetito grande sobre la misma tarta no
multiplica las posibilidades de éxito sino las probabilidades de repetir el
bloqueo. La cooperación funciona cuando las fronteras del trabajo son limpias y
fracasa cuando obliga a discutir quién manda en la forma del fuselaje.
3. EL ESPEJISMO FRANCÉS
La otra gran potencia tienta de
manera distinta, pero igual de ajena. Francia avanzará probablemente en
solitario, como siempre ha querido su diseñador principal, Dassault, y su caza,
como el Rafale que lo precede, nace conformado por la fuerza de disuasión
nuclear; el avión se diseña en torno a la capacidad de portar el misil nuclear
aerotransportado, el ASMP-A y su futuro sucesor el ASN4G, y esa misión gobierna
su tamaño, su alcance y sus prioridades. Es una servidumbre legítima para París
y por completo ajena a Madrid, que ni tiene ni tendrá disuasión nuclear propia.
Sumarse al programa francés sería, una vez más, comprar un avión optimizado
para la identidad estratégica de otro; donde el alemán pesa de más por el
bombardeo profundo, el francés pesa de más por la bomba.
Y el retorno industrial sería el
peor de los tres. La intransigencia de Dassault y su exigencia de quedarse con
la mayor parte de la célula es precisamente lo que acaba de hundir el FCAS;
Francia guarda su autoridad de diseño y su soberanía con un celo que deja a los
socios como ensambladores, no como autores. Donde Alemania al menos negocia,
Francia acapara. Elegir a Francia sería repetir la experiencia del FCAS
conociendo ya el final: cuota mínima, ninguna autoridad de diseño y la
tecnología que importa quedándose en Saint-Cloud. La prueba está en el
contraste con el motor; ITP lidera allí el módulo más difícil porque el
consorcio reparte limpio, mientras que en una célula bajo Dassault España no
obtendría nada comparable.
4. Por qué Suecia
Suecia, en cambio, busca un avión
ligero y dispersable. La doctrina Gripen nació contra un adversario mayor y su
respuesta fue la dispersión: operar desde tramos de carretera, con dotaciones
reducidas, regenerando salidas en minutos y con una huella logística mínima.
Esa es exactamente la propiedad que España no tiene y que la munición guiada
moderna ha convertido en cuestión de vida o muerte. Un caza diseñado para
sobrevivir disperso es, en sí mismo, un multiplicador de resiliencia y a ello
se suma el coste por hora de vuelo, que es la variable que decide cuánta masa
puedes sostener de verdad.
Pero la elección del socio no es
sólo técnica, sino de poder y ahí reside el argumento más poderoso. España ya
sabe lo que significa cooperar con las grandes potencias europeas, y como
muestra tenemos el propio FCAS, un programa que Francia y Alemania han decidido
cancelar sin contar para nada con Madrid, como si el tercer socio fuera un
pasajero al que se avisa cuando el tren ya ha descarrilado. Esa es la lección y
es cara. Quien se asocia con quien lo quiere todo acaba ensamblando los planos
de otro.
Suecia ofrece lo contrario y no
por virtud sino por tamaño. Es una potencia media, con una base industrial
comparable a la española, sin ambiciones hegemónicas y con una cultura de
soberanía tecnológica gemela de la que España aspira a tener; ha hecho del
Gripen un caza barato, disperso y autónomo precisamente porque nunca pudo
permitirse la grandeza. Entre potencias medias los programas se terminan,
porque ninguno de los dos puede imponerse ni pretende quedarse con la tarta
entera. A esa afinidad se añade una necesidad mutua y un calendario que
coincide: Suecia debe relevar al Gripen hacia 2045, justo cuando España
necesita su nuevo caza. Y Saab aporta dos cosas que España no tiene, una de
ellas a ser decisiva. La primera es que es capaz de diseñar un avión de combate
por sí misma, algo de lo que ni la propia Airbus puede presumir; la segunda,
que cuenta con una de las mejores escuelas de guerra electrónica del mundo. Colaborar
con quien te necesita tanto como tú a él es la mejor garantía de llegar al
final.
