miércoles, 23 de septiembre de 2026

Aracne: una primera pieza, no un escudo antidrón

INTRODUCCIÓN

El 22 de septiembre, El Economista informó de que Defensa ha elegido el sistema antidrón Aracne para darle un nuevo impulso dentro de la oleada de Programas Especiales de Modernización (PEM) de 2026.

El primer contrato se adjudicó en diciembre de 2024 y se firmó el 12 de febrero de 2025, por un valor que circula en dos cifras: 36,5 millones en la cobertura de la adjudicación y 30,24 millones en las crónicas de entrega, probablemente por diferencias de base imponible. Incluía siete sistemas fijos y siete móviles. Diez van al Ejército de Tierra, dos a la Armada y dos al Ejército del Aire y del Espacio. Los fijos se entregaron a finales de 2025; los móviles, previstos para julio de 2026, están en fase final de entrega. La primera unidad se ha asignado, según Infodefensa, al Regimiento de Artillería Antiaérea 71 en Madrid, que actúa como centro de referencia para doctrina y formación, y el sistema ya se ha mostrado en el Pilot Project 5 de la OTAN en la base eslovaca de Lest.

Sistema antidrón Aracne en su configuración móvil, sobre dos vehículos Vamtac ST5. El Ejército de Tierra recibe la mayor parte del primer lote de 14 unidades. Foto: Indra / EM&E.

El anuncio tiene además un interés industrial evidente. Es un nuevo programa conjunto de Indra y EM&E después de que la integración entre ambas compañías quedara paralizada en marzo.

Aracne ya no es un experimento. Lo que hay que decidir ahora es su escala, y en qué arquitectura encaja.

 

1. Qué hace Aracne

El sistema combina tres familias de sensores: el radar Nemus de Indra en banda S, el detector de radiofrecuencia SmartEar y la óptica diurna e infrarroja Oteos de EM&E. Neutraliza por dos vías: inhibición del enlace de control y del GNSS o derribo cinético con la estación remota Guardian 2.0. En la configuración inicial, la Guardian monta un lanzagranadas de 40 mm, aunque admite otros calibres. Un C4 fusiona los datos y ayuda a discriminar entre dron, ave y aeronave propia. Se despliega en shelter fijo o sobre dos vehículos Vamtac ST5.

Es un contra-UAS orientado a amenazas LSS (low, slow, small): drones pequeños, lentos y de baja cota. Según el fabricante, el radar detecta blancos grandes a 12-15 km y minidrones a unos 4 km. El derribo cinético actúa entre 200 y 700 metros.

Su estirpe es sólida. El sistema Cervus, su predecesor, ya ha operado en misiones OTAN en Eslovaquia y Lituania. Aracne es su evolución, con más sensores, un mando y control nuevo y ha rodado en ejercicios nacionales como Atlas, pero todavía no tiene historial de combate propio.

 

2. El límite interior: cuando el dron barato deja de emitir

Aracne tiene una limitación seria dentro de los sistemas antidrón existentes. La inhibición electrónica deja de servir cuando el dron vuela guiado por fibra óptica o por cámara y memoria de terreno. En Ucrania, eso ya es rutina. Frente a esos drones, a Aracne le quedan el radar, la óptica y los pocos cientos de metros de la Guardian. Es decir, el sistema sigue siendo necesario, pero su vía barata, la que neutraliza el dron sin gastar un proyectil, se estrecha justo cuando el adversario aprende a no emitir.

El segundo límite es económico. Un FPV cuesta unos cientos de euros. Cada granada o ráfaga disparada para derribarlo cuesta más y no se repone sola. Ante un enjambre, el cargador se agota antes que los drones del atacante.

Un programa que se limite a multiplicar shelters fijos estaría comprando en serie la guerra de ayer.

 

3. El flanco sur: el dron y la cadena industrial que hay detrás

Marruecos opera TB2 desde 2021 y, según imágenes e información especializada, también el turco Akinci desde Ben Guerir. Además, ha avanzado hacia una capacidad industrial propia de drones y municiones merodeadoras mediante cooperación con empresas israelíes: el proyecto de BlueBird en la zona de Benslimane, cerca de Casablanca, apunta en esa dirección, aunque varios detalles de producción no se han confirmado oficialmente.

Argelia, por su parte, opera drones de origen chino de las familias Wing Loong y CH, con radio de acción suficiente para pesar sobre Alborán.

Esto importa más por la cadena industrial que por el inventario actual. Un país que fabrica municiones merodeadoras puede reponerlas y adaptarlas. En un conflicto limitado, su objetivo lógico no serían los cuarteles, sino los radares de vigilancia aérea, como los de Alcalá de los Gazules, Motril, Peñas del Chache, Aitana y Sierra Espuña. Cegar el sistema de detección aérea vale más que cualquier daño a una instalación.

