jueves, 24 de septiembre de 2026

El soldado español lleva el casco de otra guerra

Lo que el pliego del próximo casco del combate del ejército calla


INTRODUCCIÓN

El Ejército de Tierra ha sacado a concurso su próximo casco de combate. El acuerdo marco prevé 12.000 unidades anuales entre 2027 y 2030, 48.000 en total, ampliables a 72.000 si se ejecutan las dos anualidades de prórroga; el precio máximo es de 855 euros por casco sin impuestos. El plazo de solicitudes de participación se cierra el 7 de octubre y el de ofertas, el 7 de diciembre. Es la mayor compra de cascos del Ejército desde que el Cobat 01 llegó a las unidades en 2017.

El pliego exige raíles laterales, placa frontal para visores nocturnos y un sistema de amortiguación que limite a menos de 5 kilonewtons la fuerza transmitida a la cabeza en un impacto. Pide, por tanto, un casco preparado para integrar equipos. Lo que no dice en su parte pública, porque la documentación técnica es restringida, es qué corte exige, qué superficie del cráneo debe cubrir ni frente a qué amenaza balística debe responder. Son las tres únicas preguntas que importan.

No hay aún modelo elegido. FECSA, fabricante del Cobat 01, parte como proveedor incumbente; su Cobat V6 lo probaron soldados de la VIII Bandera de la Legión en 2023, y en julio de 2025 la Dirección General de Armamento y Material homologó otro modelo de la casa, el Cobat GTH, con validez hasta julio de 2027.

El Cobat V6 de FECSA, favorito no oficial del concurso del Ejército de Tierra. Fuente: FECSA

Pero en 2023, un trabajo de fin de grado del Centro Universitario de la Defensa de Zaragoza, elaborado durante las prácticas de su autor en el Regimiento de paracaidistas Zaragoza n.º 5, comparó el Cobat V6 con dos cascos estadounidenses, el Team Wendy Exfil SL y el Ops-Core FAST SF. Cuarenta y seis paracaidistas valoraron los tres modelos mediante un análisis multicriterio que daba el 58% del peso a la seguridad, un 25% la comodidad, un 13% la compatibilidad y solo el 5% al coste; el Exfil obtuvo 0,52 puntos, el FAST SF 0,38 y el V6, 0,10. El propio autor advierte de que la escasa información disponible sobre el V6 pudo condicionar a los encuestados, y el trabajo se apoya en encuestas y fichas de fabricante, no en un ensayo balístico. No sirve para adjudicar el concurso. Sí demuestra que la comparación con el mercado internacional ya se ha hecho dentro de casa, y que la Compañía de Reconocimiento Avanzado de la propia brigada y el Mando de Operaciones Especiales ya llevan el Exfil.

 

1. La Armada ya ha decidido

La Armada se ha adelantado con un acuerdo marco de 4,45 millones de euros, prórrogas incluidas, que retrata bien el problema. El primer lote son 1.398 cascos FE-Águila de corte alto, del fabricante español Fedur, a un precio máximo de entre 1.019 y 1.097 euros por unidad. El segundo lote agrupa el material especializado: 156 cascos Ops-Core FAST XR para la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE), a entre 2.130 y 2.293 euros; 179 cascos de salto FAST Bump, no balísticos; y 134 sistemas Ops-Core AMP. Estos últimos combinan comunicaciones y protección auditiva activa, es decir, auriculares que atenúan las detonaciones y amplifican la voz y el entorno.

La diferencia de precio no es un capricho de la FGNE. El FAST XR pertenece a otra clase de producto; según las especificaciones del fabricante, detiene un proyectil de 7,62×39 milímetros con núcleo de plomo, la munición del Kaláshnikov, a 732 metros por segundo, y cubre 994 centímetros cuadrados en la talla L con una calota de 780 gramos. Nada de lo publicado indica que el FE-Águila ni el concurso del Ejército exijan protección frente a fusil. No se está comprando el mismo objeto.

Eso no es un defecto en sí mismo. Un casco general puede seguir diseñado frente a fragmento y pistola, porque el nivel fusil cuesta peso y dinero; pero el pliego debe decirlo, igual que debe decir el V50 exigido en cada zona. El V50 es la velocidad a la que un fragmento normalizado perfora el casco en la mitad de los impactos de ensayo. Si algún día se quiere protección frente a fusil, tiene que ser una decisión consciente de peso y precio, no un silencio del pliego técnico.