5. Qué hace, qué deja al Eurofighter y qué no debe asumir nunca
El Alcotán nace para cubrir el
grueso de la demanda diaria en los años cuarenta y cincuenta: defensa aérea y
policía aérea persistente, escolta, ataque marítimo, supresión de defensas
enemigas y, sobre todo, mando de los sistemas colaborativos. Es el caballo de
batalla que vuela mucho y cuesta poco.
En ese reparto de tareas, el
Eurofighter se encargaría de la fuerza bruta, con más carga, más alcance, más
empuje, el músculo de la superioridad aérea en el escenario más exigente y el
ancla de la disuasión convencional. El Alcotán manda en la inteligencia y en su
papel de nodo de sensores al ser una generación más moderno en firma, sensores,
guerra electrónica, sistema de misión y mando de drones, porque hereda el
ecosistema vivo del FCAS que el veterano solo recibe por modernización y hasta
donde puede asumirlo. Uno es el peso pesado con más años de vuelo; el otro, el
nodo nuevo que ve y enreda mejor el campo de batalla. Juntos cubren el espectro
que ninguno cubre solo.
Y hay un límite que conviene
fijar con precisión, para no caer en la contradicción de pedirle todo. El
Alcotán puede participar en campañas de supresión de defensas integradas,
dentro de un paquete con sus drones y su guerra electrónica; lo que no debe es
liderar en solitario una penetración estratégica profunda contra una defensa de
primer nivel. Participar en el asalto coordinado, sí; abrir la puerta solo, no.
6. El Alcotán: qué sería de verdad
El Alcotán sería inicialmente un
caza ligero de firma equilibrada, lo que cabe llamar “quinta generación y
media”, pero esa etiqueta describe poco. Conviene cambiarla por una lista de
capacidades medibles. El Alcotán sería un caza ligero con firma frontal
reducida, lo que cabe llamar de baja observabilidad táctica, no la furtividad
extrema de un ala volante sin cola, que es la tecnología que España no domina y
la que dispara coste y plazo, sino la suficiente para complicar la detección y
ganar el primer disparo. Radar de antena activa de nitruro de galio, fusión de
sensores heredada del ecosistema FCAS liderado por Indra, guerra electrónica
orgánica de vanguardia, arquitectura abierta, operación dispersa y carga útil
interna suficiente para las misiones aire-aire principales completan el
retrato. En sistemas, no es un Gripen mejorado ni un Eurofighter rebajado; es
un escalón generacional por encima de ambos. Su rasgo definitorio no es el
sigilo, sino la compañía, ya que nace para mandar un enjambre de drones,
requisito esencial desde el primer día y no un añadido posterior.
Y se construiría como Suecia
construye y como hizo Corea con su KF-21, a pasos cortos y continuos y no a
grandes saltos. Bloques sucesivos, cada uno al estándar más reciente,
modernizando lo modernizable de los anteriores. El primer bloque vuela hacia
2040 siendo suficientemente bueno, porque lo mejor es enemigo de lo bueno, y
estando a tiempo, en lugar de ser perfecto y no llegar nunca. Los siguientes
maduran los sensores, integran el enjambre a escala y, ya hacia 2050, dan el
salto de supervivencia con mayor carga interna y recubrimientos avanzados.
Corea demostró con poco más de seis mil millones de desarrollo que una potencia
media puede tener un caza propio si renuncia al gran salto por lo que esta
política no es una fantasía.
La comparación con sus referentes
lo sitúa mejor que cualquier adjetivo. Las cifras del Alcotán son objetivos de
diseño, no datos de un avión existente.
La lectura es clara. El Alcotán
no compite con el F-35 en sigilo puro ni con el Eurofighter en carga útil y
prestaciones cinemáticas. Su objetivo, en cambio, es optimizar el equilibrio
entre coste, masa disponible, soberanía tecnológica y capacidad de combate en
red. No pretende ser el mejor avión en cada parámetro, sino el sistema más
sostenible para las necesidades españolas. Frente al furtivo americano, referencia
occidental en fusión de sensores, conciencia situacional y operaciones en red;
la ventaja potencial del Alcotán no residiría en superar esas capacidades, sino
en combinar la mayor parte de ellas con una mayor autonomía industrial, menores
costes de operación y una flota numéricamente más amplia que se pueda utilizar a
voluntad sin
pedir permiso a nadie.
