martes, 20 de octubre de 2026

El escudo empieza por los ojos

La capa alta puede esperar a 2028. Los ojos y el cerebro, no

 

INTRODUCCIÓN

En diciembre de 2025 España contrató a Raytheon cuatro unidades de fuego Patriot de configuración 3+ por unos 1.700 millones de dólares, 1.445 millones de euros. Las baterías no llegarán antes de 2030 y parte de la prensa especializada habla ya de 2031. Con los interceptores ocurre algo menos conocido. Los 51 PAC-3 MSE que autorizó Washington en 2023 se compran aparte, a Lockheed Martin, y la cifra efectivamente contratada no es pública.

En septiembre de 2026 llegó el aviso. Washington comunicó a sus aliados retrasos de hasta cinco años en Patriot, Tomahawk y otras municiones de precisión, porque la guerra con Irán había vaciado sus arsenales. El aviso es genérico y no nombra a España, cuyo retraso documentado ronda los tres años, de 2027 a 2030. La dirección, sin embargo, es la misma. Lockheed firmó en julio un contrato multianual para triplicar la producción de PAC-3 MSE hacia finales de 2030, y España espera en la cola de ese aumento.


Los anillos que debe cubrir la defensa aérea del sur, y quién los ve primero. Ilustración conceptual generada con IA; distancias y posiciones, no a escala.

Cincuenta y un interceptores repartidos entre cuatro unidades de fuego son unos trece por unidad, antes de descontar el entrenamiento, las pruebas y la reserva de guerra. Eso no es un escudo. En defensa aérea cuenta el interceptor almacenado en suelo propio el primer día, no la batería.

Este artículo sostiene algo contraintuitivo. Antes de elegir el tirador de la capa alta, España necesita tres cosas que hoy no tiene completas. La primera son sensores que vean lo que vuela bajo sobre el mar. La segunda es un único sistema de mando nacional que una a los tres ejércitos. La tercera es munición almacenada en casa. La decisión sobre el sistema alto puede esperar a 2028, cuando se sepa si la asociación entre la coreana LIG y Rheinmetall es una empresa conjunta real, si el SAMP/T NG llega a Dinamarca en plazo y si Europa decide construir su propio avión de alerta temprana.

 

1. El Patriot comprado para el teatro que no es el prioritario

El Patriot es una capacidad necesaria, pero no constituye una arquitectura de defensa aérea. España puede tener baterías modernas y seguir sin detectar a tiempo un misil rasante, sostener una campaña de interceptación o coordinar los medios de los tres ejércitos. La batería desplegada en Turquía desde 2015 opera en la lógica del flanco este de la OTAN, y las nuevas unidades refuerzan esa capacidad. Es legítimo y tiene un coste político que no conviene ignorar.

Lo que no conviene es confundir esa misión con la defensa del sur. Para la amenaza balística argelina, los Iskander, el Patriot tiene sentido. Ha interceptado misiles Kinzhal en Ucrania y no habrá sustituto disponible antes de 2031 o 2032. Pero la amenaza prioritaria en el Estrecho, Ceuta, Melilla y Canarias es otra. Es aviación de cuarta generación, misiles de crucero de baja firma, drones y munición merodeadora en masa. Marruecos tiene aprobados los lanzacohetes HIMARS desde 2023 y el primer F-16 Block 72 de su pedido voló este mismo mes. Para esa amenaza, un interceptor de teatro es la respuesta cara y mal calibrada.

