El Ejército que España necesita: armas combinadas bajo observación persistente y la división "Castillejos" que las aplica
Introducción
La primera temporada de esta
serie desmontó
la doctrina acorazada que España había importado y se detuvo ahí. Dijo lo
que no servía, pero no escribió lo que debía sustituirla. El inventario del ejército
de 2040, unidad por unidad, que precede a este texto dibuja una división
con dos brigadas pesadas, que reúnen 164 carros Leopard 2E, un regimiento de
reconocimiento y una brigada media, y todo ello presupone una manera de
combatir que la serie todavía no ha puesto por escrito. Este artículo la
escribe.

Un grupo táctico disperso, visto desde el dron que lo
vigila. Dentro de la franja de veinte a veinticinco kilómetros que rodea el
contacto, quien se concentra se ve, y la doctrina del artículo empieza por
aceptarlo. Ilustración conceptual generada con IA; no representa a ninguna
unidad real.
Es la doctrina de la división del
Este, que combate dentro de una división multinacional de la Alianza. Su nombre
es largo, pero su tesis cabe en una línea. El carro no ha muerto; ha
cambiado de oficio. Ya no rompe el frente con una masa concentrada, porque
la masa que se queda quieta se ve y se bate en minutos. Sigue siendo el fuego
directo protegido de la fuerza, que bate blindados, cubre a la infantería y
contraataca, pero entra cuando los fuegos y los drones han abierto el camino.
El texto formula la doctrina en cinco reglas, la ilustra con una escena y mide
cuánto de ella existe hoy en la división “Castillejos”. El siguiente artículo
baja al Sur, donde la doctrina es otra porque la obligación es otra.
1. La deuda
El segundo
artículo de la primera temporada concluía que la doctrina que emerge de
Ucrania no elimina al carro, sino que lo recoloca. Era la mitad de un
argumento. Decía dónde no debía estar el carro, en la ruptura frontal, en masa
y a la vista, y callaba dónde debía estar. Quien destruye una doctrina sin
proponer otra deja a los mandos intermedios con un vacío y a los decisores
civiles con una conclusión cómoda, en la que todo se reduce a comprar drones.
La deuda tiene una consecuencia
práctica. Una estructura sin doctrina es un organigrama; con doctrina, es un
argumento que se puede discutir pieza por pieza. Por eso este texto pone por
delante la manera de combatir y deja la composición de las unidades al
inventario ya publicado en el ejército
de 2040, unidad por unidad, al que remite cada vez que hace falta una
plantilla, una sede o un número de vehículos.
2. Qué ha cambiado
Ha cambiado la visibilidad. En
una franja de veinte a veinticinco kilómetros a cada lado del contacto, que
aquí llamaremos zona de muerte, casi todo lo que se mueve lo detecta un dron,
un radar o un receptor que capta su radio, y lo que además se localiza con
precisión lo bate en cuestión de minutos otro medio, sea artillería, un cohete
o una munición merodeadora, es decir, un dron que vuela sobre la zona y se
lanza contra el blanco que encuentra. Según la prensa y los mandos ucranianos,
esa franja pasó de unos diez kilómetros en octubre de 2025 a veinte o veinticinco
en julio de 2026, y uno de sus jefes de cuerpo espera que alcance los treinta a
finales de este año. Un estudio del centro británico RUSI de febrero de 2025
atribuye a los drones tácticos entre el 60 y el 70% de los sistemas rusos
destruidos o dañados. La zona no es una franja fija; su profundidad depende del
sector, del relieve, del tiempo y de cuántos drones y baterías ponga cada
bando. Y los drones no sustituyen a la artillería, que sigue suprimiendo,
cubriendo cuando el tiempo no deja volar y rematando lo que ellos no destruyen.
La propuesta exige a su propia
Caballería un ciclo de diez minutos o menos entre que un sensor detecta y un
tirador bate; sería ingenuo suponer que el adversario no se lo exigirá a la
suya. Una compañía de carros que se detiene un cuarto de hora en un cruce de
caminos para repostar ya está vista, y no se pierde porque el enemigo sea
mejor, sino porque su ciclo es más corto que el tiempo que ella permanece
quieta. La concentración larga y visible, que durante un siglo fue la manera de
ganar, se ha convertido en la manera más rápida de perder.