Conviene, además, no vender
madurez donde hay hipótesis. Cada capacidad tiene un grado distinto de
desarrollo y de riesgo, y la honestidad exige decirlo.
Ningún programa de esta ambición
está libre de riesgos. El primero es mantener una gobernanza equilibrada entre
dos socios sin reproducir los bloqueos que acabaron afectando al FCAS. El
segundo es integrar el nuevo sistema de misión, drones colaborativos y una
transición futura de motor sin disparar costes ni plazos. El tercero es
sostener durante dos décadas una financiación estable que permita desarrollar
el sistema sin interrupciones. El cuarto es alcanzar una masa crítica de
clientes que ayude a amortizar el desarrollo. Y el quinto es resistir la
tentación periódica de abandonar un programa propio para adquirir una solución
extranjera ya disponible.
Ninguno de estos riesgos es
pequeño. La cuestión estratégica no es si existen, sino si son mayores o
menores que la dependencia tecnológica, industrial y operativa asociada a
renunciar desde el principio a cualquier autoridad de diseño propia.
7. Si no somos invisibles del todo, dejemos ciego al enemigo
Del cuadro de madurez se
desprende la decisión de inversión más importante del programa. Un avión que
renuncia a la furtividad extrema no puede confiar su vida al sigilo, sino que
tiene que comprar su supervivencia con guerra electrónica. Contra una batería
S-400, el Alcotán no sobrevivirá por ser totalmente invisible, porque no lo
será; sobrevivirá por dejar ciego y sordo al sistema que lo busca. Eso exige un
equipo de interferencia y ciberataque aerotransportado brutal, de la familia
del Arexis que Saab ya desarrolla, superior al Praetorian del Eurofighter,
capaz de saturar radares, falsear blancos y cegar enlaces.
La recomendación es directa y
conviene no diluirla. El esfuerzo de I+D debe volcarse en el ataque electrónico
orgánico, antes incluso que en rebajar unos cuantos decibelios la firma radar.
La furtividad da minutos; la guerra electrónica da la batalla. Si no podemos
ser invisibles, hagamos invisible para el enemigo todo lo demás.
8. El motor: de la consigna al programa
El pilar de propulsión es lo
único del antiguo FCAS que parece sobrevivir junto al ecosistema, y la razón es
física, no diplomática. Un motor se parte limpiamente, quien fabrica el
compresor no discute autoridad aerodinámica con quien fabrica la turbina. Por
eso la cooperación europea de motores acumula éxitos que la de células no
conoce. La empresa común de Safran y MTU, con ITP Aero como socio principal,
reparte el trabajo a tres partes iguales; Safran lidera el diseño y la sección
caliente, MTU el módulo frontal y el servicio e ITP la turbina de baja presión
y la tobera. España no está en la parte fácil; manda en una de las más
difíciles.
Pero ese motor europeo no está aún
maduro ni certificado; hoy es un demostrador en la clase de nueve toneladas de
empuje, que crecerá hacia las once y sus primeros prototipos no llegarán hasta
bien entrada la década de 2030. Fue concebido, además, para un caza más pesado.
Fiar el primer vuelo del Alcotán a un motor que aún no existe sería repetir el
error de prometer la perfección y no llegar a tiempo.
La salida es un camino de
propulsión en dos pasos y no pasa por el atajo americano, que compromete todo
el desarrollo a su autorización para dotar de motores al nuevo caza, como le
ocurre a Turquía con su KAAN. Sin embargo, el Gripen actual vuela con un motor
estadounidense, lo que reintroduce la dependencia del permiso ajeno por la
puerta del taller. El bloque inicial debe volar con un motor europeo, maduro y
ya en manos españolas como es el EJ200 del Eurofighter, que ITP coproduce
dentro del consorcio Eurojet y cuyo empuje, en torno a noventa kilonewton (kN),
encaja en una célula ligera de un solo motor. No es soberanía nacional pura,
porque Eurojet es un consorcio europeo; pero es soberanía sin veto de terceros,
que es lo que importa. No es un simple cambio de motor, pues el EJ200 fue
diseñado para una instalación bimotor, de modo que llevarlo a un monomotor
exige rediseñar la admisión y la estructura, un esfuerzo que debe asumirse como
parte central del desarrollo y no como una sustitución trivial, pero los
bloques de crecimiento transitarían después al motor de EUMET, más potente (110
kN) y allí donde ITP ya lidera el módulo más complejo. Así la soberanía empieza
el primer día con un motor probado y se consolida con uno propio.
