Lo que el próximo Gobierno no puede aplazar más allá de 2027
Artículo 1 de la serie “Ejército
del Aire 2050: la fuerza que sobrevive”
INTRODUCCIÓN
En junio de 2026 el Gobierno
reconoció por escrito, en respuesta a una pregunta parlamentaria, que no tiene
un calendario anual de bajas para el EF-18, el caza Hornet de diseño
estadounidense que vuela en el Ejército del Aire desde mediados de los años
ochenta. Seis meses antes había situado su retirada definitiva a finales de la
próxima década. La respuesta añadía que el ritmo de las bajas depende de las
entregas de Getafe, es decir, de cuántos Eurofighter nuevos salgan de la línea
de montaje que Airbus tiene en esa localidad madrileña.
El EF-18 es hoy el único avión
español que lanza el misil de crucero Taurus, que golpea objetivos fijos a
cientos de kilómetros, y el único que dispara el misil antirradiación, el arma
que destruye los radares enemigos y abre paso al resto de la formación. España
no ha decidido cuándo se quedará sin esas capacidades; lo marcará el ritmo de
una fábrica. Cuando el calendario industrial ocupa el lugar de un plan de
fuerza, el debate sobre qué avión volará en 2050 distrae de lo que vence mucho
antes.

2038: el último EF-18 Hornet llega a la plataforma. Qué
avión ocupará la hilera de al lado se decide en los próximos cinco años.
Ilustración generada por IA.
Esta serie parte de la tesis de
que la estructura del Ejército del Aire de 2050 quedará condicionada, de forma
casi irreversible, por lo que se decida en la legislatura que salga de las
elecciones generales del 29 de noviembre de 2026. En esos años coinciden cuatro
carencias que no admiten espera y se fija el relevo de una ola de bajas que
arranca en 2038. Lo que España firme o deje de firmar entre 2027 y 2032
determinará la fuerza de mediados de siglo. Algunas decisiones son reversibles,
como una doctrina o un organigrama. Otras no lo son, porque un avión de alerta
temprana, una reserva de misiles o un refugio endurecido tardan entre cuatro y
diez años en existir. Este artículo trata de las segundas.
1. Inventario no es fuerza
Antes de contar carencias hay que
aclarar que la pregunta habitual, cuántos cazas tiene España, sirve de poco. La
pregunta relevante es cuántos tendrá disponibles en un momento dado, cuántos
podrán despegar un día cualquiera porque no están en revisión ni esperando una
pieza, y que en una campaña sostenida rondan el 55% del inventario.
España necesita entre 72 y 76
cazas disponibles durante treinta días, y debe poder mantenerlos después de que
el adversario haya atacado sus bases y sus redes. La cifra sale de cubrir a la
vez el Estrecho con Ceuta y Melilla y el archipiélago canario, que frente a un
mismo adversario son simultáneos por naturaleza, además de un paquete de ataque
y una reserva para el Levante y Baleares, tal y como se desarrollará en el
siguiente artículo de la serie. Aquí basta con retener que es una demanda de
aviones en combate, no de aviones en plantilla.
De ahí se deriva una propiedad
que explica que la potencia aérea se comporta como una multiplicación, no como
una suma. Cazas, alerta temprana, mando, guerra electrónica, cisternas,
munición, bases, mantenimiento y personal se multiplican entre sí, y si uno de
los factores cae a cero, el resultado es cero por grande que sea el inventario.
Lo que limita una fuerza aérea es el eslabón que se rompe primero, por
abundantes que sean los demás.
2. Cuatro carencias que vencen a la vez
El Ejército del Aire arrastra
cuatro carencias de primer orden, y ninguna es nueva; lo nuevo es que todas
alcanzan su límite en el mismo lustro. La primera afecta a las bases. Los
conflictos recientes nos han enseñado que las fuerzas aéreas mueren antes de
despegar si permanecen concentradas y expuestas, pero ninguna base aérea
española tiene asignada una batería antiaérea de medio alcance, y la única
contratada para el Ejército del Aire, del sistema NASAMS, podría llegar en
2029. En cuanto a la protección pasiva, los refugios para aviones son de la
generación OTAN de la Guerra Fría, pensados contra bombas sin guiar y no contra
munición de precisión. Pero las municiones guiadas de precisión los vuelve
inútiles y hace necesarios shelters de tercera generación, con hormigón
armado de sesenta a noventa centímetros, puertas blindadas con deflectores de
onda expansiva y ventilación con protección NBQ, diseñados para resistir sus
impactos cercanos.
Tal y como se mostró en el artículo
“Epic
Fury y el fin del santuario”, la guerra del Golfo de 2026 mostró algo más
importante que la debilidad de un refugio concreto. El ataque a Ali Al Salem
Air Base en Kuwait destruyó tres Eurofighter Typhoon de Kuwait como los
españoles y otras aeronaves, pese a que estaban en shelters. Lo que España
necesita son bases capaces de seguir generando salidas después de recibir el
golpe, con aviones dispersos, combustible y munición protegidos, pistas que se
reparan en horas y mando alternativo.
La segunda carencia es la munición.
España compró 43 misiles Taurus en 2005, y en 2018, al anunciar su
modernización, se hablaba de 39; cuántos siguen hoy operativos no es público. Una
sola oleada contra tres bases aéreas exige entre 80 y 120 misiles de crucero,
de modo que las existencias españolas equivalen, por tanto, a entre un tercio y
la mitad de un único ataque, sin recarga posible. Para el conjunto de la
munición aérea se estima una autonomía de menos de una semana frente a una
campaña de entre 70 y 110 salidas diarias. Es un cálculo por clases de arma,
porque una salida no equivale a un misil, y debe leerse como orden de magnitud.
La tercera carencia es la ceguera.
El artículo “AEW
ligero: vigilancia persistente para España” proponía una alerta temprana
aerotransportada de la que España aún carece. Además, cuenta con sólo tres
cisternas A330 MRTT para repostar cazas en vuelo, que apenas sirve para
sostener un circuito de repostaje, cuando la demanda de dos zonas pide dos.
La cuarta carencia es el EF-18
Hornet mismo, unos 80 aviones en baja progresiva sin plan de retirada,
pese a que se ha confirmado oficialmente la prolongación de la vida operativa,
tal y como se recomendó en el artículo “España
ante al vacío aéreo”. Su pérdida
tiene una dimensión que suele pasarse por alto, porque con él se va la única
plataforma española que hoy suprime defensas antiaéreas con un misil
antirradiación. La integración del Taurus en los Eurofighter está prevista a
partir del lote Halcón II, desde 2030. Para el misil antirradiación no se
encuentra alternativa europea en servicio antes de 2033, y el relevo natural,
el AARGM estadounidense, depende de que Washington lo autorice. El riesgo real
está en el hueco entre la baja del avión que hoy porta esa capacidad y la
primera configuración que la herede y configure con munición suficiente.
Hay una quinta carencia que no
figura en ningún inventario, la capacidad de generar y regenerar salidas.
Un caza solo vuela si hay pilotos, mecánicos, repuestos, motores,
municionadores y equipos capaces de reparar daños bajo fuego. España no publica
cuántos pilotos de caza tiene, pero el Ejército del Aire supone en torno al 18%
de los efectivos de las Fuerzas Armadas, frente al 25% habitual entre aliados y
la propia línea de Getafe ha estado parada meses en 2026 por falta de
plantilla. Un avión entregado sin personal que lo mantenga es inventario, no
fuerza.
Lo revelador es dónde ha ido el
dinero. Las prioridades declaradas hablan de defensa aérea integrada; la
asignación real dice otra cosa. El Ejército del Aire ha comprometido entre
4.400 y 6.600 millones de euros, según la fuente y lo que incluye, en los 45
Eurofighter del programa Halcón y unos 3.100 en el entrenador Saeta II,
mientras la primera batería destinada a proteger una base, de unos 200
millones, espera hasta 2029. La plataforma se compra primero porque tiene una
fábrica detrás; la cadena que la hace combatir queda para después, porque solo
tiene detrás una necesidad.
3. La ola que viene
Entre 2038 y 2050 dejarán el
servicio hasta 97 cazas, entre el EF-18 modernizado y los Eurofighter de los
dos primeros lotes de fabricación, las llamadas Tranche 1 y Tranche 2. Son dos
de cada tres aviones de una flota de unos 145. Los 45 Halcón no compensan esa
ola, porque sustituyen a Hornet que se retiran antes, y el propio Hornet
modernizado se agota entre 2038 y 2042.
El caza que iba a cubrir ese
hueco ha desaparecido. En junio de 2026 se vino abajo el pilar del avión
tripulado del FCAS, el Futuro Sistema Aéreo de Combate que Francia, Alemania y
España preparaban juntas, tras años de disputa entre Dassault y Airbus. Los
demás pilares del programa, como los sensores o los aviones no tripulados que
acompañarían al caza, sobreviven de forma incierta, aunque el motor conjunto ya
se ha cancelado. Lo que ha desaparecido es otra cosa. España ya no tiene un
calendario industrial que pueda considerar sustituto garantizado del EF-18, ni
sabe qué caza será, quién lo liderará, cuándo entrará en servicio ni con qué
configuración.
Un caza nuevo, además, no se
improvisa. Medido desde el lanzamiento de su desarrollo a gran escala hasta la
entrada en servicio, el Eurofighter tardó unos veinte años y el Gripen sueco
catorce. Incluso el caso rápido del KF-21 coreano, cuyo desarrollo pleno empezó
en 2015 y cuyo primer avión de serie se entregó en septiembre de 2026, exigió
once, y eso sobre estudios previos que se remontaban a 2001. Un desarrollo
lanzado en 2028 llegaría a España hacia 2040 a ritmo coreano y hacia 2047 al
ritmo normal europeo, es decir, después de que el Hornet se haya agotado. Por
eso su relevo debe decidirse en 2029 y el de la Tranche 2 a mediados de la
década siguiente; ambas competiciones ocupan próximos artículos de la serie.
España ya hizo esta cuenta una
vez. El programa FACA, siglas del Futuro Avión de Combate y Ataque, se resolvió
a comienzos de los años ochenta con la compra de 72 F-18 estadounidenses, y
pocos años después el país entraba en el programa europeo del que saldría el
Eurofighter. Aquellas firmas pusieron en el aire la flota que hoy se retira y
que, en su último aparato, habrá servido más de medio siglo. Nadie conocía
entonces la guerra de 2026, pero los decisores de la época sabían cuánto tarda
un avión en llegar y cuánto en irse. La cuenta de hoy es la misma con una
diferencia, y es que la ola ya está en marcha mientras los plazos de desarrollo
siguen siendo los mismos.
4. Australia y el precio de los habilitadores
Australia no es un espejo de
España. Su teatro es el Indo-Pacífico, su geografía es continental, su relación
con Estados Unidos es más estrecha que la de cualquier aliado europeo y tampoco
tiene un contencioso territorial a catorce kilómetros de su costa. Sirve, en
cambio, como caso de estudio de una fuerza aérea pequeña que ha priorizado los
habilitadores, los medios que permiten al caza combatir. Con unos 15.500
efectivos, opera 108 aviones de combate, doce de ellos de ataque electrónico,
además de seis aviones de alerta temprana y siete cisternas. España cuenta con
unos 21.000 efectivos y en torno a 150 cazas, ninguno de quinta generación, es
decir, de baja detectabilidad por radar; no tiene ningún avión de alerta
temprana y dispone de tres cisternas.
Esa estructura es fruto de dos
décadas de compras sucesivas, en las que Canberra adquirió radares volantes y
cisternas antes que escuadrones adicionales. España ha seguido el orden
inverso; ha financiado mejor la plataforma que los habilitadores que convierten
esa plataforma en una fuerza de combate capaz de sobrevivir. La diferencia pesa
más de lo que parece, porque un caza se compra con un contrato, pero una órbita
de alerta temprana o un circuito de cisternas se construyen con años de
producción reservada y de adiestramiento. Francia ha pagado más de 1.100
millones por dos aviones de alerta temprana GlobalEye, Polonia ha
comprometido del orden de 15.000 solo en defensa antiaérea de largo alcance y
Alemania cerca de 2.100 en misiles Taurus. Las cifras españolas son las de un
país que empieza tarde.
Corea del Sur ofrece la lección
sobre los plazos. Lanzó el KF-21 en 2015 y entregó el primer avión de serie en
septiembre de 2026, porque aceptó un primer bloque sin bodega interna de armas
y con motor estadounidense. Eligió un objetivo alcanzable y lo cumplió,
mientras buena parte de Europa eligió el más ambicioso y lo ha cancelado.
5. Seis firmas que no pueden pasar de 2027
Las actuales necesidades reducen
lo urgente a seis firmas. Son seis decisiones que en 2027 deben quedar cerradas
con contrato o con crédito comprometido, aunque cada una se ejecute después durante
varios años. La primera es la protección de las bases, con refugios de
nueva generación, dispersión de aviones, reparación rápida de pista y defensa
contra drones. La segunda son unidades antiaéreas adicionales de medio
alcance, financiadas dentro del programa del Ejército de Tierra, con una
exigencia permanente de generación de fuerza que garantice en todo momento un
número mínimo de baterías dedicadas a las bases críticas. Las unidades pueden
rotar y desplegarse con los aliados, como hoy lo hacen las NASAMS españolas en
Letonia y Estonia, pero la defensa de las bases no puede quedar al albur del
calendario exterior. La tercera son dos aviones GlobalEye, del
fabricante sueco Saab, con opción a otros dos. La cuarta es la primera tanda
de munición. La quinta, la inspección estructural de cada EF-18 y la
modernización condicionada de los que la superen. La sexta, convertir el
Mando del Espacio, que ya existe e integra el Centro de Operaciones de
Vigilancia Espacial, en un centro de operaciones permanente capaz de
ordenar, priorizar y recibir en menos de una hora una imagen de satélite cuando
la necesita una operación aérea, también en plena crisis.
La fecha de 2027 no es simbólica;
la imponen las colas de fábrica y los plazos de obra. El caso del GlobalEye
es el más claro. Saab fabrica hoy unos dos al año y aspira a seis hacia 2030,
pero la demanda ha crecido más deprisa que la fábrica. Francia firmó en
diciembre de 2025 dos aviones con entregas entre 2029 y 2032 y opción a otros
dos. En julio de 2026 once aliados de la OTAN eligieron el GlobalEye
para sustituir sus viejos E-3, con un requisito de hasta diez aparatos y Canadá
negocia seis. España ya no compite por una plaza en una fábrica que produce dos
aviones al año; compite por una plaza en una cartera de pedidos que se ha
convertido en la mayor apuesta aliada de alerta temprana de la década. Dos GlobalEye
en 2032 son una capacidad inicial, no una capacidad nacional; hacen falta
cuatro para sostener una sola órbita permanente, y sin reservar hueco ahora
esos cuatro competirán en 2036 con los pedidos aliados.
La munición sigue una lógica
parecida. En agosto de 2025 el ministro alemán de Defensa anunció la
participación española en el Taurus Neo, la nueva versión del misil, cuya
producción en serie empieza en Alemania en 2029 con unas 600 unidades como
referencia del pedido alemán. Quien llegue tarde a esa cola recibirá misiles en
la década de 2030. Esta decisión no depende del caza que se elija, pues la
capacidad de ataque a distancia puede decidirse hoy y montarse después en el
avión que llegue. La obra militar tampoco se entrega en cinco años, de ahí que
el estudio prevea tener 12 refugios de nueva generación en 2032 y 48 en 2040. Y
la vida estructural del Hornet sigue sin medirse, cuando de esa inspección
depende cuántos aviones tendrá España en 2032.
Getafe es el argumento de empleo
y retorno industrial con el que se han defendido Halcón y Saeta II, pero las
seis firmas no compiten con ese argumento. La obra de las bases, la inspección
y modernización del EF-18, buena parte de la munición guiada y el centro
espacial se ejecutan en España y por empresas españolas. La única firma
mayoritariamente extranjera del paquete urgente es el GlobalEye, y aun
ella incluye integración y sostenimiento que pueden hacerse aquí.
6. Cuánto cuesta y qué pasa con el 2,1%
El Gobierno mantiene el gasto de
defensa en el 2,1% del PIB. En La Haya, en 2025, la OTAN acordó que los aliados
dediquen en 2035 al menos el 3,5% a capacidades militares básicas, dentro de un
compromiso total del 5%. El caso base del análisis supone que España converge a
ese 3,5%, con un 2,9% en 2029, y de él salen los 16.300 millones de inversión
nueva del Ejército del Aire entre 2027 y 2032, asumiendo un gasto en el Ejército
del Aire del 22% del gasto de defensa en criterio OTAN, y un 45% de esa cuota
destinada a inversión. Pero si el gasto se queda en el 2,1% que el Gobierno
asegura que es suficiente, la cifra libre tras los 12.000 millones de euros ya
comprometidos hasta 2032 en programas como Halcón y Saeta II es de 6.900
millones de euros.
La caída es más que proporcional,
pues los contratos ya firmados se pagan igual en ambos escenarios, de modo que
el recorte recae entero sobre el dinero nuevo. El 2,1% deja alrededor de dos
tercios del dinero bruto del caso base, pero menos de la mitad del dinero
disponible para decisiones nuevas.
La cuenta que sigue es sencilla.
Bases, munición, Hornet, la primera pareja de GlobalEye, la inteligencia
de señales y el mando desplegable que exige la localización de blancos cuestan
unos 8.550 millones hasta 2032 sin contar contingencias. En el caso base caben
con holgura y dejan margen para las unidades antiaéreas de las bases y el
centro espacial. Con el 2,1% faltan unos 1.650 millones solo para lo intocable,
y no queda nada para las baterías de las bases ni para el centro espacial. Quien
se quede en ese techo deberá elegir qué sacrifica, en lugar de una versión más
modesta del mismo plan, y las candidatas al sacrificio son justo las que dan
vista y defensa a la fuerza, todo un déficit frente a la amenaza prioritaria.
7. El precio de no hacer
La flota de 2032 se puede
calcular con tres sumandos. A los 68 Eurofighter en servicio se añaden los
Halcón entregados y los Hornet que superen la inspección y se modernicen. El análisis
supone 28 Halcón en 2032, una cifra prudente por los retrasos de Getafe; el
calendario publicado en julio de 2026, con el Halcón I completo en 2030 y el
Halcón II a cinco aviones por año desde ese mismo año, permitiría llegar hasta
35. Con las seis firmas y entre 36 y 48 EF-18 modernizados, la flota sumaría
entre 132 y 144 cazas. Descontados los que estén en taller de modernización,
quedarían entre 64 y 71 disponibles, todavía por debajo de 72.
Sin esas firmas el cuadro es
otro. Las bases llegan a 2032 sin defensa de medio alcance, con munición para
menos de una semana y sin un solo avión de alerta temprana. Si además se
renuncia a modernizar el Hornet, la flota queda en los 68 Eurofighter actuales
más los Halcón que habrán llegado, para un total de entre 96 y 103 aviones
según el ritmo de Getafe, de los que entre 53 y 57 estarían disponibles.
Faltarían entre 15 y 19 cazas frente a una demanda de 72.
Ese déficit coincide con la
llegada de la nueva aviación marroquí. Marruecos recibirá 48 F-16 Viper, 25
nuevos del Block 72, cuyo primer ejemplar voló según anunció Lockheed Martin el
6 de octubre de 2026, y 23 antiguos modernizados a ese estándar, con entregas
desde 2027. No es un caza de quinta generación y no conviene compararlo con uno,
pero lo que cambia el equilibrio local es su radar de barrido electrónico
activo y la munición aire-aire asociada, frente a un EF-18 cuya vida
estructural nadie ha medido.
El artículo 6 del Tratado de
Washington, que delimita el ámbito de la defensa colectiva de la OTAN, deja
fuera a Ceuta y Melilla según la lectura geográfica mayoritaria, y ninguna
declaración aliada las ha incorporado. Estados Unidos es además el principal
proveedor militar de Marruecos y lo ha declarado major non-NATO ally
(MNNA), por lo que la respuesta inicial será nacional por los hechos, no por
ambición. Cada año de retraso, por último, se paga entero, porque un
aplazamiento de dos años desplaza a 2034 todos los hitos previstos para 2032.
8. Firmar ahora o esperar al consorcio
Firmar deprisa con el gobierno
que salga de las elecciones de noviembre puede parecer imprudente cuando la
Europa de la defensa todavía no sabe qué hará con el caza que ha perdido. Sin
embargo, la disyuntiva es en buena parte falsa, porque ninguna de las seis
firmas prejuzga el caza de relevo; todas sirven con cualquier candidato, sea
coreano, turco, europeo o estadounidense. Cazas, alerta temprana, munición,
bases y defensa antiaérea tienen plazos distintos, y si se espera a decidir el
caza para empezar todo lo demás, todos los demás llegarán tarde.
Quedan tres caminos. El primero
es firmar las seis en 2027, lo que cuesta capital político en el primer año de
legislatura. A cambio deja en 2032 seis bases resilientes, dos GlobalEye,
entre 80 y 120 Taurus y entre 132 y 144 cazas, suficientes para sostener una
zona a alta intensidad mientras la otra queda en alerta. El segundo es esperar
a 2029, cuando se decide el primer caza de relevo y los aliados revisan la
senda de gasto. Esperar no cuesta nada visible en 2027, pero lleva los hitos de
2032 a 2034 y pierde los huecos de producción en las colas del GlobalEye
y del Taurus. El tercero es firmar solo lo barato y nacional, es decir, las
bases, la munición y la inspección del Hornet, que es la respuesta prevista si
el cambio de gobierno retrasa el paquete; la fuerza sobrevive, pero acepta
volar sin alerta temprana propia.
La recomendación es firmar las
seis en 2027. Si el techo del 2,1% obliga a escalonar, mandan las partidas que
el análisis declara intocables y la inspección estructural de los EF-18, que se
hace en 2027 y decide cuántos aviones habrá en 2032. Ese mismo año hay que
pedir información formal a todos los candidatos al caza de relevo, en
condiciones idénticas, para que la decisión de 2029 llegue con ofertas y no con
suposiciones. Hay que fijar además una senda de gasto plurianual y el peso del
Ejército del Aire dentro de Defensa, porque sin ella cualquier calendario es
una declaración de intenciones. Nada de esto depende de qué caza se elija, y
nada de ello debe esperarlo.
9. Lo que hay que decir con honestidad
Ni siquiera firmándolo todo se
alcanza la demanda en 2032. Con una sola órbita de alerta temprana de unas doce
horas diarias, cinco cisternas y entre 64 y 71 cazas disponibles frente a los
72 necesarios, la fuerza sostiene una zona a alta intensidad y la otra en
alerta; el punto de diseño completo llega hacia 2036. Lo que compran las firmas
es la diferencia entre llegar tarde y no llegar.
El caso base descansa en un
supuesto político, el de que el gasto militar de España converja al 3,5% del
PIB y lo sostenga durante tres o cuatro legislaturas, sin que hoy exista un
acuerdo de Estado que lo respalde. Los 16.300 millones suponen además que el
Ejército del Aire gane peso en el reparto de Defensa en detrimento del de
Tierra. Con el 2,1% el resultado es el déficit declarado de la sección 6. Si
menos de 36 células superan la inspección de 2027, la recomendación cambia y
pasa a adquirir un lote adicional de Eurofighter como puente.
La objeción más seria es la de
quien prefiere conservar en Europa la autoría del caza. Esperaría a un programa
conjunto con Alemania, como el que aspira a asumir Team Gen 6, antes que
comprar un avión ya existente en otro país y adaptarlo en España. Tendría razón
si antes de finales de 2029 se firmara el contrato para desarrollar ese caza y
se acordara un diseño base, y si además los Hornet pudieran seguir volando
hasta que el nuevo avión llegase. Lo primero es posible. Lo segundo no. El EF-18
se agota entre 2038 y 2042, y un desarrollo lanzado en 2028 llegaría hacia 2040
al ritmo coreano y hacia 2047 al europeo.
Hacia 2038 alguien aterrizará el
último EF-18 Hornet en una plataforma española, apagará los motores y bajará
por la escalerilla de un avión que entró en servicio a mediados de los años
ochenta. Ese día ya nadie podrá cambiar qué avión espera en la hilera de al
lado, con qué misil bajo las alas, qué radar lo vigila, qué cisterna lo
sostiene ni qué base es capaz de volver a ponerlo en el aire. Todo eso se habrá
decidido años antes, firma a firma.
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