El carro, sin embargo, sigue
siendo el vehículo que reúne la mayor protección frontal, un cañón capaz de
batir puntos concretos y movilidad fuera de camino. No es inmune a los drones,
que lo atacan por arriba y por detrás, y por eso necesita protección activa y
defensa contra drones propias. La infantería sin él acaba sosteniendo el
terreno a pie, bajo drones, durante horas. Un general estadounidense citado por
Defense News en octubre de 2025, a propósito de la transformación de sus
brigadas acorazadas, lo describe como fuego móvil protegido, y el mismo
artículo sostiene que el carro sigue siendo necesario para penetrar defensas
preparadas. El carro era la lanza de la ruptura; ahora es el escudo y el puño
de la infantería.
3. La doctrina: combate de armas combinadas bajo observación
persistente
Se llama armas combinadas al
empleo conjunto, bajo un solo mando, de infantería, carros, artillería,
ingenieros, defensa antiaérea y aviación del Ejército, de modo que cada arma
cubra la debilidad de las demás. Se llama observación persistente a la situación
en la que los sensores del adversario cubren el campo de batalla de forma
continua. La doctrina, en una frase, es esta: conseguir en el eje elegido
una superioridad local y temporal de información, protección y fuegos. Para
ello degrada con fuegos, drones y guerra electrónica (la interferencia de las
señales de radio, radar y navegación del adversario) a quien observa, explota
en saltos cortos con grupos tácticos protegidos por una burbuja propia,
dispersa las plataformas y concentra los efectos, y reúne las fuerzas solo el
tiempo imprescindible. Un grupo táctico es un batallón reforzado con los
apoyos que necesita para combatir por sí solo. Cinco reglas la desarrollan.
Primera regla. Cada escalón ve
y bate su franja. El batallón cubre unos diez kilómetros con sus drones; la
brigada, unos treinta, algo más que la profundidad de la zona de muerte hacia
el lado enemigo; la división, hasta unos cien, con los drones de su regimiento
de reconocimiento. Más allá ven el centro conjunto de indicios, alerta y
objetivos y, en el Este, la red aliada. Son cifras de diseño, no normas
probadas, y se revisan con la zona de muerte.
La autoridad para batir sigue a
la responsabilidad, no solo a la distancia, y separa tres cosas: quién detecta
el blanco, quién asigna los medios y quién autoriza el disparo. El jefe de
batallón emplea sin pedir permiso los fuegos terrestres que tiene asignados,
sean obuses, morteros o municiones merodeadoras, porque el mando terrestre le
delega esa autoridad; la brigada y la división coordinan y priorizan los suyos.
Los fuegos conjuntos del teatro los asigna el mando conjunto, dentro de reglas
aprobadas de antemano. Y el castigo sobre objetivos militares en territorio del
agresor lo autoriza el Gobierno, porque extiende el conflicto a un territorio
nuevo. Quien detecta, sea un explorador, un dron o un radar, no tiene por qué
ser quien autoriza.
Segunda regla. Los fuegos y
los drones degradan; los grupos tácticos explotan. En la doctrina clásica
la artillería preparaba el asalto durante un tiempo fijado y la masa acorazada
decidía la ruptura. Aquí decide la degradación, y dura lo que tarde en
cumplirse. La artillería, las municiones merodeadoras, los drones y la guerra
electrónica degradan primero, es decir, destruyen o ciegan los sensores, las
defensas antiaéreas, los puestos de mando y las baterías del adversario, y solo
entonces avanza el grupo táctico a explotar lo abierto. No se busca un sector
ciego, que no existe, sino una ventaja local suficiente durante la ventana del
salto; sin ella, el grueso no se compromete. Un ejército que dispara un misil
contracarro contra un carro cuyo dron de observación sigue vivo ha elegido el
orden equivocado.
La regla solo vale si se puede
medir cuándo se ha cumplido, y “el sector está ciego” no es una medida. Se proponen
tres indicadores, que fija el jefe de brigada y se calibran en ejercicio.
Primero, los drones adversarios detectados por hora en el sector bajan de un
valor acordado. Segundo, la contrabatería enemiga, es decir, la artillería que
localiza y bate a la nuestra, tarda en responder más de lo que dura el salto. Tercero,
los relés y los puestos de control de drones del adversario están identificados
y batidos. Los tres miden efectos comprobados, no acciones ejecutadas. Un
puesto batido que sigue emitiendo cuenta como vivo, y un descenso de drones con
mal tiempo no prueba nada.