9. MONOMOTOR, NO BIMOTOR
La objeción clásica del Ejército
del Aire es el agua: un fallo único sobre el Atlántico en ruta a Gando
significa perder el avión y de ahí la preferencia histórica por el bimotor del
F-18 y el Eurofighter. El argumento tiene una base real, pero la estadística lo
matiza más de lo que la intuición admite. Los datos de la fuerza aérea
estadounidense muestran que, en pérdidas totales, el F-16 monomotor y el F-15 bimotor
acaban casi empatados y la razón es incómoda, ya que cuando una turbina estalla
en un bimotor, los restos suelen dañar la otra, las líneas hidráulicas o los
mandos y además la mitad de los accidentes los causa el piloto, no la máquina.
La histórica penalización del
monomotor pertenece sobre todo a la era de los controles de combustible
hidromecánicos; pero el control digital del motor, el FADEC, eliminó la mayoría
de aquellos apagados. El Gripen, monomotor, acumula más de ciento cincuenta mil
horas sin una sola pérdida atribuible al motor, un récord único. Y conviene
recordar que el propio Ejército del Aire voló el Mirage F1, de un solo motor,
durante casi cuatro décadas, incluido el cielo atlántico de Canarias.
Queda el caso peor, y tiene
respuesta sin renunciar a la economía del monomotor. La pérdida de una
tripulación, incluso en tiempo de paz, pesa en el ánimo nacional más que
cualquier estadística, de modo que la mitigación puede garantizarse con una
decisión de despliegue sencilla; basta asignar los Eurofighter bimotores a la
base más expuesta sobre el mar, Gando, y los Alcotán al resto. La mezcla de
flotas deja de ser solo una cuestión de gama y se convierte en una herramienta
de gestión del riesgo.
10. El sistema, no solo el avión
El verdadero programa no está en
la chapa. Un caza moderno es, en términos gruesos, un treinta por ciento de
célula y un setenta por ciento de sistema de misión: sensores, guerra
electrónica, fusión de datos, buses, latencias y software. Ahí se juega la
partida y ahí debe situarse España no como proveedor de piezas, sino como dueño
de la arquitectura de software, de los estándares de datos y de la integración
del mando y control. Quien controla el sistema de misión controla el avión; y
ese es, heredado del FCAS y liderado por Indra, el activo más valioso de todo
el programa.
Su rasgo definitorio, por eso, no
es el sigilo sino la compañía. El Alcotán nace para mandar drones de combate, y
conviene graduar esa ambición en tres niveles atados a los bloques del avión,
porque España parte con retraso en autonomía colaborativa. Primero, centrar el
desarrollo en portadores remotos sencillos como son los señuelos y sensores
baratos que vuelan delante. Después, escuderos semiautónomos, los llamados loyal
wingman, capaces de portar armas y absorber riesgo bajo control del piloto.
Y, más allá de 2045, el enjambre distribuido con una mayor autonomía por su
inteligencia artificial. Nada de esto funciona sin lo que rara vez aparece en
los folletos, como son los enlaces de datos resistentes a la interferencia,
equivalentes soberanos a la evolución del Link-16, y una doctrina de operación
degradada que mantenga al enjambre útil cuando el enemigo ataca el espectro
electromagnético, con drones capaces de seguir su misión si pierden el enlace,
siempre bajo control humano supervisor. El dron colaborativo conviene
desarrollarlo primero con Suecia, aprendiendo en una plataforma barata la
integración de baja observabilidad y el control del enjambre, para cosechar
después esa tecnología en los bloques tardíos del propio Alcotán y, ya en los
cuarenta, en un dron enteramente nacional. Es la diferencia entre comprar el
sigilo y cultivarlo. Lo primero te deja dependiente; lo segundo te deja capaz.
