El ecosistema de fusiles y ametralladoras que nadie ha decidido construir
Segundo artículo de la serie
"El soldado que España necesita"
INTRODUCCIÓN
España no tiene un problema de
armas. Tiene un problema de ecosistema. Y ese problema empieza en el fusil y
termina con las ametralladoras. España tiene un problema de roles mezclados y
es exactamente ese desorden el que impide que lo que ya existe en los arsenales
funcione como debería.
El primer artículo de esta serie
demostró que el
soldado español está ciego, pues opera con la óptica de 1999 mientras sus
homólogos ucranianos identifican blancos a 300 metros con un visor de 150
euros. Hoy toca hablar sobre fusil de asalto y sobre la ametralladora, el arma
de apoyo del pelotón, la que decide si el infante puede suprimir, fijar y
destruir más allá de los 400 metros que alcanza su fusil.
1. La decisión que nadie ha tomado
El Ejército de Tierra español
tiene hoy en servicio unos 78.000 fusiles G36 de distintas variantes,
fabricados bajo licencia por Santa Bárbara Sistemas en La Coruña desde 1999. Es
un arma robusta, fiable en los teatros donde ha operado España, y producida en
suelo nacional, pero en 2026 el G36 es también el fusil que su propio creador
ha abandonado.
La Bundeswehr —el ejército que
diseñó y usó el G36 durante tres décadas— adoptó en 2025 el HK416 A8 como su
nuevo fusil estándar, bajo la designación G95A1. El contrato inicial cubre
118.718 unidades y el programa completo prevé hasta 250.000 fusiles por unos
765 millones de euros. Alemania no sustituyó el G36 por el 6,8 milímetros
americano. Lo sustituyó por el 5,56 milímetros más moderno de su propio
fabricante.
Nuevo fusil HK416 A8 del ejército alemán. Foto
Bundeswehr/Mario Bähr
Mientras tanto, el ET español
sigue adquiriendo G36E en una decisión que la propia revista Ejército —órgano
oficial del ET— describe como "continuista". Y lo hace sabiendo que
la Infantería de Marina ya opera el HK416 A5 desde abril de 2024, tras recibir
sus primeras remesas para el subgrupo táctico de despliegue del Tercio de
Armada. Dentro de las propias Fuerzas Armadas españolas coexisten ya dos
generaciones distintas del mismo árbol genealógico.
2. Por qué el 6,8 milímetros no es la respuesta
Cuando en 2019 el Ejército
estadounidense lanzó el programa NGSW —Next Generation Squad Weapon— con la
promesa de un calibre superior, 6,8×51 milímetros, que penetrara los chalecos
rusos a 500 metros, empezó a circular por los ministerios de defensa europeos la
idea de que quizás el 5,56 había muerto y había que plantearse el cambio de
calibre.
El programa NGSW adoptó en 2022
el fusil M7 de Sig Sauer y la ametralladora M250 en 6,8 milímetros. Pero en el
año fiscal 2027 el Ejército de EEUU no presupuesta un solo fusil M7 adicional y
mantienen el M27, un HK416 en 5,56. La compra de M250 en 2027 son 2.795
unidades, frente a los 250.000 fusiles del ejército alemán en 5,56 ese mismo
año.
No es que el 6,8 sea un mal
cartucho; es que ni el país que lo impulsó lo está comprando a escala. Y si el
mayor ejército de la OTAN no lo estandariza, no habrá cadena logística
conjunta, no habrá munición garantizada en depósitos aliados y no habrá
interoperabilidad real en el punto de consumo. Para España, con sus cinco
teatros discontinuos y su dependencia estructural del apoyo aliado en
operaciones prolongadas, un tercer calibre de fusil sería una apuesta solitaria
en el peor momento posible.
El argumento de penetración
tampoco resiste el escrutinio completo. El 5,56×45 milímetros con munición
M855A1 —punta de acero expuesta, sin plomo— ya penetra los chalecos más comunes
en Ucrania a distancias tácticas relevantes; y donde el 5,56 falla realmente
—por encima de 500 metros, contra protección de nivel IV— tampoco resuelve el
6,8, porque esa banda de distancias y ese nivel de protección son el dominio
del tirador designado con 7,62 y del francotirador, no del fusil de asalto. El
fusil de asalto vive entre los 0 y los 400 metros y ahí el 5,56 moderno
funciona.