El tercer indicador es el que más
pesa. Un dron guiado por fibra óptica, unido a su operador por un cable que
según el mando ucraniano alcanza ya los veinte kilómetros, no se deja cegar con
guerra electrónica; hay que destruir al que lo maneja. Y según la prensa, Rusia
ha sustituido los asaltos en masa por infiltraciones de uno en uno o en grupos
pequeños, que apenas ofrecen blanco a la artillería. Si el umbral no se alcanza
en el plazo previsto, el escalón superior elige entre más fuegos, otro eje,
otra forma de aproximación, una fuerza menor o suspender la acción. Puede
también ordenar el salto y aceptar las pérdidas a sabiendas; lo que no puede hacer
es saltar como si el sector estuviera ciego.
Tercera regla. Los saltos son
cortos y los limita la burbuja propia. La burbuja es el espacio, y el
tiempo, en que la defensa antiaérea de corto alcance, la guerra electrónica, la
ocultación y los fuegos propios reducen lo bastante la vulnerabilidad del grupo
táctico. No es una cúpula, porque tiene sectores, huecos y munición limitada, y
se desplaza con el grupo. Fuera de ella, el grupo queda expuesto a todo lo que
el adversario vea. El salto es, por tanto, el trecho que se puede cubrir sin
salir de la burbuja y volver a montarla, y se mide en pocos kilómetros: de cinco
a ocho es una estimación de diseño, no una norma probada. Para cruzar una zona
de muerte de veinte kilómetros hacen falta tres o cuatro saltos con pausa,
comprobación y nueva cobertura entre cada uno. Es más lento que la penetración
soñada y bastante más barato en bajas.
Cuarta regla. La concentración
dura lo imprescindible. Los carros, la infantería desmontada y los
ingenieros solo se reúnen sobre el objetivo durante el asalto, que se mide en
minutos; antes y después se dispersan en grupos pequeños y separados. La
excepción es la brecha deliberada, que obliga a reunir ingenieros, carros y
fuegos durante horas en el punto más previsible del frente, y por eso se trata
aparte (apartado 7). Lo mismo vale para el mando. Un puesto de mando grande,
con mástiles y vehículos agrupados, es el primer blanco del adversario; los
puestos de mando de la propuesta son pequeños, dispersos y con alternos listos,
es decir, con una segunda instalación preparada para tomar el relevo si la
primera cae. La razón es de aritmética sencilla. Si el adversario tarda diez
minutos en batir lo que ve, nada que se deje ver más de diez minutos sobrevive.
Quinta regla. El carro es el
fuego directo protegido del grupo táctico. Bate blindados y posiciones,
cubre a la infantería, abre la brecha con los ingenieros y contraataca o
explota cuando la ruptura lo permite. Rompe solo donde los fuegos ya han
abierto camino, por ejemplo cuando los ingenieros han practicado una calle en un
campo de minas cuyo borde reconocieron antes los drones, que ven las minas en
superficie pero no las enterradas. El resto del tiempo se coloca delante de la
infantería desmontada para que no cruce sola varios cientos de metros de
terreno abierto con drones encima. Su jefe es el del grupo táctico, no el de
una unidad de carros que maniobra por su cuenta.
Seis condiciones transversales
sostienen las cinco reglas, y sin ellas se caen. Hace falta defensa contra
drones en capas, desde el detector pasivo hasta el cañón de 30 milímetros: 1) El
último tramo de la logística debe ser no tripulado, porque el camión que lleva
munición a primera línea es un blanco más. 2) Firma mínima, con el motor
apagado para vigilar, porque el vehículo que arranca se delata. 3) Mando por
misión, es decir, que cada jefe sepa qué debe conseguir y por qué sin esperar
órdenes cuando el enlace cae, lo que exige un ejercicio anual de cuarenta y
ocho horas sin enlace. 4) Operar sin posicionamiento por satélite. Y 5) se debe
preservar la infantería, porque es lo que no se improvisa.
