Lo que el pliego del próximo casco del combate del ejército calla
INTRODUCCIÓN
El Ejército de Tierra ha sacado a
concurso su próximo casco de combate. El acuerdo marco prevé 12.000 unidades
anuales entre 2027 y 2030, 48.000 en total, ampliables a 72.000 si se ejecutan
las dos anualidades de prórroga; el precio máximo es de 855 euros por casco sin
impuestos. El plazo de solicitudes de participación se cierra el 7 de octubre y
el de ofertas, el 7 de diciembre. Es la mayor compra de cascos del Ejército
desde que el Cobat 01 llegó a las unidades en 2017.
El pliego exige raíles laterales,
placa frontal para visores nocturnos y un sistema de amortiguación que limite a
menos de 5 kilonewtons la fuerza transmitida a la cabeza en un impacto. Pide,
por tanto, un casco preparado para integrar equipos. Lo que no dice en su parte
pública, porque la documentación técnica es restringida, es qué corte exige,
qué superficie del cráneo debe cubrir ni frente a qué amenaza balística debe
responder. Son las tres únicas preguntas que importan.
No hay aún modelo elegido. FECSA,
fabricante del Cobat 01, parte como proveedor incumbente; su Cobat V6 lo
probaron soldados de la VIII Bandera de la Legión en 2023, y en julio de 2025
la Dirección General de Armamento y Material homologó otro modelo de la casa,
el Cobat GTH, con validez hasta julio de 2027.
El Cobat V6 de FECSA,
favorito no oficial del concurso del Ejército de Tierra. Fuente: FECSA
Pero en 2023, un trabajo de fin
de grado del Centro Universitario de la Defensa de Zaragoza, elaborado durante
las prácticas de su autor en el Regimiento de paracaidistas Zaragoza n.º 5,
comparó el Cobat V6 con dos cascos estadounidenses, el Team Wendy Exfil SL y el
Ops-Core FAST SF. Cuarenta y seis paracaidistas valoraron los tres modelos
mediante un análisis multicriterio que daba el 58% del peso a la seguridad, un
25% la comodidad, un 13% la compatibilidad y solo el 5% al coste; el Exfil
obtuvo 0,52 puntos, el FAST SF 0,38 y el V6, 0,10. El propio autor advierte de
que la escasa información disponible sobre el V6 pudo condicionar a los
encuestados, y el trabajo se apoya en encuestas y fichas de fabricante, no en
un ensayo balístico. No sirve para adjudicar el concurso. Sí demuestra que la
comparación con el mercado internacional ya se ha hecho dentro de casa, y que
la Compañía de Reconocimiento Avanzado de la propia brigada y el Mando de
Operaciones Especiales ya llevan el Exfil.
1. La Armada ya ha decidido
La Armada se ha adelantado con un
acuerdo marco de 4,45 millones de euros, prórrogas incluidas, que retrata bien
el problema. El primer lote son 1.398 cascos FE-Águila de corte alto, del
fabricante español Fedur, a un precio máximo de entre 1.019 y 1.097 euros por
unidad. El segundo lote agrupa el material especializado: 156 cascos Ops-Core
FAST XR para la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE), a entre 2.130 y 2.293
euros; 179 cascos de salto FAST Bump, no balísticos; y 134 sistemas Ops-Core
AMP. Estos últimos combinan comunicaciones y protección auditiva activa, es
decir, auriculares que atenúan las detonaciones y amplifican la voz y el
entorno.
La diferencia de precio no es un
capricho de la FGNE. El FAST XR pertenece a otra clase de producto; según las
especificaciones del fabricante, detiene un proyectil de 7,62×39 milímetros con
núcleo de plomo, la munición del Kaláshnikov, a 732 metros por segundo, y cubre
994 centímetros cuadrados en la talla L con una calota de 780 gramos. Nada de
lo publicado indica que el FE-Águila ni el concurso del Ejército exijan
protección frente a fusil. No se está comprando el mismo objeto.
Eso no es un defecto en sí mismo.
Un casco general puede seguir diseñado frente a fragmento y pistola, porque el
nivel fusil cuesta peso y dinero; pero el pliego debe decirlo, igual que debe
decir el V50 exigido en cada zona. El V50 es la velocidad a la que un fragmento
normalizado perfora el casco en la mitad de los impactos de ensayo. Si algún
día se quiere protección frente a fusil, tiene que ser una decisión consciente
de peso y precio, no un silencio del pliego técnico.