La pregunta correcta no es qué
calibre necesita España, sino qué fusil 5,56 necesita para los próximos
veinticinco años; y la respuesta la da el propio catálogo HK, no la industria
americana.
3. El fusil que España debería comprar
El HK416 A8 —G95A1 en
nomenclatura Bundeswehr— es el candidato natural. No por descarte, sino por
argumento positivo. Es gas con pistón de carrera corta, la misma arquitectura
interna que el G36 que el ET ya conoce, lo que acorta la curva de transición
para armeros e instructores. Acepta los mismos cargadores STANAG que usan ya el
MOE y la Infantería de Marina, unificando el parque de cargadores. Tiene
guardamanos modular con raíl Picatinny y M-LOK, que es la base sobre la que
monta cualquier óptica, linterna, láser y supresor que España quiera adquirir
en los próximos años. Y lo fabrica el mismo proveedor, HK, con el que SBS La
Coruña ya tiene licencia de producción. Ampliar esa licencia al HK416 A8 no
abre un programa nuevo; extiende uno que ya existe. Si España inicia ahora la
transición al HK416 A8 con una negociación de licencia ampliada, puede tener
producción nacional en marcha antes de que los primeros lotes de reemplazo sean
urgentes. Si espera otros cinco años a que la decisión sea inevitable, negocia
desde la urgencia, que es siempre la posición más cara.
La Armada ya ha abandonado el G36E
por el HK416A5 para su Infantería de Marina. Pero el HK416A8 es una evolución
del A7 con mejoras incrementales sobre el A5, con guardamanos más largo con
raíl M-LOK completo, que reduce el coste de kits de accesorio a lo largo de la
vida del arma; mejoras en el sistema de gas para reducir la firma de humo y la
suciedad en el cierre; culata con alzada de mejilla ajustable; y geometría del pistol
grip más próxima al G36, un detalle menor pero relevante para la transición
de usuarios que vienen del G36. Y la cadencia de fuego se ajusta por selector
en tres posiciones en el A8, lo que el A5 no tiene de serie. Dado su volumen de
compra, el ET podría adquirir directamente la versión HK416A8 con una economía
de escala que la infantería de marina no puede alcanzar y saltar directamente a
la versión más moderna y adaptable para sus necesidades.
4. El inventario DE AMETRALLADORAS que nadie ordena
El fusil es el punto de partida
del ecosistema, pero no su único problema. El Ejército de Tierra tiene hoy
cuatro familias de ametralladora en servicio simultáneo. La HK MG4E, ligera de
5,56 milímetros y 7,9 kilogramos con bípode, que es el arma estándar del
pelotón desde hace años. La MG1A3, esto es, la MG42 de 1942 recamarada a 7,62
OTAN, con manual español de 1971 que sigue siendo la referencia doctrinal, en
proceso de modernización pero estructuralmente desfasada. La Browning M2HB en
12,7 milímetros, con más de mil unidades en inventario, muchas ya en variante
de cambio rápido de cañón. Y, en tramos especializados, la MAG 58M en el NH90 y
las primeras MG5A1 de HK en el vehículo Dragón y en las unidades de Operaciones
Especiales.
Cuatro familias, tres calibres
portátiles, y un arma —la MG3, que es lo que es la MG1A3 en servicio— que hace
de todo porque nada está asignado a nadie con precisión. La MG3 es fusil
automático de pelotón cuando el pelotón lo necesita; arma de trípode de
compañía cuando la compañía lo requiere; y coaxial del Pizarro y del Leopardo
porque el afuste está ahí. Por eso no rinde en ninguno de esos roles: es
demasiado pesada para el primero, demasiado poco precisa para el segundo sin
trípode, y demasiado antigua para el tercero sin kits que nadie ha presupuestado.