4. Una escena para entender la doctrina
La escena es ilustrativa; no
describe ninguna operación real y sus magnitudes son supuestos para entender el
ritmo, no datos. Un grupo táctico de la brigada X, formado en torno a un
batallón mecanizado reforzado con una compañía de carros, recibe la orden de
tomar una aldea que cierra un cruce de caminos, a veinte kilómetros de su zona
de partida. Antes de que se mueva un vehículo, los drones del regimiento
divisionario han reconocido los accesos y su escuadrón de contrarreconocimiento
ha derribado o cegado a los drones de observación adversarios. El grupo espera
disperso en tres áreas, cada una bajo la burbuja de la defensa antiaérea de
corto alcance y con los motores apagados.
Durante horas no se mueve nada.
La artillería de la brigada y la de la división baten las posiciones antitanque
y las baterías que los drones han señalado; una munición merodeadora destruye
un vehículo de mando y la guerra electrónica interfiere el enlace de los drones
del adversario. El fuego lo autoriza el jefe de batallón, sin esperar la orden
de un escalón superior. Dos indicadores se cumplen pronto; el tercero no,
porque un dron de fibra óptica sigue vigilando el camino principal y su
operador no aparece. El jefe de brigada autoriza cambiar el eje a un camino
secundario que el dron no cubre, y el grupo salta por él. La compañía de carros
va delante, con la infantería detrás cubierta por la burbuja, y se detiene a
los pocos kilómetros; se comprueba, se rehace la cobertura y se salta de nuevo.
Los ingenieros abren una calle bajo humo en un campo de minas cuyo borde habían
marcado los drones. Un dron enemigo inutiliza uno de los dos vehículos de
brecha, y la calle queda tan estrecha que los vehículos pasan de uno en uno; el
asalto se retrasa media hora y la artillería tiene que volver a suprimir.
Después los carros baten a corta distancia lo que quedó vivo y la infantería
desmonta para limpiar la aldea. El asalto dura minutos; la brecha duró mucho
más, y fue el momento de más riesgo de toda la acción.
El enlace con la brigada se corta
cuando la infantería todavía limpia las últimas casas. El jefe del grupo
táctico no espera órdenes, porque sabe qué debía conseguir y por qué. No se
consolida en la aldea, que es lo que el adversario tiene registrado; deja un
destacamento pequeño con medios contra drones y dispersa el resto a sus áreas.
El contraataque con drones del adversario llega poco después a una aldea casi
vacía.
5. Reconocimiento divisionario y contrarreconocimiento
La fórmula del reconocimiento es
ver primero, negar la vista y combatir solo cuando convenga. En la zona de
muerte gana quien ciega antes al otro, no quien informa más.
Contrarreconocimiento es negar al adversario esa vista, destruyendo o cegando
sus drones, sus patrullas y sus sensores antes de que vean el grueso; por eso
es la primera misión de la Caballería dentro de la zona, por delante de la
seguridad del grueso, la vigilancia de flancos y la designación de blancos. El
reconocimiento en fuerza, el que provoca el contacto para descubrir al enemigo,
se reserva a las fases en que la maniobra se reabre, como tras una ruptura
abierta por los fuegos, y a lo que ocurre fuera de la zona de muerte; dentro de
ella, solo por orden.
Esta jerarquía hace caer dos
cosas que la Caballería daba por sentadas. La primera es el combate por la
información como modo ordinario, la idea de que el explorador descubre al
enemigo chocando con él. La segunda es la profundidad confiada al vehículo tripulado.
Ningún vehículo vive a cien kilómetros del grueso con una zona de muerte de
veinte a veinticinco kilómetros por lado, de modo que los escuadrones
tripulados actúan a lo sumo hasta treinta o cuarenta kilómetros por delante del
grueso, nunca más allá del alcance de sus fuegos de apoyo y de su recuperación,
y dentro de la zona de muerte solo para el contrarreconocimiento y la
seguridad. Lo demás es de drones y de la red aliada.