11. Autor, no ensamblador
El reparto industrial dibuja el
premio. Saab aporta la herencia de célula, el software de vuelo y la guerra
electrónica; Airbus España las aeroestructuras y la línea de Getafe, Indra el
sistema de misión, ITP el motor, y GMV y Sener la navegación y los actuadores.
Es un codiseño, no un ensamblaje de planos ajenos.
Conviene medir esa diferencia
frente a la alternativa que a veces se propone como es sumarse a un caza ya muy
avanzado de fuera de Europa, el KAAN turco o el KF-21 coreano. Son aviones
competentes, pero llegan tarde para España; ya vuelan sus prototipos y están
desarrollados en buena medida, así que Madrid entraría como cliente rezagado,
sin autoridad de diseño y con la arquitectura ya cerrada por Ankara o Seúl, que
es justo el papel de ensamblador que queremos evitar. Tampoco se conectarían
con el ecosistema que sobrevive del FCAS, la nube de combate y los sensores que
lidera Indra y que el Alcotán hereda, de modo que España renunciaría a su
activo soberano más valioso; y como ambos vuelan todavía con motor
estadounidense, ni siquiera ganaríamos la soberanía de propulsión que el
europeo aporta. Se cambiaría una correa por otra, sin la ventaja de haberla
diseñado.
Detrás hay algo más que empleo.
Un caza propio, integrado con armamento OTAN como el Meteor y el IRIS-T,
significa que ningún tercero podrá “apagar” el arma ni vetar su empleo contra
una amenaza que no comparta. Quien compra un caza americano de última
generación hereda su eficacia y también su correa; la libertad de actuar queda
condicionada al permiso de Washington, precisamente en los escenarios que a un
aliado le resultan indiferentes y a España vitales. La autonomía ejecutiva no
es un lujo soberanista; es la capacidad de defender Ceuta sin pedir cita previa.
Pero tampoco conviene prometer una pureza imposible, pues la independencia
total de componentes americanos debe ser un objetivo de diseño que se persigue
por etapas, no una condición que se logre el primer día, porque la cadena de
suministro global filtra dependencias por todas partes. Al motivo soberano se
suma el económico, pues solo una exportación realista amortiza el desarrollo, y
un caza ligero, asequible y sin candados tiene mercado donde el sigilo caro no
llega.
El precedente existe y es
nuestro. En los años ochenta, al comprar los F-18, España negoció
transferencias de tecnología que fundaron el sector aeroespacial moderno. La
ocasión ahora es mayor, porque no se trata de aprender a mantener el avión de
otro, sino de firmar el propio.
12. De la visión al programa: calendario y cuentas
Una visión sin fechas es un
deseo. El programa admite un calendario realista si se mantiene la disciplina
incremental. Entre 2027 y 2030, demostrador del dron colaborativo con Suecia y
definición de requisitos. Entre 2030 y 2035, desarrollo del Alcotán en su
primer bloque, con motor EJ200 y sensores maduros. El primer vuelo se
produciría hacia 2036-2038 y la capacidad operativa inicial entre 2038 y 2040.
Hacia 2045 se tendría el segundo bloque con escuderos semiautónomos y la
transición de motor hacia el EUMET; y en 2050 estaría disponible el tercer
bloque con enjambre distribuido, baja observabilidad reforzada y el motor
europeo definitivo. Finalmente, entre 2040 y 2045 se tomaría la decisión de
desarrollar o no una versión navalizada como bloque de crecimiento, supeditada
a que para entonces se haya tomado ya la decisión de dotarse de un buque capaz
de operarla.
Las cuentas conviene darlas, aun
con todas las reservas, porque una cifra imperfecta informa más que una
vaguedad elegante. El desarrollo del Alcotán se movería en el entorno de los
ocho a doce mil millones de euros; los drones colaborativos asociados, entre
tres y cinco mil; y el ecosistema completo, por tanto, entre doce y diecisiete
mil millones. Es una fracción de los más de cincuenta mil millones que exige un
caza de sexta generación de gama alta y se reparte en dos décadas.