El resultado es conocido por
cualquier sargento que haya mandado una sección en ejercicios. A 600 metros,
contra un muro de adobe, vegetación densa o un chaleco con placas de acero, el
5,56 de la MG4E se queda corto, y la única 7,62 que tiene el fusilero a pie
llega al puesto de combate en un VAMTAC porque pesa 25 kilogramos con trípode y
necesita dos hombres para moverse con ella.
5. Lo que Ucrania ha vuelto a enseñar
Desde 2022, el campo de batalla
ucraniano ha confirmado algo que la doctrina occidental tendía a olvidar y es
que la 7,62 milímetros portátil ha vuelto. No para sustituir al 5,56, sino
porque entre los 400 y los 800 metros hay una banda de distancias donde el
cartucho ligero ya no alcanza con eficacia y donde el tirador enemigo,
protegido o atrincherado, puede operar con relativa impunidad.
Noruega lo comprendió antes que
nadie y pasó de 1.900 Minimi en 5,56 a un acuerdo marco de hasta 4.000
ametralladoras ligeras en 7,62, con soporte de 20 años. No fue una ocurrencia;
fue la conclusión de un análisis sobre Afganistán y las proyecciones del flanco
norte de la OTAN. La dirección es que una ametralladora ligera de 7,62 que un
binomio pueda llevar y operar sin vehículo llena el hueco entre la MG4E y la
MG3 con trípode, cubre los 400-800 metros donde hoy el pelotón español no tiene
respuesta orgánica, y lo hace sin el coste logístico ni el peso de los sistemas
de apoyo. La pregunta entonces no es si hay que dar ese paso, sino con qué arma
darlo.
6. La arquitectura que falta
La solución no son cuatro armas
nuevas, sino cinco escalones con lo que ya existe —ordenados con criterio— y
dos compras que sí hay que hacer.
El primer escalón, para la
banda de los 0 a 500 metros y el volumen inmediato de fuego, lo cubre la MG4E.
Se mantiene donde está, dos por sección de fusiles, y se le añade lo que
hoy no tiene: óptica de ametralladora de 1 a 6 aumentos, térmico clip-on
común con el fusil y bolsas de 200 disparos con cierre rápido y supresor.
Cambiar la MG4E por otra arma de 5,56 —la FN EVOLYS 5,56 o la Minimi Mk3 en ese
mismo calibre— no arregla nada, pues se cambia una 5,56 de 7,9 kilogramos por
otra de 5,5 u 8 kilogramos, y el problema de alcance sigue sin resolverse. El
5,56 no se arregla con más 5,56.
El segundo escalón es el tirador
designado, el DMR por sus siglas en inglés. Un fusil semiautomático HK
G28 7,62 milímetros por sección, que el MOE ya recibió junto a sus MG5,
para la banda de 500 a 800 metros en misiones de precisión puntual, como es
neutralizar un francotirador, destruir el servidor de un arma o romper un
puesto de observación. Este no es el arma de volumen; es el bisturí.
El tercer escalón es la
compra que más mejora por menos dinero. Una ametralladora ligera en 7,62 por
sección de armas, agregable al pelotón según la misión; no una por
escuadra.
La referencia habitual para ese
rol ha sido la FN Minimi 7,62 Mk3: 8,8 kilogramos, cinta, 680-800 disparos por
minuto e historial de combate sólido en el Mk48 del SOCOM estadounidense y en
las compras escandinavas. Es un arma probada. El problema es que introduce un
segundo fabricante en un ecosistema donde ya existe la familia HK —G36, MG4,
HK416, MG5—, y ese segundo fabricante se traduce en dos cadenas de repuestos,
dos cursos de armero, dos contratos de sostenimiento y la vigilancia permanente
de que los accesorios —óptica, térmico, interfaz de supresor— sean realmente
comunes y no solo lo parezcan en el papel.
En DSEI 2023, HK presentó la HK421,
una ametralladora ligera de 7,62 derivada directamente de la arquitectura de la
MG5. El dato que importa es el peso, pues con el cañón de 330 milímetros, la
HK421 pesa alrededor de 8,3 kilogramos, prácticamente lo mismo que la Minimi.