La lección de los ensayos
estadounidenses es que el dron ve, pero no controla el terreno. No ocupa un
cruce, no retiene un puente, no aguanta un encuentro ni cierra un hueco. Los
hechos que lo sostienen proceden de prensa y de comunicación oficial del
Ejército de Estados Unidos. En marzo de 2023 la 1.ª División de Caballería
inició un piloto del Estado Mayor del Ejército para reactivar un escuadrón de
caballería de división, con drones y vehículos robóticos, para configurar cómo
combaten las divisiones en 2030. En la rotación de junio de 2026 en el Centro
Nacional de Entrenamiento de Fort Irwin, el 6.º Escuadrón del 8.º de
Caballería, de la 2.ª Brigada Acorazada de la 3.ª División de Infantería, vio
bien durante las primeras seis a ocho horas. Después, según Stars and
Stripes, las baterías se agotaron con temperaturas superiores a los 38
grados, el viento de más de 48 kilómetros por hora impidió gobernar los drones
pequeños de noche, las montañas cortaron la señal y la fuerza opositora subió
hasta sus posiciones y las batió, porque los soldados se habían quedado
esperando en lugar de buscar al enemigo.
El escuadrón recuperó la
iniciativa cuando su jefe pidió cazar al enemigo con agresividad y aprovechar
el terreno. Hay además un matiz, y es que el jefe de una de las brigadas
acorazadas de la 1.ª División de Caballería, el coronel José A. Reyes, reconocía
en abril de 2026, en una comunicación oficial del Ejército estadounidense, que
algunos de los drones actuales no mantienen el ritmo de una brigada acorazada
en ataque.
La geometría que se deduce
coincide con la de la propuesta: una Caballería fuerte en la división y
ajustada en la brigada. El regimiento divisionario “España” 11 pone drones y
sensores en profundidad, un escuadrón de contrarreconocimiento y dos
escuadrones tripulados; los grupos de caballería de las brigadas pesadas
combinan vehículos tripulados con secciones agregadas de guerra electrónica y
defensa contra drones, y es el dron el que entra en la Caballería, no al revés.
El inventario precedente da la composición. Aquí importa el reparto de trabajo.
Hasta unos cien kilómetros llegan los drones del regimiento, y esa es la
profundidad nacional mínima que la división conserva si la red aliada falla o
mira a otro sector; más allá reconoce un sistema aliado. Lo que España aporta a
una división multinacional no es la profundidad, que no puede pagar, sino el
contrarreconocimiento y la seguridad integrados en una red aliada de sensores
más densa que la suya. Ese reparto tiene un riesgo propio. La seguridad de los
flancos y del grueso puede absorber enteros los dos escuadrones tripulados del
regimiento, y si el jefe de la división los gasta en ella, nadie hace el
contrarreconocimiento que justifica su diseño.
Sin embargo, las brigadas pesadas
propuestas pasarán cerca de una década sin vehículo de reconocimiento propio,
entre la baja del VEC (el vehículo de exploración de caballería de ruedas
actual), que la propuesta prevé hacia 2028 o 2030, y la llegada de los 40
vehículos de combate de cadenas de exploración en 2039 y 2040. El inventario
previo propone cubrirlo con 40 vehículos de apoyo de cadenas configurados para
explorar, 24 en la X y 16 en la XI, si el reparto del contrato lo permite. Es
un parche, no una solución. Una década sin vehículo propio es también una
década sin adiestrar la exploración de cadenas, y esa pericia no llega con el
vehículo de 2039.
6. El helicóptero de ataque: de arma del contacto a reserva contra
la ruptura
En la doctrina clásica el
helicóptero de ataque era un martillo sobre el carro enemigo, que volaba sobre
el campo de batalla. Sobre la zona batida ya no puede, porque un misil
antiaéreo portátil o un dron de visión en primera persona lo alcanzan antes de
que localice el blanco. Según un estudio de una agencia de la OTAN con datos de
fuentes abiertas, recogido por FlightGlobal en febrero de 2025, Rusia
perdió más de cien helicópteros de ataque en los dos primeros años de guerra.
Lo que queda es un lanzador a
distancia, que dispara desde detrás de las líneas propias sobre el blanco que
le da un dron. Pedro la geometría es dura. Con una zona de muerte de veinte a
veinticinco kilómetros por lado y un misil que alcanza entre ocho y doce, un
helicóptero que se mantiene fuera de ella solo llega al enemigo que ya ha
penetrado entre ocho y diecisiete kilómetros en el dispositivo propio. Es una
reserva contra la ruptura, no un arma del contacto. Es lo que hicieron los
Ka-52 rusos en Zaporiyia en junio de 2023, que según la prensa especializada
batieron desde detrás de su línea las columnas ucranianas detenidas en los
campos de minas. Esa franja la cubren ya con más alcance y menos riesgo, la
artillería de la división, cuyos K9 batirían a treinta kilómetros o más con
munición de alcance extendido, los cohetes y los drones de fibra óptica. De ahí
una consecuencia: la división «Castillejos» no lleva sección propia de
helicópteros de ataque. Puede recibirlos del escalón superior cuando haya
una ventana para emplearlos, pero no los cuenta como su reserva.