Hay un segundo dato que explica
la elección. Desde el 27 de octubre de 2023, una resolución de la Dirección
General de Armamento y Material exime a las unidades de operaciones especiales
de la homologación obligatoria del casco de combate. El sistema español ya
reconoce, por tanto, que el combatiente especial necesita una vía de
adquisición distinta; la pregunta que incomoda es por qué el combatiente
convencional sigue encerrado en un precio máximo y en una homologación nacional
que, en la práctica, solo superan fabricantes españoles. ¿Acaso la metralla de
un dron distingue entre un operador especial y un fusilero?
El tercer dato es el más
revelador. Los 134 sistemas auditivos se reparten entre 1.554 cascos
balísticos, lo que supone menos de uno por cada once cascos. La Armada ha
comprado el soporte para 1.554 cascos, pero el sistema que lo justifica solo
para una fracción mínima.
2. La amenaza ha cambiado de dirección
Ucrania ha cambiado el problema.
Médicos militares rusos estudiaron a unos 6.000 heridos en guerra posicional y
publicaron sus resultados en la revista médica oficial de su Ministerio de
Defensa. El estudio atribuye más del 75% de las heridas a drones, en torno al
20% a la artillería y solo un 4% a las armas ligeras. El soldado ya no cae por
un disparo lateral bien dirigido; cae por metralla que llega desde arriba,
desde el parapeto o desde el suelo, en una explosión que no avisa.
Otro estudio analizó a heridos
por drones FPV, drones de vuelo en primera persona que pilota un operador a
través de la imagen transmitida desde el aparato. Un 22% sufrió lesiones de
cabeza y cuello pese a llevar casco militar; en un 19% de los casos, la única
lesión fue en el oído. Ese dato esconde tres mecanismos distintos y cada uno
exige una respuesta distinta. Hay fragmentos que entran por el recorte del
casco, en la sien o sobre la oreja, y se resuelven con cobertura. Hay heridas
en zonas que ningún casco cubre, como el cuello, la nuca baja o la mandíbula, y
se resuelven con protección mandibular y cervical. Y hay lesiones acústicas por
onda expansiva, que se resuelven con protección auditiva activa. El sistema de
protección de la cabeza no termina en el borde del casco.
La historia de los cortes encaja
en esa tabla. El casco de corte medio, del que derivan el MICH y el ACH
estadounidenses, deja la oreja parcialmente al descubierto y protege sien y
nuca; el corte alto, cuyo modelo es el FAST, descubre la oreja y la parte
superior de la sien para alojar auriculares de diadema. El corte alto nació en
las unidades especiales para integrar comunicaciones, visión nocturna y
movilidad, y cambia cobertura por ligereza. Esa ligereza tampoco es trivial,
porque un visor nocturno, su contrapeso y una radio cargan el cuello durante
horas; en una defensa estática de semanas, los gramos pesan tanto como los
centímetros cuadrados. La variable decisiva, sin embargo, no es MICH contra
FAST, sino cuánta superficie detiene el fragmento y si el oído sigue
funcionando después de la explosión.
Ese 75% obliga también a una
advertencia contra el fetichismo del equipo. El casco es la última capa de
protección. Sin defensa antidrón de trinchera, sin cubierta superior en las
posiciones y sin disciplina de movimiento, ni el mejor casco del mundo altera
ese 75%.
3. El casco no es una carcasa
La idea consagrada de este
concurso es que un casco con raíles es un casco modernizado. No lo es. Un casco
con anclajes para visor nocturno y auriculares activos, sin visor nocturno ni
auriculares activos, es un andamio sin edificio.
España debe comprar un sistema de
protección cefálica, no un casco “moderno”. El Ejército de Estados Unidos lo ha
entendido así con su casco de nueva generación, el NG-IHPS, que se concibe como
un conjunto de calota, retención, suspensión, soporte de visión nocturna,
protección auditiva, comunicaciones y protección mandibular. Esta última se
distribuye al 6% de la fuerza que combate asomada desde vehículos. Según el
propio Ejército estadounidense, el NG-IHPS ofrece más protección frente a balas
y fragmentos con un 40% menos de peso para el mismo nivel de protección que sus
predecesores.