Con el cañón de 421 milímetros —el que da nombre al arma— es unos 2,7
kilogramos más ligera que la MG5A2 de infantería estándar. Esto resuelve el
único argumento que justificaba salir de la familia HK para el rol portátil:
que HK no tenía nada suficientemente ligero para ese escalón. Con la HK421
sobre la mesa, ese argumento deja de existir.
Lo que la HK421 da operativamente
es lo mismo que la Minimi: cinta M13 estándar OTAN, cadencia comparable, bipie
y cañón de cambio rápido. Lo que añade respecto a la Minimi es la comunalidad
con todo lo que el ET ya tiene y seguirá comprando, de modo que el armero que
mantiene el G36E y la MG4E reconoce los mecanismos de la HK421, porque la
lógica de diseño es la misma; la óptica y el térmico que ya se licitaron para
la MG4E se montan sin adaptador en la HK421; el eslabón de cinta M13 es
idéntico al de la MG5, así que el pedido de munición 7,62 es uno solo para todo
el parque. Y encima se fabrica en España por SBS La Coruña bajo licencia HK;
añadir la HK421 a esa licencia es una ampliación de contrato, no un programa
nuevo.
La HK421 tiene un defecto real:
es nueva. Presentada en 2023, no acumula el historial de combate a escala de la
Minimi. Por eso la secuencia correcta no es comprarla a ciegas, sino evaluarla
contra la Minimi 7,62 Mk3 como patrón de referencia, con criterios duros: resistencia
en fuego sostenido, vida de cañón, fiabilidad en calor y polvo del Sahel. Si
los supera o los iguala, se tiene pureza de ecosistema, portabilidad y
producción nacional a la vez. Si no los supera en el momento de la decisión, la
Minimi entra como alternativa probada, y se acepta el coste de dos proveedores
porque el arma nacional no estaba lista, que es una razón técnica defendible.
Lo que no tiene defensa es elegir dos proveedores cuando existe una solución de
familia que cumple el requisito operativo.
El cuarto escalón es el apoyo
sostenido de 800 a 1.200 metros con la HK MG5. La MG5A2 Infantry en
trípode —unos 11 kilogramos— es el arma de sección de apoyo; la MG5A1 coaxial
tiene ya presencia en el Dragón y llegará a Pizarro y Leopardo cuando los kits
de afuste estén presupuestados y ejecutados, que es algo que Alemania tuvo que
aprender a su coste cuando la transición de la MG3 resultó mucho más cara de lo
previsto porque los afustes de vehículo no son plug-and-play. Hasta que
ese kit exista, las MG3 modernizadas no se retiran y sirven como coaxial e
instrucción.
El quinto escalón es la
Browning M2, en estándar M2A1 —con cambio rápido de cañón, headspace
y timing fijos de fábrica y apagallamas ranurado—, montada en torre
remota con térmica, telémetro y sistema de seguimiento. Es el arma pesada y, en
configuración de torre, tiene utilidad como defensa de punto contra aeronaves
lentas y merodeadores, aunque la M2 en torre no es la respuesta al problema de
los FPV. Contra un dron de primera persona de 500 euros que vuela a 80
kilómetros por hora y maniobra en tres dimensiones, la probabilidad de impacto
con proyectil unitario es baja; la respuesta real al FPV pasa por munición
airburst —espoleta de proximidad o detonación programada— y por la guerra
electrónica, que es lo que de verdad derriba pequeños drones antes de que
lleguen al punto de lanzamiento. La M2 en torre es capacidad antidrón de
emergencia; no es el programa C-UAS del Ejército, que tiene que ser otra cosa.
7. Por qué el ecosistema único no es una preferencia sino una
decisión estratégica
El ecosistema HK puro — HK416 A8
como fusil, MG4E en 5,56, HK421 en 7,62 portátil, MG5 en apoyo sostenido y
coaxial— no es la solución más cómoda para el fabricante. Es la más racional
para el Ejército y hay tres motivos para ello.