Sobre esa base, lo sensato es
pensar en estructura de fuerza y no en la plataforma en solitario. El
equilibrio razonable serían los ciento quince Eurofighter entregados y
encargados para músculo, en torno a cien Alcotán para inteligencia como nodo de
mando, baja observabilidad y sensores avanzados y entre doscientos y
trescientos drones colaborativos repartidos en los tres niveles. Y esa fuerza
combate mezclada en grupos que combinan Eurofighter, Alcotán y drones,
patrullas de combate distribuidas sobre los frentes simultáneos y una
generación de salidas que la sobriedad logística del caza ligero hace
sostenible semana tras semana. Cien Alcotán no es una cifra para impresionar;
es lo que su bajo coste hace asumible y lo que amortiza un desarrollo ya pagado.
Cien cazas ligeros baratos disuaden más que sesenta caros.
13. LA NAVALIZACIÓN DEL
ALCOTÁN: UNA PUERTA QUE NO CONVIENE CERRAR
Existe una capacidad que el
programa no debería perseguir en su bloque inicial, pero tampoco impedir; la
navalización futura del Alcotán. La prioridad debe seguir siendo un avión
terrestre asequible, maduro y disponible en plazo; y en ese sentido la versión
embarcada es una opción que conviene mantener abierta, pero no un objetivo de
partida.
Conviene, sin embargo, no
confundir dos problemas distintos: el relevo del EF-18 en el Ejército del Aire
y el de la aviación embarcada en la Armada no tienen por qué compartir la
solución. Si España ha llegado tan a la intemperie a esta encrucijada es,
precisamente, por haberse empeñado en lo contrario; el FCAS fue la apuesta a
una sola carta para resolverlo todo y su naufragio nos ha dejado rehaciendo el
plan con prisa y con dos santos por vestir. Que el Ejército del Aire decida lo
suyo y la Armada lo suyo; forzar un molde común es el reflejo que ya nos ha
costado caro.
Así que la versión naval no se
incluye desde el principio por tres razones. La mayor, que España no tiene hoy
el portaaviones capaz de operarlo; el Juan Carlos I lleva rampa de ski-jump
pero no cables de frenado, de modo que la versión naval presupone una decisión
de buque que aún no existe, y diseñar el avión antes que el barco sería poner
el tejado antes que los cimientos. La segunda, que el primer bloque debe ser
conservador y llegar a tiempo, y la complejidad naval pondría en riesgo la
fecha de 2038-2040. La tercera, que navalizar un diseño ya maduro es mucho más
barato que diseñar las dos versiones a la vez.
La recomendación, por tanto, no
es desarrollar una versión naval desde el inicio, sino diseñar el Alcotán de
modo que su ligereza y su tamaño contenido no imposibiliten esa evolución más
adelante; que una decisión de la década de 2030 no cierre una puerta que la
Armada podría querer abrir en la de 2040 o 2050. Cómo se cruzaría ese umbral,
con qué buque y con qué puente de adiestramiento entretanto, es asunto para un
análisis propio, que se desarrollará en otro artículo. La prudencia aconseja
concentrar los recursos en el sistema principal; la visión estratégica, no
cerrarse puertas.
14. El halcón adecuado
Volvamos al pájaro. El alcotán no
es el rapaz más temible del cielo; es el más adecuado para la caza que
practica. Sobrevive porque es ágil, barato de sostener y difícil de fijar, no
porque sea grande. España lleva décadas confundiendo la prestación máxima con
la capacidad real y comprando la silueta del prestigio mientras descuidaba el
sistema que le daba sentido.
La elección que abre el fin del caza
tripulado del FCAS es, en el fondo, una elección de identidad. Se puede aspirar
a un penetrador pesado pensado para la guerra de otro, o construir el sistema
ligero y soberano que corresponde al cielo propio: un halcón al frente de un
enjambre, más moderno que el veterano que lo acompaña y dueño de su propio
software. La primera vía promete grandeza y entrega dependencia; la segunda
promete menos y entrega autonomía. En defensa, como en cetrería, gana quien
acierta con el ave. No la más grande, sino la que necesitamos.
Muy bien montado. Buen trabajo!
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