La protección auditiva, además,
no obliga a elegir un corte. Existen dos arquitecturas; los auriculares de
diadema, que se montan sobre la oreja y encajan mejor con el corte alto, y los
tapones activos de inserción, que funcionan bajo un casco de corte medio sin
interferir con la retención. España puede comprar corte medio y protección
auditiva a la vez. Lo que no puede hacer es comprar raíles y llamar a eso
modernización.
El Cobat 01 es la prueba en casa
de ese error. El mismo trabajo de fin de grado mencionado documenta que su
corte completo, que extiende la calota sobre las orejas, hace casi imposible
llevar a la vez auriculares de protección y comunicación. Cuando se consigue,
aplasta las orejas, provoca dolor y daña el propio auricular; y sin esos
auriculares, los mandos no logran hacerse oír cuando fusiles, ametralladoras y
morteros disparan a la vez. El visor nocturno, además, no se ancla a la calota,
sino a un atalaje con piezas de plástico que tienden a romperse por la tensión
de la cinta. Es un casco de 1.350 gramos que protege la oreja y deja al pelotón
sin oído ni radio. Un desastre.
4. Cada unidad, su función
La diferenciación del casco de
combate entre unidades tiene sentido, pero la determina la función y no el
prestigio. El fusilero de infantería, sea de la Legión, de Montaña o de un
batallón mecanizado, pasará largos periodos en posiciones fijas bajo vigilancia
de drones y fuego indirecto; y necesita la máxima cobertura con corte medio y
protección auditiva compatible. Las tripulaciones de vehículos necesitan además
protección mandibular, porque el tirador que combate asomado a la escotilla
expone la cara inferior y el cuello.
El corte alto tiene sentido para
quien opera en acciones cortas con mucho equipo montado sobre la cabeza. Es el
caso del Mando de Operaciones Especiales, la FGNE y el Escuadrón de Zapadores
Paracaidistas del Ejército del Aire, así como de los elementos de
reconocimiento que viven de la visión nocturna.
La Infantería de Marina exige una
arquitectura de familia, no un casco único. Es la fuerza de entrada de la
Armada y, al mismo tiempo, la primera candidata a reforzar Canarias, Ceuta,
Melilla y los peñones; en ambos escenarios, sus batallones de desembarco
combatirán en un litoral vigilado por drones y batido por fuego indirecto. Ese
perfil pide corte medio para el grueso de la fuerza, corte alto para la FGNE y
el reconocimiento, y configuraciones propias para las tripulaciones de
vehículos anfibios. Es lo que ha hecho Alemania, cuyo nuevo casco se suministra
en versiones de corte alto y bajo según la función. Los 1.398 FE-Águila de
corte alto ya licitados para la infantería de marina regular son un hecho; la
corrección corresponde a las próximas compras, no a la que ya está en marcha.
Sobre los paracaidistas conviene
desmontar un mito extendido, como es que el salto exige por sí mismo un casco
de corte alto. El Ejército estadounidense empezó a distribuir el NG-IHPS en
febrero de 2024 precisamente por unos 2.000 soldados de la 1.ª Brigada de la
82.ª División Aerotransportada, y en Alemania el casco de transición de la Bundeswehr
quedó calificado para el salto. La Brigada Paracaidista combate como infantería
ligera una vez en tierra y debe llevar el casco general, certificado para el
salto automático; el salto a gran altitud de las unidades especiales es otro
requisito y otro casco.
Pero el salto sí exige otra cosa
que el Cobat 01 no garantiza. El trabajo de fin de grado describe un cierre
magnético del atalaje que el golpe de las bandas del paracaídas al abrirse
puede soltar, un cable de ajuste que se rompe con los impactos transversales y
almohadillas que se endurecen con el frío. En una prueba en la torre del Centro
de Instrucción Paracaidista, tres de los seis saltadores, todos con cascos
nuevos, perdieron tensión en el atalaje tras el salto. Los encuestados
eligieron un casco de corte alto, pero partían de un casco de corte completo
que no admite auriculares, y el corte nunca figuró entre los criterios del
estudio. El requisito del paracaidista es la retención, no el corte.
Queda un requisito que ningún
debate sobre cortes menciona. El pliego debe exigir un rango de tallas basado
en la antropometría real de la tropa, incluidas las mujeres, y no las tres
tallas heredadas de la época del Marte. Un casco que no ajusta se mueve, y no
sirve si se mueve con un visor nocturno montado.