La primera es operativa. El
soldado que ya maneja G36 y MG4 reconoce la lógica de funcionamiento del HK416
y la HK421 desde el primer contacto: el selector, el cambio de cañón y el
sistema de alimentación. La curva de entrenamiento se acorta, el error bajo
estrés se reduce, y cuando el armero del batallón tiene que intervenir en
campaña, trabaja con piezas que conoce, no con un arma de otra familia que
llegó como adjudicación complementaria. En un ejército con escasez crónica de
tiempo de instrucción, eso no es un detalle, sino una ventaja táctica real.
La segunda es logística. Las tres
ametralladoras del ecosistema —MG4E, HK421 y MG5— comparten el eslabón de cinta
M13 de 7,62 OTAN; y el fusil HK416 y el G36 comparten los cargadores STANAG, lo
que evita el caos de munición y accesorios en el almacén de batallón durante la
transición. El pedido de munición de 7,62 para la sección es uno solo, sin
discriminar entre armas; la cinta de la HK421 sirve para la MG5 de trípode si
hay necesidad de redistribuir; y el almacén de munición del batallón gestiona
una sola referencia en ese calibre. En combate de alta intensidad, donde la
reposición es el cuello de botella, la simplicidad logística significa capacidad
de durar.
La tercera capa es industrial.
SBS La Coruña ya produce bajo licencia HK el G36, la MG4 y, en el Dragón, la
MG5. Ampliar esa licencia para incluir el HK416 A8 y la HK421 es una
negociación de contrato existente, no la apertura de una relación con un
proveedor nuevo; los utillajes, los procedimientos de calidad y la cadena de
inspección ya existen. El resultado es producción nacional bajo licencia
europea, con transferencia de tecnología a la industria española, sin
dependencia de un único proveedor extracomunitario. Cuantos más eslabones de la
cadena están en manos nacionales, más resistente es el programa ante una crisis
de suministro o un cambio político en el país de origen.
8. La vaca sagrada que hay que degollar
El manual de empleo de la MG42-58
en el Ejército de Tierra es de 1971. Han transcurrido cincuenta y cuatro años
y, en ese tiempo, el mundo ha pasado por las Malvinas, el Golfo, Somalia,
Afganistán, Iraq y ahora Ucrania; y el manual que describe cómo emplear el arma
de apoyo del pelotón español sigue datado en el año en que se firmó el Tratado
de Bruselas.
Esto no es anécdota. Es el
síntoma de una inercia institucional que afecta a la modernización más barata y
urgente del soldado español: la doctrinal. Comprar ametralladoras nuevas con
doctrina de 1971 reproduce el problema en el siguiente ciclo de adquisición. La
reordenación en escalones que se propone aquí exige, como parte del programa,
una publicación doctrinal nueva de empleo de armas de apoyo de pelotón y
sección, un cuadro de instructores por gran unidad formado antes del reparto
masivo de material, y un módulo de simulación para el consumo de munición 7,62
que permita practicar la táctica de doble calibre sin vaciar los depósitos de Expal
en cada ejercicio de brigada.
Sin eso, se entrega tecnología
moderna con mentalidad de posguerra. Y el resultado es el mismo que con la MG3:
un arma que hace de todo porque nadie ha decidido para qué sirve.
9. El balance final
Un fusil de asalto del siglo XXI
que la Bundeswehr ya usa, producible en SBS La Coruña bajo licencia existente.
Dos capas de fuego reales donde hoy solo existe una. Peso del sistema en el
punto de empleo —unos 25 kilogramos en dos hombres con la HK421 frente a 36 con
la MG3 y trípode— como la métrica que importa. Un ecosistema de proveedor único
que elimina por construcción la fricción logística de múltiples cadenas de
repuestos y contratos de sostenimiento. Y una doctrina escrita en este siglo.
España lleva veinticinco años
comprando armas HK fabricadas en La Coruña. Lo que no ha hecho nunca es decidir
que eso es un ecosistema y explotarlo como tal. Ese es el paso que falta.
Serie "El soldado que
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1. El
soldado español está ciego
2. La renovación del armamento ligero de infantería (este artículo)
Serie "Defender España
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1. España
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2. Desmontando la doctrina
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4. España no tiene un frente:
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