El Patriot no se cancela, y además hace más de lo que suele decirse. España opera hoy tres baterías en configuración 2+, con 18 lanzadores, una de ellas desplegada en Turquía. Esas baterías disparan el GEM-T, un misil antiaéreo de largo alcance que España compra dentro de un lote de hasta 1.000 unidades. El lote lo gestiona la agencia de adquisiciones de la OTAN junto con Alemania, Países Bajos y Rumanía, y lo fabrica COMLOG, la empresa conjunta de Raytheon y MBDA. La cuota española no es pública. A partir de los 400 millones aprobados en noviembre de 2023, la prensa especializada la sitúa en torno a un centenar. Sener fabricará en Tres Cantos la sección de control del misil. El dinero adicional debe ir a interceptores y no a baterías. La cadena del PAC-3 MSE también se europeiza en parte, con pedidos de Lockheed a Sener en 2024 y a Tecnobit en enero de 2026, pero participar en una cadena de suministro no equivale a controlarla.

 

2. La regla ya está escrita

El criterio con el que se evalúa a cada proveedor se desarrolló en Comprar o no al proveedor del vecino y aquí solo se resume. La simetría de proveedor se mide por el dominio y por la posición en la cadena de valor. Se gradúa en tres niveles de severidad, que son la exclusión de dominio, la diversificación obligatoria y la interdependencia gestionada. Y se concreta en tres preguntas que deben quedar escritas en cada expediente. ¿Qué haría este proveedor si España empleara el sistema contra Marruecos? ¿Arma al mismo adversario en el mismo dominio? ¿Quién controla las actualizaciones, la munición, el código y las licencias?

Aplicada a la defensa aérea del sur, la regla produce tres resultados. Israel queda fuera de las capas críticas, porque Marruecos opera el Barak MX, desplegado según imágenes de satélite en Sidi Yahya el Gharb a menos de 200 kilómetros de Ceuta, y el SPYDER de Rafael. Quien conoce las formas de onda de un cliente conoce las del otro. Estados Unidos no puede excluirse porque nadie sustituye lo que aporta, pero ninguna capa crítica debería depender solo de su reposición. Y Francia y MBDA no deben ser proveedor único de ninguna capa crítica. No es que el Aster sea un mal misil, pero MBDA arma la defensa de corto alcance marroquí con el VL MICA, entregado en 2022, y en 2002 París se mantuvo cerca de Rabat mientras la presidencia danesa de la Unión expresaba su plena solidaridad con Madrid.

La regla se aplica también a quien parece cómodo. LIG Nex1, el fabricante coreano del L-SAM, comunicó a Naciones Unidas en 2025 la venta a Marruecos de 101 misiles portátiles Chiron y 50 lanzadores. Y el medio marroquí Barlamane sostiene que Rabat estudia comprar el Cheongung, el misil de capa media del mismo fabricante. Esa compra no está confirmada, pero si lo hiciera LIG tendría una exposición comparable a la de MBDA por el VL MICA, y lo único que los separaría sería el segundo criterio, el uso político del suministro. Corea tiene perfil de mercader y en marzo de 2026 adelantó unos treinta interceptores a Emiratos cuando su cliente estaba bajo ataque. Es una diferencia real, pero de grado.

Tampoco MBDA está fuera del inventario español. El Meteor y el Mistral son suyos, y el GEM-T sale de su empresa conjunta con Raytheon. La regla excluye al proveedor único de una capa crítica, no al que ya está dentro. Obliga, eso sí, a tratar el stock de Meteor y de GEM-T con la misma exigencia que el de PAC-3.

 

3. El problema no es el misil, es el sensor

Un radar sigue el horizonte geométrico. Con refracción atmosférica estándar, una antena a 10 metros sobre el suelo ve un misil de crucero que vuela a 5 metros a unos 22 kilómetros, y a unos 42 si el misil vuela a 50 metros. Un radar de montaña a 1.000 metros llega a entre 140 y 160 kilómetros contra esos mismos blancos. Un radar a 6.000 metros, en un avión, los ve a unos 330. Son cifras geométricas que ignoran el relieve, y el relieve recorta el alcance en la práctica. Aun así ordenan el problema. Desde la cota de un radar táctico el misil rasante aparece tarde; desde una montaña aparece lejos pero con sombras; solo desde el aire aparece pronto y sin ellas.