Hay un segundo dato que explica la elección. Desde el 27 de octubre de 2023, una resolución de la Dirección General de Armamento y Material exime a las unidades de operaciones especiales de la homologación obligatoria del casco de combate. El sistema español ya reconoce, por tanto, que el combatiente especial necesita una vía de adquisición distinta; la pregunta que incomoda es por qué el combatiente convencional sigue encerrado en un precio máximo y en una homologación nacional que, en la práctica, solo superan fabricantes españoles. ¿Acaso la metralla de un dron distingue entre un operador especial y un fusilero?

El tercer dato es el más revelador. Los 134 sistemas auditivos se reparten entre 1.554 cascos balísticos, lo que supone menos de uno por cada once cascos. La Armada ha comprado el soporte para 1.554 cascos, pero el sistema que lo justifica solo para una fracción mínima.

 

2. La amenaza ha cambiado de dirección

Ucrania ha cambiado el problema. Médicos militares rusos estudiaron a unos 6.000 heridos en guerra posicional y publicaron sus resultados en la revista médica oficial de su Ministerio de Defensa. El estudio atribuye más del 75% de las heridas a drones, en torno al 20% a la artillería y solo un 4% a las armas ligeras. El soldado ya no cae por un disparo lateral bien dirigido; cae por metralla que llega desde arriba, desde el parapeto o desde el suelo, en una explosión que no avisa.

Otro estudio analizó a heridos por drones FPV, drones de vuelo en primera persona que pilota un operador a través de la imagen transmitida desde el aparato. Un 22% sufrió lesiones de cabeza y cuello pese a llevar casco militar; en un 19% de los casos, la única lesión fue en el oído. Ese dato esconde tres mecanismos distintos y cada uno exige una respuesta distinta. Hay fragmentos que entran por el recorte del casco, en la sien o sobre la oreja, y se resuelven con cobertura. Hay heridas en zonas que ningún casco cubre, como el cuello, la nuca baja o la mandíbula, y se resuelven con protección mandibular y cervical. Y hay lesiones acústicas por onda expansiva, que se resuelven con protección auditiva activa. El sistema de protección de la cabeza no termina en el borde del casco.

La historia de los cortes encaja en esa tabla. El casco de corte medio, del que derivan el MICH y el ACH estadounidenses, deja la oreja parcialmente al descubierto y protege sien y nuca; el corte alto, cuyo modelo es el FAST, descubre la oreja y la parte superior de la sien para alojar auriculares de diadema. El corte alto nació en las unidades especiales para integrar comunicaciones, visión nocturna y movilidad, y cambia cobertura por ligereza. Esa ligereza tampoco es trivial, porque un visor nocturno, su contrapeso y una radio cargan el cuello durante horas; en una defensa estática de semanas, los gramos pesan tanto como los centímetros cuadrados. La variable decisiva, sin embargo, no es MICH contra FAST, sino cuánta superficie detiene el fragmento y si el oído sigue funcionando después de la explosión.

Ese 75% obliga también a una advertencia contra el fetichismo del equipo. El casco es la última capa de protección. Sin defensa antidrón de trinchera, sin cubierta superior en las posiciones y sin disciplina de movimiento, ni el mejor casco del mundo altera ese 75%.

 

3. El casco no es una carcasa

La idea consagrada de este concurso es que un casco con raíles es un casco modernizado. No lo es. Un casco con anclajes para visor nocturno y auriculares activos, sin visor nocturno ni auriculares activos, es un andamio sin edificio.

España debe comprar un sistema de protección cefálica, no un casco “moderno”. El Ejército de Estados Unidos lo ha entendido así con su casco de nueva generación, el NG-IHPS, que se concibe como un conjunto de calota, retención, suspensión, soporte de visión nocturna, protección auditiva, comunicaciones y protección mandibular. Esta última se distribuye al 6% de la fuerza que combate asomada desde vehículos. Según el propio Ejército estadounidense, el NG-IHPS ofrece más protección frente a balas y fragmentos con un 40% menos de peso para el mismo nivel de protección que sus predecesores.