5. Doce mil al año
A 12.000 cascos anuales, las
entregas no terminarían hasta 2032 y solo si se ejecutan las dos prórrogas; el
propio pliego advierte de que las cantidades dependen de la disponibilidad
presupuestaria de cada ejercicio. Hay un dato más grave. Según las estadísticas
de personal del Ministerio de Defensa, el Ejército de Tierra tenía en 2025 unos
73.000 militares en servicio activo. Los 48.000 cascos del periodo inicial no
cubren ni dos tercios de esa plantilla; el techo de 72.000, con las prórrogas,
apenas da uno por soldado y no deja ninguno de reserva. Quien quede fuera del
cupo seguirá con el Cobat 01, al que todavía en julio de 2026 se le compraron
almohadillas y atalajes por 1,12 millones de euros.
Alemania ha seguido la lógica
contraria. La Bundeswehr ha firmado con la empresa Hexonia un marco de
1,4 millones de cascos, 700.000 de ellos en firme, y recibirá una cifra de seis
dígitos este mismo año. Para una fuerza de unos 180.000 militares en activo,
eso supone casi cuatro cascos firmes por soldado. Berlín no compra una
dotación; compra una reserva.
España no tiene un stock de
guerra de protección individual. Una reserva razonable debe cubrir la
instrucción, el desgaste del ciclo de vida, las bajas de material en combate y
la dotación de los reservistas movilizados; este análisis propone como orden de
magnitud un 30% sobre plantilla, cifra que es una propuesta y no un dato
oficial. Sin esa reserva, la primera semana de guerra se librará con los cascos
que haya en los almacenes el día anterior.
6. La homologación como frontera
La práctica consagrada es la
homologación nacional. El casco debe superar la norma militar NME-2786/2017,
gestionada por la Dirección General de Armamento y Material, y en la práctica
solo la superan fabricantes nacionales; las homologaciones públicas
corresponden al FE-Águila de Fedur, desde 2018, y a los modelos de FECSA.
El argumento industrial merece
respuesta, porque no es frívolo. Ucrania ha enseñado dos lecciones a la vez; la
primera es el soldado no puede llevar un casco mediocre por política
industrial, y la segunda que un país no puede depender de un único proveedor
extranjero cuando el consumo de material se dispara en una guerra larga. La
solución no es abrir el mercado sin condiciones, sino separar la prestación de
la procedencia. Prestaciones abiertas y fabricación soberana cuando sea
posible.
La práctica ya ha resuelto el
dilema que el pliego aún finge no ver. Cuando una unidad española puede elegir,
no elige el casco de la homologación nacional: paga más y compra un sistema
distinto, de otro nivel de protección y de otro país. El Estado lo ha
reconocido por escrito al eximir a las operaciones especiales de la
NME-2786/2017. Lo que no ha explicado es por qué esa vía existe para los 156
cascos de la FGNE y no para el fusilero que va a pasar semanas bajo los drones.
Cerrar la norma y topar el precio en 855 euros no es una política industrial;
es una política de dos cascos. El segundo, el que llega tarde y sin el oído ni
la cobertura publicados, es el que va a combatir en primera línea.
La industria nacional puede y
debe fabricar el casco; lo que no puede es seguir midiéndose con una norma que
solo manejan dos fabricantes.
7. El casco que yo elegiría
Hasta aquí, este análisis ha
señalado lo que el pliego calla. Toca mojarse, porque el lector tiene derecho a
saber qué casco firmaría si mañana tuviera que redactar las prescripciones
técnicas, aunque del concurso acabe saliendo otra cosa. Y el orden importa
tanto como la respuesta; primero los mínimos, después el ensayo y solo al final
la bandera.
Los mínimos no son
negociables. El primero es un techo de masa con exclusión, no una simple
ponderación en la puntuación; quien lo supere queda fuera del concurso, sin que
un precio más bajo lo compense. Los demás fijan la protección por amenaza y por
zona, miden la cobertura en lugar de describirla y exigen al fabricante
capacidad real de entrega. Para la pistola, la referencia es la norma VPAM, la
que utilizan los laboratorios europeos de ensayo balístico; su nivel 3
corresponde a un proyectil de 9 milímetros y 8 gramos a 415 metros por segundo.
El nivel fusil queda fuera del mínimo general y entra como aplique
frontal para los puestos que lo justifiquen, como los tiradores en posiciones
fijas o las tripulaciones que combaten asomadas a la escotilla.
Los mínimos son una propuesta de este análisis, no
requisitos oficiales; las referencias proceden de especificaciones publicadas
por los fabricantes.