A eso se suma la zona gris: narcodrones en el Estrecho, sobrevuelos sin identificar sobre bases e incidentes de origen dudoso junto a la valla de Melilla. Aracne tiene sensores diseñados para detectar y seguir ese tipo de objetos. Pero detectar no resuelve por sí solo quién identifica, quién decide y quién responde.

 

4. La arquitectura que falta

Aracne no es "el antidrón español", sino la primera pieza madura de una arquitectura por capas que todavía no existe como tal:

Leída así, la pregunta cambia. Ya no es si Aracne basta, sino qué piezas faltan alrededor de él.

 

5. Competidores por familias

C-UAS de punto (la liga de Aracne). El israelí Drone Dome añade láser y experiencia de combate. Pero en el flanco sur tiene un problema que no depende del embargo aprobado en 2025, que un cambio de gobierno podría levantar. Israel es socio industrial de Marruecos en municiones merodeadoras y le suministra también defensa aérea. Quien ayuda a fabricar el arma del posible adversario, al que además considera socio estratégico, y conoce la arquitectura de sus defensas no puede garantizar la neutralidad del sostenimiento ni el secreto de los parámetros del sistema que venda a España. No hace falta ninguna puerta trasera: basta el conocimiento compartido. Es un criterio de riesgo, no de política exterior, y vale igual para cualquier proveedor que arme al adversario en el mismo dominio.

Hard kill móvil. El Skyranger 30 de Rheinmetall, con cañón de 30 mm con munición airburst sobre Boxer, es la pieza que falta encima de Aracne, no su rival. Alemania lo contrató en 2024 en un paquete de unos 595 millones de euros: un prototipo, 18 unidades de serie y opción a más. Es otra escala de coste. Lo más parecido que hay en España son piezas sueltas de 35/90 GDF-007 con Skydor. Es la capacidad más cercana en efecto y por su munición AHEAD programable, pero es remolcado y estático, así que hay que emplazarlo antes de disparar. Protege puntos, no columnas en marcha. El Aracne con Guardian 2.0. es móvil sobre Vamtac, pero con un alcance cinético de cientos de metros y pertenece a otra liga.

Interceptores y software. Estados Unidos ofrece una lección de modelo de adquisición. El Ejército adjudicó a Anduril en marzo un contrato marco a diez años con techo de 20.000 millones de dólares, que consolida más de 120 contratos previos en un solo vehículo de compra para hardware, software y soporte. Pero su foco inicial es explícitamente antidrón: el primer pedido bajo ese contrato, de 87 millones de dólares, fue precisamente el mando y control Lattice para la fuerza conjunta de contra-UAS del Pentágono.

España no tiene nada equivalente en ninguno de los tres planos. En interceptores, lo más cercano es el Drizzle que Indra presentó recientemente el 17 de septiembre, con más de 400 km/h, unos 80 km de alcance declarado y 130 km con nodriza. Por ahora es un demostrador, sin contrato de serie. En software hay base nacional, pero fragmentada: el C4 de Aracne y el de Crow en el nivel antidrón, los centros de operaciones antiaéreas del Ejército de Tierra y el SIMCA del Ejército del Aire. Son sistemas que no forman todavía una capa común capaz de integrar sensores y efectores de cualquier fabricante. Y en el modelo de compra, España sigue adquiriendo producto a producto, con catorce Aracne en un contrato, el mantenimiento del Skydor en otro; cuando debería replicar el modelo de contrato marco americano con Anduril.

 

6. Cuántos compraría: 60 en 2029, 100 en 2033

Esta es una propuesta propia, no una cifra del PEM. El dinero no es el límite principal. Cien sistemas, al precio de referencia del primer contrato, rondan los 300 millones de euros, una fracción pequeña del paquete PEM. Los límites reales son dos:

La industria. El primer lote tardó unos 18 meses entre firma y última entrega, con 14 unidades. Llegar a 60 en 2029 exige triplicar ese ritmo mientras Indra y EM&E cargan con el 8x8 Dragón y los obuses autopropulsados.

El personal. Cada sistema necesita una plantilla completa de operación, mantenimiento y reserva, capaz de sostener 24 horas durante todo el periodo de autonomía. No basta con tres relevos sobre el papel.

El reparto debe seguir el teatro, no el organigrama. Y debe distinguir entre dotación permanente, reserva orgánica y fuerza de refuerzo, porque la gran ventaja del C-UAS es que se puede concentrar rápido allí donde estalla la crisis.