La protección auditiva, además, no obliga a elegir un corte. Existen dos arquitecturas; los auriculares de diadema, que se montan sobre la oreja y encajan mejor con el corte alto, y los tapones activos de inserción, que funcionan bajo un casco de corte medio sin interferir con la retención. España puede comprar corte medio y protección auditiva a la vez. Lo que no puede hacer es comprar raíles y llamar a eso modernización.

El Cobat 01 es la prueba en casa de ese error. El mismo trabajo de fin de grado mencionado documenta que su corte completo, que extiende la calota sobre las orejas, hace casi imposible llevar a la vez auriculares de protección y comunicación. Cuando se consigue, aplasta las orejas, provoca dolor y daña el propio auricular; y sin esos auriculares, los mandos no logran hacerse oír cuando fusiles, ametralladoras y morteros disparan a la vez. El visor nocturno, además, no se ancla a la calota, sino a un atalaje con piezas de plástico que tienden a romperse por la tensión de la cinta. Es un casco de 1.350 gramos que protege la oreja y deja al pelotón sin oído ni radio. Un desastre.

 

4. Cada unidad, su función

La diferenciación del casco de combate entre unidades tiene sentido, pero la determina la función y no el prestigio. El fusilero de infantería, sea de la Legión, de Montaña o de un batallón mecanizado, pasará largos periodos en posiciones fijas bajo vigilancia de drones y fuego indirecto; y necesita la máxima cobertura con corte medio y protección auditiva compatible. Las tripulaciones de vehículos necesitan además protección mandibular, porque el tirador que combate asomado a la escotilla expone la cara inferior y el cuello.

El corte alto tiene sentido para quien opera en acciones cortas con mucho equipo montado sobre la cabeza. Es el caso del Mando de Operaciones Especiales, la FGNE y el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire, así como de los elementos de reconocimiento que viven de la visión nocturna.

La Infantería de Marina exige una arquitectura de familia, no un casco único. Es la fuerza de entrada de la Armada y, al mismo tiempo, la primera candidata a reforzar Canarias, Ceuta, Melilla y los peñones; en ambos escenarios, sus batallones de desembarco combatirán en un litoral vigilado por drones y batido por fuego indirecto. Ese perfil pide corte medio para el grueso de la fuerza, corte alto para la FGNE y el reconocimiento, y configuraciones propias para las tripulaciones de vehículos anfibios. Es lo que ha hecho Alemania, cuyo nuevo casco se suministra en versiones de corte alto y bajo según la función. Los 1.398 FE-Águila de corte alto ya licitados para la infantería de marina regular son un hecho; la corrección corresponde a las próximas compras, no a la que ya está en marcha.

Sobre los paracaidistas conviene desmontar un mito extendido, como es que el salto exige por sí mismo un casco de corte alto. El Ejército estadounidense empezó a distribuir el NG-IHPS en febrero de 2024 precisamente por unos 2.000 soldados de la 1.ª Brigada de la 82.ª División Aerotransportada, y en Alemania el casco de transición de la Bundeswehr quedó calificado para el salto. La Brigada Paracaidista combate como infantería ligera una vez en tierra y debe llevar el casco general, certificado para el salto automático; el salto a gran altitud de las unidades especiales es otro requisito y otro casco.

Pero el salto sí exige otra cosa que el Cobat 01 no garantiza. El trabajo de fin de grado describe un cierre magnético del atalaje que el golpe de las bandas del paracaídas al abrirse puede soltar, un cable de ajuste que se rompe con los impactos transversales y almohadillas que se endurecen con el frío. En una prueba en la torre del Centro de Instrucción Paracaidista, tres de los seis saltadores, todos con cascos nuevos, perdieron tensión en el atalaje tras el salto. Los encuestados eligieron un casco de corte alto, pero partían de un casco de corte completo que no admite auriculares, y el corte nunca figuró entre los criterios del estudio. El requisito del paracaidista es la retención, no el corte.

Queda un requisito que ningún debate sobre cortes menciona. El pliego debe exigir un rango de tallas basado en la antropometría real de la tropa, incluidas las mujeres, y no las tres tallas heredadas de la época del Marte. Un casco que no ajusta se mueve, y no sirve si se mueve con un visor nocturno montado.