La deformación dinámica mide
cuánto se hunde la calota hacia el cráneo en el instante del impacto, aunque el
fragmento no la atraviese; un casco que detiene la esquirla pero golpea el
hueso solo ha cambiado el tipo de herida. La cobertura de 1.100 centímetros
cuadrados supone alrededor de un 10% más que el mejor casco de corte alto en la
misma talla, que es lo mínimo exigible a un casco cuya razón de ser es cubrir
la sien y la nuca. Que un casco de corte completo suela cubrir más que uno de
corte alto no es un dato de pliego; por eso el umbral se mide en el ensayo y no
se presume de ningún modelo. Y si ningún casco que cumpla estos mínimos cabe en
855 euros, lo que sobra es el techo de precio, no el requisito. Los dos cascos
que prefirieron los paracaidistas costaban en 2023, a precio de catálogo, 1.642
y 2.040 dólares.
Con esos mínimos en la mano, la referencia
técnica de arquitectura que yo tomaría hoy es la familia Trivium,
del fabricante alemán Hexonia, en sus cortes completo y medio. Equipa al Kommando
Spezialkräfte desde 2022 y de ella deriva el nuevo casco general de la Bundeswehr.
Es una referencia, no un adjudicatario, y la sostienen tres razones por orden
de peso.
La primera es la arquitectura.
Trivium es una sola familia en cuatro cortes, completo, medio, alto y
superalto, con mandíbula compatible con los auriculares, viseras, protectores
auriculares balísticos desmontables y aplique frontal frente a fusil. Es
exactamente la lógica de un sistema de protección cefálica en el que la función
decide el corte sin multiplicar proveedores ni repuestos. La segunda son los
datos. Su catálogo declara cifras que ya superan los mínimos de la tabla.
Frente al fragmento de 1,1 gramos de la norma OTAN STANAG 2920 alcanza un V50
de más de 770 metros por segundo, con una deformación dinámica de 15 milímetros
como máximo y unos 1.160 gramos listo para el uso en talla L.
La tercera es la fabricación.
Hexonia produce en Nettetal y en la planta polaca de Lębork, con materiales de
la Unión Europea y de la OTAN, lo que cumple la cláusula que este análisis
reclama y, sobre todo, hace posible fabricarlo bajo licencia en España.
El volumen alemán, 700.000 cascos en firme, demuestra la madurez del diseño; no
garantiza el suministro, porque en una crisis europea Alemania servirá primero
a sus soldados, por lo que la fabricación nacional es recomendable.
De ahí sale la regla de
decisión, la única coherente con todo lo anterior. Si un casco nacional,
sea la versión larga del FE-Águila o la familia Cobat, iguala en el ensayo
comparativo el V50, la cobertura, la masa y la deformación de la tabla, me
quedo con el casco español. La guerra larga la gana quien rehace calotas en
Madrid o en Zaragoza, no quien espera un contenedor desde Nettetal. Si no llega
a los 730 metros por segundo y a los 1.100 centímetros cuadrados, entonces sí, Trivium
fabricado bajo licencia en España, con FECSA o Fedur como segunda fuente.
Hoy ninguno de los dos fabricantes nacionales publica el V50 ni la cobertura de
sus modelos; del Cobat V6 solo se sabe que cumple la norma estadounidense NIJ
0106.1 frente a pistola y que se fabrica en tres tallas, dos por debajo del
mínimo propuesto.
Hay una salvedad que no puedo
callar. Las cifras del Trivium proceden del catálogo del fabricante, no de un
ensayo oficial español, y la versión que recibe la Bundeswehr es una
evolución cuyos datos homologados no se han publicado. La elección debe
confirmarse con tropa y equipo completo en un ensayo comparativo real, no en un
catálogo.
Queda una referencia
estadounidense que conviene tener delante. El NG-IHPS es el casco de
infantería mejor documentado de su clase; según el ingeniero jefe del programa,
pesa entre 1,32 y 1,78 kilos en sus cinco tallas, admite mandíbula y protección
auditiva, protege frente a amenazas de fusil y ya lo lleva la 82.ª División Aerotransportada.