Con esos criterios, el Ejército de Tierra concentraría el grueso del esfuerzo: 30 sistemas en 2029, hasta 48 en 2033. Cubrirían Ceuta y Melilla con dos unidades cada plaza, la Brigada Canarias en Gran Canaria y Tenerife, un fijo en Lanzarote y un móvil destacado en Fuerteventura, primera línea frente a Tarfaya, además de Viator, Cerro Muriano, el entorno de FAMET y los depósitos de munición. El resto se repartiría como un móvil por cada brigada desplegable.

El Ejército del Aire y del Espacio recibiría 14 sistemas en 2029 y 24 en 2033, con diez fijos y cuatro móviles desde el primer horizonte, para no dejar sin relevo un radar de vigilancia en mantenimiento ni desguarnecer un aeródromo de repliegue. Protegerían las bases de Morón, Gando, Torrejón, Zaragoza, Albacete y Son San Juan, y sobre todo los radares de vigilancia aérea de Alcalá de los Gazules, Motril, Peñas del Chache, Aitana y Sierra Espuña.  Cegar la detección vale más, para un adversario, que dañar un acuartelamiento.

La Armada llegaría a 10 sistemas en 2029 y 18 en 2033. Rota se llevaría dos, uno para la dársena y otro para el lado aéreo, por ser el punto más sensible de España. Cartagena y Ferrol no son intercambiables entre sí: Cartagena alberga la flotilla de submarinos y el arsenal del Mediterráneo, Ferrol la flota de escoltas y el astillero donde se construyen. Se sumarían el Arsenal de Las Palmas, Ceuta y el Tercio de Armada. A eso hay que añadir el sistema Crow embarcado, que Aracne no sustituye.

Por encima de esa dotación fija, una reserva conjunta del EMAD de 6 móviles en 2029 y 10 en 2033 permitiría reforzar dos zonas de crisis a la vez, incluidas las rotaciones OTAN en el Báltico.

Quedan fuera de este cupo dos necesidades que conviene no mezclar. Los peñones y las Chafarinas requieren un C-UAS portátil ligero en partida aparte; meterlo en el mismo lote produciría shelters que no caben donde hacen falta. Y la capa civil —los aeropuertos de Gran Canaria, Palma y Alicante cerraron por drones en octubre de 2025— corresponde a Interior y AENA, con apoyo militar, sin comerse el cupo de las Fuerzas Armadas.

 

7. Cinco condiciones para que el número sirva de algo

1. Arquitectura abierta. Interfaces estandarizadas e integración con el sistema de defensa aérea nacional, para poder contratar efectores en lotes separados sin rediseñar el conjunto.

2. Explotar el 35/90 existente antes de comprar otro cañón. El Ejército mantiene 92 bitubos 35/90; su parte moderna es el binomio GDF-007/Skydor, con 24 direcciones de tiro recibidas entre 2000 y 2007, capaz de disparar munición AHEAD y ya empleado en ejercicios de caza de drones en Ceuta. Los contratos de sostenimiento, en torno a 50 millones, buscan mantenerlo operativo hasta 2030. Un programa de munición, sensores y doctrina antidrón sobre esa base es más rápido y barato que partir de cero con un cañón nuevo.

3. Interceptor nacional de bajo coste. El PEM debería financiar el paso de Drizzle, o de un equivalente, del demostrador a la serie: ensayo operativo, producción inicial y un precio objetivo por interceptación fijado por contrato.

4. Sostenimiento cuantificado. La hipótesis nacional racional de planeamiento pide 30 días sin relevo aliado. Eso significa munición calculada sobre un escenario de consumo definido, módulos de radiofrecuencia y cañones de recambio, generadores y tripulaciones de relevo ya formadas, no pendientes de formar cuando llegue el shelter.

5. Reglas de enfrentamiento compartidas entre Fuerzas Armadas y Guardia Civil para el Estrecho, Ceuta y Melilla. Deben responder a cinco preguntas: quién detecta, quién identifica, quién decide, quién ejecuta y quién responde por la decisión. La inhibición GNSS lo complica aún más, porque sus efectos alcanzan a la aviación civil, la navegación y otros usuarios del espectro. Hay que resolverlo antes del primer incidente, no después.

 

Conclusión

Elegir Aracne como columna nacional del antidrón táctico es coherente. Tiene un linaje operativo probado, un coste unitario razonable y deja en manos españolas el software y el mando y control, algo que un sistema israelí o estadounidense completo no garantizaba y, en el caso israelí, tampoco la neutralidad de un proveedor que arma en el mismo dominio al posible adversario.

Pero catorce sistemas son un primer lote, no una capacidad nacional. Y cien Aracne tampoco equivalen a cien puntos invulnerables sin el resto de capas. Lo que sí puede cambiar la resiliencia del país es una red de cien nodos, con el 35/90 modernizado encima, interceptores baratos, sostenimiento para 30 días y reglas claras para la zona gris.

España necesita construir una arquitectura en la que Aracne sea el primer nodo antidrón, no el producto final.

 

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