España tiene una red de vigilancia buena y bien mantenida. El Escuadrón de Vigilancia Aérea 11, en Alcalá de los Gazules, opera un radar Lanza 3D de Indra de unos 470 kilómetros que cubre el Estrecho y el norte de África. En Lanzarote, el EVA 22 sustituyó el RAT-31 de 1998 por un Lanza LRR que se integró en el sistema de vigilancia y control aéreo el 4 de noviembre de 2025. Pero la red tiene dos huecos que importan más que la elección del misil alto.

El primero es Melilla. Su espacio aéreo se vigila desde el EVA 9 de Motril, a unos 170 kilómetros. Las noches del 18 y el 22 de septiembre un dron de gran tamaño sobrevoló la senda de aproximación del aeropuerto, y un vuelo de Iberia procedente de Málaga estuvo casi una hora dando vueltas. Fuentes militares reconocen que no hay en la zona medios para derribar o capturar esos aparatos.

El segundo es la alerta temprana aerotransportada. España no tiene ningún avión de ese tipo y descansa en los E-3 de la OTAN. El 7 de julio, en Ankara, once aliados anunciaron la compra de hasta diez GlobalEye de Saab para sustituir parte de esa flota. España no está entre ellos, aunque sí en el grupo de ocho países que lanzó en paralelo un proyecto de alerta temprana según requisitos nacionales.

Esto importa para los misiles porque la alerta temprana es lo que convierte la distancia en tiempo. Un misil de crucero subsónico a 900 kilómetros por hora recorre 120 kilómetros en unos ocho minutos. Un Eurofighter en alerta en tierra tarda, como orden de magnitud, unos 25 minutos en estar sobre el Estrecho, entre el despegue y el tránsito. Un misil de 150 kilómetros de alcance no resuelve nada si el radar que lo guía solo ve el blanco a 40.

 

4. El anillo de 80 a 150 kilómetros, redimensionado

El anillo entre 80 y 150 kilómetros es donde un caza que lanza a distancia de seguridad, un F-16 marroquí o un Su-30 argelino, suelta su arma y se retira. Cerrarlo con un misil terrestre es más difícil de lo que parece, por cuatro razones.

La primera es que la capa media no llega. El IRIS-T SLM intercepta a unos 40 kilómetros. El SLX lo hace hasta unos 80, con 30 de techo, aunque Diehl anuncia 100 kilómetros de alcance máximo y las fuentes abiertas no explican qué parte de esa diferencia es intercepción efectiva. La segunda es que el único sistema coreano que apunta a ese anillo, el L-SAM Block I, lleva dos interceptores distintos. El balístico usa buscador infrarrojo, impacto directo y una altitud de interceptación de 50 a 60 kilómetros. El antiaéreo es el que podría cubrir el anillo. La cifra de unos 150 kilómetros circula en fuentes abiertas como alcance del sistema, pero ningún documento oficial la asigna al interceptor antiaéreo y algunos analistas la atribuyen a la versión siguiente. El sistema entrará en servicio en Corea en 2028 y no ha combatido nunca. La tercera es que el Aster 30 B1NT del SAMP/T NG sí declara más de 150 kilómetros y 25 de techo, con entregas a Francia e Italia en 2026 y a Dinamarca desde 2028, pero es el sistema de MBDA y Thales.

La cuarta razón es geográfica y política. Desde Ceuta y Melilla casi todo ese anillo cae sobre territorio marroquí. En el escenario que el proyecto sitúa en primer lugar, un conflicto limitado por debajo de la guerra abierta, derribar un caza sobre su propio suelo es una decisión de escalada que ninguna regla de enfrentamiento dejará en manos del operador de una batería. Frente a Canarias o Alborán, en cambio, buena parte del anillo es mar abierto.

Hay un misil terrestre que ya llega a ese anillo, el GEM-T de las baterías Patriot. Las fuentes abiertas discrepan sobre su alcance aerodinámico, con cifras que van de unos 70 a unos 160 kilómetros según el perfil de vuelo. La discrepancia se explica en parte porque unas cifras miden el alcance cinemático del misil y otras la distancia a la que intercepta un blanco concreto, que depende de su altura, su velocidad y su rumbo. Con el centenar estimado de misiles, el Patriot no es solo la capa antibalística. Aporta una capacidad de enfrentamiento de largo alcance real, pero escasa y condicionada por el blanco, que no equivale a cubrir el anillo. Su límite es la escasez, porque son pocas unidades de fuego, fijas y reclamadas a la vez por la misión antibalística. Antes de 2031 solo llegan el GEM-T, el Aster y, sobre el papel, el L-SAM.

La consecuencia es que ese anillo no se cierra con un misil. Se cierra con una cadena que empieza en el sensor. Un avión de alerta temprana ve el paquete de ataque cuando despega, el centro de mando asigna el blanco y el arma dispara con el dato del sensor elevado. Contra el misil de crucero, el arma es sobre todo un caza colocado en su ruta. Contra el avión que lanza, es un Meteor o un GEM-T. El tirador alto es una opción dentro de esa cadena, no su estructura.

 

5. La escalera de sensores

La alerta temprana no es un sensor sino cinco, y cada uno cubre un hueco distinto.

El primer peldaño es el espacio. El umbral de soberanía mínima que se describió en El dilema espacial de España en 2035 (cuatro a seis satélites de observación, dos o tres de comunicaciones endurecidas y acceso militar a Galileo PRS) cuesta entre 2.700 y 3.500 millones de euros entre 2025 y 2035, según esa estimación. No entra en la factura del escudo porque sirve a todo el sistema de fuerzas, pero conviene saber que la alerta de lanzamiento contra un misil balístico seguirá siendo, en el escenario base, aliada.

El segundo es la red terrestre. Los radares Lanza ya instalados cubren la costa. Faltan sensores tácticos permanentes en Ceuta y Melilla, y aquí no hay que comprar nada nuevo. El programa de mando de la artillería antiaérea del Ejército de Tierra incluye el radar MTR-10 de Indra, de antena activa, y sensores Nemus contra drones a baja cota. Se trata de decidir dónde se despliegan, y la respuesta es de forma permanente en las dos ciudades. Un radar transhorizonte en las Azores, que se propuso en otro artículo, vigilaría el Atlántico profundo; queda como opción, con otra escala de coste.

El tercero es la alerta temprana persistente, y es el peldaño decisivo. La propuesta que desarrolla el artículo sobre el AEW ligero es una flota de seis C295 con radar dorsal. Con una disponibilidad del 65 al 70%, cuatro aviones están operativos, dos en vuelo y dos en reserva, lo que permite una órbita permanente y una segunda en los picos de crisis. La flota se dispersa entre Morón y Gando, el avión se fabrica en Sevilla y su coste por hora de vuelo, con las estimaciones abiertas que maneja ese artículo, es de 8.000 a 12.000 euros. Con el presupuesto de tres GlobalEye se compran seis C295, lo que da unos 200 a 225 millones de dólares por avión equipado.

El cuarto es el escalón superior, un avión de mando de batalla con más consolas y más radar que el C295. Hay dos opciones. La primera es el GlobalEye, que cuesta entre 400 y 450 millones de dólares por avión según el consejero delegado de Saab, con entregas de la compra de la OTAN que podrían empezar en 2030. La segunda es el Argos, una hipótesis de plataforma europea sucesora sobre un A321 nuevo, con diez o doce consolas, que el artículo El Argos europeo estima en 520 a 580 millones de euros por unidad más 400 a 600 de desarrollo. El Argos no existe como programa y el proyecto de los ocho países puede ser una simple central de compras. Por eso la decisión se fija en 2028. Si no se ha lanzado, la vía es comprar dos GlobalEye. España tiene además una base industrial real, porque Airbus e Indra forman una sociedad temporal para el avión de inteligencia de señales Santiago II, sobre A321.

El quinto peldaño es la red de la Armada. Las F-100 y, desde abril de 2028 la primera F-110, aportan sensores navales de gran calidad, aunque su radar, instalado a pocos metros sobre el agua, ve poco lejos contra blancos rasantes. Se integran por enlace de datos en la imagen aérea común. Su núcleo de combate, Aegis, es estadounidense, y es una dependencia que se gestiona pero no se elimina.

 

6. Un solo cerebro

El segundo hueco de la red no es un sensor sino un nodo. Hoy conviven dos mandos y control de defensa aérea construidos sobre el mismo software, el AirDef de Indra, sin que ninguna fuente pública acredite un enlace entre ellos.

Los centros de vigilancia y control del Ejército del Aire, en Torrejón, Zaragoza y Gando, se modernizan con AirDef por 66 millones de euros, y su centro de operaciones aéreas tiene capacidad de defensa antimisil. El Ejército de Tierra adjudicó a finales de 2025 el nuevo mando de la artillería antiaérea, de 1.686,6 millones de euros sin impuestos y 2.040 con ellos, hasta 2035, para dieciocho sistemas del Ejército y uno equivalente para la Infantería de Marina. Incluye el radar MTR-10, sensores contra drones, Link-16 y neutralizadores que van del contradron al Mistral, el NASAMS y el Patriot, desplegables, según Indra, en bastante menos de media hora. Ninguna de las fuentes consultadas menciona un enlace entre ambos ejércitos ni la integración del IRIS-T en ese cerebro.

La propuesta es una arquitectura de mando nacional con interfaces comunes y requisitos verificables. Debe construir una imagen aérea reconocida por los tres ejércitos y asignar cada amenaza al arma adecuada sin duplicar disparos ni dejar blancos sin atender. También debe seguir funcionando cuando se degraden las comunicaciones. AirDef es su base natural porque ya está en ambos mandos. Se federa con la OTAN por Link-16 en tiempo normal y opera aislada cuando la crisis sea bilateral. Cualquier sistema nuevo, sea IRIS-T o capa alta, debe integrarse en ella antes de la entrega.

 

7. Los tiradores

Ceuta y Melilla. Las dos ciudades tienen amenazas que ningún misil guiado de capa media resuelve bien. El dron barato frente al que un interceptor caro es un mal cambio, y el cohete y la artillería de largo alcance, que exigen medios específicos contra cohetes, artillería y morteros. Supóngase un hostigamiento de 10 a 20 drones diarios durante los 30 días de autonomía mínima del planeamiento. Son de 300 a 600 enfrentamientos por ciudad, con reposición solo por mar o por aire. El balance de enfrentamientos por ciudad y día no figura en ninguna fuente pública y es el dato más importante que falta.

Ucrania enseña cómo se resuelve esa aritmética. Los drones interceptores de tipo Sting, de unos 2.000 dólares y con producciones de más de 10.000 al mes, derribaron más del 40% de los Shahed en el ataque masivo del 24 de mayo. Su límite también está documentado. Frente a los Shahed a reacción, que vuelan a 300-600 kilómetros por hora, la tasa total de interceptación cae al 57%, según Zelenskyy el 28 de septiembre. Contra un misil de crucero o un avión no sirven. Indra presentó el 17 de septiembre el DRIZZLE, que supera los 400 kilómetros por hora y alcanza unos 80 kilómetros, o unos 130 lanzado desde un dron nodriza. Lleva buscador electroóptico e infrarrojo y su radar está en desarrollo. No tiene todavía precio ni contrato. La capa debe ser nacional, con cañones de munición programable, guerra electrónica y drones interceptores, porque es la única cuyo ciclo de vida completo puede quedar bajo control español y la que se despliega en minutos.