Pero es un programa del Gobierno de Estados Unidos; adquirirlo supondría
depender de las decisiones de exportación de Washington sin dejar tejido
industrial en Europa, así que debe servir como patrón técnico y no como compra,
salvo que Washington autorice su fabricación bajo licencia en España. En ese
caso entraría en el ensayo con los mismos mínimos que los demás, con una
desventaja que ningún casco europeo arrastra: las normas estadounidenses de
exportación seguirían decidiendo sobre su suministro.
Y hay tres opciones que
descartaría explícitamente. El Cobat 01 no puede ser la base del
casco futuro, porque pesa 1.350 gramos, su corte completo impide los
auriculares activos y su visor nocturno depende de un atalaje de plástico que
se rompe; su destino es pasar en cascada a las unidades de apoyo. Un casco
de corte alto tampoco puede ser la dotación general, por ligero que
sea, porque renuncia a la sien y a la oreja en la guerra del fragmento. Y un casco
de nivel fusil para todos, de la clase del FAST XR, tampoco tiene sentido.
Con cobertura de corte medio, ese nivel de protección llevaría la calota por
encima del kilo y medio; ese peso lo cargaría el cuello durante semanas para
protegerse del 4% de las heridas, restando margen frente al 75% que causan los
drones. Los apliques frente a fusil acoplables al casco general
asignados por misión para puestos de control, combate urbano, tiradores o
asaltos cortos, deberían ser suficientes. La protección contra fusil se añade
cuando la misión lo exige. Estados Unidos ha empezado a dar ese salto con el
NG-IHPS, pero tras un programa de más de una década; a 855 euros por casco, la
protección frente a fusil debe llegar como aplique para puestos concretos, no
de serie en 72.000 cabezas.
Conviene poner cifras sobre la
mesa. Dotar a unos 73.000 militares del Ejército de Tierra con una reserva del
30% exige unos 95.000 cascos; al precio máximo del concurso, los 23.000 que
faltan sobre el techo de 72.000 cuestan alrededor de 20 millones de euros
sin impuestos. Es menos de un tercio del valor estimado del acuerdo marco. La
reserva de guerra de la cabeza del soldado no es inalcanzable; simplemente no
se ha pedido.
El análisis firma los umbrales;
el nombre del casco lo pone el polígono de ensayos.
8. Hoja de ruta
De este análisis se derivan seis
pasos concretos, todos exigibles antes de que el Ejército de Tierra adjudique
el concurso en diciembre.
Definir la amenaza y la
cobertura, no el corte comercial. El concurso debe publicar sus parámetros
no sensibles: superficie y geometría de cobertura, V50 por zona, proyectiles de
referencia, absorción de impacto, deformación transmitida al cráneo y peso del
sistema completo. Mientras esos umbrales sean documentación restringida, el
concurso lo decide quien ya está dentro del club.
Comprar el paquete de cabeza,
no la carcasa. Casco, retención, almohadillas, protección auditiva activa, protección
mandibular para las tripulaciones, apliques frente a fusil para los puestos que
lo exijan y funda de baja firma infrarroja deben tener crédito reservado en el
mismo programa, con el mismo calendario.
Evaluar con soldados y equipo
completo. La prueba decisiva no se hace en un banco de ensayos, sino con
tropa que lleve durante horas casco, protección auditiva, visor nocturno, gafas
balísticas y equipo individual mientras corre, se tumba, dispara y escucha.
Diferenciar por función.
Corte medio para la infantería, la Legión, la Brigada Paracaidista y los
batallones de desembarco; corte alto para el Mando de Operaciones Especiales,
la FGNE, el EZAPAC y el reconocimiento; configuraciones propias para
tripulaciones; tallaje antropométrico real para todos.
Abrir la homologación a las
prestaciones. Cualquier fabricante que supere los umbrales publicados debe
poder competir, con una cláusula de producción en territorio de la Unión
Europea o de la OTAN que preserve la segunda fuente y la seguridad de
suministro.
Crear una reserva de guerra de
protección individual. Un 30% sobre plantilla como orden de magnitud,
calculado sobre instrucción, desgaste, bajas y movilización, y financiado fuera
del acuerdo marco actual.
España está comprando piezas de
un sistema de protección, no el sistema que exige el campo de batalla. La
variable nunca fue MICH contra FAST; es la superficie que detiene el fragmento,
el oído que sigue funcionando después de la explosión y los cascos que existen
el año en que hacen falta. Todo lo demás es catálogo.
Próxima entrega: el chaleco
portaplacas español y la misma pregunta de fondo, planteada esta vez sobre el
peso que carga el soldado y no sobre su cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario