El lanzacohetes que España ya debería estar comprando
1. Quince años sin cohetes
El 31 de diciembre de 2011, el
Ejército de Tierra retiró el Teruel, el lanzacohetes múltiple de 140 mm que
entonces equipaba al RALCA 62 en Astorga. No fue una modernización. Fue una
amputación sin sustituto. El actual RALCA 63 conserva la tradición y la misión
de fuegos en profundidad, pero sigue sin disponer de material lanzacohetes.
España no está intentando
sustituir un lanzacohetes viejo. Lleva quince años intentando recuperar uno que
dejó morir.
Ese vacío no es táctico. Un
ejército que no puede batir objetivos más allá de los veinte kilómetros de la
artillería de tubo convencional depende de sus aliados para cualquier operación
de profundidad, de contrabatería frente a sistemas enemigos de largo alcance y
de la interdición de los nodos logísticos, de mando y de reservas del
adversario. En los conflictos contemporáneos, y Ucrania lo ha demostrado con
una elocuencia que ningún manual de doctrina puede igualar, quien no tiene
cohetes no tiene fuegos de profundidad. Y quien no tiene fuegos de profundidad
no tiene iniciativa operacional.
El programa SILAM (Sistema de
Infantería de Largo Alcance Múltiple) se adjudicó en 2023 a la UTE
Escribano-Expal, con un presupuesto de 697 millones de euros con IVA, para doce
lanzadores PULS de Elbit Systems. El 9 de septiembre de 2025, esa adjudicación
quedó cancelada como consecuencia directa de la política española de
desconexión tecnológica con Israel tras el conflicto en Gaza. España volvió al
punto de partida.
K239 Chunmoo. El mismo sistema que Polonia lleva desplegando
desde 2023; España, sin equivalente desde 2011. Imagen del ROK Ministry of
National Defense.
Lo que ocurrió después es lo que
exige análisis. Y el análisis apunta en una dirección que el Ministerio de
Defensa todavía no ha enunciado en voz alta.
2. El K9 abre una puerta que España todavía no ha utilizado
En diciembre de 2025, Defensa
formalizó el programa de obús autopropulsado de cadenas, con un presupuesto de
unos 4.554 millones de euros con IVA, y en 2026 Indra cerró con Hanwha
Aerospace los acuerdos para fabricar en España el K9 Thunder, el último de
ellos firmado en agosto. El acuerdo incluye 128 obuses autopropulsados de 155
mm, 120 vehículos de reabastecimiento de munición K10, 11 puestos de mando y 21
vehículos de recuperación acorazada, por un importe total de unos 4.554
millones de euros. Indra diseñará y fabricará las barcazas en El Tallerón, en
Gijón; integrará los sistemas de misión, el sistema de gestión del combate
(BMS, por sus siglas en inglés) y las comunicaciones, con autoridad de diseño
sobre la plataforma española y una inversión industrial comprometida de unos
130 millones de euros.
No es el mismo camión que el
K239. Es la misma relación industrial. Y eso importa porque la adquisición del
K9 ya está pagando parte del coste de aprender a trabajar con Hanwha Aerospace,
transferir tecnología y producir en España.
Esa relación abre una puerta.
Hanwha Aerospace fabrica también el K239 Chunmoo y España dispone ya de una red
de integración nacional (Indra, Escribano, Expal, la infraestructura industrial
de El Tallerón) y de una lógica de transferencia tecnológica negociada y en
marcha. Activar esa red para un segundo sistema de armas del mismo proveedor sería
la secuencia lógica de lo que España acaba de firmar.
La hipótesis no es exclusivamente
española. En enero de 2026, Hanwha Aerospace cerró el contrato de suministro
del K239 a Noruega: 16 lanzadores, munición guiada y un paquete completo de
instrucción y sostenimiento por unos 922 millones de dólares. Noruega había
contratado el K9 antes. El 10 de septiembre de 2026, Croacia firmó la
adquisición de 18 K239 con entregas hasta 2029, añadiendo un contrato
independiente con WB Electronics para el mando y control (C2), es decir, el
sistema que enlaza sensores, puestos de mando y lanzadores. Polonia lleva 156
módulos entregados a finales de 2025 de un total de 290 contratados, y firmó en
diciembre de 2025 el acuerdo para fabricar munición CGR-080 en su territorio
desde 2030. El Chunmoo ha dejado de ser una solución exótica y se ha convertido
en uno de los nuevos ecosistemas europeos de fuegos de profundidad.
3. Chunmoo: un lanzador, varias profundidades
El K239 es un sistema de
lanzamiento múltiple montado sobre un camión 8×8. Su rasgo definitorio es la
arquitectura de doble pod independiente: cada lanzador puede cargar
simultáneamente dos pods de munición diferente, lo que permite mezclar misiones
en una misma plataforma sin reconfiguraciones de tiempo. HIMARS, con su pod
único, no tiene esa capacidad.
La familia de munición
públicamente asociada al K239 tiene cinco escalones:
CEP (error circular probable): radio del círculo dentro del
cual cae la mitad de los disparos.
El CGR-080 existe también en
configuración de munición en racimo. España, como Estado parte de la Convención
sobre Municiones en Racimo en vigor desde agosto de 2010, solo podría
plantearse la variante de cabeza unitaria.