Donde el helicóptero de ataque puede
conservar un oficio es en el Sur, contra los vehículos acorazados que se
acerquen a una plaza. Allí su valor está en el misil y en la red más que en la
célula, que es el fuselaje con su estructura. La modernización del Tigre español
a la versión MkIII, que se hace junto con Francia, está ya adjudicada, pero
esta serie analizará la validez de esa decisión. El número y tipo de aparatos,
el misil, el coste y la fecha en que se abandona el programa si la misión no se
sostiene se resuelven en el artículo del Sur, el único donde hay una misión que
medir. Mientras tanto, la reserva contra la ruptura de la división son los
fuegos y los drones.
7. La brecha, la carencia grave
Una brecha es el paso que se abre
a través de un campo de minas, un foso o una trinchera bajo fuego, para que el
grupo táctico llegue al objetivo. Las brigadas pesadas van al Este, donde el
adversario defiende con campos de minas preparados; los campos de minas fueron
el principal obstáculo de la contraofensiva ucraniana de 2023 en Zaporiyia.
Según un análisis publicado por el Ejército de Estados Unidos en julio de 2025,
las brigadas ucranianas avanzaron unos veinte kilómetros entre junio y noviembre
y perdieron por el camino 518 vehículos, entre ellos 91 carros y 24 de
ingenieros. Sin vehículo de brecha, sin arados y rodillos para el carro, y sin
cargas lineales (un cable explosivo que se lanza sobre el campo de minas y abre
una calle), esas brigadas no atacan una defensa preparada, por moderno que sea
su vehículo de combate.
Abrir una brecha no es una tarea
de vehículos, sino una operación de armas combinadas que la doctrina
estadounidense resume en cinco verbos, suprimir, ocultar, asegurar, reducir y
asaltar (SOSRA, por sus iniciales en inglés), y en tres fuerzas. La de apoyo
aísla la zona y suprime a quien la defiende; la de brecha reduce el obstáculo,
comprueba la calle y la señaliza; la de asalto destruye al defensor y ocupa el
terreno. Bajo observación persistente, suprimir y ocultar son la segunda y la
tercera regla aplicadas al punto más vigilado del frente. El mismo análisis
señala que solo el 3% de las misiones de fuego ucranianas llevaron humo, y que
los drones veían las minas en superficie pero no las enterradas ni las
apiladas.
La propuesta lo cubre con 12
vehículos de brecha y zapadores sobre cascos de Leopard 2E, 24 juegos de arados
y rodillos, dos por compañía de carros; y 16 sistemas de carga lineal, con 32
cargas de repuesto. Ninguno tiene contrato. Los 52 cascos salen del
margen de 55 Leopard que el inventario deja fuera de las 164 unidades, no de
los batallones activos, de modo que la brecha no resta un solo carro a las
brigadas, siempre que una inspección dé por aprovechables esos cascos. 43 en
ese margen para enseñanza, rotación y averías, y cuando llegue el carro de
relevo unos 80 más pasan a reserva de movilización. De ahí podrían tomarse
cascos adicionales si hicieran falta. La referencia es el Kodiak alemán.
El problema no es el casco, sino
el contrato. Seis vehículos de brecha por brigada pesada son los mismos que
tiene el batallón de ingenieros de una brigada acorazada estadounidense, y la
propuesta iguala también sus seis cargas lineales, que según el análisis citado
son las que consume un cinturón de minas de 500 metros. Con unos cien metros
por carga, cada brigada abre un cinturón de una vez; las cargas de repuesto dan
para un segundo intento, y los dos sistemas de la reserva de la división, para
reponer uno perdido. Rusia llevó después sus campos de entre 60 y 120 metros a
500, de modo que esta dotación es un mínimo y no un colchón. Los zapadores que
sirven el material salen de los 400 de cada batallón y no suben la plantilla;
el de la XI está en parte en cuadro, y el batallón de ingenieros de la
división, el único refuerzo que puede reponer lo perdido, es nuevo y también
está en parte en cuadro. La brecha sigue siendo la carencia más grave de la
división porque nada de esto tiene contrato ni proveedor.