La recomendación para las dos ciudades es concreta y se ejecuta por orden. Primero, el despliegue permanente de un radar MTR-10 y de sensores de detección de drones tipo Nemus en cada una, de modo que el hueco de vigilancia se cierre antes que el de efectores. Segundo, una capa de C-UAS y C-RAM de producción nacional, con guerra electrónica y cañones de munición programable. Tercero, drones interceptores nacionales contra los drones lentos, que son la parte barata de la saturación. El conjunto cuesta entre 0,5 y 1,0 bn € para las dos ciudades, una estimación propia. Sensores y C-UAS son productos maduros y pueden estar desplegados entre 2026 y 2027. Los interceptores dependen de que el DRIZZLE pase de presentación a contrato, y hoy no tiene precio ni plazo.

Familia IRIS-T. El SLM y el SLX son el eje de la capa media. Comparten el lanzador común de ocho contenedores que Diehl presentó en febrero de 2026, lo que permite escalar de 40 a 80 kilómetros sin añadir otro ecosistema logístico. El SLS, de unos 12 kilómetros, usa lanzadores y sensores distintos según el usuario; su ventaja es la familia de misiles y no la plataforma, y su lugar lo disputa el C-UAS nacional. España es socio del programa desde enero de 2004 con Sener, participa en el desarrollo del Block II con Alemania, Italia y Suecia, e Indra firmó con Diehl en marzo de 2026 un acuerdo para producir sistemas de defensa antiaérea de baja y media altura en España. El SLM tiene empleo continuado en combate en Ucrania y no tiene recorrido antibalístico. Hay dos riesgos. El relevo del Hawk, dentro de un plan de unos 6.000 millones de euros que reparte esa cifra entre cuatro programas, enfrenta al SLM con el NASAMS y el CAMM-ER sin ganador anunciado. Y Diehl también tiene cola de pedidos, porque el acuerdo marco alemán se entrega hasta 2030. La condición es ensamblaje final y stock en España a través del acuerdo Indra-Diehl.

Eurofighter con Meteor. Con Halcón I, 20 aviones, y Halcón II, 25 más, la flota llegará a 115 Eurofighter. El caza no cierra el anillo disparando a 150 kilómetros. Lo cierra desplazándose hasta él. España compró en 2009 unos 100 Meteor, entregados entre 2014 y 2020. Con dos misiles por enfrentamiento son unos cincuenta enfrentamientos para toda la flota. Ese stock debe reservarse para el avión lanzador. Ucrania muestra el reparto real. La Fuerza Aérea ucraniana atribuye a sus F-16 unos 666 misiles de crucero y unos 2.500 drones derribados, con misiles de corto y medio alcance, y sus pilotos recurren ya al cañón porque los misiles se agotan. Para España, el efector principal contra crucero sería el IRIS-T aire-aire, de una familia en la que la industria española es copropietaria, y su stock debe comprarse con la misma prioridad que el PAC-3. El otro límite es la aritmética de la patrulla. Mantener una pareja permanente en estación, con 1,5 salidas por avión disponible y día y una disponibilidad del 65%, exige unos 25 aviones asignados por estación si cada salida dura dos horas, y unos 12 si dura cuatro con apoyo de cisterna. España tiene tres A330 MRTT, y Defensa ha mostrado disposición a retrasar la ampliación de esa flota a favor de Polonia. El modelo realista es la alerta en tierra guiada por el avión de alerta temprana, con patrulla solo cuando el sensor ve formarse un paquete de ataque.

Las reglas de enfrentamiento sobre este anillo no pueden improvisarse. Con ocho minutos de vuelo de un crucero frente a veinticinco de alerta, la autorización debe estar delegada de antemano en el mando de defensa aérea, con envolventes predefinidas por escenario, por línea geográfica y por tipo de amenaza. Parte de ese anillo es espacio aéreo internacional y parte es espacio marroquí. Abatir un lanzador dentro del segundo es un acto de guerra, y esa decisión sí corresponde a la autoridad política. Quién autoriza qué y con qué margen es una decisión de gobierno que precede a la compra de cualquier misil.