El CTM-290 merece una nota de
geografía estratégica. Desde posiciones en el Campo de Gibraltar, los 290
kilómetros sitúan Rabat dentro del alcance nominal del sistema, a unos 265
kilómetros; Casablanca, a unos 345, queda fuera. Su alcance se queda deliberadamente
por debajo del umbral de 300 kilómetros del Régimen de Control de Tecnología de
Misiles (MTCR). No es un tratado, sino un compromiso político entre los países
adheridos, España entre ellos desde 1990, para controlar lo que exportan. Los
sistemas capaces de llevar 500 kilos a más de 300 kilómetros, llamados de
Categoría I, están sometidos a una "fuerte presunción de denegación";
los que superan los 300 kilómetros con una carga menor, de Categoría II, se
autorizan caso por caso. Quedándose por debajo, Corea puede exportar la CTM-290
como un sistema convencional más. El régimen no limita lo que cada país
desarrolla; condiciona lo que se transfiere, y ahí está su verdadero peso. El
sexto escalón está llegando. Noruega ha contratado munición del sistema con
capacidad de hasta 500 kilómetros, que recibirá en 2030 y 2031, aunque Hanwha
Aerospace no ha publicado sus características y no hay datos de su
cualificación. España no debe anclar ninguna fase del programa en ese misil
hasta que esté probado; sí debe asegurarse desde el principio una opción de
compra y, como sostiene la sección 9, una participación en su fabricación y en
su evolución.
4. Los tres problemas que doce lanzadores no resuelven solos
La sección anterior describe
munición. Esta describe el problema real.
El primer problema: el
requisito de alcance. El concepto Fuerza 35 estableció para la batería de
lanzacohetes orgánica de brigada un alcance en torno a los 120-130 kilómetros.
El CGR-080 alcanza 80 kilómetros. Una Fase A con solo CGR-080 no satisface ese
requisito. La solución no es renunciar al Chunmoo; es contratar la CTM-MR como
opción desde el primer día, con precio y plazo de ejercicio establecidos en el
contrato, no como aspiración política.
El segundo problema: el
sistema de fuegos. España no necesita comprar lanzadores o no sólo.
Necesita comprar un sistema de fuegos. La experiencia ucraniana, documentada
con precisión por RUSI, ha demostrado que los sensores de adquisición de
objetivos, el radar de contrabatería, los drones (UAV) de inteligencia,
vigilancia y reconocimiento (ISR) y un mando y control capaz de cerrar el ciclo
sensor-tirador determinan la eficacia tanto como el lanzador mismo. Sin esa
cadena, doce lanzadores son doce vehículos caros esperando coordenadas. Una
Fase A que solo compra el camión no compra capacidad.
El problema crece con el alcance.
Los drones de una batería ven decenas de kilómetros; un objetivo a 160, 290 o
500 kilómetros dentro de Marruecos exige drones de gran autonomía, satélites e
inteligencia conjunta, medios que pertenecen al Ejército del Aire y del Espacio
y al Estado Mayor de la Defensa, no al Ejército de Tierra. Y en un escenario
bilateral con Rabat no hay garantía de que los datos aliados fluyan. Sin esa
cadena nacional, la munición larga solo sirve contra blancos fijos conocidos de
antemano, que es mucho menos de lo que promete.
La lista mínima para que una Fase
A sea un sistema y no una foto incluye vehículos de recarga (K239T o
equivalente), un stock inicial de CGR-080 cuantificado, un radar de
contrabatería o lote puente, UAV de designación integrados en el BMS, un plan
de polígono viable para disparo a 80 kilómetros antes de 2029 y el apoyo
logístico integrado (ILS), que agrupa instrucción, repuestos y sostenimiento
durante la vida del sistema. Noruega acaba de demostrarlo: 16 lanzadores con
munición guiada, ILS y paquete completo costaron unos 922 millones de dólares,
dentro de un programa de fuegos que se aproxima a los 2.000 millones. Doce
lanzadores españoles, si la Fase A incluye munición y sensores, no saldrán por
400 millones. Un orden de magnitud honesto es "por encima de mil millones
si se compra el sistema; sustancialmente menos si se compra solo el
camión". La segunda opción no es una Fase A; es aplazar el problema.
El tercer problema: la
orgánica. El concepto Fuerza 35 hablaba de una batería de lanzacohetes por
brigada, pero ese modelo estaba pensado para cohetes de 80 kilómetros. Con
munición de 160 o 290 kilómetros, los fuegos de profundidad son un activo de
división y de teatro, y se concentran en grupos; la sección 10 desarrolla el
argumento. Dos baterías de seis lanzadores son la decisión correcta para la
capacidad operativa inicial (IOC, por sus siglas en inglés), es decir, el
primer escalón capaz de cumplir la misión. Si no se distingue ahora entre esa
IOC y el objetivo de fuerza, los doce iniciales acabarán siendo, como tantas
veces, la cifra definitiva.
5. Polonia: comprar primero, fabricar después
El caso polaco es el precedente
que el debate español cita sin extraer la lección que importa.
Polonia firmó su primer contrato
de 218 lanzadores Homar-K en noviembre de 2022, cuando no tenía ni una línea de
producción de CGR-080 ni un operador formado. El segundo contrato, de 72
unidades adicionales, llegó en abril de 2024. A finales de 2025, Hanwha había
entregado 156 módulos, de los que al menos 108 estaban ya montados sobre camión
Jelcz y en servicio. El 29 de diciembre de 2025 firmó el acuerdo para producir
CGR-080 en la fábrica de Gorzów, en una empresa conjunta de Hanwha y WB
Electronics, con primeras municiones nacionales previstas para 2030.
La secuencia polaca fue compra de
capacidad operativa, formación, operación, negociación industrial desde la
posición de usuario consolidado y, por último, fabricación nacional. No al
revés.
Polonia partía de cero en cohetes
guiados de 239 mm. España cuenta con Rheinmetall Expal y sus capacidades
industriales en propulsión de cohetes, munición y fabricación de componentes,
aunque no dispone hoy de una línea española cualificada para fabricar el
CGR-080. Ese conocimiento reduce el tiempo de la Fase B española respecto a la
polaca; no lo elimina, pero acorta la curva.
La soberanía no es una condición
de entrada; es una trayectoria de adquisición.
6. Tres alternativas y una decisión
El lector informado tiene derecho
a una pregunta directa: ¿por qué Chunmoo y no HIMARS, EuroPULS o un programa
nacional?
HIMARS ofrece madurez
demostrada, interoperabilidad con el parque estadounidense de munición guiada y
una cadena logística OTAN establecida. Su limitación no es técnica. Es
estructural. El empleo de misiles ATACMS o de cohetes guiados GMLRS avanzados
bajo HIMARS está sujeto al reglamento estadounidense de tráfico internacional
de armas (ITAR) y a autorización caso por caso para cualquier reexportación. No
se trata de que Washington exija permiso para cada disparo; se trata de que
España dependería del ecosistema de munición, software y repuestos de un único
proveedor cuya agenda estratégica es la suya, no necesariamente la española. El
argumento no es de desconfianza política; es de planificación de capacidades.
EuroPULS es una
arquitectura sólida con creciente implantación europea en Países Bajos,
Dinamarca, Grecia y Alemania. Técnicamente merece ser evaluado con seriedad. El
problema es político-industrial, porque el PULS sigue siendo un sistema de
Elbit Systems. La caída del SILAM fue la consecuencia directa de que España no
puede anclar una capacidad crítica de fuegos en tecnología israelí mientras ese
vínculo permanezca políticamente intransitable. El caso alemán añade que la
independencia física del lanzador no elimina las restricciones sobre munición
estadounidense, pues Washington rechazó durante 2025 y 2026 la integración de
GMLRS en EuroPULS.
Hay además un argumento que
sobrevive a cualquier cambio de Gobierno en Madrid. Israel vende a Marruecos la
defensa antiaérea Barak MX y el sistema SPYDER, y conoce, por tanto, las firmas
radar, las formas de onda y los parámetros de los interceptores con los que
Rabat protegería su territorio. Marruecos, además, ya opera el PULS. Un sistema
de fuegos español construido sobre tecnología de Elbit se enfrentaría a un
adversario que conoce el lanzador desde dentro y cuyo proveedor conoce la
arquitectura de ambos bandos, conocimiento que podría compartir con en aliado
estratégico como Marruecos. El embargo es reversible, pero ese conocimiento
compartido no lo es.
El desarrollo nacional,
presentado a finales de 2025 por Escribano (EM&E) y Rheinmetall Expal, y
que en agosto de 2026 Defensa todavía pedía reforzar con más participación de
la industria nacional, tiene una lógica industrial comprensible. La propuesta
implica desarrollar y cualificar una familia completa de lanzadores, vehículos
de reconocimiento, puestos de mando y munición cuya madurez industrial todavía
debe demostrarse. En ausencia de un calendario contractual público, 2035 sería
una estimación optimista para alcanzar una capacidad inicial plenamente madura.
España llevaría entonces 24 años sin cohetes. El riesgo tecnológico y de
calendario de esta opción es sustancialmente mayor que el de adquirir un
sistema en producción y en servicio.
El Chunmoo es maduro, está
en producción, tiene usuarios europeos con contratos en curso, ha demostrado
viabilidad de fabricación nacional de munición y, sobre todo, permite activar
una relación industrial española ya construida y pagada con el K9. No es una
solución perfecta; es la menos imperfecta entre las disponibles en el plazo que
el vacío de capacidad exige.
7. Marruecos ya tiene profundidad de fuegos
Mientras España lleva quince años
sin lanzacohetes, Marruecos ha construido varias familias operativas de
lanzacohetes múltiples (MLRS, por sus siglas en inglés).
El BM-21 es capacidad de
saturación táctica, no profundidad operacional. El PHL-03 cuenta con aproximadamente
36 sistemas operativos de largo alcance, en servicio desde finales de la década
pasada, con alcance suficiente para batir el Campo de Gibraltar y proyectar
fuegos sobre Andalucía occidental desde la orilla norte marroquí. Desde la
costa de Tarfaya, ese mismo sistema cubre Fuerteventura y Lanzarote, a entre
110 y 130 kilómetros. El PULS está operativo al menos desde 2025, aunque la
cifra exacta de lanzadores no es pública. Los 18 HIMARS fueron autorizados en
2023; la documentación abierta confirma que 10 figuran "on contract"
para el programa de apoyo FY2027, aunque eso no fija por sí solo las fechas de
entrega.
El inventario marroquí no plantea
un escenario de guerra inminente, pero sí algo más relevante para el
planeamiento de capacidades: una asimetría que existe independientemente de la
política. Marruecos puede batir objetivos en profundidad desde el norte y el
sur del país. España, a día de hoy y durante muchos años si seguimos con el
plan establecido, no puede hacer lo mismo ni desde la Península ni desde
Canarias.
8. La dependencia también es una variable militar
La asimetría de inventario tiene
una segunda dimensión que el debate público español ignora.
Estados Unidos considera a
Marruecos un Major Non-NATO Ally desde 2004, mantiene una relación de
cooperación militar estable y consolidada que incluye los ejercicios African
Lion y, en abril de 2026, ambos países firmaron una nueva hoja de ruta de
defensa para el período 2026-2036. España no debería diseñar una capacidad
crítica de fuegos suponiendo que el proveedor estadounidense será políticamente
indiferente en un escenario bilateral hispano-marroquí. Esa es una hipótesis de
planeamiento, no una afirmación sobre intenciones.
Si España adoptase HIMARS, su
cadena de munición guiada dependería del sistema estadounidense de ventas
militares al extranjero (FMS). Washington no necesitaría vetar ningún disparo;
le bastaría con ralentizar la reposición de munición, las actualizaciones de
software o el suministro de repuestos. En una crisis bilateral donde Washington
mantuviese intereses sustanciales en ambas orillas del Estrecho, esa
dependencia dejaría de ser teórica. ¿Suministraría EE.UU. sus proyectiles a
España en caso de conflicto con su Major Non-NATO Ally? Probablemente,
no.
Hay un segundo argumento sobre el
adversario específico. Un K239 español sería menos familiar para las Fuerzas
Armadas Reales (FAR) marroquíes que un PULS o un HIMARS. Las características
principales del sistema son públicas, pero Marruecos no tendría experiencia
orgánica con la configuración española concreta, sus procedimientos de mando y
control, su doctrina de empleo y su sostenimiento. Esa diferencia no da ventaja
táctica decisiva, pero preserva la opacidad mínima que cualquier planificación
de disuasión requiere.
Compartir sistema y munición con
Polonia aumenta la interoperabilidad dentro de la arquitectura Chunmoo.
Interoperar con Alemania, Países Bajos y otros usuarios de PULS exige otra
cosa: mando y control compartido, enlaces de datos, procedimientos y estándares
comunes. La interoperabilidad OTAN no la da el camión; la da el ecosistema de
mando, control y munición. Eso vale tanto para el Chunmoo como para cualquier
otro sistema.
9. La propuesta PARA ESPAÑA: capacidad primero, soberanía después
La Fase A debería tener un
objetivo definido, como es recuperar la capacidad de fuegos en profundidad
antes de 2030. Eso significa un lote inicial de doce lanzadores como IOC, no
como objetivo final de fuerza, pero basadas ya en el eje Córdoba-Sevilla, como
núcleo del futuro grupo del teatro sur. Los primeros cohetes van donde está la
amenaza.
Una Fase A que solo compra doce
lanzadores repite el error conceptual del SILAM, porque aquellos doce PULS
tampoco eran un sistema. La Fase A debe presupuestar vehículos de recarga, una
cantidad concreta de CGR-080 (no "munición suficiente" en prosa), un
radar de contrabatería o lote puente, UAV ISR integrados en el BMS, un polígono
de entrenamiento habilitado para alcances de 80 kilómetros antes de 2029 e ILS.
Ese es el precio real de recuperar la capacidad; el precio de comprar solo los
camiones es la mitad de una capacidad que no sirve.
La CTM-MR y la CTM-290 deben
figurar como cláusulas de opción con precio y plazo de ejercicio desde el
primer día, junto con la autorización de exportación coreana para el misil
largo, que Seúl ya concedió a Polonia. Sin ellas, la brecha de 120-130 kilómetros
que establece Fuerza 35 seguirá abierta el día de la IOC, y el grupo canario
nacerá sin la munición que justifica su existencia.
La Fase B, entre 2030 y 2035, es
la fabricación en España y no puede negociarse como una segunda etapa separada.
Debe firmarse en el mismo contrato que la Fase A, como hizo Polonia en 2022 al
incluir en su acuerdo marco la versión sobre camión Jelcz, porque la
integración del lanzador sobre chasis nacional necesita diseñarse y
cualificarse entre 2027 y 2029 para que el primer ejemplar español salga en
2030. Esperar a que la Fase A esté entregada para empezar a negociar la Fase B
es la forma más segura de convertir la brecha entre el lanzador doce y el trece
en años perdidos.
Los cuarenta y ocho lanzadores
restantes se ensamblan sobre chasis nacional o europeo, con mando y control y
sensores españoles, y en paralelo se coproduce el CGR-080 con Hanwha Aerospace,
con Rheinmetall Expal como candidato natural por su conocimiento en propulsión
de cohetes. Producir bajo licencia no es soberanía plena, porque la propiedad
intelectual y la autorización del fabricante siguen pesando; pero es el paso
intermedio indispensable. El contrato debe incluir, además, una cláusula de
respaldo: si el primer lanzador español no está cualificado en 2031, España
ejerce una opción de unidades adicionales fabricadas en Corea, ya integradas
con el mando y control nacional. Un retraso industrial no tiene por qué
convertirse en un retraso operativo.
La Fase C, a partir de 2035,
cierra el ciclo con la autoridad de diseño progresiva sobre la munición de
largo alcance y el núcleo de fuego del lanzador. Polonia, que compró en 2022,
fabricará sus primeros cohetes en 2030 por transferencia de tecnología y
todavía no tiene autoridad de diseño; esa trayectoria se mide en más de una
década. Ese es el plazo de la soberanía, no el de la fuerza, que puede estar
completa en 2035.
La soberanía, sin embargo, no
culmina en fabricar el cohete de 80 kilómetros, ni siquiera en coproducir la
CTM-MR. Culmina en la munición más larga. Noruega ha demostrado que Corea está
dispuesta a venderla: su contrato de enero de 2026 incluye misiles con
capacidad de hasta 500 kilómetros, que se fabricarán en Polonia. España debe
pedir lo mismo y algo más. Lo mismo es la opción de compra de esa munición
desde la Fase A. Algo más es una Fase D, la fabricación en España de la
munición de largo alcance y el codesarrollo con Hanwha Aerospace de sus
versiones futuras, de 500 kilómetros o más, con propiedad intelectual
compartida. Comprar a una fábrica polaca lo que diseña Corea no reduce la
dependencia; la duplica.
Su acuerdo marco debe firmarse en
2026, junto con las Fases A y B, porque es entonces cuando España negocia como
cliente de sesenta lanzadores y no como usuario ya dependiente. El desarrollo
ocuparía la década siguiente; las primeras unidades de serie llegarían hacia
2037-2040, cuando la fuerza completa lleve ya varios años disparando munición
coreana.
La vía bilateral es preferible a
la europea, y no por capricho. Los grandes programas europeos, del A400M al
bloqueado FCAS, reparten la carga industrial por cuotas nacionales, acumulan
años de retraso y terminan en manos de París o Berlín; en fuegos de largo
alcance, además, Francia y Alemania tienen industrias de misiles propias que
proteger, y España no. El acuerdo con Hanwha parte de una base que ya existe,
la CTM-290, y tiene una ventaja que ningún consorcio ofrece: el fabricante de
la munición es también el del lanzador, de modo que la integración no depende
de un tercero. España no llegaría como mera pagadora. Aportaría el mercado de
referencia en Europa occidental, una segunda línea de producción en suelo
europeo, la propulsión de Rheinmetall Expal, los actuadores de SENER, la
navegación resistente a interferencias de GMV y un polígono atlántico donde
disparar a 500 kilómetros sobre mar abierto.
Preferir la vía bilateral no
obliga a ignorar la europea. España no forma parte de ELSA, la iniciativa
europea de ataque de largo alcance que agrupa a Francia, Alemania, Italia,
Polonia, Suecia y el Reino Unido. Polonia demuestra que ambas cosas no se excluyen,
porque es a la vez el mayor usuario del Chunmoo y socio de ELSA. Estar dentro
no obliga a cambiar de lanzador; quedarse fuera significa no tener voz en lo
que Europa decida sobre fuegos de largo alcance durante la próxima década.
El obstáculo no es industrial,
sino político, y está en Seúl, aunque es menor de lo que parece. La fuerte
presunción de denegación del MTCR solo rige si la munición puede llevar 500
kilos a más de 300 kilómetros; con una cabeza más ligera, la transferencia se
decide caso por caso, y Corea ya ha aceptado montar líneas de misiles en
Polonia. Lo que nunca ha concedido es propiedad intelectual compartida sobre un
misil. Si se niega, el plan B no es el consorcio europeo, sino la fabricación
bajo licencia en España, como la polaca. Da menos soberanía, pero sigue siendo
mucho más que no tener nada.
Todo este calendario cuelga de
una posible adjudicación en 2026. No hay procedimiento público en marcha, y el
año está a punto de terminar. Noruega, que firmó en enero de 2026, recibirá los
lanzadores en 2028 y 2029 y los misiles en 2030 y 2031; ese es el plazo de
referencia, y España entraría en la cola de Hanwha detrás de ella, de Polonia y
de Croacia. Si Defensa no adjudica el programa antes de fin de año, la IOC con
munición se desplaza a 2031 y la fuerza completa a 2036. Cada trimestre de
retraso en la firma no es un retraso administrativo; es un año menos de margen
antes de que España tenga que explicar por qué seguía sin cohetes de
profundidad dieciséis años después de retirar el Teruel.
10. El objetivo de fuerza: cuántos, dónde y fabricados por quién
Los doce lanzadores de la Fase A
nunca fueron un objetivo de fuerza; son el punto de partida mínimamente
defendible para reconstituir la capacidad. Confundir ese arranque con el
objetivo final sería repetir el error que condenó la artillería de cohetes
española durante quince años.
La comparación es demoledora y
hay que enunciarla como dato. Marruecos alinea hoy unos 36 PHL-03, al menos una
batería de PULS y 18 HIMARS autorizados; se acerca a los sesenta lanzadores de
largo alcance si se cuentan los HIMARS autorizados, sin sumar los BM-21 de
saturación. Polonia contrató 290. Croacia, un país de cuatro millones de
habitantes, firmó 18. España, cuarta economía del euro, con dos frentes
marítimos y un archipiélago atlántico, aspira a doce. La cifra no resiste el
contraste.
10.1. El bloque de
construcción
Para derivar un objetivo de
fuerza de la misión, y no del presupuesto, hace falta fijar primero la unidad
de medida. La práctica OTAN para artillería de cohetes sobre ruedas es estable
en este punto.
El grupo de 18 lanzadores equivale en volumen a un batallón de lanzacohetes europeo estándar. Es la unidad que sostiene una misión de fuegos profundos de forma continua, con lanzadores en tiro, en recarga y en desplazamiento a la vez. Doce lanzadores son un grupo reducido; disparan, pero no sostienen. Ahí reside la diferencia entre recuperar la capacidad y disponer de ella.
10.2. Por qué la "batería
por brigada" de Fuerza 35 ya no sirve
El concepto Fuerza 35 estableció
una batería de lanzacohetes orgánica por brigada. Ese modelo tenía sentido
cuando el cohete llegaba a 80 kilómetros y era, en esencia, artillería de tubo
con más alcance. Ha dejado de tenerlo.
Un sistema que dispara munición a
160 kilómetros (CTM-MR) o a 290 (CTM-290) no es un activo de brigada; es un
activo de división y de teatro. El comandante de una brigada no planea la
batalla profunda a trescientos kilómetros; la planea el jefe de la división o
del componente terrestre. Diseminar un misil balístico táctico entre ocho
brigadas fragmenta el efecto, multiplica la logística y entrega a cada unidad
un arma cuyo empleo excede su nivel de decisión. La concentración de fuegos
profundos en el escalón operacional no es una preferencia doctrinal; es la
lección repetida de Ucrania, donde la masa de cohetes se decide en manos del
mando operacional, no del táctico.
La consecuencia para el
dimensionamiento es directa. No se cuenta "una batería por cada una de las
ocho brigadas"; e cuenta por grupos asignados a la división desplegable y
al teatro que hay que defender. El bloque de construcción no es la batería
dispersa. Es el grupo concentrado.
10.3. El problema político que
nadie afronta
España tiene dos misiones de
fuegos profundos que compiten por el mismo material. La primera es el
compromiso aliado; la División "Castillejos" es la gran unidad
desplegable ante la OTAN, y si el flanco este se activa, su artillería de
cohetes se va con ella al este de Europa. La segunda es la defensa del
territorio en el teatro sur, donde la amenaza no está en Estonia sino a catorce
kilómetros de Tarifa.
Un solo grupo no cubre ambas. Si
el grupo proyectable marcha al este, el Estrecho se queda a cero; si se reserva
para el sur, España incumple su aportación aliada. La masa crítica mínima para
no elegir entre la OTAN y Andalucía son 36 lanzadores. Todo lo que quede por
debajo obliga a un descubierto permanente en uno de los dos teatros. Conviene
precisar, eso sí, lo que compran esos 36. Bastan para tener un grupo en cada
teatro al mismo tiempo; no bastan para sostener un despliegue aliado largo con
relevos, que consumiría más de un grupo. Ese límite no lo resuelve ni siquiera
la fuerza completa, y es mejor reconocerlo que descubrirlo en plena crisis.
10.4. Objetivo de fuerza: 60
lanzadores y para 2035
El objetivo completo cubre los
tres teatros de ataque a tierra que España tiene que defender, más un margen de
reserva que ningún ejército serio omite.
La novedad no es la cifra; es el
plazo. El caso polaco demuestra que no hacen falta quince años para tener la
fuerza en servicio. Polonia firmó su primer contrato en noviembre de 2022,
recibió las primeras entregas en 2023 y a finales de 2025 había recibido 156
módulos. El ritmo coreano, una vez lanzado, ronda el medio centenar de módulos
al año. La línea de Hanwha Aerospace no es el cuello de botella; lo son la
firma y el dinero.
Con ese precedente, el calendario
español realista termina en 2035.
10.5. La secuencia: comprar los primeros doce, fabricar el resto
La lógica de adquisición se
resume en una frase. Se compran los primeros doce en Corea para alcanzar la IOC
en 2030 sin fricciones; se fabrican en España los cuarenta y ocho restantes
entre 2030 y 2035. Cuarenta y ocho lanzadores en cinco años son menos de diez
al año, una quinta parte del ritmo polaco. No es una hazaña industrial; es una
decisión presupuestaria sostenida.
La nacionalización no espera a
que la fuerza esté completa. Se incorpora por capas, y el orden de esas capas
es lo que da soberanía útil desde el principio.
La primera capa es el sistema
de combate. Los doce lanzadores iniciales, aunque de fabricación coreana,
deben integrarse desde su entrega en el mando y control español, el que Indra
ya desarrolla sobre el K9, y en una arquitectura nacional de sensor-tirador.
Polonia opera su K239 con el sistema TOPAZ de WB Electronics, no con el mando y
control coreano, y Croacia ha seguido el mismo camino; esa es la pieza que
cierra el ciclo y la que blinda frente a un veto de software ajeno. El mando y
control es lo primero que se nacionaliza porque es donde más duele la
dependencia.
La segunda capa son los
sensores. El radar de localización de armas y los UAV de designación se
integran en esa misma arquitectura desde el inicio, con material nacional o
europeo y un lote puente si el calendario aprieta. Indra fabrica ya radares;
integrar el segmento de contrabatería en el sistema de fuegos es un problema de
ingeniería conocido, no una frontera tecnológica.
La tercera capa es el vehículo.
Desde el primer lanzador fabricado en España, es decir, desde la unidad número
trece, la plataforma monta chasis nacional o europeo, con Urovesa, Iveco o
Rheinmetall MMV como opciones. El K239 es un sistema sobre ruedas, y eso hace
la nacionalización del vehículo mucho más asequible que la del K9 de cadenas.
Polonia lo montó sobre su camión Jelcz prácticamente desde el arranque.
Queda el núcleo. La
autoridad de diseño sobre el cohete guiado y sobre el corazón de fuego del
lanzador es la capa lenta; llegará después de 2035, incorporándose de forma
progresiva a medida que madure la coproducción. Tener la fuerza en servicio en
2035 y su propiedad intelectual plena hacia el final de la década no es una
contradicción. Es la secuencia correcta.
Hay dos condiciones en el
contrato que no admiten rebaja: la ausencia de veto sobre el uso y el derecho a
integrar munición de terceros. Sin ellas, el programa compra cohetes pero no
soberanía, y eso hay que saberlo antes de firmar.
10.6. Dónde desplegar y dónde
no
Teatro sur peninsular. La
guarnición no es la posición de tiro. El Grupo II debe estar en profundidad, en
el eje Córdoba-Sevilla, con conectividad viaria y ferroviaria y junto a la
Brigada "Guzmán el Bueno" X. Desde ahí avanza a posiciones dispersas
y móviles hacia el sur cuando la situación lo exige. Un lanzador 8×8 vale
precisamente por eso, porque dispara y se mueve. Fijarlo en el Campo de
Gibraltar sería renunciar a su única ventaja de supervivencia.
El RALCA 63 tiene hoy su base en
Astorga y Ferral del Bernesga, en la provincia de León. Para una capacidad cuyo
eje de amenaza es el sur, mantener toda la artillería de cohetes en el noroeste
peninsular responde a la inercia de guarnición, no al planeamiento. La
reconstitución es el momento natural para replantear esa ubicación; si no se
hace ahora, no se hará nunca. La mudanza, sin embargo, no tiene por qué ser
total. El grupo proyectable a la OTAN no necesita estar en el sur y puede
quedarse en León, mientras el mando del regimiento y el grupo del teatro sur
bajan al eje Córdoba-Sevilla. Así se corrige la inercia sin cerrar una
guarnición, que es lo que suele bloquear estas decisiones.
Canarias: islas orientales, y
con una decisión política detrás. El archipiélago exige capacidad residente
por una razón geográfica insalvable: el refuerzo es lento. Reforzar Canarias
significa mil quinientos kilómetros de mar o puente aéreo; lo que no esté allí
el día cero tardará días en llegar, si es que llega. Los lanzadores se
ubicarían en las islas orientales y con una decisión política detrás. El grupo
canario solo tiene sentido si mira hacia África. Desde Tenerife, a unos 300
kilómetros de la costa más próxima, ni siquiera la CTM-290 llega al continente.
Desde Fuerteventura, a un centenar de kilómetros del continente, la CTM-MR ya
alcanza Tarfaya y, desde la costa sureste de la isla y en el límite de su
alcance, El Aaiún, y la CTM-290 extiende el alcance hasta Tan-Tan y, en el
límite, Smara. Gran Canaria, a algo más de 200 kilómetros de la costa más
próxima, solo alcanzaría con el misil más largo la franja costera entre Tarfaya
y El Aaiún, y nada del interior. Guelmim y Agadir, sede del mando de la Zona
Sur de las FAR, quedan fuera de cualquier munición del sistema. La disuasión
desde Canarias no amenaza el corazón militar marroquí; amenaza el Sáhara, que
para Rabat es la causa nacional. Ese es su valor, y también su límite, un
límite que cierra la munición de 500 kilómetros, que situaría Guelmim, a 374
kilómetros, y Agadir, a 464, dentro del alcance desde Fuerteventura.
Basar el grupo en la retaguardia
lo reduciría a una sola misión posible, la de batir una cabeza de playa en las
propias islas, y esa misión por sí sola no justifica dieciocho lanzadores. Por
eso va a las islas orientales, Fuerteventura y Lanzarote, dimensionado en torno
a la CTM-MR para la franja costera y la CTM-290 para la profundidad. El CGR-080
de 80 kilómetros no llega a África, pero no sobra: cubre esa misma misión de
cabeza de playa, y ahí sí es la munición adecuada. Ucrania lo demostró en 2022
en la isla de las Serpientes, a unos 35 kilómetros de su costa; la combinación
de fuegos desde tierra, drones y misiles contra sus buques de suministro hizo
insostenible la guarnición rusa, que se retiró a finales de junio. Desde el
centro de Fuerteventura, el CGR-080 cubre toda la isla y el sur de Lanzarote;
desplegado en el norte, cubre Lanzarote entera. El grupo necesita, por tanto,
dotación de las tres municiones, no solo de las dos largas.
Esto es disuasión por castigo, y
conviene nombrarla así. A diferencia de la disuasión por negación, que busca
impedir físicamente que el adversario logre su objetivo, la disuasión por
castigo le amenaza con un coste superior a cualquier ganancia. España asume que
cualquier acción marroquí contra el archipiélago pone en riesgo el propio sur
de Marruecos, y restablece una reciprocidad que hoy no existe; Rabat ya podría
batir las islas orientales, y Madrid no podría responder. La vulnerabilidad
mutua que ello genera no es un defecto del despliegue; es su lógica.
Fuerteventura, además, no es Melilla. Sus mil seiscientos kilómetros cuadrados
dan profundidad para dispersar, ocultar y mover una unidad sobre ruedas, y su
condición insular elimina el vector de asalto terrestre. Un grupo avanzado,
disperso y móvil, sobrevive donde una batería en una plaza norteafricana no
podría.
Un grupo que puede batir
territorio marroquí plantea la pregunta de dónde se entrena. Ningún campo de
maniobras peninsular admite tiro real a 160 o 290 kilómetros; el Atlántico al
oeste del archipiélago puede alojar un polígono marítimo nacional que sirva
también al resto de la fuerza.
Queda una pieza sin ubicar: la
reserva de seis lanzadores. Colocarla en Gran Canaria no es un añadido
cosmético. Gando, la base naval y el cuartel general de la Brigada Canarias
reúnen buena parte del valor estratégico del archipiélago, y quedan fuera del
alcance barato del grupo de Fuerteventura, porque el CGR-080 no llega y solo la
CTM-MR y la CTM-290 alcanzan la isla desde las posiciones más favorables. Una
reserva en Gran Canaria cubre esa franja con su propio CGR-080 contra un
desembarco; queda fuera del alcance del PHL-03 marroquí, a más de 200
kilómetros de la costa africana, aunque no del PULS ni del HIMARS; conserva una
capacidad de respaldo sobre El Aaiún con la CTM-290 y sirve de reposición
inmediata para el grupo más expuesto de toda la fuerza. No es un cuarto
elemento. Es la reserva de desgaste, colocada donde se va a desgastar.
Baleares. El archipiélago
balear no es una misión de lanzacohetes. Su amenaza dominante es marítima y
aérea, no de ataque a tierra, y se responde con una capa antibuque costera, del
tipo del misil noruego NSM, y con defensa aérea. Hanwha presentó en 2024 una
variante antibuque para el Chunmoo, pero es un desarrollo sin usuario
declarado, mientras que el antibuque costero tipo NSM es una capacidad madura.
Fijar en Mallorca una batería de un sistema escaso para una misión que otro
arma cumple mejor confundiría la herramienta con la misión. Los fuegos
profundos escasos se concentran donde deciden, y Baleares se defiende con el
arma diseñada para su problema.
Ceuta y Melilla: excluidas.
No hay profundidad. Ambas plazas caben enteras dentro del alcance de la
artillería marroquí convencional. Basar allí un activo de fuegos profundos
equivale a ofrecer un blanco de primer día, estático y sin posibilidad de
dispersión. Las plazas se defienden desde la península y desde el mar, no
convirtiéndolas en el estante donde se guarda el arma que el adversario más
desea destruir. Un lanzacohetes en Melilla no protege Melilla; la señala.
10.7. Lo que cuesta
Los contratos publicados dan una
horquilla amplia porque cada país compra un paquete distinto. Polonia pagó unos
3.550 millones de dólares por sus primeros 218 lanzadores con munición, una
serie tan larga que abarata cada unidad. Croacia, 435 millones de euros sin IVA
por 18. Noruega en torno a 1.600 millones de euros por 16 lanzadores con
misiles de hasta 500 kilómetros, instrucción y sostenimiento: unos 100 millones
por lanzador con todo incluido. Una serie española de 60 se situaría entre
ambos extremos. Con vehículos de recarga, una dotación inicial de munición que
incluya misiles largos, radares, drones, mando y control, defensa antidrón e
infraestructura, la fuerza costaría entre 4.000 y 6.000 millones de euros sin
IVA, repartidos entre 2026 y 2035, es decir, de 400 a 600 millones al año. Esa
cifra no incluye la Fase D, el sostenimiento a lo largo de la vida del sistema
ni el personal.
El personal es el coste que no
aparece en ningún contrato. Tres grupos, la reserva, el mando del regimiento,
la recarga, la logística y la defensa antiaérea de corto alcance exigen, en
estimación propia, del orden de dos mil artilleros, en un Ejército que ya tiene
dificultades para cubrir su plantilla de tropa. El programa del K9, con unos
3.760 millones sin IVA, sirve de comparación: la fuerza de fuegos de
profundidad cuesta entre lo mismo y vez y media. Es mucho dinero, pero del
mismo orden que una decisión que España acaba de tomar sin grandes debates. No
es solo un problema de dinero. Es un problema de prioridad.
Hay además una razón financiera
para fabricar aquí. Los préstamos europeos del instrumento SAFE exigen que al
menos el 65 % del coste de los componentes proceda de la Unión Europea, el
Espacio Económico Europeo o Ucrania. Un K239 comprado en Corea no cumple; uno
montado en España, con chasis, mando y control y cohetes fabricados en Europa,
puede acercarse. La Fase B no es solo política industrial; puede ser también la
llave de la financiación.
10.8. Por qué la cantidad es
lo que hace rentable la fabricación nacional
Aquí las dos decisiones, cuántos
y quién los fabrica, se acoplan. Doce lanzadores no justifican una línea de
producción nacional; se compran a Hanwha Aerospace y punto. Cuarenta y ocho
lanzadores fabricados aquí, más varios miles de cohetes CGR-080 y varios
centenares de misiles de largo alcance a lo largo de la década, sí la
justifican. El objetivo de fuerza ampliado no es solo una necesidad militar; es
la condición económica que convierte la industrialización española en algo
racional en lugar de testimonial.
En paralelo a la fabricación del
lanzador, la coproducción del CGR-080 replica el modelo de Gorzów, con
Rheinmetall Expal como socio natural por su capacidad existente en propulsión y
munición. Al final del proceso, España ensambla el lanzador sobre chasis
propio, fabrica el cohete de 80 kilómetros y coproduce la munición de largo
alcance, reservando la autoridad de diseño plena para donde es alcanzable. La
soberanía se compra operando, no esperando.
La secuencia importa tanto como
el contenido. Polonia demuestra que se compra primero, se opera después y se
fabrica cuando se negocia desde la posición de usuario consolidado. Invertir
ese orden es lo que garantiza llegar tarde. España lleva quince años llegando
tarde.
11. No compremos doce lanzadores. Compremos una capacidad y rápido.
El K9 no decide por sí solo qué
lanzacohetes necesita España. Pero cambia la ecuación, y la cambia en la
dirección de la urgencia, no de la calma.
Hanwha Aerospace ya está dentro
de la artillería española. Indra construye capacidad de diseño e integración en
Gijón, con autoridad sobre la plataforma del K9. Rheinmetall Expal aporta
conocimiento industrial en propulsión de cohetes. Las piezas están sobre la
mesa; lo que falta no es industria, es la decisión de ensamblarlas en un
programa coherente. El cuello de botella nunca fue la planta. Fue la voluntad.
Conviene enterrar de una vez la
excusa del calendario. Polonia pasó de la firma a 156 lanzadores entregados en
tres años; el ritmo coreano ronda el medio centenar al año. No hay ninguna
razón industrial para que España tarde quince años en tener su fuerza. Hay
razones presupuestarias, que son otra cosa, y son reversibles. El suelo técnico
es 2035 y todo lo que se estire más allá es una elección política.
La secuencia es clara. Comprar
los primeros doce en Corea para alcanzar la IOC en 2030; fabricar en España los
cuarenta y ocho restantes hasta completar unos sesenta lanzadores en 2035. Los
doce iniciales recuperan la presencia en el inventario. Los treinta y seis de
la masa crítica permiten cumplir con la OTAN sin descubrir el Estrecho. Los
sesenta convierten los fuegos de profundidad en un instrumento de disuasión
creíble en los tres teatros de ataque a tierra que España tiene que defender:
el sur peninsular, la fuerza aliada proyectable y la disuasión por castigo
desde las Islas Canarias orientales.
La soberanía no espera a que la
fuerza esté completa, pero tampoco la retrasa. El mando y control español y los
sensores nacionales entran desde el primer lanzador; el chasis propio, desde el
primero fabricado aquí. La autoridad de diseño sobre el cohete y sobre el
corazón del lanzador es la capa lenta, y llegará después de 2035,
incorporándose a medida que madure la coproducción. Tener la fuerza en servicio
en 2035 y su propiedad intelectual plena hacia el final de la década no es una
contradicción; es el orden correcto de las cosas. Y ese orden termina en una
munición de 500 kilómetros fabricada en España y codesarrollada con Corea, que
España podrá disparar y fabricar sin pedir permiso a nadie. Con ella, las bases
aéreas de Kenitra y Sidi Slimane y la propia Casablanca quedan al alcance desde
la guarnición de Sevilla, sin que el lanzador tenga que acercarse a la costa.
Esa es la diferencia entre tener cohetes y tener disuasión.
España lleva quince años
confundiendo recuperar una capacidad con disponer de ella. Firmar la Fase A en
2026 cierra la primera parte de ese error. Completar la fuerza en 2035, en
lugar de aplazarla hasta 2040, cierra la segunda. Lo primero es una decisión
técnica. Lo segundo es una decisión de voluntad.
Doce lanzadores recuperan los
cohetes. Sesenta los convierten en disuasión. La diferencia no la marca Corea.
La marca Madrid.
Serie "Defender España
sin fantasías": 1. España
no necesita el Leopard 2A8… ni el MGCS. 2. Desmontando
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error de la brigada polivalente. 4. España
no tiene un frente: tiene cinco teatros distintos. Art. 5. Después del
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Dragón: anatomía de un programa en crisis — cómo incluso nuestro vehículo
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