 

5. Doce mil al año

A 12.000 cascos anuales, las entregas no terminarían hasta 2032 y solo si se ejecutan las dos prórrogas; el propio pliego advierte de que las cantidades dependen de la disponibilidad presupuestaria de cada ejercicio. Hay un dato más grave. Según las estadísticas de personal del Ministerio de Defensa, el Ejército de Tierra tenía en 2025 unos 73.000 militares en servicio activo. Los 48.000 cascos del periodo inicial no cubren ni dos tercios de esa plantilla; el techo de 72.000, con las prórrogas, apenas da uno por soldado y no deja ninguno de reserva. Quien quede fuera del cupo seguirá con el Cobat 01, al que todavía en julio de 2026 se le compraron almohadillas y atalajes por 1,12 millones de euros.

Alemania ha seguido la lógica contraria. La Bundeswehr ha firmado con la empresa Hexonia un marco de 1,4 millones de cascos, 700.000 de ellos en firme, y recibirá una cifra de seis dígitos este mismo año. Para una fuerza de unos 180.000 militares en activo, eso supone casi cuatro cascos firmes por soldado. Berlín no compra una dotación; compra una reserva.

España no tiene un stock de guerra de protección individual. Una reserva razonable debe cubrir la instrucción, el desgaste del ciclo de vida, las bajas de material en combate y la dotación de los reservistas movilizados; este análisis propone como orden de magnitud un 30% sobre plantilla, cifra que es una propuesta y no un dato oficial. Sin esa reserva, la primera semana de guerra se librará con los cascos que haya en los almacenes el día anterior.

 

6. La homologación como frontera

La práctica consagrada es la homologación nacional. El casco debe superar la norma militar NME-2786/2017, gestionada por la Dirección General de Armamento y Material, y en la práctica solo la superan fabricantes nacionales; las homologaciones públicas corresponden al FE-Águila de Fedur, desde 2018, y a los modelos de FECSA.

El argumento industrial merece respuesta, porque no es frívolo. Ucrania ha enseñado dos lecciones a la vez; la primera es el soldado no puede llevar un casco mediocre por política industrial, y la segunda que un país no puede depender de un único proveedor extranjero cuando el consumo de material se dispara en una guerra larga. La solución no es abrir el mercado sin condiciones, sino separar la prestación de la procedencia. Prestaciones abiertas y fabricación soberana cuando sea posible.

La práctica ya ha resuelto el dilema que el pliego aún finge no ver. Cuando una unidad española puede elegir, no elige el casco de la homologación nacional: paga más y compra un sistema distinto, de otro nivel de protección y de otro país. El Estado lo ha reconocido por escrito al eximir a las operaciones especiales de la NME-2786/2017. Lo que no ha explicado es por qué esa vía existe para los 156 cascos de la FGNE y no para el fusilero que va a pasar semanas bajo los drones. Cerrar la norma y topar el precio en 855 euros no es una política industrial; es una política de dos cascos. El segundo, el que llega tarde y sin el oído ni la cobertura publicados, es el que va a combatir en primera línea.

La industria nacional puede y debe fabricar el casco; lo que no puede es seguir midiéndose con una norma que solo manejan dos fabricantes.

 

7. El casco que yo elegiría

Hasta aquí, este análisis ha señalado lo que el pliego calla. Toca mojarse, porque el lector tiene derecho a saber qué casco firmaría si mañana tuviera que redactar las prescripciones técnicas, aunque del concurso acabe saliendo otra cosa. Y el orden importa tanto como la respuesta; primero los mínimos, después el ensayo y solo al final la bandera.

Los mínimos no son negociables. El primero es un techo de masa con exclusión, no una simple ponderación en la puntuación; quien lo supere queda fuera del concurso, sin que un precio más bajo lo compense. Los demás fijan la protección por amenaza y por zona, miden la cobertura en lugar de describirla y exigen al fabricante capacidad real de entrega. Para la pistola, la referencia es la norma VPAM, la que utilizan los laboratorios europeos de ensayo balístico; su nivel 3 corresponde a un proyectil de 9 milímetros y 8 gramos a 415 metros por segundo. El nivel fusil queda fuera del mínimo general y entra como aplique frontal para los puestos que lo justifiquen, como los tiradores en posiciones fijas o las tripulaciones que combaten asomadas a la escotilla.

Los mínimos son una propuesta de este análisis, no requisitos oficiales; las referencias proceden de especificaciones publicadas por los fabricantes.

La deformación dinámica mide cuánto se hunde la calota hacia el cráneo en el instante del impacto, aunque el fragmento no la atraviese; un casco que detiene la esquirla pero golpea el hueso solo ha cambiado el tipo de herida. La cobertura de 1.100 centímetros cuadrados supone alrededor de un 10% más que el mejor casco de corte alto en la misma talla, que es lo mínimo exigible a un casco cuya razón de ser es cubrir la sien y la nuca. Que un casco de corte completo suela cubrir más que uno de corte alto no es un dato de pliego; por eso el umbral se mide en el ensayo y no se presume de ningún modelo. Y si ningún casco que cumpla estos mínimos cabe en 855 euros, lo que sobra es el techo de precio, no el requisito. Los dos cascos que prefirieron los paracaidistas costaban en 2023, a precio de catálogo, 1.642 y 2.040 dólares.

Con esos mínimos en la mano, la referencia técnica de arquitectura que yo tomaría hoy es la familia Trivium, del fabricante alemán Hexonia, en sus cortes completo y medio. Equipa al Kommando Spezialkräfte desde 2022 y de ella deriva el nuevo casco general de la Bundeswehr. Es una referencia, no un adjudicatario, y la sostienen tres razones por orden de peso.

La primera es la arquitectura. Trivium es una sola familia en cuatro cortes, completo, medio, alto y superalto, con mandíbula compatible con los auriculares, viseras, protectores auriculares balísticos desmontables y aplique frontal frente a fusil. Es exactamente la lógica de un sistema de protección cefálica en el que la función decide el corte sin multiplicar proveedores ni repuestos. La segunda son los datos. Su catálogo declara cifras que ya superan los mínimos de la tabla. Frente al fragmento de 1,1 gramos de la norma OTAN STANAG 2920 alcanza un V50 de más de 770 metros por segundo, con una deformación dinámica de 15 milímetros como máximo y unos 1.160 gramos listo para el uso en talla L.

La tercera es la fabricación. Hexonia produce en Nettetal y en la planta polaca de Lębork, con materiales de la Unión Europea y de la OTAN, lo que cumple la cláusula que este análisis reclama y, sobre todo, hace posible fabricarlo bajo licencia en España. El volumen alemán, 700.000 cascos en firme, demuestra la madurez del diseño; no garantiza el suministro, porque en una crisis europea Alemania servirá primero a sus soldados, por lo que la fabricación nacional es recomendable.

De ahí sale la regla de decisión, la única coherente con todo lo anterior. Si un casco nacional, sea la versión larga del FE-Águila o la familia Cobat, iguala en el ensayo comparativo el V50, la cobertura, la masa y la deformación de la tabla, me quedo con el casco español. La guerra larga la gana quien rehace calotas en Madrid o en Zaragoza, no quien espera un contenedor desde Nettetal. Si no llega a los 730 metros por segundo y a los 1.100 centímetros cuadrados, entonces sí, Trivium fabricado bajo licencia en España, con FECSA o Fedur como segunda fuente. Hoy ninguno de los dos fabricantes nacionales publica el V50 ni la cobertura de sus modelos; del Cobat V6 solo se sabe que cumple la norma estadounidense NIJ 0106.1 frente a pistola y que se fabrica en tres tallas, dos por debajo del mínimo propuesto.

Hay una salvedad que no puedo callar. Las cifras del Trivium proceden del catálogo del fabricante, no de un ensayo oficial español, y la versión que recibe la Bundeswehr es una evolución cuyos datos homologados no se han publicado. La elección debe confirmarse con tropa y equipo completo en un ensayo comparativo real, no en un catálogo.

Queda una referencia estadounidense que conviene tener delante. El NG-IHPS es el casco de infantería mejor documentado de su clase; según el ingeniero jefe del programa, pesa entre 1,32 y 1,78 kilos en sus cinco tallas, admite mandíbula y protección auditiva, protege frente a amenazas de fusil y ya lo lleva la 82.ª División Aerotransportada. Pero es un programa del Gobierno de Estados Unidos; adquirirlo supondría depender de las decisiones de exportación de Washington sin dejar tejido industrial en Europa, así que debe servir como patrón técnico y no como compra, salvo que Washington autorice su fabricación bajo licencia en España. En ese caso entraría en el ensayo con los mismos mínimos que los demás, con una desventaja que ningún casco europeo arrastra: las normas estadounidenses de exportación seguirían decidiendo sobre su suministro.

Y hay tres opciones que descartaría explícitamente. El Cobat 01 no puede ser la base del casco futuro, porque pesa 1.350 gramos, su corte completo impide los auriculares activos y su visor nocturno depende de un atalaje de plástico que se rompe; su destino es pasar en cascada a las unidades de apoyo. Un casco de corte alto tampoco puede ser la dotación general, por ligero que sea, porque renuncia a la sien y a la oreja en la guerra del fragmento. Y un casco de nivel fusil para todos, de la clase del FAST XR, tampoco tiene sentido. Con cobertura de corte medio, ese nivel de protección llevaría la calota por encima del kilo y medio; ese peso lo cargaría el cuello durante semanas para protegerse del 4% de las heridas, restando margen frente al 75% que causan los drones. Los apliques frente a fusil acoplables al casco general asignados por misión para puestos de control, combate urbano, tiradores o asaltos cortos, deberían ser suficientes. La protección contra fusil se añade cuando la misión lo exige. Estados Unidos ha empezado a dar ese salto con el NG-IHPS, pero tras un programa de más de una década; a 855 euros por casco, la protección frente a fusil debe llegar como aplique para puestos concretos, no de serie en 72.000 cabezas.

Conviene poner cifras sobre la mesa. Dotar a unos 73.000 militares del Ejército de Tierra con una reserva del 30% exige unos 95.000 cascos; al precio máximo del concurso, los 23.000 que faltan sobre el techo de 72.000 cuestan alrededor de 20 millones de euros sin impuestos. Es menos de un tercio del valor estimado del acuerdo marco. La reserva de guerra de la cabeza del soldado no es inalcanzable; simplemente no se ha pedido.

El análisis firma los umbrales; el nombre del casco lo pone el polígono de ensayos.

 

8. Hoja de ruta

De este análisis se derivan seis pasos concretos, todos exigibles antes de que el Ejército de Tierra adjudique el concurso en diciembre.

Definir la amenaza y la cobertura, no el corte comercial. El concurso debe publicar sus parámetros no sensibles: superficie y geometría de cobertura, V50 por zona, proyectiles de referencia, absorción de impacto, deformación transmitida al cráneo y peso del sistema completo. Mientras esos umbrales sean documentación restringida, el concurso lo decide quien ya está dentro del club.

Comprar el paquete de cabeza, no la carcasa. Casco, retención, almohadillas, protección auditiva activa, protección mandibular para las tripulaciones, apliques frente a fusil para los puestos que lo exijan y funda de baja firma infrarroja deben tener crédito reservado en el mismo programa, con el mismo calendario.

Evaluar con soldados y equipo completo. La prueba decisiva no se hace en un banco de ensayos, sino con tropa que lleve durante horas casco, protección auditiva, visor nocturno, gafas balísticas y equipo individual mientras corre, se tumba, dispara y escucha.

Diferenciar por función. Corte medio para la infantería, la Legión, la Brigada Paracaidista y los batallones de desembarco; corte alto para el Mando de Operaciones Especiales, la FGNE, el EZAPAC y el reconocimiento; configuraciones propias para tripulaciones; tallaje antropométrico real para todos.

Abrir la homologación a las prestaciones. Cualquier fabricante que supere los umbrales publicados debe poder competir, con una cláusula de producción en territorio de la Unión Europea o de la OTAN que preserve la segunda fuente y la seguridad de suministro.

Crear una reserva de guerra de protección individual. Un 30% sobre plantilla como orden de magnitud, calculado sobre instrucción, desgaste, bajas y movilización, y financiado fuera del acuerdo marco actual.

España está comprando piezas de un sistema de protección, no el sistema que exige el campo de batalla. La variable nunca fue MICH contra FAST; es la superficie que detiene el fragmento, el oído que sigue funcionando después de la explosión y los cascos que existen el año en que hacen falta. Todo lo demás es catálogo.

 

Próxima entrega: el chaleco portaplacas español y la misma pregunta de fondo, planteada esta vez sobre el peso que carga el soldado y no sobre su cabeza.

 

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