8. La división que aplica la doctrina
La división “Castillejos” es el
instrumento que aplica la doctrina. Reúne las dos brigadas pesadas, la X y la
XI, la brigada media sobre el Dragón y las tropas divisionarias, con el
regimiento de caballería “España” 11 como pieza central; el inventario del
artículo ejército
de 2040, unidad por unidad que precede a este texto da sus plantillas, sus
sedes y su procedencia, y aquí solo importa a qué regla sirve cada pieza y qué
le falta.

La asimetría entre la X y la XI
tiene una razón doctrinal. La X, con tres grupos tácticos completos, es la
única brigada que puede ejercitar las cinco reglas en combinación, y por eso
entra primero y recibe siempre el material más moderno. La XI, con un solo
grupo táctico completo y tres batallones en cuadro, es una base de
regeneración. Un batallón en cuadro conserva todos sus vehículos y la mitad de
su plantilla, y completa el resto con reservistas con puesto asignado.
La división existe en tres
estados: un núcleo de mando en 72 horas, una división inicial en 30 días con la
X, la media y las tropas divisionarias, y la completa en 180.
9. El material que aplica la doctrina
La división tiene cinco sistemas
con los que ejecutar las cinco reglas. Cada uno se mide por lo que hace por la
doctrina y por lo que todavía no es.
Los fuegos. Son el sistema
que más pesa en la doctrina, porque la segunda regla hace que abran el camino a
los carros. La división reúne 72 obuses K9 autopropulsados de cadenas, 24 en su
grupo de acción de conjunto y 24 en cada brigada pesada. Además tiene asignado
de forma permanente el mando de artillería de campaña, con su centro de fuegos,
su grupo de adquisición de objetivos y un grupo de cohetes de 18 lanzadores.
Cada batallón de infantería lleva su mortero embarcado, sus municiones
merodeadoras, sus drones y su defensa contra drones. Lo que falta no son tubos,
sino lo que convierte los tubos en degradación: la doctrina y la línea de gasto
de la guerra electrónica de brigada, el paquete de drones y merodeadoras de la
X, y la munición para sostener el ritmo, que trata otro artículo de la serie.
Sirve a la segunda regla, de la que depende todo lo demás.
El carro Leopard 2E. Hay
219 en inventario, 164 en las unidades (82 por brigada, en dos batallones de
41, uno completo y otro en cuadro) y 55 de margen sin dotación, cuyo estado
operativo es dudoso. Su modernización en curso alcanza capacidad inicial en
2029 y final en 2032, y la propuesta añade protección activa para unos 100
carros, a 2,4 millones de euros cada uno, con un proveedor que no puede ser
israelí. Los Leopard llegan al final de su vida de planeamiento en la década de
2040 y se relevan entre 2041 y 2049 con 189 carros de la clase del K2
evolucionado, de 55 toneladas como máximo, tres tripulantes y montaje final
en España. Sirve a la quinta regla; acompaña, protege y contraataca, y no rompe
solo.
El vehículo de combate de
cadenas (VCC). Relevará al Pizarro, del que hoy hay 121 Fase I (en
modernización hasta 2031), 83 Fase II y 21 de puesto de mando. Son 298
vehículos en tres series, más que los Pizarro porque asumen funciones que hoy
no tienen: 40 de exploración, que ocupan el hueco del VEC; 28 para las
compañías de fuego directo de Ceuta y Melilla, y 20 para la Legión de la B, en
lugar de sus Centauro. La primera, de 80 entre 2037 y 2040, equipa un batallón
mecanizado de la X y las compañías de fuego directo de Ceuta y Melilla; la 2a,
de 40 de exploración en 2039 y 2040, va primero a la X; la 2b, de 72 entre 2041
y 2045, equipa su segundo batallón; y la tercera, de 106 hasta 2048, los dos
batallones en cuadro de la XI. Cada uno cuesta unos 8,8 millones de euros. La
doctrina fija sus requisitos: protección activa no israelí desde la primera
serie, torre remota de 30 milímetros común con el Dragón, grupo auxiliar de
energía para vigilar con el motor apagado y cadenas de goma, que reducen el
ruido y la vibración. Se selecciona en 2031 y se contrata en 2034. Hasta
entonces los dos batallones mecanizados de la X combaten con Pizarro sin
protección activa, y su única protección es la burbuja y la dispersión.