Patriot. Defensa antibalística de teatro con PAC-3 MSE y, con GEM-T, efector terrestre del borde del anillo de 80 a 150 kilómetros. Se compran interceptores, no baterías, y se prioriza el stock en suelo español. Su escasez de unidades de fuego obliga a elegir, en cada crisis, entre la misión balística y la aerodinámica.

 

8. La capa alta terrestre puede esperar a 2028

Con esta estructura, la pregunta sobre el sistema alto cambia. Ya no es qué misil cierra el anillo de 80 a 150 kilómetros. A ese anillo llegan ya la cadena de sensor, mando y caza y, en tierra, el GEM-T que España compra, aunque con pocos medios. La capa alta soberana deja de ser la única forma de alcanzarlo y pasa a ser la forma de hacerlo con suficiencia y sin depender de Raytheon y MBDA. Es un objetivo legítimo, pero menos urgente, y la decisión puede esperar a 2028, cuando se resuelvan tres incógnitas.

La primera es si la asociación de LIG y Rheinmetall se convierte en una empresa conjunta. El 15 de junio de 2026 Rheinmetall habló de una intención de formarla, sin calendario ni términos, y el L-SAM aparece solo en la descripción corporativa de LIG. Según la prensa coreana especializada, además, el contrato de producción en serie del L-SAM, de noviembre de 2025 y con entregas hasta 2030, es de Hanwha Aerospace, que fabrica el interceptor balístico y los lanzadores, y el radar es de Hanwha Systems. LIG aportaría el interceptor antiaéreo y la integración. Una empresa conjunta con LIG sola no cubriría el interceptor balístico ni el radar. Corea tiene además que atender primero su propio frente.

La segunda es el contrato. El L-SAM debería adquirirse con la mezcla de interceptores balísticos y antiaéreos que prevé la doctrina coreana, dos lanzadores de cada tipo por batería, porque sin el interceptor antiaéreo se compra un sistema de defensa balística corto y no una capa de área. Radar y mando deberían integrarse con AirDef desde el diseño. Esa es la palanca industrial real, porque convierte una compra de material coreano en una capacidad en la que Indra es copropietaria del nodo.

La tercera es el Cheongung. Si la compra marroquí se confirma, LIG deja de ser un proveedor aceptable para la capa alta y el plan B pasa a ser el plan A.

La decisión de compra puede diferirse a 2028, pero su preparación no. El aplazamiento solo es aceptable si antes de esa fecha el stock de interceptores está contratado, el hueco de vigilancia del sur está cerrado y un ejercicio ha demostrado que la cadena de sensor, mando y caza responde a los escenarios prioritarios. Hay tres indicadores para medirlo, que el Ministerio debe calcular aunque no los publique. Son los días de combate que sostienen las existencias, los enfrentamientos simultáneos que gestiona la arquitectura y el tiempo entre la detección y el disparo. Si en 2028 alguno sigue en rojo, la capa alta deja de poder esperar.

Ese plan B es el SAMP/T NG, que ya en 2028 estará entregándose a Dinamarca. Eurosam, su fabricante, es una empresa conjunta de MBDA y Thales, de modo que Leonardo participa solo a través de MBDA, y la llave seguiría siendo francesa. La regla no impide estar en los programas comunes, pero sí tener en solitario la llave de una capacidad crítica. La vía a explorar es adquirirlo con coproducción y stock en España y con un mecanismo multinacional de reposición que diluya el control de París, quizá junto a Italia. No hay garantía de que esa fórmula exista, y la alternativa es decidir con conciencia de lo que se acepta.