El Dragón. Es el 8x8 de
ruedas de la brigada media y del reconocimiento. El primer lote son 348
vehículos, entregados todos a finales de 2028. De ellos, 219 son de infantería,
que equipan tres batallones de unos 60 cada uno y dejan 39 para escuela y
desgaste, y 71 son de zapadores y de mando y observación. La propuesta emplea
58 vehículos de exploración, con la estación remota de 30 milímetros del Dragón
de infantería, comunicaciones de largo alcance, control de drones y misil
contracarro en uno de cada dos. Esos vehículos forman el mando y las dos
secciones de contacto de cada escuadrón, y los tres batallones de infantería
quedan completos. Falta la sección de vigilancia, que irá en AX4 de exploración
hacia 2031. La aceptación de 2028 cubre movilidad, protección, torre, sensores
y mando; la certificación exige el misil contracarro integrado, y hoy el Spike
está cancelado y el Akeron MP no tiene contrato.
El AX4. Es el 4x4
protegido contra minas del VAMTAC, de 17 toneladas y once plazas, con
industrialización prevista hacia mediados de 2027, aunque el Ejército aún no ha
emitido requisito ni contrato, y una prueba en 2029 que exige mover un pelotón
completo, la unidad de dos escuadras que manda un sargento, en un solo vehículo,
con la protección y los equipos montados. La división recibe 192 o 196: 80 para
la retaguardia de las brigadas pesadas (mando, transmisiones, sanidad y
municionamiento), 70 para los apoyos de la brigada media (portamorteros,
ambulancias y defensa contra drones) y 42 o 46 en el reconocimiento, con 18 o
22 de exploración, con mástil de sensores y misil desmontable, y 24 portadores.
No combate en primera línea. Es lo que permite dispersar la retaguardia sin
dejarla desprotegida, es decir, la cuarta regla aplicada a la logística. Si
falla la prueba vuelve el blindado 6x6, y el reconocimiento de ruedas se queda
con tres secciones de Dragón por escuadrón.
Con el Sur, la división comparte
misiones distintas y recursos comunes: logística, defensa antiaérea de capa
media y las dotaciones de dos de las tres baterías del juego de 18 K9
preposicionado en Cádiz. Cómo se reparte cuando los dos teatros piden a la vez
es asunto de los artículos del Estrecho y del compromiso aliado.
Conclusión
La doctrina cabe en una línea y
su coste, en una lista. Degradar a quien observa, saltar corto bajo la propia
burbuja, concentrarse lo imprescindible y emplear el carro como escudo y puño
son decisiones de adiestramiento y de organización antes que de compra. La
división “Castillejos” las aplica con una brigada completa, otra de
regeneración y una media que depende de un misil, y no puede aplicarlas del
todo antes de 2031.
La primera temporada hizo bien en
desmontar la doctrina importada. Faltaba decir qué la sustituye, y este
artículo lo dice con su precio. Queda por ver si el Ejército, y quienes deciden
sobre él, están dispuestos a pagarlo.
El próximo artículo baja al
Sur. El Mando Terrestre del Estrecho no combate como una división; manda
guarniciones enterradas, fuegos y una fuerza de reacción en el único teatro
donde España no puede contar con nadie. Allí la doctrina se llama negación activa
con castigo progresivo, y la pregunta es qué significa «progresivo» cuando el
adversario decide cuándo empieza la partida.
Primera temporada: “Defender
España sin fantasías”: 1. España
no necesita el Leopard 2A8… ni el MGCS. 2. Desmontando
la doctrina acorazada española. 3. El
error de la brigada polivalente. 4. España
no tiene un frente: tiene cinco teatros distintos.
Segunda
temporada: “El Ejército que España necesita”: S-0. El
Ejército de 2040, unidad por unidad. 5. La doctrina acorazada que faltaba y
la división que la aplica (este artículo).
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