 

9. Cuánto cuesta y qué se puede hacer en España

La siguiente tabla recoge el núcleo de la propuesta. Son órdenes de magnitud con bandas de ±30% y su base está indicada, porque ninguna cifra procede de un contrato publicado salvo la referencia alemana y el precio del GlobalEye.

El núcleo equivale a entre 0,46 y 0,70 miles de millones al año entre 2027 y 2040. Con un PIB de unos 1,65 billones de euros, un gasto del 2,5 al 3% y la hipótesis de que una cuarta parte vaya a inversión, supone entre el 4 y el 7% del presupuesto anual de inversión. El dinero, con esas hipótesis, no es la restricción dominante. Lo son el tiempo y la capacidad industrial. El mando ya adjudicado de Tierra y los centros del Aire quedan fuera de la tabla porque son gasto comprometido. Falta el perfil anual detallado, la plantilla y la comparación con países de referencia más allá de Alemania, y se dejan como trabajo pendiente.

España puede hacer en casa el mando AirDef, los radares Lanza y MTR-10, la célula del C295 en Sevilla, la conversión de un A321 en Getafe, el ensamblaje final del Eurofighter, las secciones de control del IRIS-T y del GEM-T con Sener, el ensamblaje final del IRIS-T bajo el acuerdo Indra-Diehl, el C-UAS y los drones interceptores. No puede hacer hoy el GlobalEye, el Meteor, el misil completo PAC-3 MSE o GEM-T, los interceptores del L-SAM o el Aster, un radar de alerta temprana de gran apertura ni el núcleo Aegis y SPY-7 de la Armada.

La industria española participa, además, en tres niveles distintos. El primero es el control, y la única candidata es la familia IRIS-T. España es socio del programa desde 2004, y el acuerdo de Indra con Diehl de marzo de 2026 prevé desarrollar en España una solución de defensa aérea de medio alcance. El anuncio no garantiza el ensamblaje final, el acceso a los componentes críticos ni el control de las licencias, y eso es lo que hay que negociar. El segundo es la participación en cadenas ajenas. Sener fabrica en Tres Cantos la sección de control del GEM-T y recibió pedidos de Lockheed en 2024 para el PAC-3 MSE, y Tecnobit otro en enero de 2026. Eso sostiene empleo y capacidad, pero no da autonomía, porque quien decide el suministro y las licencias de exportación sigue siendo el fabricante. El tercero es la ausencia, con el Meteor, el GlobalEye y el misil completo PAC-3 MSE o GEM-T, que hoy no pueden hacerse aquí.

Calendario y puertas de decisión. Entre 2026 y 2027 se asegura el stock de interceptores, con prioridad para el IRIS-T aire-aire y el GEM-T, se despliegan los medios de Ceuta y Melilla con drones interceptores nacionales, se contrata el IRIS-T SLM, se define el radar del C295 con una solución sin proveedor israelí y se funden los dos mandos en un linaje AirDef. En 2028 hay tres puertas. La del Argos, con sus tres indicadores. La de la capa alta, con empresa conjunta real, mezcla de interceptores e integración con Indra, y sin compra marroquí del Cheongung. Y la del SLX, cuya serie está prevista para 2029 y que, si se retrasa, deja al SLM cubriendo lo bajo. Ese mismo año llega la primera F-110. Entre 2029 y 2033 llegan el SLX, los C295 y el Halcón II. A partir de 2033 se incorporan el escalón superior de alerta temprana y, si procede, la capa alta terrestre.

 

10. Qué no dice este artículo

España no necesita decidir hoy qué sistema extranjero completará su capa alta. Necesita llegar a 2028 con los sensores desplegados, el mando integrado, las existencias de interceptores aseguradas y las alternativas industriales evaluadas.

La elección final debe depender de la eficacia operativa, disponibilidad sostenida, integración en el mando nacional y control efectivo del suministro.

El proveedor puede cambiar, pero la arquitectura no debería depender de él.

 

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